Sección Antoniana

El año antoniano

¡Llegó el año 1931, como todos vosotros, amables lectores, sabéis!: pero... hay otra cosa muchísimo más importante y trascendental que debemos saber, no sólo los Antonianos, sino todo mortal del universo. Yo, con los escasos medios de que dispone m¡inteligencia, me propongo, no obstante, propagar, difundir e inculcar desde las columnas de esta simpática Revista, el hecho a que me refiero.

¿Sabéis de qué se trata? De un magno acontecimiento, que debemos celebrar con alegría, esplendidez y majestuosidad. El día 13 de junio del año que cursa, entraremos en el año antoniano, en el que se cumple el séptimo centenario del tránsito a la Gloria y canonización de nuestro queridísimo San Antonio: Deber ineludible de todos los que nos honramos con ser devotos suyos, de celebrar esta gloriosa fecha, con acontecimientos extraordinarios y con un fervor tan inmenso, que lleguemos al pináculo de la máxima grandeza...

¡Setecientos años, que nuestro Santo Paduano abandonó este mundo tan miserable!, pero... no a sus devotos que jamás desampara, sucediéndose sin interrupción en tan larga fecha, sus milagros, favores, gracias bendiciones. ¿Quién de vosotros será el que nunca ha implorado su protección, sea en enfermedades, tribulaciones, penas y sufrimientos de los cuales nadie está exento?

San Antonio de Padua, nuestro amadísimo protector, es un santo universalmente querido, y por lo tanto todos le somos deudores de algún beneficio alcanzado por su mediación, y por ende, a todos me dirijo recordando y suplicando, que celebremos el centenario del Santo Taumaturgo, con devoción, amor y entusiasmo extraordinario, sincero, ferviente, sublime..., ¡digno de él! Y así como al aproximarse una fecha memorable por algún acontecimiento familiar, nos preparamos de antemano para que resulte espléndida y no carezca de ningún detalle, así ahora, hemos de prepararnos y tener presente, que este año vamos a celebrar una fiesta, la más grandiosa, estupenda, magnífica y colosal para todos los Antonianos.

¡Ya sabéis, pues, se acerca la festividad de nuestro padre y protector, San Antonio de Padua! Todos podemos hacer algo; nada escatimes n¡te duela, benévolo lector, para el Santo que tanto nos ha protegido, y que la celebración de su centenario evoque el recuerdo de la grandiosidad... A nadie puede n¡debe pasar indiferente esta fecha, pues s¡esto ocurriese, sería un absurdo de los más incomprensibles, ya que te precias en ser devoto suyo.

Animo, pues, Antoniano: Toma parte activa en las fiestas mencionadas; presta tu óbolo con un donativo generoso para que resulten más espléndidas; y no dudes que recibirás el ciento por uno de beneficio. Yo, a pesar de m¡impotencia física, suplico con fervor a m¡amadísimo San Antonio, una bendición especial para cooperar, aunque sea desde el lecho del dolor donde me tiene prisionera la enfermedad, y demostrar prácticamente con constancia y entusiasmo la devoción, la fe y esperanza sin límites que, desde que tengo uso de razón, profeso, al insigne Taumaturgo, anhelando que esta afectiva y próspera devoción, sea precursora de una gloria feliz y eterna, a cuyo fin, resumo y condenso todas mis súplicas en una sola. ¡Milagroso San Antonio! ¡Antes sin vida y contigo, que con vida y sin ti!

Lolita Marco Fandos.

Camarera honoraria del altar de san Antonio

Procesión mágica

Afanados e inconscientes, como juegan de ordinario los niños, estaban diez de ellos, entre los que destacaba Tonín, niño de siete años, protegido de San Antonio de Padua. Su padre, noble señor de las cercanías de aquella ciudad dichosa, carecía de hijos, y oyendo los muchos milagros que obraba San Antonio, fuese a visitar su sepulcro y le pidió al Santo, que s¡le alcanzaba del Señor un hijo, iría todos los años con él a visitar su sepulcro. Se volvió a casa, y con grande alegría de su alma, vio que el Señor les bendecía, porque pronto observó que el fruto de bendición llegaba por la intercesión de San Antonio. Todos los años iba con su hijo a visitar al Santo, mas aquel año, en que el niño cumplía los siete de su edad, tuvo que ir solo a Padua porque el niño estaba enfermo y no pudo acompañarle.

Durante el tiempo que invirtió en su visita a Padua, el niño se puso bueno y andaba jugando por la calle, y en esta ocasión es cuando le vemos jugando con otros niños en el cauce de un río, que estaba junto a la población, y al pie de el muro de una grande presa que detenía las aguas del río. Por una de las grietas del murallón se deslizaba un pequeño reguero de agua, que los niños con Tonín se afanaban en contener por medio de pequeñas balsas que formaban alzando camellones en el cauce.

