Glosas a la vida

Como torbellino...

...Rozaron m¡hábito, al pasar, y sentí extraño estremecimiento... Dos jóvenes, ardorosos, robustos, pletóricos de vida, que hablaban entre sí con la rapidez atropellados de la juventud de hoy, y respirando un tono de atrevimiento irreflexivo y optimista...

...Estamos en la edad de la conquista; es la hora de escalar la gloria y de gozar la vida...

—Es verdad, pero cuesta, s¡se quiere hacer con honor...

—¿Cuesta?... No lo creas; la juventud triunfa, dondequiera que actúe con todo su ardor; nuestra fuerza es la del torbellino, que arranca cuanto se opone a su paso...

Y rápidamente se alejaron de mí, de suerte que ya no entendía lo que hablaban. Quedaron, sin embargo, resonando en m¡interior, como un eco, algunas de sus ardorosas palabras...

* * *

...La del torbellino... Es verdad... El torbellino lo mismo levanta hasta las nubes cuanto arrebata, que lo revuelca, malicioso, en el cieno... No es la brisa tranquila y uniforme, que refresca y que, insensiblemente, abre las flores del jardín y las hojas de los árboles del bosque...

El torbellino, al igual que arranca el espinoso y triste cardo, troncha, despiadado, el luminoso y fragante lirio. No es el aura matinal qué vivifica cuanto roza.

El torbellino siembra el terror por donde pasa, ya sea en la fecunda y cultivada huerta, ya en el inculto y solitario páramo. No es el viento que, empujando, trae las nubes de aguas fecundantes; más bien, las disipa o ahuyenta...

* * *

...La del torbellino... Sí, la juventud sin un ideal noble, que le sirva de freno, y guíe sus pujantes energías, es como el torbellino. Ahora se levanta, por el orgullo, hasta el cielo, para después caer violentamente y revolcarse en el vicio;... no respeta a la inocencia más pura e indefensa, n¡repara en la desolación y amargura que deja tras de sí, en los corazones en que ha marcado sus huellas...

Quiere gozar. adquirir fama,... riquezas... sea como fuere... ¿Qué importa que tenga qué arrastrarse vilmente por el suelo?... ¿Qué, que tenga que atropellar lo más sagrado?... Nada. Lo que sí le interesa es el gozó, la gloria,el dinero. Y así nuestra juventud de hoy, divino tesoro de pujante dinamicidad, por falta de ideal elevado y noble, se envilece, se enerva, se suicida en el deshonor...

* * *

«No olvidéis, queridos jóvenes,—escribe un autor, cuyo nombre no recuerdo— que, en vuestro camino de la vida, quizás tropecéis con la fortuna. S¡para cogerla hay que bajarse, decid: No la quiero; una pobreza honrada vale más».

«En vuestro camino de la vida, quizás llegue la gloria a ofrecerse a vosotros con todos sus atractivos. S¡para poseerla es necesario bajarse, decid: No la quiero; una condición humilde vale más».

«En vuestro camino de la vida, expondrá, sin duda, el mundo sus placeres. S¡para gozar de ellos es preciso bajarse, decid: No los quiero; una vida austera vale más».

Vosotros siempre arriba, al ideal divino. El bajarse no es cristiano...

* * *

Sólo el que se humilla será ensalzado, ha dicho Jesús. Pero humillarse, no es bajarse; es reconocer la verdad; y Dios es la verdad. Humillarse es, pues, reconocer a Dios, sujetándose a su voluntad santísima, aceptando su ley,... amándole. ¡El amor a Dios!... he ahí, joven ardoroso, la fuerza que, con ímpetu constante, sin los violentos descensos del torbellino de tu ciega pasión, te hará subir hacia arriba siempre,.., a la gloria, a la fortuna, a la felicidad verdaderas...

