De nuestras misiones

M. Rvdo P. Joaquín Sanchis
Macao, 17 abril 1950

Muy amado P. Provincial:

El haber tenido que aguardar la adjunta fotografía que la comisión traductora al chino de la Biblia católica dedica en señal de gratitud a su paternidad, me permite añadirle en esta hoja las noticias que acabamos de recibir del Japón franciscano, por unas cartas que nos han llegado. En Tokio tenemos los franciscanos una parroquia, la mayor de aquella capital, situada en la parte más amena y que menos sufrió en la guerra. Junto a ella, el convento.

Aunque la iglesia es muy capaz, los domingos, en las tres misas que se celebran, la turba del pueblo se renueva también tres veces, llenándola completamente. Con frecuencia dos Padres tienen que administrar simultáneamente la comunión. Como no basta el local para el número de fieles que lo frecuentan, pronto, se comenzará la construcción de otra iglesia más amplia, con el adyacente convento, que vendrá destinado a Noviciado de la Orden. El coristado se encuentra en Urawa, fuera de Tokio.

Los cristianos en la iglesia son tan fervorosos y devotos como los chinos. Da gozo observarlos y su fervor es motivo de edificación. Parece que la gracia de Dios es aquí más activa y su influjo más visible. Son muchos los jóvenes paganos que son atraídos hacia el catolicismo y en todas partes los misioneros lanzan la misma queja: no bastan las fuerzas, para toda la obra. En Himeiji, un misionero de Scheut decía a nuestros Padres: no nos atrevemos a hacer propaganda porque no nos bastamos para atender a los que espontáneamente nos vienen sin ella. Menos mal que allí tienen un buen puñado de jóvenes que, aunque destinados a China o procedentes de ella, no pudiendo entrar allí, se preparan aquí en la lengua japonesa; para luego ejercitar el apostolado en aquella tierra. Por lo que se refiere a los franciscanos, hay una gran propensión hacia nosotros. Los Obispos perseguían a nuestro Delegado general en la última visita que hizo allí. El Delegado, por su parte, evitaba hacérseles encontradizo para esquivar los compromisos, pues no puede atenderles en sus demandas de tener franciscanos en sus diócesis.

El Obispo de Osaka, Mons. Taguchi, se llevó consigo a nuestro Delegado y lo retuvo dos días huésped en su casa, ofreciéndole un magnífico lugar para convento nuestro. Hubo que desistir, por el momento, por falta de personal. ¡Qué pena! El mismo Delegado Apostólico del Japón insistió tanto ante nuestro Delegado, que éste tuvo que morar una casa en Tokio para que en el próximo septiembre sea el centro de estudio de la lengua para nuestros jóvenes misioneros. Este mismo Delegado Apostólico nos ha dado el encargo, que ha sido aceptado, de preparar la traducción japonesa de la Biblia, como estamos ya empeñados en la china.

Hay allí, el P. Hugolino Nolf, O. F. M., el cual ha tomado la antigua Regla de Santa Clara y la ha adaptado a los tiempos modernos y a las necesidades y modo de ser del Japón, mereciendo la aprobación de Roma. Las aspirantes, que son hijas de las familias más nobles del Japón, y que son muy cultas y conocedoras de varias lenguas, manifiestan un gran espíritu de sinceridad, fervor, simplicidad, pobreza y alegría seráfica, que encantan y ofrecen muchas esperanzas. Dicho P. Hugolino es un franciscano de mucho fervor y penitencia, muy penetrado del espíritu de San Buenaventura, cuyas obras espirituales tiene traducidas al japonés para uso de los que con él practican los ejercicios espirituales.

El mismo Padre pretende que los japoneses posean naturalmente el espíritu franciscano y por eso se enamoran del Seráfico Padre apenas lo conocen. De hecho consta que muchos japoneses, por el estudio de San Francisco vienen a la vida católica. Nuestros Padres han tropezado en Tokio con cierto católico que hace alrededor de 20 años se preparaba para ser pastor protestante; mientras tal hacía, le cayó en las manos la vida del Seráfico Padre, quedando tan seducido por ella que, transformado en admirador y amante de su persona, se dio al Estudio más profundo de su espíritu, llegando a entender la doctrina católica y obtener la gracia de la conversión. Hoy se ha consagrado a la traducción de las obras franciscanas.

En el Japón ya poseíamos tres grandes misiones; una, de los alemanes de Silesia, en Kioto; otra, en Sappono, confiada a los de Turingia, y otra, alrededor de Tokio a cargo de nuestros Canadienses. Ahora se trata de otras diócesis que nos solicitan y no se quieren abrir nuevas misiones o vicariatos independientes, sino aceptar alguna parroquia o iglesia dentro de una diócesis, construir en ella un pequeño convento o comunidad que cuide de ella, y hacerla como centro de irradiación y de propaganda católica en los lugares circunvencinos. Esto se adapta, mejor a nuestra vida religiosa y conventual y es más conforme a nuestra tradición de los colegios misioneros, tan célebres en América como el de Ocopa, en Perú, etc. La dificultad para ello no depende tanto de la falta de personal, cosa relativamente fácil de resolver cuanto de encontrar provincias que se encarguen de las nuevas casas y tomen a su cuenta los gastos que requiere la fundación y manutención de las mismas como centros de misión, ya que los Obispos y sus diócesis japonesas se encuentran sin medios de ayudar tales empresas.

