Suceso de hoy

San Antonio devuelve una bicicleta

San Antonio emplea algunas veces disimuladas artimañas para hacer llegar cosas perdidas a manos de su dueño legítimo.

He aquí un caso muy curioso ocurrido en Pamplona hace pocos días.

Un buen señor, por apellido Jariño, exguardia Civil, actualmente empleado en la fábrica de tejidos del señor Goñi, depositó la bicicleta de su uso en la puerta del establecimiento industrial.

Alguien al verla se sintió con gana de poseer una bici tan nueva como aquella. Pero viéndose desheredado de la fortuna le pareció cosa sencilla llevarse la que una amable casualidad le ponía en la mano.

A la ocasión la pintan calva. Sin preámbulos embarazosos, montó sobre ella gallardamente y... desapareció.
El señor Jariño ge presentó en casa sin la bici y sin gana de elogiar al susodicho desheredado de la fortuna. Y en casa hubo los comentarios que se suponen.

En bicicleta

¿Dónde estará la bici a estas horas?... Bien. Una bici no es un grano de anís y no se esconde en un bolsillo... Ya aparecerá. Como la conocemos bien, no tardaremos en atrapar la bici y al ratero.

Pero ni la una ni el otro se veían por lado alguno. Sin duda el experto ratero, como buena rata, debió esconder la joya muy bien, hasta que pasen días y el amo se olvide de ella. La visita del señor Jariño al Ayuntamiento tampoco dio resultado.

Entre tanto la pobre mujer del señor Jariño se lamentaba frecuentemente: «Sí, sí. ¡Aquí todos somos buenos, pero la capa no aparece!... ¡Y aun no hemos acabado de pagarla!... Y sin tener bici tendremos que seguir pagando... ¡Hijas!, recemos a San Antonio, porque ya está visto que sin un milagro no veremos la bici hasta el día del juicio final.»

Es que el Santo de Padua dejaba pasar tiempo para que se convenciera toda la familia de que el asunto era difícil y que nadie sino él podía arreglarlo todo.

***

Segunda parte de la historia. Un día un muchacho llegó a la puerta de un convento de la misma ciudad de Pamplona bastante próximo a la Catedral cabalgando sobre una bicicleta. Entró en la portería, depositando en la calle el aparato, que quedó reclinado en la pared.

Pocos minutos llevaba allí la máquina cuando una niña al verla sintió apetito desordenado de dar un paseo sobre aquellas dos ruedas que a ella le parecían dos soles.

La chavala no resistió a la tentación y se fue a pasear muy pomposica sobre los dos luceros. El sabroso paseo duró más minutos que los que se había propuesto la chica.

Cuando el muchacho salió del convento y se dispuso a tomar la bici vio con sorpresa que el artefacto había desaparecido. Las mejillas se le tiñeron de fuerte carmín. Pero se calló como un muerto... y se fue a casa con las manos en el bolsillo. No le convenía chillar.

Regresó la chavala. Y al enterarse de que el muchacho se había ausentado y que había ocultado su nombre optó por presentar la bici en el Ayuntamiento, según consejo de personas mayores.

En la Casa Consistorial fue identificada la matrícula, resultando que la histórica bici era la del señor Jariño, exguardia Civil y empleado de la fábrica de Goñi.

La misma niña se trasladó al domicilio del señor Jariño, donde entregó legalmente el aparato explicando cuanto le había ocurrido.

No se cantó en la casa un tedéum, pero bendijeron cien veces al Santo de Padua. Unos días más tarde una hija del señor Jariño se encaminó al convento de San Antonio, donde entregó dos velas y una limosna, refiriendo la historia al que esto escribe.

G. E.
(De El Mensajero de San Antonio.)

Noticias

Hacia el mundo mejor. — A primeros de noviembre recibió S. S. Pío XII a 300 presidentes de la Acción Católica italiana acompañados por el P. Lombardi Presentaron al Santo Padre los planos del edificio que se va construir a orillas del lago Albano. El edificio tendrá el nombre de Centro Pío XII para un Mundo Mejor. La primera piedra se colocó una hora después de la audiencia. Arrancada de las excavaciones junto al sepulcro de San Pedro, ha sido bendecida por el Papa. La obra tendrá 300 habitaciones individuales, además de numerosas salas de reuniones, y esperan estará terminada en un año.

