Onteniente y San Francisco

Concierto

Que Francisco de Asís, apóstol de la Paz y del Bien, sea el Santo popular, y el que más raigambre tiene en el suelo español, protegido amorosamente por la sombra que proyecta la Virgen Santísima desde su glorioso santuario, que se levanta junto al Ebro, mirándose como en bruñido espejo en las cristalinas aguas de su caudaloso río, es un hecho del que nadie puede dudar, mucho menos s¡mira y contempla las grandiosas explosiones de entusiasmo que en toda España han cundido durante este año que se cumple el VII Centenario de su muerte. Tanto las magnas urbes de Madrid, Barcelona y Valencia, como las medianas villas y pequeñas aldeas, se han desbordado en manifestaciones de amor y de fe, formando un concierto de oraciones y alabanzas que, como incienso suave y perfume exquisito, ha traspasado la bóveda celeste y ha llegado hasta el trono resplandeciente del Serafín de Asís. Onteniente, empero, que se gloría y con razón, de ser ciudad eminentemente franciscana, no ha podido permanecer indiferente al concierto tributado a Francisco, y le ha ofrendado toda su alma envuelta con los cendales de la fe, del entusiasmo y del amor.

Albores franciscanos

Como preparación para la fiesta centenaria celebró la V. O. T. de esta ciudad un devoto Quinario durante los días 3, 4, 5, 6 y 7, en la iglesia de San Miguel, en el cual el Padre Antonio Ribera, O. F. M., manifestó las excelencias de la Orden Tercera y propuso los medios prácticos para ser verdaderos hijos del Serafín de Asís.

La Schola cantorum del Colegio, reforzada por valiosos elementos, contribuyó con su repertorio a solemnizar el Quinario en el que se predicó, mañana y noche, terminando con una Comunión general en la iglesia del Colegio, muy concurrida, el día de la Inmaculada.

La cabalgata

El día 11, a mediodía, el disparo de una carcasa y el voltear de todas las campanas de la ciudad, anunciaron al vecindario el principio de las fiestas, que en honor de San Francisco y con motivo del séptimo Centenario de su muerte, iban a celebrarse con inusitada brillantez y esplendor.

Después se organizó en la plaza de la Concepción la lucida cabalgata, que fue una de las notas más salientes de la fiesta.

Abrían la marcha cuatro heraldos montados en briosos alazanes, ostentando artísticos estandartes alegóricos a la vida del Santo.

Detrás seguían catorce monumentales carrozas que honran a quienes las han confeccionado, especialmente al artista don Inocencio Cuesta, de Valencia.

El orden en que salieron era el siguiente:

Interpolados iban 30 automóviles ocupados por alumnos del Colegio, que hicieron un verdadero derroche de confet¡y serpentinas, confites y torrat.

En la comitiva figuraban las dos bandas de música de la ciudad y la del Colegio Seráfico de Benisa, que fue constantemente ovacionada.

Cerraban el cortejo algunos autos ocupados por las autoridades eclesiásticas y civiles.

Sueño del Papa Inocencio III

Carroza que representa el sueño del Papa Inocencio III

San Francisco y el lobo de Gubbio

San Francisco y el lobo de Gubbio

Tránsito del Santo a la Gloria

Tránsito del Santo a la Gloria

El arte en las fiestas

Derroche de arte y buen gusto ha hecho Onteniente con ocasión del centenario. Todos los balcones de las casas aparecían el sábado, día 11, engalanados con escudos franciscanos: había fachadas de edificios que lucían filigranas en adornos y colgaduras. En la calle de Gomis levantaron los vecinos un arco monumental.

Pero donde el arte se volcó en monumentales tapices, artísticos emblemas, afiligranados arcos y motivos decorativos fue en la fachada de la iglesia y colegio de la Concepción y en la avenida al mismo, que pone muy alto el nombre de los Padres Bernardino Cervera, José Jordá y Joaquín Baidal, el de los coristas estudiantes y el de muchos alumnos internos, que trabajaron con fe y con denuedo en la magna labor.

