La muerte vital de la Virgen según el valenciano
Fr Antonio Pascual (1)
El P. Pascual es un pensador franciscano de Valencia, discípulo aventajado del gran Maestro de espíritu el Beato Nicolás Factor. Era Lector de Filosofía y Teología en el Estudio de San Francisco de Valencia. Además de las obras sobre estas altísimas materias, compuso en especial una Teología Mística con el nombre y contenido nuevos de Filocosmía Espiritual, la que hace derivar, por confesión explícita e implícita de su autor, de las lecciones y de los hechos singulares insólitos y admirables del docto y extático Factor (2). «Después de haber leído en público, algunos años, Natural Philosofia y Theologia Escolástica, echando de ver que todo aquel exercicio pasava en apacentar solamente el entendimiento, dexando ayuna y hambrienta la voluntad, que no le es inferior, pues en sus actos más principalmente consiste la perfección cristiana; determiné arrimar la Escuela y darme a la lición y exerción de la Mystica Theologia, en la qual, como en ancha y fértil pradería, hallé pasto abundantísimo... Tomando, pues, motivo de unas Pláticas que me mandaron hacer deste assumpto a ciertas personas deseosas de aprovechar en ellas, d¡principio a este trabajo... En esta forma de Pláticas lo prediqué a los devotos Hermanos de la Cofradía de la Santa Vera-Cruz, fundada en el religiosísimo Convento de m¡glorioso y seráphico Padre San Francisco desta insigne ciudad de Valencia, donde hoy florece... Heme valido en esta labor de quantos autores han llegado a mis manos... disponiendo y guisando su doctrina a m¡gusto y sabor, con la añadidura de las especies desta invención (3).
»He invitado aquí al mismo P. Pascual para que él personalmente haga su presentación y autorice sus doctrinas. Lector Jubilado de Sagrada Teología y autor original de un nuevo método de actualizar la tradicional Teología de los doctores místicos; él, doctor y práctico de estas doctrinas, que vivía desde el Noviciado, como hace constar en la Censura el P. Miguel Juan de Cabañas. Es de presumir, pues, que las ideas asuncionistas, esparcidas en campo místico tan preparado, sean a la vez las ideas del Maestro, concepcionista hasta el rojo. El Beato Nicolás era dos veces "sanguinario", según el mote que quiso dar Murator¡a los "juramentados" hasta la sangre, concepcionistas y asuncionistas, dispuestos a morir en el campo del honor. No sólo había hecho el juramento aquel Maestro de Novicios, sino que, cuenta la Historia, cuantos oían hablar al santo de estas . materias en cuestión entonces, se veían obligados, por amor, a alistarse en la milicia de los "azules juramentados".»
Y asistamos un poco a uno de los capítulos que comprende la Teología de la Asunción; asociémonos al acto de la muerte de la Asunción, aquella Asunción franciscana que, como reza el documento de la titular de la iglesia del Convento de Benisa, es la Asunción de Santa María de la Concepción. Preguntemos: ¿La Concepción murió?
«¿De qué [enfermedad] murió la Inmaculada Concepción? David, salmo 83, número 3: Desfallece m¡ánima de deseo de verme en aquellos celestiales atrios del Señor. Estos deseos grandes suelen tener los que mucho aman a Dios, y por dilatárseles el cumplimiento dellos y andar siempre en acrecientamiento, acaece alguna vez morir, ora sea por el excesivo ímpetu de amor, ora por alguna indisposición que cause en el cuerpo, por lo cual se ausente el alma por no tener ya para sí decente morada Pienso sintieron esto los que dijeron que la Benditíssima Madre de Dios murió de un rapto y de ferventíssimo deseo de verse ya con su Hijo en el cielo, para no perderle jamás de vista.
»Cierto es que no murió de enfermedad, n¡consta: como de tavardillo, n¡de dolor de costado, n¡de recia calentura, n¡de algún achaque de los conocidos; pues n¡la Madre n¡el Hijo padecieron tales enfermedades n¡otras algunas. Luego pudo ser de lo dicho, y lo afirman muchos y graves autores, y se cree lo mismo de otros santos?"Se les supo [hallar] enfermedad (fol. 112); pero lo que se hizo en el Subtil Doctor Escoto passó más adelante, que estando en un lugar de Colonia Agripina enagenado de sí entre gente que no sabía de éxtasis n¡de raptos, viéndolo sin sentimiento, dándole por muerto, le dieron sepultura... y pudo ser lo fuese de hecho [estático y santo] por haber sido varón de gran penitencia y que hizo milagros y hay hechas algunas diligencias para su canonización; pues se sabe que algunos murieron de ese modo y se quedaron con la misma postura que estaban quando vivos» (fol. 128).
