El Belén del corazón
Cada día que pasa echamos más de menos la sencillez y confianza qué reinaba entre las gentes de nuestra infancia. El mundo de hoy es antagónico en muchos respectos al de entonces. Antes todos los miembros de una familia se apiñaban hermanados al calor del brasero o junto al hogar, cuyo fuego atizaba el padre o la madre, cuando no la abuela o el abuelo.
¡Dichosos días aquellos en que las veladas de las largas noches de invierno no acusaban la marcada soledad de los esposos de hoy, con pocos hijos, y éstos dispersos hasta altas horas de la noche por ignotos oscuros rincones de la ciudad o del pueblo, a merced de amistades secretas o, s¡conocidas, poco vigiladas! Aquel mundo hacía gozar con su intenso saber de paz en las familias, en la amistad y en los pueblos; el de hoy, todo velocidad y nerviosismo de almas y de cuerpos, vibra intranquilo, víctima cada segundo del mil afanes, en su mayoría vanos. El mundo de nuestra infancia no tenía las inquietudes del de hoy. Aquél inspiraba la vida en un cariño más real a lo que, en verdad, tiene valor; éste se caracteriza por la abundancia de músculos y falta de corazón en ella. Todo es moverse y más moverse hoy, y los hombres andamos más separados y lamentando más soledades. ¡No encontramos hoy la soli,darid,ad familiar de antaño!
¿Por qué será? Sin duda porque la fe se ha enfriado. Porque las costumbres ya no son hijas de la fe. Porque no es el mismo sol interior el que alumbra a las almas. Estas viven hoy en día, en su generalidad, el hielo de la desconfianza aún entre toda clase de amistades, que se fraguan, ya no al calor del amor que irradia del Corazón de Cristo, sino a merced del sensualismo que impone el mundo moderno, creado por agudos egoísmos. ¡A Cristo no se le conoce mucho y muchos no conocen a Cristo! Se le tiene miedo y se le huye. La gente desprecia apriorísticamente su yugo. ¡No saben de su suavidad, dulzuras y ternuras! S¡supieran cómo es Jesucristo no se alejarían de Él, le buscarían, le apreciarían, le amarían, harían de El clave de su felicidad y renunciarían a buscarla en las diversiones pecaminosas.
Precisa resucitar la antigua fe, e con ella las tradicionales costumbres de nuestros antepasados, que tenían centrada la atención de sus hijos en la vida de familia. Conviene que los padres se ingenien para distraer a sus hijos de ese modernismo pagano arrollador que los separa prematuramente de su lado, es la causa de tantas amarguras; que les compensen con lecciones ejemplares de cariño, haciéndoles ver con la conveniente discreción desde niños su misión en la tierra y su eterno destino; que les hablen de Jesús en su infancia y que aproximen ésta a la de Jesús, convenciéndoles de oue deben crecer, en lo posible, como El, a la vez que en edad, en gracia y sabiduría.
La fiesta de Navidad les ofrece recursos eficaces para esta realización con el tradicional Belén; pero procuren grabar en su corazón, junto con las figuras, las virtudes que Cristo enseña, en su postura de Niño recién nacido, en una familia santísima. Hagan sí el pesebre de Navidad los padres, para impresionar a sus hijos con las escenas del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; pero pongan la eficacia de estas escenas plásticas en ser ellos fieles imitadores de las virtudes de San José y de la Santísima Virgen junto a sus hijos, y reproduzcan, en lo posible, la vida de la Sagrada Familia. Nunca se arrepentirán de hacer nacer así a Cristo en el corazón de sus hijos y de que crezca cada día, por su influencia espiritual, en proporción a la edad. Se convencerán de que por este Belén del corazón habrán santificado a sus hijas, y por ellos fomentado en la tierra la buena fe, prenda de la verdadera paz, como la que prometieron los ángeles a los hombres de buena voluntad al festejar el nacimiento del Niño Dios.
Enrique Barrachina Gil, Pbro.
