Otras noticias franciscanas

El "Cántico del Hermano Sol"

Una pluma privilegiada canta al autor del «Cántico del Hermano Sol». Es Fray Ángel Martín, un franciscano que la ganado y merecido premios en justas literarias de altura. Ahora, con ocasión del 750 aniversario del tránsito le San Francisco, da rienda a sus inigualables dotes en la revista tan dignamente dirigida por él, y que lleva por título «Del Colegio», en realidad el boletín portador de las inquietudes y actividades del Colegio de San Antonio, en Carcagente.

Al glosar el significado del hermano Sol», Fray Ángel hace notar que este himno, con prosa solamente, como los cantares de gesta, es el producto de la convicción de San Francisco de que «hijas le Dios todas las criaturas, se hermanaban en un corazón que a todas daba trato de fraternidad: el Corazón divino».

El «Cántico de las criaturas» figura en las antologías de la literatura italiana como uno de los primeros monumentos líricos y fue compuesto por San Francisco poco antes de morir. Su ritmo bendito, su prosa sonora, fue lenitivo para Francisco en los últimos instantes al oírlo de las bien acordadas voces de Fray Ángel y Fray León. Así las criaturas por el llamadas «hermanas», tan serenamente evocadas por sus compañeros, acudieron, fieles a la cita, para dar el último ósculo al «Hermano» que se les iba.

Loado seas mi Señor

La capilla de las Bienaventuranzas, arrasada

La enorme tropelía ha herido nuestros sentimientos ¡asta dejarlos en carne viva: En Tabgha, zona costera del lago de Tiberíades, donde la tradición cristiana sitúa el Hermón de la Montaña y la multiplicación de los panes, a Custodia franciscana de Tierra Santa venía guardando hasta ahora, como preciada reliquia, los restos de una pequeña capilla de los primeros siglos. Era la «Capilla de las Bienaventuranzas».

Pues bien, el hecho concreto que colma nuestra indignación es que un mal día del septiembre último, el ejército israelí, contra toda reclamación legalmente formulada, hincaba allí la sacrílega piqueta, arrasando todo lo que esa capilla representaba.

Los franciscanos, custodios de Tierra Santa, al tiempo que lloraban este incidente de efectos irreparables, alzan su voz para denunciar, con la UNESCO, la línea de conducta del gobierno israelí, que parece se ha propuesto no respetar en adelante ningún vestigio arqueológico cristiano en las excavaciones que dependan de él o sus organismos oficiales. Nos preguntamos cómo la carretera que piensan trazar los israelíes por el lugar donde estuvo la memorable capilla podrá resistir el rejo de la permanente, histórica acusación.

La Madre Francisca, levadura de una obra inmensa

Nuestros hermanos Capuchinos de Sevilla, en su revista «ADALID SERAFICO», trazan una maravillosa semblanza de la Madre Francisca, fundadora de las Religiosas Terciarias de la Inmaculada. De esa semblanza ofrecemos a nuestros lectores los datos más importantes. La Madre Francisca nació en Moncada (Valencia) el 13 de octubre de 1838.

Tras su atareada juventud en una fábrica de hilados, sintiendo que algo nuevo, avasallante, rebullía en su interior, una mañana, al pasar frente al Beaterío de Terciarias Franciscanas, ya famoso en Valencia por su Antigüedad, entra y pide ingresar. Se acepta su petición, y sus progresos en la santidad, unidos a sus incomparables dotes de prudencia e iniciativa, la llevan pronto al cargo de Superiora de la comunidad del Beaterío.

En 1876, con la aprobación diocesana de unas nuevas Constituciones, la Madre Francisca cambia la organización del Beaterío, amaneciendo así la aurora de la nueva Congregación. Cinco lustros después, en 1901, llega de Roma la noticia de la aprobación pontificia del Instituto de «Terciarias franciscanas de la Inmaculada». Hoy día este Instituto cuenta con 550 religiosas profesas, distribuidas en 50 casas, que son como otros tantos hontanares vivos de los que fluye, incansable, su ferviente actividad apostólica, su sacrificio bienhechor en pro de tantos sordos, mudos, leprosos, ancianos, etc.

