La gran promesa

El día 14 del pasado Mayo conmemoramos en España un recuerdo dulcísimo: el de la promesa que el Sagrado Corazón hizo a su siervo el Venerable Padre Bernardo Francisco de Hoyos.

a
Beato Bernardo Francisco de Hoyos
[De Wikypedia]

Manifestando el Corazón divino singularísima preferencia por nuestra patria, mostró los tesoros de su amor al fervoroso Jesuíta, indicándole a la vez su deseo de que fuera él mismo apóstol de su devoción en España.

El día 2 de Mayo de 1733 recibió el Padre Bernardo la primera idea de la devoción al Corazón de Jesús y el 14 del mismo mes y año se repitió la visión del Corazón Sagrado con las siguientes circunstancias, que él mismo nos refiere:

"Después de comulgar, escribe Bernardo, tuve la misma visión referida del Corazón, con la circunstancia de verle rodeado con la corona de espinas y una cruz en la extremidad de arriba, ni más ni menos que le pinta el Padre Callifet. También vi la herida, por la cual parece se asomaban los espíritus más puros de aquella sangre que redimió el mundo. Convidaba el divino amor de Jesús a mi corazón se metiese en el suyo por aquella herida: que aquel sería mi palacio, mi castillo y muro en todo lance. Y como el mío aceptase, le dijo el Señor: "¿No ves que estás rodeado de espinas,, y te punzarán?"

Que todo fué irritar el amor, que introduciéndose en lo más íntimo, experimentó eran rosas las espinas. Deparé que, además de la herida grande, había otras tres menores en el Corazón de Jesús; y preguntándome si sabía quién se las había hecho, me trajo a la memoria aquel favor con que nuestro amor le hirió con tres saetas. Becogida toda el alma en este camarín celestial, decía: "Este será mi reposo para siempre: aquí habitaré donde he deseado y elegido."

Se me dió a entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mí sólo, sino para que por mí las gustasen otros. Pedí a toda la Santísima Trinidad la consecución de nuestros deseos; y pidiendo esta fiesta en especialidad para España, en que ni aun memoria parece hay de ella, me dijo Jesús: "Reinaré en España, y con más veneración que en otra parte".

Confiemos en Dios que ha de realizarse pronto esta promesa. Y hagamos fuerza al Corazón de Jesús, con nuestros sacrificios y oraciones para alcanzar esta especial gracia.

Cultura religiosa

Razones de nuestra fe

Mis queridos Antonianos: Venimos hablando en nuestras familiares conferencias del presente año, acerca de la fe y de las principales cualidades que deben acompañar siempre a esta verdad sobrenatural.

Y a fin de que comprendáis mejor la aplicación de estas cualidades, voy a proponeros algunos casos prácticos sobre esta misma materia, y a exponeros brevemente las razones fundamentales en que se apoyan las verdades de nuestra fe, refutando a la vez algunos de los errores de los que niegan los misterios de nuestra Santa Religión.

Y como por desgracia son muchos hoy los que niegan la existencia de Dios, o dicen que la niegan, empecemos por la exposición sencilla de las pruebas de esta verdad fundamental. Mas en esta conferencia, voy a referiros lo que ocurrió hace poco en un pueblecillo, no ¡muy lejos de aquí.

Hablaba públicamente una mujer a un auditorio bastante numeroso, y se atrevió la oradora a negar la existencia de Dios, con el siguiente razonamiento. "Señores: Dios no existe. Y para demostraros esto, voy a referiros lo que me ha ocurrido a mí misma. Tenía yo en brazos a un hijo pequeño, gravemente enfermo. Pedí a Dios que lo curara y le restituyera la salud; mas el niño empeoró y perdió la vida. De lo cual yo deduzco que Dios no existe." (Aplausos de algunos del auditorio).

¡Qué elocuencia de mujer! ¿No es verdad? ¡Qué razonamiento tan lógico y profundo! ¿Verdad que habéis quedado convencidos de que Dios no existe?

Y la oradora, animada sin duda por los pocos aplausos, y como si hubiese obtenido un gran triunfo, se atrevió a retar al auditorio, diciendo que si alguno quería presentar dificultades podía levantarse. Se levantó por fortuna un caballero, que despertó gran expectación en todo el auditorio, y dirigió a la oradora las siguientes preguntas: "Diga usted, señora: ¿¡Existe o no existe Dios? Si no existe, ¿por qué se dirigió uisted a Él pidiéndole la salud para su hijo? Y si existe, ¿cuán grande es el poder de usted que en un momento le quita la existencia? (Aplausos en la mayoría: confusión de la oradora).

