Fray Antonio de Guevara y su "Monte Calvario"

Muerto en su sede de Mondoñedo, 3 de abril de 1545, y estando próximo a cerrarse el IV Centenario de su santa muerte, bueno será hacer una simple conmemoración de tan ilustre clásico de las letras patrias y con ocasión de los días graves de Cuaresma y Semana Santa, él que es el inventor del estilo festivo español, que don Miguel de Cervantes elevara a la más alta perfección. Dos hermanos de la de Penitencia hicieron florecer la alegría en la literatura castellana.

Nació en Treseño (Santander), lugar del mayorazgo de Guevara, y hacia el año 1480. Su padre, don Beltrán de Guevara, se lo llevó consigo a la Corte de los Reyes Católicos cuando Fr. Antonio contaba sólo doce años de edad.

«A m¡me truxo D. Beltrán de Guevara, m¡padre, de doce años a la Corte de los Reyes Católicos, a do me crié, crescí y viví algunos tiempos, más acompañado de vicios que no de cuidados, pues en edad tan tierna como era la mía, n¡sabía desechar placer, n¡sentía qué cosa era pesar» (1). «Doy gracias a Dios que en el mayor hervor de m¡juventud y en lo más peligroso de m¡edad, me sacó del siglo y me encaminó a ser religioso, en el cual estado tengo mucho lugar para le servir y ninguna ocasión para le ofender» (2). Cuáles fueron los estudios y la educación que recibiera en su formación literaria; a falta de datos concretos, tenemos que presumir que sería condiscípulo del infante don Juan, y que su pedagogo sería,el meritísimo humanista Pedro Mártir de Anghiera. La impresión que le produjo la muerte del infante fue la causa ocasional de dejar la Corte y entrar en la Orden de San Francisco, él con otros cortesanos que también se hicieron franciscanos. «Ya que el príncipe D. Juan murió [1497] y la reina Doña Isabel falleció [1504], plugo a Nuestro Señor sacarme del mundo y ponerme religioso franciscano, a do perseveré muchos años en compañía de varones observantes» (3).

Sabemos que fue Guardián de Soria, Ávila y Segovia; Custodio de su Provincia de la Concepción, Valladolid, aen donde había tomado el hábito. Aun después que el César (Carlos V) le sacó del convento para ser su predicador y cronista, y un poco más tarde obispo de Guadix y Mondoñedo, el franciscano no se olvidó nunca de su profesión, y la añoraba: «S¡me acuerdo del tiempo pasado, no es por cierto del tiempo que gocé n¡de los placeres que pasé, sino de la religión a donde Dios me llamó y del monesterio religioso de do el César me sacó, en el cual estuve muchos años criado en mucha aspereza y sin saber qué cosa eran liviandades. Allí rezaba mis devociones, hacía mis disciplinas, leía en los libros sanctos, levantávame de noche a maytines, servía a los enfermos, aconsejávame con los ancianos, decía a m¡perlado las culpas, no hablaba palabras ociosas, decía misa todas las fiestas, confesábamos todos los días; finalmente digo que me ayudaban todos a ser bueno y me iban a la mano s¡quería ser malo» (4).

Aun se podrían espigar más datos autobiográficos en la exuberante floresta de sus producciones, como éste: «En tierra de Campos, en un valle que llaman Añoza, me hallé, ha muchos años, pidiendo limosna como pobre fraile, porque a la sazón moraba con unos religiosos del monesterio de la misericordia de Paredes»(5). De las Cartas sabemos también su intervención en el Capítulo Provincial de Peñafiel y en otro General (Epíst. II., razonara. IV y V-VI, respectivamente).

Últimamente, el Martirologio franciscano pone su día el 3 de abril, en Valladolid, a donde se trasladaron sus restos mortales en 1552 y se colocaron en el sepulcro de la familia, Convento de San Francisco. Nuestro Martirologio reza así: «En Valladolid, en España, el siervo de Dios Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo y confesor, que resplandeció en integridad de fe, pureza de vida, doctrina y piedad» (6).

Quizá en otra ocasión nos ocupemos de sus correrías apostólicas por estas tierras de Valencia y de las veintisiete mil familias de moros que bautizó. Cerremos hoy estas ligerísimas indicaciones, sin poder desarrollar su verdadera misión en las Letras hispanas, cuando Nebrija decía (1492): «siempre la lengua fue compañera del Imperio». Y el César Carlos, delante del Papa, al embajador francés (1536): «Señor obispo, entiéndame s¡quiere, y no espere de mí otras palabras que de m¡lengua española, la cual es tan noble que merece ser sabida y entendida de toda gente cristiana.»

