a

Francisco de Asís para niños

Me llamo Francisco de Asís. Siempre me he entendido bien con los niños y ellos me han comprendido a mí. Por eso voy a contarles algunos episodios de mi vida. Ni los más importantes ni los más maravillosos. Son los que los niños ya saben.

1

Me llamo Francisco

Yo, Francisco de Pedro de Bernardone, ahora más conocido como Francisco de Asís, os quiero contar mi vida. Nací hace ocho siglos, pero algunos aún me recuerdan.

Mi padre era comerciante de telas y viajaba por todas partes en busca de las telas más valiosas. Le gustaba ir a Francia. Trabajaba mucho y apreciaba el valor del dinero. Creo que no me parezco mucho a mi padre.

Mi madre se llamaba Juana Pica. Era francesa. De ella aprendí a apreciar las cosas bellas, el canto y hasta la lengua francesa.

Fui bautizado en la iglesia de San Rufino y me pusieron de nombre Juan. Mi padre siempre me llamó "pequeño francés", que es lo que significa "Francisco".

Pronto me llevaron a la escuela que había junto a san Jorge y aprendí las primeras letras, el latín, por supuesto. Pero también aprendía a cantar como lo hacían los juglares.

1

Cuando era joven...

Cuando era muy joven me gustaba presumir de rico. Invitaba a fiestas y meriendas a mis amigos. Y cantábamos y lo pasabamos bien. En esas fiestas abundaba el vino (Los porros aún no se habían inventado) y las canciones. Mis amigos me hicieron jefe de la pandilla porque era alegre, bromista y gastaba dinero de mi padre sin pensarlo dos veces.

Mi padre pensaba que todo esto se terminaría pronto y luego sería un hombre sensato que podría encargarse del negocio de telas que tenía mi padre.

Pero aunque tenía dinero nunca podría ser un noble, un hombre importante. Ya que no tenía títulos por nacimiento sólo quedaba adquirirlos por méritos de guerra.

Por la noche molestábamos a todos con nuestros cantos y nuestras discusiones. La gente estaba muy harta de nosotros. Esta juventud es insufrible..., se quejaba.

Con mis padres

Esa vida de joven un tanto desarreglada preocupaba mucho a mis padres. Mamá era más transigente y procuraba tapar todo lo que podía (creo que eso es lo que han hecho siempre las madres).

Papá pensaba que eso cambiaría con los años. Y me llevaba de viaje de negocios. Me enseñaba los trucos de su oficio y esperaba que pronto podría encargarme de comprar y vender las telas yo.

La verdad es que se me daba muy bien lo de vender tela a las damas. Sabía hablarles y siempre compraban más de lo habían previsto.

Bueno, ya os contaré que el rollito con mi padre no terminó bien. Os lo contaré más adelante. Y todo porque encontré a un pobre y le di el dinero que había obtenido de la venta de una partida de tela. Los gritos los pudieron oír todo el vecindario.

Pero es que yo no podía ver a los pobres sin conmoverme. Eso fue una constante en mi vida. Siempre que veo a un pobre me acuerdo de Jesucristo que se hizo pobre por mí.