Fr. José Antonio Arnau, ofm

Sección Antoniana

La niña vuelta del cielo

No es cosa nueva que los ángeles, creados por Dios para ser moradores de la gloria, bajen de vez en cuando a la tierra para consolar y cumplir ministerios divinos entre los hombres. Lo que es un poco más raro, sin duda, es ver que los ángeles, que de la tierra van a morar al cielo, dejen alguna vez aquella celestial morada y vuelvan a vivir entre los hombres. Esas rarezas se las deja Dios obrar a San Antonio. Poco tiempo que el glorioso Paduano había subido al cielo, y en la tierra había dejado su sagrado cuerpo, que en el sepulcro de Padua se estaba haciendo Famoso con tantos prodigios y milagros; pero los de Portugal no cedían de su derecho a exigirle sus milagros, que al fin y al cabo, había nacido en Lisboa, era un portugués de lo más portentoso, y a donde hubiera un portugués, se consideraba con derecho a demandar la protección del Santo de Lisboa; y hacían bien, porque el Santo de todo el mundo no había de ser tan lerdo, que dejara de comprender que lo era con predilección y con más derecho de los suyos.

Había, pues, por aquel tiempo una reina portuguesa casada con uno de los reyes de León. Pero algo muy grave ocurría en aquel palacio; toda la corte vestía de luto, los ventanales y puertas de aquella regia morada, ya tres días que persistían cerrados, sin apenas dar paso a los cortesanos, que, s¡alguno entraba o salta, llevaba en su rostro el sello del abatimiento y del cansancio, y las ansias de respirar el aire libre. A todo esto se unían de vez en cuando, los plañideros lamentos de una dama, que solían ser coreados por otras voces mujeriles, con sollozos entrecortados y lloros medio reprimidos.

El caso no es para menos; pero la rareza de la reina tenía inquietos al rey y a toda la corte, que lo juzgaban como un caso de locura.

Había muerto la infanta, una niña de once años de edad, en quien la madre había puesto toda su ilusión y cariño, y con un tesón increíble se había opuesto la reina a dejar enterrar a su hija, y ya tres días que estaba allí de cuerpo presente, sin que nadie, n¡el mismo rey, pudiera persuadirla de la conveniencia de enterrar a la infanta y conducirla con la pompa debida al sepulcro que tenía prevenido.

La reina se había empeñado en hacer valer ante el poderoso San Antonio el derecho a demandarle un milagro, pues era portuguesa como él, y entre sollozos y lágrimas iba repitiendo esta plegaria sin perder la confianza: «Bienaventurado San Antonio, yo soy compatriota vuestra y vine aquí de vuestra patria Portugal, dadme a m¡hija viva». A tantos clamores se apiadó el Santo y alcanzó de Dios un maravilloso favor. La reina, que andaba con el sonsonete de su plegaria, calló de repente sin acabar de terminar la frase; vio con sorpresa grande que el cuerpo de la infantíta se movía, y, dudando s¡sería ilusión de su exaltada fantasía o sublime realidad, vino a convencerse, loca de alegría, cuando ya la niña, llena de vida, se vino a poner a su presencia.

Corrió como un relámpago la noticia por todo el palacio y acudían todos a presenciar tan milagrosa resurrección, cuando la niña, con dulces palabras estaba reconviniendo a su madre, diciéndole: «¡Oh señora madre! nuestro Señor os perdone, porque estando yo en la gloria entre las Vírgenes, San Antonio con mucha instancia, por amor de vos, rogó a Dios que me restituyese la vida, y me envió a vos; mas sabréis señora, que el Señor no me da licencia para estar con vos más que quince días». Terminados los quince días, aquel ángel que ya había gozado de Dios, volvió a subir a la gloria, después de haber perfumado la tierra con los aromas del cielo y haber dado a los hombres una prueba tan patente del inmenso poder de San Antonio.