De pronto un ruido extraño asustó a los chiquitines, que levantaron la cabeza mirando al muro, cuando éste se desgajaba, derrumbándose al ímpetu de la presión de las aguas, que tumultuosamente invadieron todo el cauce, ahogando a los diez niños y arrastrando sus cuerpos, con el impetuoso rodar de sus ondas, a lugares distantes y desconocidos. Sólo dos de sus cadáveres fueron hallados en un remanso del valle, que, recogidos como trofeo de tan funesta desgracia, fueron sepultados y llorados por todos los moradores de aquel lugar. Los otros ocho, después de inútiles pesquisas por toda la extensión del río, no fueron hallados, con doble pena de sus padres y sus deudos; y entre esos ocho se contaba el desgraciado Tonín.

Volvió su padre de Padua, y a su hermano y amigos que le salieron a esperar lo primero que preguntó fue por su hijo, y no queriendo decirle lo ocurrido contestaron que ya estaba bueno y andaba jugando por la calle. Llegado a casa quiso ver a su hijo, y ante la incertidumbre e inquietud que notaba en todos les dijo: «No comeré hoy n¡beberé hasta que vea a m¡hijo». Entonces le contaron todo cuanto había ocurrido.

Traspasado el padre de dolor, hizo juramento, que él no comería n¡bebería hasta que San Antonio le devolviese su hijo vivo. Todos se unieron a sus ruegos, que lograron penetrar en el cielo y conmover a San Antonio.

El cauce del río parecía iluminado por una luz celestial. Por su vera crecían algunos lirios hermosos y fragantes, y una vaporosa visión de color oscuro y brillante que, deslumbraba con sus destellos, iba arrancando algunos de aquellos lirios, los más garridos; y cuando contaba diez se levantó con un ligero y silencioso vuelo en dirección de la corriente, y volvió a pasar, dejando allí unos objetos informes, para volar de nuevo hacia el campo santo, de donde regresó al momento con otros dos que dejó junto a los anteriores. Comenzó entonces a tocar con los lirios aquellos cuerpos informes y a cada uno que tocaba se levantaba un niño, al que le ofrecía una flor. Eran los diez niños que se habían ahogado, y San Antonio era la visión prodigiosa que les restituía a la vida.

Hecho esto dijo a los niños: andad con estos lirios a buscar a vuestros padres; y tú Tonín, guíalos a todos ante la presencia de tu padre, m¡ferviente devoto y dile que he escuchado sus ruegos.

Formando una procesión mágica de dos en dos, y agitando sus lirios con celestial y dulce algazara, se encaminaron aquellos ángeles, vueltos a la vida por mediación de San Antonio, hacia la ciudad, y guiados por Tonín se presentaron a su padre, que enloquecía de gozo al experimentar tan prodigiosamente la protección de San Antonio.

Fr. Manuel Balaguer, ofm

Florecillas de San Antonio. (Romancero)

La voz de San Antonio

No es la voz de San Antonio,
voz que clama en el desierto,
sino voz de catarata,
voz de mar y voz de trueno,
voz qué oyen, aunque no pueden,
los sordos de nacimiento;
es voz que quita pesares,
voz que sana a los enfermos,
voz que resuena amorosa
de las almas en el seno,
voz que consuela a los vivos
y resucita a los muertos;
voz que llama al pecador
para darle un dulce beso;
voz que llama al hombre justo
para hacerle más perfecto,
voz que ríe, voz que llora,
voz que arrebata en extremo,
voz que a veces parecía
de la eternidad un eco,
voz que parece cascada
de beneficios sin cuento,
voz que alegra, voz que encanta,
voz de perennes consuelos,
voz de padre, voz de amigo
y de gozos sempiternos.

Con esa voz yo quisiera,
que en los últimos momentos
me llamase San Antonio,
para conducirme al cielo.

Fr. Juan Bta. Gomis, ofm

Una carta interesante

Para que el número extraordinario de San Antonio que proyecta «La Acción Antoniana» sea, como se quiere, la más exacta expresión de «cuánto se le quiere a S. Antonio y cuán extendida está su devoción en toda la región valenciana», nuestro reverendo padre Director ha enviado a los señores Curas Párrocos de la Diócesis de Valencia, la siguiente carta.

Muy Sr. mío: La cristiandad toda se apresta a festejar, en el séptimo centenario de su feliz tránsito, al glorioso taumaturgo San Antonio de Padua. Con este motivo, y para el próximo mes de junio, «La Acción Antoniana», que promueve la devoción al Santo Paduano, piensa publicar un número extraordinario, en el que aparezca cuánto se le quiere y cuán extendida está su devoción en toda la región valenciana, en su sentido más amplio. Para este fin solicitamos su colaboración, que nos será muy estimable, s¡nos envía las siguientes noticias:

S¡alguna imagen o cuadro tuviera algún interés artístico o histórico, agradeceríamos de la misma, una fotografía.

La contestación podré enviarla a esta Dirección como "Original de Imprenta" en sobre abierto y con sello de los céntimos.

Esperando de usted tan estimable favor, pido al Santo Paduano te bendiga y colme con plenitud de gracias.

Muy suyo afmo. s. s. q. e. s.

El Director.

