Las Hermanas Franciscanas Terciarias de la Inmaculada en Fontilles
(Continuación)
CAPITULO III.- Lo que hacen en Fontilles las Hermanas franciscanas.
¿Habéis visto un hospital? Todo ser humano debiera visitar un hospital. Las risitas a los hospitales, la presencia de los enfermos, los gemidos de dolor y los ayes de amargura, ablandan los corazones, haciéndonos más humanitarios, menos egoístas y, por lo tanto, más buenos. En los hospitales hay enfermos, hay heridos, o de ambos a la vez.
¿Habéis visto un leproso? ¿Habéis visitado una leprosería? ¿Conocéis Fontilles, una de las mejores leproserías del inundo y, por lo tanto, con muchos leprosos? Todos no pueden ver a un leproso.
Todo ser humano que no tenga concubitancia infernal quisiera saber nadar perfectamente cuando ve a una criatura ahogarse, para poder lanzarse al agua a salvarla. Unos porque aman el bien ajeno; otros por vanidad en elogios futuros; pero, en fin, cas¡todos quisieran poder cooperar en salvar una criatura, pongo por ejemplo. Ahora bien; con decidida voluntad, con bondad notoria y probada, todos no pueden n¡sirven para presenciar el desagradable espectáculo de tener ante los ojos la visión que produce un leproso. Somos humanos, y a la función fisiológica del sistema nervioso simpático, al que no domina la más férrea voluntad, nos debemos.
Una leprosería; en este caso concreto, la de San Francisco de Borja, en Fontilles, es la suma de todo eso. Es una amalgama de cuerpos desechos, lacerados, torcidos y torturados por sufrir lepra; enfermedad contagiosa que les debilita, consume y agota. Pero tengamos en cuenta que, además, los leprosos no están salvaguardados de sufrir y padecer las múltiples dolencias y accidentes a que estamos expuestos los demás. Los demás que llenamos o podemos llenar los hospitales. Luego Fontilles es un triple hospital.
Las personas que por nuestra profesión atendemos a los leprosos no merecemos loa alguna. Somos como aquel que sabe nadar con pericia y salva al niño que se ahoga, para conseguir un premio en metálico o para verse fotografiado, con tratamiento de héroe, en la prensa gráfica. Somos como el que da una limosna y vocifera la dádiva.
Nosotros, el personal sanitario, somos trabajadores de la lepra. Como el carpintero de la madera. El Patronato directriz se encarga de retribuirnos espléndidamente. Trabajamos a sueldo.
El mérito, el verdadero mérito, el que n¡torpemente da órdenes a la pluma y ésta no puede glosar cual merece, es lo que a todas horas verifican esas Hermanas franciscanas que tienen en su haber la herencia que les transmitiera San Francisco de Asís: trabajo por amor.
Siempre, y cuando la salud y la edad la permitan, ésta es la regla y la norma de los principios de las Hermanas franciscanas terciarias de la Inmaculada. Por eso la Rda. M. Superiora no tiene que lamentar ningún zángano en la colmena. Todas las Hermanas son abejitas laboriosas que aportan dulce miel con sus actividades. Son hormiguitas tenaces, que grano a grano de su laboreo, lo acarrean día a día y hora a hora al granero del alivio y bienestar para los leprosos.
La modernísima y bien dispuesta cocina de los enfermos está atendida, a más de por expertos cocineros, por dos Hermanas, que dirigen y cocinan los condimentos que a diario paladean los enfermitos. Además son las encargadas de cumplir con exactitud los regímenes especiales que a diario son señalados, o alterados y modificados, por los señores médicos. Pues ya dijimos en otro lugar que Fontilles, además de leprosería, le es dable la tenencia de las diversas enfermedades que corresponden a población normal de igual número de habitantes.
La cocina de los sanos, sita en la Hospedería de la Colonia, es atendida por dos hermanas, que no tienen sólo que cocinar para el personal fijo que yanta en sus tres comedores, más el arreglo de habitaciones y aseo de la ropa de los profesionales que por su soltería residen en la Hospedería de Fontilles, sino que intempestivamente tienen que tenerlo todo dispuesto y, a todas las horas, para lo imprevisto. Bien porque sin aviso alguno nos presentamos los sanitarios que, por nuestras especialidades y residencia particular y distante, acudimos a nuestros deberes, cuando las necesidades de los servicios a prestar lo reclaman y nuestra conciencia y buen concepto en el cumplimiento del deber nos lo aconsejan; bien, de pronto, se presentan visitas científicas, eclesiásticas, personal altruista y caritativo de toda España y del extranjero; bien ejercitantes religiosos, seglares, etc. Pues todo este ajetreo es llevado a feliz término por esas dos Hermanitas, que ya quisieran para sí los mejores hoteles.
