Índice del número 168
Enero de 1935. Año 16. Director: Fr. Manuel Balaguer, ofm
- El antimilitarismo socialista. Justo Santapau
¿Para qué nací? Ga-Re-Gar
Rayitos de luz. Justo Aznar
Soy cristiano y español. Francisco López Delgado
La estrella de Oriente. Fr. Manuel Balaguer, ofm - El P. Antonio Llinás y Massanet. Fr. Francisco Lliteras, ofm
Crónica
Idilio de amores divinos. Poema. Fr. Manuel Balaguer, ofm
Bajando ya la cuesta. Poema. Fr. Luis Ángel, ofm - Los bautismos espirituales del alma. Fr. Andrés de Ocerín-Jáuregui
Liceo Pedagógico. S. O. Soria
Correspondencia.
El antimilitarismo socialista
«¡Querrá al juguete de guerra!»
(Cartel anunciador de los regalos de Reyes.)
Un credo constante y tenaz del partido socialista, predicación evangélica bajo la capa de un santo amor humanitario, ha sido el veto a la guerra y como consecuencia de ese dictado la reducción de los contingentes militares, traducidos en el ministerio de la Guerra por el siniestro y ex olímpico Azaña en el anular y comprimir los cuadros del ejército, sin lograr por ello economías en este departamento, pero con un premeditado propósito estratégico del socialismo y la masonería, como en el pasado mes de Octubre, con ocasión de la fracasada revolución, hemos podido comprobar.
En contraste de este humanitario sentimiento surgen las milicias socialistas uniformadas con bermejas camisetas en un alarde de jactancia roja, con un marcado acento de lucha, en el levantar de sus brazos con el puño cerrado.
Y paralelo al propósito de la reducción de armamentos se realiza en España el contrabando más escandaloso de fusiles, pistolas, ametralladoras y bombas, preparativos de los socialistas de uno de los movimientos más inhumanos, sangrientos y deshonrosos que ha conocido España.
Y en una lucha de instintos de hiena, se destaca un afán de mando militar con el ridículo y grotesco disfraz de improvisados uniformes en sus jefes ascendidos espontáneamente a generales de su ínfima condición de pistoleros, y entre rufianes y chusma desalmada y cruel aparecen sobre las bocamangas las insignias de cabos y oficiales, símbolo de un afán de jerarquía en aquel sedimento de la nueva sociedad ultraigualitaria.
Y el estruendo de las armas, el tableteo de las ametralladoras, el estampido trágico de las bombas, se inicia por aquel partido socialista que predicó la paz, que mantuvo en su decálogo como principal mandamiento la supresión de la guerra, el desarme universal y demás zarandajas de pacifismo, aquellos
mismos que llenaron las Casas del Pueblo de alevosas pistolas y los sótanos de terroríficos depósitos de bombas.
Y estos antimilitaristas organizadores de la checa española y de los núcleos de pistoleros a sueldo, ponían todo un tierno acento de humanidad con la acción evangelizadora de aquella cláusula de nuestra Constitución del 14 de Abril, suprimiendo de un plumazo la participación de España en la guerra.
Y con la hipocresía del cocodrilo lanzaban un hipo lloroso y tierno hacia los pequeñuelos, iniciando una campaña contra el juguete de guerra, al propio tiempo que la voz ronca de sus propagandas encendían la guerra civil en España, que ha tenido episodios de horror tan señalado contra tiernas criaturas, hijos de esos valerosos guardias del benemérito cuerpo, a quienes no les valió su condición de niños y a quienes se les enseñaba meses antes un deseo de paz con el predicado de: ¡Abajo el juguete de guerra!
Justo Santapau
Rápida
¿Para qué nací?
Pocas veces nos hacemos esta pregunta, y cual seres racionales pensamos en la filosofía que encierra, y menos en la solución revelada de la misma.
Se explica perfectamente que tengamos afanes terrenos y hasta que pensemos que no vamos a morir cuando trabajamos, como hemos de pensar en que no llegaremos al día siguiente cuando resolvemos sobre nuestros actos morales; pero entregarnos de lleno a las cosas materiales, abandonando sin razonar nuestro fin al acaso, es más propio de inconscientes que de hombres.
