En el lago Tiberíades

La pesca milagrosa

Para confirmar a los apóstoles en su confianza y darles fe en su divina misión y palabra, Jesucristo no omitió n¡desperdició ocasión oportuna desde los primeros momentos de su apostolado mesiánico.

Todavía Pedro, Juan, Andrés y Santiago no alcanzaban un exacto conocimiento de la persona de su Maestro. A veces lo creían un simple profeta, uno de tantos como tuvo el pueblo de Israel; otras veces, considerando las especiales circunstancias políticas por las que atravesaba el país, llegaron a creerlo futuro caudillo de una sedición patriótica que daría con el poder de Roma al suelo; todo menos reconocer su personalidad divina, su consubstanciabilidad como Verbo con el Padre, sus dotes divinas y humanas en unidad de persona y dualidad de naturaleza, y otras sutiles derivaciones y verdades del dogma católico sobre la persona de Cristo. Esto debía ser para los indoctos pescadores que el Maestro había escogido en apóstoles y discípulos, un secreto que no vislumbraban siquiera.

Jesucristo se vio en la precisión de acomodarse a la incapacidad natural de sus seguidores, y tuvo la necesidad de enseñarles y adoctrinarles, no con doctas y elevadas concepciones, sino más bien con enseñanzas prácticas, vulgares ejemplos y semejanzas, y sobre todo, con la fuerza suprema de sus prodigios.

De esta manera, para aleccionarles en la elevada misión que, al llamarles a Sí, asociados tan directamente a su obra divina, les tenía deparada, les inició en una pesca milagrosa, de la que Jesús sacaría provecho y ocasión para enseñarles que, en su nombre, con su asistencia y gracia, sabrían pescar milagrosamente, sobre la barca de Pedro, que es la Iglesia Católica, en el mar del mundo, almas, muchas almas...

—«Arrojad al mar las redes», le dice Jesús, y Pedro le contesta: «Maestro, toda la noche la hemos pasado pescando y no conseguimos nada.» (Lc 5, 4-5)

El hecho no deja de ser singular y raro, pues, difícilmente, en un lago de tanta pesca como el de Tiberíades, según afirma Josefo Flavio (Bellum Jud, III, XVIII), y yo tuve ocasión de verlos tantas mañanas en el mercado de la ciudad de la ciudad de Tiberíades, difícilmente, repito, se pasa desafortunadamente la noche en alta mar, sin pescar. Además, en alta mar (en to bato), como se lee en el texto griego de San Lucas, la pesca en todas las épocas del año es regular, y en algunas abundante Lo cual nos manifiesta, más bien que una circunstancia eventual, una especial acción invisible de Jesucristo para tomar de ella ocasión de adoctrinar a sus recientemente elegidos apóstoles.
Pedro, al mandato del Maestro, lleno de fe y confianza, lanzó la red, y no bien se había sumergido cuando se vio llena de tantos peces que hubo necesidad de otra barca para prestar ayuda.

Era un milagro, y Pedro, confundido, se postró a los pies del Maestro y Taumaturgo: «Señor, apártate de mí, que soy un gran pecador.» Materialmente, la lección estaba dada y aprendida, y sólo faltaba que el divino Maestro descorriera el velo de su significación simbólica y espiritual. «No temáis, dice a los suyos: faciam vos fier¡piscatores hominum, os he de hacer pescadores de hombres.»

Desde entonces que, desde la barca de la Iglesia Católica, el sucesor de Pedro recoge abundante pesca espiritual, y ve henchidas sus redes de multitud de almas.