El Instituto alienta con fuerza y esperamos que la línea de su trayectoria haga prender el germen de la vocación en el alma de muchas más numerosas jóvenes. ¡Las Terciarias franciscanas de la Inmaculada pronto serán legión!

¡Ven, Francisco, ven...!

Este es el título que encabeza el pliego del número 1.055 (noviembre del 76) de la revista «VIDA NUEVA». El padre Acilio Mendes, capuchino, fiel al propósito de no apartarse en un ápice del genuino espíritu franciscano, nos da en él un palpitante y vivo mensaje para el hombre de hoy.

Después de analizar las coordenadas que inspiran la actual búsqueda de la felicidad, propone a Francisco de Asís, el rebelde «Hermano Menor», como patrón ideal sobre el cual poder restablecer la armonía social y espiritual. «Francisco optó por Cristo. Y esta opción fundamental le lleva a relativizar todo lo que no sea Cristo.» Un Cristo Hermano, que une a los divididos por diferencias de rango y clase; un Cristo libre, que libera de la esclavitud aneja al afán de poseer; un Cristo pobre, que se inclina especialmente sobre el pueblo sencillo y más necesitado...

La lectura del artículo, profusamente ilustrado con dibujos, fotografías y algún que otro chiste del «Hermano Junípero» (creación del genial franciscano Justin McCarthy), es como un paseo oxigenante junto a parterres de flores recién abiertas.

Casas religiosas en España

El número de casas de religiosos, tanto de varones como de mujeres, viene creciendo en los últimos años, según datos que hace públicos la oficina estadística de la Iglesia. En el año 1972 había en el total de las diócesis españolas 1.698 casas de religiosos y 5.980 de religiosas. Dos años después, en 1974, el número de casas era de 1.834 de varones y 6.085 de religiosas. El hecho es sin duda debido según observadores religiosos, a la multiplicación de comunidades pequeñas.

Aunque han sido cerradas algunas casas y colegios y no ha crecido el número de religiosos, sin embargo se han creado numerosas comunidades pequeñas que, en parroquias o pisos, viven las constituciones propias y ejercen su apostolado.

Radio mensaje de Pablo VI en el 750 aniversario del Tránsito de San Francisco

En la segunda quincena de septiembre último tuvo lugar en Asís un encuentro franciscano que, de mil modos, celebró y estudió la figura de Francisco en el 750 aniversario de su muerte. En la liturgia de clausura y despedida los asistentes pudieron oír un radiomensaje de Pablo VI, con destino a los franciscanos de todo el mundo. Precisamente su texto lo insertamos íntegro en el número anterior de «ACCION ANTONIANA».

Entre otras ideas, a que os remitimos, el Papa, después de estimular a la prolongación de la vida de San Francisco en la permanente vivencia de sus virtudes básicas, nos aclaraba: «Vosotros no representáis un ascetismo anacrónico en este mundo moderno» porque «sois los alumnos del Evangelio eterno». Su bendición apostólica, al fin, fue el broche que selló a mente y corazón las ungidas palabras del mensaje.

San Francisco en la televisión

NOTA: El 3 de octubre pasado —750 aniversario del «tránsito»—, San Francisco fue noticia en las televisiones española y francesa. En ambas TV, la homilía versó sobre Nuestro Padre. En la TVE, fue el P. Javier de Santiago, jesuita, quien pronunció la homilía; en los días siguientes consagró a San Francisco el espacio de cierre «reflexión». En la televisión francesa se transmitió la misa desde la capilla de los franciscanos de la Clarté-Dieu, en Orsay (Essone). El P. Desbonnets mantuvo la entrevista y el P. Santaner pronunció la homilía. De esta homilía televisada son estos párrafos:

Este 3 de octubre de 1976 señala el 750 aniversario de la muerte de San Francisco de Asís... Para algunos, Francisco es el santo de la poesía y de la naturaleza. Para otros, es el santo de los estigmas. Para los niños, Francisco de Asís, es el santo que convirtió a un lobo... Todos conocemos el extraordinario crédito de que goza Francisco de Asís entre nuestros contemporáneos. ¿Por qué los hombres y mujeres de todas las clases evocan hoy con tanto fervor a este hombre que vivió hace tres cuartos de milenio? Quizá sea sencillamente porque este hombre, tan profundamente humano, hace pensar mucho a los hombres y mujeres de nuestros días que sienten el peligro de la inhumanidad...