«MONTE CALVARIO»

«Concluye el auctor con meter ya Cristo en el sepulcro.»

«¡Oh camino triste, oh jornada lastimosa! Porque s¡los hombres caminaban con el Hijo, caiaseles a las mujeres la madre, y s¡las mujeres caminaban con la defuncta, caiaseles a ellos el defuncto; a cuya causa iban rompiendo los cielos con sospiros y regando con lágrimas todos aquellos campos. Por escura que sea la noche y por emboscado que esté el camino, nadie por él se puede perder, s¡en aquella romería quisiere ir; porque él queda muy bien amojonado y señalado con la sangre que del Hijo gotea y con las lágrimas que la madre llora.

»¡Oh chinas sanctas, oh yerbas gloriosas, oh tierra bendita toda la que hoy se va pisando en aquella jornada!»

Pues todo aquel huerto, y todas aquellas yerbas, y todas aquellas chinas, merecieron ser benditas y consagradas, no con olio de olivas, sino con sangre de las venas y con lágrimas de las entrañas. ¿Qué es esto, oh Redentor del mundo, qué es esto? ¿Ordenaste anoche doce obispos sobrecena, y llévante a enterrar sin clerecía? Siendo Tú el sol que alumbra los cielos y la tierra, ¿no hay para enterrarte siquiera una candela? ¿Cómo te llevan sin cruz al sepulcro, habiendo Tú en la cruz muerto? ¡Oh alto misterio, oh divino sacramento!, pues en irse el Hijo de Dios a enterrar sin cruz y sin luz, y sin cera y sin clerecía, condenó toda la funeral y vana pompa, de manera que como quiso nascer sin fausto, se quiso también enterrar sin gasto.»

Fr. Domingo Savall, ofm

(1) Menosprecio de Corte, pról.;
(2) I, 30;
(3) Menosp., pról.;
(4) Menosp., 19;
(5) Epist. 1, 61;
(6) Grac. al P. Juan Nadal por la nota.

FR. ANTONIO DE GUEVARA (1481-1545).- Predicador y cronista del emperador Carlos V. Prolífico escritor de cuya pluma salieron, entre otras, obras como Menosprecio de corte y alabanza de aldea, Epístolas familiares, Oratorio de religiosos y Reloj de Príncipes, esta última de obligada lectura en todas las cortes europeas del siglo XVI. El estilo de su prosa dejó huellas evidentes en Miguel de Cervantes. Fue obispo de Guadix y Mondoñedo.


Novela de carácter oriental

Raquel la betlemita

V. Juventud de Raquel

Al entrar en el período de la pubertad no son raras, particularmente en el sexo débil, las tendencias a la vanidad, las cuales malogran con frecuencia el candor y, la inocencia que, por lo general, constituyen los encantos del niño. Es el momento crítico en que el mundo se posesiona de ciertas flores delicadas destinadas por la Divina Providencia a embalsamar los jardines de la religión o a formar los hogares patriarcales, semejantes a los ridentes y graciosos oasis en el vasto páramo y en el erial desierto. Por desgracia, la vanidad y el orgullo comienzan a brotar en esos tiernos corazoncitos, y s¡una mano caritativa y avisada no arranca de raíz esas malas hierbas, queda sofocada la buena semilla sembrada con amorosa solicitud en los primeros años. Pasan los fervores primaverales, y viene la crisis..., y la joven que hace pocos años volaba como un ángel por las regiones transparentes y puras de lo sobrenatural, hela metida en un mundo de vanidades, de amoríos, de espectáculos, de lecturas frívolas, de modas; y con harta frecuencia, hela caída, apenas salida de la infancia, en el fango del pecado.. Y aquel serafín, que no conocía más ardores que los incendios divinos, conoce ahora y se siente abrasar en otros incendios de torpes ansias y brutales apetitos y aquel querubín, que no sabía más que la ciencia del bien y de la verdad, acaba por abrir sus ojos a la ciencia maldita del mal y del error. ¡Pobre joven! ¡Has despertado del sueño místico de los ideases de un mundo superior y estás palpando las impuras realidades de la vida!...

