Familia y educación

Hoy este artículo va a tener un carácter distinto de los publicados hasta ahora. Va a ser una entrevista y, de merecer el agrado de nuestros lectores, no será la última vez que demos tal carácter a esta página.

Don Agustín Pérez-Lledó, abogado y director del Grupo Escolar San Francisco de Borja, de Gandía, es una persona totalmente dedicada a su vocación de enseñanza. Buena prueba de ello son los treinta años de servicios que lleva y las varias promociones de maestros que ha preparado para ingreso en el Magisterio.

Conocedor a través de su larga experiencia docente de los problemas de la enseñanza primaria, acudimos a él para que nos diga unas palabras para nuestros lectores de La Acción Antoniana. Accede gustoso y le preguntamos:

—¿Cuáles son, a su juicio, los problemas más urgentes e inmediatos de la enseñanza primaria?

Todos piensan al tratar de los problemas de la enseñanza primaria que lo fundamental está en el edificio y el material escolar, olvidando que el alma de ella es el maestro y, por lo tanto, hay que facilitarle los medios no por la mayor comodidad de quien imparte la enseñanza, sino por la mayor eficiencia de la misma.

—Estamos completamente de acuerdo. ¿Y de quién cree usted que es esa obligación?

—De la sociedad, naturalmente, ya que es ella la beneficiada. No hay que dejarlo todo al Estado y a las Autoridades.

—Es decir, que usted aboga por una estrecha colaboración de la familia con la Escuela.

—Desde luego. Es evidente el derecho inalienable y el deber ineludible que pesa sobre los padres de atender a la educación de sus hijos, pero no es menos cierto que la mayoría no están capacitados para desempeñar la gran función de padres. Prueba de ello es que no se ocupan de la vida afectiva del niño, del desarrollo de su inteligencia y el acertado uso de los sentidos. A lo sumo se interesan porque aprendan pronto a leer, escribir y contar, sin que se preste la menor atención a la formación del carácter, al dominio de la voluntad y mucho menos a la orientación profesional.

Los hijos imponen sus caprichos a los padres poniéndoles como ejemplo que los padres de Fulanito o Zutanito dejan a su hijo que haga esto o aquello o que vaya aquí o allá. Casos hemos visto de niños que dejan sus estudios porque un compañero deja de estudiar y vemos como las determinaciones se toman de bajo a arriba, sin que los padres reaccionen ni traten de imponer su voluntad. Y lo triste es que la autoridad se pierda por no saber ejercerla.

La familia espera que la escuela le resuelva el problema sin poner nada de su parte. No capta que el mundo avanza en lodos los órdenes y que la Pedagogía y la Sicología han dado un gran paso mejorando sus técnicas, por lo que no se puede enjuiciar la labor del maestro comparándola con la que se seguía en nuestros tiempos de escolares. La Escuela piensa en la formación de su alumnado pensando en su incorporación al mundo del trabajo, y los padres sólo ven en ella el instrumento que ha de enseñar a sus hijos las primeras letras y los conocimientos elementales. La formación del carácter, el espíritu de piedad, la nobleza de sentimientos, el amor al trabajo, los hábitos de puntualidad, la convivencia social, el compañerismo, son valores que se han de despertar en el alma del alumno y que carecen de estimación en el ambiente familiar, hasta el punto de ver con frecuencia que el ambiente social está en contraposición con la labor escolar.

—Muchas gracias, don Agustín, en nombre de todos los lectores por esta magnífica lección que a todos nos ha dado. Esperamos que los padres se den perfecta cuenta de lo trascendente de su colaboración con la Escuela para la mayor eficacia de la educación de sus hijos.

Felipe G. Perles Martí

Resumen del Congreso Eucarístico de Munich

Domingo 31 de julio de 1960. — Inauguración del Congreso por su eminencia el Cardenal Joseph Wendel. Esta primera manifestación del Congreso Eucarístico Internacional reunió a más de 2-50.000 fieles de todo el mundo en torno al gigantesco altar erigido en la gran explanada donde se desarrollaron las principales ceremonias. Veinte cardenales, cerca de trescientos arzobispos y obispos e importantes personalidades civiles asistieron también a este afecto.

