Índice del número 90
Diciembre de 1927. Año 8º. Director: Fr. Juan Bta. Botet, ofm
- Del momento. J. B.
La Inmaculada. Fr. Francisco Lliteras, ofm
Página poética.
El Loquillo de Belén. Fr. Gerardo Boluda, ofm - Sobre la fe. Juan Bta. Botet, ofm
El monumento sabatino. Fr. Luis Mª Torres, ofm
Vuelve a nosotros esos tus ojos. Fr. Manuel Balaguer, ofm
Mutuo amor entre Dios y el alma. Fr. Ludovico Mª Rubert, ofm
La Decápoli. En torno al mar de Galilea. Fr. Juan Alventosa, ofm - El día de difuntos en París. S. A.
Informaciones.
Fr. Ezequiel Mampel Almela. In memoriam
Fr. Ricardo Colechá. In memoriam
Crónica.
Del momento
Uno de los hechos más importantes de nuestros días y de los que más enaltecen y honran a nuestro Gobierno es, sin duda alguna, la celebración de la Asamblea general contra la pública inmoralidad.
Mentira parece que haya quien impugne, de palabra y por escrito y en diarios de gran circulación, la celebración de esta Asamblea y las trascendentales conclusiones que en ella se han tomado. Y es que aún quedan hombres que se tienen por cultos, que no quieren se reprima, censure y castigue la inmoralidad pública que todo lo invade, cual epidemia mortífera de las almas y de los cuerpos.
No hablemos de los que así obran movidos por satánica malicia contribuyendo, con cuantos medios están a su alcance, a que la ola de la inmoralidad crezca y lo invada y corrompa todo: el individuo, la familia y la sociedad; de ellos podemos decir que son instrumento del mismo diablo, que no intenta otra cosa que la perdición y ruina moral de la humanidad entera.
Pero es que hay muchos católicos cándidos, llamémoslos así, que se tienen por muy amantes del orden y no consienten que ni siquiera se ponga en duda su moralidad, y sin embargo, no quieren que se reprima la inmoralidad pública, o por lo menos se oponen a que se tomen medidas enérgicas y coercitivas. Y es que creen ellos que nada importa que continúen las modas indecentes y se editen, vendan y lean novelas y papeluchos pornográficos, se exhiban películas obscenas y se representen en el teatro obras
en las que se ataca a la moral, a las sanas costumbres y a la Religión; todo esto les tiene a ellos sin cuidado; y más aún, consienten a sus esposas e hijas que se vistan o desnuden según la moda, que lean tales novelas, que asistan a esos cines y teatros en los que toda inmoralidad tiene su asiento.
Todo esto no tiene para ellos nada de particular, porque los jóvenes, dicen, deben divertirse a sus anchas, sin represiones ni cortapisas de ninguna clase, deben verlo todo, leerlo todo, saberlo todo, y luego, cuando lleguen a la edad madura, edad dé la reflexión, ya sabrán lo que han dé evitar y lo que pueden hacer, con conocimiento de causa. La misma razón valdría para decir que los niños y los jóvenes deben comer de todo, aun los manjares venenosos, para que así el estómago se acostumbre a todo, y cuando llegue la mayor edad irá eliminando lo venenoso y nocivo y asimilando sólo lo sano, y saludable. ¿Qué diríamos de quienes así discurriesen y obrasen?
Y luego se extrañan y se lamentan de que se cometan tantos adulterios e infidelidades conyugales, de que los jóvenes se corrompan tan prematuramente y pierdan la salud, las energías, las facultades intelectuales, las carreras, el dinero y lo que vale más que todo esto, el alma y la gracia de Dios.
Que se desengañen esos cándidos católicos que tienen una venda en los ojos: mientras esa ola de inmoralidad no se reprima, y se deje correr libremente por las calles, escaparates, libros, cines, teatros, diversiones y otros espectáculos públicos, invadirá también las casas particulares, y corromperá la familia, los pequeños, los mayores, la servidumbre y todas las relaciones que deben existir en el hogar doméstico cristiano.