¿Qué extraño puede ser que el Santo Taumaturgo de Padua haga bajar a los ángeles desde la gloria a la tierra para consolar a sus devotos, cuando sabemos que él tantas veces hizo bajar, no sólo a los ángeles, sino al Señor de todos ellos, para regocijarse con su presencia? Bien seguras pueden estar las devotas del Santo, que son madres y tienen ángeles en el cielo, de que hará bajar a sus angelitos desde la gloria para consolarlas, sino, realmente, como la infantita de los reyes de León, al menos, moralmente, con los efluvios de felicidad eterna, que ellos invisiblemente bajarán para depositarlos en el corazón de sus afligidas madres.

Fr. Manuel Balaguer, ofm

Milagro anual

(El lirio que reflorece en Quelio Teatino, Italia)

Como del mar las arenas,
como las flores del campo,
como las luces del cielo
y las sonrisas de Mayo,
así son, de San Antonio,
los infinitos milagros.

S¡algún curioso quisiera
por su cuenta numerarlos,
obtendría, desde luego,
un merecido fracaso.

Pues entre todos hay uno
que está al mundo preocupando,
porque sin interrupción
se repite de año en año, (1)
y por nadie hasta el presente,
ha podido ser negado.

El día trece de Junio
se deposita en la mano
del bendito San Antonio
un lirio de luengo tallo.

Muy poco a poco se seca
hasta quedar como un palo,
pero al celebrar las fiestas,
con que le honran los quelianos,
recobra la vida el lirio,
su perfume y sus encantos,
de tal suerte, que parece
un lirio recién cortado.

Lo que en el pueblo acontece,
viendo el prodigioso cambio,
ninguna boca podría
con voz humana expresarlo:
No les cabe, no, en el pecho
el hervoroso entusiasmo.

¿Qué pretende San Antonio
con este prodigio extraño?
¿Qué es lo que dicen los fieles?
¿Qué es lo que dicen los sabios?

Los fieles se maravillan
ante el poder de su Santo,
y dicen a voz en grito,
que es un portento bien claro.

Los sabios callan y muerden
con iracundia los labios,
por no poder explicar
hecho tan extraordinario.

¿Y qué intenta San Antonio
con ese anual milagro?

Enseñarnos que su vida
fue, cual lirio inmaculado,
lirio que morir no puede
porque en Dios tiene su arraigo;
decirnos que, cual es su lirio,
en Cristo reflorezcamos,
s¡queremos, al morir,
al cielo ser trasportados.

(1) Desde 1892.

Fr. Juan Bta. Gomis, ofm

Concurso Literario

para el número extraordinario que «La Acción Antoniana» se propone dedicar a San Antonio de Padua, con motivo del Séptimo Centenario de su gloriosa muerte.

«La Acción Antoniana» que tiene por celestial abogado a San Antonio de Padua, y cuya devoción trabaja por difundir entre los fieles y sus lectores, con motivo del fausto acontecimiento de su bienaventurado Tránsito, cupo séptimo centenario, celebrará toda la cristiandad a partir del próximo mes de Junio, queriendo no ir a la zaga, sino más bien a la cabeza de ese movimiento antoniano, ha proyectado dedicar al Santo Paduano un número extraordinario, que lo sea de verdad, aunque para ello tenga que superarse a sí misma, confiada en que su celestial Patrono no la ha de abandonar en esta empresa de piedad y de cultura, sino más bien, de que su simple indicación y anuncio ha de mover los corazones de todos sus devotos para que aporten su colaboración cultural, artística, literaria y aun piadosa, y no menos la económica, igualmente indispensable en estas empresas.

Queremos que el número extraordinario sea el mejor libro antoniano que pueda escribir Valencia y su Región, que sus ilustraciones sean muchas y de buena ley, y que las firmas que avaloren su contenido literario sean las mejores de España. No cejaremos un instante en nuestro empeño, y confiamos en el glorioso Santo cuya protección valiosa nos ha de valer, para llevar a feliz término tan hermosos proyectos, como abrigamos todos cuantos nos ocupamos en la mejor confección y elaboración de esta nuestra amada Revista.