Cura Arcipreste de Chiva (Valencia)
En Belén
SAREPTA CUNE
Dice el Evangelista San Juan que s¡se escribieran todas las cosas y maravillas que hizo Jesús no cabrían en el mundo los libros que se habrían de escribir. Según esto, podemos decir que las maravillas realizadas ya en la cuevecita de Belén serían imponderables, encantadoras y llenas de sencillez y de gracia, pero que no se han escrito en los libros, y qué los dichosos testigos que las presenciaron, conservándolas en su corazón, las irían propagando y esparciendo por los ámbitos de la tierra, y algún que otro sabio, o algún curioso de novedades, las irían escribiendo en aquellos papiros del Egipto, en las tablillas de cera de los romanos o, tal vez, en conchas de ostras, como escribían los atenienses sus votos y sufragios y sus sentencias de condena al ostracismo.
Así. no es maravilla haberse encontrado en papiros antiguos leyendas o relatos encantadores y graciosos de la sencillez y gracia de esta niña, la Sarepta de Cune, en Belén.
Era una huerfanita que, andando de la Ceca a la Meca por los andurriales de la Judea, vino a parar en Belén por aquellos tiempos en que se esperaba la venida del Redentor. Pero no todos eran judíos de la ley santa de Dios. Había infieles a la ley, había pervertidos por la idolatría, había seres dados a la magia diabólica, y por eso estaba la maga Resca en las cercanías de Belén. En manos de Resca la maga había caído la pobre huerfanita Sarepta, como un pajarito que cae del nido y es devorado por el gavilán. La niña era coleta y endeble, y, aterida de frío y de cansancio y cuciada por el hambre, vino a caer en ef antro de la maga. La arpía del diablo estaba ocupada en la confección de sus filtros y ungüentos, y al ver la endeble figura de Sarepta, se yergue como la sierpe fascinadora, y, mirándola con ojos de fuego, la rinde y la atrae hacia sí, como atrae a sus pies a la pobre avecilla la fiera serpiente que la ha fascinado con su aliento y su silbido
venenoso. La niña cayó a sus pies temblando y sin sentido. Pasado aquel espacio de aojamiento y fascinación, la niña comió el pan de la maga y quedó convenida en ser. su esclava y la auxiliar de la bruja. Poco a poco se fué familiarizando Sarepta con los amuletos, redomas, morteros, tarros, matraces y cuernos del menaje de la cueva; perdió el miedo al buho y al lagarto, a la lechuza y a la corneja, que eran los familiares de la maga; y mostrándose avispada y resuelta, comenzó la bruja a iniciarla en sus secretos.
Era la maga oriunda de los esenios y conservaba los secretos misterios de sus antepasados. En su almáciga y en su herbazal crecían las hierbas misteriosas de los esenios, las baaras, cicutas, mancírágoras y otras mil, de ignoradas propiedades de curación y hechicerías que desconocía el vulgo, pero conocidas por los esenios, secta religiosa de los antiguos judíos que poseían el texto del Sefer Refutot, el libro salomónico de las curaciones.
Según estos conocimientos, la maga tenía almacenados en los anaqueles de su, alacena infinidad de ungüentos y brebajes, hierbas y flores secas, anillos con raíz de baaras, la raíz de color de la lumbre que limpia de todo mal, y otra multitud de panaceas para curaciones y hechicerías; y de todo esto iba iniciando en su oficio a la infeliz Sarepta, que con bastante repugnancia y terror se iba ejercitando en sus maleficios y hechicerías.
Pero he aquí que una noche la maga se sentía temblorosa y llena de espanto y no podía conciliar el sueño. ¿Qué ocurría? La maga no se lo podía explicar. También Sarepta participaba de los mismos temores. La noche estaba tranquila; la luna y las estrellas rutilaban con mayor esplendor; en las- majadas del :nonte sonaban los alegres caramillos de los pastores; el viento era suave y apacible, y sólo aleteaba para esparcir por todo el ambiente el aroma de las flores del valle, que parecía llevar entre. sus ondas la dulce ambrosía de los dioses; todo, en fin, parecía respirar aquella noche un placer desconocido; pero Resca y la Sarepta continuaban temblando, como s¡todos aquellos maleficios de su alacena se hubieran alzado en huelga paras revolotear por aquel antro de la maga...
—¿Qué es esto?—, clamó Resca brincando desde aquel rincón de la cueva donde se había acurrucado.
