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26. Fr. Francisco Ivars Cruañes, Maestro de obras

Al historiar la vuelta de los franciscanos a Teruel, en el año 1901, se menciona al hermano fray Maseo Compañ como el artífice que fue del nuevo convento cuya restauración dirige en el solar dispuesto, una vez derruido, en estado de ruina, el antiguo que había erigido el arzobispo de Zaragoza D. García Fernández de Heredia, en 1402.

Hay, además, una dependencia de la monumental Iglesia, la sacristía, que, demolida igualmente por el arquitecto municipal Pablo Munguió, hubo de ser reconstruida también. Es obra meritoria que lleva a cabo el hermano fray Francisco Ivars.

La revista Acción Antoniana edita, en el año 1929, un número extraordinario, dedicado a la historia reciente de la Provincia Franciscana de Valencia, con motivo de la celebración del cincuentenario de su restauración, renacida de las cenizas de la desdichada exclaustración. En elle figura una breve reseña sobre fray Francisco Ivars, pero no es más de lo que podríamos añadir nosotros. Dice así:

“Durante su corta estancia en la Provincia, trabajó incansablemente en varios conventos, dejándonos, entre otras obras, la esbelta sacristía de Teruel, con bóveda de tracería de arista, en la que ha procurado esmeradamente adaptar su estilo al gótico clásico de la iglesia. Fue diestro en la talla y calado sobre alabastro, dejándonos en Pego [Alicante] varias obras de este género en diversos altares de nuestro convento, la talla de la cruz octogonal de piedra que se alza en el centro de la plaza y el artístico viacrucis vaciado en portland que la rodea. En Trípoli (Egipto) a donde pasó en calidad de misionero, ejerció la misma profesión durante los tres años escasos que allí vivió, dejando varias obras de mérito, entre las que merecen citarse un altar con bella combinación de mármoles de colores, reputado de gran mérito artístico.”

Fray Francisco Ivars Cruañes, maestro de obras, había nacido en Benisa (Alicante), y la hermana muerte le sorprende en Horus - Tripolitania (Italia), cuando alcanzaba la temprana edad de 54 años y cumplía 25 de profesión religiosa al servicio de Dios y sus hermanos, el año 1910.

27. Fray Jaime Sala Moltó

Fray Jaime Sala es el primer guardián -que es como llaman los religiosos franciscanos al superior de una casa-, de la comunidad del Convento de San Francisco, en los días de la recuperación y restauración del mismo. Las autoridades provinciales eligieron con tiento a quien brillaba ya con el doble distintivo de la santidad y la sabiduría. Desde su juventud, se impuso emular a los mismos compañeros de san Francisco, tras el olor a sencillez y bondad que se respira al hojear la Vida del santo fundador que escribiera Celano, aquilatando así su alma con el conocimiento y vivencia de la verdad de Cristo, de modo que se llegó a decir de él que reproducía con extremado parecido el candor con que nos seducen “aquellos varones de Rivotorto y las Florecillas”.

Desde su es formación teológica, cifró en la presencia eucarística de Cristo, lo mejor de su amor al Hijo de Dios, por lo que acudía a menudo “al Sagrario, para adorarle y renovar su fervor”. El amor a la Virgen María ocupaba igualmente un lugar preferente en su corazón y aún le quedaba espacio para estimar en mucho el misterio de la encarnación de Cristo en el seno de María y su nacimiento, hecho igual a nosotros. Razón de más para que se le encomendara la labor de formar en la vivencia del evangelio de Cristo, como maestro de novicios, a los jóvenes que accedían a probar su vocación entre nosotros. Apreciaba por todo eso en su justa medida el rezo de las horas y la práctica asidua de la oración.

En armonía con su formación religiosa, dedicó a otros estudios buena parte de sus afanes, para lo que cultivó el buen uso del lenguaje y la lectura de los autores clásicos franciscanos, de quienes editó lo mejor de su producción, como una suma poética del eximio aragonés fray Diego Murillo, cuya introducción corre a cargo de fray Antonio Navarro, en Valencia, 1906, además de su Escala Espiritual e Instrucción para enseñar la virtud a los principiantes, opúsculos de san Pascual Bailón, El arte de servir a Dios, de fray Alonso de Madrid, alguna de las obras de fray Juan de los Ángeles, como el Manual de la vida perfecta, y todavía durante su estancia en Teruel como guardián, en 1903, traduce las obras de nuestro Padre san Francisco.

“Fue la lectura de la obras de Marcelino Menéndez Pelayo, dice Miguel Ángel Lavilla, lo que marcó intelectual y vitalmente a Jaime Sala, que en 1892 ya había leído La historia de las ideas estéticas, La ciencia española, y el Discurso de ingreso en la Real Academia Española del ilustre erudito español, según el testimonio del propio Sala” (Fray Jaime Sala, Un precursor del Franciscanismo español, Archivo Ibero-Americano LXII (2003).

