Cultura religiosa. A la juventud Antoniana

Descripción del templo. El altar

Mis queridos Antonianos: Volvamos al templo, os decía en m¡conferencia anterior.

Y ¿qué es lo primero que vemos al entrar en el templo?

Lo primero que vemos al entrar en el templo católico es un altar grande o mejor dicho, un gran retablo con varias esculturas o pinturas, y al pie una larga mesa: esto es propiamente el altar, llamado mayor, en el que se venera la imagen del Santo Titular, y donde suelen estar también el Tabernáculo en el que se expone a la adoración de los fieles la Sagrada Forma en el santo viril.

A los lados del templo vemos también otros altares más pequeños, con retablos e imágenes de los Santos.

Y en este mes de Mayo veréis, en todas nuestras iglesias y oratorios públicos y aún privados, un altar profusamente adornado con flores, ramos, macetas, guirnaldas, luces y focos eléctricos, y en ese altar una imagen bella de la Santísima Virgen: es que el mes de Mayo, llamado con tanta propiedad mes de flores, está consagrado al culto de la Santísima Virgen, como Reina de la Naturaleza, del cielo y de la tierra, y como Madre Augusta de Dios y de los hombres. Por esto se da a la Virgen María un culto especial y solemne en este mes de las flores, en todas las iglesias del mundo católico.

No dejéis vosotros de tomar parte activa en este culto a nuestra Reina y Señora, pidiéndole fervorosamente que continúe derramando sus gracias y favores especiales sobre cada uno de nosotros y sobre nuestra Amada Patria. María Santísima ha sido siempre Patrona y Abogada Poderosa de nuestra católica España.

Y ¿qué es un altar?, me diréis.

El altar, propiamente dicho en el culto católico, es el ara o piedra consagrada sobre la cual el sacerdote celebra el santo sacrificio de la misa. Y por extensión se llama altar la mesa más larga que ancha, ya de madera, ya de mármol, ya de fábrica, donde se coloca el ara o piedra sagrada.

Y la palabra altar significa alta res, es decir, una cosa alta, elevada, que se levanta a la vista del pueblo, sobre el nivel de las naves del templo. O también como dice S. Isidoro, altar significa alta ara, una ara alta, que se levanta del suelo, sobre la cual se ofrece al Eterno Padre la Sagrada Víctima por los pecados de todos los hombres.

Y la palabra ara viene de ardore, ardor, calor, fuego, porque antiguamente las víctimas de los animales que se sacrificaban se quemaban sobre ella.

El altar, como nos enseña la Sagrada Liturgia, es la pieza principal del mobiliario eclesiástico. «Sin altar no hay templo, nos dice el Sr. Goma; el templo es la acotación de un área y de un espacio en la tierra para abrigar la santidad del altar, y para cobijar al rededor de él, a la asamblea que asiste al sacrificio. Un templo sin altar es un cuerpo sin alma; de aquí la vanidad inmensa del templo protestante, el frío que da al alma la visión de uno de estos llamados templos, que igualmente podrían llamarse salones o halls; no se siente en ellos el calor n¡la palpitación viva del altar, nuestros templos, como el cielo, están cálidos de igne altaris».

«Toda la arquitectura de nuestros templos, dice otro autor, extiende y cruza sus líneas y dispone sus armonías al rededor del altar; todo en la iglesia está ordenado con relación al altar, las ventanas que le iluminan, las capillas que le rodean, los arcos que le demuestran, las altas torres que le señalan, los ministros que le sirven, el incienso que le envuelve».

Ya veis, mis queridos Antonianos, qué conceptos tan bellos y profundos se han escrito acerca del altar del templo católico. Y realmente el altar es el corazón de nuestras iglesias y el punto céntrico hacia el cual se dirigen las miradas de todos los fieles. Continuaremos hablando del altar.

Fr. Juan Bautista Botet, ofm

Fr. Francisco Jordá Peydró

Con dolorosa observación he visto que las generaciones nuevas apenas conocen la excelsa figura del nombre que encabeza este artículo.

P. Francisco JordáPara su instrucción, pues, y para rendir un justo homenaje de gratitud al P. Jordá, escribo estas líneas.

