Un regalo de San José

Las botas de Periquito

En una ciudad andaluza, cuyo nombre por prudencia omito, pasó no ha mucho lo que voy a referir:

Allí vive Pedro, honrado artesano, inteligente y laborioso como pocos; por lo mismo, es el trabajador de confianza que tienen sus amos en la fábrica.

Está casado con Juana, mujer hacendosa y limpia, cristiana y piadosa; tipo de verdadera andaluza.
La vida de este matrimonio se desliza pacífica y tranquila, gracias a la bondad de Juana, que reparte el inmenso cariño de su corazón entre su marido, sus hijos y Dios, autor de todo bien.

Ella es buena a carta cabal, sin pero alguno; pero él tiene un pero,, quiero decir una falta, madre de muchas otras.

Al pobre le gusta el vino, y aunque de por sí no va a la taberna, apenas un compañero le convida a tomar un vasito los sábados ya está en ella, donde se deja, o por lo menos se dejaba, una buena partecita del jornal de la semana.

Dejaba también en ella el juicio y la razón, puesto que salía de allí sin el uno y sin la otra.

Cuando entraba en su casa con la jumera encima, la buena Juana, en vez de reñir y darse a todos los diablos —como hacen otras—, lanzaba un suspiro y decía: «¡Vaya por Dios!, ¡cómo viene mi hombre! ¡Qué ejemplo para sus hijos, y eso que me prometió no beber ya más!»

Y se quedaba mirándolo con tal mezcla de compasión que Pedro «bajaba los ojos avergonzado, contestando:

—Es verdad; no te enfades que ésta es la última.

Y en efecto, era la última hasta que otro amigo le volvía a comprometer el sábado; así que cobraban, el pobre Pedro volvía a las andadas.

Cuando le pasaba la turca su mujer le reconvenía amigablemente en esta forma:

—Perico, ya tenemos cuatro hijos y el jornal apenas alcanza para lo necesario. Por Dios, hombre, no bebas más, no gastes inútilmente un dinero que perjudica a tu salud y nos hace falta para vestir a los niños. Mira, Periquito está descalzo, anda el angelito con el pie por el suelo, y como sigas gastándote una peseta en francachelas llega el día en que el niño se queda sin botas, sin poder salir a la calle por causa tuya.

Perico le prometía entonces una enmienda segura, y como tenía predilección por su Periquito lo acariciaba y le prometía unas botas nuevas para Pascuas; pero apenas cobraba mi hombre su salario semanal se olvidaba de sus promesas y de la descalsez de su hijo y se iba con otros amigachos a la taberna, de donde salía siempre borracho.

La pobre Juana sufría en silencio, encomendándose a Dios y pensando en la manera de corregir a su marido. Cuando se acercó la Pascua contó sus ahorrillos y se fue a comprar provisiones para las fiestas y ropitas para sus niños; pero pronto vio que no le alcanzaba para todo y se entristeció, hasta el punto de verter amargas lágrimas. Quieras que no, tuvo la pobre que volverse a su casa sin botas para su Periquito, que por ser el menor y no tener aún le edad de ir a la escuela podía mejor que los otros disimular la falta.

Triste y atribulada, andaba aquellos días, hasta que por fin llegó el de Pascua: vistió a los mayores su nuevo traje, los mandó a misa y de allí a casa de su madre, para que los tuviera todo el día a fin de que Periquito no les viera calzados y compuestos, mientras él andaba descalzo.

La pena que turbaba aquel día el corazón de la pobre Juana no es para dicha pena que se la aumentó cuando Periquito vio a sus hermanos y comenzó a llorar porque también quería él botas nuevas.

—No llores, vida mía; si tú las tienes también.

—¿Dónde, dónde?

—En la taberna: ¡allí se las dejó tu padre! —dijo Juana con énfasis, y luego añadió—. Ha ido por ellas. No llores más, tú verás qué bonitas son.

Y la pobre Juana, conteniendo una lágrima que saltaba de sus ojos y un sollozo que le anudaba la garganta, se retiró a su cuarto, donde cayó de rodillas a los pies de un cuadro de San José, diciendo: «Padre mío, no puedo más, la pena me mata. ¡Luz y enmienda para mi marido! ¡Pan y calzado para mis hijos!» Y rompió a llorar como una Magdalena.

Entretanto que Juana se desahogaba llorando, Periquito cogió la puerta y no dejó de cruzar calles hasta que llegó a la taberna donde solía su padre empinar el codo, y entrando en ella comenzó a decir:

—Mis botas, quiero mis botas.

