El Valle de Toliu, vergel de cruces

En medio de los montes de la vecina sierra Calderona, escondido en el pequeño valle de Toliu, todo belleza, alza sus vetustos muros lleno de santos recuerdos, de paz y de silencio, sin conexión con el teatro del mundo, el austero Real Monasterio de Santo Espíritu del Monte, siendo su encanto la humildad y la pobreza de sus moradores soportada con admirable fe cristiana. Este Monasterio no escapó de la ferocidad y crueldad de los rojos marxistas, le dejaron poco menos que inhabitable. Siete de sus religiosos, al furor de la revolución, ofrendaron sus vidas por Cristo.

Este histórico cenobio, santificado con la vida de uno de sus Padres Guardianes, el Beato Nicolás Factor, impregnado de aromas montañeses, está cas¡totalmente reconstruido, y, en sus alrededores se admiran obras de arte, elegantes y graciosas, de perfecta ejecución, de verdadero valor desde el punto de vista religioso y poético. Son estas obras cuatro sencillos y hermosos monumentos a la Santísima Cruz que pueblan y embellecen aquellas sosegadas soledades con una sublimidad encantadora que acrecientan la espiritualidad del valle.

Así vemos en la acantilada cima de una de las siete montañas que guarnecen el Real Convento una cruz de hierro de grandes dimensiones, con sencillo basamento, que es un monumento de augusta simplicidad. En 1939, cuando terminó nuestra guerra de liberación, unos devotos del Monasterio, cumpliendo un voto de expiación, la costearon y colocaron en el mismo sitio donde hubo desde antaño una sencilla cruz de madera que cubría con su sombra bendita el convento y el valle franciscano, destrozada varias veces por manos sacrílegas en tiempos de libertinaje.

A esta cruz le rinden veneración cuantos por allí peregrinan en busca de la paz y el bien; bajo sus brazos nació la Hermandad de Caballeros Cruzados de Santo Espíritu.

Junto al camino de la villa de Gilet, el pueblo más cercano al Monasterio, en el dintel del valle, hay una cruz sobre columna y gradas de cantería, que también alcanzó el martirio de los enemigos de Dios cuando en nuestra patria caían asesinados a millares los mártires de la fe como rosas arrancadas al rosal por furioso vendaval. Esta cruz, revivida por los Caballeros Cruzados, tiene el simbolismo de que no hay sacrificio, n¡martirio, n¡muerte por la fe que no sé traduzca en resurrección gloriosa.

Este monumento, perfecta obra de singular destreza y maestría, perpetúa el recuerdo del Año Santo 1950.
Otra cruz, de forma patriarcal, de hierro forjado de buen tamaño, de inspirada artesanía popular llena de encajes que le dan singularidad notable, campea en la portalada que da acceso a la plazoleta, antesala del Monasterio.

En el monumento dedicado al insigne catequista, el venerable P. Fr. Pedro Vives, sobre una columna, primoroso mástil de piedra, una linda cruz de hierro presta mayor relieve a la acogedora y valencianísima plazoleta formada por blancas casetas de Vía-Crucis y poblada de cipreses, palmeras y geranios.

Hubiéramos querido, como complemento de esta relación, que las páginas de ACCIÓN ANTONIANA concedieran más espacio para insertar ilustraciones gráficas de las cruces que embellecen los alrededores de la santa Casa Noviciado de los religiosos observantes de los ideales del Serafín de Asís, que marchan en directa al reino de los cielos.

José M. Calvo

Fortaleza cristiana del misionero en China

Por Fr. Gonzalo Valls, ofm

El ambiente de la Iglesia en China es propicio para el martirio. S¡al tirano le sobra odio y crueldad, como vemos, a sus víctimas no les falta valor y fortaleza para soportar heroicamente sus torturas.

Hablando de fortaleza, entendemos la cristiana que el Espíritu Santo suscita en sus elegidos por medio de la gracia y que va acompañada de todo un cortejo de virtudes entrelazadas mutuamente como un organismo armónico en que se expande la caridad cual núcleo que a su vez es principio, forma y complemento de todas aquellas. Sólo un amor intenso a Dios puede llevarlas al heroísmo esencial a la santidad que el martirio supone.