Por la misericordia del Señor, y debido a la solicitud de sus cristianos padres y a la vigilancia amorosa de las Religiosas de San José, no sucedió así con Raquel. El feliz día de su primera Comunión, día, como ella decía, sin nubes, continuó brillando esplendoroso durante su juventud, y la voz interior de Jesús, que en tan venturoso momento inundó su corazón de amor, de paz y de dulzura, continuó haciéndose sentir en sus frecuentes comuniones, como eco amoroso del cielo, guiando la barquilla de su alma para que no sucumbiera en el mar proceloso de la vida. Raquel pasa de la infancia candorosa a la crítica juventud, donde el alma suele despertar a las realidades de una nueva vida; pero ella continúa durmiendo sosegadamente el sueño de la inocencia. Sí, los vientos de la gracia continuaron soplando blanda y amorosamente como en los días de su infancia, y oreando el alma de Raquel, hicieron de su juventud florida una mañana de primavera, llena de claridades de cielo y de trinos de aves, de luces esplendorosas y de flores hermosísimas; pues rayos de oro eran sus cabe líos; luceros, sus ojos, y pétalos de rosas. sus labios, encendidos como rosa primaveral.

«La vida de los santos -dijo el incomparable tribuno Vázquez de Mella- son copias de un original divino», por eso todos tienen semejanza en el fondo, aunque la imagen del divino modelo se acomode a la índole peculiar del alma en que se refleja. En la joven Raquel, siempre serena y sonriente, se traslucía Jesús lo mismo en el Colegio que en los quehaceres de la «casita blanca», lo mismo en el templo practicando sus actos piadosos que en la calle en sus relaciones con el prójimo, sobre todo con los afligidos y menesterosos.

Después de su primera Comunión hasta los quince años, Raquel continuó frecuentando el Colegio de las Josefinas; y mientras se perfeccionaba en toda clase de bordados y costura, ayudó a las Religiosas en la instrucción de las niñas, sobre todo en el Catecismo y en la Historia Sagrada, materias por las que sentía una verdadera pasión y en las que estaba, en realidad, muy bien impuesta. La pequeña doctora —como la llamaban las Religiosas— tenía una habilidad extraordinaria para cautivar la atención de las pequeñuelas, de suyo tan distraídas. Con frecuencia se le veía sobre un taburete, en medio del patio, rodeada de treinta o cuarenta pequeñas, que la miraban de hito en hito y silenciosas la escuchaban al- contarles los episodios más culminantes de la Biblia, y de un modo particular los que se refieren a su paisano David y a nuestro Señor Jesucristo.

A costa de paciencia y de dulces, conseguía enseñarles de memoria las estereotipadas y lacónicas respuestas del Catecismo que contienen la esencia de la fe cristiana, mereciendo por esta su constante y paciente actividad los plácemes y aplausos no sólo de las Religiosas, sino del Párroco y de las autoridades que, al fin del curso, presenciaban los exámenes.

Y ¡cómo se divertía con sus pequeñas durante la recreación!; con ellas corría, con ellas saltaba y con ellas iba a visitar a Jesús-Hostia en la Capilla del Colegio... Las Religiosas, que palpaban la benéfica influencia de Raquel entre las niñas, se esforzaron, agradecidas, en hacer de ella fina perfecta bordadora y costurera. Lo consiguieron a maravilla, como lo prueba el primoroso mantel de encaje para el altar de la Santa Gruta, que ella sola trabajó antes de abandonar definitivamente el Colegio.

Los domingos y fiestas, los jueves y sábados que estaba libre de la escuela, los pasaba en la «casita blanca», no ya como en los años de su infancia, jugueteando inocentemente, sino ayudando a sus padres en los quehaceres de la casa. Aun no contaba trece abriles, y ya era capaz, al igual que su óptima madre la hacendosa Noemi, del gobierno de la casa. ¡Con qué satisfacción filial servía a sus adorados padres! Después de haberlo ordenado todo y limpiado la casa con singular diligencia, sentábase junto a ellos y les acompañaba en el trabajo, ora en la costura, ora en el bordado. Allí los tres trabajaban, los tres oraban, los tres guardaban silencio, y s¡hablaban, era de las cosas del cielo. ¡Copia fiel de la familia nazaretana y cuadro digno de ser inmortalizado por el inspirado pincel de un Murillo!

Como Raquel estaba poseída de Dios, como Raquel había hecho de su alma, profundamente cristiana, su morada y su tabernáculo, según la frase de San Pablo a los de Corinto: «Glorificad a Dios y llevadle en nuestro cuerpo»; doquier ella se encontraba estaba en comunicación con el. Señor; sin embargo, como la «casita blanca» era el lugar por excelencia donde ella manifestaba su intenso amor filial a sus adorados padres, así en el templo era donde ella sentía y exteriorizaba de un modo particular todo su amor, toda su veneración, toda su humilde sumisión a Jesús. Y aunque en el exterior en nada parecía diferenciarse de cuantas con ella asistían a los divinos oficios, en realidad ¡cómo se levantaba sobre ellas! Raquel, desde el día de su primera Comunión, en el que se puso en íntimo contacto con Jesús, sentía en su alma una santa ambición, que no podía satisfacer en las criaturas n¡en ninguna de las cosas de aquí abajo; sentía una sed infinita de amor, que sólo se apagaba cuando en sus frecuentes comuniones se abrazaba con Jesús. Por eso, s¡antes de acercarse al divino banquete levantaba los ojos al cielo y gritaba con el Profeta: «M¡alma está sedienta del Dios fuerte y vivo», cuando había recibido á Jesús-Hostia, enajenada de gozo y en los transportes del más radiante júbilo, repetía con el Serafín de Alvernia: «M¡Dios y todas mis cosas; Tú eres lo que m¡alma busca; Tú eres lo que m¡corazón desea.»