Fr. Juan Alventosa, ofm

Perlas del cielo

El mártir de Taolitsum

No hay mayor prueba de amor que dar la vida por el amado, n¡hay pastor más vigilante que el que busca y reconoce a sus ovejas en los momentos de mayor peligro. De esas pruebas y de esos pastores ha presentado modelos en todo tiempo la Iglesia de Dios. Por eso no es extraño que en estos días podamos registrar un hecho que comprueba esa caridad heroica de los hijos de Dios. Allá en las regiones ocultas y muy remotas de la China, un amigo de la infancia, un hermano en religión con quien compartimos penas y alegrías en nuestra época de estudios, placeres y trabajos en nuestros primeros años de ministerio, satisfacciones y pruebas en nuestra iniciación literaria, un religioso franciscano, misionero de la provincia de Sh en si, es el héroe que ofrece al mundo católico esa prueba de abnegación y caridad divina acabando su vida con el martirio: es el Padre Aurelio Maiques (1).

Llevado por las ansias del sacrificio, y por su ardiente celo de convertir almas a Dios, llegó a la China el 14 de Febrero de 1909. Por espacio de diez y seis años trabajó formando varias cristiandad es en los territorios de Sancocho, Huayno y Ka a lisien, y entregado, como alma de Dios, al único cuidado de su grey, de sus chinitas convertidos por él al cristianismo, ninguna otra cosa le preocupaba en el mundo.

Pero llegamos a esta época de sovietes y comunismos, y la desgraciada y ridícula república de la China se ha visto sorprendida por estos insanos perturbadores de la humanidad. Por espacio de tres meses estaba ya sitiada la ciudad de Sian-fu, donde se refugiaba el último resto del ejército comunista, y los soldados del vencedor, el general Leutchenihoa, merodeaban por toda aquella región, causando no pocas molestias a las diversas cristiandades, penetrando en los templos, mutilando las imágenes del crucifijo y de los santos y destruyendo sus altares.

El Padre Maiques, temeroso de que sus hijos los cristianos de Tao-li-tsun sufrieran las vejaciones de la soldadesca, quiso ir a protegerles, para evitar con su presencia los desmanes de los soldados. Partió, pues, de Tongyuenfang y se fue a sus cristiandades de Tao-li-tsun, distante de aquella población unos 15 li.

Llegó el día 4 de Agosto y los misioneros de Tongyuenfang recibieron con espanto a un mensajero de Tao-li-tsun con la triste nueva de que los soldados habían muerto al Padre Aurelio. Lo ocurrido fue lo siguiente:

Cerca de las tres de la tarde entraron unos soldados en la pequeña morada del misionero, armados y con actitudes violentas, cuando el Padre Maiques estaba descansando en su habitación. Le llamó su doméstico, temeroso, y al salir el Padre misionero preguntó a los soldados qué es lo que deseaban; y s¡querían comer y cigarros todo estaba a su disposición.

—Queremos dinero y armas, —contestaron los bandidos.

—No podréis hallar armas en esta casa porque soy un sacerdote católico; podéis registrar toda la morada para convenceros. Tan pronto dijo el Padre Aurelio estas palabras, los soldados dispararon contra él sus armas, derribándole en tierra todo ensangrentado;le hirieron entonces con el machete, y uno de ellos se lo atravesó por la espalda hasta herirle en el pecho. Huyeron espantados de su crimen los malhechores, mientras el santo mártir, con las pocas fuerzas que le quedaban, se arrodilló, perdonó en alta voz a sus asesinos y rogó a Dios les perdonaran, porque no sabían lo que se hacían, y encomendando su alma a Dios, cayó desplomado para volar su alma a la gloria a recibirla palma de su martirio.

Un hecho prodigioso se realizó en aquellos momentos. Cuando el P. Aurelio murió víctima de la barbarie de aquellos criminales, y su alma volaba a las mansiones de la gloria, la campana de la iglesia de aquella Misión comenzó a voltear sin que nadie la tocase. De ello dan fe y lo afirman con juramento los fieles cristianos de Toa-li-tsun, y así consta en la necrología que enviaron al Acta Ordinis (2) los misioneros de la China (pág. 299). Las voces de la campana eran, sin duda, los ecos de la ovación que se hacía en el cielo al entrar el nuevo mártir de la fe, voces maravillosas que daban a conocer a los hombres la santidad y pureza de aquella alma candorosa, que desprendida del mundo para vivir únicamente consagrada a la conversión de las almas, se mantuvo por tantos años oculta y desconocida de los hombres, como perla de gran valor, cuajada y retenida en las sinuosidades de una concha. Pero Dios, como buen mercader, sabe aquilatar el valor de las almas cuando llega el tiempo oportuno, y así nos ha dado a conocer con el prodigio de la campana que el el santo misionero de la China, Padre Aurelio Maiques, ha sabido conquistar la gloria con la pureza de vida y con el heroísmo de la caridad.