El monumental tapiz, de 14 por 10 metros, que cubría la fachada del templo, representando el escudo real de España, en cuyo centro aparecía la imagen de San Francisco; las dos soberbias columnas de ocho metros de altura, estilo Renacimiento, plantadas al arranque de la avenida que conduce al colegio, sosteniendo airosos ángeles con emblemas alegóricos; el tapiz de la portada del colegio, más las colgaduras de las ventanas del edificio, daban un aspecto de grandiosidad y gusto depurado, que mereció de todos los que visitaron el establecimiento de enseñanza de los Padres Franciscanos, aplausos sinceros y entusiastas.

Grandioso recibimiento

Explosión de amor fue el recibimiento que el pueblo de Onteniente tributó al Excmo. e ilustrísimo Sr. Dr. D. Prudencio Meló, Arzobispo de Valencia, que quiso abrillantar con su presencia las fiestas centenarias a San Francisco.

Apenas terminada la cabalgata, partieron todos los automóviles que figuraban en ella, más algunos otros, hacia Játiva, con objeto de esperar al ilustre Prelado de la diócesis. Mientras, comenzó a afluir la gente a la plaza de la Concepción donde había de tener lugar el recibimiento oficial. El programa indicaba las tres y media de la tarde la llegada del señor Arzobispo, pero la salida de Játiva con algún retraso y las manifestaciones de cariño que tributaron a S. E. R. las poblaciones del tránsito, hizo que arribase a Onteniente a las cinco de la tarde. El auto en que hizo el viaje el Prelado era propiedad del recientemente fallecido abogado y juez municipal de Biar don Enrique Aynat, y estaba precedido por otros 35 coches más ocupados por comisiones de Onteniente y de alumnos del colegio. El doctor Meló venía acompañado del muy reverendo Padre Luis Fullana, Provincial de los Franciscanos; Padres Ricardo Pelufo y Joaquín Ivars, Rector y Prefecto del Colegio; mayordomo don Joaquín Padilla y familiar don Jesús Morán.

En la indicada plaza esperaban al señor Arzobispo el Ayuntamiento en pleno, presidido por su digno alcalde don Antonio Colomer; juez de instrucción don Manuel Cavanillas; Juntas centenarias y de la V. O. T., con su visitador, Padre Benjamín Reig.

Al llegar S. E. R. las bandas de música ejecutaron la Marcha de Infantes, y la multitud ovacionó y vitoreó con entusiasmo al Prelado, mientras el alcalde señor Colomer, en sentidas frases, daba la bienvenida al bondadoso Pastor de la grey valentina.

Puesta de nuevo en marcha la comitiva se dirigió a la iglesia arciprestal, en donde oró el señor Arzobispo ante la Inmaculada, Patrona de Onteniente y se cantó la salve, dirigiéndose luego por las principales calles al colegio de la Concepción, donde se le tenía preparado hospedaje, desbordándose el entusiasmo de la multitud y costando esfuerzos abrir paso al Prelado hasta llegar al presbiterio del hermoso y restaurado templo.

Hecho el silencio, el venerable señor Arzobispo pronunció elocuentes frases en las que agradeció el afectuoso recibimiento que se le había dispensado, aludió al tapiz de la fachada y demostró que San Francisco está en el corazón de España.

La iluminación

Tanto los edificios públicos como todas las casas particulares ostentaron las noches del 11 y 12 del pasado Diciembre espléndidas iluminaciones eléctricas, quedando convertida la ciudad en enorme ascua de fuego.

