Índice del número 155

Noviembre de 1933. Año 14. Director: Fr. Manuel Balaguer, ofm

Tota Pulchra

Toda hermosa. No existe mancha alguna en María, ni la ha habido, ni la puede haber. Todo en Ella resplandece y es oro purísimo. Su vestido es blanco como la nieve y tu rostro como el sol. La gracia y las virtudes la colman de santidad y le dan un encanto y atractivo subyugador.

El apóstol San Juan, extático ante la deslumbradora hermosura de la Virgen Inmaculada, exclama: "Una señal grande apareció en el cielo. Una mujer vestida del sol, con la luna por escabel de sus pies y su cabeza coronada de doce estrellas". Hoy ha sido concebida María sin mancha de pecado, reza la Iglesia el día de la Inmaculada.

Tan asombrosa beldad de la Virgen María nos obliga a llamarla con los Santos Padres: "templo santo de Dios", que el Salomón espiritual edificó para sí mismo, "templo todo resplandeciente por la luz del Espíritu Santo"; "tabernáculo sagrado que el Verbo fabricó con sus manos divinas"; "santuario", donde el pecado no entró; "paraíso" plantado por la Trinidad y "edén espiritual" más santo y más augusto que el primero.

Se infundió la gracia en la Concepción de María y apareció más bella que todas las hijas de los hombres.

Gratia plena: Llena de gracia. Ciertamente llena, pues a los demás se les da por partes, y a María se le dio toda la plenitud de la gracia. Verdaderamente llena, porque si a los Santos Padres y Profetas se concedió la gracia, en María se infundió la plenitud de toda gracia que existe en Jesucristo.

Todo lo que obró en María la acción divina del Espíritu Santo fue: pureza y santidad; verdad y gracia, misericordia y justicia; por eso es Virgen Inmaculada, porque en Ella no se vislumbra la más leve corrupción. Es, en verdad, la Santísima Virgen huerto de delicias en el que crece y se abre todo género de flores y se percibe el embriagador aroma de todas las virtudes.

El arcángel San Gabriel la saludó, diciendo: "Bendita tú eres entre las mujeres", es decir, más santa que todas las mujeres.

Dios te salve, llena de gracia, más santa que los mismos santos, más sublime que los cielos, más gloriosa que los Querubines, más adorable que los Serafines y digna, antes que toda criatura, de nuestra veneración y amor.

Por mucho que hayan brillado al mediodía los más ilustres y esplendorosos entre los hijos de Dios, más resplandeció en su aurora misma la Santísima Virgen.

Aparece a los ojos de fe del cristiano la Virgen en su Inmaculada Concepción, hermosa como la luna, graciosamente arqueada, vestida del sol, centelleando las estrellas sobre su frente. Nuestras almas contemplan los radiantes fulgores de este misterio augusto y proclamamos que la Virgen María es sin mancilla, exenta de las asechanzas del enemigo infernal, y que entre todos los hijos de los hombres, sola esta Virgen bendita entró en el mundo limpia de todo pecado, libre de la universal esclavitud.

En esta época de adviento, en que nuestra Madre la Iglesia exhorta a sus hijos, los cristianos, a prepararse para el gran acontecimiento que se avecina, el Nacimiento del Salvador, del Hijo de Dios, nos ofrece a la Virgen Inmaculada como ideal acabado de pureza, de justicia y santidad.

Consideremos con viva fe y ardiente entusiasmo los inefables tesoros, las inmensas riquezas de gracia de la que es digna Madre de Dios y de los hombres, y seremos dulce y fuertemente atraídos por el aroma de sus virtudes. La vio Dios tan agraciada, que quiso desposarse con Ella y escribió el epitalamio más puro y
ardiente que hombres han leído: el Cantar de los Cantares, en que dice que tiene en su corazón una herida de amor, en que la llama su esposa, su amiga y su hermana; en el que tiene frases de apasionado amor: "Eres toda hermosa, amiga mía, eres toda hermosa... Como cachos de encendida granada son tus mejillas... Tus labios son como dos cintas de púrpura... ¡Qué hermosa eres, amiga mía, qué hermosa eres, con tus ojos de paloma!"

