La campaña antiimperialista y autonomista
de la Iglesia en China

Macao 18 de marzo 1951

La situación de la Iglesia a partir de la así llamada «liberación» de China por los actuales gobernantes era muy varia. Generalmente en las capitales se gozaba de gran libertad mientras en los pueblos y aldeas, quedaba a merced de los mandarines locales entre los cuales, mientras unos no se preocupaban de la Iglesia y otros vivían en buenas relaciones con ella, algunos desencadenaron cruenta persecución contra los cristianos que ha causado diversos mártires.

Desde principios de diciembre último y con la entrada de China en el conflicto coreano la decoración ha cambiado. Ahora es el gobierno de Pekín el que ha tomado la iniciativa promoviendo en toda China, además, del movimiento antiimperialista-yanqui-vaticano en la mente de los promotores, la campaña de esta «triple autonomía» de la Iglesia organizada por el primer Ministro —según él mismo ha declarado— con la colaboración de los protestantes. Esta última pretende la plena autonomía de la Iglesia. China emancipándose de toda dependencia extranjera en dinero, en personal propagandista y en autoridades de gobierno, incluyendo en sus pretensiones la rotura con Roma y la constitución de la Iglesia Nacional, y por ende, cismática, bajo la vigilancia del Estado.

La campaña ha sido llevada con arte satánica, tapujando equívocamente los puntos más crudos para engañar con mayor facilidad y desplegándola simultáneamente en todas partes para no dar tiempo a consultas o informes autorizados que pudieran orientar la opinión, y así pescar a río revuelto.
En un principio cundió la desorientación y el abatimiento entre los católicos; aquélla, porque no aparecían claras las intenciones de los promotores y éste, porque según los periódicos locales publicaban declaraciones de diversas cristiandades según las cuales, no sólo los fieles, sino sacerdotes y hasta Obispos se habían adherido al antiimperialismo yanqui-vaticano y suscrito incondicionalmente la «triple autonomía». Esto dio ocasión a que se cruzaran cartas entre las diversas cristiandades preguntándose mutuamente con extrañeza y escandalizadas ¿cómo se habían atrevido a redactar tamañas declaraciones que eran anticatólicas, cismáticas y apostasías manifiestas de nuestra fe?

Por las contestaciones recibidas, se ha podido comprobar documentalmente que toda aquella publicidad había sido creación de los mismos organizadores, para cazar incautos. De las diversas declaraciones publicadas, unas eran totalmente falsas, otras falseadas o tergiversadas, y aún las mismas cuyas fotografías se insertaban en los periódicos con los autógrafos de los firmantes habían sido arrancadas por la fuerza o con engaños. Se les predicaba que el estado proclamaba y defendía la libertad religiosa, que el alzamiento antiimperialista tenía sólo carácter político y que la «triple autonomía» aseguraba un próspero porvenir a la Iglesia ya que al ser en ella todo chino, las ideas cristianas podrían encarnar más fácilmente en el pueblo que hasta ahora las miraba con recelo por su extranjerismo.

¡Cómo no engañar a gente sencilla e ignorante! Por esta encuesta resulta de modo palpable, que los cristianos cas¡en su plena totalidad, aún los mismos que dicen haber firmado las consabidas adhesiones, no han tenido n¡aún de lejos la más mínima intención —como falsamente se les ha atribuido— de insubordinarse contra la autoridad del Romano Pontífice a quien profesan amor inquebrantable y adhesión incondicional.

Como prueba de todo esto, escojo dos casos entre los muchos que podría aducir : uno, sobre el proceder del clero chino y otro, que manifiesta el sentir de los siempre fieles.

El Gobierno se esfuerza para conseguir una declaración, según su gusto, de la Iglesia de aquella Capital para luego imponerla a todas las iglesias de la Nación. En ausencia del Cardenal Arzobispo de Pekín, enfermo en el extranjero, dos ministros reunieron a gran parte del clero indígena de la localidad, para exigirles la deseada declaración. El primero de los Ministros (a quien la Iglesia ha hecho hombre) habló con buenos modales pidiendo la colaboración con el gobierno, y haciendo promesas. El segundo en cambio, espetó una ristra de blasfemias y calumnias contra la Iglesia Católica y, después de declarar que la situación de esta en China era muy crítica, manifestaba que sólo adhiriéndose incondicionalmente a la triple autonomía», podría ponerse a salvo... ¡Siempre lo mismo: caricias y amenazas! Pero la Iglesia sigue su camino.