No pretendo colocar al P. Jordá entre los astros de primera magnitud que de tarde en tarde brillan en el firmamento de la sabiduría, pero trasladando al papel la opinión de todos los que le conocimos he de afirmar que el P. Jordá fue un sabio extraordinario en su época y que realizó en sus veinte y cinco años de vida religiosa una labor tan grande, que después de Dios y de nuestros gloriosos Padres restauradores, a él debemos lodo lo que somos.

En el mes de noviembre de 1878 se restauró nuestra seráfica Provincia de Valencia y el Señor que velaba por su prosperidad sacó del Seminario Conciliar de Valencia, donde terminaba sus estudios de Latín y Humanidades al joven seminarista Francisco Jordá, que había de ser el hombre del espíritu franciscano de los restauradores y el alma de la juventud estudiosa, de cuyos conocimientos todos nos habíamos de informar. Apenas cumplidos los 16 años de su edad hizo su profesión simple en 22 de abril de 1881 en el Convento de Sanct¡Spiritus del Monte y cursados los años de la facultad de Filosofía, enviaron los Superiores al P. Jordá al Convento de Orihuela a cursar la sagrada Teología bajo la dirección y magisterio del insigne teólogo P. Manuel Malo. Terminados los estudios eclesiásticos con singular aprovechamiento y aplauso, corista aún y a los 20 años de edad, fue nombrado Lector de Filosofía, explicando esta facultad en el Convento de Cocentaina por espacio de tres años. Al ser ordenado de presbítero en 1888, fue nombrado Lector de Sagrada Teología, y explicando Filosofía y Teología por espacio de doce años logró formar las inteligencias de sus discípulos con tanta perfección, que pronto se vio la Provincia muy floreciente con los aprovechados discípulos del P. Jordá, a quien premiaron los Superiores Mayores con el glorioso título académico de Lector Jubilado en la Orden.

Sin embargo de toda esta gloriosa labor cultural, el P. Jordá se dedicó privadamente a llenar un inmenso vacío que notaba en los estudios eclesiásticos de su tiempo. No figuraban en sus programas los estudios de las ciencias exactas y físico-naturales que tantos progresos hacían, y talento privilegiado para estas ciencias el P. Jordá las estudió sin maestros, y a costa de muchos sacrificios personales suyos y con la ayuda de muchos seglares, admiradores del nuevo Rogerio Bacón, como antonomásticamente le llamaban, logró prepararse en Cocentaina un laboratorio de Química, un gabinete de Física y un museo de Historia Natural, en los que experimentalmente comprobaba las leyes teóricas que las ciencias le proponían. Más tarde, con afán siempre creciente de perfeccionarse, dedicaba las vacaciones estivales a completar sus estudios bajo la dirección del insigne Jesuita P. Vicent, quien se complacía en decir que más adelantaba el P. Jordá en quince días, que sus discípulos aventajados en dos cursos completos.

Tanto se extendió la fama del P. Jordá, que al morir el sabio Catedrático de Física del Seminario Conciliar, D. Antonio Lleó, el Cardenal Sancha, Arzobispo de Valencia, rogó a los Superiores de la Provincia permitieran que el P. Jordá sustituyera al señor Lleó en la Cátedra de Física del Seminario Conciliar; ruego que fue desatendido por los Superiores por necesitarlo la Provincia que acababa de encargarse del Colegio de la Concepción de Onteniente.

En el año 1894 los Superiores pusieron al frente de los estudios del Colegio recién aceptado al prestigioso P. Jordá. ¡Cuán intensamente tuvo que trabajar en este nuevo campo de acción, que él miraba con suma simpatía por aceptarlo como eficaz apostolado en la formación católica de los alumnos que el día de mañana habían de ser los directores de los pueblos!... Ante todo se dedicó a la capacitación del profesorado para las asignaturas del bachillerato, pues aunque los jóvenes profesores, sus discípulos poseían vasta cultura eclesiástica, desconocían estas asignaturas, ajenas entonces al plan de estudios de la Provincia. Preparado un excelente profesorado en Matemáticas, Física, Química, Historia Natural, Agricultura, etc. etc., se dedicó a aumentar y perfeccionar el laboratorio y gabinetes de Instituto, y más s¡cabe. Y así dispuestas las cosas empezó la tarea del Colegio constituido Profesor de profesores, el Profesor universal, que dirigiría a profesores y a alumnos. El Padre Jordá reglamentó el Colegio, organizó los estudios, introdujo una prudente disciplina y encauzó las energías para que juntamente con las ciencias florecieran los alumnos en el espíritu de piedad, para ser luego los católicos prácticos, eficaces auxiliares de la religión.