No es de extrañar que, dada su creciente cultura y amor a la Orden cuya forma de vida profesaba, le fuera encomendado el oficio de cronista oficial de la Provincia, y que en sus andanzas por bibliotecas, como investigador de nuestro pasado literario, mantuviera trato y correspondencia con los hombres más cultos del momento, como Menéndez Pelayo, Rodríguez Marín, Miguel Mir, Conrado Muñoz y Paul Sabatier.

No menos interés suscitó en él el cultivo de la música sagrada, en cuyo arte se acreditó como organista, para lo que asistió a las clases del pianista y compositor turolense fray Joaquín Abad.

Lector de Teología, vertió su saber en la predicación de la palabra divina, como parte importante de su esfuerzo evangelizador, tras la estela de fray Vicente Molins, reconocido predicador de misiones populares. Quienes le conocieron, recuerdan de él la profundidad de su entrega a Dios reflejada en sus sermones, por aquello de nadie da lo que no tiene, como son las cuaresmas predicadas por él en la Catedral del mismo Teruel, año 1904, Jávea, años 1905 y 1906, o en Sagunto, año 1913, así como tandas de ejercicios espirituales en varios de nuestros conventos, como Benisa o la parroquia de Manzanera, por citar algún lugar concreto.

Su discreción, competencia y forma de vida observante, le merecieron integrar el gobierno del conjunto de nuestras casas como Definidor Interprovincial, en Madrid, y antes, regir, como guardián, algunos de los conventos de la Provincia, incluido el nuestro de Teruel. Destinado a Benisa (Alicante), donde aún firma la Introducción e Instrucción de Fray Diego Murillo, se traslada a Pego (Alicante), convento donde mora hasta el día 20 de junio de 1906, y nombrado Definidor General, al de San Fermín de los Navarros, en Madrid, “acontecimiento que, según hace observar fray Miguel Ángel Lavilla, influirá de manera particular en su vida y sobre todo en su trayectoria intelectual” (o.c.). En Madrid le sorprenderá la muerte, a la temprana edad de 43 años, en 1914, cuando aún le quedaba mucho por decir y hacer. Había nacido en Cocentaina (Alicante), el día 24 de mayo de 1871.

(Vide Acción Antoniana, 1929 y Un Precursor del Franciscanismo Español, Archivo-Ibero-Americano, 2003).

Fr. A. M.

28. Franciscanos aragoneses misioneros en América

El número de religiosos franciscanos que, desde el descubrimiento de América, se entregan a labores de dar a conocer la fe de Cristo a los indígenas americanos, es sobresaliente. Luis Rubio cifra en 1.115 el número de religiosos en general y en 289 el de clérigos. De ellos, Aragón destinó 30 religiosos y tres clérigos a la empresa de recuperar América para Cristo y la cultura. (Vide “Pasajes a Indias, citado por Enrique Oltra-Valentín Martínez, en Aragón en América Valencia 2000, a quien seguimos en este trabajo).

Conviene recordar que desde 1233, fecha en que, dado el número creciente de religiosos, la Orden determina delimitar en unidades menores el territorio de los reinos  de la España cristiana, distribuye en diferentes demarcaciones a sus religiosos, para su mejor gobierno. De esta división resultan tres Provincias franciscanas distintas, independientes entre sí, Castilla, Santiago y Aragón. La demarcación aragonesa comprende tres custodias, Cataluña, Valencia y Mallorca, denominadas custodias. En 1400, se les añaden las vicarías de Có0rcega y Cerdeña.

La prosperidad vocacional de estas Provincias queda seriamente dañada por graves acontecimientos como la peste negra, que arruina las tierras y conventos aragoneses, al punto de cerrarse algún convento que otro, a lo que se suma el Cisma de Avignon, que desestabiliza la Iglesia, y el odio devastador de las guerras. La relajación en la observancia de la Regla de Francisco de Asís, hace pensar en la vuelta a la observancia, difícil empresa no falta de contrariedades y dilaciones, que afrontan y logran llevar a término con denodado empuje los religiosos Ricardo Sanz, Sancho de Fababux y Antonio Monrós.

En 1357, la Provincia de Aragón opta por dividir a su vez su extenso territorio, convirtiendo sus custodias en Provincias. Un dato que avala el florecimiento de Aragón es que en 1680, poseía 27 residencias y 671 religiosos. Hubo algún convento, como el de San Francisco de Zaragoza, que llegó a albergar a 67 religiosos.

Al momento de contribuir a las misiones americanas, no es Aragón la que aporte un número sensible de religiosos a las misiones, toda vez que sus franciscanos venían misionando países del oriente europeo, desde Bosnia y Croacia, donde la Orden arraigaría de muy notable manera. Es ya en el siglo XVII cuando cobran relieve las expediciones de frailes a América.

