La perfecta alegría

Nubes densas de color cobrizo y apiñadas en grande altura recubrían el cielo de Perusa en la región de Umbría de la Italia central. El sol no era bastante activo para atravesar con sus rayos los densos nubarrones, y había resuelto a quedar oculto y desperdigar sus resplandores por las regiones etéreas, dejando a los hombres privados de su luz y su calor para ser víctimas y juguetes del vendaval y de las frías ráfagas del inclemente invierno.

Dos frailecillos pobres y macilentos por los rigores de su penitencia habían salido aquella mañana de Perusa, camino de Asís, para llegar por la noche al Convento de Santa María de los Ángeles. Caminaban a pie, descalzos, con una alforja al cuello, cubierta su cabeza con la capucha para preservarla del frío, que era muy intenso.

Andaban silenciosos, y a medida que caminaban, aumentaba también el frío del ambiente, porque empezó la ventisca a desprender copos de nieve, que, arrastrados por el viento, rozaban y herían el rostro de los dos frailes, que poco a poco se iban cubriendo de nieve.

La perfecta alegría

La perfecta alegría.

Fray León, que era el que acompañaba al Padre San Francisco, tiritaba de frío y sentía yertos sus miembros y apenas podía andar, y de vez en cuando' se paraba y miraba a Francisco cómo pidiéndole amparo; mas no sé qué notaba en el Santo que se quedaba sorprendido y no se atrevía a hablar. Le veía enardecido, puestos sus ojos en el cielo y andando sobre la tierra como elevado y sin tocarla. Fray León se sobrecogía de temor y volvía a caminar en silencio. Al cabo de algún tiempo oye que Francisco le llamaba y se detiene con emoción. "Fray León —le dice enardecido San Francisco—, aunque los frailes Menores diesen en toda la tierra grande ejemplo de santidad y mucha edificación, escribe y advierte claramente que no está en eso la perfecta alegría."

Anduvieron largo rato y de trecho en trecho le iba repitiendo San Francisco: "Fray León, aunque el Fraile Menor dé vista a los ciegos y haga todo género de milagros; aunque sepan todas las lenguas, y todas las ciencias, y todas las escrituras; aunque supieran hablar la lengua de los ángeles, y conozcan el curso de las estrellas, y las propiedades de las plantas, y fueran los más sabios del mundo, escribe, Ovejita de Dios, escribe, que no está en eso la perfecta alegría."

Sorprendido Fray León, tuvo al fin que preguntarle: "Te ruego, Padre, en nombre de Dios, que me digas en qué está la perfecta alegría." "Suponte —respondió San Francisco— que al llegar ahora nosotros al Convento de Santa María de los Ángeles, empapados de la lluvia, helados de frío, cubiertos de lodo y desfalleciendo de hambre, al llamar a la puerta no quieren reconocernos, n¡nos quieren abrir, tratándonos de bribones y maleantes que vamos engañando al mundo y robando la limosna a los pobres.

S¡volvemos a insistir, figúrate que salen y nos arrojan por la nieve y nos dan de palos, y nos obligan a pasar la noche cubiertos de nieve, calados de lluvia y sufriendo el frío y el hambre y entre mil penalidades; s¡toda esta crueldad y estas injurias las sufrimos pacientemente, sin alterarnos, n¡murmurar, pensando realmente que somos dignos de esos malos tratos, ¡oh, hermano Fray León!, escribe que en esto está la perfecta alegría.

Y ahora oye la conclusión, Fray León, ovejita de Dios: Sobré todos los bienes, gracias y dones del Espíritu Santo, que Cristo concede a sus amigos, está el vencerse a sí propio y sufrir voluntariamente, por amor de Cristo, penas, injurias, oprobios y molestias; ya que de todos los otros dones de Dios no podemos gloriarnos, porque no son nuestros, sino de Dios; y por eso dice el Apóstol: "¿Qué tienes tú que no lo hayas recibido de Dios? Y s¡lo has recibido de él, ¿por qué te glorias, como s¡fuese tuyo?" Pero en la cruz de las tribulaciones y aflicciones podemos gloriarnos; porque es cosa nuestra; y así dice el Apóstol: "Yo no quiero gloriarme, sino en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo." Al cual sea siempre honra y gloria por los siglos de los siglos. Amén".