En nuestros días, más que en ninguna otra época, hay gentes (individuos o grupos) que pretenden manipular al hombre según el proyecto que ellos tienen. Estas gentes hablan del hombre... Pero pretenden acomodar a los hombres concretos a sus proyectos. Estos listos y eficaces se constituyen en propietarios del hombre. No hacen más que envilecer y degradar al hombre cuando pretenden acomodarlo a la mezquina idea que de él se forjan. Por brillante que sea esta idea, necesariamente rebaja al hombre de su dignidad como imagen y semejanza de Dios. Aquí radica este peligro de inhumanidad que padecemos...

¿No nos acontece —a pesar de las muchas veces que escuchamos las palabras de Cristo en el Evangelio— que somos también de aquellos que se erigen en propietarios del hombre? ¿No hemos pretendido nunca imponer al hombre algo distinto de lo que él es? ¿Nos hace temblar el evangelio cuando nos advierte del peligro de envilecer aunque sea a un solo hombre?...

¡Francisco de Asís era tan humano! El, que no tembló ante el lobo, ni menos ante su padre o ante los bandoleros, ante el Papa o ante el sultán, sí tembló ante cualquier ser humano amenazado de no poder ser él mismo. «No podía soportar —nos dice su biógrafo— que un indigente fuera menospreciado». También temblaba al observar un gusano en el camino y expuesto a ser aplastado por los viandantes. Temblaba ante los arbustos podados brutalmente porque quizá ya no pudieran dar más ramas.

Sí, Francisco nos hace pensar mucho. Porque nosotros tenemos muchas cosas por las cuales temer: no cesamos de temblar ante las bombas, ante la contaminación, ante el maquinismo, es decir, ante las consecuencias de nuestras abdicaciones, que nos convierten en esclavos...

Francisco de Asís temblaba por el hombre, por débil que éste fuera, como tiemblan los padres por su pequeño y el niño teme por su juguete...

M. A. Santaber (Boletín San Francisco)

Hermanos franciscanos de la Cruz Blanca

El viejo tronco franciscano florece en nuevas ramas. Los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca son una fundación de hace 12 años que ahora han inaugurado casa en Madrid (calle San Pedro 3). La nueva institución franciscana fue iniciada en Ceuta, por el Hermano Isidoro Lezcano. Monseñor Carlos Amigo Vallejo la erigió canónicamente en Tánger, en 1975. Tiene casas en Ceuta, Tánger, Algeciras, Las Palmas, Zaragoza (tres casas), Huesca y Madrid.

En la capital colaboran con las Conferencias de San Vicente de Paúl y tienen acogidos 30 marginados. Se dedican a enfermos difíciles e incurables que no tienen cabida en otras instituciones. Visten hábito gris con el distintivo de la Cruz Blanca. ¡Bienvenidos los nuevos hermanos que imitan a San Francisco atendiendo a los leprosos y a los pobres!

Encuentro interfranciscano de Superiores mayores en Asís

Con motivo del 750 aniversario de la muerte de San Francisco, las Conferencias de Superiores Mayores organizaron un encuentro de los componentes del franciscanismo italiano en Asís, durante los días 21 al 27 de septiembre. Principalmente estaba concebido par Superiores Generales, Provinciales y algunos especialistas.

Fueron invitados los Padres Presidentes de las Conferencias europeas de las distintas ramas franciscanas. Asistieron 23 franciscanos menores, 23 capuchinos, 1! conventuales, 4 terciarios franciscanos regulares, 13 clarisas 90 Madres Generales y Provinciales de diversas congregaciones: franciscanas y 28 terciarios seglares. Entre los terciarios estaban presentes los miembros del Consejo Mundial de la TOF Manuela Mattioli, Mariano Bigi y otros. Los temas de este encuentro interfranciscano fueron aquellos que se refieren a la actualidad del mensaje franciscano.

