San Buenaventura modelo y maestro de vida cristiana
III. San Buenaventura, religioso franciscano
Pronta y alegremente se hizo religioso franciscano. (Oficio litúrgico de San Buenaventura).
Como un santo anhelo llevaba San Buenaventura en su corazón el voto con que su buena madre lo había consagrado a Sao Francisco para religioso de su Orden.
Curado de grave enfermedad en su niñez y lleno de gratitud y devoción al P. San Francisco, se iba informando del género de vida de los franciscanos mientras cursaba sus estudios en la Universidad de París.
Por aquellos años la Orden Franciscana tenía ya religiosos eminentes en ciencia y en virtud. Era frecuente que los estudiantes de París acabasen por hacerse religiosos antes o después de terminar su carrera; y no era raro que maestros afamados y doctores eminentes dejasen el boato del mundo y abrazasen el estado religioso.
El insigne maestro Alejandro de Halés se hizo religioso franciscano, y fue hasta su muerte un dechado de virtudes y de observancia regular. El maestro Haymón de Farveshan abrazó la religión franciscana en compañía de otros tres maestros. Su saber, su prudencia en los negocios y su virtud le acreditaron pronto entre los religiosos, que le eligieron Ministro General de la Orden, cuyos destinos rigió prósperamente durante varios años.
A este Ministro General, P. Haymón, acudió Buenaventura pidiéndole el hábito franciscano. Era ya bachiller en Teología, tenia veintidós años de edad, conocía el género de vida de los franciscanos, pues asistía en su convento a las clases del Doctor irrefragable Alejandro de Halés, a quien Buenaventura tenía en gran concepto, gloriándose de ser su discípulo y venerándolo como a su padre.
El buen ejemplo de Alejandro de Halés, que era religioso edificante y paladín de la observancia regular, debió de influir, junto con el de otros buenos religiosos, en el corazón de Buenaventura, tocado por la divina gracia, para resolverse a dar ya cumplimiento al voto de su madre, que estimaba como suyo propio.
El caso es, según refiere el mismo Buenaventura, que «considerando los humildes comienzos y los grandes progresos de la Orden Franciscana, que a los pocos años de su fundación contaba ya con sabios y experimentados doctores, descubrió un gran parecido entre la Orden de San Francisco y la Iglesia de Jesucristo; le pareció que no era obra de solos hombres, sino que estaba en ella la mano de Dios, y esta excelencia le movió a ser religioso franciscano» (Epist. de 3 questionibus).
El P. Haymón accedió a los deseos de Buenaventura, y le recibió en la Orden Franciscana.
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Es cosa bien probada que Fr. Buenaventura fue un religioso ejemplar, fiel cumplidor de su regla desde que vistió el hábito franciscano. Prosiguió sus estudios universitarios, asistiendo a las clases de Alejandro de Halés y de otros doctores franciscanos, y también a las de San Alberto Magno, en las que fue condiscípulo de Santo Tomás, con quien contrajo fuerte y santa amistad; pero estudiando con ahínco, se daba más de lleno a la oración que al estudio.
La característica de su vida interior, según consta por expresa declaración suya, fue la rectitud de intención con la que dirigía a Dios sus trabajos y empresas, buscando en ellos no el medro personal ni las ventajas temporales, sino el contentar a Dios en todo: en pensamientos, afectos, deseos, estudios, empresas, trabajos y negocios. Haciéndolo así, logró grandes progresos en la perfección cristiana. Su secretario Fr. Bernardo de Besa asegura que San Buenaventura «progresó por igual en la ciencia y en la virtud. Cada verdad que llegaba a conocer la transformaba en una oración, que repetía fervorosamente en sus súplicas». El P. Lemmens, en su Vida de San Buenaventura, dice que «la oración y el estudio ocupaban todo su tiempo, sirviéndole la oración como de puente para el estudio y el estudio como de preparación para la oración. Su trato con Dios era ten frecuente y tan íntimo que hasta las cuestiones científicas las traducía en ferviente plegaria».
¿Procedemos siempre nosotros con rectitud de intención, que es lo que avalora nuestras obras? ¿Por qué no hacemos todas las cosas por dar gusto a Dios, a quien tantos beneficios debemos?
