Francisco, hombre en camino. VIII
El señorío de la obediencia
En un instante casi efervescente de la Historia en que el hombre se desvive por incrementar facilidades de bien vivir e inventar utilidades, Francisco diseña el modelo escueto de la suprema utilidad, consistente en no necesitar apenas nada. A este fin, ha dado una Regla; se empeña con firmeza en imponer su observancia; y en solidaria operación común, recaba de todos contribución y obediencia.
La obediencia es prontitud de la voluntad a incluirse en un orden de cosas establecidas y prestarles eficaz iniciativa. No es actitud pasiva, rota incidentalmente por un mandato especificativo. Es estirón desde dentro de la propia convicción, deseo constante de construir juntos, más que empujón casual desde fuera. «Antes de terminar las palabras de la obediencia —alecciona Celano— ya ponían en ejecución lo ordenado.» Y procedían así los religiosos porque les inculcaba el Fundador que ése y no otro era el auténtico sentido que la obediencia debía cobrar entre ellos. Pregonaba «que el espíritu de la verdadera obediencia consistía en adelantarse, más bien que en esperar el precepto; en desearlo, más que en cumplirlo.» No es receptivo, por tanto, el carácter que Francisco le atribuye; no consiste en doblegar mal que bien el cuello, sino en anticipar las manos al común quehacer. «Esto es, si el religioso, antes de oír la voz del superior, llega a adivinar su voluntad, al instante debe ponerse a cumplirla y ejecutar lo que adivina en el talante del superior.» El hecho de atenerse a la obediencia, es punto de confluencia de dos voluntades, y el aporte ha de ser común, porque común es el bien que ambos persiguen. La prontitud facilita resultados.
Francisco era consecuente al momento de poner en orden. Ordenar no es constreñir ni apenas apremiar; no debe serlo. Ordenar es materializar un proyecto, en parte al menos; poner orden en los medios que contribuyen a su fin. En esa línea, el mandato no entraña actitud de dominio, sino directriz integradora de la actividad cooperativa. La obediencia es la suprema ordenadora del conjunto de voluntades que integran la comunidad. Y en el arte de ordenar, Francisco hasta era minucioso. Así, por ejemplo, mientras en Rivotorto dispusieron los frailes de cobijo, les indica incluso el lugar preciso que corresponde a cada uno al tiempo de ocupar espacio en que descansar, a tal punto que inscribe el nombre del religioso en las maderas laterales del habitáculo.
Sabe también que el hábito abusivo de ordenar puede conducir a extremos segregadores, y como no admite en su Orden minorías privilegiadas, inculca a los guardianes el carácter de servicio y entrega que debe imperar en todo momento. La obediencia no es menester unilateral de unos; es operación armónica de quien manda y de quien se atiene al mandato. El mismo, ejemplarmente, depone en otro el cargo de Ministro General que como Fundador le convenía e ingresa en la zona ancha de los súbditos: «Y firmemente quiere obedecer al Ministro General de esta Orden, y al guardián que le pluguiere darme; y de tal modo quiero estarle sometido que no pueda hacer contra su voluntad y obediencia, porque es mi Señor.»
¡Mi Señor! La alusión al régimen de los señoríos no parece sino que dé a la sujección obediente carácter de vasallaje. Y así lo sería si el mandato no lograse otra altura que la exclusiva motoricidad material del que conceptúa coacción la obediencia. Obedecer no es limitarse en el cerco formado del imperativo ajeno; es voluntaria servidumbre del uno al otro en recíproco y armónico sometimiento. El superior es señor del súbdito; pero es siervo conjuntamente del señor que obedece, porque no manda para sí, manda para los dos. «Siervo de los demás siervos», quiere que sea el superior.
A unos y a otros, en este sentido, les da normas oportunas. «Los hermanos que son súbditos, acuérdense de que por Dios renunciaron a la propia voluntad.» Y los Ministros «trátenlos con tanta familiaridad que ellos les puedan decir y hacer como los señores a sus siervos.» Hermanos; familiaridad; por Dios. No hay otro modo que mejor pueda posibilitar la armonía y conciliación de posturas tan aparentemente contrarias entre súbdito y «superior» como el objetivo que se les propone de constituirse en espiritual familia, cuya convivencia comunitaria Dios con su Amor se cuida de presidir si se le hace el convenido hueco. Al margen contrario de esta última consideración, la vivencia comunitaria pica en conflicto. El amor mutuo, involucrado en él el de Dios, es gozne centrador que facilita felices vaivenes de ida y vuelta de circular arrimo. Sin el lubricante del amor, el roce inevitable arranca de la carne herida gemidos de incompatibilidad. Se habla no poco y bien de la obediencia razonable. Es fácil advertir que el nuevo elemento de la congruencia dialogante, sin la metafísica amorosa, hace descender a un plano meramente humano, materializante, el muy superior vuelo con que la mentalidad franciscana alza la obediencia a cimas espiritualizadoras de la voluntad. La razón, sola, pierde su carácter angélico y medianero entre Dios y el hombre, y ya entonces no espiritualiza nada; diseca y, a lo sumo, envalentona a la criatura frágil que es siempre el hombre.
