Índice del número 170
Marzo de 1935. Año 16. Director: Fr. Manuel Balaguer, ofm
- El espíritu antiespañol en las escuelas. Editorial
Hay providencia. Ga-Re-Gar [Galo Recuero García]
Breves lecciones de liturgia. Fr. Juan Bta. Botet, ofm
Página misional.
La madre de nuestros colegiales seráficos. - Pego. F. de Paula
Los consejos y la juventud. Francisco López Delgado
Las creencias religiosas de los mahometanos. Fr. León Villuendas, ofm
Episodios de la vida misionera. China. Fr. Fabián Castellá, ofm
Correspondencia. Crónica. Bibliografía.
El espíritu antiespañol en las escuelas
Mucho se ha hablado y escrito sobre las nuevas disposiciones que habrán de dictarse para extirpar y desarmar todos los fermentos revolucionarios que aun subsisten, y que constituyen peligros ciertos para el porvenir.
Entendemos que aparte las previsiones que se anuncian en materia de legislación social y penal, hay otras medidas que van más directamente al fondo del problema y que sin ellas será estéril cuanto circunstancialmente se haga.
La revolución tiene un espíritu que no está, n¡mucho menos, vencido. Ese espíritu alienta en las masas; en una juventud pseudo intelectual amiga de novedades y que por cierto «snobismo» cultiva la tendencia comunista como s¡fuera un deporte de moda; y se infiltra, también, a la niñez en muchas, muchísimas escuelas de primera enseñanza.
Leímos tiempo atrás que el Inspector de la región asturiana había declarado el cese de varios maestros que habían tomado parte en la sedición del último Octubre. A su vez el gobernador civil de Bilbao habló de las escuelas nacionalistas vascas y de los textos que en ellas se emplean, donde se falsifica la Historia y se injuria a España. De las escuelas de Cataluña, «peor es meneallo», porque es sabido cómo se desenvuelve la primera enseñanza al calor de las franquicias estatutarias.
Son públicos y notorios esos desfiles socialistas de niños uniformados, con el puño cerrado en alto, que a ciencia y paciencia de las autoridades se presenciaron en algunas capitales. De las mismas Normales salen hornadas de maestros intoxicados del virus comunista, y en los mismos Institutos no son escasos los profesores que tienen a gala manifestarse despreocupados, cuando no hostiles, al orden social y al verdadero sentimiento español.
Hay que pensar, por tanto, lo que representa este espíritu cultivado en la niñez y en la juventud. Lo que supone para el porvenir de España estas generaciones materializadas, descreídas, saturadas de pasión y apartadas de todo idealismo patrio. Aterran las consecuencias que esta falsa educación puede provocar en la vida española el día que esas generaciones lleguen a intervenir en la vida pública.
Por lo mismo la acción del Poder tiene que hacerse muy sensible en este aspecto de la espiritualidad y la moral en los centros de enseñanza, empezando por la escuela primaria. El Estado no puede actuar pasivamente, n¡bajo un falso respeto a la Libertad tolerar la difusión de doctrinas o tendencias que socaven los principios sociales en que se fundamenta la civilización de nuestro país.
Las medidas de previsión en orden al momento actual relacionadas con el desarme y la actuación legal de las sociedades obreras son elementales. Pero el fondo del problema es otro, y a él hay que ir con una legislación severa, rígida, que salve el futuro de catástrofes más terribles todavía que la que hemos conocido recientemente.
Hay que destruir ese espíritu de los universalistas y demagogos que se apoderan de la niñez y de la juventud para atentar contra la existencia de España.
Rápida
Hay providencia
S¡no fuera para los católicos un dogma el que Dios rige la existencia de los seres, con aquellas palabras de que n¡la hoja del árbol se mueve n¡el cabello de la cabeza se cae sin su permiso, sin que ello se oponga a la libertad que concedió al hombre, tendríamos que reconocer su intervención no sólo con observar a los seres y sacar consecuencias racionales, sino cuando se trata de hechos humanos.
Preparan los hombres de gran capacidad hechos monstruosos contra su Hijo Jesucristo y no sólo les deja llevarlos a la práctica, aguantando tales demasías, respetando la libertad que les concedió, esperando a que se enmiende y a que llegue la hora de su justicia, que es cuando se acaba su misericordia. Es paciente y eterno, y por eso espera a que el que abusa del don precioso de la libertad a que se arrepienta y viva, entendiéndose por vida la de la gracia y como consecuencia la de la gloria.