Fr. Manuel Balaguer, ofm

(1) Vea unas notas biográficas del P. Aurelio Maiques

(2) Acta Ordinis es una revista que siguen publicando los Franciscanos Menores donde se recogen todos los documentos que va emitiendo la Orden.

Seráfica

Es la hora del día
en que vaga el misterio
entre la lumbre tibia
del véspero crepúsculo,
y las almas seráficas y pías
quedan en dulces raptos
elevadas, sumidas,
mientras la suave fronda de los árboles
se mece por la brisa,
que remeda el clamor de la plegaria
de la fuente, la eterna melodía.

Del fondo de una choza
con mirada tranquila
se ve surgir un hombre
que su fulgente faz al suelo inclina;
viles harapos viste;
un hombre de corazón y alma sencilla
y que de amor divinamente herido
al bosque se encamina
ensangrentando el suelo
sus abiertas heridas.

Es Francisco que el alma
de amor la tiene herida,
y no pudiendo contener el fuego
que le extingue, aniquila,
al bosque solitario
sus pasos encamina
para dar rienda suelta a los gemidos
que en el sagrario anidan
de su sangriento pecho,
al ver las criaturas atrevidas
hollar la ley de Dios
y burlarse del Ser que les dio vida.

Y allí puesto de hinojos,
sus manos extendidas,
al cielo vuelto el rostro
cual fulgente lucero arde y brilla,
y exclama entre suspiros,
sollozos y agonías:
«El Hacedor del Arte,
quien claridad da al día,
y viste las praderas
con verdes hierbecillas,
quien colora las flores
con gaya purpurina,
y pinta en las mañanas
auroras nacarinas,

quien crea de las aves
las tiernas melodías,
y da suspiros suaves
a las sutiles brisas,
quien con poder divino
al hombre da la vida
hechizada de encantos,
repleta de sonrisas,
por el vil hombrecillo
ciego a tanta poesía,
a bien tanto insensible,
¡no es el Amor amado
y hollada es su doctrina...!»

«Quien derrama su sangre
y consume su vida
por la salud del hombre,
quien con huellas divinas
del encumbrado cielo
marca la estrecha vía,
y para el mortal crea
dulzuras infinitas
en la celeste altura
de la región divina,
donde reina la paz,
la luz y la armonía,
donde vive el contento,
la dicha y la alegría,
donde mora el Bien Sumo
fuente de eterna vida,
principio inagotable
de belleza infinita,
por el miserable hombre
ingrato a tanta dicha,
¡no es el Amor amado
y hollada es su doctrina...!»

Calla el eco ferviente de su voz
y tan sólo suspira
el animoso viento
que entre sus armonías
y lánguidas cadencias
en vaga lejanía,
murmura el son postrero
de la canción divina
del trovador Francisco
que repiten muy trémulas las brisas:
«¡no es el Amor amado
y hollada es su doctrina...!»

Fr. Bernardino Mª Rubert, ofm

El arte en Alcoy

Alcoy no es sólo la fabril e industrial ciudad, orgullo de la región valenciana y aún de España, que tiene su quebrado suelo sembrado de grandiosos edificios destinados a la producción en grande escala de manufacturas de paños, sombreros, géneros de punto, papel, metalurgia, cerillas, carrocerías, dulces, destilerías, etc., desarrollando al par con su industria un comercio intento, cada día más floreciente, con todos los países, sino que junto con el trepidar de sus perfeccionados artefactos, con el humo de las altas chimeneas de sus fábricas y con el correr de sus ferrocarriles, se nota en el interior de la populosa urbe un ambiente acogedor de cultura, de arte, de bienestar moral que demuestra la capacidad, el interés y el buen gusto que ponen los alcoyanos en elevar su patria chica a la altura a que por su laboriosidad se hace acreedora.