—¿Qué botas, chiquillo?

—Mis botas.

—Pero ¿cuáles son tus botas?

—¡Las que mi papá ha dejado aquí.

—Aquí no ha dejado tu padre nada.

—Po sí; ¡ea, yo quiero mis botas!

Y Periquito rompió a llorar tan reciamente que alborotó la calle y atrajo a la puerta de la taberna buen número de curiosos.

—¿Qué tiene este niño descalcito?—, preguntaban.

Y él no sabía responder otra cosa que «Mis botas, ¡ea!, aquí las dejó mi papá, que me lo ha dicho mi madre».

En estos momentos anuncian la llegada de Pedro, que por casualidad volvía la esquina. «¡Su padre, su padre!», y el chiquillo al verlo quedó petrificado y rompió a llorar temiendo un castigo.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó el padre—. ¿Por qué lloras?

—Por mis botas.

—¿Qué botas? ¿Te las han quitado?

—No, no; mis botas nuevas.

—¿Y en dónde están tus botas nuevas?

—Mamá me ha dicho que usted las ha dejado en... aquí... en la taberna.

Pedro palideció de repente, luego subió a sus mejillas el carmín de la vergüenza al ver todas las miradas fijas en él y en su hijo, y maldiciendo su vicio puso una mano sobre la ensortijada cabellera del niño, y besándolo febrilmente dejó rodar dos lágrimas de sus ojos que hicieron enmudecer a los circunstantes.

Luego tomó al niño en sus brazos y con él marchó a su casa.

Escondida tras la celosía de su balcón había estado presenciando aquella escena una señora, en cuya casa había servido Juana cuando estaba soltera.

Esperaba la señora en su portal a que pasara Pedro, lo llamó v le dijo:

—¡Lo he comprendido todo y me hago cargo cómo estará la pobre Juana; tome usted y que no vaya el niño a casa sin calzado; pero antes prométame usted no beber más, por la salud de ese angelito.

—Palabra, señorita, se lo prometo.

Ella cogió un piececito del niño, que los tenía amoratados del frío, se los besó y lo acarició diciendo:

—¡Qué dolor el de Periquito!

El padre se sintió emocionado, y tomando los duros que la señora le daba se despidió diciendo:

—Señorita Pepa, es usted un ángel.

De allí se fue a la zapatería y minutos después entraba en su casa con Periquito de la mano, que enseñaba ufano sus botas nuevas a los demás.

El preguntó por su mujer, que aun estaba en su habitación, de donde salió llevando en sus ojos las huellas del llanto. Pedro le enseñó el calzado de Periquito, le contó lo sucedido, le prometió no beber más, le pidió perdón y hasta le dio un abrazo en señal de reconciliación.

Juana no sabía lo que le pasaba; enmudeció de alegría y volvió a su cuarto, donde se arrodilló de nuevo a los pies de San José, diciéndole:

—¡Gracias, Padre mío! Veo que me habéis oído. ¡Salud, felicidad y bendiciones para mi señorita Pepa, que ha llenado hoy mi casa de felicidad y mi corazón de alegría!

¡Padre mío, fortaleza y gracia a mi Pedro para que no se deje vencer más de su vicio; virtud y honradez para mis hijos! Y si hay en el pueblo algún niño descalcito o alguna madre tan apenada como yo lo estaba antes, proporcionadle vos un ángel como mi señorita Pepa que lleve a su casa la dicha y el consuelo que ella ha traído a la mía con las botas de Periquito.

La oración de Juana fue oída en lo que .toca a su marido, pues éste ya no prueba el vino. El mismo es quien me ha contado esta historia y por eso la tengo por verídica y doy fe de ella.

Los salmos

Salmo 2°: El Mesías, Rey victorioso

1 ¿Por qué se agitan las naciones, y los pueblos mascullan planes vanos?
2 Se yerguen los reyes de la tierra, los caudillos conspiran aliados contra Yahveh y contra su Ungido:
3 «¡Rompamos sus coyundas, sacudámonos su yugo!»
4 El que se sienta en los cielos se sonríe, Yahveh se burla de ellos.
5 Luego en su cólera les habla, en su furor los aterra:
6 «Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo.»
7 Voy a anunciar el decreto de Yahveh: El me ha dicho: «Tú eres mi hijo; yo te he engendrado hoy.
8 Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra.
9 Con cetro de hierro, los quebrantarás, los quebrarás como vaso de alfarero.»
10 Y ahora, reyes, comprended, corregíos, jueces de la tierra.
11 Servid a Yahveh con temor,
12 con temblor besad sus pies; no se irrite y perezcáis en el camino, pues su cólera se inflama de repente. ¡Venturosos los que a él se acogen!