El día franciscano De tal puede calificarse el domingo, 12 de Diciembre. De los pueblos cercanos, por todos los caminos y por toda clase de medios de locomoción, comenzó a afluir gente a Onteniente ya desde el amanecer, empezando el bullicio y la animación que no decayó hasta altas horas de la noche. La inmensa mayoría ostentaba en sus pechos insignias alusivas a la Orden Seráfica y todos se imponían gustosos el sacrificio que supone dejar sus casas, en la cruda estación que nos encontramos, por asistir a la glorificación del más pobre y humilde de los santos en la tierra.

El Vicario general de los Franciscanos

Otra de las satisfacciones que experimentó el Colegio de la Concepción fue la llegada de la primera autoridad regular franciscana en España, Rvdmo. P. Antonio Martín, que quiso asociarse al júbilo de sus hijos de Onteniente, haciendo el viaje exprofeso de Madrid. Apenas llegado celebró la Misa de Comunión general, que fue concurrida, pronunciando antes elocuente plática.

Misa solemne

Para estas fiestas centenarias habían los Padres Franciscanos restaurado el hermoso templo del Colegio. Todo se inauguraba: piso, mármoles, vidrieras, decorados, lienzos, iluminación, adornos, etc.; miles de fieles acudieron a presenciar la magna solemnidad, realzada con todos los esplendores del culto católico, y rendir homenaje al Seráfico Patriarca; la dificultad estaba en que la iglesia, a pesar de ser capaz, no podía contener la multitud, y ésta se desbordó ocupando la plaza, el claustro, la sacristía, etc.

Ofició de pontifical el excelentísimo señor Arzobispo de Valencia, asistido con capa de presbítero asistente por el doctor don Rafael Juan Vidal, párroco arcipreste de la ciudad; como diáconos de honor por los Padres Francisco Ferrer y Manuel Navarro, y de oficio don Rosendo Vives y don Ramón Martínez. Dirigió el pontifical el M. I. Sr. Dr. D. Julio Cabanes, canónigo prefecto de sagradas rúbricas de la Metropolitana. Por nutrida orquesta y numeroso coro de voces y bajo la dirección del Padre Juan Alventosa, profesor del Colegio, se cantó la gran misa de César Frank.

El sermón corrió a cargo del M. I. Sr. Canónigo Magistral de la Catedral, Dr. D. Rogelio Chillida, rayando a gran altura en su hermoso trabajo oratorio glosando la pureza, representada por la Purísima, Patrona de la ciudad y del Colegio, y el sacrificio, por el Cristo de la Agonía, virtudes que poseyó en grado heroico San Francisco de Asís.

El señor Arzobispo, después de sumir, administró por vez primera la Sagrada Comunión a los alumnos del Colegio Luis Olcina Játiva, Pepito Ferrandiz Carbonell, Gaspar Zaragoza Botella y José Charques Furió.
En lugar preferente estaba el Apuntamiento en corporación, presidido por el secretario de este Gobierno civil don Félix Peiró, que ostentaba la representación del señor gobernador, que por hallarse indispuesto no pudo asistir a tan grandiosas fiestas.

Eterno recuerdo

El Ayuntamiento de Onteniente haciéndose intérprete de los sentimientos de sus administrados, acordó rotular la calle que va desde la plaza de la Concepción hasta el Colegio con el nombre de Avenida de San Francisco, y terminada la función religiosa se verificó el acto de descubrir la lápida rotuladora, a cupo acto asistió la Corporación municipal y extraordinario gentío.

Leída el acta en la que consta el acuerdo del Apuntamiento, el señor Peiró descubrió la lápida, que acredita el buen gusto del industrial en mayólica señor Verdejo, al mismo tiempo que la banda «Unión Musical» interpretaba el inspirado pasodoble «Paz y Bien», original del Padre Alventosa, estrenado en estas fiestas, y la multitud vitoreaba al Santo.

A continuación habló elocuéntemente don Manuel Simó sobre la deuda que con este acto dejaba saldada Onteniente con el Santo de Asís, que llegó a tener en otros tiempos dentro de su término municipal cuatro conventos ocupados por Franciscanos. Aludió a los beneficios que a la ciudad y a su comarca reporta el Colegio de la Concepción, y citó con elogio la bendita memoria de su amadísima madre, doña Elisa Marín, que desde el cielo estaría contemplando aquel acto con santo gozo y alegría.