Después del canto de las letanías, el Arzobispo de Munich Cardenal Wendel pidió al legado pontificio Cardenal Testa que declarase inaugurado oficialmente el Congreso Eucarístico Internacional. A continuación el Cardenal legado leyó la bula pontificia relativa a esta asamblea católica mundial, que quedó así abierta oficialmente. El Obispo de Berlín Cardenal Doepfner, pronunció unas palabras para invitar a los fieles a demostrar su amor a Jesús Sacramentado. Finalmente, el Cardenal Wender impartió la bendición eucarística.

Este día hubo también emisión de los 20.000 auxiliares del Congreso.

Martes 2 de agosto de 1960. — Las mañanas v tardes de los tres primeros días se dedicaron a sesiones de trabajo de las asociaciones católicas, reuniones internacionales, visitas a las exposiciones e iglesias. Sólo en las horas avanzadas de las tardes del lunes y martes hubo solemnes oficios en las iglesias de la ciudad.

Miércoles 3. — A última hora de la tarde, en el campo Theresienwiese, tuvo lugar la solemne constitución litúrgica del Congreso Eucarístico como Statio Orbis por el legado apostólico. Los siguientes días del Congreso se celebraron según el modelo de la liturgia de .Semana Santa y la Pascua de Resurrección, en la que el misterio de la Eucaristía se revela de un modo más obvio y claro que en la misma celebración de la misa.

Jueves 4. — El «Día del Sacerdocio y de la Caridad», en el XXXVII Congreso Eucarístico Internacional, comenzó con la ordenación de cien sacerdotes de todas las partes del mundo. Por la mañana, misas pontificales y sermones en las iglesias de la ciudad, bajo la idea fundamental de «Eucaristía y Caridad Cristiana». A última hora de la tarde, en el campo Theresienwiese, se celebró una misa solemne, con el tema «Eucaristía y Sacerdocio», a la que asistieron unos 300.000 fieles.

A propuesta del Cardenal de Munich Joseph Wendel los nuevos sacerdotes se reunieron con sus respectivas congregaciones para la celebración del ágape, en los que los mismos sacerdotes sirvieron la comida a los invitados. Se trata de una antigua costumbre en recuerdo de la última Cena y en la que los primeros cristianos se reunían, después de la Comunión, en una «cena de caridad cristiana». El principal ágape se celebró en el edificio de Hofbraeuhaus, construido en 1589, y en el que el propio Cardenal Testa ayudó a los sacerdotes a servir la comida a los invitados.

Viernes 5. — «Día de la Santa Cruz». Por la mañana, misas en las iglesias, con sermones sobre «La Eucaristía y la Virgen». A medio día, oraciones eucarísticas de expiación en el que antes fue campo de concentración de Dachau.

Por la tarde, en Theresienwiese, veneración de la cruz.

Sábado 6. — «Día de la Luz». Por la mañana, misas en las parroquias con sermones sobre el tema "Fin de semana: Domingo".

Por la tarde, en el Theresienwiese, solemne pontifical en rito bizantino.

Domingo 7. — «Oía del Señor». Emocionante clausura del Congreso Eucarístico Internacional, con asistencia de un millón de peregrinos llegados de todas las partes del mundo.

Por la mañana, en el Theresienwiese, oficio de la misa principal del Congreso, con mensaje de Su Santidad el Papa. Esta misa se celebró bajo la idea fundamental de «La Eucaristía y las Postrimerías del Mundo». Terminó con una gran procesión eucarística hasta la iglesia de San Pablo.

Poco después de las nueve de la mañana, una solemne procesión, en la que figuraban unos 30 cardenales y 500 obispos, comenzó a pasar entre la multitud que llenaba por completo la enorme explanada del Congreso en dirección al altar levantado en el centro de la misma. El legado pontificio Cardenal Gustavo Testa, que ofició la misa, ocupó su trono frente al altar y detrás de la gran cruz que se levanta sobre él. Numerosos grupos de monjas se agruparon en torno al altar. Durante la misa el legado pontificio pronunció un sermón, después del cual 200 sacerdotes se acercaron al altar y distribuyeron la sagrada Comunión a los fieles presentes, los cuales no tuvieron que acercarse, sino que los citados sacerdotes recorrieron la explanada, acompañados por acólitos, para distribuirla entre las filas de asistentes.