¿Qué se diría del caminante que tomara un automóvil sin saber donde va? Eso no dejaría de ser una excentricidad inglesa, en moda y que retrata a las mil maravillas la conducta de muchos.
Lo primero que se nos ocurre al encontrar a un amigo en un viaje es preguntarle dónde va, y s¡nos contestara que le es indiferente llegar a tal o cual estación, inmediatamente pensaríamos que estaba loco o que nos engañaba.
Y sin embargo cuantos somos locos, sin pensar donde vamos en este caminar incierto de nuestra vida, cuando no somos guiados por la revelación, que en nada se opone a nuestros razonamientos, desprovistos de todo prejuicio.
El racionalismo no quiere que se admita nada, que no sea evidente, sin tener en cuenta que semejante teoría nos lleva a negar quien haya sido nuestra madre, pues sólo hemos podido saberlo por los demás.
Somos cosa creada y por tanto dependientes de un Creador, que nos señaló un fin, pues s¡todos los seres lo tienen, el hombre, ser más perfecto, ha de tenerlo. Y no se arguya que procedemos de otros seres, porque siempre habrá un ser primero que debe su creación a otro más perfecto, que no tiene anterior.
Hay más. La conservación es nueva creación, y siendo la sustancia creada de suyo inerte, ese Creador sigue animando la materia para que se reproduzca, y por tanto cada hombre es objeto de creación doble en su principio y en su conservación.
Pero s¡hubo creación, ésta tiene que tener una finalidad, y ésta no puede ser otra que la que por revelación ha sido manifestada. Para alabar y servir a Dios Creador, libremente en esta vida y después gozarle en la eterna. Libremente, terrible libertad, o mejor dicho, abuso de libertad, s¡en vez de eso hacemos lo contrario. Preguntémonos con frecuencia, ¿Para qué nací?, y reflexionemos, en que sólo fue para salvarnos.
GA-RE-GAR
Rayitos de luz
¡Noche nevada! ¡Noche cruda y silenciosa! Noche callada. Todo duerme en el sueño de la frivolidad e ignorancia. Los árboles crujen, chocan las ramas blanquecinas unas con otras, cuyo conjunto armonioso inspira a los poetas y da notas melodiosas a los grandes artistas para cantar, loar y rasgar los grandes nubarrones, que abren paso a la verdad por excelencia, al sol de justicia, que con su advenimiento alumbrará hasta los lugares más recónditos y ahuyentará el imperio de la verdad disfrazada, con la misma velocidad que se repelen las electricidades de igual nombré, porque la verdad es una y única, como uno y único es Dios, y ella misma se abrirá camino quedando en el polo opuesto de la farsa que repele y que es la mentira de verdad.
De un lado Jesucristo, cuyo imperio es de amor, de paz y unión y que se extenderá de un confín hasta el otro confín, y diametralmente opuesto a El el padre de la hipocresía y del orgullo que humillado y abatido en la contienda celestial sirvió de alfombra al Arcángel San Miguel quedando excluido para siempre de aquel lugar santo que sólo las almas puras, sencillas y sacrificadas podrán pisar con soltura y agilidad. Ya no hay noche, todo es día, y día sin ocaso.
Ha nacido el Mesías prometido y con El, el ejemplo y la doctrina que salvará al mundo levantándolo a mayor prosperidad y grandeza.
Va no habrán siervos porque Dios no lo quiere y pondrá pronto el remedio inspirando a las almas de buena voluntad, que fieles a su amor, renunciarán a todas las grandezas que el mundo pueda brindarles y libertará a los que gimen en las mazmorras; y será el manto blanco de la Merced y la cruz de la Trinidad la que se quedará en rehenes, pagando con su propia vida el rescate de aquellos infelices víctimas del despotismo y tiranía de los señores.
Y será el Serafín de la Umbría la vanguardia del Crucificado que llevará la paz a las almas y con su Orden menor constituirá una fortaleza, un peñón donde se estrellarán las olas embravecidas del sectarismo, de la herejía e impiedad.