Sublime es sin duda la lección que nos da San Francisco, enseñándonos el manantial de la perfecta alegría, que no está en las honras y en los honores n¡en el mucho saber n¡en la mucha valía; la perfecta alegría está en saber soportar, siendo humildes, las penas y las aflicciones de la vida, y saberlas juntar a la cruz de Cristo, para poder exclamar como él, que lo había aprendido del Apóstol: "Estoy crucificado con Cristo: ya no soy yo quien vivo, sino es Cristo quien vive en mí. Y en Cristo está toda la gloria, toda la dicha, toda la felicidad y toda la alegría eterna."

Fr. Manuel Balaguer, ofm

Francisco y la Santa Cruz

Francisco ama la cruz;
el crucifijo
preside, silencioso,
en su cobijo,
y la ama tanto
que se pasa las noches
llorando el Santo.

Apenas como ve,
pues tanto llora
la Pasión del Señor,
angustiadora,
que los enojos
por la muerte de Dios
vierten sus ojos.

Aun era muy joven
y ya la amaba
y por los bosques umbros
él la cantaba,
cual trovador
que canta las proezas
de su señor.

La vos de «¡Crucifijo!»
de San Damián
es para su alma amante
tan dulce imán
que su mandato
(de un arduo restaurar)
le vuelve grato.

Y en la iglesia en que entréis
—dirá a sus hijos—
postrados de rodillas,
decid de fijo:
"Adorámoste, Cristo,
que por tu cruz el mundo
salvo se ha visto".

Fray León vio una vez
qué cruz de oro
precedía a Francisco.
Tan gran tesoro
al cielo guiaba
los pasos de Francisco,
que caminaba.

También soñó Silvestre
que áurea cruz
brotaba de su boca
como una luz.
Y dos espadas,
de la testa a los pies
las vio clavadas
Fray Pacifico en
forma crucificada.

Francisco ama la cruz;
el crucifijo
preside, silencioso,
en su cobijo,
y la ama tanto
que se pasa las noches
llorando el Santo.

Fr. Juan Alventosa, ofm

El rosario y el cordón

La redención de la Humanidad, con ser obra de valor infinito, pues es obra de Dios, ha encontrado a veces obstáculos en su aplicación, por la perversidad de los hombres; y vemos épocas en que el mundo está encenagado en la impiedad y en los vicios, provocando incesantemente la justa ira de Dios. Así ocurría, como en otras tantas ocasiones, durante el siglo XIII. Pero la virtud de dos grandes hombres y su poderosa oración pudo calmar al cielo, y obtuvo para los hombres la valiosa protección de la Virgen María Madre de Dios.

El prodigio ocurrió de esta manera: Dos hombres penitentes, santísimos, enardecidos en el amor de Dios, oraban postrados en tierra con un fervor ilimitado, con un ansia indefinida, eran: San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán.

En el cielo estaba Dios irritado, dispuesto a fulminar contra el mundo los rayos de su enojo y de su justicia infinita; pero los Santos apelaron a la protección de la Virgen, que al verse invocada con tanto fervor bajó de su trono y vino a colocarse entre el cielo y la tierra, entre Dios y los hombres, como
arco iris de paz, para calmar la tormenta.

Los Santos clamaban a ella y decían: "Bajo vuestro amparo, Señora, nos acogemos, salvad al mundo." Y la Virgen rogaba a Dios y decía: "Calmad, Señor, vuestras iras y perdonad a los hombres, que yo salgo fiadora de que estos dos Santos renovarán la sociedad humana, y atraerán a los hombres hacia Vos."

Dios se calmó por las súplicas de su Santísima Madre; y confió a esos dos Santos la restauración de la Cristiandad.

Francisco llenó el mundo del amor divino y renovó entre los hombres las virtudes de la caridad y de la pobreza de espíritu con el desprecio del mundo; y Domingo suscitó entre los hombres el espíritu de oración; y ofreció para salvarles la devoción de la Virgen y del Santo Rosario; mostrándonos a la Reina de los cielos como el Arca santa que contiene todos los misterios de la Redención.