Su Santidad Juan XXIII dirigió un mensaje desde la Radio Vaticana con motivo de la solemne clausura del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Munich, en el que pidió a los católicos de todo el mundo que oren por la paz del mundo y por la unión de todas las iglesias cristianas. La red de emisoras de la Eurovisión, que transmitía los actos, mostró en este momento una fotografía de Su Santidad, de pie, frente a un crucifijo, leyendo el mensaje desde Roma. Los asistentes al Congreso escucharon las palabras del Padre Santo en medio de un impresionante silencio.

En las primeras filas destinadas a los invitados ocupaban sus lugares el canciller Adenauer, de Alemania Occidental ; Julius Raab, canciller de Austria, y el excanciller autríaco y actual Presidente de la Cámara Alta de su país Leopold Figl. Entre las personalidades presentes figuraba también Otto von Habsburgo, pretendiente al trono austro húngaro, que vive actualmente en Alemania Occidental.

La tarde estuvo dedicada a reuniones nacionales y regionales.

Todas las emisoras de radio y televisión de Alemania han transmitido los actos de clausura de este grandioso y apoteósico Congreso.

España tuvo digna y numerosa representación en este Congreso. Merece aquí especial mención la peregrinación que desde Villarreal acompañó a Munich los restos de San Pascual Bailón, santo franciscano, Patrón de todos los Congresos Eucarísticos, la cual fue presidida por el Sr. Obispo de Teruel Fr. León Villuendas Polo, O. F. M.

Cuando Dios llama por los caminos del amor

Abrahán e Isaac en el siglo XX

Caminaba yo precisamente por la calle Pavón, contento de volver a casa con la canasta vacía, pues ese día había tenido la fortuna de vender las cinco docenas de manzanas, incluso las que estaban picadas. Claro que la dicha no era completa, ya que, a fuerza de gritar «manzanas deliciosas» y de regatear los cinco centavos de descuento que me pedían las «patronas», también llevaba a casa una buena ronquera.

En algunos balcones flameaban banderas extranjeras por no sé qué victoria ganada esa misma mañana. Pero yo me cuidaba muy poco de la guerra mundial, que entonces estaba en plena efervescencia, si bien la guerra era para mí la cosa más terrible y pavorosa que se podía imaginar. Otro pensamiento muy diverso me preocupaba en esos momentos; pensaba en mi futuro: alquilaría una habitación mucho más grande que ese cuchitril donde apenas entraba mi madre; pondría una verdulería en forma, me compraría luego una chalita flamante para no tener que ir al mercado, en las mañanas heladas de invierno, sobre ese carromato destartalado, más sensible que un aparato de radar para captar todos los adoquines y baches del camino.

Sacrificio de Isaac

El sacrificio de Isaac. Fresco de una iglesia etíope. [De Pregunta santoral]

Después de pocos años tendría ya ganados millones y millones de pesos. Entonces compraría un chalet todo confort, rodeado de un ameno jardín. Allí me pondría a estudiar por mi cuenta, como Sarmiento, y bastaría leer una vez un libro para que ya se me quedara grabado en la memoria, por encanto, como una marca en el anca del caballo. Después comenzaría a correr mi fama por todo el mundo, hasta que un buen día: «¡Juanito, presidente de la República!». Para ese entonces tendría yo veinticinco años, y no sería extraño que se presentara un día a pedirme la mano Libertad Lamarque o alguna otra de esas artistas famosas, de las que tantas veces había oído hablar a las chicas vecinas de casa.

De esta manera seguía yo edificando castillos en el aire, hasta que una negra idea vino a turbar mis rosadas ilusiones: me había olvidado de algo serio, del servicio militar, ese fantasma que me atormentaba desde que comencé a tener uso de razón, pues no estaba tan de acuerdo en que me metieran varias inyecciones, cuyas agujas más servían para un mulo que no para un cristiano. Así, con este sabor amargo en la boca, cansado, comenzando a experimentar ya la tristeza de una vida dura, entré en casa. Me senté en el suelo del mismo vestíbulo y allí me quedé reposando.

