Índice del número 187

Del 1 julio de 1944. Director: Fr. José A. Arnau.

Fecha histórica

"No descansaremos hasta que a los más apartados rincones... llegue, con la bendición de Dios, el pan y la justicia."

Julio... mes de grandes acontecimientos. Bien fresca está en la memoria de todo buen español aquel dieciocho, fecha inicial de nuestro resurgir patrio por obra y arte de la Providencia.

España, se ha dicho muchas veces, es inmortal, no puede morir; y sin embargo, cuantos vivimos aquí los primeros meses del 36 asistíamos a un estado preagónico; se respiraba un ambiente emponzoñado en todos los órdenes de la vida nacional...

Todo el mundo sabe que la vida genuina de España está vinculada a sus viejas tradiciones católicas, mas éstas iban siendo suplantadas poco a poco por nuevas fórmulas inspiradas en el materialismo moderno.

España, cuya grandeza de antaño tuvo por apoyo y sostén la fe en Dios y por ideal su ansia de expansión misionera, veía caídas sus alas de águila imperial y aún cohibida en su propio espíritu patrio. Amenazábale ruinas y era necesario un milagro para que España no sucumbiera bajo el peso de tanta ruina...

Un dieciocho de julio se obró el milagro. Un hombre providencial levantaba en alto la bandera de la Patria, cobardemente vejada y vilipendiada. La voz de alerta había sonado, y tras él un puñado de valientes empuñaban las armas, y más esforzados que los Macabeos, se lanzaban a la lucha en defensa de lo que amenazaba peligro: la espiritualidad de nuestra raza. Bajo la consigna de "Arriba España" y el esfuerzo de los héroes se realizó la gesta más glorios que España ha visto: su nueva Reconquista espiritual.

Y ahora, al cabo de ocho años de aquella fecha gloriosa, mientras el mundo se deshace en lucha fratricida, España, guiada por el pulso firme de su Caudillo, vive días de paz espiritual y de prosperidad material, marcando así al mundo el único camino de la felicidad de los pueblos: su orientación a Dios y el trabajo retribuido con justicia: "Nuestras ambiciones vuelan a más altura y no descansaremos hasta que a los más apartado lugares del campo y a los más desamparados rincones de las costas llegue, con la bendición de Dios, el pan y la justicia".

La Redacción.

Predica el Santo

Padres, no abandonéis a vuestros hijos

Ya lo veo. Te has quedado muy tranquila. Te cuesta unos reales, y tú, con tu amiga, ya puedes comentar, criticar y... murmurar a tus anchas, sin las impertinencias del niño.

— Toma, márchate y déjanos en paz, le has dicho

¿Y sabes a dónde se ha ido? No, no lo sabes. S¡lo supieras quedarías horrorizada. Y, con todo, se ha ido a donde tú le has enviado: al cine...

Pero el cine no es sólo lo que tú piensas: un salón elegante y cómodo, donde se divierten y ríen chicos y grandes, y contemplan las maravillas del progreso, y se instruyen, y aprenden la vida, y se educan a tono de los tiempos modernos, rompen escrúpulos, y se forjan espíritus fuerte, y se preparan para luchar y... disfrutar, etc...

Es algo más. S¡penetraras en el mundo de las almas... ¡Ay!... Una visión dantesca te llenaría de espanto... Allí verías cómo una lluvia de cieno y de fuego cae torrencialmente sobre ellas y las sofoca, y las devora, y las arrastra en su impetuosa corriente al abismo, sin que ellas intenten siquiera liberarse de tan maléfico poder.

No exagero. S¡no, dime: ¿Qué piensas de aquella intriga repugnante..., de aquella escena amorosa..., de aquel negocio escándalos..., o de aquella infidelidad conyugal?--- ¿Qué, de aquel crimen..., de aquellos robos..., de aquel suicidio..., o de aquel divorcio...?

Me dices que no es tanto. No me extraña tu punto de vista, pues bien sé que el arte, al servicio del mal, ha sabido presentar halagadora a la inmoralidad, logrando así seducir a muchos incautos...

Con todo tú lo has visto y consientes también que lo vea tu hijito... para que te deje en paz, conversar a tus anchas con tu amiga.

Pues bien, la tierna criatura de tus entrañas recibe ese monstruoso torrente de inmoralidad, y... ¡pobrecita! ¡Qué lástima me da...!