Por todo esto es muy digna de aplauso y de alabanza la magna Asamblea contra la pública inmoralidad que se ha celebrado en estos días: y por esto mismo vemos con gran satisfacción de todos los verdaderos amantes del orden y de la moral, que han intervenido en ella nuestros católicos Monarcas, con sus dignos representantes, el Gobierno, con sus Ministros, el Clero, las Ordenes religiosas, la Nobleza, los catedráticos, los abogados, los médicos, cuya autoridad es de tanto peso en ciertas materias, todas las clases sociales, especialmente las Asociaciones de los Padres de Familia, que con muy buen acuerdo miran y se preocupan seriamente por el porvenir moral de sus hijos.
Y no se han limitado los que en esta Asamblea han tomado parte a pronunciar conferencias y discursos muy elocuentes, a formular lamentaciones y quejas muy justas, a nombrar ponencias muy respetables, a entablar discusiones más o menos acaloradas, sobre distintos puntos, sino que han redactado unas conclusiones muy transcendentales que se han presentado al Gobierno para su aprobación y aplicación práctica.
Y entre estas conclusiones hemos de parar nuestra atención sobre las que van encaminadas a reprimir la pornografía en los libros, folletos, películas y obras teatrales, pidiendo encarecidamente al Gobierno que se reforme el Código penal en lo que a esto atañe, y se clausuren las editoriales que se dedican habitualmente a la publicación de libros y periódicos pornográficos, y que se cree un Consejo de previa censura, en forma que sea eficaz, y cuyas decisiones tengan fuerza legal en toda la nación, debiendo formar parte de este Consejo representantes de los ministerios de la Gobernación e Instrucción pública, del Consejo Superior de Protección a la Infancia, de las Ligas contra la pública inmoralidad, de las Asociaciones de Padres de Familia, de los alquiladores de películas, y los miembros que elija el Cardenal Primado.
Huelga encarecer la importancia de estas conclusiones y la eficacia que han de tener en la consecución del objeto que se proponen. Y además de las conclusiones mencionadas, y juntamente con ellas, pues todas tienden a un mismo fin, hemos de llamar la atención, y agradecerles con toda nuestra alma, las que van encaminadas a procurar y conservar la moralidad en la familia.
Empezando por el niño desde que nace, y continuando con el adulto hasta su mayor edad, alcanzando aún a los padres descuidados, y comprendiendo las casas, las habitaciones, los colegios, las universidades y los cuarteles, se establecen una serie de disposiciones, encaminadas todas a procurar la moralidad por medio de la vigilancia, de la corrección, del consejo, del premio y del estímulo, con el fin de que no sean letra muerta dichas conclusiones, y se consiga el mayor grado de moralidad en la familia y en la sociedad cristianas, dignas de este nombre.
Son incalculables los beneficios que esta magna Asamblea ha de reportar al individuo la la familia y a la sociedad en todos sus órdenes, y muy ciego ha de estar quien así no lo vea, y muy poco o ningún interés ha de tener por la moralidad pública y privada, social y doméstica, quien no trabaje con todas sus fuerzas por llevar a la práctica en la parte que le correponda, las conclusiones adoptadas y presentadas al Gobierno.
Reprímase, pues, y corríjase con mano dura toda manifestación de inmoralidad y corrupción de costumbres; llévense al Código penal las conclusiones que lo merezan, y aplíquese la sanción correspondiente, porque así es como se gobierna, así es como se mira por el bien público y privado, y así es como se hace patria, preparando generaciones fuertes, sanas, puras, vigorosas, es decir, sólidamente cristianas.
Así lo hacen actualmente, dictando leyes severas y tomando medidas enérgicas contra la pública inmoralidad, Alemania y Suiza, Inglaterra e Irlanda, Italia y la misma Francia, la República Argentina y los Estados Unidos, como nos lo atestigua la Prensa de nuestros días. Y así lo ha de hacer también nuestra católica España, que tiene motivos y medios para ir en esto a la cabeza de todas las naciones del mundo.
J. M.
Temas de Mariología
La Inmaculada
En los fastos de la historia universal de la Iglesia Católica, señalado tenemos con piedrecita blanca los Mariófilos de todo el orbe civilizado, el día 8 de Diciembre de 1854, cuyos aniversarios celebramos aún llenos de júbilo y santo regocijo, por haberse elevado a dogma de fe, en tan memorable fecha, la Concepción sin mancha de la augusta Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra; la cual vino al mundo con el carácter indeleble de Madre y Abogada del linaje humano, y con el propósito de cooperar con su divino Hijo a la obra de nuestra redención.