Rogamos muy encarecidamente a todos los lectores que colaboren con nosotros en esta empresa, que ha de redundar en la mayor gloria y esplendor del Santo Paduano, y lo podrán hacer enviando a esta Redacción todas las noticias de cuadros de San Antonio que posean en sus casas, y que sean de algún valor original; así como también noticia de favores extraordinarios recibidos y otras cosas que creyeran convenientes y dignas de publicación en el número extraordinario Lo mismo que el número de ejemplares que desean recibir, teniendo presente que los ejemplares que se encarguen antes de la impresión se venderán a peseta, y los que se pidieran una vez editado el número, a 1,50 pesetas.

Noticias Antonianas

Los preparativos que están haciendo los Comités religioso y civil para el VII centenario de la muerte de San Antonio de Padua hacen esperar que la conmemoración será extraordinaria.

El Soberano Pontífice se interesa personalmente para que las solemnidades sean, sobre todo, de carácter religioso. Se tienen noticias de la organización de varias peregrinaciones, que se iniciará en el próximo abril y que continuarán hasta la clausura de las fiestas antonianas.

La mayoría de las peregrinaciones vendrán después a Roma para rendir homenajes a P¡o XI. El Obispo de Padua ha enviado una carta al Patriarca de Lisboa, patria de San Antonio, para que las dos ciudades se asocien con actos a honrar la memoria del santo. Existe otra carta del mismo prelado, debidamente autorizada por la Santa Sede, a todo el episcopado mundial, para que los Obispos inviten a sus fieles a participar, por lo mentís espiritualmente, en la celebración del centenario. El Ministerio de Negocias Extranjeros de Italia ha dispuesto que las peregrinaciones que provengan del extranjero no tendrán necesidad de utilizar pasaportes. Le aseguramos que presenciará las principales ceremonias un Legado Pontificio, participando en ellas representantes del Gobierno de Italia.

El Comité religioso-civil constituido en Padua para preparar las fiestas del centenario del Santo Taumaturgo, ha lanzado a los católicos de Italia y de todo el mundo un manifiesto en el que recuerda que hace siete siglos San Antonio abandonaba esta vida. Padua, feliz de poseer sus santas reliquias y su lengua incorrupta, se prepara a conmemorar dignamente la fecha secular con solemnes actos cívico-religiosos, que empezarán en junio de 1931 y se prolongarán hasta la misma fecha de 1932, centenario de su Canonización.

Dice cómo los antepasados supieron levantar al Santo la grandiosa basílica y rodear con otro admirable santuario la celda en que murió.—Al mismo tiempo el Comité ha votado un millón de liras para la separación, propaganda y festejos del centenario.

Semana Social Antoniana.
Se celebrará en Padua, con asistencia del Cardenal Legado que el Papa enviará para que presida en su nombre los festejos, que allí se preparan. El Obispo de Padua ha invitado al Cardenal de Lisboa pare que asista a la misma y forme parte del Comité de honor. A su vez el Obispo de Padua le anuncia que dos representantes de Italia irán a Padua, con motivo del Congreso Nacional Antoniano.

Rebaja de los billetes de ferrocarril para el Centenario de San Antonio.
A propuesta del Comité del Centenario han sido concedidas las siguientes rebajas de ferrocarril con motivo del Centenario Antoniano. A partir del primero de abril de 1931 al 31 de Julio de 1932 se concederá la rebaja del 30% para cada viajero en particular que visitará Asís, Loreto, Roma, Nápoles y Pompeya, y desde luego que Padua también. Los grupos de 50 viajeros tendrán el 50%. En alguna temporada de mayor concurso a los viajeros aislados se les concederá también la misma reducción del 50%.

Todos los viajeros, que residiendo en el Extranjero, harán su viaje a Italia, podrán ganar durante el año centenario con estas economías, s¡antes se dirigen a Padua, aunque luego visiten gran parte de Italia.

Ecos de las misiones

Por el desierto de la Judea

8 de Enero de 1931.-Aún no eran las siete y ya ocho jumentos y dos guías árabes, (el uno más negro que el azabache), esperaban a la entrada de nuestro Instituto bíblico. Once Padres jóvenes, el Profesor P. Baldí y un servidor íbamos a realizar la soñada excursión bíblica a través del desierto de la Judea, visitando detenidamente Muntar, Mar Saba y San Teodosio.

Como necesitábamos el permiso explicito del Patriarca Griego cismático para poder entrar en la célebre laura de S. Sabas, el P. Baldi, habituado a cabalgar en los azares de la guerra europea, se escoge el mejor jumento y promete alcanzarnos en el Monasterio con el documento en mano.

La alegre y característica carabina, con el negro a la cabeza, se pone en marcha... puerta de San Esteban, Getsemaní, Hinnón, Siloé, Bir Ayub, y torrente de Cedrón, llamado más adelante, Uad¡en-Nar (valle del fuego). Serían las diez y media cuando llegamos a Muntar (torre de guardia). En verdad semeja una torre: es el monte más elevado, desde cuya cumbre, el desierto ofrece un panorama tal vez único en el mundo.