No es tan difícil esto como pueda parecer. Bastan unos pocos meses, según asegura San Buenaventura, para salir con este intento si lo tomamos con empeño.
Comencemos hoy mismo a proceder en todo con recta intención.
Dios de inmensidad infinita que en todo lugar estáis presente: grabad a fuego de fe y de amor esta gran verdad en nuestro corazón para que, a imitación de San Buenaventura, procedamos siempre con la recta intención de daros gusto en todo a Vos que nos habéis criado para el cielo, donde seremos con Vos eternamente felices. Así sea.
Jesús Niño en el Templo
Para recibir al Hijo de Dios, el Santo de Jerusalén, ha Kódesh, se vistió de un esplendor como no había tenido ni antes ni después. Herodes el Grande se lo preparó insensiblemente con prodigalidad, engrandeciendo el edificio de Zorobabel, tan reducido y tan pobre en comparación del de Salomón, que «Muchos sacerdotes, levitas y jefes de familia, ya ancianos, que habían conocido con sus propios ojos la primera Casa, sobre sus cimientos, lloraban con grandes gemidos, mientras que otros lanzaban gozosos clamores» (Edr 3, 12).
Con Herodes el Grande se cumplió la profecía de Ageo (2, 7-10): «Dice Yavé Sabaot: de aquí a poco haré aún temblar... a las gentes todas, y henchiré de gloria esta casa...; la gloria de esta postrera casa será más grande que la de la primera.» La obra de Herodes se inició el año 19 antes de nuestra era, terminándose los trabajos de decoración el 64 después de Cristo. El 70 fue totalmente destruido.
Concepción de María. — La fiesta de la Inmaculada Concepción, originariamente la concepción de la Virgen, acaeció en la casa de Joaquín y Ana, situada cerca del ángulo nordeste de la explanada del Templo. Según el Libro del Nacimiento de la B. V. María (siglos V-VI) y quizá también el Protoevangelio de Santiago (hacia 150), los padres de María se encontraron en la puerta Dorada, después de haber pedido a Dios descendencia, Joaquín en el desierto cerca de Jericó y Ana en su casa. Debido a este encuentro San Jerónimo hace a la puerta Dorada símbolo de María.
Presentación de María. — Según el citado Protoevangelio, la Santísima Virgen a los tres años de edad fue presentada en el Templo para servir en él y dedicarse al estudio de la Ley y los Profetas. La consagración de las vírgenes y viudas como Ana, Luc. 2, 36-8) al servicio del Templo era costumbre frecuente en aquel tiempo. Según el Talmud, el atrio de las mujeres constaba de cuatro salas y medía 60'75 metros cuadrados. Estaba al este del atrio de los israelitas, alrededor del altar de los holocaustos y en el actual
emplazamiento de la mezquita de Ornar. Se comunicaban por una puerta, la Speciosa (Hech 2, 10), llamada la Grande por Flavio Josefo. Se llegaba a esta puerta por una escalera que las mujeres subían con frecuencia para ver el altar ardiente.
Visión de Zacarías. — San Lucas comienza su Evangelio hablando del sacerdote Zacarías, «cuya mujer se llamaba Isabel. Eran ambos justos en la presencia de Dios. No tenían hijos, pues Isabel era estéril y los dos ya avanzados en edad» (Lc 5, 7). Zacarías iba a poner incienso en el altar cuando se le apareció el ángel del Señor. Según Flavio Josefo el Santuario tenía 49 metros de largo, 20 de ancho y 27 de alto. Le precedía un velo precioso. Otro velo semejante había entre la nave y el Santo de los Santos; pero según los Santos Padres, el velo que se rasgó cuando la muerte de Jesús (Mt., 27, 51) fue el exterior. Los inciensos del Templo consistían ordinariamente en bálsamo de Jericó y otros perfumes de gran precio. Se quemaban a diario, por la mañana y por la tarde.