Alegría, cristianos, ha nacido nuestro padre, nuestro hermano, nuestro médico, nuestro Dios y Señor, que no dejará sin recompensa n¡el papel levantado del suelo por su amor.
De la cuna al sepulcro fue la pobreza compañera inseparable del Niño Dios ¿Por qué, pues, seremos tan mezquinos que huyamos de ella y nos cause espanto hasta su misma sombra? ¡Y que haya tanta riqueza y el Dios Niño pobrecito ! S¡queremos ser amigos de Cristo, es decir, s¡queremos revestirnos del ropaje de Cristo, no olvidemos esta hermosa virtud y hagámosla agradable y llevadera a todos nuestros hermanos, pero, de una manera especial, hagamos comprender a aquellas almas que por necesidad la profesan, que la pobreza es la moneda más corriente para llegar al cielo; pero primero demos ejemplo a semejanza del Salvador, que en primer lugar dio testimonio de sí, con su ejemplo y luego con su doctrina. Y el que no sea pobre materialmente que dé primero pan y luego doctrina, porque el que carece del sustento del cuerpo está imposibilitado para ver la verdad y por más que se le diga caerá en el vacío. Es como una vivienda sin ventanales n¡orificio alguno. Es su inteligencia un cuerpo opaco, que no permite ser atravesado por ningún rayo luminoso.
Justo Aznar
Soy cristiano y español
En estos tiempos de crisis espiritual por que atravesamos, he sentido honda emoción al oír pronunciar a un anciano estas hermosas palabras, que sonaron en mis oídos como grito de victoria salido de un sano corazón: "¡Soy cristiano y español!". Cristiano, es decir, imitador de Cristo. Que cuando el corazón de Cristo no está cerrado a la luz de la verdad por las falsas enseñanzas, que son el exterminio de los hombres, no puede permanecer adepto al falso ídolo de la pasión envilecedora, sino amar el bien, seguir el dictado de la recta norma de la vida, que es aquella que conduce al nacer de la muerte... Esa norma de la ley moral, es la única verdadera porque encierra el máximo caudal de amor y bendición; y es la Única Infalible porque todos los hombres, en los momentos lúcidos, comprenden que así es... En cuanto existe un alma existe esa norma que le señala el sendero de la salvación...
Este buen anciano con quien converso gustosamente me esta contando su vida. ¡Qué experiencia me está brindando ! Pobre, abandonado por sus hijos, despreciado por los mismos que antes, en el apogeo de sus negocios, no regateaban toda clase de impúdicas adulaciones.
—Mire usted, joven —me dice llorando—. Yo tenía hace veinte años un capital muy bonito juntado con el sudor de m¡frente. Entonces estaba yo fuerte como un roble para trabajar sin descanso en el cuidado de mis haciendas. Mis hijos me ayudaban, y éramos felices. Pero se hicieron hombres... y se casaron. Caí enfermo y estuve postrado en el lecho cerca de ocho meses... Cuando me levanté me hallé sin fuerzas... Vinieron los negocios a menos.. Y me abandonaron todos. Me recogió una hija mía... pero, no por caridad, sino por conveniencia.
¡Muy duro me es decirle estas cosas que tan mal dicen de mis hijos, pero más duro es para mí verme sin poder trabajar, pobre... y sin consuelo de ellos!
—¿No tiene el de su hija?
—Usted qué sabe lo que es la vida para mí. ¡M¡hija! Ya le he dicho que s¡me recogió fue por conveniencia, porque aún me quedaba alguna cosilla, y pudo aprovecharse mejor de ella; pero ahora me gruñe a todas horas y me echa en cara el pan que me como. Jovencito, m¡vida es un Calvario. Pero no se crea usted que el desengaño horrible de m¡vida me hace odiar a mis hijos n¡a nadie. ¡Qué Dios los ampare a todos! Yo tengo conciencia y por eso me daría vergüenza querer el mal para mis hijos, ¡para esos seres que son sangre de m¡sangre! Yo no quiero el mal para el prójimo, porque eso es carecer de nobleza de corazón, y sin nobleza no hay ninguna riqueza más que material en todo caso. Yo soy cristiano con conciencia.