Tomada una ligera refección ante los avispados ojos de quince beduinos, que nos importunaban con su eterno «bajsix» (regalo, propina), bajo un sol abrasador en pleno invierno, descendimos de Muntar y por sendas y vericuetos llegamos a Mar Saba después del mediodía. Allí nos espera a el P. Bald¡con el permiso del Patriarca en mano, que hizo descorrer todos los cerrojos del Convento.

Refección en el diván de los Monjes, visita al Monasterio, fotografías, despedidas, propinas al Superior por sus servicios y buen café. Eran ya las tres y había que emprender la marcha hacia San Teodosio. A las cuatro llegamos al célebre convento, que los árabes llaman Deir Dusi. Tomado el imprescindible café, ofrecido amablemente por el Monje cismático, visitamos la cripta y la iglesia, y reanudamos la marcha para entrar en Jerusalén hora y media después de anochecido... con los huesos molidos, pero con la satisfacción de haber visto:

1.° Muntar, que se levanta entre las caprichosas y áridas ondulaciones de aquel desierto que en sus valles y colinas, en sus cavernas y despeñaderos, conserva tantos recuerdos bíblicos; Muntar, que a Oriente ofrece el panorama del valle del Jordán, del Mar Muerto y de los montes de Moab; en las demás direcciones presenta infinidad de hondonadas y centenares de colinas que semejan arenosas dunas del desierto; Muntar, que al decir de los judíos, servía de lugar para despeñar en las profundidades del abismo el macho cabrío emisario cargado con los pecados del pueblo...

2.° Mar Saba. A fines del siglo V, S. Sabas, nombrado Superior de los anacoretas que llevaban vida solitaria en las lauras, edificó este monasterio como centro de la vida de estudio y de oración de aquellos solitarios. A principios del siglo VII, mientras los persas asediaban a Jerusalén, bandas árabes del desierto asaltaron el convento, asesinando bárbaramente a sus 40 religiosos.—Repetidamente sufrió irrupciones en los siglos siguientes de parte de los beduinos, quedando cas¡abandonado desde la época de los Cruzados, hasta que el gobierno ruso lo restauró en 1840. Hoy lo habitan unos 30 Monjes cismáticos.

Mar Saba está suspendido en una abrupta garganta, y para llegar a él, hay que bajar de lo alto de las rocas. Las cuadradas torres le dan aspecto de fortaleza, y desde una de ellas, llamada de Eudoxia, observa el portero a cualquiera que se acerca, franqueando la puerta a quien trae el permiso del Patriarca. Corredores, escaleras, cuevas, celdas, todo excavado en la roca, hacen de Mar Saba, a la vez que un Monasterio, un verdadero laberinto. He aquí las cosas principales anotadas en m¡cuaderno de viaje:

Abunda esta célebre laura en recuerdos históricos y graciosas leyendas, que la envuelven de un simpático ascetismo, a pesar del aspecto triste de sus derredores, del carácter medioeval de sus torres y de la severa vida de sus Monjes, por ejemplo; la del león que dormía pacífico junto a San Sabas; la de los mirlos, que aún actualmente acuden para tomar alimento en las manos de los religiosos; la palmera que mide 12 metros, y que plantada por el Santo Fundador, da frutos sin hueso; la fuente fresca y cristalina que, brotada por San Sabas, aún corre en las arideces del desierto.

Mar Saba, que yo llamaría el archivo de las glorias de María, fue santificado por un escuadrón de Santos, y aún hoy día, sus moradores rivalizan en penitencia con los primeros anacoretas que lo habitaron. ¡Lástima que sobre aquellos torreones no brille el faro del catolicismo!

3.° San Teodosio. A una hora larga de distancia de Mar Saba, sobre la cumbre de una colina, se asienta el Monasterio de San Teodosio, en árabe Deir Dusi. Nombrado este cenobiarca Superior de los cenobitas que observaban vida común en el monasterio a fines del siglo V, se retiró a este lugar que constituyó refugio de cas¡mil religiosos, que celebraban los oficios en diversidad de ritos. Del monasterio, de las iglesias, de la enfermería y hospedería, aún quedan interesantes vestigios. Hoy, como Mar Saba, es habitado por griegos cismáticos.

Según una tradición antigua, en este lugar había una gruta donde los Magos pasaron la primera noche a su regreso de Belén, los cuales por orden del ángel no volvieron por Jerusalén.

Visitado todo, tomamos el inseparable café y, al despedirnos del hospitalario Monje, pusimos en su extendida mano el «bajsix», que agradeció con un elocuente gesto.

Cabalgamos sin perder tiempo porque el sol caía ya hacia Belén, y por el valle que desemboca en Uad¡en-Nar subimos a Jerusalén.

* * *

Nuestra excursión se realizó con júbilo extraordinario y amor fraterno. No faltaron sus casos chuscos, sobre todo cuando al acercarnos a las tiendas de los beduinos, ladraban los perros, rebuznaban los asnos y, al emprender el trote, daban con los novicios jinetes al suelo: y ¡cómo reía el forzudo Negro, mientras levantaba al caído para colocarlo otra vez sobre el jumento!