Una inmensa luz había invadido aquella caverna y en las afueras sonaba un canto misterioso de dulce melodías. Sarepta salió del antro; con extraña emoción, se vió invadida de luz; oyó las voces angélicas cantando el "Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad". Miró hacia el monte y vió revolotear un ángel hermoso que se aparecía a los pastores, y escuchó la buena nueva del grande gozo que les daba «Ha nacido el Redentor, lo hallaréis en la cueva en pobres pañales y reclinado en el pesebre.» El gozo invadió el alma de Sarepta. Entró en la caverna cuando Resea le preguntaba:
—¿Qué es lo que pasa?
—¡Un grande gozo —responde la niña—, que ha nacido el Redentor, el Mesías Hijo de Dios!
—¡¡El Mesías!! ¡¡El Redentor!!—, y Resca cayó desplomada.
Al mismo tiempo, todos los tarros del menaje, ungüentos y hechicerías, cayeron, desparramándose por el suelo. El lagarto, la lechuza, la corneja y demás bichos del maleficio, huyeron con espanto. Las tinieblas de aquel antro quedaron absorbidas por la luz.
Resca, aunque respiraba, no acababa de volver en sí. Sarepta ya no tenía otra ansiedad que bajar a !a cueva como los pastores y adorar al Redentor.
Apenas amaneció recogió Sarepta las flores blancas de las mandrágoras y su fruto mágico; haces de hierbas buenas, flores de saúco, de madreselva y escaramujos, todo cuanto le pareció bueno para la salud, y fuése como impulsada por una misteriosa atracción, y llegó a la cueva, que ya estaba invadida por los pastores. Se sintió deslumbrada por la gracia y belleza de aquel Niño. Su dulce mirar la atraía, y dobló sus rodillas ante el pesebre para adorarle. Allí le habló su alma lo que la lengua no sabía decir, y oyó en el fondo de su pecho lo que no alcanzaban a oír los oídos. Ofreció sus dones, aquellas flores y hierbas buenas; y al dejarlas en tierra, vió esta maravilla las hierbas, las flores, los frutos, quedaron transformados en un gracioso ramo de rosas y lirios. Contó su historia a la Virgen Madre, y la Virgen María cortó una rosa y un lirio de aquel ramo y le dijo se lo llevara a la maga.
Renca, ya vuelta en sí, recibió con agrado aquellas flores y se sintió transformada en un alma buena. Vino con Sarepta a la cueva para adorar al Niño. Desde entonces se sintió feliz, y Sarepta se quedó como esclavita de la Virgen, y todos los días acudía a la cueva para prestarle sus servicios.
Medios sencillos para hacer agradable la vida
Algo más de paciencia para soportar a la persona con la cual he de vivir y que me es antipática.
Algo más de constancia para continuar el trabajo que constituye parte de m¡deber y que, sobre todo, cansa m¡imaginación.
Algo más de fuerza para permanecer voluntariamente en esta posición que contraría mis gustos y que me humilla, y para aceptar el contratiempo que ha venido súbitamente a perturbar m¡paz.
Algo más de amabilidad para no dar a conocer que me ha molestado.
Y, sobre todo, algo más de oración para atraer a Dios a mí y consevarlo junto a mí.
Consultorio religioso
¿Es pecado mortal bailar?
Así a secas no se puede contestar, porque bailar, en sí, puede no ser pecado. Pero como el baile es algo concreto, y para determinarlo, de ordinario no tenemos sino los bailes de hoy, se le puede contestar que sí es pecado mortal, a no ser que se den circunstancias atenuantes, que, en todo caso, cada cual debe exponerlas a su confesor y atenerse a lo que él diga.
S¡no puedo sentir dolor de mis pecados considerando los beneficios de Dios y su bondad, santidad y hermosura, ¿me vale el dolor que siento por el miedo de condenarme o de los castigos que me pueden sobrevenir? Esto me ocurre muchas veces y me quedo intranquila, por ser esto muy poco noble para con Dios.