Después de aquella sesión que duró 5 largas horas, el clero se reunió aparte en día señalado y redactó su declaración. En ella después de recordar los beneficios de la Iglesia Católica para con la nación China, se afirmaba la obediencia incondicional al Romano Pontífice como cabeza visible de Cristo en la tierra, y se aceptaba la «triple autonomía» según las repetidas declaraciones de la Santa Sede El Gobierno rechazó aquel documento como pueril exigiendo otro mas realista.

Cuando el clero se reunió de nuevo para redactar la segunda declaración los pareceres estaban divididos: unos, sentían que debía mantenerse íntegramente la primera y disponerse a todas las consecuencias que sobreviniesen; la mayoría sin embargo, creyó oportuno contemporizar, sin ceder lo más mínimo en los puntos esenciales. Prevaleció este criterio y así hasta, el presente son ya seis declaraciones distintas presentadas. El Gobierno las ha rechazado y devuelto todas indicando las correcciones que: debían hacerse y las frases que dehian añadirse o suprimirse en ellas (viva la libertad religiosa). Los nuestros han sabido con tanta maña escurrir los Puntos críticos, manteniéndose dentro de la ortodoxia, que bien se puede decir en lenguage taurino que, capean con arte.

El segundo hecho, se refiere a los cristianos de una capital que no quiero nombrar. Las autoridades habían impuesto a las diversas confesiones religiosas, hicieran sus manifestaciones patrióticas contra el imperialismo y contra el rearme del Japón que había combatido a China. El domingo señalado para los católicos, se presentaron los de las cristiandades próximas a la Capital (unos 6.000) con sus banderas y bandas de músuca. Se reunieron primero en la Catedral, donde asistieron a la misa solemne; luego comieron, y a las 12 en punto comenzaba el desfile a 5 de fondo, y que figuraban unos 9.000 catolicos. Durante la manifestación, que por tres horas recorrió las principales calles de la ciudad los manifestantes entrelazaban sus himnos patrióticos y cantos religiosos con aclamaciones como estas: ¡guerra al imperialismo!... iTien Tchu Kuan Chio, an Sue! (Viva la Iglesia católica) ¡Luoma Chiao Tsung, Wan Sue! (Viva el Sumo Pontífice Romano)... ¡Abajo rearme japonés!... etc.... Como alguien hiciera observaciones a aquellos gritos religiosos, se le contestó: somos chinos y somos católicos. El Estado proclama la libertad de Religión; estamos dentro
de la ley.

La manifestación terminó en la Catedral donde rezaron el rosario, cantaron las letanías de la Virgen, y despues de la bendición Eucarística, se dispersaron yendo cada uno a su casa, satisfechos de haber dado al César lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios.

¿Por dónde aparece el espíritu cismático que se cree ver por cierta propaganda sectaria? Los católicos chinos son fieles.

P. Gonzalo Valls. ofm

Consultorio religioso

Hallándome enfermo de gravedad, m¡madre ofreció llevarme a pie al Castillo de Javier s¡me curaba y quedaba bien del todo. Gracias a Dios, as¡ha ocurrido; pero yo n¡ganas que tengo de imponerme semejante sacrificio. ¿Pecaré por esto Padre?

Usted no tiene obligación de cumplir esa promesa, a no ser que se hubiera hecho con su consentimiento, tomando usted parte en ella. Las promesas y votos no obligan, ordinariamente, sino a quien los hace. Una de las principales condiciones de toda promesa y de todo voto es que sea deliberado, es decir, que se acepte voluntariamente, teniendo bien en cuenta la obligación que del mismo nace.

¡Sería muy cómodo eso de hacer una promesa para que la cumpla otro! Con esto no quiero decir que s¡su madre le manda hacer ese viaje, y realmente lo puede hacer sin dificultad mayor, que le excuse, no vaya a tener obligación de obedecer, como a cualquier otro mandato justo de sus padres Pero s¡no obedece, faltará a la obediencia más no a la promesa que hizo su madre. ¿Por qué? Porque, sencillamente, la promesa no le obliga; la obediencia, sí.