Santuarios marianos de la Región Valenciana
Nuestra Señora del Castillo de Agres
A los hombres que pensamos a «nuestro modo» —humano, muy distinto del de Dios— nos desconciertan los medios insólitos con que Dios dirige providencialmente el mundo.
Y lo peor del caso es que al cabo de los siglos no aprendemos la lección. Ya los judíos no comprendieron la redención por la humillación y la cruz. Y nosotros, cristianos, discípulos del Maestro y con veinte siglos más de experiencia, no comprendemos aún las trazas de Dios.
¿Por qué?, nos preguntamos a diario, y no sabemos responder o respondemos a «nuestro modo», egoísta, de miras cortas.
¿Por qué?, preguntémonos ahora, ¿por qué la Virgen que llamamos de Agres al huir del incendio de su iglesia de Alicante toma asiento en ese minúsculo pueblo, entonces de ciento setenta familias apenas?
Caprichos de Dios, caprichos de la Providencia —diríamos a "nuestro modo"—, pero que a nosotros toca acatar y agradecer.
Hasta la noche del 31 de agosto de 1484 Agres era como «hija huérfana», como otro cualquier pueblecito circunvecino. Pero a partir de esta fecha Agres sé convierte, por la misericordia de Dios, en frasco que contendrá a través de los siglos «la medicina del reino de Valencia». Agres y sus hijos serán como pedestal de la Santísima Virgen, Madre de Dios, tallado por el cincel de la más pura vida cristiana.

Santuario de la Virgen del Castillo de Agres, antiguo convento franciscano
¿Qué méritos, qué virtudes atrajeron la mirada misericordiosa del Todopoderoso para que derrochara sus gracias sobre el pequeño pueblo de Agres? Nada podemos afirmar, dados los inescrutables designios de Dios y el hecho de que ninguna de las cosas que hubieran podido ayudarnos a rastrear algo de lo que preguntamos pudo escapar de las feroces llamas del monstruoso marxismo.
Un exponente, un vestigio de la vida cristiana por la que Agres mereciera semejante gracia fue la vida sencilla y virtuosa del joven pastor Gaspar Tomás, cuyo testimonio, arrastrado hasta nosotros por la tradición, fuente de verdad, nos dice que cuando Gaspar, en la alborada del 1.° de septiembre de 1484, empezaba a internarse en las estribaciones de la sierra de Marida pastando sus ovejas y se disponía a obsequiar a María Santísima con el rezo del Santo Rosario, su devoción predilecta, en medio de un oasis de almezos, fuentes y arbustos, lugar que había de ser con el tiempo centro de numerosas peregrinaciones y de encendida devoción mariana, oyó la voz dulce y maternal de la Reina de los cielos:
—Hijo mío, desciende a ese pueblo y le dirás que tengo escogido este lugar para trono de mi reinado y santuario de mi devoción.
El joven Gaspar, sumergido en su humildad, pero lleno de gozo su corazón, al levantar los ojos y ver la imagen de María que le hablaba y sentirse mensajero de la embajada que le confiaba la Inmaculada Reina, replicó:
—Señora, soy un pobre pecador y sin autoridad alguna y, por ende, no me creerán, tomándome por loco.
—En prueba de que tu embajada es celestial y divina —le contestó la Señora— desde este momento te restituyo el brazo que habías perdido, pena que, ostentando la maravilla, seas creído de todos.
Precipitadamente y como fuera de sí por el júbilo, corrió el pastorcillo al pueblo a comunicar la milagrosa aparición de la Virgen, confirmándola con la restitución de su propio brazo.
Todo el pueblo, encendido en verdadera fe cristiana, de esa fe que traslada los montes, y precedido por sus Autoridades, se dirigió al lugar de la maravilla. Con lágrimas en los ojos y gozo en el corazón, vieron que la imagen, que majestuosamente permanecía sentada sobre el almezo, era la misma que se veneraba en la iglesia parroquial de Santa María, de Alicante.
Procesionalmente, entre exclamaciones de complacencia, la trasladaron a la parroquial de Agres. Pero, ¡ oh prodigio!, al día siguiente, cuando los fieles se dirigieron al templo, vieron con asombro que la imagen de María no estaba allí. Impresionados por lo acaecido, pensaron si estaría en el lugar de la aparición. Efectivamente, no se equivocaron. La Santísima Virgen con aquel acto daba a entender a sus hijos que el sitio donde quería ser venerada era aquel paraje, entre rocas y arbustos. La piedad del pueblo hizo construir una ermita, cuyo altar estaba empotrado sobre el almezo de la aparición, y sobre éste, la veneranda imagen.