Hacía algunas semanas mi madre había oído hablar de ciertos Padres capuchinos que tenían un seminario en Nueva Pompeya, donde se veneraba una Virgen milagrosa. Ni corta ni perezosa, el primer día oportuno que encontró se dirigió al santuario, contempló por vez primera aquella imagen piadosa que inspiraba confianza al corazón más agobiado, se acercó al camarín y allí postrada oró así con lágrimas en los ojos: «¡Madre de Dios y Madre mía!, aquí me tienes a tus pies. No me deseches porque soy pobre y analfabeta, sino más bien recuerda la infinita condescendencia de Jesús, que no juzgó indigno de un Dios el humilde y escondido taller de Nazaret. Una sola gracia te pido. No quiero riquezas, no quiero felicidad en la tierra; pero sí te pido que aceptes a mi hijo como si fuera tuyo y que lo lleves a tu casa, a tu seminario. Yo sé que en tus manos estará mejor que en las mías.

Míralo errante por las calles, muchas veces mezclado con muchachos corrompidos. ¿Permitirás que la maldad ahogue su inocente alma? No, María, no lo permitas jamás. Prefiero arrastrarme por las calles pidiendo de limosna un mendrugo de pan antes que verlo a él arrastrarse en la baba asquerosa del pecado. Recuerda que te lo he ofrecido antes de que viniera al mundo. Ya es hora de que lo recojas bajo tu manto sagrado...» Sin darse cuenta siquiera de la gente que pasaba besando los pies de la Virgen, salió apresuradamente de la iglesia, sintiendo en su corazón un no sé qué que le aseguraba haber sido escuchada por la Virgen bendita. Al entrar en casa me encontró a mí durmiendo en el suelo, en el mismo lugar donde me había sentado hacía quizá diez minutos.

A la mañana siguiente estábamos los dos en el camarín de Pompeya. Confesamos y comulgamos. Después me dijo mi madre: «Hijo mío, ya no eres más mío; desde hoy perteneces enteramente a la Virgen. Yo te pido que no la abandones jamás porque no hay otra madre como Ella...» Sí, yo no pude comprender enteramente el sentido de esas palabras, pero me di cuenta de que en ese momento se realizaba algo espantosamente grande, algo así como una muerte, pero una muerte heroica, consciente, por un motivo muy elevado. Sentí que mi corazón lloraba conmovido. Sí, algo pasó en mí; recuerdo que los seis días que aun pasé en casa, los últimos, yo no era el mismo de antes; estaba abstraído de todo, silencioso; hice todo lo que me indicó mi mamá con entera exactitud y diligencia.

Salimos de la iglesia y subimos la calle Esquiú. Yo era un verdadero Isaac: no sabía ni a dónde íbamos, ni para qué, pero ni siquiera me vino a la mente esta curiosidad. Yo iba... Ciertamente que mamá también hizo muy bien su parte de Abrahán: nada me dijo, nada me insinuó. Ella sólo pensaba en que tenía que sacrificarme al Señor, y en esto aventajó a su modelo, pues seis días más tarde me daría la muerte... al mundo y a la familia. Muchos ángeles vinieron en esos días a detener su brazo: el ángel del amor a la propia sangre, el ángel del dolor materno, el ángel de los familiares y amigos que le disuadían de tal determinación y tantos otros ángeles; pero ninguno venía de parte de Dios; por eso me dio decididamente la muerte...

Nos detuvimos ante una puerta, ella tocó el timbre, y a los pocos momentos apareció un Padre con barbas, como los del santuario. Era la primera vez que veía a esa clase de Padres; y si bien tenía un verdadero pánico por las barbas cuando era más pequeño, pues me recordaban al viejo de la bolsa, ahora no me llamaban mayormente la atención. Mi madre expresó su deseo: «¿Podrían admitir aquí a mi chico?» ¡Ah!, esto era cosa seria; en esto debía intervenir el Padre Director.

