Página misionera

La Orden Franciscana y las misiones

Testimonio del historiador Hilarino Felder

«Francisco es el primero entre todos los fundadores de Ordenes religiosas que insertó en su Regla el apostolado entre los paganos. Fue el primero de los occidentales que llevó el beneficio de la fe a los pueblos acampados fuera de Europa. Con él se abre la era de las Misiones, que no ha cesado de desenvolverse hasta nuestros días. Puede afirmarse sin exageración: Después de los tiempos apostólicos es el primer mensajero de la fe que agitó en su bandera la conversión del mundo entero, cumpliendo así a la letra la orden impuesta por el divino Salvador de evangelizar el universo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura.

»Este espíritu ni se limita a sólo Francisco, ni se extingue con su vida. Una como locura de apostolado se apodera de las primeras generaciones franciscanas y una sed de heroísmo cristiano, hasta hambre de martirio, las devora. Las actas de los mártires franciscanos sólo tienen comparación con las de los primeros cristianos.»

¿Exageración? Nada de eso. Véase la

Confirmación del testimonio

Los franciscanos ya en vida del mismo fundador, y él mismo en persona, son los primeros cruzados auténticamente cristianos que penetran en el mundo musulmán: Egipto, Siria, Marruecos, Palestina, España árabe, etc. En 1220, San Bernardo y cuatro compañeros más son martirizados por el Sultán de Marruecos; poco después les siguen San Daniel con cinco religiosos, martirizados en Ceuta; por el mismo tiempo los Santos Mártires de Teruel, Fr. Juan de Perusa y Pedro de Saxoferrato, vierten su sangre en Valencia (en lo que hoy es mercado de las flores bajo el golpe del alfanje moro; poco después el Beato Raimundo Lulio sacrifica su vida predicando a los musulmanes de Bujía, y los Beatos Juan de Cetina y Pedro de Dueñas, moradores del convento de Chelva, vertieron su sangre en las calles de Granada.

Desde entonces, fracasadas las Cruzadas, los Santos Lugares de Palestina fueron mantenidos por las vidas y sangre de franciscanos; se ha dicho que en esta gesta heroica, en el transcurso de siete siglos, han perdido su vida más de 10.000 franciscanos.

Mundo Extremo Oriental

Al mismo tiempo los franciscanos van al corazón mismo del Asia. Las expediciones dirigidas por Fr. Juan de Piancarpini y Fr. Guillermo de Rubruck tienen sabor de heroísmo legendario; llegaron hasta Karakorum, edén del emperador mogol.

Poco después, Juan de Monte Corvino predica en Pekín al Gran han de los tártaros, y se establece con ello por vez primera la jerarquía eclesiástica en aquellas remotas regiones. En efecto, Clemente V, conocedor de la labor del misionero de Pekín, consagró a siete Obispos franciscanos y los envió a aquellas tierras para que consagrasen Obispo a Juan de Monte Corvino, quien investía también con la dignidad de Arzobispo de Pekín v Patriarca de todo el Oriente.

El Beato Odorico de Pordenone, de quien las crónicas dicen que bautizó a más de 20.000 infieles, llegaba a China en 1328, y encontró allí numerosos y florecientes conventos franciscanos y pudo admirar la admirable labor del Arzobispo y las cordiales relaciones que mantenían con el Gran Kan. Entre esta gloriosa falange de franciscanos misioneros está Fr. Pascual de Vitoria (español), que con varios compañeros fue martirizado en 1340 en el Turquestán chino. Son los protomártires de la China.

Al mismo tiempo se extendían los franciscanos por Georgia, Armenia, Persia, India, donde en 1321 tenía lugar el martirio del Beato Tomás de Tolentino y compañeros, protomártires misioneros de la India. Hasta se dio el caso de que un rey de Armenia ingresara en la Orden Franciscana.