Comentario

Los Hechos de los Apóstoles nos han conservado el más sabroso comentario al Salmo 2.°. Subían como de costumbre San Pedro y San Juan al Templo a la hora nona de oración, es decir, hacia las tres de la tarde, hora en que solía inmolarse a diario el sacrificio vespertino, y al pasar por la puerta que daba acceso al atrio de las mujeres dieron con un cojo de nacimiento que sentado allí pedía limosna a cuantos pasaban por delante. Era harto conocido dicho cojo, pues contaba más de cuarenta años y «hacía muchos que lo llevaban al mismo lugar para que se ganara la vida pidiendo limosna. No teniendo San Pedro dinero que darle le dio la mejor limosna que soñar pudiera el pobre desgraciado, pues asiéndole de la mano le curó en el nombre de Jesús.

Ante el revuelo producido por tan estupendo milagro acudieron las autoridades del Templo y prendieron al hombre que había sido curado y a sus dos bienhechores, a los cuales llevaron a la cárcel, hasta que decidiese el caso el tribunal de los judíos.

Efectivamente, al día siguiente fue convocado el mismo tribunal que no mucho antes había condenado a muerte a Jesús, es decir, Anás, Caifás y los demás miembros del Sanedrín, ante los cuales comparecieron San Pedro y San Juan con el hombre curado. El único delito que habían cometido los reos, bien 16 sabían los jueces, era haber pregonado el nombre de Jesús, en virtud del cual allí se hallaba, presente Sarco, aquel hombre que los mismos jueces habían visto tantas veces sentado junto a la puerta dorada del Templo. Así, pues, por miedo al pueblo que entusiasmado había presenciado el milagro les dieron libertad, no sin haberles antes amenazado si volvían a pregonar el nombre de Aquel que ellos habían crucificado y a pesar de esto continuaba haciendo milagros.

Así que los dos apóstoles liberados de la cárcel volvieron a reunirse con la Iglesia de Jerusalén,
entonaron todos la siguiente oración: «¡Oh Señor!, Tú que hiciste el cielo y la tierra y el mar y cuanto en ellos se contiene, y que hablando el Espíritu Santo por boca de David, nuestro padre y siervo tuyo, dijiste: "¿Por qué se agitan, las naciones y maquinan proyectos vanos los pueblos?" Porque, en verdad, contra tu santo Hijo Jesús a quien ungiste se coaligaron en. esta ciudad Herodes y Poncio Pi-lato con los gentiles y las tribus de Israel para ejecutar lo que tu mano y providencia determinaron que se hiciese. Ahora, pues, Señor, mira sus amemazas y concede a "tus siervos predicar con toda libertad tu palabra, extendiendo tu poderosa mano para hacer curaciones, prodigios y portentos en el nombre de Jesús tu santo Hijo.» Admirable oración llena de amor y confianza en Aquel que tiene en sus manos la suerte, así de los individuos como de los pueblos, y que nada acontece en el mundo sin que su providencia paternal lo haya determinado. La respuesta del cielo no se hizo esperar, pues apenas hubo terminado de elevarse a Dios aquella fervorosa oración, se produjo algo así como un temblor de tierra en el lugar donde se hallaban reunidos. Era la señal de que Dios les había oído y se hallaba con ellos.

¡Cuántas veces se ha repetido esta conjura contra Cristo y su Iglesia! Ahora mismo vive el mundo una de las mayores conspiraciones contra todo lo divino y se pretende barrer incluso la civilización cristiana, lograda con tanto sacrificio a lo largo de veinte siglos. Pero nada podrán conseguir los enemigos de Cristo si no es la ejecución de los planes preestablecidos por Dios para purificar y santificar su Iglesia.
El que mora en los cielos vela y espera que nuestra oración suba confiada, en su presencia. No se hará mucho tiempo rogar Dios para venir en nuestra ayuda y confundir a sus enemigos.

Fr. Rafael Fuster, ofm

Centro aragonés en Valencia

Inauguración de su nuevo local social

El programa de festejos organizado con motivo de la inauguración de la nueva sede social del Centro Aragonés en Valencia se inició el día 16 de febrero, por la tarde, con la ceremonia de la bendición de los locales, oficiada por el Sr. Obispo de Teruel Fr. León Villuendas Polo, ofm, quien con tal motivo, dirigió unas paternales palabras a la colonia aragonesa.