Marcha de los jóvenes de Asís

Jóvenes de toda Europa han realizado una «marcha» a Asís Eran de muchas naciones y religiones. La «marcha» fue desde Siena a Asís, en donde concluyó el día 3 de octubre con una conmemoración solemne del «tránsito» de San Francisco en la Porciúncula y luego ante la tumba del Santo.

El P. Llamazares, un franciscano activo en los medios de comunicación

El P. Llamazares ha dado tres conferencias en la fraternidad TOF de Almería (días 10 11-12) sobre el tema «Francisco Maestro de Fraternidad universal para nuestros días». Come miembro del Secretariado Nacional del Episcopado de Medios de Comunicación fue delegado para representar esta entidad en la reunión anual de los Consejos Diocesanos de Información de Francia, reunidos en París (días 16-17 octubre) y con esa ocasión se entrevistó con los Padres Asistentes de la TOF en Francia, PP. Egnace Etienne Motte y Jean Morín.

Ideario franciscano

XXXII. Autoridad y obediencia

El n. 14 del Perfectae Caritatis, que trata de la obediencia, termina con unos pensamientos dirigidos a los Superiores, cuyo ideal debe tender a ser expresión de la caridad con que Dios ama a sus hijos. He aquí las recomendaciones allí expresadas:

«Los superiores, que han de dar cuenta a Dios de las almas que se les han confiado (Cf. Hbr. 13, 17), dóciles a la voluntad de Dios en el desempeño de su cargo, ejerzan su autoridad con espíritu de servicio a los hermanos, de suerte que manifiesten la caridad con que Dios los ama. Dirijan a sus súbditos como hijos de Dios y con respeto a la persona humana, promoviendo su subordinación voluntaria... Hagan que los súbditos cooperen con obediencia activa y responsable en el cumplimiento del deber / en las empresas que se les confíen. Así, pues, los superiores ion de escuchar gustosos a los súbditos y promover sus anhelos comunes para el bien del instituto y de la Iglesia» (PC, 14).

La Exhortación Apostólica Evangélica Testificatio ha explanado aún más los conceptos emitidos por el Concilio: «La autoridad y la obediencia —dice el Papa— se ejercen al servicio del bien común, como dos aspectos complementarios de la misma participación a la ofrenda de Cristo: para aquellos que están constituidos en autoridad, se trata de servir en los hermanos al designio de amor del Padre, mientras, con la aceptación de sus directrices, los Religiosos siguen el ejemplo de nuestro Maestro (Cf. Lc 2, 51) y colaboran a la obra de la salvación. Así, lejos de estar en oposición, autoridad y libertad individual proceden al mismo paso en el cumplimiento de la voluntad de Dios, fraternamente buscada, a través de un confiado diálogo entre el superior y su hermano, cuando se trata de una situación personal, o a través de un acuerdo de carácter general en lo que atañe a la entera comunidad. En esta búsqueda, los Religiosos sabrán evitar tanto la excesiva perturbación de los espíritus, como la preocupación por hacer prevalecer por encima del sentido profundo de la vida religiosa el atractivo de las opiniones corrientes... Este trabajo de búsqueda común debe, cuando sea el caso, concluirse con las decisiones de los superiores, cuya presencia y reconocimiento son indispensables en toda Comunidad» (ET 25).

En las palabras del Concilio algunos quisieron ver una liberación de un yugo insoportable. Las de la Evangélica Testificatio, ¡n cambio, aunque reafirmando el verdadero concepto de obediencia, ya no impresionaron tanto, porque en la práctica habían ¡ido superadas. Hoy se da como axioma que la obediencia ya no es un sometimiento, que califican de envilecimiento y hasta de coacción; que el Concilio ha introducido un nuevo estilo de obediencia, un nuevo concepto de autoridad.

Sin negar que en casos particulares, sea de individuos sea de colectividades, se hubiese llegado antaño a falsear el concepto evangélico de la obediencia, tratemos de aquilatar aquí los términos y de puntualizar lo que hay de nuevo en el sentir de la Iglesia sobre la relación: autoridad-obediencia, particularmente en la obediencia franciscana.