Te lo diré: es lo peor el daño que recibe en su vista, n¡la irritabilidad nerviosa que prematuramente adquiere, n¡siquiera el desgaste alarmante de su corazón por las violentas emociones que le producen las vivas escenas, que le apasionan...

Lo pero es ver cómo su alma cristiana cae de las alturas divinas de la gracia a la degradación de la corrompida materia... Te pasa esto inadvertido, ¿verdad...? Pues sí, perdió el temor de Dios y trocó su ideal de vida. Ya no le preocupa la conquista del cielo, su patria. Prefiere triunfar en este mundo...

Noto en t¡que no te alarma este posible cambio de tu hijo. Oye más...

En Padua, donde reposan mis restos mortales, proyectaron no hace mucho una de esas películas que llaman superproducciones... ¡Qué tarde aquella! ¡Cuántas almas v¡caer para no levantarse más!

Unos días después moría inesperada y misteriosamente un niño de doce años. Entre sus papeles se encontró un cuaderno en que, escrito a lápiz, expresaba el muchacho la impresión que dejó en su alma aquel funesto film.

"¡Oh, Satanás!, tú prometiste a Cristo, desde lo alto de un monte, todos los reinos del mundo, s¡arrodillado delante de t¡te hubiese adorado, y Cristo lo rehusó y murió crucificado. Yo me postro delante de ti, te adoro y te ruego que me hagas muy rico, para que pueda gozar intensamente con tantos amigos y tantas amigas hasta la extrema vejez..."

¿No es para horrorizarse y para llorar?

Huesos de San Antonio de Padua

Huesos de San Antonio en Padua

Mis huesos se estremecieron en el sepulcro y ardían en deseos de salir a predicar de nuevo por el mundo...

Ojalá se estremezcan también las conciencias dormidas de muchos padres que dejan a sus hijos apartarse tanto, tanto, del Reino de Cristo... que llegan a caer para siempre bajo la tiranía de Satanás.

Fr. Antonio de Padua.

Crónica

El Corpus del Convento de Benisa

¿Habéis visto alguna vez una colmena o, por mejor decir, una serie de colmenas, todo un colmenar? Pues eso es Benisa en los días que preceden a la gran fiesta del Corpus del Convento. En todos los rincones del recinto conventual y del Colegio Seráfico, como en el interior de muchas casas de la barriada adjunta, se trabaja febrilmente y con el mayor entusiasmo y alegría. En un lado se ve a los colegiales seráficos, como solícitas abejas, elaborando pacientemente sus deliciosos panales. En otro, después de las múltiples y penosas tareas de la jornada, hallaréis a los activos y entusiasta jóvenes de la Acción Católica haciendo un verdadero derroche de arte y de destreza en obras quizá de mayor envergadura. Más allá trabajan, incansables, numerosas señoritas de la Catequesis, que hacen verdaderos prodigios en sus finas labores de hadas. ¿Y quién lo dijera? Con una emulación digna del mayor encomio, trabajan también, como jóvenes y consumados artistas, los hermanos de la Junta de la VOT de Penitencia de N. P. San Francisco, que aunque viejos algunos, no parecen sentir aún el peso de los años.

Corpus del Convent de Benisa

La víspera de la fiesta, o sea el sábado, al anochecer, diríais que os encontráis en Valencia en la famosa plantá de les falles. Por todas partes surgen arcos de las más diversas hechuras y de los más diversos colores, hasta formar verdaderos túneles.

En la plaza del convento se admiran los famosos tapices, que parecen fabricados con los pétalos de las más vistosas flores de los jardines valencianos. En la iglesia del convento se oye el día de la fiesta amorosos conciertos de ruiseñores, tanto en la misa solemne como en los motetes y trisagios, que tanto crédito han dado ya a la capilla de música del Colegio.

Este año se ha interpretado la misa de Ravanello, titulada de San José de Calasanz, y se ha estrenado un motete a cuatro voces mixtas, Coenantibus illis del P. Buenaventura Meseguer.

Después de la función vespertina, pasea Jesús Sacramentado por los deliciosos jardines que se le han preparado en las calles de la carretera, bendiciendo amoroso a cuantos han trabajado por honrarle y obsequiarle, o asisten reverentes a su paso triunfal. ¡Oh buen Jesús! Atráenos a todos con tus gracias y divinos encantos para que no desfallezcamos jamás en tu servicio y ardan siempre como lámparas nuestros corazones en el fuego de tu divino amor.