La fama del Colegio se extendió enseguida por toda la región, y desde entonces que ha sido siempre pequeño su local para el número de solicitudes: el Colegio de la Concepción de Onteniente figuró desde entonces y sigue figurando entre los mejores que tiene la región valenciana.

Lástima que el Señor se lo llevara tan pronto a la gloria, pues apenas había cumplido los 40 años de su edad, que era precisamente la edad de mayores rendimientos de su talento privilegiado. Pero tan intensa labor practicada por espacio de 25 años no podía menos que agotar su robusta naturaleza y una traidora enfermedad lo llevó al sepulcro el 27 de enero de 1905.

No es un artículo marco adecuado para encuadrar una figura tan excelsa, cuya acción debe ser considerada bajo múltiples aspectos; pero creemos que lo dicho será lo suficiente para que las nuevas generaciones veneren a nuestro hombre providencial y extraordinario, a quien debemos todo lo que somos; y con ello los religiosos de otras Provincias se darán cuenta de la justicia histórica que hacemos al P. Jordá, y no le despojarán de las glorias que le son debidas, pues fue el cerebro de la Provincia en los veinticinco años de su vida religiosa y lo es actualmente, pues cuanto es y hace esta seráfica Provincia, lo es y lo hace por su impulso que todavía perdura en los Religiosos de la Provincia de Valencia.

¡Honor, gloria y bendición a nuestro Padre y Maestro, el P. Jordá!...

Fr. Carlos García Badía, ofm

Onteniente y abril, 1931.

Afectos y súplicas a la Santísima Virgen

Cuando te miro, dulce Madre mía,
m¡pecho se enajena de placer;
mírame tú, purísima María,
y colmada la dicha yo tendré.

Como tú me amas, yo quisiera amarte,
henchida el alma de filial amor,
Madre benigna, siempre venerarte,
humillado a tus pies anhelo yo.

Eres tú m¡delicia, tú m¡encanto,
m¡esperanza, m¡bien y m¡salud;
cúbreme, Madre buena, con tu manto
y m¡seguro amparo serás tú.

Yo en m¡infancia cantaba tus loores,
en Mayo te ofrecía flores mil,
m¡acento se apagó, Madre de amores,
hoy sólo puedo encomendarme a ti.

No me desprecies, no, Madre querida,
m¡existencia y m¡ser te ofrezco yo,
y, en el postrer instante de m¡vida,
te ruego seas tú m¡salvación.

Gaspar Mira.

Despedida de la Stma. Virgen

Hacia t¡Madre
vuela m¡amor,
porque tu frente
brilla cual sol,
porque me atrae
tu Corazón.

¿De t¡alejarme?
No, Madre, no,
que eres refugio
del pecador,
y el blando nido
de m¡ilusión.

Siempre contigo,
María, estoy,
Se aleja el cuerpo,
pero no yo,
que está en el tuyo
m¡corazón.

Fr. Juan Bta. Gomis.

Consultorio epistolar

Agustina—Valencia.

Desearía saber, a ser posible, el origen y el por qué de obsequiar los fieles a las almas del purgatorio, y tan especialmente en su día con lamparillas de aceite

A la verdad que es sugestivo el tema que usted nos propone con ese su deseo de saber. De ello se puede decir mucho; pero la índole de esta sección nos obliga a limitarnos a unas meras indicaciones.

Origen. Esta práctica es antiquísima. Podemos afirmar que es anterior en muchos siglos al cristianismo. El culto de los muertos es algo que se confunde con los tiempos más remotos de la humanidad. La Prehistoria ya nos ofrece preciosos testimonios de ello. Las lámparas ya se encuentran en las célebres tumbas del Alto Egipto —unos 2000 años antes de Cristo, según la cronología más común— el pueblo judío también las usó, y lo propio hicieron los griegos y los romanos. Los primeros cristianos no hicieron más que continuar esta práctica, que se ha venido manteniendo hasta nuestros días. En este hecho, pues, son concordantes las civilizaciones más diversas, lo cual es un argumento moral de gran valor para corroborar la demostración de la inmortalidad del alma humana.