¡Qué sinceridad rezuman las palabras de este viejecito, que tanto me está enseñando de la vida! Se resigna cristianamente, como enseñó Jesús y después predicaron los apóstoles. Y yo medito y me digo así: «S¡no fuera por su arraigada fe, cómo podría vivir este hombre?».
Se acerca a mí; quiere verme; pero sus ojos tienen un velo que le impide contemplar lo que le rodea. Más vale, después de todo que conserve claros los ojos del alma, que con ellos podrá ver cómo, por encima de todas las miserias humanas, existe el consuelo de una fe que más se siente que se explica.
Cristiano y español, amante de la tradición, que es decir defensor de los sagrados intereses de la patria.
Para terminar esta crónica anónima, pues se trata de una realidad cuanto escribo, volveré a estampar las palabras tan santas que he oído pronunciar a un anciano, pobre y bueno, cuando el mundo se contrae en terribles sacudidas da impiedad y maldición: "¡Soy cristiano y español!".
Francisco López Delgado
La estrella de Oriente
En las llanuras dilatadas y cálidas del Oriente, ya sea en la Arabia, en la Caldea o en Persia, brillaba una noche límpida y serena, con la calma más solemne y suave que se pueda concebir y bajo una bóveda celeste toda cuajada de estrellas. Era el país de los Magos, de aquella casta de príncipes y sabios que habían alcanzado bien reconocida reputación en todo el mundo grecorromano.
La paz y el silencio dominaba en la tierra; hombres y ganados dormían el plácido sueño de aquella noche sagrada sin angustias, sin dolores, sin malignas pesadillas, porque era noche de paz. Alguien, sin embargo, estaba en vela; entre las ricas tiendas orientales se levanta una linda torre de madera, y en ella vela un hombre de rozagante y blanca túnica, ceñido con faja de colores y cubierta su cabeza con un turbante de variadas sedas: es un príncipe mago.

La adoración de los Reyes. Giotto.
Rodeado de signos cabalísticos, de enrollados pergaminos, de tablas y pinturas de diversas constelaciones, de instrumentos de astrología, contempla el mundo sideral. Llega la hora de media noche, y un resplandor inusitado le sorprende. Se inmuta su rostro, la emoción embarga su ánimo; en el azul del firmamento ve aparecer una estrella de radiante luz.
La misma emoción y el mismo feliz hallazgo de la nueva estrella experimentan otros dos magos que, como el primero y en diversas regiones del Oriente, observaban el cielo estrellado en aquella noche feliz.
«¡Una nueva estrella!», se dicen con emoción.
Todo el mundo presentía el advenimiento de una era nueva de regeneración y de vida que había de inaugurarse con el nacimiento de un rey de la Judea. Las tablas cuneiformes de los asirios, medos y persas trataban de la venida de este gran rey; lo relataban los escritos de Estrabón y de Tácito, y lo habían presagiado las Sibilas. ¿Sería esa la estrella del restaurador de la Humanidad?
La mente de los Magos rebullía haciendo desfilar los conceptos y recuerdos de todo su saber y de todos los presagios que da de sí la ciencia misteriosa de la astrología.
Todo mago tenía en su poder los códices y pergaminos de los Libros Santos traídos a Babilonia por los cautivos de la Judea, y que trataban preferentemente de las profecías y de las tradiciones sobre el Mesías Salvador. Instintivamente nuestros príncipes Magos, después de contemplar la nueva estrella y reflexionar sobre el tiempo y las maravillas de su aparición, comenzaron a revolver los pergaminos de la Judea y a estudiar en los signos y dibujos de los diversos pasajes de la historia del pueblo de Dios, encontrando en uno de ellos una estrella esplendorosa. Es la estrella de Jacob. Cuando esta estrella aparezca —decía el comentario interpretativo de aquel signo— nacerá el Mesías, rey de Judá.