Nos dolemos muchas veces de que Dios no intervenga ante hechos criminales para evitarlos, y mucho más cuando como consecuencia acarrea la perdición de muchas almas ; pero es que nosotros no podemos penetrar sus designios. Estamos ante un escenario en que ignoramos su tramoya y por tanto solo juzgamos por las apariencias. Nos falta capacidad, mejor, dicho, necesitaríamos la capacidad de Dios para penetrar en tales designios.
Sin embargo otras veces se complace en desbaratar los planes "concebidos, por mucha que haya sido la habilidad en prepararlos. ¿Por qué? El lo sabe, quiere y puede, y s¡los hombres de carácter lo son porque son pacientes hasta que ya no deben serlo, reconocer esta prerrogativa en la criatura y no reconocerla en perfección suma en el Creador, sería el mayor de los absurdos.
Cuando seamos desligados de esta amalgama de espíritu y materia, nos asombraremos al ver de cuantos peligros de alma y cuerpo hemos sido librados, s¡así lo pedimos con fervor al rezar el Padrenuestro, sin lesionar nuestra libertad.
La conservación es una segunda creación y por consecuencia, admitir como la más rudimentaria lógica y la fe nos enseñan la existencia de un Creador y no admitir un Conservador, es una utopía, como lo sería el no admitir que en el momento que un ser dejara de estar presente en la mente de ese Ser Supremo, en ese momento dejaría no sólo de existir, sino de ser.
Nos afanamos en vano, nos preocupamos demasiado y, en una palabra, nos olvidamos de que hay una Providencia que por nosotros vela.
GA-RE-GAR
Breves lecciones de Liturgia
Decíamos en la lección anterior, que el tiempo de Septuagésima es la primera parte de la preparación para la gran festividad de la Pascua, y que la Cuaresma es la segunda parte de esta prolongada Vigilia. Tiempo de Septuagésima, preparación para la Cuaresma, y tiempo de Cuaresma, preparación pura la Pascua; siempre en progresión ascendente en cuanto a la importancia litúrgica, hasta llegar a la Semana Santa, donde encuentra esta gradación su punto culminante.
Y ¿qué es la Cuaresma? Cuaresma significa cuarenta, y nos recuerda los cuarenta días que nuestro Divino Redentor pasó en el desierto de Judea ayunando rigurosamente, sin probar un sólo bocado de pan, n¡refrigerar sus divinos labios con un solo sorbo de agua. Y por esto, aquel monte o desierto donde ayunó Jesús por espacio de cuarenta días, es llamado todavía hoy el monte de la Cuarentena.
El número cuarenta simboliza penitencia y aflicción, dice San Jerónimo. Cuarenta días duró el diluvio, cuarenta años peregrinaron los israelitas por el desierto, cuarenta siglos precedieron al advenimiento del Mesías, cuarenta días ayunaron Moisés y Elías y cuarenta días quiso ayunar Jesús antes de promulgar su Evangelio.
Comienza la Cuaresma el día de Ceniza, en que el sacerdote pone sobre nuestras cabezas ceniza bendecida, recordándonos que somos mortales, pues polvo somos y en polvo nos hemos de convertir.
Antiguamente observaban los cristianos la Cuaresma con gran rigor, ayunando los cuarenta días, sin probar la carne, n¡lácteos y acompañando los ayunos con penitencias y mortificaciones públicas.
No funcionaban durante la Cuaresma los tribunales de Justicia y se prohibían toda clase de diversiones y espectáculos; con la Tregua de Dios se suspendían las guerras y todo uso de armas, y practicaban la mayor parte de los cristianos obras extraordinarias de caridad y misericordia.
Así santificaban los antiguos cristianos este Santo tiempo, preparándose con privaciones y penitencias para celebrar santamente la Pasión y Muerte del Divino Redentor y su Resurrección gloriosa en el día de Pascua.
S¡comparamos nuestras actuales costumbres, y aun nuestros ayunos y abstinencias cuaresmales con las de nuestros antiguos hermanos, veremos cuán profunda diferencia nos separa de ellos.