Las tres provincias aragonesas hicieron acto de presencia en esta solemnidad inaugural, estando representada Teruel por su Gobernador civil don Marcos Peña Royo, Presidente de la Diputación don Vicente Díaz, Alcalde de la capital don Álvaro Vicente, Alcalde, de Albarracín don Vicente Martí y Delegado del Ministerio de Información y Turismo don Francisco Cortel.

Por Zaragoza, don Juan José Sarto, que representaba al Gobernador civil; Presidente de la Diputación don Antonio Zuribi, Diputado provincial don Antonio Beltrán, teniente Alcalde don Ángel Sáiz, que traía la representación del Alcalde de aquella ciudad; Presidente del Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón don Eduardo Cativiela y Delegado de la Compañía Telefónica don Ramón Sigüenza.

Por Huesca, don José Mª Lacasa, en representación del Gobernador civil; diputados provinciales señores Lacort Muzas y Martínez Gil, teniente Alcalde señor Godit, concejal señor Arguis y el deán de la Catedral de Barbastro don Francisco Izquierdo Trol.

Se asociaron al acto, en signo de hermandad aragonesa-valenciana, el Gobernador civil y Jefe provincial don Jesús Posada Cacho, Gobernador militar general Santapau, que ostentaba la representación del Capitán general, Presidente de la Diputación don Francisco Cerdá Reig, teniente Alcalde don Antonio Llombart Rodríguez, que representaba al Alcalde de la ciudad; ingeniero jefe de la Delegación de Industria don José Cucurella, Presidente de la Sociedad Valenciana de Fomento del Turismo don Francisco de P. Catalán y otras altas personalidades y representaciones, figurando entre estas últimas la del Ateneo Mercantil, ostentada por su propio Presidente don Joaquín Maldonado, y la Casa de Cataluña, que destacó a su Vicepresidente don Eduardo Buyé y Secretario don Santiago Ninet.

Después de la bendición de los locales y de un vino de honor a las Autoridades e invitados, se congregaron todos en el salón de actos, y el Gobernador civil de Teruel don Marcos Peña Royo abrió el ciclo cultural con una brillante conferencia, siendo largamente aplaudido y felicitado.

La jornada aragonesa del día 17 se abrió con una misa en la iglesia de Nuestra Señora del Pilar, a las nueve y media. Ocupó el sitial de honor en el presbiterio el Sr. Obispo de Teruel. Ofició el Sr. Cura Párroco del Pilar don Vicente Alegre.

Pronunció la oración sagrada el deán de la Catedral de Barbastro y director del Cruzado Aragonés el Sr. D. Francisco Izquierdo Trol.

Las naves del templo aparecían ocupadas por afiliados al Centro Aragonés.

En la presidencia de Autoridades y Jerarquías figuraban las personalidades invitadas a los actos inaugurales procedentes de Zaragoza, Huesca y Teruel, así como la Junta Rectora del Centro Aragonés.
A las once y cincuenta se celebró en el teatro Apolo un grandioso acto de exaltación folklórica aragonesa, presidido por las citadas Autoridades e invitados ilustres y por la Junta de Gobierno, al frente de la cual figuraba don Francisco Lovaco, ocupando todos ellos los palcos habilitados para este fin.

Intervinieron los famosos cuadros de jotas y la rondalla del Centro, dirigida por el maestro Jarque.
Su actuación, así como la referida a los intérpretes de canto de jota y bailes, fue celebrada con clamorosos aplausos del público que llenaba por completo el espacioso teatro.

Los actuantes fueron felicitados por las Autoridades y Jerarquías presentes en la magnífica exhibición folklórica.

A medio día se celebró una comida de hermandad en un céntrico restaurante, a la que asistieron centenares de comensales.

Noticias

De vuelta a España
A primeros del mes pasado nos anunció nuestro P. Provincial Fr. José A. Arnau su próximo viaje de regreso a la patria desde la República Argentina.

El 10 de febrero, y después de haber realizado la Visita a todas aquellas Casas de nuestro Comisariato de San Antonio de Padua, se despidió ya oficialmente en la parroquia de Villa Mercedes de sus feligreses y amigos. El lunes 11 emprendió viaje para Buenos Aires, donde, después de ultimar la nueva fundación de Glew, preparó su embarque de retorno para llegar aproximadamente el 14 ó 15 del mes de marzo, vísperas de su fiesta onomástica. Que el Señor le conceda un feliz viaje de vuelta y consolide la múltiple labor en aquellas tierras realizada durante su estancia.