Con todo, en el siglo XVI, destacan religiosos de la talla de Francisco de Aragón, Juan Monzón, Juan de Perpiñán y X el Segorbino, que escondió su nombre en el anonimato.

Fray Francisco de Aragón

A fray Francisco le encomienda el Ministro General de la Orden encabezar una expedición a Perú, exento de toda sujeción y dependencia, a fin de que prelado alguno se interfiera en su proyecto evangelizador, lo que ha hecho pensar que fue él el primer Custodio de la demarcación de Lima.

La expedición contaba con 19 candidatos, que parte de San Lucas de Barrameda, el año 1534 o 33. No sólo se dedica allí a catequizar mediante la predicación y la enseñanza a los nativos, sino que ha de intervenir para pacificar en alguna ocasión a las distintas facciones de aquellos ariscos soldados españoles, enzarzados en luchas fratricidas, “por el reparto de estas ruinas”, dice él.
           
Fray Juan Monzón

Figura en la expedición de fray Francisco de Aragón y se le considera uno de los que trabajaron con más ahínco y dedicación en la conversión a la fe de los nativos del Perú, para lo que hubo de recorrer extensos y peligrosos territorios.

Se acreditó entre quienes le trataron como por su extrema pobreza y austeridad de vida. Se ignora la fecha y lugar de su muerte.

Fray Juan de Perpiñán

A este santo varón le han dedicado lo mejor de sus crónicas algunos de los historiadores de Indias, como Jerónimo Mendieta. Recuerdan de él de manera destacada el celo que puso siempre en conducir por los caminos de la salvación a los indígenas mejicanos, entre quienes desarrolló una inmejorable labor y a quienes se dio con constante entrega y cristiano amor, razón que explica el afecto que le tributaron. Desde un principio se estableció en la Provincia mejicana del Santo Evangelio, de la que se le considera miembro fundador. A su muerte, en Méjico, la concurrencia fue tal, que la gente, el templo a rebosar, hubo de r4esignarse a seguir los oficios ocupando la plaza anterior de la Iglesia de San Francisco, donde descansan sus restos mortales, desde aquellos lejanos días de la conquista (Vide Historia Eclesiástica Indiana, citado por Enrique Oltra, o.c.).

Daremos cuenta de otros religiosos que se curten en las misiones de los Colegios de Propaganda Fide, sobre todo en el de Ocopa, en Perú, que centraliza las misiones del  cono sur.

29. Colegio de Propaganda Fidei en América

            Se llamó así a los centros de organización misionera e irradiación espiritual, situados estratégicamente en el cono norte de América, concretamente en Méjico, y en el cono sur, en Ocapa (Perú), aunque no exclusivamente, donde se recogía, durante dos años, a los misioneros que llegaban de España, a fin de prepararlos adecuadamente para el arduo cometido de internarse en tierras de misión, las más de las veces desconocidas y que previamente había que explorar.  La preparación atendía necesidades tan perentorias como una recia formación espiritual en qué fundar la necesaria fortaleza de ánimo y la inevitable austeridad de vida de los propios misioneros, y juntamente el aprendizaje de lenguas nativas y los rudimentos necesarios para introducir entre los indígenas el conocimiento de la fe, lectura y escrituras, cultivo de la tierra, los oficios más corrientes de supervivencia, como la obtención de herramientas imprescindibles, y la construcción de casas e iglesias.

            Estos colegios, cuya fundación aconsejaban la experiencia de los tropiezos habidos inicialmente y la ruda vivencia de la misión misma, perseguían, ante todo:

            Los medios más a mano para lograr luego una evangelización eficaz y duradera, y fijar esos mismos objetivos, eran las Misiones Populares en aldeas ya establecidas y la Misión entre indígenas sin evangelizar. En este singular proyecto, un grupo de religiosos aragonesas, hijos de la observancia evangélica de Francisco de Asís, desarrollaron una importante labor con que contribuyeron al éxito de tan alta empresa misionera.

El convento de Ocopa desde una colina cercana.

Una vez destacados a los lugares elegidos por los directores de misión, y reunido un número suficiente de pobladores, cuidaban de que los indios apreciaran las ventajas de la organización de la aldea, y de las ventajas de la promoción de cada uno de ellos, sin menospreciar que llegasen a poseer bienes y comercializar con los españoles sus propios productos, para obtener así los que estimasen más útiles para sí.

El convento de Santa Rosa de Ocopa, en la cordillera de los Andes está situado en el Valle del Río Mantaro (que es parte de los afluentes del Amazonas), distante 290 kilómetros de Lima y está a 3.000 metros de altura. Mantaro es un gran valle en la cordillera, de 80 kilómetros de largo, muy fértil, muy verde y frío, habitado por los descendientes del pueblo de cultura Wanka, salpicado de pequeños poblados, cultivado por campesinos con agricultura artesanal, en parcelas que vistas desde la cima de los montes forman verdaderos mosaicos con variados tonos de verde.