Razón. Cuando, empero, analizamos el por qué, o s¡nos lo permite, el espíritu que anima esta práctica, aparece al punto la marcada diferencia que hay entre ellos. En general, podemos decir, que las civilizaciones paganas se dejan llevar en este culto a los muertos, que en ocasiones llega hasta la idolatría, por un sentimiento de miedo. Creían que el alma del difunto sobrevivía y que rondaba alrededor de su sepulcro, o de su casa, y que podía perjudicar a los vivos, s¡no le trataban con los debidos respetos. De aquí todo aquel esmero en proporcionarles cuanto les haría agradable la vida de ultratumba: espléndidos sepulcros, valiosas joyas, abundantes manjares y luces para iluminarles en su tenebrosa noche del sepulcro. Así, contento el espíritu del difunto, no iría a molestar a sus allegados.

Para los cristianos, en cambio, y antes para los judíos estas ofrendas a los difuntos revestían y continúan revistiendo el carácter de sufragios, de intercesión, de sacrificios que se hacen a Dios para que perdone la parte de deuda que acaso no satisfizo en vida el difunto por sus culpas. El cristianismo al tomar de los paganos ciertas prácticas y usos que en manera alguna se oponen a su moral; a su dogma, las dio un nuevo significado, las sobrenaturalizó. La lámpara que ardía en un sepulcro egipcio, griego o romano era uní mera luz material que iluminaba al difuntos las oscuridades del sepulcro también materiales; nada más. Para el cristiano no es eso, pues pugna este materialismo con su doctrina, es mucho más: es, primero, una ofrenda que se hace a Dios por nuestros hermanos difuntos que les hace mucho bien, según nos lo da el creer el consolador dogma de la «Comunión de los Santos»; es también un símbolo de la luz eterna, que poco a poco va alejando las tenebrosidades de la culpa y absorbiendo en su reino a los espíritus que en vida fueron fieles a las leyes del Señor. La Iglesia siempre ha proclamado este aspecto espiritual de las prácticas externas y de las manifestaciones de cariño que sus fieles hacen a los difuntos.

Y todas estas manifestaciones se hacen de una manera particular en el día de difuntos porque es el día, que en el año litúrgico, se dedica a las almas que están en el purgatorio. El origen de esta conmemoración especial de los fieles difuntos es también antiquísimo. Tal como lo celebramos nosotros viene desde el siglo XII; pero en su origen se confunde con los orígenes del cristianismo.

La Ascensión del Señor en el Monte de los Olivos.

(Día 14 de Mayo). Cuando iba Jesús a partir, definitivamente, para su Padre, reunió en torno de Sí a los sayos, en el Monte de los Olivos, a fin de darles a conocer su última voluntad. Jesucristo les había confesado que era preciso que se fuera para que viniera el Santo Espíritu Paráclito y Consolador. Que s¡bien subía a la gloria era para prepararles sus sillas y moradas... El momento había llegado. El Maestro les dio la bendición con efusión de gracias y, envuelto en luces, en virtud de su propio poder, se desprendió del suelo subiendo a los cielos... Al marcharse, nos dejó en el Sacramento Eucarístico su carne y su sangre, su humanidad su divinidad... y en la tierra, en el último suelo que había pisado...sus huellas. Al bajar los ojos los apóstoles, las vieron, y desde entonces aquellas huellas del Señor, impresas en la dura piedra, fueron veneradas.

Los Franciscanos, todos los años, en la noche y día de la Ascensión ofician y celebran sobre las santas huellas.

Haram es Xerif ~ El recinto sagrado

Nuestro Kaüas o genízaro del Convento de San Salvador me trae el permiso escrito del Muft¡para que nuestra Escuela Bíblica pueda visitar los monumentos del Haram es Xerif.

Mientras saborea un cigarro a pesar de haber principiado el Ramadán (1) conversamos sobre Mahoma, de quien es entusiasta admirador, y me explica la importancia rigidez del gran ayuno musulmán.