Hemos ya abierto dos nuevas casas —además de la escuela de japonés en Tokio—, una en Nagano, donde hay cuatro Padres jóvenes que se preparan en la lengua japonesa; atienden a los 200 y pico cristianos de la localidad, cuidan de 130 catecúmenos que preparan para el bautismo, y sirven de capellanes a las Esclavas españolas que hay en el lugar. Otra casa semejante es la de Karuizawa, al frente de la cual está un colombiano muy celoso, el Padre Conrado Arango, O. F. M., quien esperaba que su Provincia se encargara de dicha misión, pero que actualmente se encuentra imposibilitada para tal empeño. He aquí cómo se expresa dicho Padre en la carta que de él recibí días pasados: «Ayer tarde recibí carta del Padre Ayerbe, diciéndome que quizá pronto vendrá aquí a trabajar con nosotros, y tal vez venga acompañado de otros franciscanos españoles. ¡Esto sería estupendo!, ¿verdad? Es parecer de todos que ocasión como la presente con dificultad se encontrará de nuevo para la propagación del Santo Evangelio en este hermoso país.

Ya que la China se nos cierra, metamos, metamos todo nuestro empuje en esta tierra de promisión... ¡Qué bien s¡nosotros tuviéramos aquí unas cuantas docenas de frailecitos españoles! Pidámosle al Señor no sea tarde el día en que esto sea una bella realidad. El cónsul de España aquí, señor Castillo, es decidido amigo de los misioneros y nos ha prometido su ayuda sin restricciones. Los misioneros de habla española aquí están fundando un movimiento en favor del Japón, aquí y en España, con el fin de conseguir muchísimas vocaciones para acá. Escríbales a esos frailes que vengan pronto, no sea que nosotros, que tenemos un pasado tan glorioso, nos quedemos detrás de todos...»

Y yo añado: vea V. P. s¡es hora de ir ya preparando algunas vocaciones entre los nuestros y de ir ya recogiendo fondos con que afrontar la empresa para un futuro no lejano. ¡Qué hermoso sería s¡nuestra Provincia se encargara de una de esas casas de misión! ¡Qué fuente de bendiciones y de gracias y vocaciones para la misma Provincia! Interésese por ello y anime a nuestros jóvenes.

Renuevo mis saludos y pido de nuevo su bendición.

Afmo.,

Fr. Gonzalo Valls, ofm

Bibliografía

Misal meditado

Curso de meditaciones del Año Litúrgico, por el P. Joaquín Sanchis, O. F. M. Dos tomos con 200 páginas, encuadernadas en tela. (Editorial Litúrgica Española, Barcelona.)

Esta nueva edición del P. Sanchis sigue puntualmente el Año Litúrgico, y corno temario de sus meditaciones utiliza nada menos que el Misal Romano, el cual va siguiendo en sus diversas festividades, comentando los textos litúrgicos. Con esta base la meditación del día, además de contener una suave y delicada unción espiritual está cimentada sobre el contenido evangélico, todo lo cual es muy a propósito para fomentar una profunda reflexión, y hace resurgir una sentida devoción hacia las verdades dogmáticas.

La obra de estilo culto y sencillo a la vez, unánimamente elogiada en su primera edición, resulta el mejor complemento de estos Misales de los fieles, que con tanta abundancia circulan felizmente entre los católicos de habla castellana y no dudamos que, en plazo relativamente corto, todas las personas de vida interior utilizarán con gran provecho de su alma las meditaciones de este «Misal meditado» que el P. Sanchis les ofrece.

La obra tipográficamente está presentada con gusto irreprochable, y a pesar de sus dos mil páginas, forma dos tomitos de fácil manejo, gracias al magnífico papel biblia usado para la impresión.

Cantares místicos

Obra poética del P. Fr. Juan Bautista Gomis, franciscano.

Entresacamos del Prólogo este juicio crítico que ha merecido del Académico de la Lengua Martínez Kléiser, esta obra poética del P. Gomis: «Como el rosal cuaja en flores la riqueza de su savia, y como las abejas transforman en miel el tesoro de su trabajo, el Rvdo. P. Gomis, afortunado autor de obras históricas sólidamente documentadas, y de trabajos científicos, cuya concienzuda doctrina mereció el general encomio, vierte siempre sobre sus cuartillas panales de sus tareas y capullos de sus inspiraciones.

Pero n¡cuando nos ofreció su Doctor y Mártir o su Sor Patrocinio, la Monja de las Llagas, n¡cuando nos hizo pensar con su Sociología Elemental y su Criterio social de Luis Vives, o nos hizo sentir con sus Versos Espirituales, sus Florecillas de San Antonio, y los latidos de El Corazón del Amado, puso en nuestros labios tanta miel, n¡nos deleitó con tan exquisito aroma como estos que ahora nos brinda en el regalo de los 366 Cantares Místicos, que siguen, repartidos en tres capítulos. El primero, Caminos de Amor, que comprende 125; el segundo, Caminos de Luz, en el que figuran 125 más; y el último, Entre llamas de Amor, del que forman parte 116. Son tres los nombres de dichos capítulos, pero es uno solo su contenido verdadero. En ellos el camino, la luz y la llama son únicamente amor. El mismo lo confiesa en uno de sus cantares:

Toda m¡filosofía
en dos palabras se encierra:
vivir amando al amado
Y cumplir cuanto desea.

El Rvdo. P. Gomis, Religiosa, escritor y poeta de grandes méritos ha vivido sintiendo el amor de Dios y se consagró al arte de cincelar sus elevados términos en platerescas canciones:

He tenido por oficio
cantar a m¡dulce amado,
u ahora voy a morir
como los cisnes cantando.

Nació ciertamente para cantar. De Dios recibió la inspiración y la lira. Recibirá de los hombres el homenaje del aplauso y de la gratitud.»