Yo no caí... pero debo confesar que al entrar en el Convento los Padres Lectores Semler y Yuste sonreían maliciosamente al verme andar jadeante y mal parado. ¡No había para menos después de seis horas a pie y otras tantas a horcajadas sobre un asno por pizarras y despeñaderos, llevando sobre las espaldas mis 45 años!

Fr. León Villuendas, ofm

Jerusalén, 10 enero 1931.

Noticias de nuestras misiones franciscanas

Actividad franciscana en Bosnia y Servia.—No obstante las innumerables dificultades que encuentran los franciscanos en las regiones balcánicas, su labor es benéfica y el apostolado produce sus frutos tienden los Franciscanas de Bosnia y Servia a unos 220.000 católicos; dirigen unas 71 parroquias, organizan asimismo círculos de estudios, tienen orfelinatos, hospitales, escuelas públicas frecuentadas por un buen número de judíos, griegos cismáticos y mahometanos.

Muchos de estos religiosos además del croato, el griego y el latín conocen el italiano, el francés, el austríaco, el húngaro y el español y cogen grados en las Universidades el Estado. En la Universidad de Zagreb enseña el P. Julián Jelenio, sabio franciscano y personalidad muy renombrada en aquellas regiones.

China. Los budistas y los franciscanos.— Parecen cosas contrarias, y, sin embargo, tienen gran relación. Es muy difícil penetrar en un monasterio budista; todo son obstáculos y dificultades. ¿Por qué se muestran tan severos esos monjes indios y chinos con sus visitantes? Un Padre Lazarista que ha conseguido romper ese misterio por amistad con un budista poderoso, consiguió le enseñaran uno de esos monasterios tan llenos de misterios; quedó asombrado; parece estaba visitando un convento de Padres Franciscanos: los mismos claustros, la misma disposición de las habitaciones...; en una palabra, se creyó trasladado a Europa en medio de una comunidad de hijos del Santo de Asís. Le llevaron al refectorio, y quedó asombrado al ver la disposición y hasta el púlpito como en los mismos conventos. Ha y una señal infalible de recuerdos franciscanos: las bibliotecas; en ellas conservan libros europeos y pertenecientes a los antiguos conventos; temen los bonzos vengan reclamaciones de los propietarios y por eso los ocultan con tanto cuidado. ¿Cómo explicar esta reminiscencia? Sabido es que hubo en la China comunidades florecientes de hijos del Serafín de Asís; en los siglos XVII y XVIII vinieron persecuciones y contratiempos y tuvieron que emigrar los antiguos habitantes de esos conventos, ocupando su lugar los bonzos, que los conservan como objetos de arte.

Fray Pascual Nadal

(El Hermano de los Leprosos)

Fr. PascualetMe tiembla la mano al escribir, porque lo hago con una emoción nunca sentida. Tengo delante de los ojos una carta, escrita de propio puño de fray Pascualet, el santo, como acostumbrábamos ya a llamarle, estando entre nosotros. ¡Quién no recuerda sus extremadas penitencias públicas y privadas, que nos causaron espanto y saludable pavor!... ¡Quién no recuerda su modestia, pues jamás supo el mundo cómo son sus ojos, cuya mirada, honda, profunda, siempre encendida, pero tan santa y tan sin igual nos hacía cerrar los nuestros, que no podían soportar serenos aquella mirada penetrante, intuitiva, y a la vez purísima! En fin, estoy escribiendo de fray Pascualet, y me causa una veneración, respeto y temor tal, que parece le sienta a m¡lado, en la soledad de m¡celda, y que me dice, con su profunda humildad: no seas imprudente, no escribas de mí, que soy un pecador, rasga ese papel que me causa ira... Y no obstante, continuaré escribiendo, por más que le cause enojos y comentando esa carta que tengo ante la vista, y que me da ganas de besarla como una reliquia... Y su misma distancia me envalentona, pues estoy seguro que él, el pobre fray Pascualet, s¡no se lo cuentan los ángeles (que no son indiscretos como yo no lo va a saber; y es justo, y ha de ser: de gran consolación espiritual y de provecho para las almas, que los lectores conozcan por sus retratos la fisonomía de un lego franciscano, santo, al estilo de como leemos en las crónicas eran los santos de altar, y saber noticias de él, que escribe a otro hermano lego, muy intimó suyo, fray Ezequiel Casulla, de quien es la apreciada carta que comentamos.

2...¿Le recordáis? Es un hermano, fray Pascuales n¡alto n¡bajo, n¡lleno n¡enjuto. Bien. Siempre descalzo, eso sí, algunas veces gustaba andar aun sin sandalias. Su hábito viejo, muy viejo siempre, remendado... Lo más expresivo de él la cara, y en ella los ojos.

Enfermero en su larga y terrible enfermedad del llorado padre Francisco Forteza, murió en sus brazos... ¿Quedará desalquilado fray Pascualet? No. Y así le vemos, diríamos con extrañeza, aunque en él no nos extraña nada, pedir y obtener huir de este mundo para encerrarse en otro, marchar a la China, para curar leprosos... Y el Rmo. P. General, con sincera y ferviente paternal Bendición, allá lo envió, a donde hoy se encuentra, a la China, para cuidar de los leprosos, siguiendo en ello los ejemplos de N. P. San Francisco que así lo hizo, pues besaba y abrazaba a su paso a los leprosos, y los cuidaba en el lazareto público, como expresa mención hace de ello en su Testamento; asegura donos que en ello encontraba «tal dulzura del alma y del cuerpo.