Le agradezco su comisión, le ofrezco un pequeño «bajsix», y se despide con el clásico: «Sallam abtna» y por congraciarse, balbucea en castellano: «Alláh le bendiga: buenos días».

El Muft¡(algo así como un Obispo entre nosotros) que siendo nuestro vecino nos trata bien, concedía el permiso para que pudiéramos estudiar los Monumentos del Haram es Xerif desde las ocho hasta las once, hora de los ritos musulmanes en la Mezquita. He aquí una sucinta idea de nuestra visita, ilustrada por el Profesor de nuestro Instituto bíblico, P. Baldi.

El Haram es Xerif o recinto sagrado, explanada que mide 470 metros por 295 metros, encerró un día los magníficos templos de Salomón y de Herodes; hoy está consagrado al falso Profeta de la Meca, y es el segundo santuario de los musulmanes.

Los principales monumentos de Haram es Xerif, a los que hacen corona otros secundarios, son las Mezquitas de Ornar y la llamada el Aksa.

Mezquita de la Roca

La Mezquita de Omar

La Mezquita de Ornar, cuyo verdadero nombre es Kubbet es Sakhra (la casa de la roca) fue construida hacia fines del siglo 7.° y principios del 8.° por arquitectos bizantinos, en el mismo lugar donde el califa Ornar el año 635 oró e indicó como lugar de oración. Ocho escalinatas dan acceso a la Mezquita que se eleva sobre una plataforma. Los elegantes arcos, al fin de las escaleras, vienen conocidos con el nombre de «Balanzas», porque es creencia de los musulmanes que en ellos se suspenderán el día del juicio las balanzas destinadas a pesar las almas. El octágono que forma la Mezquita dentro de un círculo de 54 metros de diámetro; la cúpula, que sobre un tambor cilíndrico, se eleva a 34 metros y viene coronada por la media luna; los pórticos sostenidos por bellas columnas; los ricos mármoles que revisten la base hasta 5 metros de altura por la parte externa; los techos del interno de madera estucada y ricamente decorados; las vidrieras de sorprendente efecto, formadas por fragmentos recortados en los cristales unicolores e incrustados con artística armonía; la decoración, toda ella de mosaicos, en la que se distinguen, entre elegantes dibujos, versículos del Corán... hacen de la Mezquita de Ornar uno de los monumentos más celebrados en el mundo musulmán, a la vez que relicario de importantes recuerdos y archivo de arbitrarias leyendas. Citemos algunas:

El centro de la Mezquita está ocupado por la roca sagrada es-sakhra que se eleva 2 metros sobre el nivel del suelo, sirvió de pedestal al altar de los holocaustos en el templo salomónico: a través de la balaustrada, que la protege indica el guía una depresión, impronta, según él, de una mano del arcángel San Gabriel, el cual, al decir de los árabes, el día que Mahoma, montado sobre el magnífico jumento se subió al cielo desde la roca santa, ésta se subía tras él, pero tocada por el ángel, quedó suspendida en el espacio: su mano quedó impresa.

Al ángulo SO de la roca, una artística y monumental urna de plata conserva dos pelos de la barba de Mahoma y bajo la misma la huella de su pie. Por una escalera se baja a la Gruta santa, emporio de recuerdos legendarios para los fanáticos musulmanes a) la piedra que tiene forma de lengua y que saludó a Ornar con las palabras: «Aleik es-salam: a t¡salud»: b) el pozo de las almas, donde éstas se reúnen para adorar a Alá: c) los sitios que sirven de oración a Salomón, David, Abraham y Elías: d) la impronta de la cabeza y turbante de Mahoma en la roca, recuerdo de un éxtasis del mismo, etc.

Otros monumentos sirven de corona a la gran Mezquita, y se encuentran diseminados por la explanada.

La Mezquita el Aksa

aHermoso monumento del Haram es Xerif es el Aksa que se levanta en la parte meridional de la explanada, donde en otro tiempo, estuvieron el palacio de Salomón y la Casa de los cedros del Liba-no, y más tarde, en tiempo de Herodes el pórtico real de su magnífico Templo.