Y las almas cristianas, los corazones piadosos, los hijos de María, ¿no le ofrecerán todo el amor y afecto de su pecho, al verla toda hermosa, toda graciosa, toda llena de dulzura y gracia? Si la Inmaculada Virgen mereció ser el jardín fértil y ameno, el monte pingüe y apacible de cuyos frutos se alimentó el Señor, ¿por qué los cristianos no nos esforzamos en lograr que, por el amor, por la devoción, por la imitación, se transfundan en nuestros corazones los tesoros de gracia y virtud que embellecen a la Santísima Virgen y llegue a ser nuestra alma digna morada del Mesías del Dios que esperamos y cuyo Nacimiento, vamos en breve a conmemorar?

Fr. Dionisio Verdú, ofm

Página evangelizadora

«Vuestra Redención se acerca». (Lc 21, 28)
«Cerca está el día de nuestra salud». (Rm 15, 12)

En estas consoladoras palabras, que se leen en el Evangelio y en la Epístola, respectivamente, de la primera Dominica de Adviento (3 de Diciembre en el presente año), vemos nosotros sintetizados el objeto y finalidad de la primera división del año litúrgico: el Adviento.

Es el Adviento un período de cuatro semanas (no siempre completas) preparatorias de la fiesta del Nacimiento del Niño Jesús; período que simboliza el lapso de tiempo transcurrido desde la creación del hombre hasta la venida del Prometido Salvador.

De esto, pues, se desprende la verdad da nuestra afirmación, arriba expuesta.

En efecto, nuestros primeros padres, Adán y Eva, pecado que hubieron, quedaron esclavos del diablo. Mas he aquí que al mismo tiempo de ser arrojados del Paraíso terrenal, se les dio a vislumbrar en lontananza un Redentor, que les libertaría de dicha esclavitud. En espera de este Libertador vivieron los israelitas» pueblo escogido de Dios, 4.000 años, hasta que, llegada la plenitud de los tiempos, el Deseado de todas las Gentes, el Verbo Divino, la Segunda Persona de la santísima Trinidad, se hizo carne y habitó entre nosotros para obrar nuestra Redención, y de esclavos que éramos hacernos libres y constituirnos herederos de su gloria.

La preparación de los caminos del Hijo Unigénito de Dios: he ahí el pensamiento profético, histórico y simbólico de la idea precisa del Adviento.

Dejamos dicho más arriba que el Adviento es una preparación a la venida del Salvador. Claro es que, a diferencia de los pérfidos judíos, nosotros no esperamos la venida real o el Nacimiento del Mesías; pero sí esperamos y con verdaderas ansias amorosas y deseamos que nazca místicamente en nuestras almas.
Para esto, pues, precisa una preparación, preparación que no es otra que la ya indicada por el Precursor, a saber: "Preparad los caminos o venida del Señor haciendo penitencia." (Palabras de San Lucas, c. 3, que se leen en el Evangelio de la IV Dominica de Adviento).

Esto es, pues, lo que la Iglesia nuestra Madre quiere recordarnos en este santo tiempo de Adviento, la venida del Hijo de Dios a este mundo; mas no sólo la primera venida, como tierno infante, circundada de gloria, humildad y alegría; si que también la segunda venida, como Juez Supremo, rodeada de gloria, esplendor y majestad; y de esta segunda venida nos habla, principalmente, el Evangelio de la primera Dominica de Adviento.

Ya que está cerca el día de nuestra salud por la venida del Señor, preparémonos a recibir su visita.
Alegrémonos porque el Señor está cerca (Fil 4 y se leen en la Epístola de la III Dominica de Adviento.) (Gaudete).

