Y así nació el Niño «Dio»

Pos pasó que estaban un día mu tranquilitos la Vinge y San José en su casita de Nasaré y va y se presenta en la puerta un tío con bigote mu largo y con cara de lechuso y con una papé en la mano y mucha chavea detrá y mucha patulea, y va y le dise: «Oí ustede, de parte del Empeoró de Roma, que ca cua vaya al pueblo de donde salió su familia pa empadronarse, que el Empeoró tiene muchas ganas de sabé cuánta gente tiene su imperio.» Y la gente de la patulea venía disiendo con mu malo modo: «¡Miá qué presumió é er Señó Emperaó! ¡La farta que la hará sabé eso! ¡Y con el frío que hase y lo camino tan malo y la vía tan cara.» E iban refunfuñando muchas cosas.

Pero San José y la Virgen no se metieron con el tío ni dijeron ná má que «Güeno, iremo pa yá.» Y como lo eran de familia del Rey Daví, aunque habían venío a meno, y el padre de Daví era de un puebleciyo chico, má ayá de Jerusalén, como una tré legua, dijeron: «Pos vamo a tené que i a Belén pa la cuestión del padrón.» Y como lo do eran mu humirde y estaban siempre mu conforme con tó lo que se mandaba, piyaron la alforja con un bocaíyo, y con una borriquiya que tenían pa i por leña, se fueron pa Belén. La Vinge le desía a San José que se montara e, y San José que eya; y pa que no se pusiera mu disgustao San José, se montó la Vinge y así echaron tré o cuatro día en vení a pará a Belén, durmiendo mu má en donde le piyaba y comiendo un bocaíyo; y aunque iban mu molío no ponía mala cara ni ná, como otra gente que iba pa yá.

Pos en cuantito llegaron al pueblo, va y se ponen a buscá en qué quearse y, ¡güeno!, paresía que iban a pegá tiña a la gente; yamaban a toas las posá y, como le veían tan pobretico y tan mal trajeao, le desían: «Buscá ustede por otro lao, que acá está tó yeno.» Y la Vinge no se ponía triste ni ná, pero a San José le iba entrando un jormiguiyo de vé a su mungé despresiá y en mitá e la caye, que, si no hubiera sin porque la Vinge le desía mucha cosa güena, le hubiera partío la cara a un tío desconfiao de aqueyo. Yo no sé, pero yo, arriguá de é, me dormía tirándole pedrás al tío de la posá y a lo critale y a tó.

Pero ná, en el pueblo aqué no había má que gente de mu mala tripa y se tuvieron que meté en una cuevesiya que había ayí fuera en el campo, lo mismito que si habían sío gitano o un húngaro de eso de la melena. San José se puso a arreglá lo pápele del padrón, que era una cosa mu detenía, porque había venío mucha gente de fuera a lo mimo, y como tenían unos nombres mu enrevesaos, el tío de la ofisina estaba mu tardío pa apuntá y luego que, como San José estaba mu cayao y le veían tan pobresiyo, lo dejaban pa la cola.

La Vinge, que era mu limpia, se puso a barré la chosa y quitá la telaraña y a blanqueá y aljofifá, que paresía aqueyo otra cosa. Y no fue ná lo que pasó ayí la Noche Buena, en puntito a las dose. Entró una clariá por toa la cueva y un oló mu fino y una música mu rara, y va y dinse la Vinge con una vó mu alegre: «José, ya nasío Jesú, ¡¡míralo!!...» Y se quearon lo dó con el resueyo pa entro y como atontao y no podían hablá, ni yorá, ni ná má que mirá y remirá pa é, jasta que rompieron en jartarlo a beso y en achuchone. Luego va la Vinge y lo arrebuja en un pañaliyo que tenía ayí, y como no tenía cama ni cuna, con una poquiya e paja le pusieron en un pesebriyo arrumbao que había dejao ayí otra gente. ¡Y así nasió el Niño Dio.

Relato histórico de un niño de la catequesis malagueña
(De D. Manuel González)

a

Cardenal, Fr. Juan Landázuri Ricketts, de la Orden de Frailes Menores, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Padre Conciliar y miembro de la Comisión de Ordenes Religiosas, del Concilio Vaticano II.