La joven Raquel salía del templo, donde tenía sus comunicaciones íntima, con Jesús, transformada en un ángel de caridad, y a imitación del divino ¡Maestro, que en frase del Príncipe de los Apóstoles, «por doquier pasó prodigó sus favores y curó todas las enfermedades», hubiera querido ser, como se dice del paciente Job, ojos para el ciego, pies para el tullido y madre de los menesterosos. A Raquel se le veía con frecuencia en el hospital, donde el dolor ha levantado sus tiendas, y en las casas de los pobres. donde habita la miseria; y cuando no podía mitigar aquél n¡socorrer ésta, no le faltaba una palabra de amor que llevaba la resignación a los corazones atribulados y a los estómagos vacíos.

En una palabra, Raquel, capullo fresco y perfumado que acababa de abrirse a la luz del sol fecundante de la vida, echaba una fragancia como de sagrado incienso, y a manera de espejo clarísimo. reflejaba la luz del cielo. Acercarse a ella era algo así como poner los pies en los umbrales de un santuario; todo en ella revelaba algo que no es de este mundo. La belleza angelical de su alma brillaba, al través de su hermoso rostro, como los rayos del sol a través de un cristal inmaculado. Y es que Raquel, durante su juventud, y no había plegado sus alas y continuaba volando siempre... No le había sucedido lo que a la mayor parte de las jóvenes, que al pasar de la niñez a la pubertad se les quiebran las alas, y desde las alturas de sus inocentes sueños caen lastimosamente sobre el cieno de la tierra.

(Continuará)

Fr. León Villuendas, ofm

Informaciones

PEGO. Fiesta de San José, organizada por los Padres franciscanos

Fue día festivo para este populoso barrio. Desde muy de mañana vióse la iglesia atestada de fieles. A las diez, misa solemne a toda orquesta; el panegírico fue a cargo del Rdo. P. Joaquín Sanchis Alventosa, Rector del Colegio de Onteniente, quien con palabras de gran apóstol ensalzó las múltiples grandezas de San José.

A las cinco y media de la tarde, salió la triunfal procesión con la imagen del Patriarca San José, que aparecía encantadora en medio de un continuo bosque de gallardetes, banderas, pilares, arcos, alfombras de azahar y mirto por toda la vuelta que los hijos del barrio le tenían preparada, luciéndose espléndida iluminación eléctrica y luces de colores, de tal modo, que un ambiente de respeto, de orden y de religiosidad reinó por doquier.

Por la noche, lo mismo que en la víspera, hubo alegre verbena en la placeta de la iglesia, amenizada por la orquesta del barrio, quemándose en ambas noches preciosas piezas de fuegos artificiales, quedando en la mente de todos un grato recuerdo de esta fiesta.

M¡cordial enhorabuena a los Padres franciscanos y a todos cuantos han cooperado en la realización de tan espléndida fiesta.

Carlos Sendra Marcos

CARCAGENTE. Pía Unión de San Antonio de Padua

El día 26 del mes de febrero tuvo lugar en la iglesia de San Francisco, de esta ciudad de Carcagente, la inauguración del artístico decorado del altar de San Antonio de Padua, obra del renombrado decorador valenciano don Francisco Santarremigia.

Por la mañana, se celebró una solemne misa de Comunión general, en la que el celebrante, Rdo. P. Pacífico Torres, dirigió una vibrante, cálida y bien sentida plática a la devota concurrencia, agradeciendo a los devotos de San Antonio su generosa cooperación. Por la tarde, solemne función religiosa, a la que asistieron numerosos devotos del Santo paduano, dándose a besar la Reliquia del Santo, y terminando con una rifa de objetos piadosos, quedando los agraciados sumamente complacidos.

Artístico altar de la iglesia de San Francisco, de Carcagente, dedicado a San Antonio, obra del tallista escultor don Luis Roig y decorado por don Francisco Santarremigia.