Benisa

La Sábana Santa de Turín

Se cree con fundamento que esta Sábana es aquella misma con que fue envuelto el sagrado cuerpo de Jesucristo al ponerlo en el sepulcro. Es una pieza de hilo de 4,36 m de largo por 1,1 de ancho. Está amarillenta por la acción del tiempo, y esta amarillez es más pronunciada en unas partes que en otras por la acción de lo áloes, de que luego se hablará.

Se conserva en la catedral de Turín desde 1578, en la capilla que se le dedicó detrás del altar mayor, donde se la expone a la pública veneración cada treinta años. Cuando estuvo expuesta en 1898 se concedió autorización para fotografiarla. Al revelar la placa quedó maravillado el fotógrafo de lo que iba viendo: no aparecía en la placa una imagen negativa de la Sabana Santa, según esperaba, sino que sobre el fondo de ella se iba revelando la doble imagen positiva de un cuerpo humano en dos posiciones distintas: una de cara y otra de espalda, las cuales quedaron perfectamente diseñadas al terminar el revelado de la placa. Desde aquella fecha hasta 1935, en que fue fotografiada con la nueva técnica de los rayos infrarrojos, que pusieron de manifiesto nuevos rasgos hasta entonces ocultos, se han sacado de la veneranda reliquia, las cuales han venido a demostrar la autenticidad de ella y a manifestarnos históricamente algunas circunstancias de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo retrato auténtico ha guardado la Sábana Santa.

Sábana santa

Imagen frontal

Divulgaremos estos descubrimientos de la técnica fotográfica sirviéndonos para ello del artículo publicado acerca de este tema interesante en la revista "Radio técnica", transcrito por el periódico "Acción" en el pasado abril.

La explicación científica del retrato del cuerpo de Cristo que el arte fotográfico ha descubierto en la Sábana está fundada en la propiedad que tienen los polvos de áloes de oscurecerse por la acción de las emanaciones de la piel de un cadáver al estar en contacto inmediato con ella, así como se ennegrecen las sales de plata al ser expuestas a la acción de la luz. El sagrado lienzo está, en efecto, impregnado de áloes que le dan un tinte amarillento. No son los áloes tan sensibles como las sales de plata, que en un instante pueden ser alteradas por la acción de la luz. Los áloes necesitan estar en contacto con el muerto veinticuatro horas bien cumplidas para que aparezcan con aceptable con aceptable claridad los rasgos de la imagen que en ellos se va grabando.

Sábana santa

Imagen dorsal

Tampoco puede prolongarse indefinidamente el contacto s¡se quiere sacar una imagen aceptable. Ha de graduarse oportunamente el tiempo de exposición, como se gradúa también en las placas fotográficas. Experimentos realizados han hecho ver que menos de un día en contacto no es suficiente para que se diseñe bien la imagen, y más de tres días es un tiempo excesivo, pues la imagen desaparece por la tonalidad grisácea uniforme que va tomando la película de áloes. Esta propiedad de los áloes, antes desconocida, se ha descubierto recientemente con ayuda del arte fotográfico.

Ahora bien. Nos consta por el Evangelio (Jn 19, 38-42; Mt 18, 57-59) que el sagrado cuerpo de Jesucristo fue envuelto en una sabana limpia para ser sepultado según la costumbre de los judíos, los cuales embalsamaban los cadáveres con abundante cantidad de una pomada confeccionada a base de mirra y de áloes. Nada menos que unas cien libras de esta confección aprontó Nicodemo para ungir el cuerpo de Jesús. La sábana con que fue envuelto hubo de quedar fuertemente impregnada de estos áloes, cuyos restos todavía se advierten en ella.

En contacto la sábana con el llagado cuerpo de Nuestro Señor, los rasgos de él y sus grandes heridas quedaron calcadas sobre la sábana, oscureciéndose en ella las partes que estuvieron en más estrecho contacto con el sagrado cuerpo. Así guardó ella las señales y trazas de las llagas abiertas por la flagelación, la corona de espinas, la crucifixión, la lanza y la pesada cruz al rozar en el hombro de Jesús caminando hacia el Calvario.