—Yo deduzco que Dios no existe —replicó la oradora— de que no curó a mi hijo: pues si hubiese existido lo hubiese curado.

—Pues muy mal deducido —añadió el caballero—, y no se ve la ilación ni la con secuencia por ninguna parte. Porque puede muy bien existir Dios, como realmente existe desde toda la eternidad, y sin embargo haber permitido que su hijo muriera, como mueren todos los días millares de personas a pesar de que se pide a Dios la salud para los enfermos. Además, en el proceder de usted, se incluyen grandes verdades y a la vez contradicciones, como ocurre casi siempre en los errores de los incrédulos. Porque al acudir usted a Dios, pidiéndole la salud para su hijo enfermo, confesaba implícitamente que Dios existe, desde luego, y que además tiene poder para curar a los enfermos, con sólo pedírselo, lo cual no puede hacer ningún hombre, ni los médicos más afamados y sabios de la tierra. Por lo tanto, usted, con su proceder, admitía la Omnipotencia divina y a continuación, negaba a Dios la existencia, porque no curó a su hijo. No hay ilación alguna entre una cosa y otra. Y es Dios Omnipotente, y sabio y justo y misericordioso, y sin embargo continúan muriéndose los hombres y continuarán hasta el fin del mundo, porque la muerte es herencia forzosa de todos los nacidos, como consecuencia del primer pecado. Mas a pesar de esto, puede Dios cuando le place dar la salud a los enfermos y aun resucitar a los muertos, como lo hizo millares de veces, según nos refiere el Evangelio, y continúa haciéndolo hoy por medio de innumerables prodigios y milagros, que no pueden negar ni aun los mayores incrédulos y ateos. Por lo tanto, procure estudiar usted un poco de Lógica, si quiere dar ilación a sus razonamientos, y mejor será que estudie un poco de Catecismo, y así no soltará tantos disparates en tan pocas palabras, ni incurrirá en tan palpables contradicciones.

Quedó la oradora muy confusa sin saber qué contestar a estas razones, y todo el auditorio quedó muy agradecido al caballero, por haber refutado aquellos errores.

Así hablan hoy gran parte de oradores incrédulos, llenando susi discursos de errores contra la Religión, embaucando a no poca gente ignorante y predispuesta, por tanto, a creer cuantas patrañas se le dicen, especialmente si son contra nuestra fe, y contra la existencia de Dios.

Y es necesario, mis queridos Antonianos, que estéis preparados siempre para refutar tales errores, lo cual no os será muy difícil, conociendo bien el Catecismo y un poco de Apologética católica.

Continuaremos haciendo ver grandes errores de algunos flamantes oradores al día.

Fr. Juan B. Botet, ofm

¡Adiós, Madre mía!

La congoja me rebosa
por el alma dolorida
ante tu cuerpo yacente
anonadado de pena.

Te contemplo, madre mía,
en la eternidad dormida,
y de infinita amargura
mi alma filial se llena.

¿Cómo se ha muerto mi madre,
tan cariñosa y tan buena,
tan cristiana y tan sufrida,
tan amantísima y tierna?...

Y toco su frente fría
y su helada cabellera,
y sus ojos tan cerrados
me causan honda tristeza.

Mi madrecita está muerta
, ya perdimos la terneza
maternal con que, gozosa,
nos mimaba placentera.

¡Madre mía de mi alma madre
santa y madre buena!
Cristiana dama excelente
de virtudes nazarenas.

Yo quiero morir contigo
y no sentir esta pena
que me parte el corazón
y la vida me envenena.

Yo quiero morir contigo,
pues la existencia me aterra
sin los consuelos y alientos
de madre tan noble y tierna.

Bien sé que estás en la Gloria,
pues si así no sucediera,
hasta mi fe, que es la tuya,
lanzaría su anatema.

Pero no, madre del alma,
creo en la Justicia Eterna,
Dios te hizo para el Cielo
y en él estás, a su diestra.