Llegó a los pocos momentos. Su barba era blanca; su figura, elegante y austera al mismo tiempo; su rostro, bondadoso. (Siempre te he recordado con gratitud y cariño, Padre Ildefonso, porque tú hiciste conmigo la parte de Dios, recibiéndome en el seminario; tú diste la primera pincelada religiosa a mi alma, ¡y esa primera mano no se borra jamás! Estoy seguro de que ya gozas de la visión pacífica y eterna de Dios, pero lo mismo será perpetua mi oración en el momento en que se recuerda a los difuntos en la Santa Misa.) Recuerdo que entonces abrió un folleto que nos leyó mirando por sobre el marco de sus anteojos: «En este seminario se reciben solamente a los niños movidos por el deseo de hacerse sacerdotes franciscanos capuchinos.» Mi mamá le respondió que esta era su intención y la mía. «Muy bien, señora —continuó el Padre—, entonces tráigalo la próxima semana con los siguientes certificados: el de buena salud, el de buena conducta y el de vacunación, además de las mudas necesarias. ¡Ah!, y no se olvide tampoco del cepillo de dientes...»

E. Brasa

A una que cree todo lo que se le dice

Consejos de Andre Maurois, de la Academia Francesa

La oí a usted ayer, amiga mía, hablando de una conocida escritora a quien yo conozco bien. Las divertidas historias que usted contaba proporcionaban la imagen de una mujer ligera, mundana, adicta al whisky y a las grandes fiestas mundanas bohemias, una persona frívola y no demasiada digna de estimación. Y es tan distinta a eso, señora mía, esa persona.

«Pero yo no he intentado nada», me dirá usted. «Yo sólo repito todo lo que el mundo dice.»

La gente dice tantas cosas, con tanta facilidad... Escritor y hombre público, he visto publicadas en los periódicos, sobre mí mismo, decenas de anécdotas totalmente falsas. Cien veces han sido puestas en mis labios palabras que no he pronunciado jamás. Se ha asegurado mi presencia en lugares en los que nunca había puesto los pies. Y por eso he aprendido a no creer todo lo que leo. Ni todo lo que se cuenta de otros.

«¿Y cómo yo voy a saber si es verdad o no lo que se afirma?», insistirá usted ante mis reproches.
Yo le aconsejaría, amiga mía, tomar la cauta costumbre de no repetir cuanto oye. Es bueno, antes de dar por ciertas las cosas, tratar de comprobar su veracidad. Las inexactitudes, que comienzan a veces por ser inofensivas, pueden llegar a ser peligrosas. Sobre todo cuando, como es sabido, no hay historieta que 110 crezca como una bola de nieve al ir rodando de boca en boca.

O por lo menos, si quiere seguir dándose el gusto de charlar sobre lo que no le consta, hágalo, a sabiendas de que el porcentaje de verdad en lo que dice puede ser muy pequeño. Y procure que quienes la escuchen lo entiendan así.


La Virgen Carbonerita

(Continuación)

—Ellos quedaron en el monte a terminar su trabajo. Pero en la cabaña hicieron un pequeño altarcito y colocaron a la Virgen, hasta que los vecinos del pueblo poco a poco levantaron una ermita. Todos los años por la primavera bajaban la Virgen al pueblo y hacíamos una fiesta preciosa; luego, en romería, la subíamos a la montaña.

—¿Cuál fue el primer milagro de la Virgen Carbonerita? Cuéntamelo, Micaela.

—¿No estás cansada?

—Nada de eso; hasta me atrevería a subir a la montaña para ver a la Virgencita.

La vieja criada observó a la pequeña durante unos instantes. Con la carita vuelta hacia la luz sus mejillas parecían más pálidas. Sonrió tras una nube de lágrimas y quedé sin poder pronunciar palabra.

—Vamos, mujer, sigue hablando—, dijo la pequeña Regina con insistencia.

—¿Acaso me he negado?

—No, pero es que te cuesta mucho...

—¿Es que no me vas a dejar respirar un momento?—, dijo Micaela suspirando.

—Perdóname—, repuso la pequeña con el rostro ensombrecido.

Micaela, acariciando su barbilla, dijo enternecida:

—No te enfades, cariño mío. ¿Por qué te has puesto triste?

—No estoy triste, mujer—, contestó la pequeña afirmando su disgusto con un movimiento de cabeza.