Después del señor Simó habló el secretario del Gobierno Civil para hacer constar la adhesión del gobernador don José Álvarez Rodríguez y la del Gobierno, tan atento siempre a los latidos de la sana opinión. Puso de relieve su devoción personal a San Francisco 5> terminó vitoreando a España.

La comida

Los Padres Franciscanos, agradecidos a las deferencias de que eran objeto en las fiestas por parte de las autoridades, sacerdotes y muchas personas de significación social, sentaron a su mesa alrededor de trescientos invitados, reinando durante la modesta refección un fraternal cariño, que puso de manifiesto la importancia adquirida por el Colegio que regentan.

Explosión de entusiasmo

S¡grandiosos resultaban todos los festejos centenarios, el que ahora toca en turno reseñar se salió de los moldes en que de ordinario se desenvuelven los actos más solemnes del culto católico. Onteniente aún no ha salido del estupor que le causó la magna procesión que recorrió la tarde de aquel día sus calles principales 5» en la que formaban correctamente más de tres mil fieles, que no cesaban de cantar, vitorear, aplaudir y homenajear al Serafín de Asís.

A las cinco de la tarde salió la grandiosa procesión de la iglesia arciprestal de Santa María. Abrían marcha las catorce carrozas de la cabalgata, haciendo desde todas ellas, los que las tripulaban, derroche de décimas alusivas a lo que representaban. Seguía la cruz, y a continuación las Hijas de María, señoras dé la V. O. T. de San Francisco y del Carmen de esta ciudad, Terceras Ordenes, con estandartes, de Beniganim, Agres, Alfafara, Apelo de Malferit, con música; Ollería, dé los Padres Capuchinos con dos Religiosos; Cocentaina, con música, más los estandartes de la Catequesis y Juventud Antoniana; Carcagente, con el estandarte también de la Juventud Antoniana; Algemesí, Játiva y Valencia.
Seguían los alumnos del Colegio de la Concepción, con la música de los seráficos de Benisa; V. O. T. de caballeros de esta ciudad y música; la Junta Centenaria; Archicofradía de la Guardia y Honor del Sagrado Corazón de Jesús de la real parroquia de San Carlos y su Rdo. Clero; cruz de la arciprestal; Comunidad de Padres Franciscanos; Reverendo Clero de Santa María y la imagen de San Francisco.

Oficiaba de pontifical el señor Arzobispo, a quien asistían, revestidos, su mayordomo, M. I. Sr. Dr. D. Joaquín Padilla, el P. Juan Botet, D. Joaquín Calatayud y el canónigo Dr. Cabanes.

Después iban el Rvdmo. P. Antonio Martín, Vicario general de la Orden Franciscana en España, el M. R. P. Luis Fullana, Provincial de Valencia, y el Rdo. Padre Ricardo Pelufo, Rector del Colegio.

La presidencia la formaba el Apuntamiento en corporación, presidido por don Félix Peiró, alcalde don Antonio Colomer y juez don Manuel Cavanillas.

La banda Unión Musical cerraba el cortejo.

Gentío inmenso de la ciudad p pueblos comarcanos presenció tan brillante desfile de generosa piedad, resultando emocionante el momento de entrar la imagen del Seráfico Patriarca en la iglesia del Colegio, a las ocho de la noche.

Coronamiento del día

Después de terminada la procesión, en el parque del Colegio hubo concierto por las dos bandas de música y bailes populares, quemándose al final un artístico castillo de fuegos artificiales.

(Continuará la relación de las fiestas en el número próximo.)