Canción de cuna

Duerme, Niño mío,
deja de llorar,
que hace mucho frío
y te vas a helar.

Cierra los ojitos
y verás, mi bien,
miles de angelitos
del hermoso Edén.

Que Tú duermas
quiero en mi corazón,
que es mi pecho alero
de mi regalón.

Es rosado el Niño
como un arrebol,
pero es mucho más bonito,
mucho más que el sol.

Tiene sus mejillas
de nieve y carmín,
y sus manecillas
blancas cual marfil.

Duerme y no despiertes,
yo te velaré;
nunca de quererte,
nunca dejaré.

Fr. Damasceno Espinosa, ofm

a

D. Marcelino Olaechea y Loizaga, de la Orden Salesiana. Arzobispo de Valencia, Padre Conciliar y miembro de la Comisión de Estudios y Seminarios, del Concilio Vaticano II.

Nuestra Señora,
símbolo y guardiana de la unidad

Hace un siglo que San Luis Grignon de Montfort profetizó la llegada de la gran edad mariana. Vivimos el siglo de María, conforme ya fue anunciado por el Santo Padre Juan XXIII. Nuestra Señora es un grande carisma de la Iglesia actual; y la devoción mariana se nos depara con toda evidencia como un gran símbolo de la unidad. «...Ella fue —dice San Luis G. de Montfort— quien dio a luz por vez primera al Salvador; por segunda vez en la edad moderna ha de dar su Hijo al mundo.» El remado de Nuestro Señor Jesucristo que por mandato del mismo Señor, hace ya dos mil años, incesantemente pedimos: «...venga a nosotros tu reino...», ese reinado espiritual y universal del Señor tiene que darse. La gran precursora es María Santísima, proclamada Reina del universo. Por María todos los pueblos serán uno, acogidos bajo su manto de Madre, e irán a Jesús, al divino Redentor.

No deja de ser impresionante la serie de apariciones de Nuestra Señora realizadas en el espacio de un siglo, hasta las de Fátima.

En 1830, en la calle del Bac, París. En 1846, La Salette. En 1858, Lourdes. En 1917, Fátima. Siempre manifestaciones del corazón materno de la Madre de Dios que no nos viene a decir nada de nuevo, sino tan sólo hace un llamamiento a la verdad eterna del Evangelio. El camino de la salvación es estrecho; ancho es el camino de la perdición; el mundo necesita rezar y sacrificarse, oponiendo al materialismo de la vida una fe viva en Dios y la huida del pecado. Este fue el recado maternal que la Virgen Santísima amorosa y repetidamente nos vino a traerla la tierra.

«...Todas las generaciones me llamarán bienaventurada...» Esta profecía de Nuestra Señora se cumplió a la letra. No son sólo los católicos los que honran a la Madre del Verbo de Dios Encarnado. Son los mismos musulmanes. También para ellos Siti Mirjam (mi Señora María) es la mujer colocada por encima de todas las mujeres, la Señora por excelencia Sayyida, la Soberana del paraíso.

Los cristianos ortodoxos veneran a María con un fervor que supera con mucho a nuestra frialdad latina. «El amor y la veneración a la Virgen —escribe Boulgakov— es el alma de la ciudad ortodoxa. A Rusia se la llamó siempre "la casa de la Madre de Dios".»

Entre las anglicanos la mayor parte de las iglesias posee un estandarte, una imagen de Nuestra Señora, delante de la cual hay velas encendidas. Los anglicanos no son hostiles a los dogmas de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de la Santísima Virgen que reconocen que están en armonía con la fe.

Aun entre los protestantes principia un movimiento en favor del culto a María, penetrando en el sentido del cántico del Magníficat, que todos leen en la Biblia.

Por todo esto estamos inclinados a creer y a esperar que el mundo tiene que regresar a la unidad por el símbolo que se nos depara en el movimiento mariano. En realidad la Madre de Dios es el símbolo de la unidad. Por María las almas irán a Jesús; por María vendrá el reino de Jesús a la humanidad. «Hoy en día —escribe el P. Javier Fried— se comprende mejor las lentas preparaciones de la Providencia y de los estados de alma que son como expectativas inconscientes de la gracia divina. La misión de María está lejos de acabar.» Durante el Concilio acudamos a María con más fervor y más esperanza que nunca: Ella es la guardiana de la unidad.

