Índice del número 120

Junio de 1930. Año 11. Director: Fr. Juan Alventosa, ofm

A San Antonio de Padua

San Antonio de Padua

Al gran Taumaturgo Paduano, Varón Apostólico, Luz de la Iglesia, Predicador de la gracia, Prodigio de austeridad, Lirio de pureza, Azucena de castidad, Violeta de humildad, Rosa encendida en deseos del martirio, Martillo de los herejes, Amigo íntimo de Jesús, Devoto servidor de María, Emulo del Seráfico Francisco, Proveedor del pan de los pobres, Protector fiel de todos sus devotos, Santo de los milagros y Santo de todo el mundo, rinden profundo homenaje de devoción y gratitud, en su fiesta principal de toda la Iglesia, la Dirección, Redacción y Administración de esta su Revista, y piden su gracias y protección especial para todos los colaboradores, suscritores, lectores, anunciantes, tipógrafos, propagandistas y favorecedores de esta su humilde publicación, consagrada de lleno a propagar su culto, difundir la instrucción religiosa, y promover el cumplimiento de todos los deberes de todos sus asociados y devotos, como cristianos fervientes y católicos prácticos.

La Dirección

Palabras del Sumo Pontífice Pío XI


A quien toca la educación. De un modo supereminente a la Iglesia.

Al cual Magisterio confirió Cristo la infalibilidad junto con el mandato de enseñar su doctrina; por tanto la Iglesia ha sido constituida por su Divino Autor columna y fundamento de la verdad para que enseñe a todos los hombres la fe divina, y custodie íntegro e inviolable su depósito a ella confiado y dirija e informe a los hombres y a sus asociaciones y acciones en honestidad de costumbres e integridad de vida, según la norma de la doctrina revelada».

Pio IXMaternidad sobrenatural.

El segundo título es la Maternidad sobrenatural, con que la Iglesia, Esposa inmaculada de Cristo, engendra, alimenta y educa las almas en la vida divina de la Gracia, con sus Sacramentos y su enseñanza. Con razón, pues, afirma San Agustín: «No tendrá a Dios por padre, el que rehusare tener a la Iglesia por madre».

Por tanto, en el objeto propio de su misión educativa, es decir: «En la fe e institución de las costumbres, el mismo Dios ha hecho a la Iglesia partícipe del divino magisterio, y, por beneficio divino, inmune de error: por lo cual es maestra de los hombres suprema y segura y en sí misma lleva arraigado el derecho inviolable a la libertad de magisterio».

Así por necesaria consecuencia, la Iglesia es independiente de cualquiera potestad terrena, tanto en el origen como en el ejercicio de su misión educativa, no sólo respecto a su objeto propio, sino también respecto a los medios necesarios y convenientes para cumplirla. Por esto con relación a toda otra disciplina y enseñanza humana, que en sí considerada es patrimonio de todos, individuos y sociedades, la Iglesia tiene derecho independiente de emplerla y principalmente de juzgar con ella de cuanto pueda ser provechoso o contrario a la educación cristiana. Y esto, sea porque la Iglesia, como sociedad perfecta, tiene derecho independiente a los medios que emplea para su fin, sea porque toda enseñanza, lo mismo que toda acción humana, tiene necesaria conexión de dependencia del fin último del hombre, y por tanto, no puede sustraerse a las normas de la ley divina, de la cual es custodio, intérprete y maestra infalible la Iglesia.

Lo cual, con luminosas palabras, declara Pío X de s. m.: »En cualquier cosa que haga el cristiano, aun en el orden de las cosas terrenas, no le es lícito descuidar los bienes sobrenaturales, antes al contrario, según los preceptos de la sabiduría cristiana debe dirigir todas las cosas al bien supremo como a último fin: además todas sus acciones, en cuanto son buenas o malas en orden a las costumbres, o sea en cuanto están conformes o no con el derecho natural y divino, están sometidas al juicio y jurisdicción de la iglesia».

(De la Encíclica sobre la educación).

VII Centenario de la muerte de San Antonio de Padua

El P. Ministro General de la Orden de Frailes Menores Fray Buenaventura Marrani, acaba de recibir del Exmo. Cardenal Pacelli, Secretario de Estado de Su Santidad en el Vaticano, una carta gratulatoria, en nombre del Papa, con motivo del VII Centenario de la muerte de San Antonio de Padua.

Dice así:

Vaticano, 7 de Abril de 1930.

Rvdmo. Padre:

Cuando todavía está vivo el recuerdo de los magníficos honores que todo el mundo católico tributó a San Francisco de Asís, en la Celebración del séptimo Centenario de su feliz tránsito, va a celebrarse muy pronto el séptimo Centenario de la preciosa muerte de San Antonio de Padua, hijo y discípulo predilecto del Seráfico Padre.

Este fausto Centenario se cumplirá el día 13 de Junio del año 1931, y es por tanto muy justo que en dicho día comiencen los solemnes festejos que terminarán el día 13 de Junio del año 1932; y dentro de estos festejos centenarios se celebrará otra fecha memorable, que es el día 30 de Mayo del mismo año 1932, séptimo Centenario de la gloriosa canonización del Santo Taumaturgo Paduano.

El Santo Padre augura que tan faustos acontecimientos, que la Orden Franciscana ha de celebrar con toda la actividad de su celo y fervor, han de resultar verdaderamente dignos de San Antonio de Padua;'y concede ya desde ahora, con paternal complacencia, la Bendición Apostólica a todos los que contribuyan a la solemne celebración de estos festejos.