Con oportunidad, y desde luego, mensualmente, pondremos en conocimiento dé nuestros lectores aquellas cosas, que respecto del número extraordinario, les convendrán saber. En este número, y para un plazo discrecional, n¡corto n¡largo, damos a conocer el Concurso Literario que la «Acción Antoniana» abre y cuyas bases son como sigue:

Sección Poética
Tema 1.°—Poesía de tema y metro libre sobre San Antonio de Padua.
Tema 2.°—Canto de la humanidad al Santo de todo el mundo.
Tema 3.°—Poema a San Antonio, que cante los principales episodios de la vida del Santo.

Sección en Prosa
Tema 1.°—Una leyenda o cuento sobre San Antonio.
Tema 2.°—Novela Corta que tenga relación o que evoque la figura de San Antonio.
Tema 3.°—Un dramita infantil para niños solos o niñas solas, y que tenga alguna relación con el Santo.
Tema 4.°—San Antonio en el Folklore. Tema 5.°— Un artículo periodístico sobre San Antonio.

Condiciones
Son las ordinarias en esta clase de concursos; advirtiendo, sobre todo, a los que quieran presentarse que serán en absoluto rechazados sus trabajos, s¡en ellos hubiera nota o indicación por la que pudiera fácilmente ser conocido su autor.

Los trabajos podrán ser escritos, indistintamente, en castellano o en valenciano; en este segundo caso se tendrá muy en cuenta su corrección ortográfica.

El plazo de admisión es forzosamente improrrogable, y termina el último día de Marzo.

Los trabajos se dirigirán al P. Juan Alventosa, director de «La Acción Antoniana», San Lorenzo, 2 Valencia. Y en el sobre, o al encabezar el trabajo, se dirá: Para el Concurso.

Varias entidades comerciales y antonianas y las primeras autoridades nos han ofrecido valiosos premios, que en meses próximos daremos a conocer, y, oportunamente, se hará público el Jurado que deba entender en el estudio y juicio de los trabajos presentados.

Noticias Antonianas

El Centenario de San Antonio.

El Cardenal Pacelli, secretario de Estado, ha enviado en nombre del Soberano Pontífice una carta al Obispo de Padua expresando su complacencia por la acción que está llevando acabo el Comité del Centenario de la Muerte de San Antonio, formulando votos para que las fiestas que se preparan redunden en beneficio de las almas.

El Año Antoniano se abrirá en la ciudad de Padua el próximo mes de mayo, como celebración del Séptimo Centenario de la Muerte de San Antonio. Con este motivo se inaugurará la decoración del ábside de la basílica y de un santuario completamente restaurado, una Exposición internacional de arte sagrado, la apertura de un gran hotel, capaz para hospedar a 300 personas, y la de la Casa del Peregrino, para 1.200.

Se celebrarán también solemnes funciones religiosas, especialmente el 13 de junio y el del aniversario de la muerte del Santo; Congresos internacionales religiosos, conferencias, conciertos sinfónicos, etc.

El Soberano Pontífice escribirá una encíclica y enviará a Padua un legado suyo.

La película «San Antonio».

Roma, 18 enero 1931

Al R. P. y carísimo hermano en Cristo Fr. Juan Alventosa.

Paz y bien en el Señor.

Me es sumamente grato el enviarle m¡más sincera enhorabuena y férvido augurio por su cargo de Director de nuestra Revista, al tiempo que aprovechando de la ocasión le comunico la siguiente fausta noticia.

El pasado próximo jueves, 15 del corriente, y a las cinco y media de la tarde, tuvo lugar el estreno de la nueva película «San Antonio» en nuestra «Aula magna» del Colegio; en presencia de la Rdma. Curia Generalicia y Colegio, y con la asistencia de nuestro amadísimo Protector, el Eminentísimo Cardenal B. Ceretti.