Eso es el Rosario, el arca del cielo que contiene toda la vida del Redentor; y la Virgen, por medio de Santo Domingo, nos la ofrece a los hombres para hacer brotar de todos los ámbitos de la tierra las alabanzas de Dios y de la Santísima Virgen, mientras Francisco con su pobreza, con su humildad, con el desprecio del mundo, ha hecho enardecer los corazones de los hombres, prendiendo en ellos la llama de la caridad; y engarzándolos con su cordón seráfico, como perlas de inestimable precio, los ha llevado también a las plantas de la Inmaculada para reforzar el coro de las alabanzas divinas y aplacar las iras de Dios.

Desde entonces desciende benéfica la gracia de Dios a la tierra y experimentan más vivamente las almas las misericordias de su amor.

P. M.

Un mensaje edificante

En los Estados Unidos de América hay la costumbre de consagrar cada año un día a Dios para adorarle y agradecerle los beneficios recibidos.

El presidente Hoover ha dirigido en el año último un mensaje a todo el pueblo de la República federal que contiene un hermoso canto de fe y de piedad hacia Dios. Nos place trasladar aquí las últimas palabras que son el epílogo del referido mensaje: "Yo, Herberto Hoover, presidente de los Estados Unidos de América, por medio del presente mensaje designo el jueves, 26 de Noviembre de 1931, como día nacional de gratitud y reconocimiento. Nuestro pueblo cesará de trabajar en dicho día y, en la hora acostumbrada de adoración, ofrecerá piadosos actos de agradecimiento por las bendiciones que el Padre Misericordioso ha derramado sobre cada uno de ellos."

De Dios nadie se burla impunemente

Severos juicios de Dios

En un pueblo de la provincia de Jaén ha ocurrido un suceso que ha llenado de emoción al vecindario y en el que fue protagonista el joven de 14 años Francisco Martínez Gallego, quien puso fin a sus días ahorcándose en un árbol.

Este joven fue el mismo que, atada por el cuello una soga, arrastró hasta el pueblo la venerada cabeza de la Imagen del Sagrado Corazón de Jesús, cuando esta imagen fue destruida a barrenos el día
11 de Febrero último (1932).

A los dos meses justos de cometer aquella hazaña, que tanto horror causó en los piadosos habitantes del pueblo, el desdichado muchacho hacía consigo mismo lo que en efigie intentó hacer con Jesucristo Nuestro Señor: ¡se ahorcaba! Dios castiga sin piedra n¡palo.

¿Castigo de Dios?

En el pueblo de Fuenlapeña (Zamora) un conocido comunista, con ocasión de celebrarse la procesión del Cristo de Méjico, el día de la Ascensión, manifestó a varios vecinos que cuando regresase a la ermita la citada imagen le dispararía cinco tiros.

Terminado el novenario, dicho individuo apareció muerto en su domicilio el día antes de cometer el sacrilegio que se proponía. Hasta entre los elementos comunistas ha causado el suceso gran sensación.

Profanación de una Cruz y su castigo

La Prensa de Valladolid publica lo que sigue:

"El día 13 del corriente (Julio 1932) se verificó en Medina del Campo el entierro de la vecina de dicha villa Benita M. López. Es del dominio público que hace dos meses profanó una cruz de madera que mandó construir al efecto. Al día siguiente se sintió enferma, habiendo fallecido después de dos meses de implacables y horrorosos sufrimientos".

¡Dios vive todavía!

No ha mucho entró un joven obrero en un hospital de Madrid atendido por Hermanas. Adelantándose hacia una una de ellas y mostrándole la palma de la mano derecha le dijo: "¿Querrá usted ponerme alguna cosa en esta mano?"

Observó la Hermanita en la mano que se le presentaba una llaga, cuyo aspecto le causó mala impresión, por lo que en lugar de vendársela, después de aplicarle un remedio común juzgó más conveniente conducir al obrero hacia uno de los médicos del establecimiento benéfico. Apenas el doctor clavó la vista en la mano enferma, con aquella cruel naturalidad propia de no pocos de los que están acostumbrados al ejercicio de la medicina, dijo secamente: "Hay que amputarle inmediatamente esta mano; esto es gangrena".

