La batalla de Clavijo

Uno de los episodios más resonantes de la reconquista de España en la Edad Media es la Batalla de Clavijo, ganada por las huestes del rey Ramiro I de Asturias, visiblemente alentadas y enardecidas por la aparición del apóstol Santiago.

Refiere la tradición que en el año 844 Abderramán, emir de Córdoba, pidió a Ramiro I, rey de Asturias, el tributo de las cien doncellas que había prometido Mauregato.

Ramiro, después de tomar consejo de sus magnates se negó a la petición del emir cordobés, y mandó que tomasen las armas todos los que eran capaces de ello, con el fin de combatir a los moros.

Las excursiones militares empezaron por la Rioja hasta Nájera y Abelda, mas al llegar aquí, se vieron sorprendidos los cristianos por un numeroso ejército de moros, trabándose una batalla en la que fueron vencidos los españoles, quienes tuvieron que retirarse a un collado llamado Clavijo.

El rey Ramiro, en medio de su tristeza, se quedó dormido y soñó que se le aparecía el apóstol Santiago, quien le animó para que al día «guíente volviera a la pelea, seguro de que quedaría vencedor, pues él mismo le ayudaría, apareciendo montado en un caballo blanco y con una bandera también blanca en la mano.

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Santiago Apóstol. Pintura de Casado del Alisal. Copia debida a Segrelles

Ramiro refirió la visión a los obispos y grandes de su corte, y luego, todo el ejército, entusiasmado ante la perspectiva de la victoria, recibió los sacramentos y se aprestó a dar la nueva batalla.

En el fragor del combate los cristianos invocaron a Santiago, y el apóstol se apareció, como lo había prometido en sueños al rey, ayudándolos en la lucha, de tal manera que hicieron gran matanza de infieles, quedando sesenta o setenta mil de éstos tendidos en el campo, sin contar los que perecieron por el camino hasta llegar a Calahorra.

Para perpetuar la memoria de este milagroso suceso y en acción de gracias al apóstol, el rey D. Ramiro estableció en nombre de España el llamado Voto de Santiago, que consiste en ofrecer anualmente a la iglesia de Santiago las primicias de la cosecha y vendimia y parte del botín que se cogiese en las expediciones contra los moros.

El Voto de Santiago, suprimido por las Cortes de Cádiz, fue restablecido poco después, y ha venido cumpliéndose hasta la fecha no obstante los arteros e inútiles manejos de la última república por anularlo.

La realidad histórica de esta batalla ha sido negada o puesta en duda por varios historiadores, fundados en razones de crítica, más o menos aceptables; pero ahí están para acreditar su autenticidad además del documento vivo de la ininterrumpida tradición de siglos, un antiquísimo bajo relieve de la basílica compostelana representando esta batalla y que según afirman los arqueólogos data de mediados del siglo IX, es decir, que tuvo que ser labrada a raíz del famoso combate y para perenne recordación del mismo; amén de otros muchos testimonios iconográficos y folklóricos de muy antigua data que se conservan en varios lugares de Galicia, León, Castilla y otras regiones de España.

 

Un acontecimiento familiar extraordinario fue la boda de nuestro querido ex alumno don Vicente Simó Aynat con la señorita María Mengual. Se celebró con toda solemnidad en la iglesia de los PP. Franciscanos de Pego, el día 31 de marzo. Bendijo el enlace el Fr. León Villuendas, Obispo de Teruel, asistido por el P. Joaquín Sanchis y señores sacerdotes del clero parroquial de dicha villa. Fueron sus padrinos don Eduardo Mengual, padre de la novia, y doña Isabel Aynat, madre del señor Simó. A los familiares y especialmente a los señores Simó-Mengual, nuestra más cordial y sincera felicitación, que les deseamos por muchos y largos años duradera.