Ocopa fue fundado en 1725, como escuela de "Propaganda Fide", con el objetivo de ser un centro misionero. De hecho, formó generaciones y generaciones de misioneros. De allí partieron centenares de misioneros para las selvas peruanas, pero también para la "sierra" (cordillera), para Bolivia, Ecuador, Chile y Argentina.

Para tener una idea de lo que representa Ocopa para las misiones y para la historia de Perú, en la capilla de los Mártires de Ocopa hay una galería con más de 80 hermanos, de 1532 a 1925 (en torno a 50 son los que salieron de Ocopa). Son considerados mártires los hermanos que tuvieron muerte violenta en las misiones (flechados, ahogados, mordidos por serpientes, por las fieras, o perdidos en la selva). Los misioneros de Ocopa fueron fundadores de ciudades, constructores de caminos, escuelas, iglesias, geógrafos, cartógrafos, historiadores, botánicos, lingüistas y limpiadores del suelo peruano. Fueron los misioneros que crearon conciencia de "peruanidad", conquistaron territorios e impusieron límites a las fronteras brasileñas.

Hasta hoy ese mérito es reconocido con gratitud por el gobierno peruano. Los misioneros de Ocopa crearon también un puerto, -Puerto Ocopa-, en uno de los afluentes del Amazonas para tener acceso a la selva. Ocopa estaba conectado directamente al Gobierno general de la Orden y a la Congregación de Propaganda Fide. Su historia fue violentamente interrumpida después de la independencia, el día 1 de noviembre de 1824, por un decreto de Simón Bolívar que decretaba su suspensión, transformándolo en escuela para los hijos de los caídos en la guerra de independencia.

Fue restaurado 20 años después con la llegada de nuevos misioneros. Con la creación de la Provincia Misionera de San Francisco Solano, en 1908, fue incorporado a la nueva Provincia. De 1928 a 1972 funcionó como Casa de Estudios Superiores de Filosofía y Teología. Hoy es la Casa Noviciado. Una visita a Ocopa significa un retiro de reforzamiento misionero.

 

COLEGIO APOSTÓLICO DE OCOPA

           Entre los colegios dados a este menester, los franciscanos aragoneses han dejado una larga estela de felicísima memoria en el de Ocopa, donde llevaron a cabo un muy específico quehacer promocional de aquellos indios indomables, dispersos en tribus por  tierras vírgenes, las más de las veces también inextricables, de bosques impenetrables y ríos desbocados.

            Es explicable que, además de misioneros, fueran exploradores de tierras desconocidas hacia las que había que entrar necesariamente. Trabar trato con tribus nómadas que había que fijar de modo conveniente en un lugar concreto, requería arriesgarse a llegar hasta ellas, entrando por trochas y ríos, para explorar aquellos espacios desconocidos donde contactar con grupos las más de las veces recelosos y agresivos. Y había que ser hábiles para atraerlos, a fin de iniciar un diálogo previo siempre difícil y peligroso.

            No se ha hecho, creo yo, de estos religiosos casi sin perfil humano por falta de datos, la gigantesca historia de su aventurada obra descubridora, como esforzados exploradores que fueron de un mundo entonces nuevo, que es una de las facetas más destacadas de sus andanzas misioneras.

            Fueron no menos de 55 religiosos, 43 de ellos sacerdotes y 7 hermanos laicos, los religiosos franciscanos de Aragón que recalarían en tierras peruanas, a los que se sumarían los restantes, tras el cierre de conventos en la península por orden de tan malhadado ministro como fue Mendizábal.

            Entre ellos figuran:

José López

            Natural de Rueda del Jiloca, estudia teología y se ordena de sacerdote, para pasar de inmediato al Perú, donde permaneció largo tiempo entregado a la conversión de indígenas en la región de Cajamarquilla. Desde esta localidad, y con la experiencia que dan los años y el trabajo constante, pasaría, como presidente,  a la de Huánuco, y , desde 1764, ejerce como guardián del convento establecido allí mismo. El año 1768 se traslada al reino de Quito, otra vez se le requiere para que vuelva al ejercer como misionero, y en diciembre de 1770, es instituido Presidente de las Conversiones de Huánuco, por lo que ha de volver a dicha ciudad.

Raimundo Piqueras

            Se sabe que se forma cristianamente en el Colegio que los franciscanos regentaban en Calamocha, lo que hace pensar que fue ahí donde vio la luz y recibe las aguas bautismales. Ordenado sacerdote, en algunas de las expediciones que periódicamente salían del sur de España, cruza los mares y toca las costas americanas. Se instala primero en el Colegio de Chillán, de donde en el año 1765, el Comisario General le ordena se incorpore al de Ocopa. Como misionero, le cupo trabajar en el obispado de Huamanga y el valle de Jauja. Durante un año al menos se unirá después a las misiones de Huánuco. Es en el año 1769 cuando, dada la eficacia de su dedicación constante y poderes de persuasión, se le nombra presidente de las Conversiones de Lamas, por espacio de un año. El 24 de noviembre de 1770, ejerce el cargo de visitador y presidente del Capítulo de guardianes del Colegio de Ocopa, del que forma parte desde entonces. Queda finalmente incorporado a la Provincia de los Doce Apóstoles, donde, como un premio, entra en la presencia de la hermana muerte, para despertar en la de Dios, el año 1776.
           