Preparemos nuestra alma, por una conducta más santa y dándonos más a la oración para recibir y hospedar dignamente a Jesús Niño que, sin duda, viéndola bien aderezada, se dignará nacer y hospedarse en ella místicamente, como en otro tiempo lo hiciera realmente en el dichoso Pesebre de la Cueva de Belén.

Procuremos, como dice San Agustín, adornar nuestra alma con la variedad de todas las virtudes; virtudes que el mismo Santo Padre y esclarecido Doctor de la Iglesia dice que son la sobriedad, la castidad y la caridad.

Encendamos en nuestra alma, principalmente, el fuego de su divino amor y hagamos de nuestro corazón un braserillo ardiente, donde el Divino Infante pueda calentar sus tiernecitos miembros tiritantes por el frío que le causan la ingratitud y maldad de los desgraciados pecadores.

Aparejémonos para recibir las caricias del Niño de Belén.

Fr. Camilo Jordá, ofm

Los almanaques

Apenas habrá hombre alguno que tenga al menos la rudimentaria cultura de saber leer, que no esté familiarizado y conozca la existencia del almanaque.

Este se muestra de mil diversas maneras en el mundo, y es uno de los objetos que actúa decididamente en la vida de sociedad. En el mes de Diciembre vive pletóricamente el almanaque en las imprentas, en los talleres, en las fábricas, comercios, industrias y en todos los centros de actividad humana; y no hay hogar, por pobre y desmedrado que sea, que no sienta en este mes el prurito y la interior desazón de adquirir un almanaque o calendario, que sea su confidente y el amigo fiel de todo el año, para consolarse y distraerse cotidianamente en el hojeo de sus misteriosas páginas.

Por eso no hay habitación ni morada que no ostente en sus paredes el cartelón artístico, que deja pender de su extremo inferior el taco o bloque de los meses y días del año.

Hay, sin embargo, marcada diferencia entre el almanaque y el calendario. En el calendario sólo se contienen los días del año, colocados ordenadamente por meses y semanas, indicando las fiestas, el horario solar, las fases de la luna, las estaciones, eclipses y cambios atmosféricos, mientras que el almanaque, además de estos datos, contiene noticias sobre otras materias, tanto científicas como literarias o artísticas, anécdotas, nociones de agricultura, estadística, teorías políticas, efemérides, consejos y otra multitud de curiosidades varias que excitan la curiosidad del lector.

Los almanaques se han conocido en una u otra forma en todos los pueblos de la antigüedad, egipcios, griegos, romanos, "etc., etc,; los chinos y los judíos los conocían desde los tiempos más remotos. Antes de que se usaran en; tablillas o piedras portátiles los escribían en los monumentos públicos, como aquel que se descubrió esculpido en la bóveda de la tumba de Ramsés VI, trece siglos antes de nuestra era, en los alrededores de Tebas, donde estaban trazadas las indicaciones de las estrellas visibles desde Tebas, con expresión de las distintas horas le la noche en que aparecen en cada quincena durante el año.

Después de los progresos de la astronomía en Egipto, se podía calcular anticipadamente el movimiento de los planetas en los signos del zodíaco, y desde entonces cada almanaque comprendía varios años, conociéndose uno que abraza del 105 al 133 de J. C. En Roma los construían de madera, e cuadrados y muy bien pulimentados; en las cuatro caras escribían las indicaciones referentes a las cuatro estaciones, a las fiestas y a la aparición de las constelaciones.

La movilidad de las principales fiestas cristianas exigió que se corrigiesen anualmente los calendarios, y en ese caso lo, almanaques fueron acercándose a la forma del libro.

En el siglo XI aparecen junto con el de Alkindí, varios calendarios o libros del año árabes, que establecen la comparación entre las diferentes fechas en que aparecen las distintas constelaciones.

Calculado con las tablas toledanas de Arzaque, el célebre franciscano Rogerio Bacón hizo uno para 1292, del que se conserva un ejemplar en Londres y otro en Oxford. Después, en los siglos XIV y XV aparecieron almanaques para treinta, veinte o diez años, traducidos del árabe.