Pues bien, allá se fue y con ese fin, fray Pascualet, y desde allá escribe, comenzando así su carta:

Desde un país desierto que no tiene caminos y carece de noticias: Paz y Bien.

¡No tiene caminos!... y las montañas son altas. Iba, dice él, una vez con el señor Obispo pasando montes altísimos pisando nieve, por sendas estrechas, pues como le digo, por esta parte no existen caminos, y a la presencia de tanta incomodidad, dijo el Sr. Obispo: a los que hacen este viaje el Papa había de conceder Indulgencia plenaria, nosotros somos Prelados silvestres y ya estamos acostumbrados».

Esto escribe de su viaje camino, sin camino, de su morada, junto a los leprosos, y a donde le acompañó el señor Obispo, pero sin llegar hasta su término. Un Obispo a quien él venera como a un santo y por eso añade: verdaderamente es un santo, en todas las partes tenemos ejemplos que copiar, no tenemos excusa, fray Ezequiel, s¡no somos santos.

Viaje hacia el interior de la China de Fray Pascual Nadal

Viaje hacia el interior de la China de Fray Pascual Nadal

Y aquella noche, tras el largo viaje a pie, y su despertar fueron buenos: El lo dirá: llegamos a un albergue, s¡se puede decir albergue, pues era una arruinada cabaña, supliendo los tabiques ramas de árbol, sirviendo de cama una estera, tanto al señor Obispo como a nosotros; por la mañana, para lavarnos la cara y espabilarnos los ojos tuvimos que ir al torrente que distaba unos 20 pasos, y después de desayunar con una taza de arroz hervido sin sal continuamos...

Y así llegó nuestro buen hermano hasta Otandse, lugar donde se edifica la leprosería. Y allí está encantado de la vida, lejos, muy lejos de todos: aquí me hallo ignorante de lo que pasa por el mundo, el correo tan solo viene una vez a la semana; así es que se carece de noticias, esto es como un extremo del mundo. Por lo mismo, aunque sienta que en China siempre están de movimiento y revolución no se preocupe; pues. por esa parte, no hay que temer, pues aquí no hay n¡Rey n¡roque. No obstante ese su optimismo, fray Pascualet, añade más abajo, noticias en las que, sin advertirlo n¡pretenderlo, se contradice. Pues así se expresa: días antes de pasar nosotros robaron a un Prefecto Apostólico y después que pasamos robaron la posta con los Santos Óleos, que portaban para unas Misiones. En esos mismos días mataron a un Obispo, a un Padre, a dos Religiosas, y a tres Diaconisas protestantes.

Bueno, queridos lectores, por aquellas partes se encuentra fray Pascualet, dichoso como unas Pascuas. Su labor cotidiana es ir de cueva en cueva, sin rutas n¡caminos, a la buena de Dios, como su divina inspiración le guía subiendo montes y bajando a los valles, pasando a saltos por las torrenteras, como lo da una de nuestras fotos, en la que aparece sentado sobre la peña, donde se deshacen espumosas las corrientes rápidas del torrente.

Y tanto andar no es más que para aliviar con su visita y con su cura y cuidados a los leprosos que se esconden en cuevas, o viven aislados en chozas de troncos y ramas de árboles, en número muy crecido y en la mayor miseria; muriendo de hambre antes que de la horrible y repugnante enfermedad. Para ellos tiene fray Pascualet su propia comida, y para vestirlos su propio vestido; para calentarlos en aquel pais de hielos y nieves... su propio calor.

—¡Pobre fray Pascualet! Se fue y puede que no vuelva más. Y no es que no sienta cariño por nuestra tierra, que él mismo escribe: Dos años que me separé de ésa, y se necesita tener corazón de piedra para no sentir la ausencia de la tierra natal, más aún, hallándose uno rodeado de elevados montes, la mayor parte del tiempo cubiertos de nieve y neblina. Hermano querido, verdaderamente esto es un desierto, ¡ay! ¡a donde están las vegas de Valencia!...

Pero él no piensa volver, por más que sienta la nostalgia que deja en el alma la visión de nuestra tierra.

Su Caridad ya me dirá cómo se pasa la vida por ese mundo; probablemente ya no nos veremos más en éste. Su último recuerdo es para nuestra Virgen de los Desamparados. Así encarga a fray Eeequiel: No deje de visitar a nuestra Madre, y decirle: A m¡Hermano que se halla en lejana región, no lo desampares, mírale con compasión. Yo haré lo mismo, no le olvidaré.

Eso pide fray Pascualet, el que se firma: Hermano de los Leprosos. Recibamos todos ese encargo como propio, y que nuestra Virgen de los Desamparados le ampare.

