El Beato Nicolás Factor y la fórmula de su oración
«La petición que m¡P. Maestro el Beato Fray Pedro Nicolás Factor hazia en la oración y Missa es esta misma, sin faltarle palabra: Jesús dulcissimo, redeptor de los perdidos, Salvador de los redemidos, esperanza de los desterrados, esfuerzo de los que trabajan, socorro y suave refrigerio del ánima llorosa que corre en pos de vos. Haced misericordia de vuestra Iglesia Católica, dissipad todo error y cisma que contra ella se ha levantado y levanta. Dad firmeza y confianza a todos los que la rigen y goviernan, Papa, Cardenales, Arzobispos y Obispos y a todos los otros prelados de la Iglesia.
Y a todas las religiones, reformándolas y reduciéndolas al estado de su primera y más perfecta observancia, especialmente a ésta en la qual, aunque indigno, me haveis puesto, favorenciendo a los verdaderos zeladores della. Dios mió, única alegria y gualardón de todos los ciudadanos del cielo, acordaos, Señor, de nuestro General desta Orden; y a los Comissarios y Provinciales, y en particular al de esta Provincia, y a todos los Guardianes y religiosos que tienen cargos de frailes, a todos dad vuestro divino espíritu, favor y gracia, para que en todo hagan vuestra voluntad. Esposo mio dulcissimo, acordaos de todos los frailes deste instituto y professión, a los buenos dándoles nuevo espíritu y perseverancia en ella; y a los que no son tales y andan fuera della, les tocad en el corazón y les dad verdadero conocimiento para que buelvan a su madre la religión.
»Señor mió y todo m¡bien, acordaos y tened misericordia de todos los Reyes y Principes Cristianos, especialmente a nuestro Rey N. y al Principe y Emperador de Romanos, dándoles salud, victoria, favor y auxilio contra los adversarios y enemigos de nuestra santa Fe Católica. Generoso Hijo del Summo Dios, haced misericordia de todos los bienhechores de vuestra santa Iglesia que la favorecen y sirven y de todos aquellos que a esta seráfica Orden sustentan con sus limosnas; a todos los quales sean preferidos aquellos que a m¡me han hecho muchas y particulares limosnas y todos aquellos a quien yo tengo prometido rogar por ellos y se encomiendan en mis oraciones y sacrificios les dad salud corporal y espiritual gracia, para que en todo hagan vuestra santissima voluntad. M¡amor Jesús, haved misericordia de mis padres y hermanos, deudos y amigos y de todos aquellos que bien me quieren y dessean m¡salvación.
Maestro suavissimo, gloria y premio de los justos, por quien vos soys y por aquella acerbissima y cruel passión que padecisteis en la Cruz, os ruego humilmente que en gloria y honra vuestra perdonéis a todos mis enemigos y a todos aquellos que me persiguen y han perseguido y levantado falsos testimonios: que les deis conocimiento de sus culpas, y la salud, honra, hazienda y vida que han menester; y s¡para esto fuere necesario que me la quiteys a mi, desde ahora y para siempre lo consiento de firme y verdadera voluntad, a trueque de que la deys a ellos. Dadles, alegría de los ángeles y esperanza mía, la gloria eterna y todos los bienes, honras y favores que se pueden desear, y a m¡gracia, para que siempre esté sujeto y metido baxo los pies dellos, sin fingimiento n¡doblez alguna: todo para gloria vuestra y salvación de las almas. Norte y guia de los justos, humilmente y con reverencia os suplico, prostrado a vuestros sacratíssimos y llagados pies, pongáis en el corazón a todos aquellos que yo he ofendido con mis palabras y obras, como malo y perverso Christiano, me perdonen por vuestro amor santissimo, Jesús dulcissimo y amantissimo, Redeptor de los perdidos, Salvador de los redemidos, única alegria de todos los ciudadanos del cielo, haved misericordia de los aflixidos y desconsolados y mirad con ojos de piedad los enfermos y encarcelados, peregrinos, cautivos y a los pobrezitos regalados vuestros y hermanos mios y tentados del demonio y faltos de entendimiento; a todos, Señor, les dad paciencia y vuestro divino espíritu, para que en todo sean conformes a vuestra santissima voluntad. Salvador mió, fuente de dulzura, manjar del alma, lumbre del entendimiento, tened misericordia de los infieles, moros, judios, paganos y luteranos; y acordaos, Dios mió, que son criaturas vuestras, redemidas con la sangre preciosa de vuestro unigénito Hijo. Por tanto, Rey mió y Señor mío y todo m¡bien, traedlos a verdadero conocimiento.