Francisco entiende la autoridad como servicio a los frailes, nunca como honor, como exaltación de la persona del Superior, ni mucho menos como prepotencia. Los Superiores son llamados: Ministros, es decir siervos de los otros frailes (Regla II, 8); custodios, esto es, encargados de proteger a los suyos; guardianes (en el Testamento), con la misión de vigilar sobre la andadura de la Comunidad, sobre el bien de la misma. En consecuencia son amonestados, como ya se dijo, a no ejercer señorío sobre los frailes, a no dejarse llamar priores, a no atender al honor de la prelacía, sino más bien a la obligación de «lavar los pies los unos a los otros» (Regla I, 6). Más insinuante y hasta patético no podía ser el texto del aviso cuarto: «No he venido a ser servido, sino a servir, dice el Señor. Los que ejercen autoridad sobre otros gloríense tanto de su prelacia como si les encargasen de lavar los pies a los frailes, y cuanto más se turbaren de que se les quite la prelacia que del oficio de lavar los pies, tanto mayores trampas y asechanzas fabrican para peligro de su alma».

Para que no hubiese duda acerca de este punto, la Regla bulada lo confirma en el capítulo X con estas tajantes palabras: «Los frailes que son Ministros y siervos de los otros fieles, visiten y amonesten a sus frailes y humilde y caritativamente los corrijan, no mandándoles alguna cosa que sea contra su alma y nuestra Regla».

Es verdad que Francisco no pudo sustraerse del todo a la mentalidad de su tiempo, por lo que concibe al Ministro General con autoridad «ad vitam», sin limitación de tiempo. Pero introduce algo totalmente nuevo y, en algún sentido, revolucionario en su tiempo, ya que condiciona y somete la continuación del General en el oficio al juicio de los Ministros Provinciales acerca de su idoneidad, cosa entonces insólita. La Regla dice: «Si en algún tiempo pareciere a la totalidad de los Ministros provinciales y Custodios que el sobredicho Ministro no es suficiente para el servicio y común utilidad de los frailes, sean obligados los dichos frailes, a los cuales corresponde la elección, en el nombre del Señor, a elegir otro en Custodio» (c. 8).

A la verdad, el ejercicio de la autoridad como acto de servicio era para Francisco algo que se derivaba del mismo concepto de prelacia, ya que las exigencias de imitar a Cristo y de asociarse a su obra redentora valen tanto para súbditos como para superiores. No sólo porque todo superior tiene otro a quien obedecer; ni siquiera porque el mismo mandar ha de ser acto de servicio; ni porque el que manda se somete a las exigencias de la renuncia de sí mismo en favor de los demás. Es que, a más de esto, el ejercicio de una auténtica autoridad religiosa es un verdadero acto de obediencia:

De todo esto se deduce que para el Seráfico Patriarca los súbditos son los verdaderos señores o amos a quienes sirven los superiores. Por eso manda la Regla que los Ministros reciban a los frailes, «dondequiera que estuvieren», que acuden a ellos cuando «no puedan guardar la Regla espiritualmente». Y añade el texto legislativo: «Y los Ministros recíbanlos caritativa y benignamente, y tanta familiaridad tenga para con ellos, que éstos les puedan decir y hacer como señores a sus siervos; porque así debe ser, que los Ministros sean siervos de todos los otros frailes» (Regla, 10).

La benignidad que Francisco desea en todos sus frailes, la quiere ver sobre todo adornando el alma de los Superiores, aunque hayan de habérselas con súbditos díscolos o que pecaron gravemente. A los últimos les impone el deber de recurrir a los Ministros Provinciales; pero a éstos les aconseja la misericordia y afabilidad: «Y los Ministros, si son sacerdotes, impónganles penitencia con misericordia; y si no lo son, hágansela imponer por otros sacerdotes de la Orden, así como a ellos pareciere que mejor conviene, según Dios. Y se deben guardar de airarse ni conturbarse por el pecado de alguno, porque la ira y conturbación en sí y en los otros impiden la caridad» (Regla II, 7).

