Meditación
Las tres cruces
Quien con ojos de indiferencia, cual transeúnte profano, se detuviera un momento a contemplar el cuadro del Gólgota en las primeras horas de la tarde del primer Viernes Santo, vería plantadas, entre abigarrada muchedumbre, tres cruces con sendos ajusticiados, término de un camino doloroso —vía crucis— recorrido a la vez por los tres crucificados. Acaso pararía un momento y observaría... Y a la vista de las diferentes actitudes de los espectadores frente a los pacientes y de las reacciones de éstos ante el terrible dolor, quizá se encogería de hombros, haría una mueca de extrañeza y continuaría su camino, lamentando por unos momentos lo que para él no pasaba de un simple episodio, ajeno por completo a su destino.

Con todo, nada más fuera de la realidad. Aquella sangrienta escena no es un mero episodio; es el epílogo permanente del drama divino-humano. Sus sombras y sus luces se proyectarán hasta la consumación de los siglos en el seno de la humanidad. Y esto siempre con la misma viveza; pero cada vez con más gigantescas proporciones, a medida que su proyección se ensancha en el espacio y abraza a nuevas y más dilatadas generaciones...
Desde aquella tarde la humanidad entera se siente atraída imperiosamente hacia la cima simbólica del Calvario, y de grado o de fuerza se ve obligada a mirar a la cruz, no en calidad de mero espectador, sino en plan acuciante de real actor...
Y Yo, cuando sea levantado de la tierra, en una cruz. atraeré a Mí todas las cosas. Esta es la revelación del hondo misterio hecha por el mismo Verbo de la verdad... Efectivamente, esta PALABRA permanece, como todas las del Verbo.
De ello da testimonio la propia conciencia frente al ineludible problema del dolor...
No debe pasarse por alto que en la cima del Calvario se levantan tres cruces. Son tres puntos de convergencia del dolor humano, y según el sujeto que lo encarna, de ellas se irradian muv distintos fulgores.
La cruz del Justo: símbolo del dolor que redime.
La cruz del ladrón arrepentido: símbolo del dolor redimido.
La cruz del ladrón empedernido: símbolo del dolor que degenera y endurece.
La misma realidad obrando en diferentes actitudes de los sujetos y que adquiere sentido sólo mirando a la Cruz redentora de Jesús.
Porque así es desde aquella tarde del primer Viernes Santo que registra la historia. El dolor inmenso de la humanidad se polarizó en el Calvario y se hincó despiadadamente en las carnes inocentes del Hombre-Dios...
En adelante, el que sufra y mire allí arrepentido y con ojos suplicantes, sentirá purificarse el alma en el crisol de la tribulación. Quien sufra y, desesperado, aparte de allí sus ojos con blasfemo desprecio, se verá envuelto en tinieblas de muerte y resquebrajado por degradante furor...
El mismo dolor que obra: mirando a Jesús, salvación; de espaldas a Jesús, reprobación.
Tres cruces se ven allí. Corresponden a tres caminos dolorosos —tres vía crucis—, por que desfila la humanidad entera desde las primeras horas de aquella tarde del pecado original...
O mejor, es la misma vía dolorosa, recorrida con distinta actitud por los pobres mortales cargados con la cruz del dolor.
Porque no hay que olvidarlo, desde el pecado nadie puede recorrer la senda de esta vida sin ir cargado con su cruz...
Cargado con la cruz va el inocente, el pecador arrepentido y el insensato malhechor; pero ¡qué suerte tan diversa! Aquél, se sublima; el segundo, se levanta y regenera; el último, cae en el abismo del desespero...
Con todo, los tres van cargados con la misma cruz del dolor...
También en el vía crucis de cada cual da sentido a la cruz cargada la clase de mirada dirigida al Divino Nazareno, que inicia el VíA CRUCIS trascendente y sobre quien descargan su peso las cruces todas de los hombres.
Quien camina tras él y le mira con fe, amor y confianza, siéntese aligerar el peso de sus penas; quien se aparta de El e, insensato, se rebela blasfemando del dolor, siéntese desesperadamente oprimido por el peso de su cruz...
La misma cruz llevada a cuestas por la calle de Amargura de este mundo.
Llevándola con Jesús se siente alivio.
Llevándola a solas, sin Jesús, oprime y desespera...
Viernes Santo... Jerusalén... Tres vía crucis... Tres cruces... Sus fulgores no se extinguieron aquella tarde. Continúan proyectándose...
Cristiano, medita. ¿Es luz o sombra lo que te alcanza?
Fr. José Antonio Arnau, ofm
[Nota biografica del P. José Antonio Arnau]
¡Resucitó!
Lo dice el Evangelio unánimemente por boca de los cuatro, que es la prueba documental.
Lo viene repitiendo la Iglesia durante veinte siglos y lo repetirá hasta el fin del mundo con el cántico de Alleluya, grito ele alegría que repiten con alborozo todos los pueblos de la tierra, que es la prueba moral e histórica.
Lo discuten los enemigos en lógica confusión, que es la prueba de la afirmación que niegan; y consiguientemente, de la falsedad que afirman , desde los que combaten la naturaleza divina de Jesucristo hasta los que niegan su naturaleza humana. Esta es la prueba de las tinieblas, en perpetuo homenaje a la luz que resisten.

Resurrección es triunfo, es victoria y es dominio. En la vida del mundo no se conoce otro dominio, otra victoria y otro triunfo como el de Jesucristo.
Triunfó del demonio, que es el espíritu y sugestión del mal, y le arrebató el principado de las gentes; venció al mundo, que es la soberbia y vanidad de la vida, implantando el reino de Dios y su justicia sobre todas las ambiciones humanas; dominó la carne, que es objeto y término del egoísmo, sujetando las pasiones que la sofocaban. Son los tres enemigos permanentes del hombre sobre la tierra. No hay otros, y ellos tres no son sino un solo desorden; y esto es tan evidente, que no hay un solo atacado de esas concupiscencias de que habla San Juan, que no se vea inficionado de las otras. Son la trinidad del mal.
La resurrección de Jesucristo es una prueba de la resurrección que El obró en todas las cosas.
Resucitó la libertad humana, que estaba prisionera en las redes del pecado, y el alma pudo aspirar de nuevo el oxígeno de la vida espiritual; resucitó la inteligencia, que estaba sumida en las tinieblas del error, y pudo de nuevo hundir sus pupilas en el piélago de la verdad reveladora; resucitó la carne de la muerte y corrupción eternas, embalsamándolas con las inyecciones de la gracia y por medio de los sacramentos.
Lo dijo El para nuestro consuelo y esperanza: Yo soy la resurrección y la vida.
Con la venida de Cristo al mundo volvieron al orden todas las cosas que habían sido desordenadas por el pecado; y por su resurrección gloriosa quedaron confirmadas.
F. M. Morales
Mujer, he ahí a tu Hijo
Mujer llama a su madre cuando expira,
porque el nombre de Madre regalado
no le añada un puñal vendo clavado
a su Hijo y de Dios por quien suspira.
Crucificado en sus tormentos mira
su primo, a quien llamó siempre el Amado,
y el nombre de su Madre, que ha guardado,
se le dice con voz que el cielo admira.
Eva, siendo mujer que no había sido
madre, su muerte ocasionó en pecado,
y en el árbol el leño a que está asido.
T porque la mujer ha restaurado
lo que sólo mujer había perdido,
mujer la llama y Madre la ha prestado.
Quevedo

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