(De Voz de Fátima.)


Luces en el misterio

(Continuación)

—En eso de la entrega es donde tengo las dificultades, porque yo quiero un matrimonio en el que sólo mande yo.

—Por eso no habrá inconveniente; porque usted en él será la cabeza.

—Pero ¿y si es mandona la que elijo?

—Pues búsquela sumisa, obediente...

—¡Qué chascos en esto conozco, don Tomás! No conozco casado que no esté dominao por la mujer.

—En ciertas cosas no hay inconveniente que domine, pongo por caso, en las cosas de casa. Ella en ésta debe reinar; el hombre debe mandar en la hacienda.

—Y los ingresos, ¿para quién?

—De acuerdo entre los dos deberán gastarse y administrarse en santa paz, preferentemente para cubrir las necesidades comunes de la familia. Siendo buena la mujer no tendrá administrador mejor que ella. Para el gobierno de la casa han nacido las mujeres y hay de ellas quienes tienen para esto excepcional talento.

El Remolino se dio por informado de cuanto deseaba y quiso (después de breve silencio que guardó para ir a la caza de algo que se le olvidaba preguntar) salir de dudas sobre otra cosa interesante para poderse casar con plena conciencia. Hizo un ligero raspado de cabeza con los extremos de las uñas del meñique, anular y del corazón de la mano derecha, por la parte del parietal correspondiente, y al fin saltó la chispa con la siguiente pregunta:

—¡Vamos! Don Tomás. Y de no tener yo hijos y aun sabiendo que no los podré tener, ¿podré yo casarme y en el matrimonio ser feliz?

—El que tenga o no tenga no contradice al sacramento, siempre que cuente con la voluntad, la aptitud y la libertad de Derecho. El fruto en él depende de Dios y en Él debe confiar.

—¡Qué difícil es acertar, don Tomás!

—Muchos acertaron y fueron felices.

—Pero ¿a mi edad?

—En esa a veces más.

—Veo que los curas saben hacer la propaganda.

—En esta materia estamos obligados los curas —dijo don Tomás— a respetar la libertad de cada uno. A todo hombre, sea cual sea su edad pasando de la núbil, se le da derecho a casarse con tal que no tenga impedimento. Así que es fácil casarse.

—Lo difícil es acertar—, repuso el Remolino.

Don Tomás casi estaba agotado por el cansancio que sentía debido al largo interrogatorio, que resultaba forzoso dejar va de contestar por lo escéptico que resultaba ser el viejo soltero. Se levantó del sillón en actitud de poner punto final a la entrevista. A la vez el Remolino se levantó también y siguió al cura hasta la puerta, que éste abrió con ademán muy cortés de despedida a la vez que decía:

—Ya vendrá otro día por aquí después de ojear en busca de su futura esposa. Yo rogaré al Señor le dé luz para acertar y le ponga al paso la mujer que más convenga según sus circunstancias.

—Ustedes los curas —dijo con sorna el Remolino— todo lo arreglan con oraciones.

—Es que la oración es el medio más poderoso para conseguir; usted ya sabe que todo está en manos de Dios en el mundo.

—Pues ruegue, porque hecho tengo el ánimo de casarme cuanto antes. Cada día que pasa me resigno menos a seguir soltero y la entrevista con usted me ha dilatado más el deseo.

* * *

Salió el Remolino de la presencia del cura con un paso más hacia el matrimonio, pero algún tanto defraudado porque deseaba que don Tomás le hubiera resuelto totalmente el problema presentándole una mujer de su gusto para casarse. Y en cuanto llegó a su propia casa dio encargo al gañán de ayudarle a ponerse en contacto con la leñadora, la cual a la vez tuvo presentimiento de que con el tiempo había de vivir con el Remolino. Este presentimiento se inició en aquel sueño famoso que tanto la obsesionó después de la última entrevista con el gañán, con ocasión del grito por la acción del gavilán.

La conversación con don Tomás le revivió incesantemente en su interior y le espoleaba a la realización de sus deseos, pero pensando sólo en la leñadora, hasta que un día, no pudiendo resistir más la espera, fue víctima de un fatal apresuramiento. Sin comunicarlo a nadie enjaezó su mejor mula y salió de casa montado en ella. Llamó la atención de cuantos le vieron pasar al trote. Mostraba extraño aire en su cabalgar. Unos a otros se preguntaban:

—¿A dónde irá el Remolino?