Después de esta época, con el renacimiento de las ciencias y de las artes en Europa, comenzaron a escribirse los almanaques en lengua vulgar, siendo numerosos y muy varios en Italia, Francia, Alemania, Inglaterra y en España.

En 1580 Bartolomé Antist publicó en Valencia su Almanach o pronóstico de los efectos que se esperan, según las configuraciones de los planetas y estrellas, que han de suceder en diversas partes del mundo y particularmente en el horizonte de Valencia. No podían faltar en estos almanaques los pronósticos del tiempo y las insulseces y delirios de la astrología judiciaria y los prodigios atribuidos a la quiromancia, geomancia y a los horóscopos, debidos a la influencia y vecindad de los judíos y de las costumbres árabes que mantenía exaltada la imaginación de los pueblos, que fácilmente se dejaban arrastrar por todo cuanto revistiese las formas de lo maravilloso y lo sobrenatural, presentando hechos tan palpables como la muerte de don Pedro el Cruel, revelada por un horóscopo y la caída de don Álvaro de Luna, anunciada dos años antes por una maga judía de Simancas.

Los almanaques propiamente tales no aparecen en España hasta el reinado de los Reyes Católicos, considerándose como el primer ejemplar de tales publicaciones el impreso en Valladolid en 1497 por el bachiller Hoces de Miranda. Apareciendo muchos en Valencia y Baleares con las propias características de predicciones atmosféricas y climatológicas, en forma de folleto, con índices de hechos memorables o consejos útiles a los agricultores, navegantes, etc., que pueden perfectamente considerarse como precursores del almanaque de nuestros días.

Otra manifestación hubo por aquel tiempo y que aun persiste, y es la llamada Analecta Sanctorum, conocida vulgarmente con el nombre de gallofa en Aragón, Valencia y Cataluña, pero ésta, más que almanaque, ha de ser contada como una adición o guía de la sagrada liturgia. A partir de estos tiempos son innumerables y variados los almanaques que han ido saliendo hasta nuestros días, siendo más notables entre muchos el Almanaque de Gotha, en Alemania, la antigua Guía de Forasteros, que comenzó a publicarse en Madrid en 1771 con el nombre de Kalendario manual, trocado recientemente por el de Guía oficial de España, que forma una colección de más de 130 tomos.

Actualmente en España, como en el extranjero, muchas entidades o agrupaciones científicas, agrícolas, comerciales o deportivas, publican sus almanaques como el de Los amigos del Papa, en Barcelona. Son también muy notables el de Bailly-Bailliére, que corresponde al almanaque Hachette, de París, y muy parecido a éstos el que se publica en Barcelona con el título El año en la mano, el Hispanoamericano y otros muchos, siendo incontables los de menos pretensiones que vemos esparcidos en forma de bloc y hojas sueltas, que no faltan en ningún hogar.

El almanaque es nuestro buen amigo; el alma es lo único que nos diferencia de él. Estos llevan el alma en el título. Nosotros en la esencia.

Hombres y almanaques tienen contados sus días, y unos y otros tienen grande apego a la vida.

El almanaque es un fiel compañero que comparte nuestras horas dulces y amargas, y su elección es de grande importancia, como la elección de un buen amigo.

El almanaque es una colección de hojas, como nuestra vida es un conjunto de días. Por cada una que le arrancamos, nos arranca él también un día de nuestra vida.

Fr. Manuel Balaguer, ofm

AVISO. Transmisión por radio del repique de campanas de Belén la noche de Navidad

La Potencia mandataria de Palestina se ha puesto de acuerdo con los Padres Franciscanos de la Custodia de Tierra Santa para transmitir por radio el toque de las campanas de la Basílica de Belén en la noche de Navidad. El toque de campanas que se transmitirá será el de las diez de la noche (hora de la Europa Oriental, que corresponde a las ocho menos cinco minutos del meridiano de Greenwich, hora oficial de España), poco antes de comenzarlos solemnes Maitines que cantarán los Padres Franciscanos.
La transmisión se hará por vía telefónica Belén-Cairo-Londres, y desde esta ciudad la Compañía B. B. C. (British Broadcasting Corporation) hará la transmisión a todo el mundo.