Relicario de San Jorge

Relicario de San Jorge

Amplias calles, espaciosas plazas, bien cuidados paseos y parques públicos dan hoy a la ciudad aspecto de población moderna, con esbeltos y elegantes edificios, obra de arquitectos alcoyanos; numerosas iglesias, decoradas con riqueza por artistas que honran a su patria, demuestran la piedad alcoyana; suntuosas sociedades y centros recreativos, bellamente presentados, como el Círculo Industrial, amenizan la vida de la hermosa ciudad del río Serpis; monumentales edificios docentes y benéficos por doquier; lujosos Bancos y confortables hoteles brindan al viajero cómoda hospitalidad; fáciles y rápidos medios de locomoción ponen a Alcoy en contacto diario con los pueblos de la región; atrevidos puentes y alrededores pintorescos ofrecen bellos y vaciados panoramas; abundantes aguas, aires sanos y clima saludable, hacen grata la estancia en el pais; sugestivas fiestas y carácter jovial y abierto, alegre y decidor, atraen de continuo gran número de gentes...

Gruta del Círculo Industrial

Pero más que por esto, Alcoy es simpático al hombre culto porque cada día se advierte cierta elevación de miras en todas las manifestaciones del espíritu: en las ciencias, en las letras, en el foro, en el periodismo, en la arqueología, en la pintura, en la música, en la escultura, en todas las artes liberales, donde un buen núcleo de alcoyanos amantes de su patria chica, trabajan con desinterés v constancia grande.

La expulsión de los judíos. Emilio Sala

La expulsión de los judíos. Emilio Sala

Hace ya varios números que La Acción Antoniana da pruebas de esto ilustrando sus páginas con fotograbados de cuadros debidos al pincel de ilustres pintores alcoyanos, que han merecido las más altas recompensas en cuantas Exposiciones se han presentado.

Rosa mística

Rosa Mística. D. F. Laporta

F. de Paula.

Crónica

Nuevos Obispos Franciscanos

El día 28 del pasado Octubre consagró S. S. el Papa v Pío XI en la Basílica Vaticana, en unión de otros cuatro obispos chinos, dos pertenecientes a la Orden de Frailes Menores. Son el P. Odorico Tcheng, Prefecto apostólico de Puch¡y el P. Luis Tch'en, Vicario y apostólico de Fanyang.

En la catedral de La Paz (Bolivia) recibió la consagración episcopal, el 26 de Septiembre último, de manos del Excmo. Sr. Nuncio de S. S. en aquella república, el P. Francisco Luna, hijo de la seráfica Provincia de Andalucía. Nació en Los Santos (Badajoz) y en 1881. Al presente era Guardián de la Recoleta de La Paz. Su elevación al episcopado lleva anejo el cargo de Vicario Apostólico del Río Beni.

Igualmente ha sido consagrado Obispo titular de Gallipoli, el nuevo Vicario Apostólico de Marruecos, P. José Mª Betanzos, misionero muchos años en Tánger.

Al felicitar respetuosamente a los nuevos y Obispos, deseamos que su labor sea provechosa a los altos intereses religiosos que les han sido confiados,

Los Beatos Mártires de Damasco

El día 9 del pasado mes fueron llevadas partes de las sagradas reliquias de los nuevos Beatos al Real de Gandía y al Monasterio de Santa Clara, de Gandía, siendo recibidos en ambos sitios con demostraciones de piedad y entusiasmo.