Mas aunque nuestra madre la Iglesia ha mitigado benignamente el rigor de aquellas mortificaciones y ha reducido el número de nuestros ayunos, sin embargo ha conservado y conserva el mismo espíritu de este santo tiempo, de institución apostólica, y quiere que sus fieles hijos vivan animados de ese espíritu de expiación, de oración y de penitencia, aconsejándoles que ayunen más días de los preceptuados, que se abstengan durante este tiempo de manjares exquisitos y delicados, que se priven de asistir a espectáculos y diversiones, aún lícitos y decentes, y que practiquen varias obras de caridad y de misericordia, especialmente la limosna a los pobres y necesitados.
Así es como persevera y se conserva a través de los siglos el espíritu eclesiástico que informa todo este santo tiempo, espíritu de mortificación y de penitencia, practicado siempre y en todas partes por los buenos y verdaderos cristianos.
Y este espíritu de nuestra Santa Madre la Iglesia vivifica y anima toda la Sagrada Liturgia de este tiempo de Cuaresma, la más rica y sublime de todo el año eclesiástico.
No tenemos más que abrir el misal y el breviario romanos para convencernos de esta profunda verdad.
Dos ideas fundamentales predominaban en la antigua Liturgia de la Cuaresma: el Bautismo y la Comunión; la preparación de los catecúmenos (para ser bautizados), y la preparación para la sagrada Comunión Pascual.
Y estas dos mismas ideas llenan también ahora toda la Sagrada Liturgia; el segundo bautismo, que es el sacramento de la Penitencia, y la Comunión de Pascua florida, obligatoria para todos los cristianos.
En la primitiva Iglesia se cubrían la cabeza con ceniza al principio de la cuaresma los cristianos penitentes, y así permanecían hasta que les eran perdonados sus pecados. Y a esto hace alusión ahora la imposición de la ceniza el primer día de Cuaresma, llamado por esto miércoles de Ceniza.
Todos los cristianos hemos sido regenerados por las aguas del santo bautismo, y todos nos lavamos de nuevo de las manchas del pecado en la piscina de la confesión sacramental, preparándonos para comulgar lo más dignamente posible. Y alrededor de estas dos ideas capitales giran las tiernas y conmovedoras parábolas de Jesús, que nos recuerdan los evangelios de estos días, los pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento que nos recuerdan las epístolas de la misa, y las mil y mil oraciones, afectos y expresiones de los Profetas y versículos de los Salmos, de que están llenos los introitos, los tractos y ofertorios de las misas de este tiempo, y las lecciones, responsorios, antífonas e himnos del oficio divino.
Jesús tentado en el desierto por Satanás y venciendo a este infernal enemigo, nos enseña que nuestra vida toda es una lucha continua y nos da armas para vencer siempre a los enemigos de nuestras almas.
Jesús transfigurado en el monte Tabor nos da un reflejo momentáneo, pero vivo y resplandeciente, de su divinidad, oculta y envuelta en su humanidad.
Jesús lanzando los demonios de los cuerpos de los posesos, nos revela su poder divino, y nos anuncia el establecimiento de su Reino que había de destronar a Satanás, enseñoreado entonces del mundo por el pecado.
Y Jesús multiplicando los panes en el desierto para alimentar a una inmensa multitud que le seguía, nos da una figura expresiva y maravillosa del Augusto Sacramento de la Eucaristía, que había de instituir la víspera de su muerte, para ser el alimento divino de las almas de todos los fieles, hasta la consumación de los siglos.
Leamos y meditemos atentamente los evangelios que la Iglesia nuestra Madre pone en cada uno de los cuatro primeros domingos de Cuaresma, y esta meditación avivará nuestra fe y enardecerá nuestros corazones en el amor y gratitud que debemos al Divino Redentor de todo el género humano.
Página misional
En la parte septentrional de la lejana China, entre montes inaccesibles y caminos deficientes, existe una región ordinariamente cubierta de nieves llamada Tibet, región pagana en creencias, de costumbres y usos cas¡primitivos, atrasada en todos los órdenes del progreso humano.
Allí, olvidados del mundo, pero fija su mirada en el cielo, trabaja este grupo de abnegados misioneros que, a pesar de sus estrafalarias vestimentas, son verdaderos religiosos franciscanos europeos, menos uno, que es sacerdote secular del país, el único sacerdote tibetano que hay en el mundo. Estos valerosos franciscanos, entre los que se cuenta un valenciano, Fr. Pascual Nadal Oltra, natural de Pego, e hijo de esta Seráfica Provincia de Valencia, están con las beneméritas religiosas Franciscanas Misioneras de María al frente de una leprosería que tiene 110 lazarinos. La leprosería, levantada de planta pocos años ha en medio de la brava naturaleza, está situada a poca distancia de Mosien-nen, distante dos días de camino de Tatsien-hu, capital del Vicariato Apostólico del Tibet.