La mula saltaba como un cabrito, pues era joven y algo asustadiza, y él gozaba de ponerla a prueba por el accidentado camino, el mismo por donde anduvo el día que embozado se cruzó por primera vez con la leñadora junto a la cabaña. Era día de fiesta principal y la leñadora vestía con aseo un pañuelo oscuro y falda de pliegues estampada y tocada la cabeza con una pieza de seda negra atada por detrás, por encima de un pico que le colgaba hasta media espalda.

Próximo a la cabaña, dio a sentir sus pasos con una marcha al galope y el eco de los golpes en tierra, producido por las patas, con acompasado cloqueo, iba y venía por todas partes y le entusiasmaba más y más. Al llegar a la altura de la cabaña salió la mujer. En aquel preciso momento se desbocó la mula llevando al Remolino como un bulto dócil inclinándolo a un lado y a otro sin voluntad, ofreciendo horror por el peligro que corría de estrellarse en su inminente caída contra el suelo. Por fin cayó y dio con el brazo contra una piedra.

—¡Ay!—, gritó la leñadora víctima de gran susto al presenciar la aparatosa caída del Remolino, a la vez que corrió con gran prisa a socorrerle.

(Continuará)

Enrique Barrachina Gil, Pbro

Oración de S. S. Juan XXIII al Espíritu Santo por el Concilio

¡Oh! Espíritu Santo, enviado por el Padre en el nombre de Jesús, que asistís a la Iglesia con vuestra presencia y la dirigís infaliblemente, dignaos, os lo rogamos, derramar la plenitud de vuestros dones sobre el Concilio Ecuménico.

Dulce Maestro y consolador, iluminad los espíritus de nuestros Obispos que, respondiendo celosamente al soberano Pontífice, se reunirán en Concilio.

Haced que este Concilio tenga frutos abundantes; que la luz y la fuerza del Evangelio se extienda cada vez más en la sociedad humana; que la religión católica y la actividad de las obras misioneras acrecienten su vigor, y que, en fin, la doctrina de la Iglesia sea más plenamente conocida y las costumbres cristianas experimenten un saludable progreso.

Dulce Huésped de las almas, confirmad nuestras inteligencias en la verdad y disponed nuestros corazones en la obediencia para que recibamos con sincera sumisión todas las decisiones del Concilio y las pongamos en práctica con entusiasmo.

Os rogamos también por las ovejas que no están en el único aprisco de Jesucristo, a fin de que, del mismo modo que se honran de ser cristianas, lleguen igualmente por fin a la unidad, bajo el cayado del único Pastor.

Renovad en nuestra época, como en un nuevo Pentecostés, vuestras maravillas, y conceded a la Santa Iglesia que, en una plegaria unánime insistente y perseverante a María, la Madre de Jesús, bajo la vara de San Pedro se extienda el reino de nuestro divino Salvador, reino de verdad, de justicia, de amor y de paz. Así sea.

El alma de San Antonio de Padua

(Conclusión)

El Niño Jesús

San Antonio —como San Francisco— fue un enamorado del Niño Jesús. El genio del gran artista español, terciario franciscano, Esteban Murillo ha sido ocasión de que la imagen de San Antonio aparezca comúnmente vinculada a la figura tierna y hermosa del Niño Jesús, porque inmortalizó en una de sus telas un episodio de la vida del Santo. Cuenta la historia que, en uno de sus muchos viajes apostólicos, San Antonio aceptó el hospedaje de un gran señor, el cual le señaló una pieza en un extremo del castillo en donde pudiera tener completa tranquilidad. Llegada la quietud de la noche, todos se retiraron al reposo. El señor dueño del castillo no pudo conciliar el sueño; la idea de tener hospedado a un Santo lo llenaba de felicidad. Quiso estar más próximo a él, deja su lecho, se dirige a la habitación de Antonio, se detiene junto a la puerta y se pone de rodillas para orar.

