Una Cruz montañera, origen de una Hermandad
Entre los actos religiosos que celebra la Hermandad de Caballeros Cruzados de Santo Espíritu del Monte, con motivo de sus fiestas anuales en el Real Monasterio franciscano de Gilet, este año dedicaron al atardecer de los últimos días de julio, con expresivo cariño una piadosa visita a la humilde sepultura donde duerme esperando resucitar en Cristo, el Muy Reverendo Padre Carlos Grcía Badía, fundador de la Hermandad.
Al acto asistió y rezó un responso la Comunidad oficiando el Muy Reverendo Padre Joaquín Sanchis, Ministro Provincial. Tres señores, de los hermanos Cruzados, expresaron el amor filial al Padre Carlos y recordaron que su ingénita bondad les elevó con el galardón de Caballeros Cruzados de Santo Espíritu del Monte. El Reverendo Padre Ministro terminó el piadoso acto exaltando la ciencia y las virtudes del buen Padre Carlos: "Vuestras oraciones, dijo, amorosas florecillas depositadas sobre su tumba las recompensará pidiendo a Dios proteja vuestros asuntos, especialmente la salvación de vuestras almas".
Los Caballeros Cruzados, antiguos visitantes, entusiastas amigos y devotos del Monasterio, hijos del trabajo, fieles al recuerdo de su juventud, subieron por improvisados senderos una Cruz de hierro de grandes dimensiones, rezando el Vía-Crucis, a uno de los siete montes que circundan el Convento, colocándola en el mismo sitio donde hubo una, que fue denigrada y arrancada por hombres iconoclastas, que desde lejanos tiempos en aquel lugar se veneraba. El Padre Carlos se unió al acto de plantar y bendecir el Signo de la Redención, ocurrido en la alborada de un día luminoso de julio cuando el Caudillo Franco hizo liquidación total del impío marxismo.
Puesta la Cruz en el pedestal levantado en la cima rocosa de la montaña, como símbolo de la soberanía de Cristo, la bendijo el Padre Guardián Buenaventura Arener, ceremonia que revistió esplendor particular. A continuación, el ilustre Padre Carlos, tras percibir los latidos fervorosos de los restauradores de la Cruz, pronunció breve exhortación de fina intuición religiosa, con verbo de enfervorizada espiritualidad. Empezó dirigiendo esta salutación: «Caballeros Cruzados de Santo Espíritu del Monte», y resaltó seguidamente, con sencillez, que cautiva, el valor espiritual y la profunda esencia cristiana de la obra realizada en honor de la Santísima Cruz de Cristo.
Las palabras saludando a los que costearon la nueva Cruz, dándoles el título de «Caballeros Cruzados», fueron acogidas con vivo entusiasmo y han sido el origen de la fundación de la Hermandad. De su vitalidad de entonces acá dan testimonio los numerosos actos celebrados y las aportaciones hechas tan amorosamente para ayudar a la restauración del Monasterio, bendito hogar del alma.
La visita al Padre fundador de la Hermandad, termina cuando la noche va llegando; en precesión al Convento se retiran del humilde cementerio los frailes, precedidos de la Cruz procesional; los Caballeros Cruzados van detrás de su Lábaro, llevan en su corazón algo que no es fácil definir...
Es de noche. En el Monasterio sólo se oye el candoroso cantar de los cuclillos que pueblan el valle y los montes de la mansión franciscana de Santo Espíritu del Monte.
José Mª Calvo
Consultorio religioso
Una pregunta quería hacerle y se la hago hoy que me decido a escribir. Para ganar la indulgencia plenaria de la corona franciscana basta rezarla en estado de gracia según consta en el catálogo de indulgencias que hay en nuestra reglita; y para ganar la indulgencia plenaria de la Bendición papal se nos ha advertido antes de darla que es menester no tener afecto a ningún pecado venial.
¿Cómo se entiende esto? ¿Es que para unas indulgencias se requiere menos y para otras se requiere más? Esta es la pregunta que quisiera me contestara usted claramente.
Podría contestarla clara y terminantemente en solo dos renglones. Mas temiendo no quede con ellos satisfecha su hambre de saber, voy a, razonar la contestación.
Para ganar una indulgencia plenaria hay que cumplir la obra prescrita, por ejemplo: rezar la corona, hacer el Vía-Crucis, etc., y se requieren, además, otras cuatro cosas: confesión, comunión, visita de Iglesia y preces, a intención del Papa. Esto es lo general, mientras la Iglesia no declare otra cosa, como lo ha declarado para la indulgencia de la corona franciscana.
Lo de no tener afecto al pecado venial quiere decir que estemos arrepentidos de todo pecado venial que hayamos podido cometer; y esto no se requiere tan sólo para la Bendición Papal, sino para toda indulgencia plenaria. No logrará la plena remisión de la pena de sus pecados veniales el que deje de estar arrepentido de alguno de ellos; y no ganará, por tanto, la indulgencia plenaria aunque haga todas las obras requeridas para ella. Sólo la ganará parcialmente, es decir, se le perdonará la pena correspondiente a los pecados veniales de que está arrepentido; mas no la de los otros. ¿Está claro? Así lo dice el Derecho Canónico y lo divulgan los devocionarios usuales.
El que para la indulgencia plenaria de la corona franciscana se requiera tan sólo la condición de hallarse en estado de gracia (con arrepentimiento sincero de todo pecado), es muestra del interés que tiene el Papa de que la recemos todos los días, y aun varias veces al día, ya que en todas ellas se puede ganar la indulgencia.