Los leprosos, la inmensa mayoría de ellos, tienen que ser curados a diario de sus llagas y diversas lesiones; muchos de ellos dos veces al día. Los que no pueden salir de los lechos de las enfermerías porque sus lesiones y mutilaciones les convierten en verdaderos guiñapos, allí, en su propio lecho de dolor, son delicadamente atendidos, curados y vendados por manos expertas. A este servicio acuden el número de enfermeros, practicantes y médicos que la envergadura del mismo requiere, modernamente equipados, provistos y previstos; pero secundados por hermanas con manos desguantadas, que mientras, cual alas de mariposa, afelpan algodonando llagas, sus bocas, sonrientes, pronuncian palabras de consuelo al dolorido leproso, para mantenerle firme la resignación y la paciencia, sostenedoras de la encendida antorcha de la fe y confianza en Dios.
Al pabellón donde están emplazadas, modernamente y con todo adelanto técnico y científico, las clínicas de cura diaria, para los leprosos que por sus medios pueden acudir a ellas y por los que por carritos especiales son conducidos, ya que la lepra les hizo desaparecer parcial o totalmente los medios de locomoción, donde están instaladas las consultas de las especialidades y el quirófano, son dos Hermanas infatigables las que incansablemente atienden a los enfermos y a nosotros. Las dos son imprescindibles, diferentes, pero se complementan. Una, calladamente, con la sonrisa en los labios, ayuda a practicantes y enfermeros a los vendajes y curas. Y más próxima del Señor que ellos, por ser su esposa, no mira jamás el reloj, que, colgado a la pared, testigo penduleante es de tanta miseria humana. S¡no que, concentrada su atención en la delicada labor que sus manos realizan, a los dictados de su preclara mente y sublime corazón, eleva su mirada al cielo para pedirle a Dios piedad y compasión para los enfermitos. La otra Sor tiene un desagradable deber que cumplir. Y lo cumple. cómo no, a la perfección. Desde el departamento de m¡consulta la oigo continuamente regatearles a practicantes y a enfermeros materiales de cura, que ella les suministra. No lo hace por tacañería. No es así. N¡la Dirección de la Colonia, n¡el Director sanitario, ordenan la escasez, n¡la consentirían. Regatea esta Sor por el deber ineludible de que, ante la abundancia de materiales, en ciertas manos sean objeto de despilfarro estos elementos, que por las circunstancias atravesadas por causa de la pasada guerra, y no normalizadas aún, tanto han escaseado, y, que jamás en Fontilles han faltado, y Dios quiera que no falten nunca, para bien de los enfermitos. Te asustarías, lector, de la cifra de kilogramos diarios que de algodón en rama, gasas y vendas, así como carretes de esparadrapo, se consumen en Fontilles.
El pabellón que en su planta se realizan los servicios antedichos, tiene en su espacioso y único piso instalado un completo y bien dotado laboratorio de análisis. A este laboratorio, donde se disciernen y averiguan las cosas sanitarias, donde se descubren gérmenes de dolencias, donde se preparan lenitivos para las mismas, nada seríamos los que allí cooperamos, a pesar de siempre estar presididos los trabajos a realizar por doctores patólogos e histólogos de valía, sin nuestro brazo derecho, que en este caso concreto es la Hermana que el Señor, al tomarla por esposa, la dotó de habilidad y perseverancia sublimes.
Hay leprosos sin falanges; otros sin dedos; otros sin manos. La lepra les va corroyendo, desmembrándoles lentamente. Las hermanas se encargan de acercarles los alimentos a la boca, de limpiarles las fauces, etc.; todo ello con palabras cariñosas de consuelo, recordándoles que mucho más sufrió Nuestro Señor Jesucristo hasta su muerte.
El suelo de Fontilles es bello jardín de flores. Enfermos que sus manos lo permiten las cuidan. Pero la fragancia de las mismas se debe a que las Sores, con sus manos delicadas, añaden sus cuidados a las plantas para que luzcan las flores su lozanía.