Veamos; s¡se trata de conseguir el perdón de los pecados fuera de la confesión sacramental, sólo el dolor perfecto o contrición lo consigue; pero con la confesión sacramental, hasta con el dolor imperfecto o atrición. Pero le he de advertir que no es preciso sentirlo para poseerlo, sobre todo tratándose del primero, o sea, del dolor nacido de la consideración de la ofensa inferida a un Dios tan bueno y Santo. Este dolor no es tan fácil de sentir. Aun almas muy santas no pueden conseguirlo. También le he de decir que no vaya a creer que teniendo dolor perfecto ya está perdonada y no es menester confesarse; s¡se trata de pecado mortal, pudiéndolo hacer, hay que confesarse, aunque se sienta verdadera contrición.
¿Qué intención se necesita para cumplir con el precepto dominical de oír misa?
¿ Y es preciso ver al sacerdote que celebra?
La intención que se requiere y basta es la que llaman los moralistas virtual, suficientemente manifestada por el hecho de adecentarse, tomar el devocionario, etc., y dirigirse al templo, pues, aunque haciendo todo esto, no se piense actualmente en el cumplimiento de un precepto, con todo éste influye eficazmente, y bastaría que alguien preguntase adónde va y porqué va, para al punto responder acertadamente, y hacerse con ello ya intención actual.
No es preciso ver al sacerdote que celebra para cumplir con el precepto, basta seguirlo moralmente con los demás asistentes atendiendo a las partes principales de la misa, suficientemente señaladas por el movimiento de los fieles y señales de las campanillas. Como puede comprender, en días de mucho concurso a muchas personas no les es posible ver al celebrante; con todo, oyen misa y cumplen con el precepto.
Hasta la otra consulta que me anuncia, y sepa que no molesta; y muy agradecido por sus buenas referencias sobre nuestra simpática Revista.
No alcanzo la razón Por qué la Iglesia prohibe a los fieles la lectura de ciertos libros. ¿Sería tan amable que me lo dijese y qué pecado se comete leyéndolos, a pesar de la prohibición?
La razón fundamental porque la Iglesia prohibe la lectura cíe ciertos libros es obvia. La Iglesia tiene la misión de guiar a las almas, por el recto sendero le la fe y de la moral cristiana, a la salvación eterna; por lo tanto, es obligación suya evitar que sus hijos se perviertan en la fe y costumbres, como los libros pueden ser, y, por desgracia, lo son con harta frecuencia, los vehículos por, los que se inocule en las almas principios subversivos del dogma y de la moral, de ahí que es derecho y obligación del oficio pastoral de la Iglesia el evitar que tales escritos hagan daño a sus fieles, por lo que muy puesto es en razón que pueda prohibir su lectura, ya que no siempre puede impedir su publicación. Y esto no va contra la verdadera libertad, sino más bien la favorece, ya que con ello se libra al alma de errores y principios funestos que la arrastran al mal.
La prohibición obliga de por sí bajo pecado mortal, pero admite parvedad de materia, o sea, que por el poco tiempo o la poca lectura el pecado sea tan sólo leve, a no ser que haya gran desprecio de la autoridad. Será, por ejemplo, pecado grave tener por más de un mes un libro prohibido o peligroso, o leer de él precisamente lo que se juzga más peligroso y dañino. También peca mortalmente el que habitualmente lee revistas o periódicos prohibidos o por un lapso considerable de tiempo, como el que leyera tan sólo un artículo de esos periódicos que directamente atacare la fe o las buenas costumbres.
Referente a esta prohibición, hay que advertir al consultante que no siempre se requiere una prohibición formal y explícita, pues hay muchos libros y folletos que están prohibidos por e mismo derecho natural por la índole misma de la materia que tratan. El buen cristiano debe acatar con sumisión cualesquiera prohibiciones que dimanen de la Autoridad competente. Este acto de obediencia, aparte de los inestimables beneficios que reporta al alma, es muy meritorio ante Dios.
Fr. Agnello
Noticias
Nuevos religiosos franciscanos
El día 4 de octubre, festividad de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, hicieron su profesión de votos temporales en manos del P. Provincial Fr. Joaquín Sanchis, en el convento-noviciado de Santo Espíritu del Monte, Fr. Víctor Miquel Canet, Fr. Juan José Baydal, Fr. Gabriel Andrés, Fr. Alberto Carmona, Fr. Clemente Herrero, Fray Ricardo Olmo y Fr. Benjamín Agulló. A todos nuestra más cordial felicitación.