Esta fortaleza, múltiple en la variedad de virtudes que la acompañan, es la que espontáneamente se manifiesta en las cartas que recibimos de nuestros misioneros y de las cuales quiero hacer partícipes a los lectores para edificación de todos y para que admiren con nosotros la obra de Dios en el alma de sus apóstoles. Transcribo sólo algunos fragmentos.

Uno describe el estado de las cosas en estos términos: "Desde diciembre la situación se nos hace siempre más difícil. Una campaña de prensa, radio y conferencias se ha desencadenado contra nosotros, acusándonos como a gentes del imperialismo yanqui-vaticano. Especialmente son tomados como blanco aquellos misioneros que han prestado servicio en escuelas, hospitales, orfanatos, etc.; sus nombres están a la orden del día en la prensa local. La institución de la Iglesia independiente va directamente a la separación de Roma, y para conseguirlo quieren como primer paso eliminar a los misioneros extranjeros.

Algunos de éstos, imposibilitados de vivir, piden salir de China; de los demás, que son la mayor parte, unos están confinados en sus casas o encarcelados, otros son despedidos y todos vigilados cuidadosamente. A los que quedamos dentro quieren, primero, sonsacarnos con impuestos arbitrarios hasta el último céntimo de la misión, para luego expulsarnos de su territorio". Y después de escribir sus actuales tribulaciones añade: "¡Pero no se den pena por nosotros; cuando se sufre con Cristo y por Cristo la misma cruz se trueca en lecho de rosas!"...

En otra carta nos cuentan cómo unos oficiales rojos preguntaron descaradamente a dos misioneros europeos: "Cuando salgáis de China, ¿quién cuidará de vuestros cristianos y de las cosas de la Iglesia?" Al contestarles éstos que jamás habían pensado abandonar China, aquellos repusieron: "Entonces cuidaremos nosotros de echaros"... Pero no dieron a entender s¡sería o no para el otro mundo. Y los que esto nos escribían, comentaban: Rueguen mucho para que el Señor nos dé fortaleza y constancia. Estamos resueltos a permanecer aquí, siempre resignados a todo lo que Dios permita, aun la muerte, con tal de no traicionar a la Iglesia, Papa y a los Superiores franciscanos que nos mandaron, y a los cuales profesamos, una vez más, nuestra adhesión inquebrantable y nuestro amor incondicional!...

Otro misionero, a quien después de 15 años de intenso trabajo sus Superiores intentaban repatriarlo por un año para que descansase y al mismo tiempo consolase a su anciano padre que entre tanto había perdido todos los demás hijos, apenas supo que las autoridades chinas hacían diligencias para acelerar su partida, escribió decidido a su Obispo en estos términos: "Yo no quiero dar gusto a estos enredadores, abandonando por m¡cuenta la misión que se me ha señalado. Quiero tener el placer de que me echen por la violencia. Deseo el honor de que venga por mí un piquete de soldados que me lleve a la cárcel, a ser fusilado, a un campo de concentración, a la Siberia, al Wolga, condenado a trabajos forzados o donde sea. Sólo la obediencia a vuestra excelencia, m¡Superior, me arrancará de m¡amada, misión".

Pero los que mayormente manifiestan la nobleza de sentimientos que animan al corazón del misionero sor aquellos que han sido ya expulsados de China y que no son pocos por cierto.

Uno de ellos cuando después de seis meses de horrible calabozo le leyeron la sentencia de expulsión, declara con franca entereza a los jueces: "Habéis sido crueles conmigo hasta el fin. La misma sentencia de muerte habría sido para mí un consuelo, pues nutría la ilusión de dejar mis huesos en esta China, a la que he consagrado mis, trabajos, mis fuerzas y los mejores años de m¡vida".