Y uniendo a estos mis votos personales, aprovecho esta ocasión para reiterarme, con sentimientos de distinción y sincero aprecio, de V. P. Rvdma. afmo. en el Señor

M. Cardenal Pacelli.

Antonianos y devotos todos de San Antonio de toda España: anunciados están ya los dos Centenarios gloriosos de la muerte y canonización del gran Taumaturgo Paduano, que vamos pronto a celebrar; y anunciados nada menos que por el mismo Soberano Pontífice Pío XI, ferviente devoto de San Antonio, en la carta gratulatoria que acabamos de traducir expresamente para "La Acción Antoniana."

Y s¡toda España y Portugal, cuna del Santo, y aun todo el mundo se preparan para celebrar estos faustos Centenarios, con toda clase de festejos religiosos y cívicos, nosotros los Antonianos de Valencia, y de toda su Provincia y Reino donde tantos devotos cuenta nuestro Santo, hemos de celebrarlos con mayor entusiasmo y regocijo que en todo el mundo.

Se celebrarán cultos solemnes en todas las iglesias franciscanas, y en todos los templos y capillas donde se venere una imagen de San Antonio.

Se organizarán peregrinaciones a varios santuarios, y especialmente una peregrinación nacional y varias regionales a Padua, para visitar la gran Basílica donde se conserva el cuerpo y la lengua maravillosa del Santo de todo el mundo.

Antonianos y devotos todos de San Antonio: a prepararse ya desde ahora para celebrar solemnemente tan gloriosos Centenarios.

El mismo Papa nos invita y nos concede a todos los que tomemos parte en dichos festejos, la Bendición Apostólica.

Página mariana

Cartas a Mariófila XI

Inolvidable Mariófila en el Señor: El oficio de Medianera universal de todas las gracias que tan gloriosamente ostenta y desempeña la Santísima Virgen como Madre de Dios y Corredentora del mundo, del cual te hablé en m¡anterior y que tan a gusto leíste, según me dices en tus letras, lleva consigo el de intercesora o abogada poderosa de los hombres; porque los frutos copiosos de nuestra Redención, que contituye el principal tesoro de gracias que Nuestra Señora tiene en depósito, son para el hombre, por voluntad expresa del Altísimo que dispuso nos salváramos del naufragio del pecado por los merecimientos de Jesucristo; empero este rico tesoro de los méritos de Cristo no se aplicará o repartirá a cada uno de nosotros en particular, s¡no se pide al mismo que nos lo mereció, por eso la Iglesia nuestra Madre nos enseña a pedirlo todo por Jesucristo Nuestro Señor que satisfizo superabundantemente nuestra deuda a su Padre Celestial y nos dio la vida de la gracia.

Mas aquí podríamos decir también como en el oficio de Mediador. Lo que Jesucristo tiene por naturaleza, lo tiene la Santísima Virgen por gracia. Por lo mismo: S¡a Jesucristo corresponde de derecho el interceder por nosotros ante su Eterno Padre, tiene también María por gracia el oficio de intercesora, pues el mismo que determinó que todo nos venga por las manos de nuestra Reina soberana, quiere que todo lo alcancemos por sus ruegos e intercesión, viniéndola a constituir abogada poderosa de nuestra causa. Y este será, cara Mariófila, el décimo motivo que te propongo para que ames y sirvas a tu dulce Madre y Reina con gran fervor y respeto.

La Santísima Virgen, amada Mariófila, es nuestra dulce Madre y poderosa Reina como en anteriores cartas te demostré, y parece que todo lo podíamos tener ya y esperar de estos dos títulos, mayormente siendo Ella la depositaría y árbitra de los tesoros del cielo, pues con solo quererlo puede re-
mediar todas nuestras necesidades de alma y cuerpo. Mas para el inmenso y entrañable amor que esta Señora nos tiene, no le basta el ser Reina y Madre de misericordia y estar siempre inclinada a nuestras humildes súplicas, sino que, cual otra Ester con el rey Asueto, se interesa y defiende nuestra causa delante de su divino Hijo, Rey de reyes y justo Juez de vivos y muertos.

¡Ah, qué hermosa historia nos evoca el nombre de Ester que acabo de apuntar, m¡querida Mariófila! ¿La recuerdas? Era una joven bellísima y en extremo graciosa del antiguo Testamento, que por su extremada hermosura fue elegida para esposa del rey Asuero, como tú bien sabes, y como hallase gracia delante de su Señor, éste le alargó el cetro de oro que tenía en su mano rogándole que pidiera alguna gracia, gracia que se le daría, según promesa del rey, aunque le pidiese la mitad de su imperio. Aprovechó Ester tan buena coyuntura y generoso ofrecimiento y pidió a su rey derogara el decreto que contra su pueblo había dictado, librándole así de una segura muerte y total exterminio, por lo cual la proclamaron todos por su abogada poderosa delante del rey.

Ester es aquí figura de María Santísima, como tú bien sabes,cara Mariófila, y s¡tanto pudieron alcanzar los ruegos de aquella gentil mujer por su hermosura corporal ¿qué no podrá conseguirnos Nuestra Señora al presentarse delante del Rey de cielos y tierra, no ya con la hermosura y perfecciones físicas incomparablemente mayores que las de la bella Ester, o con la hermosura y santidad de su alma, que cifran cas¡en lo infinito, sino con el título y poderes de Madre de ese mismo Rey' y Dios eterno. Cuando la Santísima Virgen intercede y aboga por nosotros en el cielo, me parece ver el hermoso cuadro que nos ofrece la piadosa y compasiva Betsabé y el sabio y poderoso Salomón, su hijo.

Fr. Mariano.

(Continuará)