—Bien, continuaré —dijo la vieja criada acostumbrada a los cambios de humor de la pequeña—. Esto ocurrió hace muchos años. Empezaba entonces yo mis relaciones con mi pobre Juan, que en gloria esté. Era una mozuela que le gustaba entretenerse delante del espejo todo el tiempo que podía, así como cantar y bailar si se terciaba.

—¿Tuviste muchos novios, Micaela?—, preguntó de improviso la pequeña Regina.

La mujer quedó momentáneamente sin responder, y con las mejillas enrojecidas repuso:

—Solamente me enamoré una vez y fue de mi Juan. Dios me lo dio y Dios me lo quitó y para mí ya no ha habido más hombre, y vamos a seguir contando el milagro. Tú aún eres pequeña para hablar de novios...
Regina estirando la sábana se tapó la boca y rió con disimulo.

—Era yo moza —prosiguió diciendo la mujer— cuando en el pueblo se declaró una epidemia de cólera. Se morían muchos de aquella enfermedad. Los vecinos, en unión del señor cura, pensamos ir en procesión a la ermita y bajar a la Virgen al pueblo para hacer rogativas y una novena. Pero los pastores y cazadores decían que en el bosque andaba perdido un gran oso capaz de devorar a cualquiera. Por las mañanas aparecían las ovejas degolladas y la que se libraba de sus garras aparecía herida, ensangrentada y maltrecha. Unos decían que era el demonio convertido en oso, que quería impedir que la Virgen bajara al pueblo. Otros que era el hombre malo del bosque, sediento de sangre y envuelto en una piel de oso, el que cometía tales atrocidades... En fin, que cada cual daba su parecer, pero la cuestión era que todos vivíamos asustados y la enfermedad cada vez hacía más estragos. Un día Nicolás, cargando con su escopeta, dijo:

—Yo iré a matar a ese animal infernal.

—Es peligroso y puedes morir en sus garras, muchacho. No te fíes de la montaña, que es traidora y de cualquier matorral puede salirte la fiera—, decían los viejos.

—Vuestros consejos no me atemorizan; estoy dispuesto a buscarlo y juro no volver hasta encontrarlo.

Aquella misma mañana emprendió el camino del bosque. Muchos fuimos los que le acompañamos hasta la ladera de la montaña.

—¿Mató el oso?— preguntó de repente la pequeña.

—Una noche —prosiguió la mujer—, cuando todos los vecinos dormíamos se oyó por las calles unas pisadas fuertes, carreras y un gemido profundo. ¿Qué ocurrirá, Dios Santo...?, nos preguntamos todos asustados. Teníamos miedo de abrir las ventanas. Miramos tras los cristales y cuál no sería nuestro asombro cuando vimos que era el oso que se arrastraba débilmente por las calles; había sido herido y Nicolás iba tras él golpeándole con un garrote. La gente aterrorizada se escondía de miedo. Él oso era grande, enormemente grande, y cayó rendido a la puerta de la iglesia.

(Continuará.)

Noticias

Bodas de oro sacerdotales. — Las ha celebrado con extraordinaria solemnidad, en la segunda quincena del pasado agosto, el Sr. Obispo de Teruel Fr. León Villuendas Polo, O. F. M.

Los actos organizados a tal efecto se realizaron con tal precisión, brillantez y concurrencia que pregonan la gran simpatía que el homenajeado goza en su diócesis.

Más religiosos de la Seráfica Provincia de Valencia a la Argentina. — El día 27 de agosto embarcaron en el puerto de Barcelona, con rumbo a la Argentina, a bordo del vapor Cabo San Roque, el P. Salustiano Vicedo y el Hermano lego Fr. Diego Cuñat, que van a ayudar a sus Hermanos en religión que misionan en dicha República americana.

Nueva Congregación Franciscana. — En Estados Unidos ha sido fundada una nueva Congregación Franciscana, las Religiosas de Jesús Crucificado, para estar al servicio de los discapacitados.

Escuela especial para la formación de misioneros. — En la Universidad católica de Puerto Rico ha sido instituida una escuela especial para la formación de los misioneros para los países de lengua portuguesa-americana. Dicha escuela ha sido fundada y es dirigida por el P. Celso Wheeler, franciscano.