Época de los descubrimientos

Este empuje misionero de los franciscanos en los siglos medios no decreció en la época de los grandes descubrimientos, especialmente de América, sino que se incrementó hasta lo humanamente increíble. Del dominio público es que la gesta de la colonización y civilización de América es obra principal de las Ordenes religiosas españolas, en su mayor parte. En otros números podremos ocuparnos de ello más ampliamente, ahora dejamos sentado este

Dato significativo

Los católicos de Estados Unidos quieren llevar a los altares a todos los misioneros que en aquellas tierras vertieron su sangre en defensa e la fe de Cristo. Según estadística publicada en 1941, el número de estos mártires es de 99; de ellos, 70 son franciscanos. Los otros 29 pertenecen a las otras Ordenes y al clero secular. De los 70 franciscanos, 66 son españoles. Estos números se comentan a sí mismos.

En la actualidad

Hay en misiones 6.010 franciscanos (4.196 franciscanos, 1.642 capuchinos y 170 conventuales), esparcidos en 152 Misiones.

Fr. Fidel

Carta del P. Gonzalo Valls

Muy amado Padre:

Comienzo por encomendar ésta a San Antonio para que no se extravíe en los viajes peligrosos que va a emprender y la haga llegar a sus manos aunque sea maltrecha.

En septiembre de 1942, a mi paso por Pekín, expedí algunas cartas a España. Habiendo recibido contestación a algunas de ellas, me forjo la ilusión de que también habrá llegado la que mandé a V. R. en aquella circunstancia, y que de un día para otro llegará también su esperada contestación.

De noticias de aquí deberé ser parco, prudente y telegráfico. La miseria general de que le hablaba en mi última se ha centuplicado con el nuevo año de guerra. Los artículos de primera necesidad que el pasado año costaban unos 20 l, ahora están a 300 y pico, con la dificultad de encontrarlos. Muchas son las causas de esta escasez y encarecimiento, pero me las callo por prudencia. En consecuencia, hambre y muerte por doquiera. Hasta hace poco no se podía salir de la ciudad sin tropezar con el cadáver de algún hambriento devorado por los perros. En verano todo el mundo vive.

Por lo que se refiere a nuestro Seminario, ya sabe que hace año y medio tuvimos que abandonar nuestra casa para poner a salvo la vida de nuestros estudiantes, ya que los comunistas que merodeaban por aquellos lugares se llevaron preso uno de nuestros jóvenes y nosotros quedábamos indefensos ante las incursiones de aquellos malandrines. El pasado año tuvimos que abreviar el curso por la escasez de medios con que sustentar a los seminaristas y otro tanto hemos hecho en el último curso. Ahora, durante el verano, vamos a caza de víveres para el nuevo año escolástico. Confiamos en la Providencia en que podremos, aunque con no pocas privaciones, abrir las clases y llevarlas hasta el fin. A pesar de todo, este año hemos podido llevar al altar otros seis nuevos sacerdotes, y para el próximo se preparan otros diez.

Las Misiones en general han sufrido un rudo golpe con la concentración oficial de los misioneros de nacionalidad enemiga en dos centros, uno al Norte y otro al Sur. Por ello han quedado abandonados muchos Vicariatos. Sólo en esta Provincia han sido evacuados dos Vicariatos de holandeses y otro de belgas. Los prisioneros eran todos franciscanos y pasaron por aquí 60 de ellos con unas 30 religiosas, también holandesas, que iban todas a su destierro. Aunque con el corazón doliente por la separación violenta de sus campos de apostolado, iban contentos a su destino, confiados en que Dios sabría defender la grey que les había confiado. Al verlos tan heroicamente resignados nos pareció revivir la página franciscana de «la perfecta alegría». También venían desterrados con ellos dos Obispos, gravemente enfermos, y un Padre paralítico. Para éstos pudimos conseguir de las autoridades quedaran en nuestro hospital de aquí, a fin de que no murieran en el camino. Dichos Obispos han muerto entre nosotros, a poca distancia uno del otro, y ambos con la muerte de los santos.

PP. Gonzalo Valls y Severino González

PP. Gonzalo Valls y Severino González al poco de llegar a China.