Magisterio de amor

Fray Juan de los Ángeles

IX. Elogios inusitados

Todos cuantos escritores, antiguos y modernos, han estudiado la vida y la obra del Padre Ángeles, han sabido hacerle justicia y coronarle de gloria, aunque mucho queda por estudiar y por decir Menéndez Pelayo y Rodríguez Marín; el P. Antonio Torró, que le comentó magistralmente, y Domínguez Berrueta en nuestros días, con otros muchos, le han consagrado estudios, vigilias y palabras rebosantes de admiración y de loa.

Pero los antiguos, que le conocieron y trataron, no se quedaron cortos. Veamos algunos de los más encendidos elogios: Fray Pedro González de Mendoza, Comisario General de España, no sólo aprobó el libro de los Sagrados Misterios de la Misa, sino que le mandó, por obediencia, que lo publicara, como cosa que tanto importaba. Fray Andrés de Ocaña, Predicador y Definidor que fue con el propio Padre Ángeles, dijo y escribió que, la Lucha Espiritual «muestra bien la excelencia grande de su autor en la mística teológica, y que de la abundancia del corazón hablaba en él la boca». El Padre José Vázquez, Lector de Teología en Salamanca, consignó «que se descubre bien en el (Vergel Espiritual) el espíritu y suficiencia del autor».

Es notable lo que el P. Juan de Olmedo nos advierte y escribe: «He reconocido en el libro (de la Presencia de Dios) el gran espíritu del autor porque todo él huele a espíritu y devoción, y le pega bien a quién lo lee), junto con muy buena doctrina y enseñanza de santos». Leer las obras del P. Ángeles, y perfumarse con el perfume celestial que desprenden, es todo una misma cosa, porque su doctrina «está muy rica de espíritu», según la expresión de Fray Gabriel Pinelo, Prior de San Felipe, de Madrid.

Otro tanto se pondera su magisterio: «Un ancho y segurísimo camino que lleva el alma a Dios casi de vuelo», según el docto Fray Ángel de Badajoz.

Este mismo panegirista del P. Ángeles, en prosa y en verso, dice que su pluma de él lo era de ángel, su libro de los Triunfos, «amoroso libro», «tal cual de ángeles se espera», «tierra de promisión». Hay en ellos, añade, «unos dichos tan tiernos y regalados de Dios al alma, del alma a Dios, y del autor ya a Dios, ya al alma, que corre, de ellos miel suavísima».

Fray Antonio de Santa María, varón ilustre, le cantó: Si la música de Orfeo suspendía las furias infernales con su hechizo, «fue todo sombra de su dulce pluma». Añadiendo que, por su libro de los Triunfos,
«conócese el amor falso y siniestro con la luz de este sol resplandeciente que en medio de tinieblas ha nacido». Cerramos este sartal de loas con la del sabio poeta franciscano Fray Ángel de Badajoz:

«Un ángel será justo que os alabe,
que no os dará lo justo ningún hombre».

(Continuará)

Fr. Juan Bta. Gomis, ofm

Páginas de historia franciscana

Los Santos Lugares

La Iglesia Católica celebra el día 15 de este mes la festividad litúrgica del Santísimo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo. Su Santuario, que es el principal de los de la Redención, tiene hoy una actualidad patente. La guerra ha vuelto a hacer mella en les Santos Lugares. Y en el ambiente de mucha cristiandad ha surgido un anhelo de formar una nueva cruzada. ¿Cuántas van ya? Aceptado está universalmente que las cruzadas, si fracasaron como tales, sirvieron para unir a pueblos unos con otros y aproximarse, hasta confundirse, el Oriente con el Occidente. Sin embargo los hechos han demostrado que el fin primero está aún por resolver. La oposición rotunda entre el Evangelio y el Corán, en medio de los «antis» en que hoy se mezclan las cosas claras, viene a exponer, en definitiva, que si hay un momento en que puedan ser profanados Los Santos Lugares, es cuando se presentan excusas y apologéticas para enmascarar los hechos reales, y eso es lo que ocurre ahora.