Otro; también condenado a igual pena, sin ningún proceso judicial, preguntado por los oficiales s¡tenía algo que objetar e declarar, respondió: "Sí; tres cosas: Primera, agradeceros todo el bien y todo el mal que me habéis hecho durante vuestro gobierno; segunda, deciros que la mayor pena que he experimentado ha sido que me hayáis condenado a las espaldas como a un criminal prejuzgado, sin permitir que me defendiera de los supuestos delitos y acusaciones de que me fingís reo; tercera, manifestaros que, aunque expulsado, m¡corazón continuará amando siempre a China, m¡patria de adopción por la que me he sacrificado hasta ahora y por cuya paz y prosperidad continuaré interesándome dondequiera que me encuentre".

Un tercero, llegado a Hong Kong, ya fuera de China, escribía a uno de nosotros: "He estado nueve meses en un campo de concentración sufriendo lo indecible. Es la hora de las tinieblas y del triunfo de Satanás!... No me crea feliz ahora que he salido de la esclavitud. M¡corazón está con mis cohermanos que allí sufren por el nombre de Jesús. Usted no podrá jamás imaginarse la vida dura que allí llevan; es necesario rogar mucho por ellos, porque sus días son años de martirio. Yo los he dejado por haber sido expulsado, pero les envidio la suerte aunque ahora pueda respirar un poco de aire aparentemente libre"...

Otro misionero desterrado termina su escrito expansionando sus afectos al Señor con estos precisos términos: "Tú vida oh Jesús, Señor mío, fue también vida de lucha y persecución hasta asegurarte tu victoria indefectible sobre el mundo, expirando en la cruz. Sea también esa cruz el trofeo de m¡victoria sobre el paganismo y el materialismo. Sólo cuando me encuentro crucificado de manos y pies como tú y contigo, oh Jesús, inmóvil en la cruz y anegado en un mar de dolores y sacrificios, sólo entonces m¡victoria será cierta y perdurable. Así sea, oh Jesús, así sea."

Como se ve, es Jesús que repite en su discípulo aquel grito: "Baptismo debeo baptizar¡et quomodo coarctor donec impleatur". [Referencia a Lc 12,50: Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!]

Por lo que mira al clero chino, bastan las siguientes frases entresacadas de una carta particular y que merecen figurar al lado de la preciosa página precedente.

Se trata de un joven misionero franciscano chino que contesta a las cartas que le escribieron unos alumnos nuestros cristianos, a quienes él mandó al Seminario. Después de agradecerles sus escritos y de contarles los trabajos, persecuciones y peligros en que se desenvuelve su vida, añade: "No creáis sin embargo que me encuentro abatido o que haya perdido m¡buen humor habitual. Nada de eso; "super abundo gaudio..." [Nota al pie]

Como San Pablo... "Rogad con gran insistencia por mí y por mis cristianos para que el Señor nos dé fortaleza de ánimo, constancia en la paciencia, fervor en la piedad y sobre todo mucho amor a Dios y a la Iglesia Católica. Ahora estoy despojado de todo, y llevo una vida verdaderamente pobre. Lo que tenía me lo han destruido o lo han robado distribuyéndolo entre ellos. Me he visto precisado a quemar los preciosos escritos, diarios, memorias y correspondencia que conservaba con tanto celo. ¡Ojalá pudiera desnudo de todo luchar coro la ayuda de Dios, luchar contra el infernal diablo, y conseguir la plena victoria sobre mis pasiones y concupiscencias y sobre las insidias del enemigo maligno. Rogad, carísimos, para que cuanto antes lo consiga en mí, la omnipotencia y misericordia del Señor. En el ósculo de la caridad fraterna y la mutua memoria de nuestras oraciones, quedo ante Dios sincero hermano vuestro, Fr. D., ofm." Data y cierra su carta con esta interesante indicación : "En el XIII aniversario de m¡sacerdocio desde una estrecha cueva, y con toda precipitación. La Santísima Virgen os bendiga a todos."

Bien se echa de ver por todas las precedentes confidencias cómo el Espíritu Santo trabaja activamente en prepararse sus tal vez futuras víctimas cruentas haciéndoles mártires blancos del amor antes que sus enemigos los transformen en mártires rojas del odio. ¡Saludemos a los nuevos atletas de Cristo! ¡Bendigamos a Dios admirable en sus santos!

[Nota del copista: Referencia a 2Cor 12,9: Pero él me dijo: «M¡gracia te basta, que m¡fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo].