Los bautismos espirituales del alma

En la vida espiritual hay muchos grados y vicisitudes, porque como la perfección consiste en la íntima unión con Dios, para llegar a esta pureza tiene que pasar el alma por varias purificaciones y noche oscura de sentido y de espíritu y hallarse sin mancha alguna, podemos llamar bautismos espirituales a estas vicisitudes de la vida espiritual. No basta la vida ordinaria para conseguir estos bautismos, sin los cuales no es posible conseguir la verdadera santidad. Indicaremos algunos de estos bautismos, a fin de que las almas se esfuercen para pasar por ellos y, bien purificadas, consigan la íntima unión con Dios.

1°. El Sacramento del Bautismo. Este Sacramento nos borra la mancha del pecado original y nos regenera con la gracia santificante para ser hijos adoptivos de Dios y participantes de su naturaleza. En esta regeneración se nos infunden en hábito las virtudes infusas fe, esperanza y caridad; las cuatro virtudes cardinales, prudencia, justicia, fortaleza y templanza, y los siete dones del Espíritu Santo, que completan la obra de perfección y santidad. La semilla, el germen de toda santidad y vida espiritual se nos infunde en el Sacramento del Bautismo, y en el desarrollo de estas gracias, en pasar de esta infancia espiritual a ser varones perfectos, in virum perfectum, como dice el apóstol, consiste la suma de la perfección. En algunas almas, como en Santa Rosa de Viterbo se desarrollaron estas gracias y dones cas¡desde su infancia, y obraron prodigios a los cinco años, porque estaban destinadas a «una misión particular; pero ordinariamente, como Dios nos llama absolutamente, a todos a la perfección e íntima unión con El, se van desarrollando poco a poco, según la voluntad de Dios y nuestra cooperación. De
modo que todos, absolutamente todos, podemos ser santos.

2°. El Bautismo de la profesión religiosa. Equiparan, con las debidas salvedades, la profesión religiosa al Sacramento del Bautismo y le atribuyen San Jerónimo, San Bernardo, San Buenaventura, San Leonardo de Puerto Mauricio con otros doctores y santos la virtud de producir la gracia, ex opere opérate. Y en verdad, el alma se entrega en la profesión religiosa a Dios por completo, sin reserva alguna; se sacrifica en el ara de los votos religiosos para siempre al Altísimo; ya no pertenece al mundo, y esta generosa ofrenda al Señor le dispone para la remisión de toda pena temporal y para ulteriores gracias en la plenitud posible y relativa.

3°. El Bautismo de la tribulación. A fin de que las almas se desprendan de todo lo terreno, se purifiquen de sus faltas y defectos y se acrisolen del todo, el Señor se encarga de mandarles contradicciones, persecuciones, tribulaciones, tentaciones y angustias sin cuento. Sufren agonías de muerte, porque creen que están en la desgracia de Dios; ya no hallan luz, consuelo n¡alivio; las enfermedades corporales le atormentan, y no halla más que turbación, hasta que consigue el triunfo del mundo, demonio y carne y se purifique en cuerpo y alma. Las almas tibias y las que muy de veras no aspiran a la perfección, apenas pueden formar idea de este bautismo de la tribulación.

4°. El Bautismo del Purgatorio místico. Semejante al bautismo antecedente es el del Purgatorio místico, por más que éste mira más a la parte interna que a la externa. El gran doctor místico Enrique Iberpio lo compara a las penas del infierno; la bienaventurada Ángela de Foligno dice, que excede a todo sufrimiento, y otro tanto dicen Gersón, San Buenaventura y otros varones espirituales. Como con Dios no se puede unir cosa manchada, se comprende que para la íntima unión del alma con el Señor tiene que pasar por terrible purgatorio místico. Las almas que no aspiran con ahínco a la vida espiritual y no pasan por estas purificaciones en el mundo, en el purgatorio tendrán que ser purificadas con terribles tormentos, con el castigo de no haber hecho en vida lo que debían. Además, como en vida podemos merecer, el purgatorio místico se mitiga con nuestras buenas obras y sufrimientos; pero en la otra vida, como no se puede merecer, ha de ser mucho más terrible este purgatorio.

5°. El Bautismo del Espíritu Santo. La Sagrada Escritura habla del bautismo del Espíritu Santo, que es el que con sus siete dones transforma al alma en Dios y Cristo Crucificado. Después de haberse purificado, toma con la plenitud de la gracia la posesión del alma, y la eleva a grados superiores con heridas dolorosas y al mismo tiempo amorosas. Algunas veces este bautismo purifica y diviniza el cuerpo y el alma, como sucedió en San Francisco de Asís, que recibió las cinco llagas de Jesucristo y elevado al primitivo estado de inocencia con dominio sobre la creación. Este bautismo purifica el alma con tanto gozo, que con razón se llama al Espíritu Santo Paráclito o Consolador. La oración de recogimiento, de quietud, de unión, de los desposorios místicos y del matrimonio espiritual o de íntima unión, para poder decir «ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí», y otras expresiones se verifican plenamente en éste estado. La comunión con Dios o la íntima comunión con la Beatísima Trinidad es admirable, y el alma comprende lo que significan las palabras, divino consorte natural, o la participación de divina naturaleza. El bautismo del Espíritu Santo le ilumina para penetrar los secretos de los atributos divinos mejor que en las moradas de Santa Teresa, en la vida espiritual de la Madre Ángeles Sorazu, en la Escala Espiritual de la venerable M. Agreda y en todos los libros espirituales. Los libros y las explicaciones teológicas de los hombres le sirven más bien de estorbo que de ayuda, porque en Dios ve con más claridad todos estos misterios.

6°. El Bautismo de fuego del Amor Divino. Además del bautismo del Espíritu Santo, habla el texto divino del bautismo de fuego, Spiritu Sancto, et igne. Este fuego de amor divino, quema toda la escoria del hombre viejo y purifica hasta regenerar el alma en nueva vida o bien en hombre nuevo, que es Cristo Jesús. Esta transformación se verifica por medio del amor divino, que, como un bautismo le da un ser semejante a los serafines que aparecen los más cercanos a Dios y los más encendidos en su amor. Así como un hierro caldeado en fuego más parece ascua que hierro, otro tanto se puede decir de las almas transformadas por amor divino, pues más parecen dioses que criaturas. «No viven más que de amor y se derriten en deliquios de su Dios Criador y Redentor. Como San Francisco de Asís parecía otro Cristo con sus cinco llagas, y no cesaba de exclamar: «¡Amor, Amor! ¿Por qué así me has herido? ¡Amor, Amor, la muerte te pido! ¡Amor, Amor, llévame a tu mansión, porque vivir más no puedo!» De la misma forma exclaman las almas que han recibido el bautismo del fuego de amor divino, diciendo: amore langueo, muero de amor. Y al ver que a Jesús se le ofende o no se le ama más ardientemente, exclama millares de veces con el Serafín de Asís: «¡El amor no es amado! ¡El amor no es amado! Amore amoris tuis morior, moriré consumido, en tu amor, ya que Vos moristeis, Jesús mío, por m¡amor. ¡Oh que larga se me hace esta agonía de amor! Quiero morir para unirme íntimamente, para abrazarme con m¡amado Jesús».

En estos bautismos espirituales es purificada el alma, y recibe al mismo tiempo nuevas gracias confortantes y especiales carismas para subir a los grados de la perfección hasta abrazarse con Dios. Aún se pueden nombrar otros bautismos y maravillosos modos que el Señor tiene para santificar las almas; pero bastan los dichos para que se forme alguna idea de la escala espiritual. Por más que el Padre Scaramell¡venga a decir con perjuicio de las almas que no se debe aspirar n¡pensar en esta vida contemplativa, no dudamos que a todos crió Dios para esta íntima unión.

El P. Rodríguez repite que basta lo ordinario para la perfección; pero vemos que lo ordinario no basta para estos grados de santidad, y que la iglesia a nadie canoniza con lo ordinario, sino que siempre exige las virtudes en grado heroico para la beatificación y canonización de los siervos de Dios. Y no se crea que es tan difícil subir a la cumbre de la perfección, porque Dios a todos nos llama y nos da las gracias suficientes desde el santo Bautismo para la íntima unión con él, y muchas almas, sin conocer ellas mismas, están pasando por varias vicisitudes y purificaciones que elevan a los altos grados de la vida espiritual. Cuando Dios a todos nos ha criado para el cielo, desea que nos pongamos en la condición de conseguirlo y que aspiremos con su gracia a purificarnos de toda mancha, porque cosa manchada no puede entrar en la gloria. Vivir con la tibieza y comodidad, con mil faltas y manchas alternando con el mundo y sus palacios, y adelantar en la perfección y santificarse, de ninguna manera son compatibles.

Fr. Andrés de Ocerin Járegui

Liceo pedagógico

Con este título funciona en Valencia un centro católico de formación y selección profesional del Magisterio. Ya era hora de que los maestros católicos se organizasen para conservar, fomentar y propagar el espíritu religioso en la enseñanza, base firme de toda cultura.

Y es natural que no oculten la luz debajo del celemín. En recientes ejercicios de oposición se ha notado, con gran complacencia, que el mayor índice de cultura general y profesional ha correspondido a los alumnos y maestros de ideas religiosas arraigadas; pues por encima del cerco de laicismo que hace coto de la enseñanza oficial (correctamente interpretado por los maestros de confesión religiosa), transcendía en los ejercicios prácticos una floración espléndida de virtudes y sólidos principios del saber humano que han reconocido, con respeto y sinceridad que agradecemos, hasta los más distanciados de nosotros.
Liceo Pedagógico, respondiendo al anhelo de muchos maestros y normalistas, ha organizado una labor práctica en su modesto local de la calle del Portal de Valldigna, núm. 11. Allí se reúnen los alumnos en academia diaria dirigida por dos profesores, maestros competentes, para ordenar los estudios ordinarios de curso, resolver dificultades y disciplinar el trabajo de cada día.

Además de esto, se está desarrollando un bien pensado plan de alta cultura por medio de cursillos de conferencias semanales que dan eminentes pedagogos. En el mes de Diciembre, y en tres conferencias a cargo del presbítero doctor don José Belarte, cultísimo profesor del Seminario de Valencia, se han dado a conocer en grandes síntesis que estimulan a estos estudios superiores, los fundamentos de la Filosofía, las corrientes filosóficas que se han apartado de esos fundamentos, y las que han sido constantes con esos principios, y que constituye la apología de la Filosofía católica.

En este mes de Enero, y en otro cursillo de tres conferencias en los sábados 12, 19 y 26, el ilustre y veterano catedrático don Manuel Martí hablará de las Ciencias Naturales apoyadas en la verdad católica y orientadas prácticamente al campo de la enseñanza.

En otro cursillo, que oportunamente anunciaremos, se tratará del origen de las religiones, para entrar de lleno en el conocimiento de nuestra sacrosanta Religión en su relación íntima con la Pedagogía, por medio de un cursillo especial de varias conferencias en que se comentará profunda y extensamente la Encíclica de Su Santidad Pío XI sobre la «Educación cristiana de la juventud»

Finalmente Liceo Pedagógico organizará una demostración pública que corone los trabajos de este curso llamado de ensayo y que servirá de base para una labor permanente de un plan completo de Pedagogía española.

Otra tarea no menos necesaria por lo práctica, como el Secretariado de Enseñanza, entra en el plan de trabajo del Liceo. Ciertamente que esta labor no puede llevarse a cabo sin el apoyo económico que los maestros católicos han recibido de personas entusiastas para este ensayo.

De la importancia de esta organización constructiva puede juzgarse por el contraste de la organización destructiva llevada a cabo por los maestros revolucionarios de Asturias, que no están solos. Sin embargo, gracias a Dios, la inmensa mayoría del Magisterio español es culto y bueno, pero anda desorganizado porque desgraciadamente no cuenta con los medios que, para afrenta nuestra, ha contado y cuenta todavía el maestro perverso.

Ayudemos todos a los nuestros con los medios de que dispongamos. Los que tengan superior cultura derrámenla sobre ese Centro de selección y perfeccionamiento; y los que dispongan de tiempo y de dinero que lo asocien en esta empresa donde el interés se paga al ciento por uno.

S. O. Lerma

Correspondencia

De Palestina. Las creencias religiosas de los mahometanos

III. Los cinco pilares del Islamismo.

Aunque sumariamente expusimos en el artículo precedente la oración y la limosna, nos ocuparemos hoy del ayuno del Ramadán, de la peregrinación a la Meca y de la guerra santa: los cinco principales deberes del musulmán, conocidos vulgarmente con la denominación de pilares del islamismo.

e) EL AYUNO DEL RAMADAN
Es proverbial la frugalidad de los antiguos árabes. Aún en nuestros días se pueden observar que, particularmente el beduino, necesita muy poco para sustentar la vida. Esto, y su resignación en las penalidades provenientes del hambre y de la sed, habrán influido tal vez a que el ayuno haya llegado a ser uno de los "pilares" del Islam.

En los tiempos más remotos del mahometismo el ayuno se reducía a un solo día, el Ashura, o sea el décimo del primer mes que los árabes llaman Muharrán. Más tarde se introdujo la práctica —que todavía dura en nuestros días— de consagrar con el ayuno y otros actos rituales todo el mes del Ramadán. Viene a ser algo así como la Cuaresma entre los cristianos; y nada de particular tiene que en este punto, como en otros muchos, el falso Reformador de la Meca haya querido imitar la costumbre de los cristianos, especialmente orientales, los cuales, durante los 36 días de Cuaresma no tomaban nada hasta la puesta del sol.

Algo había leído, especialmente en revistas, del célebre Ramadán, pero advierto a los benévolos lectores de estas mis correspondencias que cuanto expongo lo he aprendido o recorriendo los callejones mal olientes de Jerusalén o conversando amigablemente con algún musulmán. «Mire Abuna (Padre) —me decía un Effend¡(Señor), respondiendo a mis curiosas preguntas—: Cuando la luz comienza a disipar las tinieblas de la noche, es decir, cuando el mahometano puede distinguir el hilo blanco del negro, el estampido del cañón, que usted oirá todas las mañanas del Ramadán, advierte que ya no se puede n¡comer, n¡beber, n¡fumar, n¡usar perfumes, n¡tragar siquiera la saliva, hasta que otro cañonazo a la puesta del sol levanta la prohibición.»

Entonces, ¡ah!, yo les he visto en medio de la calle hincar el diente con avidez extraordinaria o meter los cinco en una grande sartén, en derredor de la cual, sentados, seis o siete árabes devoraban el contenido. ¡Pobres musulmanes! Figúrense mis lectores que el Ramadán coincide con los días caniculares de Julio o Agosto, como sucede de cuando en cuando, porque su calendario es lunar, y el Ramadán recorre por consiguiente todas las estaciones del año: pasar dieciséis horas, bajo el ardiente sol de Oriente, sin comer, ¡y sobre todo sin beber!..., hay para desfallecer y dejarse caer tendido en brazos de Morfeo hasta que les despierte el cañón vespertino para compensarse a gusto durante la noche de las privaciones diurnas. N¡hay que decir que en las poblaciones enteramente musulmanas, durante el Ramadán, desciende y hasta cas¡se paraliza el comercio, se agotan las energías de los trabajadores, y se duerme cas¡todo el día.

Por fortuna y gracias a Mahoma, la luna, tan amada del Profeta, sigue su curso, y por fin llega a su término: ¡el fin del Ramadán!, que indica la ruptura del ayuno; durante tres días, se canta, se baila, se come, se bebe, y se emborrachan, sino de vino, porque el Corán les prohíbe su bebida, de aguardiente, del que hacen mucho uso y abuso estas gentes. Por lo visto los secuaces de Mahoma se compensan así de la prohibición del vino que el Corán reserva para el paraíso, cuando dice describiendo las delicias de los bienaventurados: "Saciarán su sed con vino exquisito y sellado... Y este vino será mezclado con el agua de Tasmim. Es una fuente de la que beberán aquellos que se acercan a Alah" (Sura 83, 24-28).

El ayuno del Ramadán obliga desde los 14 años y, particularmente los pobres, lo observan escrupulosamente. Recuerdo que en una de nuestras excursiones bíblicas por los áridos montes de Judea, como de costumbre nos rodearon en el momento de la refección unos siete u ocho jóvenes beduinos mal vestidos y peor comidos. No por respeto a Mahoma, sino por amor a nuestro divino Jesús, que dijo «dad limosna de lo que os sobra...», recogí cuanto sobró y lo ofrecí a aquellos hambrientos. Todos esperábamos verlos engullir con afán lo que antes parecían comer por los ojos... ¡N¡siquiera un bocado! Era el mes del Ramadán, y había que esperar la puesta del sol, que todavía estaba en el cenit.
Aunque los enfermos están facultados para trasladar su ayuno a tiempo oportuno o en caso de enfermedad crónica librarse de esta obligación mediante una suma de dinero, es frecuente el caso de no querer hacer uso de estas facultades, n¡siquiera para salvar la vida.

Como esta correspondencia se va alargando, dejo para la próxima el tratar de la peregrinación a la Meca y de la guerra santa y añado solamente que los musulmanes, además del ayuno, practican especiales ejercicios, oraciones, limosnas, predicación en las mezquitas, etc., durante el mes santo del Ramadán.

Fr. León Villuendas, ofm

De Benisa. Fiesta a la Inmaculada

La fiesta de la Madre es algo que se siente y que difícilmente se puede describir. El Convento y Colegio Seráfico de Benisa festejan todos los años con inusitado esplendor y con indecible cariño la fiesta de su Madre celestial, la Virgen Inmaculada, titular de su sencilla pero aseada y devota iglesia. El día 8 se estrenó aquí, en la misa mayor, la hermosa y complicada partitura Mater Misericordiae de nuestro hermano el P. Serafín Gilabert, a cuatro voces mixtas, tomando parte en ella dos coros de tiples seráficos que, tanto en esa partitura como en el motete Electa mea, también a cuatro voces, del P. Buenaventura Meseguer, alternaron y rivalizaron con los ángeles en sus alabanzas a María. Digno marco de esa gran fiesta fueron las Cuarenta horas celebradas como de costumbre, y en las que misas, trisagios y motetes fueron abrillantados por el nutrido coro del Colegio, reforzado aún con valiosos elementos de la población; mientras los noveles oradores Padres Benjamín Martí y Serafín Pérez con el veterano y acreditado P. Juan Pons rivalizaban en el púlpito ensalzando los prodigios de Jesús en la Eucaristía y en la santificación de nuestra excelsa Madre la Virgen Inmaculada.

Contribuyó a dar realce a tan espléndidas fiestas el estreno del nicho de la Titular recientemente decorado por nuestro buen amigo Antonio Ibáñez, y el adorno del altar mayor y presbiterio convertidos por manos expertas en delicioso paraíso.