Las Autoridades del pueblo pusieron como custodio de la Virgen, en concepto de ermitaño, a uno de los vecinos más piadosos del pueblo, y así fueron sucediéndose los ermitaños hasta el 16 de enero de 1578, en que, a instancias del Señor de la villa don Gaspar Calatayud, el Provincial de los franciscanos Fr. Pedro Manrique ordenó al P. Guardián del convento de Bocairente Fr. Jerónimo Vidal tomara posesión de la ermita.
Inmediatamente, bajo la dirección de los Padres Franciscanos, se dio comienzo a las obras de la nueva iglesia y convento para la comunidad, contiguos a un vetusto castillo moro, coincidiendo el nuevo altar de la iglesia en el lugar de la aparición. Estas obras quedaron muy en breve concluidas.
Nuestra Señora del Castillo de Agres se constituía el centro de atracción de propios y extraños, para ser la medicina espiritual y corporal de todos los que con fe acudieran a su santuario.
Ahora sería momento de ilustrar esta historia con minuciosidad de detalles, todos tan edificantes y hermosos, pero nos vemos obligados a omitir tal ilustración, en primer lugar, por la índole del presente trabajo, y en segundo, por la carencia de material documentado luego de la devastación que precediera a la exclaustración de 1835.
Pasadas las turbulencias de 1835 y expropiado el convento, el Estado lo cedió, junto con el santuario, en concepto de hospital, a las Autoridades de Agres, siendo custodiado por ermitaños hasta el 28 de julio de 1891, en que de nuevo se hizo cargo de toda la fábrica una pequeña comunidad franciscana, cuyo primer presidente fue el P. José Martínez.
Desde esta última fecha —julio de 1891— hasta mayo de 1931 (en que los franciscanos se vieron obligados por la fuerza pública a dejar en la más impresionante soledad su sacra mansión), el convento en general recibió notables mejoras merced, a la solicitud incansable de los Padres Franciscanos.
Gracias a los esfuerzos de la Derecha Regional de Agres el santuario fue nuevamente habitado por los franciscanos, representados por los PP. Carlos García y Jaime Martí, el 6 de septiembre de 1935. Hay que destacar en estos momentos de zozobra y amenaza el apoyo eficaz de la Guardia civil, que hizo posible la estancia de los religiosos en el convento, hasta que la furia marxista hizo dejaran el santuario.
El convento quedó abandonado... El corazón, en cambio, de todo buen hijo de María estaba postrado en espíritu a los pies de su Madre Santísima, ofreciéndole reparación por los agravios que sin cesar recibía en aquellas horas amargas.
La garra feroz de la bestia apocalíptica vio la hora propicia para dar rienda suelta a su furor. Una noche, oscura como conciencia sacrílega, fue testigo del acto más nefando que Agres presenciara a través de su larga historia. La imagen de la Santísima Virgen, objeto de singular veneración, fue entregada a las llamas, no sin antes presenciar los desalmados profanadores evidentes prodigios.
Muy pocas fechas posteriores al día de la Victoria —1 de abril del 39— el P. Elías Mengual tomó posesión del convento, que todo parecía menos esto. La solicitud de este Padre y la cooperación de Agres lograron en breves días reparar los desperfectos más perentorios y poner en orden sus oficinas.
Ya estaba todo en marcha, pero faltaba lo esencial. Todos sintieron un vacío, la falta de la imagen de la Virgen Santísima. Don Remigio Soler, hijo de Agres, favorecido prodigiosamente por la Reina de los cielos, se hizo eco de la exigencia general, y en breve, valiéndose de sus artísticas dotes de escultor y pintor, reprodujo con máxima precisión la imagen de Nuestra Señora del Castillo de Agres, incrustando en ella unos pequeños restos de la antigua.

La imagen se entronizó en el antiguo camarín —lugar mismo de la aparición—, y desde aquel momento el pueblo, acompañado de todo el reino de Valencia, como si despertara de un profundo sueño, se ha volcado a rendir la más ferviente veneración a su Madre la Reina celestial, bajo la advocación: Virgen de Agres.
Argumento para lo que afirmo son los innumerables exvotos y recuerdos que los fieles, reconocidos a la Santísima Virgen, colocan en las paredes de la sacristía del convento, recordándonos ya hoy el aspecto agradable de devoción que ofrecía antes que fuera destruida en el año 1936.