De repente capta que desde la pieza de Antonio sale luz clara que nunca antes viera en su castillo. Llevado por la novedad, se acerca y mira por el agujero de la cerradura y ve con estupor que el divino Niño viene radiante hacia Antonio, el cual le tiende de los brazos como enajenado de dicha y de amor... Ignoramos cuántas veces tendría Antonio semejantes celestiales visitas, pero no sería ésta la única, dado el gran amor seráfico que exhalaba toda su vida al Niño Dios.

María Santísima

Otro matiz más que fluye de mirar hacia Cristo: su Madre no está separada de El, le ha proporcionado el cuerpo mediante el cual puede sufrir y realizar su gran plan.

Pues Antonio la une íntimamente a su piedad. Cuanto a Cristo acontece lo refiere en su Madre. Por lo mismo, cuanto a Cristo se ofrezca, debe ser también ofrecido a María. A Cristo todo, también a María.

Síntesis

En el alma de Antonio brillan todas las prendas y preseas que brillan en los santos doctores; todo eso lo aprovecha para conocer el espíritu del Serafín de Asís. Conocido ese espíritu, lo hace propio; impregna su alma con él e impregna la piedad y la ciencia que alberga su alma y así la comunica a sus discípulos y la transmite a la posteridad. Por lo mismo, puede afirmarse de Antonio que unió en su alma la ciencia y santidad de los doctores y realizó todo eso con la fragancia divina que brotó hermosísima del gran santo Llagado del Alvernia, el dulce Francisco de Asís.

Broche de oro

Pero antes dé terminar es necesario realzar otra joya del alma de Antonio: el don de los milagros. No es él consecuencia ni de su santidad ni de sus méritos; es la complacencia que su vida y actividad producían en el corazón de nuestro Padre Dios; es la fina manera que Cristo usó para testimoniar a las generaciones cuán grata le era el alma de Antonio y las sacrificadas empresas que ejecutaba por su honor y en su nombre. Y como nadie aventaja la Bondad divina, le concedió tal poder al glorioso Santo, que con justo motivo ha pasado a la historia como el taumaturgo por excelencia, como el taumaturgo que no muere con el bajar a la tumba, sino que desde el cielo continúa su grande obra: intermediario de la Bondad divina, dulce consuelo, refugio y amparo de las almas que gimen y lloran unidas en amarguras y dolores.

Noble enseñanza

Lectores, no quiero terminar sin antes clamar muy fuerte a vuestros oídos: ¿qué consecuencia sacar de tan excelso panorama ofrecido por el alma celeste de San Antonio? No dudo que tal vez inclináis ateridos vuestra frente ante tal grandeza. Tenéis razón, la grandeza y hermosura de esa alma es un mudo pero elocuente censor de nuestra poquedad y nada... pero eso no basta, Cristo humillado, Cristo dolorido y muriendo con sus brazos abiertos nos está llamando para estrecharnos junto a Sí.

Valor, vayamos a El, no importa que nuestra alma esté sangrando miserias y pecados. Volvamos los ojos al gran Antonio y munidos de su valimiento postrémonos a los pies de Cristo y digámosle entre lágrimas y sollozos que, a pesar de nuestra nada, queremos acercamos a El, queremos alejar de nuestra alma las sombras de las imperfecciones, la oscuridad del pecado venial, la muerte del pecado mortal; queremos, como el glorioso Antonio, adornarnos de la gracia santificante, de las virtudes todas, del esplendoroso y dulce espíritu del Llagado del Alvernia San Francisco de Asís.

Fr. Eduardo Rosales, ofm

La Navidad en Austria

Curiosas y arraigadas tradiciones familiares

Sabido es de muy antiguo que los mares unen y las montañas separan. No son las islas las que quedan aisladas en medio de las aguas, sino los valles que rodean los altos macizos. Siendo Austria un país en extremo montañoso, se comprende claramente que los más inaccesibles lugares de su geografía hayan permanecido casi intactos en cuanto a costumbres populares se refiere.

Gracias a esas elevadas cadenas alpinas que cruzan el territorio austríaco, es posible en la segunda mitad del siglo xx encontrarse con características humanas de los primeros tiempos cristianos y aún de antes. Pocos países han conservado sus tradiciones vernáculas con tanta pureza, y ello es un aliciente poderoso en este mundo que se nos va quedando más pequeño cada día y en el que todo tiende a internacionalizarse con grandísima rapidez.