Todo el proyecto ha sido elaborado, ya con el Gobierno mandatario, ya con la compañía transmisora, por medio del P. Custodio de Tierra Santa.

La Inmaculada

Los campos azules del cielo encumbrado
tendieron sus lienzos de gasa y de tules,
y el rítmico acento doquiera ha sonado
de cantos celestes con arpas de gules;
los ángeles bellos afinan sus huestes,
y ostentan su gracia de blondas azules;
al son de esos cantos los valles agrestes
tendieron de flores sus nítidos mantos,
y al eco del cielo se unieron contestes.
La bella paloma surge
en medio del firmamento,
la Virgen pura sin mancha,
cuyo resplandor se ensancha
con el celestial aliento.
Era su mirada azul,
crencha de blondas estrellas
orlan su divina frente;
con su mirar dulcemente
produce las flores bellas.
Boca de flor y de fresas,
mejillas de flor de grana
y de pétalos de rosa,
la Doncella más hermosa
que tiene al sol por peana.
Cuerpo cubierto de tul,
de ampo de nieve y de flores,
irisaciones de estrellas
y de candor de doncellas,
pecho que alienta de amores.
Es la Reina del cielo.
Tañen laúdes de cuerdas de tules
los ángeles bellos,
siguen el ritmo de ellos
los astros del cielo con arpas de gules.
Tejen canciones las rubias ondinas
en las aguas azules,
llevan su gama las ondas del lago
con las notas divinas.
Cantan la tierra, las flores y el río,
con los suaves murmullos,
se abren de gozo los tiernos capullos
y se cuaja en perlas el blando rocío.
Es la Hija de Dios más amada,
es la Madre de Dios pura y bella,
la escogida, la hermosa doncella,
la que Dios proclamó inmaculada.

Fr. Manuel Balaguer, ofm

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La Inmaculada Concepción. Así venera Onteniente a la Madre de los cielos.
[Los que conocen la iglesia en la actualidad saben que la Inmaculada no está en el altar mayor, sino en uno del crucero]

A la Juventud Antoniana

La sagrada Liturgia

Comienza en este mes el año eclesiástico, o sea el año de que se sirve la Iglesia Católica para determinar y señalar sus principales festividades, con las Vigilias y Octavas que las acompañan, el Adviento y la Cuaresma, las Témporas, los domingos y los días de cada semana, en los que se celebra la fiesta o conmemoración de sus Santos innumerables.

Y como una de las partes más importantes de la cultura religiosa es el conocimiento de la Sagrada Liturgia, tan ignorada, por desgracia, por la mayoría de los católicos, me ha parecido muy conveniente que dediquemos algunas de nuestras breves conferencias a la explicación de esta ciencia tan hermosa y tan sublime, con la seguridad de que han de ser muy de vuestro gusto, y han de contribuir en gran manera a corroborar vuestra fe y aumentar cada vez más vuestro amor a la Iglesia nuestra Madre, que habla a nuestros corazones de una manera tan bella y elocuente por medio de su sagrada Liturgia.

Comienza en este mes, como antes les decía, el año eclesiástico: y si a todos es útil y conveniente y hasta casi necesario conocer el año civil y el económico, el comercial y el escolar, según las distintas profesiones de cada uno, mucho más lo será para todos los católicos conocer perfectamente el año eclesiástico, con todas las partes y divisiones que lo integran.