Nuevos Hermanos novicios
El día 27 de septiembre recibieron el santo hábito del Seráfico de Asís, en el convento-noviciado de Santo. Espíritu del Monte, de manos del Superior de aquella venerable Comunidad; Rdo. P. Fray Buenaventura Meseguer, los Hermanos novicios Eloy de Prado Bajo, Silvestre Santacreu Tió, Joaquín Sancho Fernández, Augusto Pons Silvestre, Manuel Hernández Martínez, Rosendo García Marco, Vicente Burgos Nadal y Fernando Mas Vicéns. Que Dios les conceda a todos la santa perseverancia.
Apertura de curso
El día 13 del pasado octubre tuvo lugar en el hermoso y amplio Salón de Actos de nuestro Colegio de Onteniente la inauguración del curso 1946-47. El discurso de apertura estuvo a cargo del Ilmo. Sr. Director del Instituto Nacional de Enseñanza Media, de Játiva, don José Guerri, quien disertó, con acierto y aplauso de todos, sobre la «Evolución del concepto Filosofía». Presidió y cerró con broche de oro tan solemne acto, nuestro P. Provincial, Fr. Joaquín Sanchis Alventosa.
Ilustres huéspedes
Procedentes de California y de paso hacia Mallorca, donde permanecieron la segunda quincena del pasado octubre revisando archivos, pasaron por nuestro convento de San Lorenzo, de Valencia, los Reverendos Padres norteamericanos de nuestra Orden Fr. Eric O'Brien Fr. Maynard Geiger, que trabajan en los preparativos de la introducción de la causa de beatificación de nuestro hermano en religión el V. P. Fr. Junípero Serra, natural de Petra (Mallorca), conocido en América por el «Santo de California» y el «Evangelizador del Pacífico».
El objeto de su viaje es recoger en Mallorca y en otros puntos de España donde vivió el P. Serra, todo cuanto les interesa para la introducción de la causa de beatificación de este Siervo de Dios.
El Rdo. P. O'Brien, que es el Vicepostulador de la introducción de esta causa de beatificación, es un devoto y enamorado del P. Serra. Y su distinguido compañero, doctor en Historia latinoamericana por la Universidad Católica de Washington, es un ilustre historiógrafo del P. Serra, que tiene entre manos la traducción inglesa cíe la vida escrita por el P. Palou y una nueva biografía del Siervo de Dios. En la actualidad se hallan en nuestro convento de San Francisco el Grande, Madrid, en donde permanecerán todavía unos meses completando sus trabajos antes de volver a su país.
Les deseamos que el éxito más rotundo corone sus trabajos y que les sea felicísima su estancia en nuestra patria.
Difuntos
Ere Cocentaina, el día 21 del pasado noviembre falleció santamente, como había vivido, el corista de votos simples Fr. Buenaventura Andrés Antón, a la hermosa edad de los veintidós años.
Era natural de Casas-Bajas, y niño todavía sintió la gracia de la vocación religiosa. Después de la liberación marchó a Benisa, profesando el 10 de octubre de 1942. Apenas iniciados los estudios de la carrera Eclesiástica en la Facultad de Filosofía se le apreciaron los primeros síntomas de la tuberculosis pulmonar, separándole de sus compañeros y destinándole al convento de esta villa.
A pesar de los remedios de la ciencia, de los solícitos cuidados de sus Hermanos de hábito y de cuanto se ha hecho por combatir la horrible dolencia y salvar su vida, ésta fue vencida por la enfermedad, y acabó sus días con la tranquila resignación del justo.
A sus funerales y entierro se asoció la población en sentida manifestación de duelo.
Dios haya acogido en su amoroso seno el alma de este joven religioso.
El día 12 de octubre falleció en Onda doña Purificación Aguilella, y el día 18 de noviembre entregó su alma a Dios, aquí en Valencia, doña Carmen Hernández, ambas madres, respectivamente, de nuestros Hermanos en religión Rdo. P. Jaime Martí y Rdo. P. Miguel Oltra.
Reciban éstos y sus demás familiares el testimonio de nuestra más profunda condolencia.