Elocuente por demás es la carta que el siervo de Dios escribió a cierto Ministro (carta IV) que, hastiado y angustiado seguramente a causa de la conducta de algunos religiosos, quería retirarse a su eremitorio: «En esto quiero conocer si amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieres esto, a saber: que no haya en el mundo fraile, el cual pecare cuanto haya podido pecar, que, después que vea tus ojos, se aparte jamás sin tu misericordia, si la hubiere pedido, y si no te la pidiere, ruégale tú que te la pida. Y si mil veces volviere a comparecer en tu presencia, ámale más que a mí, para que le traigas al Señor, y ten siempre compasión de los tales».

En la misma carta hay otro rasgo de las entrañas misericordiosas de Francisco: «Y todos los frailes —dice— que supieren de su pecado no le avergüencen ni afrenten, antes tengan gran misericordia con él y encubran el pecado de su hermano, pues no han menester de médico los sanos, sino los enfermos».
En un ambiente así no hay cabida para exigencias duras y prepotencias autoritarias, antes al contrario, el terreno se desliza, para usar un término actual, hacia la verdadera «democratización» de la obediencia.

Fr. Joaquín Sanchis, ofm

Villancicos de Navidad

(El villancico es quizá la más difícil de las formas poéticas, sólo una perfecta dosificación de agudeza, intuición, medida y ritmo hacen un verdadero villancico. Los de Federico Muelas son preciosos modelos.)

Villancico del ángel de la Navidad

—¡Ángel, ya es de día,
vuélvete a tu cielo!
—¡Oh, Señor! ¿Podría
dejarte en el suelo?
Jesús sonreía
oyéndole hablar...
¡Ya la Cruz crecía,
pino en el pinar!

Villancico que llaman del aviador

¡Un arcángel...
aAsombrados
le miran los pastores.
Sobre la paz de los prados
trepidaban los motores.
—Tu pájaro es, aviador,
una cruz que vuela... Un día
pilotaré mi dolor
desde una cruz...
aSonreía
yerto, en su cuna, el Señor.

Villancico que llaman del impresor

—Y tú, pregunta María,
¿qué le traes?
a—Soy impresor.
Sólo con letras venía.
Cuatro que dicen AMOR.
Y la Virgen sonreía.
—Traje más. Traje la ce,
la erre, la u, la ceda...
Dicen CRUZ.
aTrémula y queda
María mira a José.

Villancico que llaman de los boticarios

—Dime, ¿qué le llevarás?
—Pastillitas de la tos...
—¡Poca cosa para un Dios!
—Y jarabe de Tolú
dulce, dulce...
—¡Que poco para Jesús!
—Pues tú, ¿qué le llevarás?
—Sólo un pomillo de azahar
para el susto de María.

Villancico que llaman
de la muerte camino de Belén

También la Muerte quería
ir hacia el Portal... Miraba
con su mirada vacía
a la gente que pasaba.
Y llegó al santo lugar.
—José, cierra bien la puerta,
dijo María, va a helar
y me estoy quedando yerta.
Tiritó el Niño. Un revuelo
de ángeles cercó la cuna.
Vacío se quedó el Cielo.
Sola, vagaba la Luna.
—Aún es pronto, Muerte, espera
treinta y tres años cabales...
Y de nuevo los zagales
cantaban en la pradera.

Año nuevo

De su ventana, tras el verde herraje,
entre flores de invierno prisionera,
una mujer, humana primavera,
teje, soñando, delicado encaje.

Sus manos, palomitas sin plumaje,
hacen labor paciente y duradera,
y su alma, mariposa volandera,
libre va de un paraje a otro paraje.

Se lleva un año muertas ilusiones:
ni amor de novio ni amistad de amigo...
¿Dónde están los amantes corazones?

Y entristecida, y sola, y sin testigo,
piensa, al calor de ocultas emociones:
«¡Ven, Año Nuevo! Y ¡el amor contigo!»

Todos los poemas son de Federico Muelas menos el último que es de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero

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