La Navidad es la fiesta en la que todas las ramas familiares gustan de reunirse junto al tronco común. En los países cristianos es la fiesta de las fiestas, y una sana alegría trasciende de los hogares en paz. Aunque en todos los países católicos la Navidad tenga celebraciones muy similares, algunos de ellos han conservado características muy curiosas, como éstas de que vamos a dar noticia del entrañable pueblo austríaco.

La llegada de san Nicolás y los "Krampusse"

En los más apartados valles del Tirol, de Carintia, de la región de Salzburgo, la Navidad comienza mucho antes que en ningún otro sitio. Desde el día 6 de diciembre todos los niños esperan con ilusión impaciente la llegada de San Nicolás, que vendrá, nevado de barbas, a pedir cuentas a todos los niños de su conducta buena o no durante el año. Al santo le acompañan los krampusse, especie de diablillos o genios del mal encadenados al santo como símbolo de que el bien es superior.

Un temblor de incertidumbre y temor sacude a todos los pequeños cuando San Nicolás penetra en las casas e interroga uno a uno. Tienen que hacer confesión pública de sus faltas, y según la «gravedad» de éstas recibirán mejores o peores regalos. Si las faltas son más, entonces son los krampusse los encargados de vapulear convenientemente al travieso.

En otras regiones austríacas esta tarea castigadora está encomendada a los llamados «cabra de avena» y «cabras del pico». Son disfraces ingenuos que perduran de costumbres paganas muy anteriores al cristianismo. Los regalos que entrega San Nicolás generalmente tienen forma de casitas, dentro de las cuales hay manzanas, nueces, higos secos y pasteles.

Cuando en el atardecer de los valles se escuchan los cencerros que los krampusse llevan colgados a la cintura de sus grotescas vestiduras, un temblor sacude a toda la infancia austríaca.

Cartas al "Christkind" (Niño Jesús)

Conforme se va acercando el día de Navidad, la presencia del Christkind se va haciendo más patente en todos los lugares. Los niños aseguran muy formales que algunas noches ven volar al Christkind (Niño Jesús), que tiene alitas doradas y va acompañado de una nube de angelitos vestidos de color azul y rosa.

El Christkind es el que lleva los regalos del árbol de Navidad a los niños austríacos, y es, por lo tanto, a El a quien hay que dirigir las cartas de petición. Existe una ciudad en la Alta Austria que lleva este nombre de Christkind, y en la cual se reciben cada año millones de cartas de todo el mundo, las cuales se contestan con el matasellos de la ciudad, para más garantía de haber sido recibidas a tiempo.

El encargado de trasportar los regalos solicitados hasta el árbol es el siervo del Christkind llamado Ruprecht, simbolización de San Ruperto, que fue el misionero y primer Arzobispo de Salzburgo en el siglo vm, durante el reinado de Carlomagno. Ruprecht es un anciano de larga barba blanca que utiliza para llegar a las casas un trineo blanco tirado por dos ciervos del mismo color, los cuales tienen entre los cuernos una cruz de oro.

«Noche de paz, noche feliz»

La Nochebuena es el día cumbre de la Navidad; desde muy temprano, en la mañana de
ese día, se echa a todos los hombres de las casas, tanto niños como mayores. La limpieza del hogar se realiza con más esmero que nunca, y al mismo tiempo se confeccionan los dulces y manjares a consumir durante esa noche y los días siguientes. La primera comida del día 24 es muy sobria, liara que todos estén en buenas condiciones de soportar lo que vendrá después, que no es poco.

A las siete en punto de la tarde las campanas de la iglesia llaman a todo el pueblo a la bendición. Se reúnen en la plaza de la iglesia y desde la torre se interpreta con trompas y cuernos, de caza la bella y tierna canción austríaca, famosa en todo el mundo, Stille Nacht; la música se repite durante cuatro veces a los cuatro puntos cardinales, para que llegue a los más apartados confines.

De la plaza de la iglesia todas las familias marchan al cementerio, y cada cual sobre la tumba de sus difuntos deja encendido un pequeño árbol de Navidad, que permanecerá allí durante las fiestas. Con esta ceremonia se acentúa el carácter profundamente familiar de que está impregnada la Navidad austríaca: los muertos también están presentes, y todo el cementerio nevado cobra un fantástico aspecto de fuegos temblorosos sobre la blancura helada.