María es hoy más que nunca objeto natural y directo de las complacencias del cielo y de la tierra. Ella es la criatura más amada, festejada y glorificada de los hombres, de los ángeles y de los Santos bienaventurados, sin distinción de clases ni de jerarquías, porque también es Ella la predilecta del Altísimo Dios, de quien los pueblos cristianos la proclaman Hija, Madre y Esposa, con todos los privilegios de Reina soberana de la creación universal, en Ella muy colmados y verdaderamente inadmisibles. Así es como en todas partes se la reconoce, se la venera y ensalza por la natural señora del mundo universo, y por Madre y Abogada de todo nuestro linaje.
Ama su Divina Majestad a esta primogénita y noble Hija suya, mucho más que a todos los otros seres que fueron también obra de sus manos, de su entendimiento y de su amor. Por esto á Ella sola le dió ya desde su origen una dote más rica y codiciada que al resto de las criaturas del cielo y de la tierra, llamadas del mismo Creador a la real existencia. Desde aquel instante primero de su Concepción pura, santa e inmaculada, disfruta esta gloriosa Virgen de la plenitud de la gracia, porque ya desde entonces le hizo su entrega absoluta el Omnipotente. De modo que ya vino al mundo con la plena posesión de su inapreciable tesoro, y con la libre administración de una dote tan singular.
En su casita de Nazaret donde Ella oraba, cuando por la virtud y poder del Espíritu Santo se encarnó en sus purísimas entrañas la segunda Persona de la Santísima Trinidad, humillado y absorto en su presencia el glorioso arcángel San Gabriel, le saludá llena de gracia y le declaró que el Señor estaba con Ella como adueñado de todo su ser más que angelical. Y porque desde entonces todo es gracia en María, no hay en su cuerpo ni en su ¡alma, en sus potencias ni en sus sentidos, en lo que se ve por de fuera ni en lo que se oculta en su interior, cosa ninguna que no atraiga, que' no agrade, que no sea del gusto y beneplácito de Dios, que no la admiren los ángeles, que no merezca el encomio de los hombres, y que no haga resaltar más y más las bellezas de la creación.
No tiene, en cambio, esta noble Princesa, ni tuvo jamás, ni tendrá en la sucesión de los siglos venideros, sombra de pecado, apariencia ni vestigio de mal, carencia ni disminución de bien a Ella conveniente, porque en todo tiempo desconoció en sí misma, en su porte y en su obrar, la humillante culpa original y la fealdad del pecado actual. Es la doncella toda pura, toda santa, toda inmaculada, pálidamente representada por la serie de heroínas y bellezas mágicas que dan calor y vida a no pocas narraciones históricas del Antiguo Testamento.
María es la Toda-Hermosa cantada en las divinas letras por los poetas sagrados y por los trovadores de todos los siglos que recibieron de Ella la inspiración. Es la Mujer grande que viera San Juan en el Apocalipsis revestida del sol, nimbada de estrellas y con la plateada luna puesta por escabel a sus pies. Ella es la encantadora y encantada Ninfa que con su hálito o soplo suave embalsama la atmósfera, purifica el aire, matiza las flores de mil colores, tiñe de azul los mares, abrillanta la luz del sol, torna fecundas las praderas y resiembra la vida de la gracia donde Eva sembró la muerte del pecado.
Fr. Francisco Lliteras, ofm
(Continuará)
Página poética
¡Purísima!
Como el campo de nieve,
que se cuaja en montaña muy altiva
y se derrite al beso puro, ardiente,
del astro rey del día;
cual la pura azucena,
que al ser mecida por las suaves brisas
el ambiente perfuma
con los finos olotes que destila;
como la blanca perla,
que en los mares se cría
y ocultan con su espuma
las retozonas, límpidas ondinas:
así sois Vos, ¡oh Madre Inmaculada!,
bella, hermosa, purísima.
Al
margen de la "Noche en las eras"
del Marqués de Lozoya
«Velaba yo en el silencio de aquella noche de estío»:
¡Cómo vibran las cuerdas de la torpe lira rota,
cómo fluían las hieles de mi llanto, gota a gota,
al herirme las punzadas de mi loco descarrío!
«Entonces miré mi vida con vergüenza y con hastíe»,
y junto a los hombres recios, tenaces a la derrota,
de alegrías y traba/os vestidos con santa cota,
se cernió en mis soledades la agonía del vacío.