Nombramiento merecido
En el Boletín Oficial del Estado ha sido publicado el nombramiento del P. Juan José Baydal Tur, ofm, Licenciado en Teología, como catedrático numerario de Teruel, nombramiento hecho por el Ministro de Educación Nacional. Nos alegramos de tal nombramiento y damos al P. Juan José nuestra enhorabuena.

Profesión religiosa
El día 19 de febrero de 1957 y en el Real Monasterio de Santo Espíritu del Monte, emitieron sus votos simples en manos del P. Vicario Provincial Fr. Gonzalo Valls el corista Fr. José Miguel Barrachina Lapiedra y el Hermano lego Fr. Diego de San Miguel Cuñat Cortés. A los dos nuestra cordial felicitación.

Internacionalización de Jerusalén
El Osservatore Romano, órgano del Vaticano, publicó el día 19 de octubre pasado un artículo en el que afirmaba que las noticias provenientes de Palestina provocaban una aprehensión legítima por la paz y la vida de las personas, poniendo en peligro la seguridad de los Lugares Santos.

«A nosotros —decía el artículo— no nos interesan los aspectos políticos de la controversia, sino en cuanto revelan un estado de cosas verdaderamente grave. El centro de la misma es Jerusalén que, como todos saben, está dividida en dos partes por la línea del armisticio. De modo que la situación de la ciudad es bastante crítica, convirtiéndose en más precaria cada día.

»Los acontecimientos actuales —continuaba el Osservatore en la fecha indicada— y las graves incógnitas que ellos preparan que cuán sabia fuese la vía indicada por el Padre Santo en numerosos documentos públicos: la única solución que ofrece suficientes garantías para la conservación de Jerusalén y de los Santos Lugares es la constitución de la ciudad y de los contornos en un corpus separatum con un régimen internacional.

»Y si se considera que el estado particular en que se encuentra Jerusalén desde el 1948 es una de las razones más fuertes de la tensión entre Jordania e Israel, no se puede menos de reconocer que la solución indicada por la Santa Sede ofrece el medio más eficaz de tutelar la paz puesta a dura prueba con el perdurar de las hostilidades».

El periódico termina haciéndose eco de los deseos de todos los católicos del mundo porque la voz del Papa sea escuchada por quienes pueden proporcionar una contribución importante y quizá definitiva en la solución de este conflicto y en el esclarecimiento de problemas cuya solución no puede retardarse sin grave peligro.

Coche-capilla del Papa
El Papa ha enviado un cohe-capilla para los refugiados húngaros en Austria. Lo bendijo personalmente el Papa. Lleva matrícula de Roma y un letrero que dice: «Obra de Asistencia Pontificia». Ésta iglesia ambulante está equipada con luz propia y altavoces; para la celebración de la Santa Misa puede desplegarse una tienda que acoge 300 personas. Además de todo lo necesario para la celebración del sacrificio, dispone de un gramófono y un proyector de cine. Ha entrado ya al servicio de los refugiados húngaros, sirviendo como iglesia y como centra! ambulante de la Cáritas y para la información de los refugiados.

Doctrina de España en la O. N. U
A petición de España ha sido incluida en el Pacto Internacional de Derechos Económicos y Sociales la obligación de pagar a los obreros el salario de los domingos y días festivos. La propuesta correspondiente fue presentada por la delegación de España en la tercera comisión de la O. N. U y defendida por nuestro Embajador don Manuel Aznar, que sostuvo un debate en el que durante tres días intervinieron representantes de cuarenta países. El señor Aznar expuso en varios discursos cómo ha sido resuelto el asunto en nuestro país, y consiguió que prevaleciera su tesis sobre las tendencias de otras representaciones.

Mil religiosas en libertad
Ha sido disuelto por orden del actual Gobierno polaco un campo de concentración para religiosas creado en 1953 en Polonia Central. Las mil religiosas que estaban en él, que habían trabajado casi todas ellas en Silesia superior, tienen permiso para reincorporarse a sus antiguos destinos. Según noticias de Varsovia, también les serán devueltos sus conventos y serán indemnizadas por los edificios que ahora estén destinados a otros fines. A las religiosas alemanas se les ofreció oportunidad de volver a Alemania. La mayoría de ellas, sin embargo, han preferido seguir trabajando en Varsovia.

Católicos y protestantes
Católicos y protestantes unidos van a levantar un monumento a Nuestra Señora de los Ríos, en las riberas del Misisipí. El monumento tendrá una altura de trece metros.