Otra prueba de la devoción de los fieles, en nada inferior a la de otros tiempos, son las peregrinaciones que con frecuencia emprenden hacia este santuario de María Asociaciones piadosas, Acción Católica, internados, etc. Es digna de recordar, entre otras, la que organizó la V. O. T. de San Francisco en 1950, con motivo del Año Santo. No podemos omitir, como prueba auténtica de la devoción de que hablamos, la explosión de entusiasmo, amor y alegría que tanto el pueblo de Agres como su colonia veraniega y demás pueblos circunvecinos hicieron objeto a su Moreneta —así la llamaban— en su peregrinación a Valencia —mayo de 1948— con ocasión del XXV aniversario de la Coronación de la Virgen de los Desamparados.
La devoción de hoy a Nuestra Señora del Castillo de Agres no tiene que envidiar nada a la que la misma Reina de los cielos recibía en este santuario cuatro o cinco lustros atrás. No obstante, tengamos en cuenta que el presente Año Mariano brinda una hermosa ocasión a todos los hijos de María para tributarle el culto que la Madre de Dios y Madre nuestra merece.

Gozos de la Virgen de Agres
Y más concretamente, presta mejor oportunidad LA PEREGRINACIÓN QUE EN LA PRIMERA QUINCENA DE SEPTIEMBRE PRÓXIMO —previas disposiciones del P. Provincial— organizarán los Padres Franciscanos a este santuario y en la que tomará parte todo el reino de Valencia.
Fr. Gabriel Francés Domínguez, ofm
Noticiario
La canonización de Pío X
Su Santidad el Papa, felizmente reinante. Pío XII pronunció, la tarde del 29 de mayo, lia1 solemne declaración de canonización del Papa Pío X, terciario franciscano, en presencia de 44 Cardenales, unos 500 Arzobispos y Obispos y una impresionante multitud, que se calcula, en más de medio millón de fieles, que llenaba- hasta sus límites la amplia plaza de San Pedro convertida en una inmensa iglesia, ya que la Basílica no era suficiente para tan extraordinaria manifestación religiosa.
La solemne proclamación fue recibida con incontable júbilo por la inmensa multitud. Seguidamente Su Santidad pronunció la homilía del nuevo Santo. Inmediatamente después entonó el tedeum y al final los Cardenales diáconos recitaron el versículo Ora pro nobis invocando San Pío X, y Su Santidad cantó por primera vez el Oremus al nuevo Santo.
Coronación de la Purísima de Onteniente
Todo éste Año Mariano ha sido en Onteniente auténtica fiesta mayor. Desde que el Prelado diocesano abrió la puerta santa de !la arciprestal, templo mayor de la Purísima, miles de peregrinos han desfilado por esta iglesia privilegiada. Y Onteniente ha ratificado su titulo de ciudad hidalga y caritativa, acogiendo y atendiendo a los romeros de su Purísima.
Pero la mayor fiesta fue el día 27 de mayo, en que, con la máxima solemnidad, colocó el Prelado diocesano sobre las sienes de la Purísima una corona de oro, símbolo del amor de los ontenienses de todos los tiempos a su excelsa» Madre y Señora.
La ciudad ofrecía un aspecto maravilloso, pues las barriadas y calles, en santa emulación, han rivalizado en adornos y ornatos, convirtiendo en una verdadera ascua de luz toda la población.
Fiestas a San Antonio de Padua
Las han celebrado con gran brillantez todas las Asociaciones antonianas de nuestra Seráfica Provincia de Valencia y Aragón, sobresaliendo por la mayor solemnidad de sus cultos las organizadas por las Asociaciones antonianas de Valencia, Carcagente, Onteniente, Pego y Zaragoza.
Profesión religiosa en Santo Espíritu del Monte
El día 6 del mes en curso emitieron sus votos simples los Hermanos de Coro Francisco Javier Navas Rodríguez y José Luis Llano Rosas y los Hermanos legos Buenaventura Aracil Juan y Jesús Cerveró Sebastián. Actuó de ministro en tan solemne ceremonia el P. Bernardino Cervera, Guardián del citado monasterio. A los cuatro nuestra enhorabuena.
Expulsado por los rojos
El P. Severino González, de la Seráfica Provincia de Valencia, a quien en Shausi (China) llamaba la gente «el buen sacerdote», fue detenido por los rojos en noviembre de 1953. Trataron de desacreditarle en un juicio público, y durante el tiempo de su prisión le tuvieron atado de pies y manos seis días. Le amenazaron con violencia si no se confesaba culpable, pero los guardianes se portaron bien. A los seis meses se le expulsó como enemigo del pueblo.
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