* * *

En la tarde de un viernes y precisamente a la hora de nona (15 de julio de 1099), tomaron los primeros cruzados el Santo Sepulcro. Los franciscanos establecidos en Tierra-Santa en 1219, moraban ya en él en 1240. En el año 1333, Roberto de Anjou y Doña Sancha de Aragón compraron el Santo Sepulcro y el Cenáculo por la suma de 32.000 ducados de oro entregándolos a los Menores en «posesión jurídica», ratificada por el Papa Clemente VI en la bula del 21 de noviembre de 1342. Y, de entonces a hoy, como un balance trágico en que se salda una cuenta qué aún no está pagada, durante siete centurias han acrecido tal derecho con su sangre más de dos mil mártires franciscanos.

Ultimamente, Pío XI beatificó a siete de ellos con su superior. La Historia sería interminable. Más un hecho impera.

España no intervino en las cruzadas de un modo oficial. Tenía ya su cruzada interior de la reconquista. Pero leyendo al historiador italiano P. Perrialdo (mejor es nombrar un extranjero), dice, que con el oro que mandó España, que era el apoyo que podía hacer, para pagar las sumas que exigía la conservación de estos santos lugares, bastaría para «formar un río».

¿Qué solución darle, hoy, pues? ¿Y las cruzadas sirvieron para unir unos pueblos de Oriente con Occidente?

Ante la solución «reiteradamente propuesta por el Papa, no estará de más recordar a las cancillerías que si no estamos en tiempos para cruzadas, es hora de empezar a reconocer que, desde la caída del Reino Latino, la Orden Franciscana, con una bien nutrida representación española y con la sola arma de la Cruz, está montando junto al Santo Sepulcro una heroica guardia, que hoy la forman multitud de misioneros, cantando himnos de paz, en medio de un mundo en guerra.

Salvador Riera
Terciario Franciscano

Consultorio religioso

¿Es verdad, que los salvajes adorando el sol con rectitud de intención, lo mismo que los protestantes, ortodoxos etcétera, estando de buena fe se salvan?

Los salvajes adorando al sol con rectitud de intención no se salvan. La ley natural no permite tal idolatría. Los protestantes, ortodoxos, etc., si están de buena fe y no pecan contra sus creencias se pueden salvar.

* * *

Fr. Agnello, mi tía me dejó cierta cantidad de dinero para que, a su fallecimiento, hiciera celebrar, por su alma, determinado número de misas. Si me cuestan menos de lo que mi tía me dejó, ¿puedo disponer del resto a mi voluntad, o emplearlo en misas a diferente intención?

No, señor. Usted debe emplear en misas el dinero que con ese fin le dejó su tía. Y si con esa cantidad puede hacer celebrar más misas de las que le señaló la fallecida, todas deben ser a intención de la difunta.

* * *

Mi tendero, que ordinariamente me sirve los géneros faltos de peso, hace unos días me devolvió equivocadamente más dinero del debido y yo callé. ¿Puedo en buena conciencia, quedarme, como compensación, ese dinero?

Puede en buena conciencia quedarse con él, si el dinero que le devolvió de más no es desproporcionadamente mayor que el valor de los géneros fraudulentamente mesurados.

* * *

Como estoy muy sorda los confesores se impacientan al oírme en confesión y huyen de mí cuanto pueden, ¿qué me aconseja?

Y ¿qué quiere usted que le aconseje? Llévelo con paciencia y pida al señor que multiplique en su Iglesia los confesores virtuosos y pacientes.

Fr. Agnello

Del amor propio

¿Qué es el amor propio? Es el alma amándose a sí misma con un amor único y exclusivo.

Del amor propio nacen otros dos amores: el amor de la propia honra y excelencia y el amor del gusto y deleite corporal.

El amor propio huye, de ser humillado, desea las preferencias, quiere encadenar a su antojo la libertad, el juicio y la paz de las almas.

Todos los pecados tienen su fundamento en el amor propio, el gran obstáculo de la santidad.

¡Combatámosle con la humildad y con el amor práctico hacia el prójimo!