La comida del año

Las emociones se suceden en esa noche casi sin interrupción. Después del culto a los muertos llega el instante de la vuelta a la casa familiar. Toda está a oscuras, excepto el árbol, que luce con todos sus brillos en el centro de la habitación principal. Una tradición que es escrupulosamente seguida es que hasta que la madre no se ha quitado el delantal nadie puede entrar en dicha habitación.

Todos arrodillados rezan y después cantan el famoso villancico. Después viene la recogida
por cada uno de sus regalos del árbol e inmediatamente comienza la comida del año. Comida que ha llevado varios días de preparativos y para la que se ha observado casi dieta rigurosa durante la jornada. La cosa lo merece, como se va a saber: Primer plato, sopa sabrosa, hecha con el jugo y la grasa del plato y en la que nadan una especie de pelotas de tenis, pero hechas con miga de pan y trocitos de jamón. Segundo plato, pescado, que no falta ese día en ninguna mesa austríaca, por modesta que sea. Suele ser salmón, aunque también puede que otra especie marina; generalmente se cocina al horno. Tercer plato (el fuerte), pato asado o, en las casas más modestas, carne de cerdo ahumada, la cual se ha tenido antes cuatro o cinco horas en un adobe compuesto de ajo, pimentón picante, comino y plantas aromáticas silvestres. Al cocinarla, la carne queda de un atractivo color rojo. Si el plato de carne es el pato, éste se presenta relleno de manzanas, huevo, jamón, etc., y con contorno de patatas y lombarda.

Si es que ustedes pueden, seguiremos con los postres. Cuarto plato, puding especial de Navidad, con ciruelas secas. Quinto, pan navideño, en cuya composición entra la harina de centeno, higos, pasas, naranja, confitada, etc.; este pan especial lo suelen hacer los campesinos y lo venden para estos días. Sexto, pasteles variados (especie de los mantecados españoles), realizados en casa con moldes especiales. Durante la comida se bebe vino blanco del Danubio y al final champagne. Esperen que aún hay algo más; los licores navideños: kumel, licor de albaricoque y licor de yema de huevo. ¿Pueden moverse? Entonces, vengan.

La «Christmette» de media noche

Vengan a la misa de media noche, la que nosotros llamamos Misa del Gallo y los austríacos Christmette. Es una misa llena de fervor y la más emotiva, hasta el extremo de que si alguien encuentra a su peor enemigo debe saludarle y desearle feliz Navidad.

Todos van a la iglesia, incluso los niños a partir de los seis años. Y en el lugar preferente del altar mayor estará instalado el «nacimiento», de grandes figuras policromadas, el cual tampoco falta en ninguna casa, en un rincón de la misma habitación donde se instala el árbol navideño.

La Nochebuena austríaca es una fiesta exclusivamente familiar, y todos los establecimientos públicos se encuentran cerrados. En las casas no se canta más música que los villancicos, y los bailes y demás diversiones no se conciben en ese día.

Terminada la misa de media noche, se regresa al hogar y entonces se celebra la cena de Navidad. Sí, la cena, pues lo que antes hemos visto, hace unas horas, era la comida.

La cena consiste, más o menos, en lo siguiente: Salchichas blancas de la Christmette, hechas especial y únicamente para esa noche, compuestas de carne fresca y magra de cerdo mezclada con miga de pan. Estas salchichas se sirven hervidas y acompañadas de krenn rallado y col agria. Esto del krenn necesita una explicación, y les deseo no les suceda lo que a un servidor la primera vez que lo comió. Tiene el aspecto del queso rallado, pero nada de eso; consiste en una raíz silvestre blanca, del grueso de una zanahoria, pero de un sabor tan picante y fuerte que es muy posible que se le salten las lágrimas si no está prevenido de lo que va a tomar.

Con esta cena se bebe el met, una especie de vino de miel que resulta fuerte y dulce a la vez. En otras casas se sirve sidra hecha en el hogar con el fruto de los innumerables manzanos que crecen en toda Austria. Aún no hemos acabado. Luego más pasteles y el marzipan, palabra que es una corrupción de nuestro 'mazapán y que viene a ser aproximadamente el mismo dulce.