¡Adiós para siempre, madre!
¡Insuperable y excelsa!
Bendícenos desde arriba
y vela por la existencia
de tus hijos que te lloran
con infinita tristeza.

José Guerrero


Episodios del negrito Marabá (15)

La barca del traficante

Para el mercado de aquellos pueblos que se alzaban a las orillas de los grandes ríos de la Costa de los Esclavos, solían acudir, sobre todo antes de fiestas, grandes barcazas, provistas de la diversidad de géneros que podían ser objeto de comercio; y la llegada de esas barcas reunían a multitud de curiosos, que se aglomeraban en los embarcaderos para averiguar las novedades que siempre solían traer los traficantes. Esas barcas eran empujadas por multitud de remeros esclavos que estaban atados al banco con fuertes cadenas; y a la llegada se les soltaba para obligarles a cargar con los fardos que transportaban a alguna de las factorías.

Uno de tantos viajes que Djerua hacía al mercado con la hija de Güezo coincidió con la llegada de una de estas bancas, y ese día habían llevado a Marabá con ellas. Natural era que para satisfacer la curiosidad del niño, siguieran la ola de curiosos hasta las orillas del río.

Marabá, después de haber quedado unos momentos absorto contemplando la barca y el acompasado movimiento de los remos, miró con aire de compasión a aquellos miserables esclavos, que, cubiertos de sudor y casi agotados de fuerza, empujaban penosamente el remo, incitados por el látigo del negrero. De súbito se estremeció, y tirando del brazo a su madre le hizo inclinar la cabeza para decirle una cosa al oído.

Desagradable sorpresa

Djerua miró a la barca y tembló, pero sus ojos chispeaban, como agitados por un odio intenso, que al punto sosegó al mirar a María, para decirle: "Alejémonos de aquí"; y la arrastró del brazo hasta ponerse a regular distancia del embarcadero, para poder ver y no ser vista con facilidad.

¿Qué cosa le dijo el rapaz de Marabá a su pacífica madre? Le señaló a uno de los esclavos diciéndole: "Ese es el Lama de Osa de nuestra laguna." Efectivamente, aquel terrible Lama que al salir Djerua y Marabá fugitivos por la laguna con la piragua del fetiche, los descubrió y armó aquel arrebato de fetichistas, esclavos y amazonas, estaba allí atado como esclavo al banco de los remeros y manejando el remo con miradas torvas y llenas de furor. La vista de aquel bandido removió las entrañas de Djerua encendiendo el odio en su alma; pero al mirar a María recordó aquellas palabras que todos los días le hacía repetir en la oración del Padre Nuestro: "Perdónanos nuestras deudas; así como nosotros perdonamos a nuestros deudores".

El esclavo cojo

Ese recuerdo apagó el fuego de su pasión, como el agua apaga un incendio, como el rayo de luz esclarece y disipa las tinieblas. Puestas a tal distancia que aquel miserable no pudiera fijarse en ellos siguieron observando los movimientos y el trajín de la barca y las operaciones de descarga. Entonces vieron desfilar a aquellos infelices esclavos arrastrando sus cadenas y cargados de mercancías y a los rezagados, los iba atizando el negrero con sus azotes. De éstos era aquel infeliz Lama, que por efecto de una gran herida, que aun mostraba en la pierna, iba cojeando, sin poder seguir a los demás, por lo que recibía mayores azotes que nadie. Entonces le contó Djerua a María el motivo de aquella fuerte impresión que le obligó a retirarse bruscamente, y el odio que le había inspirado la vista de aquel malvado; pero que el recuerdo de su Dios y de las oraciones que le enseñaba había apaciguado su alma, hasta sentir compasión por aquel desgraciado.

No podía explicarse la princesa de los nagos cómo aquel hombre tan temido de su pueblo, tan respetado por su dignidad de fetichista mayor de Osa, dios de la laguna, había venido a caer en la esclavitud; aquel hombre funesto que iba a ser su verdugo, que estuvo a punto de consumar el horrendo sacrificio de ella y de Marabá, su hijo, al fetiche Osa, aquel miserable que de poco estropea su fuga por la laguna, y que aun no comprende quien estorbó la persecución comenzada.

Noticias fatales del pueblo de Goudún

Mas como fácilmente se trasmiten los pueblos vecinos sus historias y sus luchas, así corrieron, como las piraguas corren por los ríos las noticias de la destrucción del pueblo nago de Goudún.