Fray Roque Aznar

            Es casi nulo el testimonio que han dejado de él las crónicas. Sabemos de su origen aragonés, no del lugar donde nace, y figura muy joven como misionero en el Perú. El año 1765, se traslada al Colegio de Ocopa desde el de Chillán. Y un año después trabaja en las misiones ribereñas del río Ucayali, afluente interminable del Amazonas, donde muy pronto cae bajo las flechas y lanzas de los irreductibles indios setebos, cuando apenas alcanzaba la edad de 28 años. Era el día 12 de octubre de 1766.

            En el Libro de Incorporaciones del Colegio de Propaganda Fide de Ocopa, introducido y anotado por fray Julián Heras, Lima, 1970, se precisa que muere en el pueblo de San Francisco de Manoa, “a manos de los infieles, que de un macanazo le divide la cabeza en dos partes y al punto cayó en tierra y rindió la vida en el santo Cristo en una mano y dándose golpes de pecho” Y aún añade que era el P. Fray Roque de edad como de 26 años. Con él muere el Hno. Donado Manuel Ranero y 12 indios conversos de Cajamarquilla. Había llegado de España en la expedición que conduce el P. Matud, en 1764. 

Fray José Jaime

            No disponemos tampoco de datos que nos indiquen qué lugar de Aragón honró con su nacimiento. Sabemos que se traslada a Perú muy joven todavía, hasta el punto que figura como estudiante en el Colegio de Chillán el año 1765, donde por tanto coincide con fray Roque Aznar.  Un año después se traslada a las Conversiones de Cajamarquilla, y can ta su primera misa, el día de la Porciúncula, en el Hospicio de Hauylillas. Por entonces pasa a las Conversiones del río Ucayali, donde, como su compañero con quien convive, cae abatido por la hostilidad de los indios conibos, el mes de noviembre del año 1766.

Fray Francisco Gazo

            Toma la decisión de embarcarse para América el año 1736. Desarrolla gran parte de su labor misionera, durante largos años, en las Conversiones de Pajonal y Sonomoro.

Su valía es la razón de que acumulara meritorios honores como miembro de la Provincia de los Doce Apóstoles, hasta que en el año 1767 se incorpora al Colegio de Ocopa, a cuya vida conventual no llega a acomodarse su temperamento, de modo que a los dos años, se integra en la Provincia de Lima, desde 1769.

Fray Francisco, según anota fray Julián Heras, “estaba en el Pajonal cuando el rebelde Juan Santos Atahualpa destruyó las misiones de Cerro de la Sal, en 1799”.

Fray Francisco Daudén

            Es lamentable que no nos hayan llegado algunos datos de su trayectoria vital y misionera. Todo lo que sabemos es que fue un franciscano aragones, morador del Colegio de Ocopa, donde muere de muerte natural a los pocos meses de su llegada.

Fray Pedro Galindo

            Algo más, no demasiado, es lo que sabemos de fray Pedro. Franciscano aragonés, aparece en las Conversiones de Huaylillas el año 1780. Al año, regresa de aquella experiencia y pasa a la reducción de indios establecida en las montañas de Huamanga, donde contrae la enfermedad que trunca todos sus sueños. Se traslada a la capital de Huamanga y muere el año 1782.

Fray Manuel Pérez

            Nace en Torrellas, al pie del Moncayo, en la demarcación eclesial de Tarazona. Cumplidos los plazos de noviciado y estudios pertinentes, se ordena de sacerdote y emprende la marcha hacia Cádiz, dejando para siempre la iglesia del s. XVII y los “pintorescos soportales y nobles caserones de piedra” de su aldea natal. Embarca el días 9 de febrero de 1784 y consta que se le destina al Colegio de Ocapa, el día 10 de mayo de 1785, desde donde sale hacia las Conversiones de Huánaco, el día 26 de septiembre de ese mismo año, lo que prueba que bastaban unos meses para estar a punto de dar comienzo a la obra misionera. Dos años después, ya es elegido Vicario del Colegio, en 1787 donde prosigue su obra largamente y su progresión, ya que el día 25 de julio de 1795 figura como discreto y procurador de dicho centro. Se ignora la fecha de su muerte.

Fray Antonio Laleona

            En la villa de Godojos, diminutivo gramaticalizado, godóculos, de una antigua población goda, junto al barranco de Valderroque, viene al mundo Antonio Laleona, bien que el castillo local es obra de Lorenzo Martínez de Artieda, a quien Pedro III ordena la estratégica defensa de la localidad.