Fue portador de las reliquias el P. Antonio Aracil, Procurador General de Tierra Santa, venido expresamente y de Palestina para este objeto, el cual tuvo la delicada atención de personarse en ambos pueblos y hacer la ofrenda a las respectivas autoridades.

En el Real fue recibida la reliquia (que consiste en un hueso de regular tamaño del cráneo de su esclarecido paisano el Beato Caramelo Bolta) por el pueblo en masa. Asociaciones piadosas con banderas y estandartes, Clero, Ayuntamiento y banda de música, se congregaron a la entrada de la población y procesionalmente se fue a la iglesia parroquial entrando en ella la reliquia entre estampidos de la traca y los sones de la Marcha real.

Una vez en el templo, incapaz para contener tanto gentío, se descubrió S. D. M. y cantado el trisagio, el P. Francisco Lloréns predicó un oportuno sermón de circunstancias dándose luego a besar la sagrada reliquia, desfilando ante ella todo el pueblo entregándose a cada paisano del Beato Carmelo una estampa de éste.

En el Monasterio de Santa Clara de Gandía, la entrega fue emocionante. Después de cantados en la iglesia el «Te Deum» y los gozos del Beato Francisco Pinazo (uno de los Mártires de Damasco], fue llevada procesionalmente la sagrada reliquia a la puerta reglar de la clausura, por P. Procurador General de Tierra Santa. Toda la Venerable Comunidad de Religiosas, con velas encendidas en las manos, estaba esperando las reliquias, mientras multitud incontable de personas que se habían congregado en la portería, contemplaba con respeto a la numerosa Comunidad.

Cursillo sobre la Moda. Lección séptima.

Ridiculeces de la Moda

¿Es ridícula la Moda moderna?— Muy ridícula por la extravagancia de la forma de los vestidos. Lo que resulta es que la fuerza de la costumbre y el ambiente que respiramos, propicio a todo lo raro y estrambótico, nos hace ver como cosa corriente ciertos absurdos que rechazaríamos indignados s¡nos diéramos cuenta de ello. Así las mujeres, que no pueden sustraerse al dominio que sobre ellas ejercen los figurines de París, se presentan vestidas con una ridiculez tal que son el hazmereír de los hombres sensatos.

¿No persigue la elegancia y el buen gusto?— Eso dicen los creadores de la Moda. Pero la abundancia de modistos es tanta en París, Lyon y Londres, que la lucha por la vida, es decir, el loco afán de conservar y aumentar la clientela, les fuerza a hacerse la competencia unos a otros, presentando continuas novedades, nuevas y atrevidas creaciones, no en cada temporada, sino varias en la misma y contando siempre con el éxito más lisonjero, cuanto más halagan la vanidad femenina. Con esto resultan sacrificados el arte, la elegancia, y el buen gusto de los trajes, y la Moda queda reducida a un continuado carnaval de trajes ridículos en el corte, forma, calidad y adornos.

¿Puedes citar casos de ridiculez?— Sí señor. La ridícula y antihigiénica moda del calzado con tacón alto, que impide el normal desarrollo del pie, la natural posición del cuerpo humano y hace caminar con tambaleos y peligros por la inestabilidad de la planta; la ridícula y antiestética falda estrecha, que coarta la libertad en el andar la ridícula y antinacional media de seda, que deja sin calor las extremidades inferiores del cuerpo; el ridículo escote, causa en este tiempo de bronco-neumonías y afecciones gripales; el ridículo corte de pelo, que quita a la mujer uno de sus más bellos adornos y la obliga a masculanizarse con el trato de peluqueros; la ridícula falda cortísima de las niñas, quitándoles en la edad de la inocencia el candor y la modestia cristiana, y otras mil ridiculeces en formas y caprichos que se pelean con la elegancia.

¿Qué me dices de la pintura de rostro y de uñas?— Un célebre orador argentino, dijo que: «Las mujeres tienen el cabello largo y el seso corto.» Esta afirmación, que es falsa y no se puede sostener en ningún terreno, es muy verídica cuando las mujeres pasan horas enteras dándose maquillaje y pintándose, para engañarse a sí mismas.