Terminadas las operaciones de descarga, ya por todos los corrillos de la gente se contaba la historia de aquel pobre esclavo cojo, que era el blanco de todos los azotes. La curiosidad de Djerua se avivó por esclarecer esa ansiedad que le preocupaba, y el encuentro de unas personas amigas de María dió confianza a Djerua para preguntar la historia de aquel hombre y de su pueblo. María que recelaba las fuertes impresiones que ello pudiera causar a la princesa, pretextando mucho cansancio, obligó a sus amigos a ir a su cabaña, para descansar y tomar alguna cosa, con lo que obligó a Djerua a beber agua y tomar reposo.

María hizo sentar a Marabá junto a ella, estrechándolo con sus brazos, con ánimo de hacerle callar, si imprudentemente le hiciera revelar alguna cosa aquella historia; y para ello ya le advirtió antes que los niños deben escuchar las historias sin decir una palabra. No hubo necesidad de más, que como era listo y perspicaz, bien pronto se caló la píldora, y aguzó los oídos para escuchar.

Allí supieron todo lo que había ocurrido, y se escuchó con gran disimulo los elogios que se hacían de la virtud, de la hermosura y del grande valor de la princesa, y de las gracias que adornaban al niño, lamentando el temor de que hubieran perecido víctimas de los caimanes en la laguna, o de las fieras en el bosque, pues en absoluto se ignoraba su paradero. Marabá escuchaba todo esto más serio que un palitroque, solo de vez en cuando echaba una mirada furtiva a su madre, como para decirle: "¿Qué te parece?"... Pero la veía tan conmovida que le precisaba volver a su seriedad.

Los detalles de la esclavitud del Lama y demás convecinos suyos es lo que más conmovió a Djerua, a pesar de las amarguras que todos ellos le hicieron sufrir. Ella supo que el Lama herido, al ser conducido el convoy al mercado de Wydah, no pudiendo seguir la cuerda de encadenados, le soltaron, dándole una tanda de latigazos que lo dejaron medio muerto; lo propio hicieron con otros, que reservaron para formar otro convoy de heridos, que a duras penas pudieron llegar al mercado.

Allí fué comprado a muy bajo precio por un traficante de la ciudad de Dahomey, que después de tenerlo unos días en reposo, fué atado al banco de los remeros, y era ese el primer viaje de esclavitud que efectuaba; y como era allí conocido, bien pronto se divulgó la noticia de cuanto a él se refería.

Sabidas todas estas cosas sintió Djerua que una honda pena oprimía su corazón y María, que la estaba observando, pretextó tener prisa, para encaminarse cuanto antes a su morada que estaba algo distante de la población.

Doctrina salvadora

Por el camino aprovechó María la oportunidad de conversar sobre la caridad cristiana que enseña a tratar a todos como hermanos, condenando la esclavitud, que era la más odiosa plaga de aquellos pueblos de la negricia. Ella les explicaba las palabra del divino Maestro, que decía: "Amaos los unos a los otros, amad a vuestros enemigos, rogad por los que os persiguen y calumnian" y otras saludables enseñanzas que diferían tanto de aquellas costumbres bárbaras y salvajes de aquellos desgraciados pueblos; con lo cual iba suavizando los instintos, aun paganos, de Djerua, y haciéndole concebir esperanzas de regeneración con aquella doctrina tan llena de amor que había comenzado a aprender en aquella familia cristiana.

Así llegaron a casa experimentando Djerua una nueva transformación en su alma.

20Como de costumbre Marabá se encargó de dar cuenta de los acontecimientos de aquel día, sin pasar por alto aquellos elogios que había escuchado de su buena mamita y de las gracias del niño, que era él mismo.

Fr. Manuel Balaguer, ofm
(Continuará)

Primera Comunión

En la Iglesia dedicada a la Sagrada Familia, que los Padres Franciscanos de la villa de Pego tienen abierta para el divino culto, el día 30 del pasado mes de Marzo, el niño Fernando Alcina Cardona, acólito de la mencionada Iglesia y alumno de la escuela que regentan los Padres, recibió por vez primera con la debida preparación el Pan de los Ángeles, acompañándole en tan grandioso acto sus padres don Fernando Alcina y doña Rosario Cardona.

