Valencia guarda la más preciada reliquia de la Cristiandad
Por el Ilmo. Sr. Dr. Elías Olmos, Canónigo Archivero de la Catedral de Valencia
Valencianos: ¿ Hasta cuándo? ...
Afirma Séneca que nunca se enseña bastante lo que bastante no se sabe, por eso estimamos de gran oportunidad escribir del Santo Cáliz cíe la Cena.
¿Por ventura, conocen los españoles la insigne reliquia que posee Valencia? ¿Los mismos valencianos, están percatados del excepcional valor religioso del Santo Cáliz que guarda nuestra Catedral? No. Ni España, ni Valencia, saben lo suficiente acerca de la Presea divina de que es relicario la Capilla Gótica de la Metropolitana valentina. Solamente así se explica la indiferencia que con ella observan muchos, muchísimos, valencianos y españoles.
Contrasta esta conducta con la observada con sus reliquias, harto menos importantes, tantos y tantos pueblos extranjeros.
La Sábana Santa de Turín, la Mesa de la Consagración, la Escalera Santa, la Cruz de Cristo y otras muchas reliquias del Salvador, reciben el culto más ferviente que el Santo Cáliz de la Cena, con no sufrir comparación con Este. Porque si aquellas fueron salpicadas por la sangre de Cristo, el Cáliz fué de ella recipiente al consagrarla el Divino Maestro en la noche de la Pasión.
De este Cáliz bebieron Jesús y los Apóstoles en aquella noche venturosa para el humano linaje; de él comulgó, a no dudarlo, la Santísima Virgen, según costumbre de los primeros tiempos del Cristianismo, en que se comulgaba con la doble especie, y llevado a Roma por San Pedro, con él celebraban los Papas en las catacumbas la Santa Misa, en las grandes solemnidades, hasta el año 258, en que San Lorenzo, para librarle de que fuese profanado durante la persecución de Valeriano, le envió a Huesca, su Patria, con una carta, para que le guardasen y venerasen.
Fué en 713 cuando Adalberto, Obispo de dicha ciudad, huyendo de la invasión sarracena, se refugió con sus diocesanos en San Juan de la Peña, donde en torno del Santo Cáliz se edificó un pueblo y fué creada la monarquía aragonesa y coronado su primer rey Garci-Giménez, y más tarde se establecerán junto al Cáliz del Señor los monjes clunenses reformados por San Hugo; y en esa reliquia augusta se inspiraron los grandes poemas medievales de Cristián de Troves, Eschembach y Roberto de Borón, y el incomparable Wagner, para legarnos sus geniales Parsifal y Lohengrin, permaneciendo en aquella Peña venturosa que santificara con sus virtudes Juan Artarés; hasta 1399, en que los monjes del Monasterio, accediendo a los vehementes deseos que tenía de poseer el Santo Cáliz de la Cena el rey Martín el Humano, le llevaron a Zaragoza.
En el acta de entrega del Santo Cáliz, que se halla catalogada en el Archivo de la Corona de Aragón, taxativamente se consigna la carta de San Lorenzo, de la que dan fe el notario real Berenguer Sarta y los caballeros representantes del Rey.
En 1424 le trajo a Valencia Alfonso V el Magnánimo, entregándole a la Catedral en 1437.
No existe reliquia alguna de Nuestro Señor Jesucristo tan documentalmente probada como la autenticidad del Santo Cáliz de la Cena que guarda nuestra Metropólita Basílica.
¿Qué hubieran hecho de El si lo poseyesen otras naciones? Juzgad por lo que Francia hace con la Virgen de Lourdes.
¿Cómo procederían si lo tuvieran otros pueblos de España?
Respondeos, habida cuenta del proceder y entusiasmo de Zaragoza con su Virgen y de Compostela con Santiago.
Valencianos: ¿Hasta cuándo seremos indiferentes con el Santo Cáliz de la Cena?
[Lea también un artículo del ABC sobre este tema. En él se cuenta la peripecia del Cáliz durante la guerra 36-29 en la que tuvo parte importante el D. Elías Olmos, autor de este artículo]

Pego. Iglesia de la Sagrada Familia de los PP. Franciscanos, con su nuevo y artístico retablo del Altar mayor. El grupo escultórico de la Sagrada Familia que había antes de la guerra se sustituyó por un lienzo con su imagen. Con respecto a 2012 sólo ha cambiado la mesa del altar que ahora se encuentra a la entrada del presbiterio.
Estampas evangélicas
La transfiguración del Señor
6 de agosto
Los Apóstoles habían quedado sorprendidos ante el primer anuncio formal de la pasión afrentosa del Maestro, seguido de la solemne promulgación de la ley de la abnegación que necesariamente han de abrazar los seguidores de Cristo.