¿No esquivan el ridículo las jóvenes?— Por temperamento son esquivas al ridículo. Pero ante la imperiosa ley de la Moda, que es para las mujeres la suprema ley, ellas sacrifican hasta el temperamento. Mucho les exige hoy la Moda, pero s¡aún les exigiera más, más se sacrificarían y con mucho gusto, lo cual revela su gran debilidad.

¿Hubo ridiculeces en la moda de tiempos pasados?— Sí y muy grandes. Pueden dar testimonio de esto el uso estrafalario del meriñaque y el del polisón. En todo tiempo la mujer por seguir los dictados de la Moda, ha corrido él ridículo más espantoso en lo que a vestidos se refiere. No parece sino que las mujeres por la Moda olvidan hasta el fin que tiene el vestido.

¿Cuál es la finalidad del vestido?— Triple finalidad distinguen los autores. Primera y principal, cubrir la desnudez de la que se avergonzaron Adán y Eva después del pecado. Segunda, defender el cuerpo humano de las inclemencias del tiempo. Tercera, la diferenciación de sexos en la sociedad.

¿Y dentro de esos fines, no cabe el buen gusto?— Cabe, s¡bien sin excesos; lo que no caben son las extravagancias a que sujetan a las pobres mujeres los modistos de París, obligándoles a ir ligeras de ropa e indecorosamente vestidas, después de gastarse un dineral en tela, pieles, adornos, cintajos y alhajas.

Fr. Carlos García Badía, ofm

Divulgación científica

El huracán del 26 de diciembre

Tiempo ha que deseaba presenciar un temporal de Provenza o Nordeste en el mismo litoral levantino, y por fin se cumplieron mis deseos; pero, tanto, que dudo pueda volver a contar otro semejante temporal como el pasado, pues a juicio de los ancianos de esta playa, jamás han visto sus ojos cosa igual.

El observatorio es el Castillo de Cullera, a 120 metros sobre el mar, donde reside como Reina absoluta la morena, pero agraciada Virgen del Castillo. Desde una de las ventanas que dan a la mar, efectúo mis observaciones con un campo de acción que se extiende desde el faro de este monte hasta el Mongó de Denia, pasando por este horizonte los montes de Alcira, Mondúber, Safor, Segaria, y los de la Retoría y de la Marina hasta Callosa.

Desde aquí todo es imponente: el mar, la tierra, el cielo. El mar, agitado por el furioso vendaval del Nordeste, avanza resuelto a inundar la tierra con sus gigantescas olas qué, al encontrar la valla ridícula que el hombre le ha querido levantar, retrocede primero deshaciéndose en blanca espuma; pero como avergonzado de su timidez, vuelve con nuevo ímpetu a luchar contra los límites que la aprisionan hasta saltar la barrera de piedras y de tierra que defienden los bancales, entrando en ellos como Pedro por su casa y sembrando allí la muerte con las sales de sus aguas. No hay modo de luchar con los mares, y más cuando la lucha no es ordenada y común, sino aislada, como la de estos pobres labradores. Al mediodía del 26, se ven ya inundados los campos inmediatos al mar. El aspecto de éste es imponente; una orla de espuma circunda a este grisáceo manto del mar, y sobre la isla de los. Pensamientos se ven surgir altísimos surtidores de espuma al chocar las olas contra las rocas.

La tierra aparece triste, pues vestido su cielo del negro manto de las nubes, las priva del sol, origen de su alegría. El Júcar comienza a arrastrar sus aguas enrojecidas por los innumerables arroyuelos que vierten en su cauce y van aumentando su caudal. ¿Llegará a tanto el temporal que ponga en temor a los pueblos de la Ribera? Por lo que aquí llueve, no; pero al Sur de la región y en la cordillera de Mariola y Benicadell, la lluvia debe ser copiosa; mas no hay que asustarse, pues cas¡toda el agua debe haber caído en forma de nieve, a juzgar por la que se ve en Mondúber desde unos 700 metros.