En defensa de los niños. — En Francia se ha celebrado recientemente un Congreso, cuyos temas de estudio han versado sobre «la salvaguardia de la infancia». Cuatrocientos educadores, médicos y magistrados han tratado temas relativos a la escolaridad, formación profesional, cine, radio, prensa, televisión. Algunas conclusiones más interesantes del mismo son:

Nuevo Custodio de Tierra Santa. — La Santa Sede ha nombrado Custodio de Tierra Santa a Fr. Angélico Lazzeri, de la Orden de San Francisco. Se designa con el nombre de Tierra Santa el país que encierra las tierras donde tuvieron lugar los acontecimientos del Antiguo y Nuevo Testamento. Desde hace setecientos años los Papas han confiado su cuidado oficial, en nombre de la Iglesia, a los hijos del Pobrecito de Asís.

China. Martirio de Matías Wang, terciario franciscano. — Este terciario, en su permanencia en la cárcel comunista, consiguió atraer y convertir a un compañero pagano. Ambos fueron llevados a un río para ser allí apedreados. Matías se valió de esta circunstancia para bautizar al catecúmeno, cosa que realizó con rapidez: cogió agua con la palma de la mano y la derramó sobre la frente de su compañero de cárcel. Momentos después recibían la palma del martirio en el cielo.

Carta circular del P. Ministro General, O. F. M. — Con motivo del IV centenario de la muerte de San Juan de Capistrano (1456) el P. Ministro General, O. F. M., envió el pasado 8 de diciembre una carta encíclica a todos sus súbditos ensalzando la memoria del Apóstol de Europa, presentándolo como ejemplar de virtudes cristianas.

Nuevo Obispo franciscano. — Ha sido nombrado Obispo de San Marcos, de Guatemala, el Padre franciscano Celestino Miguel Fernández Pérez, de la Provincia de Murcia. Es natural de Las Casgues (Almería). Estuvo gran parte de su vida sacerdotal en Misiones. Últimamente era Superior del Comisariato de Guatemala.

El nuevo calendario universal. — En una de las sesiones del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, la Iglesia ha hecho saber, por medio del P. Daniel O'Connel, Director del Observatorio Astronómico del Vaticano, que lejos de oponerse a la reforma del calendario propuesto por el Gobierno de la India y puesto en discusión en una de las sesiones, estima que se trata efectivamente de una mejora
En un artículo publicado en L'Osservatore Romano el P. O'Connel, después de haber expuesto las formas precedentes del calendario, aborda la cuestión del «calendario universal». En éste los meses están de tal modo regulados que todo el año se divide en cuatro estaciones iguales. Los últimos días del año, como el día siguiente al 23 de junio serán considerados como «días blancos», que no pertenecerán ni a una semana ni a un mes. En consecuencia de la instauración de estos "días blancos", cada día del año caerá siempre en el mismo día de la semana: por ejemplo, el 1 de enero siempre será domingo.

El P. O'Connel ve en este cambio más que una reforma del Calendario Gregoriano un real perfeccionamiento.
La Iglesia no se opone necesariamente al proyecto de reforma, pero a condición «que sean respetadas ciertas consideraciones que ella no abandonaría», principalmente en lo que concierne a la data de la Pascua.

Subraya que, en efecto, esta cuestión es exclusivamente perteneciente a las autoridades eclesiásticas. El P. O'Connel concluye: "Es una tradición venerable aquella en virtud de la cual se sitúa la Pascua el primer domingo después de la luna llena que sigue al equinocio de la primavera. De todas las formas, la Iglesia Católica, que ha fijado esta regla, está dispuesta a modificarla en el caso que existan graves razones que le muevan a ello."