Fr. Juan Alventosa, ofm

Recomiendo leer un artículo sobre Fr. Pascual Nadal: El fraile que se enfrentó a Mao

La Perla de Toledo

Esta bellísima Perla de Toledo, cuyas sienes besaron las rizadas ondas del caudaloso Tajo; perfumaron su aliento las suaves brisas impregnadas del delicado aroma de millares de sencillas flores nacidas en los pintorescos cigarrales; dieron carmín a sus labios las amapolas nacidas en los trigales; nieve a sus mejillas la blanca flor del almendro, y oro a sus cabellos las doradas mieses estivales; esa graciosa perla que en nacarada concha meció su cuna la noble ciudad que lo fue también de Alfonso X y Don Pelayo; la que en el mundo fue noble dama y se llamó Excelentísima Señora Doña María Suárez de Toledo y hoy conocida con el nombre, que por su humildad tomó al entraren religión, de Sor María la Pobre, es la que presento a los lectores de «Acción Antoniana» para que en esas tierras de Levante, sea conocida figura tan interesante, tal vez para muchos desconocida.

I

Apareció la mañana llena de belleza, la naturaleza hacía alarde de sus galas,... mas no nos entretendremos en dibujar las languideces de una aurora fresca, perfumada, ligeramente humedecida por las gotas de rocío, n¡las travesuras de un vientecillo suave que, jugueteando entre las frondas, despierta a los pequeños y alados del bosque,que desperezándose en sus nidos, hacen derroche de sus alegres melodías.

Basta decir que la casa de Don Pedro Suárez de Toledo y de Doña Juana Guzmán de Toledo,Señores de Pinto,está ataviada de sus mejores galas. Ricos tapices, elegantes brocados, búcaros de Portugal, los criados con sus grandes libreas, magníficos arneses custodiando las puertas del Palacio. Todo es movimiento gozo y alegría.

Con la majestad y elegancia de una reina —al fin es de sangre real— y la humildad de una santa, aparece Mara en el Gabinete de sus padres para recibir su bendición, antes que e! cielo bendiga su unión con Garciméndez de Sotomayor.

—Vamos, hija querida —le dicen los autores de sus días— puedes no sólo estar contenta, sino satisfecha. El caballero que Dios depara para que te dé la mano de esposo, es noble, rico, de excelentes cualidades y te ama con entusiasmo; tú en ese estado puedes igualmente servir a Dios y nosotros esperamos el consuelo y la alegría de ver en t¡dilatada nuestra generación.

— ¡Oh! padres queridos —repuso la joven con profunda sumisión— en estos momentos de gozo y alegría para propios y extraños, un pesar profundo amarga m¡corazón. ¡Tener yo que llamar esposo a otro que no sea Jesús!...

¡Compartir mis cuidados y carño entre el Criador y la criatura!...

Yo que desde mis tiernos años había consagrado a Dios m¡virginidad. «¡Oh Dios mío, Dios mío! acepta m¡sacrificio; pues sólo la obediencia junto con el respeto que profeso a mis padres, me mueve a contrariar los deseos de m¡corazón; que se cumplan en mí tus amorosos designios.» Y besando con filial amor las manos de Don Pedro y Doña Juana, sale del gabinete para ir a depositar una lágrima al pié del Crucifijo.

II

Con asistencia de los magnates y próceres de España, se celebran en Toledo, pueblo natal de la joven desposada, los suntuosos esponsales. María sale de la casa paterna con dirección a Andalucía, donde está la de su esposo. El pueblo, en masa, va a despedir a la santa como todos la llaman; lloran amargamente su separación, lamentando que la madre de los pobres tenga que ausentarse de su pueblo querido.

María se hace cargo de su nuevo estado, estudia el carácter de Garciméndez adivinándole los pensamientos, le está sumamente rendida hasta en sus más mínimos deseos y exigencias; pero ¡ay! en nada le da gusto, todo le molesta y aquel hombre de carácter altivo, despegado y duro por naturaleza, hace sufrir un martirio a su santa compañera, y n¡la dulzura de sus palabras,n¡su paciencia y humildad pueden ablandar aquel corazón orgulloso y poco dispuesto a la piedad.

No obstante, María sufre, calla y ora. Modelo de fieles esposas, devora en secreto las amarguras de su corazón.

Siete años hace que María falta de Toledo, sus padres no pueden sufrir tan larga ausencia, obtienen permiso de Garciméndez para que su hija pase una temporadita en la casa paterna, y... ¡oh secretos juicios de Dios! a los pocos días de su vuelta a Toledo María queda en estado de viudez.

¡Ahora sí que puede dar rienda suelta a su espíritu; ya es toda de Jesús y de los pobres!...

María llora la pérdida del esposo que el cielo le había dado. Los santos no se acuerdan de las ofensas recibidas.

Se postra a los pies del crucifijo y le hace nuevamente entrega de todo su ser. Se despoja de sus ricas galas, se viste con el hábito de penitencia de la Tercera Orden Franciscana, se ciñe con una cuerda grosera, descalza sus pies y se pone al servicio de los pobres del Hospital de la Misericordia.

III

No hay amor sin sacrificio, obra grande sin el sello de la contradicción, y virtud sin persecución. ¿Cómo pues María no había de subir estos peldaños de la escala mística?