Por ello, comienza San Francisco por poner el plano de la convivencia en la identidad de actitudes, entre súbdito y superior, presignadas por la mano de Dios. Señores ambos, y ambos, a la vez, vasallos mutuos. Aparente utopía, porque no hay tal: si la rama se injerta en tronco ajeno y ambos crecen y se hacen fronda, ¿quién es en definitiva el árbol? La obra común, salvando los caracteres individuales de la acción compartida. Porque compartir ideales comunes es el objetivo que nos reúne y en el ordenamiento del grupo hacia su consecución, la obediencia es el dedo signador de cometidos concretos.
Bodas de plata de la Colonia de Benisa en Valencia
Hace veinticinco años que un grupo de fervorosos benisenses, afincados en Valencia, capitaneados por don Manuel Vicente Blanco, erigían en la iglesia franciscana de San Lorenzo de los PP. Franciscanos de Valencia un altar a su Madre y Patrona la Puríssima Xiqueta.
Desde entonces, ininterrumpidamente, cada año, al domingo siguiente de la fiesta de Benisa, todos se congregaban junto a este altar de Valencia para celebrar solemnes cultos en obsequio a la excelsa patrona.
El pasado 16 de mayo fue el día señalado para la conmemoración de las bodas de plata de la Colonia de Benisa en Valencia:
Las campanas de la iglesia franciscana de San Lorenzo tocaban a gloria anunciando al pueblo fiel la celebración del 25 aniversario de la inolvidable fecha en que la Puríssima Xiqueta tomaba posesión de su casa de Valencia.
La Colonia en pleno, y, junto a ella muchos hijos de Benisa desplazados a Valencia para este fin y numerosos valencianos devotos de la Virgen Xiqueta ocupaban totalmente las naves del templo...
La Patrona de Benisa presidía el altar mayor, adornado con profusión de luces y flor blanca... Apadrinaron la fiesta el presidente de la Colonia, don Juan Giner Ballester, y su distinguida esposa doña María Jesús Serrano de Giner y frente a los sitiales de los padrinos ocupaban los suyos el alcalde de Benisa don José Ivars y señora.
Nuestro arzobispo, don José María García Lahiguera, se dignó presidir la concelebración, acompañado por sacerdotes y religiosos franciscanos, entre los que se encontraban el arcipreste de Benisa y los guardianes de Valencia, Benisa y Santo Espíritu del Monte. Después del Evangelio, el Prelado, con la unción que tanto le caracteriza siempre que habla de la Santísima Virgen, pronunció el sermón panegírico de la Patrona.
Finalizada la santa misa fue entonado el «Te Deum» y durante el canto del mismo todo el pueblo fiel desfiló ante la imagen de la Virgen depositando en Ella cálidos y emocionados ósculos.
Finalmente se inició el traslado procesional hasta la capilla de la Virgen en donde, entre nubes de incienso y el canto de la Salve y del himno, la excelsa Madre, reina y patrona de Benisa, ascendía majestuosamente hasta su camarín desde el que seguirá derramando maternales bendiciones sobre sus hijos benisenses residentes en la ciudad del Turia.
Colonia e invitados se reunieron posteriormente en un almuerzo de hermandad, en el que reinó la alegría y se programaron, con entusiasmo, las futuras actividades de esta Colonia de Benisa que acaba de cumplir sus veinticinco años.
ARGENTINA:
Exposición de cerámicas de Fr. Conrado Lucas, ofm
Importantes trabajos realizados en cerámica fueron expuestos en el Auditorio de nuestra provincia. Las obras pertenecen a fray Conrado. Los trabajos, muy bien logrados, se inspiran sobre temas de índole religioso tales como imagen de la Virgen, Cristo, el rostro de San Francisco de Asís y sobre folklore criollo, en especial el gaucho en sus posiciones típicas. «Estimo que esto es también una expresión del apostolado y con tal sentido lo hago», manifestó fray Conrado al ser consultado sobre las inquietudes que lo indujeron a exponer.
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