"La fotografía de la Sábana Santa muestra una cara toda cubierta de sangre procedente de las espinas. Trazos sangrientos se perciben también sobre la cabellera. En la frente, una gota sinuosa se pierde en una ceja, violentada por la punzante corona... Los ojos están cerrados. La nariz aparece toda magullada. La mejilla tumefacta. El bigote y la barba en desorden. La abertura de la herida del costado aparece, en el lado derecho del sagrado cuerpo, situada paralelamente a las costillas, habiendo debido penetrar la lanza por encima de la sexta, según el doctor Barbet, cirujano del hospital de París, quien ha dictaminado que con una penetración de unos diez centímetros alcanza fácilmente el corazón en la aurícula derecha, que es la sola cavidad que contiene sangre después de la muerte.

Sábana santa

"La herida de la mano aparece muy baja, y el doctor Barbet la sitúa en la muñeca, donde los verdugos debieron introducir el clavo para que hallase resistencia en los ligamentos de la mano y no se desgarrase ésta por el peso del cuerpo".

También ha sido fotografiada con rayos infrarrojos la túnica de Jesucristo que los verdugos se sortearon después de la crucifixión, conservada cuidadosamente en Argenteuil. "La foto de esta túnica ha puesto de manifiesto numerosas manchas de sangre, correspondientes a las llagas del cuerpo del Señor. Una mancha grande que aparece en el hombro corresponde, sin duda, a la herida producida por el peso de la cruz. Se ven otras pequeñas manchas que guardan siempre entre sí la misma distancia, y deben corresponder a las huellas que en la carne de Jesucristo produjeron los trocitos de plomo de que estaban armados en su extremo los azotes.

"Comparadas estas manchas con las de la Sábana Santa, se ha visto que son iguales y que hay correspondencia entre ellas, así como entre las formas anatómicas que estuvieron en contacto con estas sagradas reliquias de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo", a las que tributa la Iglesia el mismo culto relativo de latría que a la verdadera cruz en que murió el Redentor del mundo.

Sábana santa

Fr. Luis Mestre Ferrer, ofm

A san Buenaventura

Oh buenaventura de niño!"

Sentada junto a la cuna
llorosa y triste una madre,
con triste ojos contempla
el débil sueño de su ángel

Llora y gime el angelito,
y su tierno pecho late
cuando siente en sus mejillas
de su hechizo el beso suave.

¿Por qué la madre suspira?
¿Por qué gemirá el infante?
Es que está muy enfermito
el niño, está enfermo y grave.

Sus ojos, que antes brillaban
como pulidos diamantes,
semejan luz moribunda
que mata un soplo del aire.

Es sus rosadas mejillas,
como en los ricos corales
de sus labios, estampada
de la muerte está la imagen.

¡Pobre niño, s¡el Señor
no te libra de sus fauces
dentro de pocos momentos
sin t¡quedará tu madre!

Y ¡pobre madre también,
s¡de aquí a breves instantes
sólo encuentras en la cuna
de tu infantito el cadáver!

Mas he aquí que un serafín
vestido de humana carne,
veloz se acerca a la cuna
do el pobre enfermito yace.

TJiéndele él sus manecitas,
y en sus brazos al tomarle
alzando al cielo sus ojos
pide al Señor que le salve.

La oración del Serafín
al Dios excelso complace,
y el niño alegre sonríe
libre ya de sus achaqus.

Su salvador, que es Francisco
de Asís cual dinino vate:
"¡Oh buenvaventura —exclama—
de niño, niño admirable!

"Tu de mis Ordenes santas
serás fuerte baluarte
y a la Iglesia del Señor
harás beneficios grandes.

"Las dos te venerarán
como a solícito padre,
elevándote, a porfía,
a sus altas dignidades."

Y el niño de Bagnorea,
en memoria de este trance,
Buenaventura llamose,
y lo fue de allí adelante.

Fr. Luis Ángel Roig, ofm
Julio de 1922

Estampas evangélicas

Del Calendario religioso de Tierra Santa:
La preciosísima Sangre.

La devoción a la Sangre divina de Jesús cuenta entre las más antiguas devociones de la Iglesia. San Agustín fue uno de sus más destacados propagadores, como San Juan Crisóstomo, que tejió su mejor elogio. Según él, toda la sangre derramada anteriormente en los sacrificios judíos, desde aquel primer corderito inmolado en Egipto, no es más que un símbolo de la que Jesús vertiera como precio de nuestra Redención.