Señor mió, haved misericordia de las ánimas del Purgatorio y en especial de las ánimas consaguíneas mias N. N. y bienhechores y que tengo particular obligación. Todo esto os pido, Señor, por los merecimientos de la Virgen María; y de los Angeles, Archangeles, Seraphines; y de los Apóstoles, martyres y Confessores, Patriarchas y Prophetas; y de los Santos Inocentes, Virgines y Viudas que en el cielo están; y de m¡Padre San Francisco. Y s¡esto, Señor, no bastare, según lo mucho que yo os pido, porque no digáis que me pongo vazio, ante vuestro divino acatamiento quiero, Señor, ofreceros a vuestro unigénito Hijo en sacrificio pacifico, al qual suplico miren vuestros ojos y no a mis faltas que son innumerables, todo lo qual supla vuestra misericordia. Amén.
«Particularmente [decía esta oración] antes de dezir Missa, en la qual le serv¡yo muchas veces, y pocas veces dexó de arrobarse en ella, en el segundo Memento, y despues de la Consagración, y antes de la Comunión.
Fr. Antonio Pasqual.» (Philocosmia Espiritual, fol. 211, 212. v.)
Por la traducción,
Fr. Domingo Savall, ofm
La Madre de los valencianos
Hoy domingo 10 de mayo de 1953 celebramos la fiesta familiar de nuestra Madre dulcísima la Virgen de los Desamparados; la que recogió el primero y último suspiro de nuestros ascendientes; la que deseamos con fervor que reciba el postrero de cada uno de nosotros; de la celestial amparadora de nuestra descendencia. Día de supremo júbilo para todos los valencianos; de los que vivimos bajo la vigilancia del secular custodio de la Real Capilla, nuestro Miguelete, como de aquellos que por imperativos del deber o del destino sienten desde lejos nostalgias hogareñas.
Pero el día sacro de la festividad de nuestra Madre los valencianos todos nos reunimos aquí, desde aquellos que hace siglos, años, horas, se hallan en las regiones eternales, hasta cuantos sentimos nuestro ser saturado del perfume de las flores jardineras y de los azahares de nuestras vegas.
Durante la presente jornada se da el caso architaumatúrgico de que absolutamente todos los hijos de esta tierra paradisíaca vivan sin el corazón, relicario del espíritu, porque desde que la aurora cubre de doradas sedas las alturas del Miguelete depositamos la prócer entraña, junto a las plantas maternales, como rosas espléndidas de amor, de veneración, de filial ternura, y ante tales fragancias de adoración suspende la divina Señora su gesto inefable de perenne melancolía, trocándolo por una leve sonrisa de complacencia que, a la vez, acaricia, conforta y fortalece el alma de los valencianos. Y desde su trono de corazones corresponde la Madre de los desvalidos a la fervorosa dádiva, disponiéndose no sólo a seguir dispensando su celestial actuación amparadora, sino a recoger en el día de su fiesta las rendidas súplicas de sus amados hijos, para convertirlas en suyas cerca de Aquel con quien compartió las amarguras redentoras.
Mas los hijos de la región valenciana, que no en vano, desde hace siglos, se adoctrinaron y se familiarizaron con la específica misión generosa de la Madre de los Desamparados, de las víctimas de la frágil naturaleza humana, en esta solemne festividad hogareña, antes que pedir para sí, no pueden olvidar la situación desvalida del mundo, las angustiosas penurias físicas y espirituales de los hombres, el total desamparo de inocentes, los peligros de otro cruel desencadenamiento de odios y de ambiciones...; así es que ante todo piden a su Madre excelsa, en este fausto día de su advocación, en el que escucha plegarias para ejercer celestes influencias por los pueblos y hombres hermanos, nunca en semejante orfandad, ya que muchos de ellos carecen de ese íntimo calor anímico que vitaliza conciencias y comprensiones, y de ese otro procedente de santas doctrinas, verdaderas rutas de paz y de humanos vínculos.
Los corazones valencianos, que en el presente día especialmente, Señora, son tu manto, corona, plinto, alfombra y capilla, nada solicitan para sus dueños n¡para Valencia —este breve cielo por gracia divina— ; tan sólo anhelan ser dignos de tu maternidad, que además de dádiva celestial, posee todas las solicitudes y ternuras terrenas; merecer semejante tutela materna es don que lleva consigo lo que pueden los mortales anhelar: el vínculo de las venturas transitorias con las eternas.
Aparte semejantes aspiraciones, consubstanciales con nuestra calidad de valencianos, dos son, Madre y Señora, las solicitudes que te formulamos en el. día de hoy: que el divino Jesús que llevas en los brazos haga que en los hombres sólo impere lo que tienen de divino, y que nuestra patria sea siempre vivo ejemplo de semejante merced.
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