El churro de Reyes

Aunque pueda parecer lo contrario, los niños no han muerto de indigestión; al contrario, durante todos estos días, hasta la fiesta de la Epifanía o Reyes, se dedican a ir de casa en casa pidiendo el aguinaldo con un refrán tradicional y muy antiguo que viene a decir: «Por la gracia de Dios, deme un churro y después nos iremos a otra casa.» Dicho así, en español, la cosa no tiene mucho sentido, pero si se lo decimos en alemán se van a enterar menos, pues para muestra sólo les diremos que la palabra equivalente a churro en alemán es Dreikeenigs-krapfen. ¿Se enteran?

Estos grupos de niños llevan una bolsa donde van guardando los dreikeenigs, etc., que luego repartirán entre todos. Y uno de los niños lleva la cara pintada de negro, en recuerdo de la tradición.

En ninguna casa dejan de darles la golosina, sea el que sea el número de niños que llame. La fiesta de los Reyes Magos no tiene en Austria más que esta manifestación infantil.

Las mencionadas son las costumbres más extendidas entre el pueblo austríaco, pero no las únicas, ya que hay localidades, como el valle de Gasten (Salzburgo), donde es tradicional la cabalgata de los perchten (espíritus benignos), que desfilan e interpretan danzas populares, portando en la cabeza fantásticos adornos muy antiguos, que pasan en las familias de generación en generación. Todos estos increíbles adornes —los sombreros— llevan varios espejos que, al danzar sus portadores, producen los más cegadores reflejos.

Otra costumbre de Nochebuena en la capital del Tirol, Innsbruck, es la cabalgata de los niños. Estos desfilan por las calles con vestidos especiales cantando villancicos.

No hace falta enumerar más tradiciones; por las anotadas puede comprobarse que era cierto lo que asegurábamos al principio de estas líneas: que Austria ha conservado sus costumbres populares como pocos países.

Juan Ramírez

Noticias franciscanas

Entre los miembros que componen la Comisión de «Ordenes Religiosas» del Concilio Vaticano II, figuran estos dos insignes franciscanos: el Cardenal Fr. Juan Laudázuri Ricketts, Arzobispo de Lima y Primado del Perú, y el P. Agustín Sépinski, Ministro General de la Orden de Frailes Menores.

El P. Joaquín Sanchis, de la Seráfica Provincia de Valencia, nombrado por el Santo Padre Juan XXIII miembro de la «Comisión de Religiosos» en la fase preparatoria del Concilio Vaticano II, ha sido nombrado ahora «Perito del Concilio».

El Sr. Obispo de Teruel Fr. León Villuendas Polo, de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón, por su asidua e interesante colaboración en revistas y periódicos ha sido nombrado «periodista de honor».

El 14 del pasado junio hizo su ingreso en Jerusalén, proveniente de El Cairo, el reverendísimo P. Lino Cappiello, nuevo Custodio de Tierra Santa. Fue solemnemente recibido en la puerta de Jafa por las autoridades religiosas, civiles y militares, por sus consejeros de gobierno, por representantes de todos los institutos religiosos de la ciudad y por un público numeroso que se había concentrado en el lugar. Después de recibir el homenaje de las personalidades allí presentes, el P. Custodio fue acompañado procesionalmente a la iglesia de San Salvador, donde le esperaba el P. Carlos Tallarico, Visitador General de la Custodia de Tierra Santa.

En el altar mayor se dio lectura a la bula canónica en la que al P. Lino Cappiello se le conferían los títulos oficiales del Santo Monte Sión, del Smo. Sepulcro de N. S. Jesucristo y Custodio de Tierra Santa. A continuación se leyó el decreto de elección de su Consejo de su Gobierno. Y después de recitar la profesión de fe ante la Comunidad, el P. Custodio recibió el homenaje de obediencia de todos los religiosos presentes al acto.

El P. Carlos Tallarico, Visitador general de la Custodia de Tierra Santa, ha bendecido la primera piedra del nuevo colegio de Tierra Santa que se va a construir en Belén, con capacidad para cerca de 1.000 alumnos. Será la sede definitiva del colegio franciscano de Belén, que funciona desde hace casi cuatrocientos años.

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