El cielo, o más propiamente hablando, la atmósfera, está grandemente perturbada, presentando cambios bruscos en sus elementos. El barómetro baja y sube como s¡estuviéramos en la zona del paso de las borrascas, en el Atlántico Boreal, al Norte de las islas Británicas. Después de algunos días de presión estacionaria, de unos 765 milímetros, comienza el 25 a bajar, al tiempo que aparecen por los horizontes del Sur los cirrus indicadores de una corriente superior del Suroeste, de donde ellos venían. A la puesta del sol se ha propagado el manto o Alto Estrato de cirrus a todo el cielo y por los horizontes del primer cuadrante suben bancos de cúmulus y estratos que manifiestan la corriente polar que avanza de Norte a Sur y que nos llega hacia las ocho de la noche con ráfagas de Norte a Nordeste y lluvias.

Ante el ímpetu del Provenzal sube algo el barómetro, pero bien pronto se inicia un franco descenso en la presión, que se continúa durante el 26, hasta las diez de la noche, hora en que marcaba 748 de presión. Desde este instante vuelve a subir rápidamente, coincidiendo tal subida con la virazón del viento desde el Nordeste al Este y Suroeste y el máximo de agitación en el mar, que fue a eso de las dos del día 27.

La lluvia que se inició el 25 a las ocho de la noche, se continuó todo el 26 hasta media noche, o sea, mientras persistió el descenso barométrico. Como en todo temporal del Nordeste con mucho viento, la lluvia es escasa al Norte de la región; En el faro, según me dijo el torrero, la lluvia fue de 12 milímetros; aquí debió ser algo más, y hacia el Sur, copiosa. Pero los momentos más de temer del temporal son los pasados en la madrugada del 26. Desde las tres a las seis, se desencadenó una furiosa tempestad de viento, lluvia, relámpagos, rayos y truenos que daba grima.

M¡celda parecía estar metida en una inmensa hoguera en algunos momentos, pues hasta de los hilos metálicos de las persianas salían chispas, oyendo yo los chasquidos por ellos producidos y por los caídos en los pararrayos que fueron muchos. Esto parecía que se venía al suelo; todo temblaba, y con el silbar del Viento, el rugir del mar, el estampido del trueno y resplandor del rayo metía tal confusión y miedo en el corazón, que el que esto escribe, a pesar de que se pierde por presenciar una tempestad, tuvo por mejor encomendarse de corazón a la Señora de este Castillo a fin de que pusiera en paz a los elementos y calmara el ansia de m¡alma.

Él día 27 amaneció despejado, y aunque el día se encapotó y hasta llegó a llover y granizar, y durante la noche parecía que quería repetirse el vendaval, ya el barómetro estaba alto y esto venía a ser como el eco del temporal del 26. Por la tarde, aprovechando unas horas de bonanza fuimos al faro, y por el camino pude apreciar mejor los grandes daños de la marea. Muchas hectáreas inundadas por la mar, que representa algunos millones de pérdidas y la miseria de varias familias. Vallas y miradores derruidos y tabiques de casas derrumbados. Se veían grupos que iban o venían para apreciar de cerca los daños del temporal. Todos se quejaban, y algunos llevaban en su rostro estampado el dolor de su corazón; hasta vimos lágrimas en sus ojos.

¡Pobre gente! S¡al menos aprendieran la lección que con esta desgracia les da la Providencia para quitar la causa de estos castigos, que es el pecado; pero hay poca fe y menos conformidad.

El espectáculo presenciado desde el faro es indescriptible por lo grandioso e imponente; pero m¡espíritu no llegó a saborearlo, embargado como estaba por el recuerdo de las tristezas acabadas de ver y de escuchar.

Fr. Eusébio Arbona, ofm

Castillo de Cullera, 27 Diciembre 1926.