Ella es de casa real, sus parientes lo más noble de España, ¿podrán ver a esta heroína en la forma de hábito que se ha indicado, cargada de escobas, tomizas y otros utensilios semejantes que la caridad pública le da para proveer el hospital, sin creer hace gran injuria a su linaje?

Su madre, que tan tiernamente ama a su primogénita María, se convierte en su más encarnizado perseguidor.

—Tú estás loca, le dice; tus facultades mentales han sufrido gran trastorno, causado tal vez por la extrema debilidad de penitencias y ayunos; vamos, vente a casa, o de lo contrario, habrá que desposeerte de tus bienes y encerrarte como dementada, pues eres el baldón de la familia.

—¡Oh, madre mía! no os opongáis a los designios de Dios; dejad que yo me sacrifique en aras de la caridad, yo estoy loca, sí, pero de la locura de la Cruz.

Sí que es muy grande el placer que experimenta m¡alma auxiliando al moribundo, aplicando el bálsamo que cicatriza las llagas al herido y consolando a esos pobres desgraciados y desheredados de la fortuna.

—¡Hija ingrata, querrás quitarme la vida con tus desvaríos! ¿No atenderás a los ruego? de tu madre que con amoroso requerimiento te compele a dejar la miserable vivienda del hospital y te brinda con el esmero y regalo de su palacio?

Pero María responde: «dejadme, dejadme que me sacrifique en aras de la caridad; yo no entiendo al mundo n¡el mundo me entiende a mi; yo estoy loca con la locura de la Cruz».

Sor María Encarnación Heredero.

Clarisa de Santa Isabel de los Reyes de Toledo.

(Concluirá).

Hacia América

(Conclusión)

Sed apóstoles

Otra cosa vale la pena de comunicar,y termino ,pues me voy cansando ya de escribir, y los lectores no sé s¡habrán tenido paciencia para aguantarme. Me refiero al bien que pueden hacer aquí los religiosos a las almas, y por cierto que lo están haciendo ya desde la fundación de este Colegio. Como he dicho ya, hay por aquí muchos pueblecitos y casas de campo y apenas s¡hay ningún sacerdote. En este mismo pueblo, s¡no estuviéramos nosotros, no tendrían misa n¡siquiera los domingos; n¡quien les administrase los sacramentos de bautismo, matrimonio etc.; y aunque se está formando el pueblo, no se crea que es tan pequeño como todo eso, pues el domingo pasado con motivo de la fiesta de Ntra. Sra. de Luján administré yo solo más de 200 comuniones.

S¡la Divina Providencia no nos hubiera traído a estas tierras se cumpliría aquí aquello de la sagrada Escritura: Los pequeños pidieron pan y no había quien se lo diese. La mayoría de los niños que se educan en este nuestro Colegio nunca habían visto un sacerdote antes de conocernos a nosotros. Hay que pedir con insistencia al Señor que envíe sacerdotes y misioneros de buen espíritu a estas tierras donde hacen tanta falta como puedan hacer en la China, en el Congo o en el Indostán. Tal vez crean algunos que exagero, pero los números les hablarán elocuentemente y les convencerán. El sacerdote más próximo de aquí dista 45 Kilómetros; en otra dirección el más próximo dista 150 y en otra el más próximo dista 200. En esa extensión tan grande de terreno hay bastantes pueblos, y alguno de ellos tiene hasta 10.000 habitantes, pero sin sacerdotes. Se tienen que contentar con que a la larga vaya por allí un sacerdote y les diga una misa, bautice a los niños y case a los que quieran recibir el santo sacramento del matrimonio.

Las Misioneras Franciscanas de María, las Monjas Blancas como las llaman en España, persuadidas de la necesidad que hay aquí de dar a conocer la verdadera religión, fundaron también en este pueblo un colegio para niñas. Es incalculable el bien que están haciendo a las almas, orando y trabajando sin cesar para que los chicos y los grandes sean cristianos y vivan como a tales. Dios les pagará seguramente a esas buenas religiosas, todas ellas extranjeras, el sacrificio que hacen dejando su patria, familia y comodidades, y viniéndose a buscar almas para Jesucristo a estas tierras de pampas inmensas.

Termino esta reseña con un aplauso a la piadosa familia Oostendorp, fundadora de este pueblo y de los dos colegios franciscanos que hay en él. Ha sabido y sabe emplear sus riquezas para bien de la sociedad y para extender la religión de N. S. Jesucristo y de la iglesia católica. S¡no hubiera sido por la generosidad y caridad de dicha familia apenas s¡se conocería aquí cultura de ninguna clase, pues los dos únicos centros importantes que hay de enseñanza son los colegios, y en el orden espiritual vivirían la inmensa mayoría como paganos.

Que el Señor derrame, pues, abundantes bendiciones sobre dicha familia, multiplique sus bienes materiales y le conceda muchos años de vida para emplear sus riquezas en tan santa obra como es la propagación de la fe.

La Orden franciscana la tendrá siempre y encomendará al Señor como a una de sus más insignes bienhechoras.

Fr. Buenaventura Meseguer, ofm