Como obsequio al niño y a su madre, que es uno de los elementos valiosos que forman el coro de cantoras en dicha Iglesia, propuso dicha entidad cantar una solemne misa, y al efecto se interpretó la del maestro don Lorenzo Perosi, Te Deum Laudamus.

El alma amante a Jesús sacramentado

Cual triste tórtola
de amor herida
a tu costado
vengo, ¡oh mi Dios!,
que es pura fuente
de donde mana
bálsamo suave,
dulce licor.

Licor divino,
sacra ambrosía
que tu amor tierno
nos preparó.
Mi sed ardiente
deja que apague
con ese néctar
embriagador.

En vuestras llamas
arder hoy quiero,
en vuestra hoguera
a entrarme voy,

donde, ¡amor mío!,
logre mis ansias:
¡ay!, consumida,
morir de amor.

Vengo a la cárcel
donde te encierras,
vengo al Sagrario,
que es tu prisión,
porque en tus lazos
presa yo quede,
y muera en ellos
muerte de amor.

Abre tu aljaba,
Jesús amante,
abre tu aljaba
sin dilación,
y con tus flechas
mi pecho herido,
muera en tus brazos,
muera de amor.

Fr. Luis Ángel Roig, ofm

P. Gabriel Palanca Martínez, ofm. In memoriam.

P. Gabriel PalancaEn la madrugada del día 14 del pasado Mayo falleció confortado con los Santos Sacramentos el P. Gabriel Palanca. Murió en Madrid en el convento franciscano de San Fermín de los Navarros, a cuya comunidad pertenecía desde el año 1912.

Era natural de Moncada (Valencia), en donde nació en 1874, ingresando en nuestra Orden Franciscana a los 15 años en esta Seráfica Provincia de Valencia, a la que pertenecía. Fué siempre religioso de mucha virtud y de trato muy amable, por lo que se hacía de querer de todos, que encontraban en el Padre Palanca un verdadero hermano, siempre dispuesto a servir a los demás.

Ordenado de sacerdote, ejerció su ministerio con gran celo y fruto espiritual en las dióicesis de Zaragoza, Teruel, Valencia y Tortosa, pues siendo morador de nuestros conventos de estas regiones, estuvo dedicado a la predicación y al ejercicio de las Misiones por todos esos pueblos.

Trasladado a Madrid, continuó su ministerio hasta el presente, empleándose en la predicación y en la dirección de las Ordenes Terceras, sobre todo de la Juventud Antoniana que él fomentó y dirigió hasta el presente, manteniéndola con mucha vitalidad, con su celo y con su Revista Antoniana que él dirigía.
Su gran caridad se desplegó en estos últimos tiempos en el socorro a miles de pobres vergonzantes o de profesión, consiguiéndolo por medio del Pan de San Antonio que sostenía en sus instituciones.

Descanse en paz.

P. Antonio Pérez Calbo, ofm

El día 26 de Abril del presente año de 1933, falleció santamente en el Colegio de la Concepción de Onteniente, a los 63 años de edad y 46 de religión, el Reverendo Padre Antonio Pérez Calro, después de larga y penosa enfermedad, que le había reducido a la absoluta impotencia de sus fuerzas y facultades.

Nació en la aldea de Gayanes (Alicante) el 5 de Enero de 1870 y nació dotado de un alma buena y dispuesta para el camino de la virtud. Vistió el santo hábito en 9 de Noviembre de 1887 y sie ordenó de sacerdote el 26 de Agosto de 1894.

Bien pronto puso la Orden sus ojos en las excelentes cualidades de gobierno de que estaba dotado y le confió el cargo de guardián, que ejerció, con agrado y aceptación de todos, en diversas casas de la Provincia, distinguiéndose su genio emprendedor en el mejoramiento y reforma de las casas y en el esplendor del culto divino, que hacía resaltar con pompa y magnificencia en todas partes.

Una de sus obras predilectas fué la creación de la Escolanía de Nuestra Señora del Castillo de Agres, que tanta gloria dió y tanto contribuyó a mantener el culto de aquella milagrosa Imagen. Fué además distinguido con los cargos de Definidor provincial y de custodio de esta Seráfica Provincia de Valencia, a los que se hizo acreedor por su virtud, por su observancia y por la estima que supo ganarse en sus súbditos, debido a su espíritu de sacrificio y a su inalterable amabilidad, sin que jamás se diera el caso de tener a nadie por ofendido. Por eso en su penosa y lamentable enfermedad ha recibido las caricias y el solícito cuidado de todos, especialmente de aquellos que les cupo en suerte venerarlo como a superior.