Para pasar el rato

Variedades

Particularidades de los sellos letones

Los coleccionistas de sellos de correos han estado bastante intrigados, durante algún tiempo, al observar que ciertos tipos de timbres letones estaban impresos sobre fragmentos de cartas geográficas que tenían nombres alemanes. Puestos a conocer el origen de esto, llegó a saberse que en 1918 la escasez de papel fue tan grande en Letonia, que el gobierno de la joven república, no sabiendo cómo obtenerlo, se le ocurrió utilizar, para la impresión de sus sellos de correos, el reverso de una gran cantidad de cartas geográficas que el ejército alemán había abandonado en el país, después de la ocupación.

Al año siguiente fue necesario otra cosa, y los sellos de correos de 1919 fueron impresos sobre papel de cigarrillos y aún en papel de cuadernos de escuela.

No es extraño, pues, que dichos sellos sean en el día muy raros y alcancen precios muy subidos. Desde el comienzo de la guerra es muy difícil a los coleccionistas tener al día sus álbums, y es natural que así sea, ya que se han emitido en el mundo entero millares de nuevos sellos, que han llegado a dar un promedio de seis timbres por día.

Manera de reparar los desgarros de paños

Cuando no hay medio de recurrir a una zurcidora, se toma una hoja de gutapercha muy fina, se aplica sobre el revés del paño, en el sitio estropeado, teniendo cuidado de que la ropa esté muy plana, y se pasa por encima una plancha caliente. La gutapercha se funde y suelda las partes en contacto, que se hallarán así perfecta y sólidamente unidas.

Propiedades de la miel

La miel posee todas las buenas propiedades del azúcar, tanto por lo que respecta a la economía, como respecto al gusto, o finalmente, a los múltiples usos de que es susceptible; en cambio, no tiene ninguno de los defectos del azúcar.

Las ventajas que presenta desde el punto de vista meramente industrial, son superadas por las que ofrece como substancia higiénica y nutritiva. Tiene, efectivamente, la miel un poder alimenticio sin rival, poseyendo la virtud de ser asimilada casi por completo.

La miel es también un medicamento por sus cualidades ligeramente purgantes. No tiene acción alguna sobre el sistema dentario, lo cual no puede decirse del azúcar; es digestiva y fortificante. Como quiera que entre las flores existen muchas especies con propiedades medicinales, de aquí deriva que la miel posea también virtudes análogas, aún para ciertas enfermedades para las cuales no se ha encontrado todavía un específico vegetal.

Una viuda con 50 hijos y 270 nietos

En el Kroontad (país del Transvaal) vivía hace unos años una viuda apellidada Van Wigk, cuya historia matrimonial es tan curiosa como larga, Nació el día 20 de Octubre de 1832, y comenzó su carrera matrimonial a la edad de 18 años, casándose con Petrus Jacobus Lubbe.

A los dos años se quedó viuda, con un hijo, y diez meses después se casó en segundas nupcias con Nicolás Macarthinus Praetorius, viudo con cuatro hijos.

Praetorius falleció a los dos años y cinco meses, dejando a la viuda con cinco hijos. A los cinco meses volvió a casarse por tercera vez con David Stephanus, viudo, con siete hijos.

Los esposos vivieron en amor y compañía once años, y al fin murió Stephanus, dejando siete hijos.

Cinco años más tarde, la viuda se casó por cuarta vez con otro viudo llamado Daniel Ludovicus Cronge, que aportó ocho hijos. De este matrimonio nacieron cuatro hijos más, y el padre falleció a los once años de la boda.

No pudiendo soportar su viudez, contrajo a los cinco años quintas nupcias con Hendrek Clopper, en compañía del cual vivió otros once años y tuvo diez hijos. Muerto Clopper, se celebró la sexta boda de la señora con Coerwaat Hendrik Van Vik, padre de cinco hijos. Este matrimonio duró cinco años, transcurridos los cuales bajó al sepulcro Van Vik, dejando cuatro hijos más.

La viuda no se volvió a casar, dejando cincuenta hijos y doscientos setenta nietos.