El obrero, pálido como cadáver, trató de ver s¡conseguía del médico siquiera una débil esperanza de curación por otro medio que le permitiera salvar la mano. "Imposible, replico el hombre de la ciencia, la amputación se impone inmediatamente s¡no quiere perder el brazo."

Rompiendo en amargo llanto sacó el obrero la mano izquierda del bolsillo en el que desde su entrada la ocultaba; estaba rígida, seca. El médico conmovido hubo de decir: "¡Pobrecillo!... Y esta también ha de ser cortada s¡desea conservar la vida."

En el día en que las turbas enloquecidas redujeron a cenizas el grandioso Colegio de las Maravillas, aquel obrero había mutilado la imagen de San José cortándole las manos. El mismo lo confesaba.

En estos tiempos de desenfreno se cometen profanaciones sin cuento y se hace escarnio de los más santos preceptos del Señor. La mayoría de estos actos quedan impunes al parecer, pero que tiemblen los profanos. ¡Dios vive todavía! Y sabe hacer ostentación de su poder cuando le place.

Los difamadores del cielo

El tribunal civil de Bire, a petición de la Asociación de Sacerdotes de Vallence, ha condenado a un difamador del clero a 5.000 francos de multa y cuatro meses de cárcel. En uno de los considerandos se dice que el acusado, sin cultura, no es sino un instrumento a la disposición de esas asociaciones cuyo fin es criticar y atacar toda labor moral y espiritual, que es, sin embargo, la única susceptible de elevar el alma humana a realizar actos de altruismo.

¿Réplicas de la justicia divina?

Naufragó tiempo atrás el vapor Saint Philibert, pereciendo en el naufragio 500 excursionistas franceses. El conocido escritor católico Pierre L' Ermite invocaba para los náufragos la misericordia divina. Poco tiempo antes los socialistas masones de Nantes se burlaban de los católicos porque no pudieron hacer la procesión del Corpus por el mal tiempo.

—¿Qué hace vuestro Dios? —decían—. Nosotros no necesitamos de él. El domingo tendremos una excursión en el Saint Philibert y veréis como todo saldrá a pedir de boca, aunque todos los excursionistas tengan que perder la misa.

El resultado ya se sabe: cas¡todos perdieron, además de la misa, la vida. ¿Réplicas terribles de la justicia divina? Recordad La Martinica, Messina, El Titánic, Managua, Saint Philibert, etc. "Deus non irridetur: Nadie, nunca, se ha burlado de Dios impunemente".

Glosas de la vida

Negociando con el amor...

Un poco duras parecen las palabras que preceden. Aquel para quien el amor continúe siendo fuerte como la muerte y que lo vea agigantarse con el sacrificio, hasta el de la propia vida; aquél que todavía vea en el amor el afecto más puro del alma humana; aquel que al o ir la palabra amor sueña en algo que aquí entre los mortales no puede encontrar... claro, al o ir o leer: Negociando con el amor se escandalizará, o quedará a la expectativa para ver de qué negocio se trata.

Pero las cosas son como son. Al estampar estas palabras en el sufrido papel les doy toda la crudeza de su sentido. No quiero jugar con el equívoco.

La civilización moderna puede gloriarse de que ha llegado a negociar con el amor. Ahora que yo dudo si, al llegar el momento del negocio, la palabra amor será adecuada; tengo la presunción que no, pero, vamos, esa es la que se usa y no hay para qué mudarla. Por supuesto que no me refiero al contrabando, que con las pasiones ha hecho siempre el hombre, aunque esto sea también negocio y grande; pero n¡remotamente podemos decir que sea con el amor.

Se negocia con el amor cuando a éste se le pone precio, n¡más n¡menos. Y en este sentido lo entiendo aquí. La madre ama a su hijo, se aman los esposos, los hijos aman a sus padres, los amigos lo son porque se aman, etc... ¿Cuánto vale este amor?... ¿Verdad, lector, que el rubor viene a la cara con solo, ocurrirse esta pregunta, dándole un sesgo hacia el valor material?...