El presente film es un verdadero éxito. Un nuevo triunfo para la Orden Franciscana, bajo cuya iniciativa y dirección se ha realizado. Y no dudo que ha de contribuir mucho su representación a fomentar en el pueblo la devoción al Taumaturgo Paduano y a sus hermanos los hijos del Pobrecillo de Asís.

Su desarrollo consta de 5 partes:

1.°—Infancia. 2.°—Juventud. 3.°—Su vida Franciscana. 4.°—El Taumaturgo. 5.°—Muerte y Glorificación.

Todo está representado con un realismo insuperable y con la pureza y unción religiosa correspondientes. En nada se la puede tachar de lo que a la película «San Francisco de Asís».

Sabe le aprecia en Cristo, su hermano

Fr. Severino González, ofm

Consultorio epistolar

¿Pueden las religiosas que tienen relación con la Orden Franciscana hacer uso del calendario y misal de la Orden, para la celebración de la Santa Misa, en sus oratorios? J. B.

—Después de agradecer su consulta, hemos de contestar que, no obstante, las preguntas que sobre el caso han aparecido en cierta Revista y los debates que ello ha ocasionado, s¡es usted sacerdote que celebra la Santa Misa en dichas iglesias franciscanas puede, y no solamente puede sino que debe hacer uso del calendario de la Orden Franciscana, y celebrar la Santa Misa según él.

Consta por el decreto de la Sda. Congregación de Ritos, de 28 de febrero de 1914, que podrá usted leer en «A A S, VI, (1924), p. 108.

Privilegio que las Hermandades Franciscanas ya poseían desde Pió VI por su Bula «Religiosos Ordines», de 6 de septiembre de 1785, que está en las ediciones del Breviario Romano-Seráfico, hasta las más recientes.

Privilegio que viene a ser, igualmente, reconocido en decretos de la Sda. Congregación de Ritos, por su aplicación a las congregaciones Capuchinas, (Vide: Anales Ord. Min. Capucc., XXXI, p. 372). Y el dado a favor de los Dominicos, en el que se hace mención al concedido a los Franciscanos en el 15 de abril de 1904 (ya citado) y que lleva la fecha de 4 de junio de 1920.—Con otra aclaración a favor de las Terciarias Servitas, de 30 de octubre de 1915.

—En caso afirmativo ¿cómo se explica el decreto de la Sda. Congregación de Ritos, de 10 de mayo de 1907?

Sencillamente. Desde luego que, en ese decreto, no se dice más que «no están obligadas». No es, pues, una prescripción la del no uso del calendario franciscano, sino una libertad potestativa, y, por consiguiente, todo sacerdote, aun en este caso, deberá estar a las órdenes de la Superiora de cada casa religiosa.

Sin embargo, hemos de hacer constar que tal decreto no está en vigor, y de ello es prueba el que haya sido suprimido de la Colección auténtica de los decretos de la Sagrada Congregación de Ritos, mientras que el del 15 de abril de 1904, en que se confirma el privilegio de Pío VI, aparece en el índice del volumen sexto, pág. 138 y bajo el número 4132 en el mismo volumen que se imprimió el año 1912, o sea posteriormente al decreto de 10 de mayo de 1907, expurgado, como hemos dicho de la referida Colección auténtica.

—¿Es condición indispensable para gozar este privilegio el rezo obligado, en coro, del Oficio Divino, según la Orden a que pertenecen las Congregaciones u Ordenes?

— No, desde luego. Del privilegio de Pío VI y de la exposición corriente de los mismos, que se deduce basta que las Congregaciones Terciarias por las que se eleva la consulta, tengan alguna relación, o estén agregadas a la Orden Franciscana, por más que no estén bajo su gobierno o régimen.