«Y seis días después —escribe San Mateo— Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y subieron solos a una montaña elevada. Y se transfiguró en presencia de ellos. Y su rostro resplandeció como el sol; y sus vestidos aparecieron blancos como la nieve. Y he ahí que se dejaron ver Elías y Moisés hablando con Jesús. Interviniendo Pedro, dijo al Señor: "Maestro, bien que estemos aquí. Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Estando todavía hablando Pedro, los envolvió una nube luminosa. Y de la nube salió una voz que dijo: "Este es mi Hijo muy amado, en quien me he complacido; escuchadle." Lo que oído por los discípulos, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran miedo. Y se acercó Jesús y los tocó, y les dijo: "Levantaos y no temáis." Al punto miraron en torno" suyo y no vieron a nadie más que a Jesús. Y cuando bajaban, Jesús los mandó, diciendo: "A nadie digáis esta visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."» (Mt 17).

La Transfiguración del Señor. Kiko Argüello
Este hecho lo narran, además, San Marcos y San Lucas. San Juan, si bien no nos ofrece una narración detallada del mismo, nos lo indica claramente al principio de su Evangelio, cuando dice: Y nosotros vimos su gloria, una gloria como la del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. San Pedro, uno de los testigos, además de su implícito testimonio por la narración de su fiel discípulo San Marcos, nos ha dejado también en su segunda epístola una preciosa alusión a este hecho maravilloso. Dice: «Al daros a conocer la virtud y realidad de Nuestro Señor Jesucristo, no lo hacemos siguiendo fábulas artificiosas, sino que fuimos testigos oculares de su grandeza, ya que cuando El recibió honor y gloria del Padre, dejóse oír en la gloria magnífica una voz que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido; escuchadle." Y esta voz la oímos nosotros que salía del cielo cuando estábamos con El en el monte Santo.»
Es, pues, este acontecimiento de la vida de Nuestro Señor uno de los que más debieron impresionar a los Apóstoles. Ocupa también un punto culminante en la carrera mortal del Salvador.
Para Jesús significaba un momento de descanso. Ni podemos decir que fué un prodigio; más bien diríamos que fué suspensión de un prodigio continuado: el que la Divinidad, que residía substancialmente en Jesús, no apareciera con todo su esplendor en todo momento. Era también un anticipo de la gloria para aquella Humanidad santísima que estaba pronta para soportar los más acerbos tormentos.
Para los Apóstoles era una esperanza, un consuelo anticipado que les sirviera para mantenerse firmes en la fe a su Maestro cuando le vieran en la mayor de las humillaciones.
Efectivamente, este como relámpago de gloria, que ilumina unos instantes la vida mortal del Cristo, ofrece una relación íntima. con su afrentosa muerte de cruz. En la visión aparecen Moisés y Elías, y la conversación que mantienen con Jesús es acerca de la muerte que Este ha de sufrir en Jerusalén, según la narración de San Lucas. Unos días antes, como llevamos indicado, Jesús había hecho la primera predición de su muerte, y ante la oposición de Pedro, reprendió a éste con severidad y aprovechó la ocasión para promulgar la ley de la abnegación y de la cruz como único camino de la salvación eterna. Y muy pocos días después volvió a predecirles su afrentosa pasión.
También a partir de este hecho se observa que los acontecimientos tomaron otros rumbos. La popularidad de Jesús fué decreciendo. Los judíos, en cierto modo, se consideraban defraudados respecto a El al percatarse de que no les daba el reino terreno que ellos esperaban del Mesías. El mismo Jesús huía de las
aclamaciones del pueblo y buscaba la soledad para orar y dedicarse más de lleno a la fórmación de sus discípulos. Los milagros fueron ya menos frecuentes. La persecución que le hacían los escribas y fariseos se convirtió en persecución a muerte. Todo hacía presentir un próximo desenlace... Unos meses más y Jesús consumaría su obra de Salvador del mundo en ignominioso patíbulo...
El Tabor y el Calvario! ... ¡ La gloria y la Cruz! ... ¡Chocante antítesis para los ojos del mundo! ¡Misteriosa armonía para el creyente! La fe encuentra entre ambos extremos algo que secretamente los relaciona: EL PECADO. Este hace imposible el llegar a la gloria del Tabor sin pasar por el sacrificio del Calvario; también hace imposible el soportar las escabrosidades del Calvario sin tener en perspectiva las dulzuras del Tabor...
Por eso la intuición del pueblo fiel, va contemple al Cristo en el Calvario, ya en el Tabor, le saludará con el mismo nombre: SALVADOR.
Fr. José Antonio Aranu, ofm
[Nota biográfica del P. José Antonio Arnau]
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