La convicción de cada uno de los tres Magos de que esa estrella era efectivamente la de Jacob parecía tan segura, que volvieron a contemplar el lucero misterioso son la fruición interna de haber descubierto el más prodigioso astro de la bóveda celeste. Al siguiente día tres mensajeros cruzaban los arenales de los desiertos de Arabia, de Persia y de la Caldea. Cada uno de los Magos enviaba respectivamente a sus dos amigos la feliz nueva de su descubrimiento maravilloso, con el presagio de su convicción de que esa era la estrella anunciada en el pueblo de Dios para la aparición del gran Rey.
Mutuamente se dieron la cita los tres Magos, por medio de sus mensajeros, de reunirse en un lugar céntrico para tratar del significado de la maravillosa estrella.
En un delicioso oasis del desierto de la Arabia, bajo los pabellones de una rica y pintoresca tienda, los tres reyes" Magos se habían juntado para deliberar sobre una ansiedad que agitaba su corazón: Hoc signum magn¡Regis est, se decían. Esta señal es la del gran Rey; vamos a buscarle y a traerle nuestros dones: oro, incienso y mirra.
Días después todo era animación y movimiento en las tiendas de la llanura. Los camellos, los dromedarios, las caballerías... todo se preparaba con presteza. Se equipa la escolta, se llenan los cofres, los de las provisiones y los de los presentes, se dispone, en fin, todo lo necesario para el feliz éxito de una expedición larga y aventurada.
La estrella seguía brillando todas las noches, dando alientos a la empresa; y la voz misteriosa de Dios continuaba alentando a las almas de los tres Magos para seguir la vocación que les llamaba al reconocimiento del Dios verdadero...
Una mañana feliz comenzó a deslizarse la caravana gloriosa por los arenales del desierto, cuando aún las sombras invadían la tierra y brillaba en el cielo la esplendorosa estrella dirigida hacia el occidente... Era el camino que los expedicionarios debían seguir. El camino era largo, la dirección era incierta, pero la estrella maravillosa, suspendida en el espacio, les servía de faro, navegando hacia el occidente por el inmenso cielo, al compás del pesado andar de los camellos y dromedarios de la caravana...
Volvamos ahora nosotros nuestros ojos hacia los campos de Oriente. Las luces que bañan una gruta de Judea, ante la cual se agrupan ángeles y pastores, nos convidan a las alegrías de la resurrección de la Humanidad. Un humilde artesano que en su venerable figura lleva el sello de los Patriarcas; una tierna joven, más fresca y bella que la rosa de Jericó y más esbelta que la palma de Cades, allí están de rodillas, inmóviles, como en estática adoración, ante un pesebre cuyas pajas parecen rayos de luz, porque sobre ellas recostado está un niño más brillante que el sol en la mitad del día. Es el niño que buscan los Magos.
Después de haber atravesado el desierto, llegan a Jerusalén con la ansiedad ya cas¡satisfecha de ver al hijo de Dios: ¿Dónde está el que ha nacido Rey cíe los Judíos? Era su anhelo y su incesante pregunta. Como la ciencia de los doctores podía orientarles en su vocación, entonces desaparece la estrella; mas cuando luego vuelven a emprender la ruta de Belén, nuevamente les aparece la estrella para guiarlos hasta la bendita cueva donde les espera el Niño Dios, que era el gran Rey al que deseaban adorar.
Los Reyes Magos habían entrado en la generación de los hijos de Dios.
Tal es la historia de la primera vocación de los gentiles a la fe de Cristo que les lleva, venciendo todas las dificultades, hasta los pies del Niño Dios en la cueva de Belén. Tal es también la historia de toda vocación que no vacila ante ningún género de dificultades. Para toda vocación tiene Dios su estrella. Los pastores tuvieron un ángel, como los Reyes un astro en el cielo; así toda vocación tiene la inspiración de la gracia que señala la senda con luz celestial; no desoigamos su voz y hallaremos a Cristo como le hallaron los Reyes Magos para ofrendarle sus dones.
—