Por lo demás, y para mayor claridad de lo expuesto y de otras cuestiones análogas con-secuenciales, consúltese el libro del Rdo. Padre Antonio de la C. Jardí, O. F. M.—«El Derecho de las Religiosas» Parte Nona—Capítulo V, Artículo III, Pág. 356-362.

Agustina (Valencia). —Muy agradecidos a su enhorabuena, la que aceptamos muy gustosos, como un nuevo estímulo para continuar dando a nuestra revista el mayor interés posible. Gracias.

Sus preguntas, muy conformes al criterio que informa esta revista y al que rigió al crear esta sección, que a V. tanto ha gustado. Sin embargo, permítanos le manifestemos, en tono de confianza, que sus preguntas han dejado en nuestro ánimo un... no sé qué... Quizás sea cuestión del seudónimo escogido. Tal vez estuviera más conforme con la realidad, s¡le hubiera quitado la última letra. ¿No?...

Y vamos a las preguntas:

1ª.— ¿Hemos de creer que fuera de la Iglesia Católica, no hay salvación posible?

—Puede haberla siempre que se proceda de buena fe, y ésta se da en un individuo, cuando éste, sinceramente, quiere todo aquello que Dios, en su actual Providencia, ha establecido como necesario para conseguir la salvación. Sin embargo, la salvación fuera de la Iglesia es inmensamente más difícil, que en Ella; pues fuera, los peligros de perdición son mayores, y los auxilios, o gracias que Dios concede a todos los hombres para que se salven, aunque suficientes en todo caso, van siendo menos abundantes, a medida que uno se aparta de la comunicación directa con la Iglesia.

2ª.— ¿O nos han de guiar un espíritu liberal con respecto a los profesantes de otras religiones, s¡obran de buena voluntad...?

—Con lo dicho anteriormente, fácil le será conocer el espíritu que nos ha de guiar con respecto a los que profesan otras religiones. Mejor que «un espíritu liberal», como dice V., expresión muy equívoca, nos debe guiar un espíritu de caridad muy grande. Este es, precisamente, el que refleja la Iglesia en la práctica; cuando ora incesantemente por la conversación de los infieles, y no perdona medio y oportunidad para iluminarles y atraerlos a su seno, para hacerles nacer a la vida eterna. Y esto es mucho más que «espíritu liberal». ¿Verdad?...

Continuaran las contestaciones a sus preguntas en el próximo número.

Sección literaria

De m¡convento

Un canario canta mientras duerme su amigo.

La campana del claustro dobló a silencio. Por las misteriosas sombras de los corredores cruzaron los frailes con severo y religioso andar, iluminados sus cuerpos de trecho en trecho por la suave claridad de ese bajel nocturno que navega por el firmamento, hiriendo a los mortales con saetas de ensueños. Algunos momentos después, la soledad y el silencio de los espaciosos claustros y corredores no la interrumpían n¡el tenue rozar de los bordes del hábito, n¡el aleteo de las aves nocturnas. Se apagaron las luces de las habitaciones y quedó el convento como un palacio perdido en la espesura de un bosque, al que abandonaron las hadas de viejos cuentos.

Pasaron unas horas, y cas¡en un escondite del convento, a lo largo de uno de los corredores, en el interior de una habitación humilde y pobre había luz que pugnaba por salir a través del cerrojo y de los resquicios de la puerta, y en ella un fraile estudiando, leyendo. No estaba solo; sobre su escritorio, en donde se amontonaban los papeles y los libros, en una jaula dorada dormía su amiguito. Era este un canario, amarillo y blanco como una exhalación de oro y luz, gracioso y lindo como una niña.

Poco a poco el divino Morfeo fue absorbiendo las energías físicas de aquel cansado cuerpo, que contaba las horas del día por horas de cátedra. Sus ojos se cerraron, la cabeza se hundió sobre el pecho, cayeron con abandono las manos, el libro indulgente y benévolo quedó abierto ante él, esperando paciente su hora, y el canario soltó su silbido, que se prolongó con una risa caprichosa y tierna y acabó desgranando un chorro de perlas sobre la cansada cabeza de su dormido fraile. El fraile soñaba, soñaba estar en el cielo, oyendo el cantar de los ángeles, cantar que no era más que el tierno arrullo de su hermano el canario.