Gane usted todas las que pueda en este Año Santo para las almas del purgatorio, para merecer que otros las ganen para usted cuando esté allá, en aquel lugar de expiación.
Padre, haga el favor de decirme algo sobre la vida de San Crispín, que es m¡Santo y sólo sé de él que es el Patrono de los zapateros.
Los hermanos San Crispín y San Crispiano eran nobles patricios romanos. Movidos por la gracia repartieron sus bienes a los pobres y se trasladaron a las Galias a predicar la fe de Cristo a aquellas gentes idólatras. Después de muy largos y penosos viajes, en los cuales sembraron en varias poblaciones la semilla de la verdad evangélica, pusieron su residencia en la ciudad de Soissons donde se ganaban el sustento haciendo calzado y aprovechaban todas las ocasiones oportunas que se les ofrecían para enseñar la doctrina del Salvador del mundo.
Así, con su vida ejemplar y santa conversación, redujeron a la fe gran muchedumbre de infieles. Acusados por algunos idólatras al emperador Maximiliano Hercúleo, que a esta razón vino a las Galias, después de ser atormentados con despiadados azotes y con los más rigurosos suplicios, murieron degollados por confesar la fe de Cristo, el año 287 de nuestra era. La Iglesia los ha nombrado patronos de los zapateros y celebra su fiesta el 25 de octubre.
Fr. Agnello
El prodigio solar
(13 Octubre)
El sol, cual girándula, Ráfagas de rojo, Sublime espectáculo Llenóles de asombro De su eje arrancado, En tierra postrados, |
María interviene, Cesa la congoja, Creció mucho el crédito Y sin él Lucía Aquel gran milagro Refrendo del Cielo |
Anecdotario misional
Los negros se llevan otro campeonato
Los negros eran una raza inferior para muchos. Pero lo cierto es que en diversas pugnas con los blancos se han llevado muy estimables campeonatos. Así los puños del negro Joe Luis han sido durante mucho tiempo los más temibles puños del mundo. Así el negro Owens, campeón olímpico en varias carreras pedestres.
En el Año Santo los negros han ganado otro campeonato mundial: el campeonato de entusiasmo. Con motivo de la canonización del P. Claret y de Juana de Valois han llegado a Roma dos peregrinaciones de color. A la primera acudían los morenos de la Guinea Española, y a la segunda los negros católicos de las colonias francesas. En ambas peregrinaciones, al presentarse el Papa ante los peregrinos, ha ocurrido un caso insólito. Tanto los «morenos» de la Guinea, como les negros del Senegal o del Camerún, pisoteando todo el protocolo y desbordando la barrera de los Guardias Nobles, han llevado materialmente hasta el Papa todo el ímpetu de su entusiasmo.
El Papa les ha sonreído y les ha bendecido. Y ahora los negros se han vuelto contentes a su tierra ardiente, con una luz nueva en los ojos y con un campeonato más en su historia: campeones del entusiasmo por el Papa.
Yoshiko quería rezar la mitad del Padrenuestro
Se ha muerto Yoshiko, una japonesita de 10 años. El final de la guerra en el Japón la dejó huérfana y famélica. Un misionero católico la recogió. Yoshiko, durante la explicación del catecismo decía cosas muy originales:
—Padre, desde hoy no quiero decir más que la mitad del Padrenuestro.
—¿Por qué? ¿No te gusta la otra mitad?
—Sí, pero yo no quiero pedir nada para mí, n¡siquiera el pan nuestro de cada día. Todos son buenos conmigo. Además yo prefiero morir antes que ofender al Niño Jesús. Por eso desde hoy no me enseñes más que la mitad del Padrenuestro... «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Y al llegar aquí, pones: «Amen».
Así se ha muerto Yoshiko: Hágase tu voluntad... Amén.
Una tonsura original
Al acercarse el DOMUND los pequeños del colegio no viven más que para, las Misiones. Una mañana la Hermana, desde el coro de la capilla, ha observado una cosa extraña. Dos pequeños muestran una calva original e imprevista en la coronilla. Después ha interrogado a los chicos.
—¿Qué es eso?
—No es nada, Hermana.
—¿Cómo que no es nada?
—Mire usted. Es que... nosotros queremos ser misioneros.
—Muy bien. ¿Y qué tiene que ver lo uno con lo otro?
—Pues que, para ser misioneros queríamos tener ya la coronilla.
—¿Y cómo os la habéis hecho?
—Pues... primero éste me fue arrancando a mí pelito a pelito; y después yo le hice la coronilla a él de la misma forma. Y ahora ya estamos contentos, aunque al principio nos dolía mucho, porque ya sabemos seguro que seremos misioneros.
Y la Hermana se retiró sin poder contener la risa y... las lágrimas.
Charlot se va a las misiones
Bueno, hablando en serio, no se va Charlot a las Misiones; pero es porque no puede. Aunque usted no lo crea, le falta dinero para hacer el viaje. Vea usted lo que nos escribe un misionero de Oriente:
—«Tengo una escuela parroquial de 130 niños. Hace poco una buena persona me ha regalado una máquina de cine. No tengo películas. S¡ustedes pudieran comprarme películas buenas, la Pasión de Nuestro Señor o películas cómicas de Charlot, para dar algunas sesiones a los niños e instruirles, yo sería feliz ...».
El sería feliz. Pero sólo hace falta que alguien, quiera pagar a Charlot este viaje misionero.
Usted dirá.
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