Pues bien; no ha mucho leía yo en un periódico que una Mrs. (Señora) intentaba llevar a los tribunales a una Miss (Señorita), porque le había robado el amor de su marido. En reparación pedía 100.000 dólares. Ignoro s¡llegó a los tribunales la querella, pues aquí es bastante común dar a los sucesos su publicidad en un principio y dejarlos después en el olvido, o porque no tienen desenlace sensacional, o porque otro suceso viene a quitarle interés. Sea como fuere, el solo hecho de anunciarlo y dedicarle algunas columnas de periódico durante unos días, sin la correspondiente condenación, y sí con intentos de impresionar al público, ya tiene su significado.

Algo cómico resultaría un caso semejante en un tribunal de la vieja España. Aquí, en el vanguardismo del progreso, no es cómico, precisamente porque le faltan los elementos para serlo. No es aquí suficientemente pintoresco un lance como ese, n¡choca con el ambiente colectivo. Un Lope de Vega haría de un suceso de esta índole una comedia estupenda, no cabe duda; aquí lo más que podrán sacar es una mala película de cine.

En todo caso, s¡bien se consideran los fondos de donde surgen tales genialidades, uno no puede menos que sentir la amargura del avaro, que ve cómo el oro se convierte entre sus manos en deleznable barro. ¡Ahí llegan los hombres en la conquista de sus derechos!... ¡El amor libre!

Cuando Jesús daba a los Apóstoles sus últimas confidencias, en la noche de su pasión, dio al amor su valor: la propia vida. "No hay amor más grande que el que da su vida por el amado." La Iglesia cuando ve ante las gradas de su altar a dos corazones que quieren unirse por el amor, también da a éste por valor la vida entera.

El corazón que ama y lo dice, no lo expresa con medida... Quienes tienen interés en limitar la inmensidad del amor, ¿será que quieren negociar con él?...

Fr. José Antonio Arnau, ofm

California

Francisco y el lobo

San Francisco y el lobo

Venid pronto, ¡oh, gran Francisco!
Venid, padre, que os esperan,
pues el lobo que amansaste
al mundo de nuevo aterra.

A nadie respeta hoy día,
y ataca con gran fiereza
a las criaturas de Dios
y asola pueblos y aldeas.

Hambre tiene; ¿quién lo duda?
Mas vengarse sólo anhela;
s¡hiere y mata es por odio;
su instinto a hacer mal le lleva.

La carne y pan no le sacian;
con sangre sólo se abreva;
cuanto más le dan más pide;
busca siempre nueva presa.

Está ciego el pobrecito,
y es tan grande su ceguera
que aun sus propios alimentos
destruye sin darse cuenta.

Y es que en ves de alimentarle,
como hacerlo prometieran,
le han maltratado los hombres
y han zaherido su pobreza.

Al acercarse él humilde
se le han cerrado las puertas,
y palos y puntapiés
le han hecho huir con presteza.

¡Pobrecito! Tan mal trato
agotado ha su paciencia
y ha olvidado él, a su vez,
su bella y santa promesa.

Ya no es el manso cordero
en que antes se convirtiera,
y ha vuelto a ser fiero lobo
que Dios envía a la tierra.

Con él a todos castiga;
por él la humana soberbia
se ve de nuevo humillada
y vengado el Señor queda.

Padre mío San Francisco,
corre, ven, rápido vuela,
y trae al mundo el amor,
que no sé s¡a tiempo llegas.

La caridad se ha extinguido,
el odio tan sólo reina,
y la hermandad que hoy pregonan
es más bien una quimera.

Tú solo sabes de amor,
tuya es tan santa receta,
s¡al mundo enfermo la aplicas
sanará de su dolencia;

que el amor es humildad,
despego de las riquezas,
estima del pobrecillo
y venero de paciencia.

No ha visto el hermano lobo
sino rencores y guerras
y en ves de enseñarle a amar
lo han educado cual fiera.

Tu vos de nuevo resuene,
Francisco, que amor enseñas,
y tantos lobos veremos
trocarse en mansas ovejas.

Fr. Luis Ángel, ofm