Fr. Juan Alventosa, ofm

Febrero. Hoja de Calendario

La América franciscana
Nació América española,
española y franciscana.
Cada uno es, sin disputa, lo que nace,
y, a despecho de otra sangre y de otras razas,
lo que América mamó desde la cuna
lo tendrá que derramar en la mortaja.

Pinilla Méndez.

Refranes de febrero
Agua de febrero, mata él oncenero.
Agua de febrero, mejor que enero.
En febrero, sale el oso del osero.
Lluvioso febrero, año cebadero.

Arboles y arbustos:
Se plantan higueras, nogales y granados, pino piñonero, de borde y silvestre, boj, romero, acacias, hayas, fresnos, olmos y demás que se multiplican por semillas.

Huertas:
Acelgas, escarolas, habas, judías, col genovesa, chirivías, guisantes o tirabeques, berenjenas, pimientos y otros similares.

Dulzura de Jesús

(Para santarse en la Comunión)

¡Jesús, oh dulzura
del célico Edén!
Endulza nuestra amargura
y danos hartura, gozo, paz y bien.

Suave el olor me es de las finas rosas;
Dulce, el cantar del tierno ruiseñor;
¡Dulce Jesús! cuando en m¡pecho posas,
¡Dulce Jesús! aun siento más dulzor.

Quien os gustó tan sólo a Vos ansia;
Quien os halló no os quiere ya dejar;
¡Dulce Jesús! sellad el alma mía
Con vuestro amor, para a Vos solo amar.

Jesús, Jesús, al clarear el día,
Os gusto a Vos, dulzura sin igual;
De noche, aun os gusta el alma mía:
¡Oh, s¡os gustara así todo mortal!

Al oído sois, Jesús, música bella;
Néctar al labio; al paladar, dulzor;
M¡ojo halla en Vos la matinal estrella,
Y el pecho herido, el bálsamo de amor.

Jesús, Jesús, dulcísimo rocío;
En mí, Jesús, no ceses de caer,
Que el corazón, do caes tú, amor mío,
Se va al jardín del cielo a florecer.

Jesús, Jesús, diré de noche y día;
Unido a Vos la muerte esperaré;
¡Oh m¡Jesús, y en m¡última agonía,
Con Vos, Jesús, al cielo volaré.

Fr. Luis Ángel, ofm

(Traducción y adaptación de una poesía de
J. Verdaguer).

Rayos de vida

Llegó el hermano invierno
con su funesta cara
y cubrió el horizonte
de tinieblas densísimas y extrañas.

Llegó el hermano frío
con sus cierzos y escarchas
y azotó nuestros miembros
con el látigo duro de su saña.

Llegó la hermana nieve
con su veste bordada
y cubrió con su albura
las vegas y los campos y montañas.

Pero fulgió en los cielos
un sol de oro y de nácar
y sus rayos ardientes
confortaron los cuerpos y las almas.

El sol esplendoroso
que brilló en noche clara
y que a través del tiempo
la alegre Navidad todos le llaman.

¡Oh Navidad alegre!
¡oh sol de m¡esperanza!
que disipaste nieblas
y trajiste calor, dichas y gracias.

La presencia risueña
de tu fúlgida cara
ha trocado el invierno
en primavera amable y regalada.

La nieve, el frío intenso
y las tinieblas raras
huyeron presurosos
y el tiempo primaveral nos acompaña.

¡Dios mío! Padre bueno
de todos los que te aman:
continúa dispensando
a los hombres tus rayos y tus gracias.

Fr. Bernardino Mª Rubert, ofm.

Teruel, 1.° Enero 1931.