Y aún para todos, católicos y no católicos, es muy conveniente conocer el año eclesiástico, con todas sus fiestas, a fin de poder cumplir a su debido tiempo los deberes que impone el amor, la amistad, la cortesía y la buena educación, recordando los días en que los padres, los hijos, hermanos, familiares y amigos celebran sus fiestas onomásticas, sus días de cumpleaños y los aniversarios de fechas de grata o de infeliz memoria.

Y tanta importancia tiene en sí el año eclesiástico, que recientemente se ha pretendido, y se pretende aún, reformar el año civil, prescindiendo del año eclesiástico, y se ha visto que es esto poco menos que imposible, porque el centro de todo el año eclesiástico es la festividad de la Pascua, de la cual dependen todas las fiestas movibles y los domingos de todo el año. Y como ni la Pascua ni los domingos serán jamás suprimidos sustancialmente por la Iglesia Católica, si se llegara a reformar el calendario civil sin contar con el calendario eclesiástico, se produciría en todo el mundo una enorme confusión y desorden, por ser tantos los millones de hijos y de súbditos con que cuenta la Iglesia Católica.

Es, pues, a todos muy conveniente y casi necesario conocer el año y el calendario eclesiástico, con todas sus partes y divisiones.

Comienza el año eclesiástico con la época litúrgica llamada Adviento, que según la etimología de esta palabra significa llegada o advenimiento de un gran personaje, y lo que la Iglesia Católica celebra durante el Adviento es la preparación para celebrar dignamente el aniversario del Nacimiento en este mundo del Hijo de Dios, hecho hombre.

El Adviento consta de cuatro semanas, que preceden a la fiesta de Navidad; mas no es indispensable que la cuarta semana sea completa, pues al día siguiente del cuarto domingo puede ocurrir la fiesta de Navidad, como ha ocurrido varias veces, y ocurre precisamente en este año.

La liturgia del Adviento es rica y está llena toda ella de sublimes pensamientos y de conmovedores afectos de gozo y alegría, y de terror y espanto a la vez, esparcidos en todas las partes del oficio divino y santa misa, propios de este tiempo.

Y, ¿por qué, me dirán, esta mezcla de afectos tan opuestos y contrarios entre si? La razón es porque el Adviento no es sólo una preparación para celebrar la primera venida a este mundo del Hijo de Dios, que fue el día de su Nacimiento, sino que es además una preparación para su segunda venida en el último día, para juzgar a todos los hombres buenos y malos y darles a cada uno el premio o castigo según sus obras. La primera vez vino el Hijo de Dios, en figura de un tierno Niño, ofreciendo a todos los hombres la paz, el gozo y el regocijo más legítimos que jamás se han sentido en la tierra, y de aquí los sentimientos de alegría y de entusiasmo con que la Iglesia prepara a sus hijos para celebrar el Nacimiento del Salvador.

Mas la segunda venida la hará el Hijo de Dios rodeado de poder y de majestad con señales sorprendentes y portentos nunca vistos, en el cielo y en la tierra, en el aire y en el mar, precursores de la severidad y justicia del Juez universal de vivos y de muertos; y para esta segunda venida nos prepara la Iglesia con, pensamientos profundos y con sentimientos, terroríficos de temor y de espanto, acerca del Juicio final y de la sentencia irrevocable del Juez Supremo.

Preparémonos, pues, para celebrar dignamente el Nacimiento del Hijo de Dios en la tierra, y será esta la mejor preparación para recibirle también como Juez de nuestras almas en el último día de nuestra vida

Fr. Juan B. Botet, ofm

Bibliografía

El Hermano lego Franciscano según la mente de Dios

Manual para iniciar a los Hermanos legos de la Orden Franciscana en el perfecto cumplimiento de sus deberes. Escrito en alemán por el P. Antonio Wallenstein, O. F. M., Doctor en Filosofía, traducido al español por los PP. Félix A. Wilches, Lector general en Moral y Derecho Canónico y Fernando García,
O. F. M.—Editorial Seráfica. Vich. 1933.