Prueba este aserto que las múltiples imágenes santas que se adoran y veneran en Fontilles, no sólo en la iglesia y capillas, sino por todos los departamentos, ya que existen por doquier, todos los días del año y a todas las horas del día, sencilla y a la par que artísticamente, rodeadas están de flores, ofrenda perenne de las Hermanas.
La Rda. M. Superiora en todas partes se encuentra. Todo lo ve. Todo lo indaga. Todo lo sabe. No por curiosidad femenina —la perdió al convertirse en esposa del Señor—, sino por el deber de Madre. Para poder subsanar los defectos, s¡los hubiese. De pie, altivamente digna, con energía femenina, don especial que, con creces, ya poseía la hija espiritual de San Francisco de Asís, conferencia a diario con los enfermos que a ella acuden en demandas y peticiones. Procurando resolverlas todas ellas, por dificilísima que sea la consecución de lo pedido y hasta para lo absurdo que se le solicite; sin crítica alguna para el demandante, con amabilidad y dulzura, sabe convencerle de la imposibilidad de la demanda o de la no conveniencia de la misma.
Todas las Hermanas en su Casa Conventual cumplen los deberes de su Orden; y a pesar de la inmensa labor especializada que todas y cada una de ellas realizan, aun son cooperadoras constantes de la titánica labor que realizan los padres jesuitas, consolando y resignándoles, inculcándoles en el alma y corazón de los enfermitos, los principios cristianos, como lo vienen haciendo desde la fundación por ellos de la leprosería.
Juan Moll

Sentida composición artística de don José María Ponsoda
"Quien quiera venir en pos de mí..." Es la invitación que constantemente nos hace el Divino Maestro; ahí se nos presenta en el momento cumbre de su intimación. ¿Invita, manda, ruega, enseña? Todo a la vez. Las almas generosas así lo han comprendido y, abrazadas con su cruz, siguieron al Divino Nazareno. El artista ha sabido dar a la composición toda la emoción de un corazón hondamente cristiano"
Consultorio religioso
Todos los años, cuando llega el tiempo en que se suele practicar la devoción de los Siete Domingos de San José, me ocurren dudas sobre los requisitos de esta práctica, y la confusión ha llegado a veces a tanto, por los diferentes comentarios que he oído, que hasta los he interrumpirlo, dejándolos incompletos. ¿Me lo diría, Fr. Agnello, en forma tajante que no dé lugar a dudas?
Con sumo gusto, caro consultante, y celebro la oportunidad de su consulta. Esta devoción al glorioso Patriarca consiste en honrarle durante siete domingos consecutivos con la memoria de sus siete dolores y gozos principales de su preciosa vida. Estos domingos pueden ser cualesquiera del año; pero en esta región valenciana el pueblo ha escogido con especial fervor los siete que anteceden a la festividad del Santo (19 de marzo).
Las gracias concedidas a esta práctica son, además ele los favores especiales que el Santo Patriarca concede a sus devotos, una indulgencia plenaria cada domingo. Las condiciones para poder ganar esta indulgencia son las ordinarias, o sea, confesión, Comunión, rezo de las preces prescritas y orar por las intenciones del Sumo Pontífice.
En cuanto a la confesión, cumple va el que tiene costumbre de confesar semanal o quincenalmente con su confesión ordinaria, sin necesidad de confesión especial. Esto quiere decir que no es preciso confesar el mismo domingo o el sábado anterior.
En cuanto a la Comunión, a poder ser, ha de hacerse el propio domingo; pero s¡una causa justa lo impidiere, puede hacerse otro día de la semana, el primero que le sea factible. Esto le resolverá el caso en que una enfermedad o algo imprevisto le impida comulgar en el mismo domingo.
Respecto a las preces prescritas son: siete Padrenuestros, Avemarías y Glorias en reverencia de los siete dolores y gozos del Santo, con sendas oraciones, que se encuentran en los devocionarios y que suelen recitarse en las iglesias cuando el ejercicio es público. Mas s¡por alguna causa no puede leerlas n¡asistir a la iglesia, bastan los siete Padrenuestros, etcétera. Pero estas preces es requisito necesario el que se recen en el domingo.