            Fray Manuel se embarca en Cádiz el día 9 de febrero de 1784 y se instala, al año siguiente, en el Colegio de Ocopa, el día 27 de abril de 1785. Y ese mismo año, sale ya para misionar en el Arzobispado de Lima. Cuatro años después, ha sido nombrado presidente de Huaynillas, el año 1789. Muere en Ninacaca, provincia de Tarma, el 24 de junio de 1795. Una vez más, once años de estancia es la media de duración en labores de misión en la selva peruana, lo que prueba una lo arduo de la vivencia misionera.

Fray José López

            Nace en el lugar de Tierz ( del latín Tertium miliarium), situado al oeste de la Hoya de Huesca, acreditado por alojar un monasterio en las proximidades del río Flumen.

            Parte hacia el Perú, desde Cádiz, el día 9 de febrero de 1784, y el día 19 de mayo de 1785, llega a Ocopa. Se traslada a las Conversiones de Huánuco el día 26 de septiembre de ese mismo año, según itinerario seguido por la mayoría de misioneros. Por espacio de cinco años, trabaja denodadamente para abrir un nuevo camino que permita legar hasta el pueblo de San Antonio de Playa Grande. Es elegido discreto de convento en julio de 1795 y Prefecto Comisario de Misiones el 31 de diciembre de 1796. Un año después, el 8 de octubre de 1801, le vemos ejerciendo  el cargo de guardián y el 18 del mismo año el de Presidente, del Hospicio de Huánuco, donde muere durante el año 1807.

Fray Eugenio Monrós

            Ve la luz en Cuencabuena (Teruel), perteneciente al Arzobispado de Zaragoza. En Cádiz parte para América el 9 de febrero de 1784 y llega al Colegio el día 27 de abril de 1785. Convenientemente informado de la técnicas del apostolado que allí se imparten, sale para las provincias de Tarma, en el Arzobispado de Lima, participando en las Conversiones de Huánuco. Como predicador, da varias tandas cuaresmales. Es instituido maestro de novicios en el año 1794 y vicario al año siguiente. Finalmente, se incorpora a la Provincia de los Doce Apóstoles de Lima, durante el año 1798.
 
Fray Manuel García

            Es natural de la villa de Estadilla (Huesca). Se embarca en Cádiz el día 9 de febrero del año 1784 y llega a Ocapa el día 10 de mayo de 1785, después de un largo viaje. De allí sale hacia el obispado de Huamanga el día 26 de abril de 1786. Al año siguiente misiona incesantemente en sucesivos pueblos de esa provincia, como son Chongos, Chupaca, Mitos y Sincos. En 1790, junto con fray Felipe Linares, pasa a tierra de gentiles desde el fuerte de Huasahuasi hasta Chanchamayo. Los años 1792 y 1793 está destinado en las Conversiones de Cajamarquilla. Dispuesto a volver a su Provincia aragonesa, se desmarca de su pertenencia al Colegio de Ocopa, y al no llevar a cabo su propósito, se incorpora a la de Lima.

Fray Agustín Sobreviela

            Natural de Épila, en el Arzobispado de Zaragoza. Embarca en Cádiz el 9 de febrero de 1784. El día 11 de junio de 1785, figura ya en Ocopa y el día 28 de abril del año siguiente va misionar a tierras del arzobispado de Lima. Se desplaza a Hunata como visitador de sus conversiones, y concluida la visita, se le elige presidente de las mismas. Es en su tiempo cuando se establece la reducción de San Buenaventura para el establecimiento fijo de indios en Quiempic. Muere en Andahuaylas el día 17 de marzo de 1798.

            Fray Agustín, hermano de fray Manuel Sobreviela, famoso guardián de Ocopa, dejó constancia, como misionero y explorador, de sus andanzas misioneras en dos Diarios sobre la visita que gira a las conversiones montañosas de Huanta y Huanamanga y la reducción de San Buenaventura,  en 1790, y sobre la expedición que hace a Jauja para reconocer el Valle y Pampa de Monobamba, en 1798.

El nuevo convento visto desde el claustro del primer convento.

Fray Ramón Aynoza

            Nace en la provincia de Huesca, concretamente en Castejón de los Monegros. El día 9 de febrero de 1784, se embarca en Cádiz , para recalar en el Perú y ocupar un destino en Ocopa el día 2 de julio de 1785. Misiona en Huamanga desde el abril de 1786, y durante su laboriosa aportación en la misión de Pozuzu, en 1789, cae enfermo y regresa a Ocopa, donde convalece. Toma la decisión de regresar a la península el año 1795, propósito que no se llega a cumplir. Muere incorporado a la de Lima, en fecha imprecisa.