«Ante las frentes ungidas por el polvo y el sudor»,
corazones que libaban las mieles del buen dolor,
un lucero palpitaba con vivísimos fulgores:
se trocó mi desaliento en divinas suavidades,
vi radiante ante mis ojos la Verdad de las verdades
y acerqué los labios fríos al Amor de los amores.
José Corts Grau.
El jardín de las Hespérides
Siempre hermosa y hechicera, El blanco y puro azahar El dulcísimo himeneo Gracioso el naranjo ostenta |
Mientras el frío despoja Venid, venid y comed, Y el mar aquél ya rebosa Y el mundo todo proclama |
El loquillo de Belén
Uno de los rasgos que más caracterizaron el alma de nuestro seráfico Padre fue el desbordante entusiasmo que siempre manifestó por el Divino Niño reclinado en un pesebre y entre brutos animales. Aquel infinito amor que Jesús nos demostró de manera tan delicada, balbuciendo y tiritando de frío en la cueva de Belén, enloquecía al Pobrecillo, que siempre que nombraba a Belén lo hacía ahuecando la boca y simulando el balido de la oveja relamiéndose los labios en señal de la dulzura que experimentaba.

Navidad en Greccio
Tres años antes de su muerte sintió deseos de celebrar de manera real y palpable aquella fiesta de las fiestas, como llamaba al Nacimiento. No se contentaba con la consideración del Niño recién nacido; quería verle y palparle reclinado sobre pajas, en una cueva, entre brutos animales y en una noche solitaria. Para este efecto, estando en Grecia, quince días antes de Navidad, mandó llamar a su devoto amigo Juan de Velita y le dio el siguiente encargo: «Si es de tu agrado, quisiera este año celebrar contigo la próxima solemnidad del Señor. Apresúrate a preparar cuanto deseo. Tengo el plan de representar al vivo la memoria de aquel Niño celestial que nació allá lejos, en Belén, y suscitar ante mis ojos y mi corazón las incomodidades de sus necesidades infantiles, viéndole propiamente tendido sobre poca paja, reclinado en un establo, recalentado con el hálito de un buey y un jumentillo...» (Celano, Vida I, 30, 84-86).
Ya tenía avisados San Francisco a muchos religiosos y seglares, y todos se reunieron con extraordinaria alegría alrededor de la gruta en que se había dispuesto lo que era el sueño dorado del Pobrecillo. Sobre el pesebre se celebró la santa Misa, y San Francisco, que hacía de diácono, después de cantado el Evangelio, él que siempre había sido hoguera encendida de caridad y a Jesús llevaba en su corazón, en sus labios, en sus oídos, en sus ojos y en todos los demás miembros, porque era un trasunto de Jesús, se acercó al pesebre y comenzó a hablar, todo transformado en amor, acerca del Rey pobrecito y de la modesta tierra betlemitana. «Y queriendo a veces nombrar a Cristo Jesús, lo llamaba Niño de Belén, encendido todo é! y llameante en amor; y pronunciando esta palabra, Belén, con voz parecida al balido de un corderillo, se le llenaba la boca de aquel sonido; pero se le llenaba más de suave afecto, mientras tanto que al nombrar a aquel Niño divino se relamía con la lengua los labios, como gustando de las dulzuras de nombre tan paradisíaco.» (Celano, Vida)

Belén de Greccio. (De belenisimo.net)
Dios no podía mostrarse ajeno e insensible a aquellas estupendas pruebas de amor, y al reclinar Francisco sobre las pajas al recién nacido, se vió aparecer entre sus brazos un pequeñuelo de maravillosa belleza, en actitud de reclinarse dormido sobre su corazón, y que despertando luego al contacto de sus ósculos le sonreía alegremente y le acariciaba en las pobladas mejillas y en la tosca túnica.
Esta escena tan tierna y tan en armonía con los encendidos ardores del humano Serafín, avivó la emulación, primero de Francisco, y luego de todos los fieles, hasta convertirse hoy en la popular e íntima representación de los Nacimientos.

Figura de belén que muestra a San Francisco llevando un pajarito al portal.
No podíamos pasar las fiestas centenarias sin recordar, con ocasión de estas Navidades, aquellos transportes místicos de Francisco ante el portal sagrado, y pidámosle este año que así como él enloquecía de amor y se empapaba tan solícitamente de la celestial fragancia que redunda de esta devoción, nos haga también participantes a nosotros de aquellas dulzuras suyas y embelesos divinos.