Con justa razón ha recibido este libro la aprobación de muchos Superiores de la Orden y ha sido traducido en varias lenguas, porque viene a completar en minuciosos detalles la alteza de la doctrina seráfica en aquellos puntos que principalmente conciernen a la vida de los religiosos legos que no pudiendo entretener su tiempo en el estudio de nuestras obras de legislación y de moral, pueden encontrarlo todo, lo que más les interesa en este Manual, que será para ellos el amigo íntimo que en el secreto y retiro de su celda les irá recordando la grandeza de su vocación y les servirá de guía para no flojear en la práctica de sus deberes religiosos.

Es además un grande auxiliar para los Maestros de los Hermanos Legos, que pueden concretar sus instrucciones al marco de este breve compendio, que es como síntesis y guía de todas aquellas materias a las que debe dar mayor predilección.

Termina la obra con un Apéndice que comprende la vida de San Francisco de Asís e Historia de la Orden Franciscana.

No podía faltar en español este tan interesante libro que nos ofrece la Editorial Seráfica de Vich, y que nosotros recomendamos especialmente a los Hermanos Legos y a los Superiores con el pleno convencimiento de su utilidad y de la conveniencia de que lo utilicen todos nuestros religiosos legos.

Noticias

Nuevos Superiores para la Seráfica Provincia de Valencia

Provincial: P. Ricardo Pelufo.
Custodio: P. Lorenzo Pérez.
Definidores: PP. Juan Bta. Botet, Juan Jover, Benjamín Reig y Luis Mestre.
Secretario: P. Conrado Ángel.

Guardianes de:

Veladada en honor del Venerable Escoto

El día 8 de Noviembre, consagrado a conmemorar la gloriosa memoria del excelso Doctor Sutil y Mariano, Venerable P. Juan Duns Escoto, fue un día de verdadero júbilo para el Colegio de "La Concepción", de Onteniente.

Por la mañana, a las 9 horas, solemne Misa cantada, durante la cual la competente capilla del Colegio interpretó una magnífica partitura del Maestro Perossi. A las 11 horas tuvo lugar en el Salón de Actos del mismo Colegio la publicación oficial de las calificaciones obtenidas por los alumnos en el pasado mes de Octubre; a continuación se nombró la nueva Junta de la Congregación de Honor de la Inmaculada Concepción del Colegio.

Por la tarde, a las cuatro y medio, tuvo lugar la Solemne Velada literario-musical en honor del Venerable Escoto con arreglo al siguiente programa:

1º. Himno al Venerable Escoto, música y letra de los PP. Juan Alventosa y Camilo Jordá.
2º. El Héroe de la Inmaculada, discurso por el alumno José María Pire Solís.
3º. Triunfo del Venerable Escoto, poesía por el alumno Antonio Cremades Monerris.
4º. Canto al Venerable Escoto, poesía por el alumno Rafael Lloret Perales.
5º. El sabio y el Santo, discurso por el alumno José Gonzalbes Moratal.
6º. Semblanza del Venerable Escoto, discurso por el P. Antonio Torró, Doctor en Filosofía y Letras.

Después de un resumen del P. Samuel Leal, Licenciado en Ciencias y Prefecto de estudios del Colegio, tuvo lugar la función de cine con dos interesantes películas y dos cuadros de risa. (G. Llagaría Varó, colegial).

A Misiones

Destinados por la santa Obediencia, se embarcaron el 9 de Noviembre en nuestro puerto de Valencia para las nuevas Misiones que a esta Provincia Seráfica han sido recientemente confiadas en la República Argentina, los PP. Eduardo Vicent, Ángel Ortolá y Joaquín Maiques y el Hermano lego Fr. Agustín Hernández, todos ellos acompañados del P. Juan Alventosa, organizador y alma de aquellas nuevas Misiones.

Por correspondencia particular hemos sabido que han arribado felizmente a su nuevo destino.

Quiera el Señor que su labor misionera sea muy abundante en aquellas pampas argentinas.