Pero fue en la Edad Media cuando tomó cuerpo esta devoción, que partiendo de los Santos Lugares, se difundió rápidamente por todo el Occidente cristiano por medio de las Cruzadas, que le sirvieron de vehículo providencial. Establecida la misión Franciscana en Tierra Santa en 1219, los hijos del Serafín de Asís difunden por doquier el amor a cuanto dice relación con la Pasión del Señor, y entre los recuerdos santos, ¿qué otro de más precio que la Sangre misma de nuestro Redentor?

Las nuevas corrientes de devoción encontraron terreno bien abonado en el Occidente cristiano. Ya las revelaciones de Santa Gertrudis se ven llenas de las más profundas consideraciones sobre la Preciosa Sangre de Jesús. Desde este momento abundan los santos enamorados de esta devoción, como Santa Catalina de Siena, Santa María Magdalena de Pazzis, Santa María Francisca de las cinco llagas y tantas otras almas encendidas en amor al Crucificado.

Y corriendo los años prende asimismo en el pueblo cristiano en forma de devoción colectiva, apareciendo las Cofradías de la Sangre, entre las cuales figura una muy pujante, fundada en la calle de San Vicente de nuestra ciudad de Valencia por los años de 1601.

En cuando a la fiesta de la Preciosísima Sangres, venía celebrándose ya por este tiempo, durante la Cuaresma, en algunas partes, pero una circunstancia especial dio ocasión a un transposición, a la vez que fijaba su carácter litúrgico de hoy. Tristes acontecimientos políticos habían arrojado de Roma al pontífice Pío IX, en 1848, pero medio año más tarde quedaba sofocada la revolución por la intervención de las naciones católicas que acudían en defensa del Papa. Agradecido al Señor el Pontífice extendió por decreto la fiesta de la Preciosísima Sangres a toda la Iglesia, fijando para la celebración el primer domingo de julio.

***

En Jerusalén empieza a dejarse sentir el calor a pesar de las noches frescas. Son las primeras horas del día y los religiosos de San Salvador desfilan recogidos por la vieja ciudad. Su paso silencioso pasaría inadvertido a no ser por los recios y acompasados golpes que dan contra el suelo con sus pértigas los genízaros que preceden a la comunidad de los frailes. La procesión sale de la ciudad por la puerta de San Esteban y, por entre los cementerios musulmanes, baja al Cedrón, cruzando el cual entra en Getsemaní, fin del itinerario.

La basílica de Getsemaní es el centro donde gravita toda la liturgia de hoy en Jerusalén. Y ¿qué escenario más a propósito que aquel donde dio principio el drama de la Pasión? Allí está, al descubierto, aquella roca fría sobre la cual cayó desplomado Jesús; ella continúa hoy dando fe sobre su angustia mortal. Esa afortunada piedra vio desfallecer por tres veces el Cuerpo Santísimo de nuestro Redentor; y cuando los discípulo desoían la voz de Jesús que les exhortaba a orar, ella recibía su sangre, que no pudiendo se retenida escapaba por todos los poros de su Cuerpo santísimo...

Las notas graves del canto gregoriano van alternando con la polifonía sacra de Vitoria, por haber compuesto su música para ser interpretada en Tierra Santa... ¡Momentos de emoción! El Pan sube blanco e inmaculado y el cáliz con la sangre de Jesús es levantado en alto frente a aquel otro que el ángel presenta a Jesús postrado en el suelo.

***

Terminada la misa, principia la Hora Santa. Los fieles de Jerusalén, sobre todo los religiosos, que en número crecido allí residen, van desfilando durante el día ante Jesús sacramentad, expuesto sobre la roca santa. Ya no siente su soledad Jesús, tiene muchos discípulos que le acompañan, oran y se unen a su sacrificio, ofrecido por los pecados del mundo.

Antes de abandonar Getsemaní, rompe el profundo silencio de la oración un saludo de gratitud: "Tu redemist¡nos sanguine tuo preciosisisimu". Tú nos has redimido con tu sangre preciosísima... Y la Comunidad de Padres franciscanos vuelve a la ciudad por el mismo camino antes recorrido, mientras queda flotando en la basílica el eco de aquél saludo a la Sangre redentora de Jesús.

Fr. Rafael Fuster Pons, ofm