Para las intenciones del Papa basta una corta oración, por ejemplo, un Padrenuestro.
Creo, con lo dicho, lo tendrá claro y estará ya fuera de esas dudas.
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Un alma ansiosa de vida de perfección desea hacer mucha penitencia, pero su director espiritual no se lo permite, por lo que ella acude a Fr. Agnello y le pregunta: ¿deberé de cambiar de director espiritual para empezar una vida nueva de penitencia y de mortificaciones?
A esa alma le diré que la mejor penitencia es la abnegación del propio juicio, y esto se consigue, primero y ante todo, con la obediencia más sumisa al dictamen del propio director. Por otra parte, la vida está tan llena de oportunidades para mortificarse, que, sin daño de la salud y sin necesidad de permisos, puede llevar esa vida nueva de verdadera penitencia y de continuas abnegaciones. Así que yo no veo la conveniencia, n¡mucho menos la obligación, de cambiar de director espiritual. ¿Le acomoda m¡respuesta? S¡hay algo más, explíquese; s¡no, aténgase a lo dicho y no tema, porque el obediente siempre cantará victoria, como dicen los Libros Sagrados.
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Una persona con ganas de que le den las cosas hechas, quiere saber:
1. ¿Qué días pueden cambiarse los misterios del Rosario?
2. ¿Por qué al comenzar el curso, los círculos de Acción Católica, etc., se hace invocando al Espíritu Santo, siendo así que, aunque las tres Personas de la Santísima Trinidad son iguales, atribuimos al Padre, el Poder; al Hijo, la sabiduría, y al Espíritu Santo, el Amor?
3. ¿Qué es más aconsejable a los dieciséis años, el misalito litúrgico o un Misal completo, para quien no conoce más que M¡Jesús?
Contestamos con brevedad, pues no nos permiten más espacio.
1. Es aconsejable que en los días de las respectivas festividades litúrgicas de los misterios del Santo Rosario se contemple la serie de los misterios en que está el de la fiesta, aunque sea en día de semana distinto, por ejemplo: la Anunciación, Navidad, Purificación, Asunción, etc.
2. Se presta a largo discurso, pero brevemente diremos que la apropiación de la Sabiduría al Hijo se extiende a las obras de sabiduría, como el orden del universo y a la causalidad ejemplar de las cosas; y la apropiación del AMOR al Espíritu Santo, se extiende a las obras de la caridad, principalmente a la santificación de las almas, la que presupone la infusión de las gracias y luces necesarias para realizarla; de aquí que se invoque al Espíritu Santo cuando se procede al estudio de las cosas divinas y humanas y cuando hay que realizar un acto de trascendencia para la vida: Ordenación, profesión religiosa, etc.
3. M¡opinión es que el Misal completo debe usarse cuando se tenga un conocimiento más que regular de la Liturgia. Sin ello, más servirá de estorbo y distracción que de otra cosa. Así, que para su caso es aconsejable un conocimiento más completo de la liturgia y práctica de la Santa Misa, lo que adquirirá en el adecuado manejo de buenos devocionarios y lectura atenta de un manual de Liturgia.
Fr Agnello
Informaciones
Por la Canonización de Fr. Junípero Serra
En la historia moderna de las Misiones pocas figuras han destacado tanto como el P. Junípero Serra Ferrer, franciscano de Mallorca. A su ingente labor de apostolado unió el P. Junípero la práctica más estricta de las virtudes cristianas y propias del estado religioso, por lo que los admiradores de su estupenda labor civilizadora quieren también verle principalmente honrado como auténtico embajador de Cristo y santo religioso. Primero en California (Estados Unidos), lugar de su apostolado y donde murió, y después en Petra (Mallorca), su pueblo natal, se han iniciado los procesos correspondientes para conseguir su pronta beatificación.
Ya se cuentan muchísimos casos de enfermos que han acudido a Dios valiéndose de la intercesión de su siervo Fray Junípero Serra, y han sentido, con los favores recibidos, su gran valimiento ante el Señor. Quiera el cielo que pronto podarnos ver con la aureola de los santos a este ilustre misionero, gloria de España y de la Orden Franciscana.
Según noticias recibidas, para el próximo mes de mayo los terciarios franciscanos de Mallorca organizan una gran concentración en Petra (Mallorca) para honrar a su esclarecido paisano y hermano.