Su amabilidad fué proverbial hasta la muerte, y en los brazos de Dios habrá recibido la recompensa eterna y el fruto de las bendiciones de todos aquellos que le amaron en vida. Dios le tenga en su gloria y dirijamos por él nuestras plegarias a Dios.

Los lirios de San Antonio

Difícil será poder contemplar una imagen de San Antonio sin que nuestros ojos tropiecen con esa ílor linda y hermosa, el lirio, que en sus manos parece el reílejo de ese otro lirio que le acaricia y le besa y que brota de sus brazos como de tierra fecunda y llena de bendición, Jesús lirio celestial.

Es por lo visto el gracioso lirio la' flor predilecta de Dios, por cuanto quiere figurarnos en él lo más atractivo y predilecto de la gracia, la inmaculada pureza de María y el candor de los Santos.

Esta hermosa flor crece en meflio de los valles, atrayendo a las solícitas abejas por su exquisito olor. Es la flor de Dios y la predilecta de los Santos. A su laido las rosas modernas, embellecidas por la industria de los hombres, las orquídeas, las camelias, los gladíolos y otras flores presumidas, no son sino flores advenedizas para adorno del Santuario.

El lirio es la flor de la santidad que desde las más remotas antigüedades ha sido el encanto del hombre. Durante el invierno, su bulbo ha dormido profundamente debajo la tierra, al abrigo de las heladas. Al apuntar la primavera, los tibios rayos de la aurora han venido a despertarle, y con sus débiles hojas verdes ha rajado el suelo y ha dado paso a su tallo, que, creciendo progresivamente, se ha ido vistiendo de otras hojas verdes escalonadas que le adornan con primorosa elegancia. Bien pronto, en el extremo superior del tallo, apuntan una serie de botoncillos alargados de un esmalte verdiblanco que presagian a las flores, que pueden con gozo contarse de antemano y decir: este año llevará cinco, seis, siete, ocho flores... ¡Qué lindo ramo!

Todas blancas, satinadas, abiertas unas tras otras, para formar gloriosa corona, a su esbelto tallo. ¡Dichoso el lirio que antes de marchitarse, ha sido cortado para depositarlo en el Santuario, para
adornar el altar de la Virgen, para col-'garse en las manos de San Antonio y competir sus candores y sus aromas con los aromas y los candores de la virtud; para simbolizar la pureza de las almas, como simboliza en la Anunciación la Pureza inmaculada de María y en las manos de San Antonio la gracia y el puro candor de su vida.

El Cantar de los Cantares compara a la Madre del Mesías al lirio de los valles que crece entre las espinas; y a Jesucristo lo compara al Amado que se apacieinta entre lirios. El buen Jesús, en sus hermosas parábolas escoge entre todas las flores y prefiere al lirio, para mostrar su providencia y dice: "Considerad los lirios del campo, ellos no trabajan, ni hilan; y yo os digo que ni Salomón con toda su gloria fué jamas vestido con la gracia y esplendor de alguno de ellos."

Es porque el Padre Celestial los viste. Se excluye a los lirios de los ricos jardines, bajo el pretexto de que es una flor común!... ¡Oh graciosa flor común! Ven a nuestros humildes jardines donde brotan las humildes plantas. Se te reservará un lugar privilegiado, en el sitio donde es la tierra mejor y sin riesgo a que los vientos te tronchen. Ven, reparte tus dulces perfumes entre nosotros, donde crecen las más humildes y sencillas flores' que son tan amadas de las almas buenas; y de aquí seréis cortados en todo vuestro vigor para trasladaros a las manos de San Antonio, para que al veros junto a Jesús y reflejando sus candores, se esfuercen nuestras almas a ser blancas como tú, tan puros, tan perfumados como tú, y en el cáliz matizado de oro po arán los ángeles y vendrá la Hostia Santa a depositarse en el lirio de nuestras almas, con la ternura y el amor con que descansa Jesús en los brazos de San Antonio.

Fr. Manuel Balaguer, ofm