Grupo de leprosos de la misma localidad que tomaron el hábito de la Venerable Orden Tercera de Penitencia el día 4 del pasado Octubre.
El día 4 de Octubre último, festividad de San Francisco de Asís, hubo sencilla fiesta en la leprosería, la única clase de fiestas que caben en esas mansiones de continuo dolor.
Las Franciscanas Misioneras cantaron la Misa de Ángelus, con la particularidad de que en ella comulgaron por vez primera once niños de ambos sexos y una mujer adulta, todos leprosos, a los que antes se les había administrado el santo bautismo. Ese mismo día también se estableció entre la población lazarina la V. O. T. de San Francisco, y los enfermos que ves, caro lector, ostentando el escapulario y el cordón seráficos, son los que ingresaron en ella, principiando su año de noviciado.

Comunidad franciscana de la leprosería de Mosiennen (Tibet chino). El señalado con el núm. 1 es un sacerdote tibetano, único en el mundo, y el del núm. 2 es Fray Pascual Nadal, natural de Pego e hijo de la Provincia Seráfica de Valencia.
La madre de nuestros Seráficos
Devota y linda iglesia poseemos,
y allí, en su altar mayor, Virgen graciosa
se nos muestra esplendente, pura, hermosa,
y de veras nosotros la queremos.
Es la Madre de nuestros colegiales;
la que amante sus tiernos pasos guía;
la sin par y dulcísima María,
de luz foco y de gracias divinales.
A sus plantas purísimas, de hinojos,
corazón, alma y vida le ofrendaron
cuantos niños en pos de Ella llegaron,
y en quien antes fijara Ella sus ojos.
Y fue también allí, cabe sus plantas,
do quedó a buen recaudo su inocencia,
al vestir el sayal de penitencia
que Francisco vistió y mil almas santas.
¡Oh! mil veces feliz quien de tal suerte
guardar sabe su nívea azucena;
de celestes aromas siempre llena
logrará conservarla hasta la muerte.
Gloria da cuando el sábado el Colegio
por cantarle a su Madre se congrega,
y en dos filas, amante a su altar llega
a ensalzar su virgíneo privilegio.
¡Y con cuánta dulzura allí le canta!
No expresan en la fronda sus amores
mejor que ellos los dulces ruiseñores:
Toda bella sois, dicen, Virgen Santa.
Y mancha no hay en ti, siguen diciendo:
De Israel sois la gloria y su alegría.
Prudentísima Virgen, ¡oh, María!,
por nosotros seguid intercediendo.
Y el trono de María resplandece,
y rasgándose el velo de las nubes
en el cielo un enjambre de querubes
y alegres serafines aparece.
Míranse niños y ángeles gozosos;
los contempla María sonriente,
y raudales de luz sobre su frente
derrama con sus dones más preciosos.
¡Dulce Virgen y Madre muy amada
que de niño también me recibiste,
y aquí por vez primera el Pan me diste
que salió de tu masa inmaculada!
Mírame, yo te ruego con ternura,
y así mira a tus caros pequeñuelos,
conque todos logremos en los cielos
para siempre gozar de tu hermosura.
¡Ved qué hermoso plantel de futuros Religiosos y Misioneros tiene en el Colegio de Benisa (Alicante) la Provincia Seráfica de Valencia! Parece verdaderamente increíble. En vano nos deslumbran aun a veces los relámpagos y nos ensordecen los truenos de la horrible tempestad desencadenada ha poco contra la Iglesia, y especialmente contra las Ordenes Religiosas, y que tantas bajas ha ocasionado entre los sacerdotes y siervos del Señor.
La revolución sangrienta de Asturias no puede ser más reciente. Las vocaciones religiosas, sin embargo, en vez de disminuir han seguido este año en aumento, nos es imposible en la actualidad dar cabida en nuestro Colegio a los numerosos niños que solicitan ardientemente su admisión en esta santa Casa.
El Señor los conserve en los buenos propósitos concebidos y que puedan muy pronto formar parte del envidiable plantel que tan brillantemente se desarrolla bajo las tiernas miradas y solícitos cuidados de Jesús y de María.
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