De la Alemania de la postguerra
Llegó la paz, pero la paz, para un pueblo devastado y derrotado, no significa aún reposo y felicidad. Fue un militar, un general, quien dijo que «no hay cosa más triste que una victoria, excepto la derrota». Problemas espantosos se presentan para Alemania durante este invierno. Se calcula que varios millones de personas perecerán de hambre y de frío. Y en este ambiente de desesperación no es fácil imponer la tranquilidad del orden, que es, según los escolásticos, la definición de la paz. Pocas noticias nos llegan de los crímenes y represalias que tienen lugar a las orillas del Rin y piel Oder; pero sabemos que la situación es difícil a pesar del empeño que los aliados ponen, sin duda, en el asunto. Por una comunicación llegada de Roma nos hemos enterado, por ejemplo, de que en el convento de los franciscanos de Kreuzberg, cerca de Bonn, fueron asesinados de noche, en su cama, en agosto último, tres religiosos, a saber: el Padre Bruno Feldmann, Custodio de la Seráfica Provincia de Colonia, con los Padres Floro van Look y Werner Raaf. El martirologio franciscano alemán va sumando nuevas víctimas a las causadas por la persecución nazi.
Se tiene noticia de otros episodios que no terminan tan trágicamente. Tal el que le ocurrió al P. Gerold, Guardián de Dorsten. Recuérdese que el convento de Dorsten no es más que un montón de escombros. Quedó destruido en uno de los últimos bombardeos de la aviación aliada, mientras un religioso, el P. Gebhard, quedaba cas¡milagrosamente vivo, colgado a la altura de su celda sobre un machón aislado, al tiempo que todo se derrumbaba estrepitosamente a su alrededor. Pues bien, el Guardián P. Gerold dedicábase un día, vestido de paisano, a registrar los escombros, por ver s¡aun se podía hallar algo aprovechable, cuando un soldado ruso, de los prisioneros que por allí quedaban, acercándose disimuladamente, le robó su hábito, con todos los documentos. El Padre, al darse cuenta, siguió al ladrón, y al alcanzarlo, le propinó un buen «recordatorio».
El ruso se presenta de nuevo, acompañado esta vez de varios camaradas, dispuesto a vengarse. El P. Gerold se ve obligado a pedir socorro a las tropas norteamericanas, y varios carros blindados quedan durante tres días haciendo guardia ante las ruinas del convento. Por fin, creyendo pasado el peligro, se retiran los blindados norteamericanos, y los rusos aprovechan la ocasión para rociar con gasolina y pegarle fuego a todo lo que se había salvado en los sótanos del convento.
Nótese que allí se habían recogido, además del órgano de la iglesia, cuidadosamente desmontado en los momentos de mayor peligro, también algunos artículos de varios comerciantes de Dorsten, como fardos de paños, cajas de calzado, etc.
Pego: en el convento de los PP. Franciscanos
En los días 25, 26 y 27 de enero se celebraron en el convento las solemnes Cuarenta Horas que, en honor a la Sagrada Eucaristía, dedica anualmente la Venerable Orden Tercera de Pego.
Durante las trece horas que diariamente permaneció expuesta Su Divina Majestad, siempre tuvo cabe sus plantas fieles oradores, corazones amantes que le rendían tributo de homenaje y gratitud.
La solemnidad de los actos se patentizó de un modo singular el día 27, fiesta de la Tercera Orden. A las ocho, misa de Comunión general, acercándose a la Sagrada Mesa los hijos del Serafín de Asís ansiosos de hospedar en sus pechos al que, para alimento del hombre, quedó perenne en el Tabernáculo. Por la tarde, a las cinco, principió la función, entonándose solemnes trisagios; de tal modo, que s¡los días anteriores fueron solemnes, no pueden compararse con los tan gustados e interpretados de este día. A continuación los sermones, que estuvieron a cargo, durante los tres días, el Rdo. P. Pacífico Torres, quien desarrolló los temas apropiados sobre la Eucaristía.
El altar mayor estaba artísticamente adornado, formando un conjunto tan bello entre luces y llores, que parecía el cielo. Formando un trono, que los hijos del Serafín le habían preparado; trono formado de corazones fieles y almas fervorosos, que, llenas de fe y entusiasmo, entonaban los cantos a S. D. M.
Muy bien por los terciarios de Pego.
Carlos Sendra Marcos.