Fray Francisco Aranda

            Nace en el lugar de Ariñón, en Tarazona. Ignoramos, como de la mayoría cuál fue su evolución formativa, hasta el momento de subirse a un barco, formando parte de una expedición de misioneros, el día 9 de febrero de 1784, en Cádiz. El día 2 de julio de 1785 traspasa la puerta del Colegio de Ocopa para formarse en el cometido que persigue su afán misionero. En abril de 1785, sale ya para ejercer su ministerio en las conversiones de Huaylillas, en un pueblo que llaman Sión, y de ahí pasa a Pampa Hermosa, y a fin de incorporarse a la Provincia franciscana de Lima, se desafilia de la suya aragonesa, en marzo de 1795.

Fray Bartolomé Comas

            Nace en Comas. El viaje que le lleva al Perú, comienza en Cádiz, como era de rigor, el 9 de febrero de 1784 y está ya en el Colegio el día 2 de julio de 1785. Desde ahí sale hacia los obispados de Cu8zco y Arequipa el día 27 de abril 1786 donde ejerce menesteres complementarios no precisamente misionales. Figura después en Muña y después en la fundación del pueblo de Uchiza. “Murió en la doctrina de Chavín de Patriarca”.

 Fray Pedro Jurado

            Es un humilde hermano laico nacido en la villa de Manchones, Zaragoza. Embarca igualmente en Cádiz el 9 de febrero de 1784. El día 11 de junio del año siguiente, llega al Colegio de Ocopa, donde se ocupará en servicios domésticos durante diez años, al final de los cuales, regresa a su Provincia de Aragón.

Fray Francisco Solano

            Es igualmente, como Fray Pedro, un hermano laico natural de la misma ciudad de Zaragoza, desde uno de cuyos conventos se traslada a Cádiz para embarcar el día 9 de febrero de 1784. Durante diez años ejerce el oficio de enfermero en Ocopa, desde su llegada el día 2 de julio de 1785. Fue un fraile ejemplar, por la caridad mostrada para con todos, de modo que su presencia alegraba a quienes tuvieron la suerte de tratarle. Cumplido ese plazo preceptivo, regresó a su Provincia como lo había hecho fray Pedro, su compañero de viaje.

Fray José Llera

            Fray José nace en Tauste, Zaragoza y sale de Cádiz hacia América el día 2 de febrero de 1784, para llegar a Ocapa el 2 de junio se 1785, lo que indica que hace todo el viaje en compañía del hermano fray Pedro Jurado. El día 26 de abril de 1785, sale para misionar en el arzobispado de Lima. Tres años después (1789) se le elige Procurador del Hospicio de Lima y en 1798, guardián del convento de Ocopa, desde donde se incorpora a la Provincia de los Doce Apóstoles de Lima, en julio del año 1798. Elegido visitador, preside el Capítulo celebrado en Ocopa el día 17 de octubre de 1807. Meses después moriría en el convento franciscano de Lima.

            Es fácil comprender, analizando las fechas, cómo fray José sale de Cádiz formando una nutrida expedición de 10 religiosos compuesta por Francisco Solana, Pedro Jurado, Bartolomé Comas, Francisco Aranda, Ramón Aynoza, Agustín Sobreviela , Manuel García., Eugenio Monrós y José López. 

Fray Miguel Andiviela

            El zaragozano fray Miguel Andiviela había venido al mundo en la localidad de Tahuenca, y desde un principio se le destina a Chico Playa, desde donde pasará a las misiones del río Ucayali, por el mes de julio de 1799,que llegará a presidir. El día 17 de octubre, elegido discreto, se desliga de su Provincia nativa para volverse a afiliar a ella en 1814. De nuevo se desliga, por desconocidas razones, en enero de 1816 para regresar otra vez a la obediencia original el 31 de julio del mismo año. Muere en misiones, después de haberse incorporado otra vez el 4 de mayo de 1819, en la selva peruana.

Fray Manuel Lovaco

            Abrió los ojos a la luz en la localidad zaragozana de Landrete. Desde ese instante inicial de su vida, ignoramos todo lo que concierne a su formación cultural y religiosa previa al viaje que le lleva a Ocopa. Consta que, en el curso de su entrega generosa a la empresa misionera de la tierras peruanas, aparece nombrado presidente de las conversiones de Huanta en el mes de junio de 1805. Al igual que otros religiosos que le preceden, se desincorpora de su Provincia aragonesa para formar parte, con todas las obligaciones y derechos, de la obediencia de Lima, en 1812.

Fray Francisco Lázar

            Da comienzo a sus días en Torrijo del Campo, de la diócesis zaragozana. El 18 de octubre de 1804, aparece datado ya, como maestro de novicios y de jóvenes. Es presidente de Huánuco durante tres años y luego de Cumbasa, desde el día 39 de julio de 1810. En noviembre del año 1813, se desligó de su Provincia para incorporarse de nuevo el 17 de agosto de 1815 y al año siguiente se le nombra discreto, el día 3º de julio, y vuelve a nombrársele de nuevo el día 12 de julio de 1822. Ejerció como bibliotecario durante largos años.