En Egipto

José buscando trabajo

Siempre ha habido en la humana sociedad seres desheredados de la fortuna que han ido vagando por campos y poblados en busca de trabajo para poder vivir; son los que llamamos obreros sin trabajo. Como esa triste situación es tan frecuente en la humanidad, quiso el buen Dios que su Hijo divino pasara esas angustias para consuelo y buen ejemplo de los hombres y familias que tal situación se ven forzados a soportar en la vida. José, el esposo de la Virgen María y Padre legal de Jesús, según nos cuenta la leyenda tuvo que andar en busca de trabajo para poder atender a las necesidades de la vida en los días penosos de su destierro en Egipto.

Estatuas del tempolo de Heliópolis

Estatuas del templo de Heliópolis. De sobreegipto.com

Después de largos andares por los ardientes arenales del desierto les fue forzoso refugiarse en una cueva; el simún se anunciaba con ráfagas impetuosas de su furiosa ventolera y no era posible soportarlo en pleno desierto. Permanecieron allí hasta calmar la tempestad, y ya sosegado el viento volvieron a emprender la marcha. La tierra de Gessén estaba cerca, y José tenía ilusión de establecerse en Heliópolis, la ciudad del sol que estaba en Gessén y que era la tierra que José, hijo de Jacob, dio a sus hermanos por ser la tierra más rica de Egipto, y allí nació el pueblo de Israel.

Al dar la vuelta a unos promontorios que interceptaban el camino se ofreció a su vista un grandioso panorama. El Nilo, el majestuoso río, estaba allí; a lo lejos se divisaba las pirámides. José se postró y besó la tierra, y postrados estaban Jesús y Myriam besando la tierra que había de darles abrigo. Después de bendecir y dar gracias a Dios quedaron suspensos contemplando aquel grandioso panorama del majestuoso río. En sus riberas, levantadas al cielo, se mecían las elegantes palmeras agitadas por el soplo suave y fresco de las auras del río que jugueteaban en sus ondas coronándolas de blanca espuma. El Niño aplaudía con sus manitas de nardos; Myriam y José sonreían con dulce tranquilidad. El Niño estaba ya a salvo. Después de este descanso siguieron río abajo hasta llegar a Heliópolis. Heliópolis había sido en tiempo de los Faraones una de las más florecientes y magníficas ciudades de Egipto.

Caen los templos de Egipto

Se derrumban los templos de Heliópolis. De www.claustro.com

Pero el buen José se llevó una terrible desilusión. Heliópolis era ya una ciudad en ruinas; en pie sólo quedaba el templo antiquísimo de los 366 dioses, que representaban los días del año. A la vista de aquel execrable templo Myriam y José sintieron angustia y espanto, como lo sentía todo buen israelita, por el horror que les inspiraban los ídolos. Pero el Niño Jesús, acercándose y fija su poderosa mirada, levantó su mano como un rayo de su infinito poder, y al momento un grande estrépito se oyó en el interior de aquel antro diabólico. Todos los 365 ídolos habían sido derribados, cayendo destrozados en tierra. Un clamor de espanto se oyó en el interior; eran los adoradores que huían de aquel misterioso siniestro. José, Myriam y el Niño se alejaron, y al pasar cerca de un obelisco que se levantaba rodeado de zarzales se acercó el Niño Jesús hasta él y el obelisco se tambaleó hasta sus cimientos.

Satanás, que había puesto en él su sede, salió de sus cimientos en forma de horrible serpiente y dando siniestros silbidos se dirigía hacia ellos como en reto de batalla. La presencia de aquel Niño y de aquella graciosa Mujer le parecía recordarle la sentencia dictada por el Creador en el paraíso de Adán y Eva: «Pondré enemistades entre ti y la mujer; pero ella quebrantará7 tu cabeza.» Presintió que aquel Niño iba a derribar su reinado y aquella Mujer vendría a aplastar su cabeza. Trató entonces de ir acechándola para herirla en su calcañar, y con siniestro silbido dirigió hacia Ella. Myriam comprendió que era el momento de la lucha. Jesús se había acercado a Ella y puso su piececito sobre el pie de su Madre, que esperaba tranquila; cuando la serpiente acechaba herirla en su calcañar, Myriam alzó su pie, sobre el cual estaba el pie de su Hijo, y con un golpe certero aplastó sin temor alguno la cabeza de la serpiente. «Vámonos de aquí», ordenó San José, que había presenciado el espectáculo de aquella lucha bíblica.

La serpiente quedó muerta al pie del obelisco, mostrando la derrota de Satán. Aquel lugar era odioso, como antro de los ídolos, y la Sagrada Familia se alejó de aquel montón de ruinas en que anidaban dragones y serpientes. La tierra de Gessén donde se formó el pueblo de Israel ya no presentaba las fértiles llanuras en que José había puesto su ilusión y donde esperaba encontrar abrigo y trabajo para el sostén de la familia; era preciso alejarse y urgía encontrar trabajo, que era su preocupación.

Siguiendo por la orilla del río llegaron a un pueblecillo cercano de pescadores. Las casas del pueblo estaban edificadas con piedras tomadas de aquellas ruinas de la antigua ciudad. Los habitantes de Malarich, que este era su nombre, eran pobres, sin más industrias que la pesca. Poco trabajo podía ofrecer este pueblo al santo carpintero. Levantó su tienda junto a una pobre casucha y fuese a buscar algún encargo entre aquellos pobres pescadores. Remendar algún bote, reforzar algún barquichuelo, construir algunas palas o remos; cosas de poca importancia y de poco rendimiento. Otras veces traía a casa alguna red destrozada para que Myriam, tan habilidosa, les pusiera algún remiendo. A José no le satisfacía tan poca cosa para atender dignamente a su Esposa y al Niño, que bien merecían un trato de reyes. Pero la Providencia se hace esperar a veces para que el sufrimiento tenga mejor recompensa. Así pasaron los días; cuando menos pensaban les vino el remedio. No era difícil encontrar por aquellas tierras algún israelita, que frecuentemente traficaban o se establecían por aquellos pueblos del Egipto, y esto fue el remedio que les envió la Providencia.

Una mujer hebrea llamada Dina estaba de paso por aquellos lugares y se había detenido en Matarich. Cuando pasó por aquella casucha y observó a sus moradores le llamó la atención aquella linda joven y aquel hermoso Niño y se detuvo. Le pareció que eran, como ella, de la tierra de Israel, y trabó conversación con ellos. Vio a José en aquel pobre trabajo, que le pareció de poco valer, y se fue enterando de su destierro y de sus deseos de encontrar mejor trabajo. Dina les dio esta solución:

—Vendréis conmigo y os llevaré a Babilón (que es El Cairo) y allí conozco a una mujer de vuestra tierra que se llama Sara y tiene mucha entrada en casa de un príncipe muy bueno y poderoso llamado Afrodicio, y no os faltará trabajo bueno y lucrativo para que cuidéis como merece este hermoso Niño que os ha dado el cielo.

Llegados a Babilón Dina buscó a Sara y le presentó a los santos viajeros de su tierra. Y dio la casualidad de que ya eran conocidos por haberse visto en Jerusalén... Así la divina Providencia guía y protege a los que confían en Dios, y después de muchos agobios, contratiempos y pesquisas ¡os lleva a puerto seguro.
Sara, contentísima de tan feliz encuentro, los recomendó al buen príncipe Afrodicio, que al verlos quedó prendado y subyugado por la suma bondad que resaltaba en la bellísima Myriam y en el piadosísimo José, y sobre todo, el encanto y atracción de aquel divino Niño que robaba los corazones. Afrodicio les ofreció una casita de su gusto y allí José estableció su taller. Afrodicio, como había prometido, les dio su protección y José comenzó de lleno su trabajo; lleno de felicidad trabajaba todo el día reponiendo y haciendo de nuevo celosías y persianas, muy en uso en aquel tiempo, y poco a poco iba consiguiendo nuevos clientes, así que su taller siempre estaba en actividad. Por otra parte, Sara llevó a Myriam, que también estaba ansiosa de trabajar, una rueca y buena cantidad de lino, algodón y lana, y en el tiempo que le dejaban libre los quehaceres de la casa se entregaba Myriam al trabajo, tejiendo piezas de ropa para vender, y con eso se proveía a las necesidades de la vida, ayudando el Niño en lo que le era fácil a una y a otro, pasando así una vida feliz que les compensaba de las penalidades del destierro.

Fr. Manuel Balaguer, ofm.

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