«Como estamos viendo, el Maestro y el novicio son fieles a la tradición virgínea escotista, a saber: que la Virgen no tuvo jamas las penas inútiles, es decir, las que llevan el diagnóstico de imperfección en nuestra naturaleza humana caída. ¿Y qué dirían de las más inútiles de las penas de la humana decadencia? Pues que implícitamente preparan la declaración teológico-mistico-poetica de la Venerable Agreda Sor Mana Coronel: que aquella creatura tres veces Inmaculada (en el alma, en el cuerpo, en el sepulcro) no tuvo arrugas de ninguna clase, n¡físicas n¡morales. He aquí según ellos, cómo estaba, de admirable y divina, la Virgen Madre de Dios la Inmaculada María, cuando, después de lo inenarrable que pasó en el Calvario, la vieron en edad avanzada amaestrando divinalmente a la Iglesia y la cita es de quien cita —y la traslada a su intento y nuevo sentido—: vino de Atenas San Dionisio Areopagita... a Jerusalén...: llegado al Cenáculo donde morava la Virgen con una hermosura corporal tan peregrina y con tales luces y resplandores en el rostro y con Majestad tan desigual a la humana que dixo con pasmo y admiración Dionisio estas palabras: S¡la fe no dixera que no hay más que un solo Dios..., creyera ahora ser esta Señora Diosa y como tal la adorara"» (folio 123 v).
Por todo lo acotado, debe entenderse que la expresión «decente morada», subrayada por mí, se refiere a los santos en general, de ninguna manera a la Inmaculada Madre. N¡se puede pensar que se halle un concepcionista verdadero que tal diga. Sino que, dado que la Virgen voló al cielo y dejó su cuerpo incorrupto en el suelo, no halló en toda la región celeste un lugar tan digno, apropiado y «decente» como su Inmaculado cuerpo. Así piensan consecuentes y escriben Juan Quirós, Francisco Guerra y, entre los más antiguos, Juan Vidal. La misma advertencia debe hacerse al «deseo de la Virgen de reunirse con su Hijo en el cielo», que la interpretación debe ser en todo momento de altísima moral y jamás se le debe dar entrada en la doctrina asuncionista, n¡por un instante, al falaz eudemonismo por refinado y encubierto que se presente.
Concluyendo, el corolario que se seguiría por la vía de San Agustín, llegando, en el pensar, desde «cuerpo incorrupto» a cuerpo inmortal, lo dejo aquí enunciado para m¡colaborador el inteligente y devoto lector. Nuestro pensador, el Padre Antonio Pascual, ensaya esta demostración a la vista del Sócrates valenciano, transportado de amor y «de un rapto que le duró tres días: «[Dios] sustenta al cuerpo [en éxtasis] como a los resucitados a la vida inmortal... S¡se perpetuara el arrobado en aquel estado, sería inmortal» (fol. 131).
(1) Bajo este mismo epígrafe, van publicados sendos artículos: Espigas y Azucenas, año XXX, núm. 549 (1951) Murcia, pág 56: La Voz de San Antonio, Año LV1I, Núm. 1.344 (1951), Sevilla, pagina 26; La Revista Franciscana, año LXXVIII. núm. 92 (1951). Barcelona, pág. 36.
(2) Fray Antonio, conocía, may de cerca, a su Maestro; le ayudaba la Misa, «en la cual pocas veces dexó de extasiarse». Conoce todos sus escritos. sus obras de arte. La Inmaculada de Chelva era una obra maestra, según las críticas de los técnicos y contemporáneos. E¡discípulo ve en el Maestro y en todas sus manifestaciones la Filocosmia Espiritual: El culto de las nuevas formas del espíritu.
(3) De la Filocosmia conozco dos ediciones. La primera debe retrasarse más allá del 1611: porque en el año 9 firma ya su Aprobación el P. Cabañas.
—