Fr. Gerardo Boluda, ofm
Pagina misionera
Unión Misionera Franciscana
Su fin.—Propagar las noticias de las Misiones de la Orden Franciscana y allegar recursos espirituales y económicos en favor de las mismas.
Centros.—Todas las iglesias de Franciscanos y las demás que ellos designen.
Socios.—Ordinarios, o que rezan todos los días o una vez a la semana un Padrenuestro y Avemaría por las Misiones y contribuyen con 0'10 pesetas mensuales a aliviar las necesidades de las mismas; y perpetuos o que dan de una vez 50 pesetas, lo cual les da derecho a participar en vida y en muerte de las oraciones y obras buenas de la Unión. Socio perpetuo puede ser una familia con tal que dé de una vez 200 pesetas, y también un difunto por quien se den 50 pesetas.
Bienhechores.— Los que dan ala Unión 5 pesetas al año o 100 una vez en la vida.
Celadores.—Los que encuentren 15 socios o bienhechores nuevos cuyos nombres y limosnas remitirán al centro más cercano.
Indulgencias.—1.° Plenaria: a) el día del ingreso en la Unión Misionera y los de Reyes, Pentecostés, Corazón de Jesús, Inmaculada Concepción, Natividad, Purificación y Asunción de Nuestra Señora, San José, San Pedro y San Pablo, Nuestro Padre San Francisco, San Antonio de Padua (Patrón principal de la Unión), S. Bernardino de Sena, San Francisco Solano, San Juan de Capistrano, San Jaime de la Marca y San Leonardo de Porto-Mauricio (Patrón de las Misiones entre los católicos). Esta Indulgencia Plenaria puede lucrarse en los días señalados o en el domingo siguiente inmediato; b) en la hora de la muerte invocando con las condiciones de costumbre el nombre de Jesús, etc.
2.° Parcial, de 300 días siempre que se recen las preces señaladas, y cuando se conquiste un nuevo socio para la Unión.
Otras gracias. — Los socios tienen parte en las oraciones y obras buenas que los Hijos e Hijas de San Francisco practican en todo el mundo, y de un modo especial en las muchas misas que se celebran todos los días en Tierra Santa (unas 25.000 al año) y demás Misiones y en toda la Orden, por los bienhechores vivos y difuntos.
Para los sacerdotes.— Los sacerdotes de la Unión pueden bendecir crucifijos y aplicarles las indulgencias del Vía-Crucis; y las misas que celebren por algún difunto, llevan anejo, tres veces por «emana, el indulto de altar privilegiado.
Destino de las limosnas.—Pueden y deben entregarse al Procurador Provincial de Misiones de esta nuestra Seráfica Provincia de Valencia, o a su delegado, reverendo Padre Gabriel Aguiló (San Lorenzo, 2, Valencia).
Católicos, ahí tenéis un medio fácil y fecundo para desenvolver en vosotros vuestra actividad misionera; vuestras súplicas, vuestras limosnas, vuestros sacrificios, aunque insignificantes aisladamente, son todos juntos como nube benéfica que subirá al cielo y penetrará en el Corazón de Jesús, en donde se condensará y caerá cual lluvia de sangre redentora en las regiones de infieles.
Tus oraciones pueden arrancar un corazón de la infidelidad y llevarlo al Calvario para dar a Jesús en su agonía un inefable consuelo... ¡el ver que una alma más se aprovecha de la sangre que El vierte con tanto amor... Ora, pues, Jesús te lo pide...
La limosna, aunque insignificante, ¡puede tanto!... Mira, puede convertirse en unas hojas de propaganda, ser el alimento de un día para el misionero, el catequista, el niño abandonado...; tal vez sirva para la construcción de un nuevo templo, de un altar, de un Sagrario... ¡Ah! ¡Qué feliz limosna!... Y ¿no ves cuán mejor empleadas estarían en esto las monedas que, sin consideración, gastas en cines, viajes inútiles, lujos, modas...?
¿Sabes lo que puede una pequeña privación? Puede dar un impulso a la sangre de Jesús para que se vierta con mayor abundancia e ímpetu sobre los pobrecitos paganos... ¿Y te parece poco?
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