El primero, Mons. Simmer, anciano de ochenta y cuatro años de edad, veinte de misionero y cuarenta y dos de Obispo; que vivió en la persecución de los boxers, en 1900, y que después reorganizó la Misión, reconstruyendo los edificios e iglesias y quintuplicando los cristianos. Este, al reunirse con sus misioneros en la Catedral para cantar el Itinerarium antes de salir para el destierro, entonó el Te Deum, que continuaron todos entre sollozos. El mismo, antes de morir, hizo salir de su habitación a las religiosas que lo asistían, y levantándose de la cama se extendió en el suelo para morir como su Seráfico Padre... Han acaecido escenas hermosísimas y edificantes, que le podría contar, tanto del afecto con que los cristianos se han unido al misionero en su tribulación como de la constancia y heroísmo con que hasta jovencitos han defendido su fe cristiana. Esperamos que el Señor me dé vida y ocasión de poderle hacer partícipe de mis impresiones.

Después de todo, hay que dar gracias a Dios que providencial mente ha ido preparando la Iglesia china para las actuales necesidades. Ninguna Misión católica ha sido abandonada. Con el clero indígena y el extranjero de nacionalidad no enemiga, se han ido ocupando los Vicariatos abandonados, que continúan generalmente su vida ordinaria. Así se ha impedido que tirios y troyanos se incautaran de los bienes de la Iglesia, como han hecho con los de los protestantes. Mucho ha contribuido la representación diplomática que estas naciones beligerantes paganas tienen con la Santa Sede. Además se obtiene otro buen efecto, y es que los cristianos indígenas se acostumbran a sustentar por sí mismos a la Iglesia y a sus obras benéficas.

Los 150 franciscanos indígenas que tenemos en China nos han venido de perlas para salvar algunas Misiones y Vicariatos de gloriosa tradición franciscana, que de otra suerte habrían caído en manos extrañas. Es así como los misioneros de Mons. Ibáñez, que ya desde ocho años se encontraban dispersos y errantes, han venido ahora a reunirse, encargándose de varios puntos.

Acabo de mandar a Mons. Ibáñez un Ordo Divini Officii, pues a la altura que estamos del año aún no les han llegado los mandados el verano pasado.

La propagación de la fe, casi nula. De 150.000 adultos convertidos anualmente en toda la China, el último año sólo fueron ¡¡¡25.000!!! En cambio, se puebla el cielo con bautismos de adultos moribundos y especialmente de criaturas abandonadas. Vea de mandarnos otras listas de nombres. En medio de tanta calamidad es muy hermoso vivir abandonado en las manos de la Providencia amorosa.

La última suya lleva fecha 12 de agosto de 1941 y llegó aquí en octubre del mismo año.

Las listas núms. 28, 29, 30 y 31 de bautizos han quedado cumplidas, esperando otras nuevas que provean de bienhechores a los muchos angelitos que ahora mandamos al cielo, y que desde allí trocarán sus limosnas en bendiciones.

Del dinero que en aquella fecha decía iba a mandar el P. Epelde (unas 12.000 pesetas) no se ha recibido aún nada. ¡Son tan malos los tiempos que corren! ¡Pero eso no debe ser impedimento para que le mande las limosnas que vaya recogiendo! Ya habrá ocasión de hacer la transferencia.

A dicha carta del 12 de agosto de 1941 contesté en febrero de 1942, y luego, en septiembre, desde Pekín.

En ambas le proponía la fundación de alguna beca o bolsa de estudio, hecha a favor de nuestros coristas indígenas. Estas se podrían hacer por suscripción bajo la advocación de algún Santo, como San Antonio, San Francisco, Santa Teresita, etc. Ahora se ha visto cuán útiles nos son los religiosos chinos que tenemos, pues, de lo contrario, Vicariatos fundados con sangre franciscana habrían dejado de pertenecer a la Orden, rompiéndose su tradición.

Rueguen por nosotros para que sepamos dar el mayor fruto que espera el Divino podador de la viña.

12 de agosto de 1943.»

Fr. Gonzalo Valls, ofm

[Nota biográfica del P. Gonzalo Valls]


«¿Podríamos acaso disimular que el año nuevo y los nuevos tiempos que con él se abren traerán también ocasiones de hechos..., de méritos y de victorias?... ¿No veis de qué manera..., negada y ultrajada la ley del amor evangélico, cunde..., la guerra..., transformando ciudades enteras en montones de ruinas humeantes y llanuras copiosas de maduras mieses en necrópolis de cadáveres destrozados?»
(Palabras del Papa.)