A la mezquita (llamada el Aksa = el Lejano, porque es santuario lejano de la Meca) precede un pórtico mandado construir probablemente por Issa el sobrino de Saladino en el año 1236. En el interior se parece en todo a una basílica cristiana. Consta de siete naves, entre las que sobresale por su magnificencia la central. La cúpula, que es de armadura, descansa en arcos ojivales. Su arquitectura es de inferior gusto en mucho a la de Omar.

Son notables en esta mezquita, donde los musulmanes cumplen sus ritos y oraciones, a) el mihrab (como todos erigido en la parte meridional en dirección de la Meca), rico en mármoles y mosaicos, es obra de Saladino: b) el menbar o púlpito, pieza notable de ebanistería, adornado con marfil y nácar: c) otros dos mihrab, el uno dedicado a Moisés y el segundo a Issa Jesús, en el que se ve (dicen los árabes) una de sus huellas: d) Por curiosidad recordamos aquí las columnas de la prueba: dos bellas columnas próximas la una a la otra entre las cuales difícilmente puede pasar un hombre: según los musulmanes únicamente podrán entrar en el Paraíso quienes pasen entre ellas... Aunque no estuvieran los hierros en medio, yo (seguro del fracaso) no hubiera repetido la prueba de un Islamita bastante obeso que por querer pasar se dejó allí la piel.

a

Salidos de la mezquita, porque ya estaba próxima la hora de la liturgia musulmana, dejadas las babuchas que para no profanar el lugar santo tuvimos que calzar, y dado nuestro bajsix, visitamos a la ligera otros monumentos de la explanada, el oratorio de los Templarios, las Caballerizas de Salomón, la Puerta Dorada, el Trono de Salomón, la Cuna de Cristo o Basílica de Santa María, el Pináculo, etc.—

Mientras nuestra Escuela Bíblica hacía sus estudios a la vista de estos monumentos, los musulmanes elevaban sus plegarias al grande Aláh y se purificaban de sus pecados en el gran recipiente de agua con infinidad de abluciones... en cambio yo recordaba los magníficos cultos tributados al verdadero Dios por Salomón en este mismo lugar, y más tarde, en el Templo de Herodes, maravilla del mundo, al decir de Josefo Flavio, donde se purificó María y ofreció el Niño, Jesús disputó con los Doctores a los doce años, enseñó al pueblo y castigó a los profanadores; donde San Pedro curó al tullido y predicó a las turbas; donde San Pablo fue encarcelado; donde... pero, basta, pues esta relación ya molestará por lo larga.

Sentado sobre el ángulo E-S del muro de la explanada, que lo es a la vez de la ciudad, lugar de la segunda tentación de Jesús y del suplicio de Santiago, contemplaba un panorama singular: al noroeste el monte Scopus, que sirvió de campo a Tito y a la mayoría de los conquistadores que lucharon contra Jerusalén; el Sanatorio alemán, convertido hasta hace poco en residencia del Comisario inglés: al suroeste, el monte del Escándalo donde Salomón erigió altares a las divinidades extranjeras, hoy coronado por un monasterio benedictino; el pueblo de Siloé, la (fuente de la Virgen que es el Aïn Rogel de la Escritura, los Jardines del Rey y el Bir Ayub o pozo de Job: el monte Olivete coronado con la Ascensión, el Pater Noster y el Credo; en su mitad, el Dominas Flevit y la Basílica rusa; en la falda, Getsemaní y el Sepulcro de la Virgen; en el fondo el torrente Cedrón que separa el Moria del monte de los Olivos: a los lados del torrente las tumbas de Absalón, Josafat, Santiago y Zacarías,... y millares de sepulcros, donde hebreos y musulmanes esperan el día de la resurrección. ¡Qué de sorpresas en este valle de Josafat el día del Juicio!

Fr. León Villuendas,ofm

Jerusalén y Enero -1931.

(1) Ramadán, mes que corresponde poco más o menos a nuestro Febrero, es el gran ayuno musulmán. Desde la salida hasta la puesta del sol, el buen musulmán n¡come, n¡bebe, n¡fuma, s¡no está dispensado por el Mufti: Un cañonazo anuncia el principio y fin del apuno.