Presentación del Niño Jesús y Purificación de la Virgen. — Es el recuerdo más importante de la infancia de Jesús en el Templo. La Ley prescribía que todos los primogénitos se ofreciesen al culto del Tabernáculo o se rescatasen por cinco siclos de plata (Ex 13, 11-16; Núm 18, 15-16), y en virtud del Lev. (12, 2-8), la mujer que daba a luz un varón acudía al Templo a los cuarenta días para presentarlo al Señor. Por su rescate ofrecía la familia un cordero o, caso de ser pobre, dos tórtolas o dos pichones. María entró a la explanada por una puerta sur, quizá la de Huida, dirigiéndose al atrio de las mujeres. En el momento de la Presentación del Niño y de su Purificación oyó la Virgen las profecías de Simeón y Ana.
El emperador Justiniano edificó en 531-43 una gran Basílica, la Nea, en el lado sur de la explanada y en el Pórtico Real obra de Herodes, para dejar bajo sus ruinas el Templo judío. Más tarde la Virgen ocupó el primer lugar en la celebración de las dos presentaciones, y con los Cruzados la mezquita El Aqsa, que había sido construida hacia el 700 sobre las ruinas de la Nea, se dedicó a la Presentación de María que refiere el Protoevangelio.
El P. Vincent, O. P., no admite esta localización del templo de Justiniano que coloca en el monte Sión. Realmente Procopio (De Aedificiis) lo sitúa «en el monte más alto de Jerusalén» y el mosaico de Mádaba en la vertiente del Sión; en cuanto a Procopio, no es un autor seguro, y el mosaico de Mádaba da al Templo judío tan reducidas dimensiones que no permitían el diseño de la gran Basílica bizantina. Además la Presentación de Jesús, que se celebraba en Palestina hacia el 450, no se extendió por el Oriente hasta el 542 por imposición de Justiniano; el aniversario de la consagración de la Xea coincide con la Presentación: prueba de que fue dedicada a este recuerdo y, por tanto, erigida en el lugar tradicional del mismo Templo. Los musulmanes veneran hacia el sureste un «pesebre de Jesús», al que los cronistas árabes llaman desde 903 «santuario de María», veneración que supone una tradición, cuando no un santuario bizantino en las inmediaciones del «pesebre».
Peregrinaciones al Templo. — La Sagrada Familia iba todos los años a Jerusalén para la Pascua. Los niños no estaban obligados hasta los doce años. La peregrinación de Jesús nos la describe Lucas (2, 41-50). Después de la fiesta, el Niño se quedó en los atrios del Templo, probablemente en el Pórtico de Salomón o en el atrio de las mujeres, que era donde, según el Talmud, enseñaban los rabinos al pueblo.
P. V. Juhasz
Orad por el clero y los fieles de China
Cada día que pasa se acentúa la gravedad del estado de cosas que prevalece en la inmensa y castigada nación china, donde millones de personas sufren terriblemente, tanto por las difíciles condiciones económicas, como por las circunstancias políticas y sociales impuestas por el régimen comunista.
Para nuestros lectores debe ser motivo de tristeza el conocimiento de las muchas penas por las que pasan nuestros hermanos todos de China, pero principalmente los católicos, obispos, sacerdotes, misioneros y religiosas, que ya no pueden vivir en aquel país, donde se les hace víctimas de sangrienta persecución. Unos han muerto ya en las mazmorras; otros siguen presos, y no pocos han sido desterrados por no querer someterse a la Iglesia Cismática China.
Su Santidad Pío XII, quien conoce al detalle estas circunstancias, pide que oremos con fe viva, profunda esperanza y ardiente caridad fraterna por la constancia heroica del clero y de los fieles de China, puesto que aquellos pobrecitos hermanos nuestros padecen persecución por la justicia, en grado tal que sin un especial heroísmo, como lo es el del martirio, no podrán resistir por mucho tiempo.
La Religión Católica, por cuya propagación trabajaron tantos misioneros y religiosas, no puede humanamente subsistir en China, donde carece de templos, de escuelas, de catequesis, de seminarios, de sacerdotes y de todo lo que es fundamental para la predicación del Evangelio y para el ministerio sacerdotal, por el que los Sacramentos son administrados a los fieles. Y éstos, faltos de ese ministerio, por una parte, y fustigados, por otra, para que se adhieran a la llamada «iglesia» cismática, no podrán conservarse firmes en su fe sin una muy especial asistencia de la gracia divina, la cual les será, sin duda, impartida si nosotros, junto con los demás hermanos nuestros de todo el mundo, oramos por ellos.
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