La biblioteca conventual es impresionante

Fray Antonio Blasco

            Se hace un hueco entre los hombres en la aldea zaragozana de Torrecilla. Una vez en las misiones del Perú, consta que fue elegido vicario y presidente in capite, en ausencia del guardián, el día 18 de octubre de 1804. En 1819, moría en el hospicio de Huaylillas, del que era presidente, el día 25 de julio.

Fray Mariano Gil

            Fray Mariano nace en la Villa de la Almunia, donde los franciscanos regentaban un convento, es explicable que ahí, con el contacto y el ejemplo de los frailes menores de San Francisco, si iniciase el impulso evangélico de su vocación religiosa. Una vez en las misiones peruanas, ocupa cargos de manera sucesiva. Es visitador de los hermanos de La Tercera Orden el día 18 de octubre de 1804 -en algún lugar del Perú- y en agosto de 1813. E igualmente se le nombra discreto, como consejero el gobierno de su convento, el 30 de julio de 1810, de nuevo el día30 de julio de 1916, otra vez el día 12 de julio de 1819, y finalmente el día 12 de julio de 1822. Este mismo año sale elegido vicario el día 13 de ese mismo mes, y aún vuelven a nombrarlo discreto, por quinta vez, el 12 de agosto de 1843. No cabe duda de que reunía dotes de sabio gobierno y probada discreción en sus asesoramientos. Muere, finalmente, el año 1846, cuando comenzaba a atisbarse la primavera; era el día 3 del mes de mayo.

Fray Joaquín Navarro

            Nace en la villa turolense de Alventosa. Pudo tener sus primeros contactos con los franciscanos del Convento de Manzanera, desaparecido durante la desamortización. El caso es que apenas se sabe de él más que, de pronto, aparece como misionero en Perú, donde se desincorpora de su Provincia aragonesa el año 1812, para su mejor desenvolvimiento en aquellas tierras, pero vuelve a recuperar su primitiva pertenencia religiosa el 31 de octubre de 1815. De nuevo de se desliga de su natural pertinencia el 4 de noviembre del mismo año.

Fray Ramón Calvo

            Nace en Berge, lugar próximo a Teruel, en cuya iglesia de San Pedro debió de bautizarse. Carecemos de su perfil humano, porque ni siquiera consta en qué sitios de Perú se dedicó a misionar. Muere el Lima en julio de 1808.

Las paredes del refectorio conventual están pintadas representando la labor misionera de los frailes. No cuesta distinguir a la izquierda del primer cuadro la imagen de la iglesia conventual de Santa Rosa de Ocopa.

MISIONEROS EN CHILE

Fray Antonio Aragonés

            Es natural de Codoñera, Zaragoza. Parte para América, apenas cursados los estudios propios de la carrera eclesial y se embarca hacia América en una expedición que conforma junto con otros estudiantes como fray Sebastián Belenguer, Fray José Lasala y Vicente Treja. Halla su destino en América como misionero en Chile, donde es ordenado sacerdote el 1 de febrero de 1808, junto con sus compañeros de hábito. Sólo sabemos que se desliga de su pertenencia aragonesa en 1815.

Fray Sebastián Belenguer

            Nace en Huesca y parte para América, probablemente en la misma expedición de Antonio Aragonés, sin otro bagaje que sus estudios de teología. Se ordena sacerdote en Chile, ese mismo día de febrero de 1804. Fue elegido discreto de su convento el 30 de julio de 1813. Se desliga de su pertenencia provincial en febrero de 1814, para incorporarse a la Provincia de Cuzco.      

Fray José Lasala

            Natural de Egea de los Caballeros, Zaragoza, acabados sus estudios, como los anteriores, se ordena con ellos en Santiago de Chile el 1 de febrero de 1804. Figura como discreto el día 30 de julio de 1910, y presidente de Huaylillas, el día 30 de julio de 1813. Es Comisario Colector desde enero, día 23, de 1815.

Fray Vicente Treja

            Nace el localidad zaragozana de Maella y cumplida su formación teológica y espiritual, se ordena sacerdote en Santiago de Chile. Ejerce la cura de almas en Muña, desde enero de 1805. Se desliga de su pertenencia Aragón en enero de 1814, para incorporarse a la Provincia de Cuzco.

Nota.

                Faltan aquí un conjunto de religiosos, cuya eminente ejecutoria evangelizadora requiere trato y estudio aparte, como son fray Manuel Biedma, fray Manuel Sobreviela. Fray Francisco de la Virgen del Pilar, fray Manuel Gil, fray Manuel Solá, fray Gerónimo Guillén, etc. Demos tiempo al tiempo.

Hemos seguido, para hilvanar todo este acervo de material, los contenidos del libro de los Hnos Enrique Oltra y Valentín Martínez, titulado Aragón en América, Valencia 2000.