María de Santángel

La fiesta de san Antonio de Padua en Valencia

Las asociaciones antonianas establecidas en nuestra iglesia de San Lorenzo, de Valencia, celebraron, con magnífico esplendor, la fiesta del gran taumaturgo y Evangélico Doctor de la Iglesia, San Antonio de Padua.

El día 6 se celebró solemnemente la Primera Comunión de los niños del Centro Instructivo Antoniano, en cuyo acto el Celebrante, P. Pacífico Torres, pronunció tan fervorosa y sentida plática.

Durante los días del solemne novenario, que se cerró, como de costumbre, con el ejercicio de las Cuarenta Horas.

El domingo, 13 de junio, día propio de San Antonio, nuestra iglesia era insuficiente para dar cabida al número de devotos del santo de los milagros, que desde las primeras horas de la mañana acudieron a honrarle y a implorar su valimiento y protección.

La Misa de Comunión general estuvo muy concurrida. Fue celebrada por el P. Guardián y director de los antonianos, Fr. Luis Torres.

A las diez y media de la mañana tuvo lugar la solemne Misa cantada con panegírico que pronunció el P. Provincial, Fr. Joaquín Sanchis Alventosa.

Por la tarde, inmediatamente después de la función religiosa, se celebró la procesión de los lirios, durante la cual, Valencia reafirmó una vez más sus tradiciones antonianas.

Leyenda oriental

Contento con su suerte

Largo y penoso era el trabajo de un obrero que se dedicaba a cortar piedras. Su salario, muy pequeño. Un día cansado de su ruda tarea, exclamó:

—¡Oh! ¿Por qué no seré yo bastante rico para pasar la vida tumbado sobre un blando lecho, provisto de cortinas que me libren de los mosquitos?

Entonces un ángel descendió del cielo y le dijo:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y el hombre fue rico, y reposaba sobre un blando lecho provisto de cortinas de seda.

Pero he aquí que el rey de aquel país llegó en una magnífica carroza, precedida y seguida de lujosos caballeros, y rodeado de servidores que sostenían una sombrilla de oro sobre la cabeza.

El rico se sintió entristecido por este espectáculo, y dijo suspirando:

—¡Oh, si yo pudiese ser rey!

Y el ángel desciende del cielo y dijo:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y el hombre fue rey y se paseaba en magnífica carroza, seguida de lujosos caballeros, y le rodeaban servidores que sostenían sobre su cabeza la sombrilla de oro.

El sol brillaba de tal modo, que sus rayos quemaban la hierba.

El rey se abrasaba de calor y decía que quisiera ser como el hermoso astro.

Y el ángel descendió del cielo y dijo:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y el rey fue transformado en sol, y sus rayos se derramaban sobre la tierra, abrasando las hierbas y haciendo brotar el sudor a los reyes.

Pero una nube se eleva en los aires y tapa su luz. El sol se irrita de ver su poder menospreciado, y grita que quisiera ser nube.

Y el ángel, descendiendo del cielo, le dice:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y el sol se convierte en nube que da sombra a la tierra y las hierbas reverdecen.

Y la nube se abrió, y de sus flancos corrían torrentes de agua que inundaron los valles, devastaron las mieses y ahogaron las bestias; pero nada podía contra una roca, a pesar de embestirla el oleaje por todos lados.

Y gritó la nube:

—Esta roca es más poderosa que yo; quisiera ser roca.

Y el ángel, descendiendo del cielo, le dice:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y la nube cambiaba en roca, y ni el ardor del sol ni la violencia de las lluvias podían conmoverla.
Pero llega un trabajador; con su martillo comienza a golpearla, haciéndola pedazos, y la roca grita:

—Este obrero es más poderoso que yo. ¡Quisiera ser obrero!

Y el pobre hombre, transformado tantas veces, vuelve a ser el picapedrero que trabajaba por un pequeño salario y vive al día contento de su suerte.

Dios nos ha señalado un puesto en la vida, y desde él podemos servirle y cumplir nuestra misión.
La ambición no suele ser buen camino para conseguir ni tan siquiera los fines humanos.