La ciudad de los chicos. — El P. Iluminado, capuchino, ha fundado en Lima (Perú) «da ciudad de los chicos». En catorce pequeños edificios se albergan más de 100 niños.

Una de las misiones franciscanas en América. — La Misión de Chiquitos (Bolivia) está encomendada a la Provincia franciscana del Tirol. Allí misionan 36 Padres, 4 Hermanos y 51 Hermanas franciscanas, 18 de ellas indígenas.

Los Padres regentan 12 parroquias con 60 iglesias y capillas y 36.804 cristianos; un Seminario con 20 seminaristas; 2 colegios con 316 colegiales y 6 escuelas elementales con 1.184 alumnos. Hay 3 hospitales con 50 camas. En 5 centros de urgencia han sido curadas 27.754 personas. Han sido administrados 4.536 bautismos de infantes y 17 en peligro de muerte, 1.272 matrimonios y 370 extremaunciones.

Este año han sido abiertas dos nuevas escuelas superiores y un asilo de infantes. Allí las vocaciones al Sacerdocio y a la Orden son pocas y poco perseverantes. El comunismo progresa bastante, de tal manera que los directores de 160 escuelas son comunistas y la situación general se inclina hacia la izquierda. Para contrarrestar este mal se han formado uniones católicas entre los trabajadores ferroviarios, las cuales funcionan admirablemente.

Una de las misiones franciscanas en Asia. — Es La Custodia de Tierra Santa. Abarca Siria, Líbano, Jordania, Israel, Egipto y Chipre. Tiene allí misionando 239 Padres, 29 clérigos, 8 novicios clérigos, 145 Hermanos legos, 5 novicios legos, 29 terciarios y 95 estudiantes en los colegios seráficos, los cuales, además de custodiar los Santos Lugares, desarrollan una gran actividad en la predicación, administración de Sacramentos, instrucción, obras de caridad y expansión del reino de Cristo.

Examinadores y jueces sinodales franciscanos. — En el Sínodo recientemente celebrado en Roma el Sumo Pontífice, como Obispo de Roma que es, nombró examinadores apostólicos y jueces sinodales a algunos sacerdotes de las familias franciscanas.

Entre los examinadores apostólicos contamos a los PP. Angelo Coculo, Hermenegildo Lío, O. F. M. ; Cayetano Massari, conventual; Lázaro Arbone y Teodorico Castel a Santo Pietro, capuchinos; Francisco Provenzano, terciario regular. Y entre los jueces sinodales del tribunal de primera instancia; PP. Antonio Cairol, O. F. M. ; Raimundo Kakos, José Sirna, conventuales, y Gabriel Andreozzi, terciario regular.

Premio diocesano en Caspe. — El día 20 de junio se celebró en Zaragoza el ejercicio final del Certamen Diocesano de Catecismo, correspondiente al curso que ahora termina. El acto comenzó con la lectura de la memoria del certamen; seguidamente fue la presentación de los cuatro niños y cuatro niñas que mejor puntuación obtuvieron en el examen escrito de la mañana.

Realizado el examen oral de estos ocho niños, el jurado calificó con la máxima puntuación al niño Antonio Salas, de Caspe, y a la niña Rosario Tello, de La Almunia, nombrándolos reyes del Catecismo.

Los reyes del Catecismo, entre clamorosos aplausos, fueron coronados por el Sr. Arzobispo Dr. Morcillo y González.

A continuación, teniendo a un lado y otro al Rey y a la Reina del Catecismo, pronunció el prelado unas palabras para felicitar a Caspe y La Almunia, a sus párrocos, maestros y religiosos que han tenido parte en la formación de estos muchachos galardonados con el máximo premio catequístico.

Felicitamos desde estas páginas al Centro Catequístico La Inmaculada de nuestro convento de Caspe, al que pertenece el Rey del Catecismo Antonio Salas y a los Padres franciscanos, quienes con su acertada dirección merecen estas recompensas justas, para su fecunda labor en la enseñanza de la Religión y Catecismo en Caspe.