De nuestras misiones

(Continuación)

...saciado su codicia, exterminar a las familias ricas y porque como a veces los verdugos son gente del propio lugar, temen se desmorone el régimen comunista y llegue un tiempo en que la justicia venga a liquidar cuentas atrasadas. Son muchos los géneros de muertes que los rojos aplican a sus víctimas y algunos bien horripilantes, con solo oírlos referir a uno se le ponen los pelos de punta. Ya los irás sabiendo si Dios se digna concedernos la paz y tú llegas a volver a China, que hay acontecimientos trágicos que tan grabados quedan en la memoria de los hombres que nunca se olvidarán por larga que sea su vida. Por hoy te bastan estos botones de muestra para formar idea de la ferocidad de los rojos.

La suerte que ha cabido a Marulinal Ts'o de Shian-sin y a otros muchos, es debida a que el pueblo que acudió al reparto de sus bienes, emitió un juicio favorable o cuando menos no condenatorio contra ellos en el momento en que los rojos dirigieron a la turba aquella pregunta, de si el despojado era hombre de bien o por el contrario merecía la muerte. A éstos no les someten a las torturas que hemos referido, se contentan con reducirles a la condición o categoría de mendigos. Les dan un salvoconducto como si se tratara de un privilegio especial y les señalan dentro de los límites del territorio rojo por donde han de mendigar. Estos mendigos de calidad no pueden evadirse del territorio a ellos señalado, por estar rigurosamente vigilados. Cada Alcalde de pago, todas, las noches tiene que dar cuenta a su respectivo cabecilla regional de todas las personas que han entrado y salido del pago y de los sucesos que han ocurrido dentro de los límites de su jurisdicción, y como el cabecilla conserva la vista de todos los individuos que no son afectos a la causa roja, si alguno de éstos intentara aproximarse hacia la zona blanca, sería detenido y a veces castigado.

La condición de estos mendigos viene a ser muy deplorable y arrastrada. Su cuerpo cubierto de harapos, tiritando de frío, sin hogar confortable para descansar de noche, sin alimento necesario para restablecer sus fuerzas, sus miembros quedan entumecidos y adquieren enfermedades y hasta llagas que les impiden hacer el recorrido para implorar una limosna. Muchos de estos infelices se vuelven locos y no pocos, por fuerte que haya sido su organismo, quedan exhaustos y agotados de fuerzas para venir a parar a una cueva solitaria o una pagoda, donde consumidos de inacción mueren en el más completo abandono. Los rojos parece que gozan de ver la miseria del sufrido pueblo.

La última cosecha resultó de las peores que hemos conocido por falta de lluvia, y lo poco que los campesinos recogieron se lo han llevado los rojos. Las puertas y ventanas de sus modestos hogares, como ya te dije antes, se las quemaron durante el último asedio y han tenido que ser reemplazadas por otras de paja a modo de cortinas para no morir de frío durante el crudo invierno. Estamos pasando los primeros días del año nuevo lunar. Los campesinos, haciendo sacrificios habían preparado algo extraordinario para obsequiar a los niños, según costumbre. Han venido los rojos y los han despojado de todo.

Todos los días, incluso el primer día del año nuevo, llegan a la ciudad largas hileras de muchachas esposillas y mujeres a vender carbón, que traen ellas mismas a cuestas para poder llevar a casa, un puñado de mijo. Los hombres y los muchachos hacen lo mismo, porque el jumento que antes tenían para acarrear carbón, se lo han llevado los rojos. Sale uno a la calle a realizar cualquier menester, y se encuentra con un corrillo de personas que comentan algún suceso. En medio del corrillo hay un hombre sentado en el suelo con la cabeza inclinada que no profiere una palabra, porque el dolor que siente, no le deja hablar. Se trata de un infeliz, que ha sido despojado de todo por los rojos y ni tiene medio de alimentar a su mujer y a sus pequeñuelos, y en un momento de desesperación ha proferido una palabra: venderlos.

Los del corrillo, que saben por experiencia lo que es el fantasma del hambre, movidos de compasión hacen una modesta colecta y se lo entregan diciendo: «No es mucho lo que te damos, pero por hoy con esto podrás enjugar las lágrimas de tu mujer y de tus hijos, y mañana será otro día». Aquel hombre levanta la cabeza, y llorando y riendo a la vez, recibe agradecido el donativo y se marcha para ir a consolar a aquellos pedazos de su corazón que ha dejado en casa. Continúa uno su camino, revolviendo en su mente la impresión dolorosa que le ha producido la escena que acaba de presenciar y a
poco se encuentra con otro grupo.

Esta vez es una madre con dos niños y una muchacha de ocho años, que anegada en llanto, prefiere despojarse de sus seres queridos a que mueran de hambre. Los rojos, además de despojarles de todo, se le han llevado al marido, único sostén de la familia, y no saben si vive. Alguno de los presentes le dice: «Ahí viene el Padre, que recoge a las niñas abandonadas». La mujer se acerca y me ruega reciba a su niña. «Desearía recibirla —le contesto— pero no puedo, que mis haberes no llegan para alimentar a los que tengo». La mujer insiste exponiendo su angustiosa y desesperada situación para que me quede con la muchacha. Una más o una menos no significa nada para el Padre. En vano trato de persuadirla, porque los del grupo la apoyan con un sinnúmero de razones y no dan crédito a lo que yo les digo, como que uno de ellos dice: «Si alguno tiene dinero, es el Padre». En vista de la inutilidad de poder convencer a los del grupo, me vuelvo. La pobre mujer me sigue detrás a cierta distancia con su chica. Llega a la puerta, y azorada como venía, no sabe en qué puerta ha de llamar.

El soldado que está de centinela frente a la puerta, se fija y se da cuenta del dolor de aquella mujer, y le pregunta:

—¿Qué desea?

—Dejar esta niña al Padre —contesta ella.

—Ahí en frente —añade el soldado, señalando con el dedo la puerta del orfelinato.

(Continuará)

Desde Benisa

El domingo, 30 de mayo pasado, se celebró con devota solemnidad en esta población la ya tradicional fiesta del CORPUS DEL CONVENT.

La plazuela del convento y las calles por donde tenía que pasar la procesión de Jesús Sacramentado estaban adornadas con profusión de gallardetes y arcos triunfales.

La población de Benisa, de tan arraigada tradición católica y franciscana, con sus dignas autoridades, tanto eclesiásticas como civiles y militares a la cabeza, realzó con su nutrida asistencia los actos eucarísticos celebrados en nuestra Iglesia, sobre todo la Misa solemne, con sermón de la mañana y la triunfal procesión de la tarde.

Al día siguiente tuvo lugar la fiesta de reparación eucarístico-mariana, con Misa solemne y sermón, por la mañana, y por la tarde, ejercicio del último día del mes de mayo.

Hubo durante estas fiestas, derroche de pólvora y extraordinaria animación en la barriada del convento,
En los actos religiosos actuó la capilla coral del Colegio Seráfico, bajo la magistral dirección del P. Agulló, y la banda de música de la población amenizó los festejos que finalizaron con una preciosa sesión de ilusionismo, a cargo del mago de la prestidigitación OMIR, quien, con su arte y habilidad incomparables, hizo las delicias del numeroso público, compuesto por grandes y chicos, que admiraron y aplaudieron todas y cada una de las actuaciones de este genial artista.

Boda

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Enlace matrimonial Simó - Mengual

Boda de nuestro exalumno del colegio de Onteniente D. Vicente Simó Aynat con Dª María Mengual. Se celebró en la iglesia de La Sagrada Familia de los franciscanos de Pego el día 31 de marzo de 1948. Bendijo el enlace el Sr. Obispo de Teruel Fr. León Villuendas asistido por el P. Joaquín Sanchis, Ministro provincial de los franciscanos de Valencia.