¡Se ha dormido la Virgen!

I

Se ha dormido la Virgen
¡Era el día
celeste! Los apóstoles
en su profunda expectación sintieron
el Empíreo en torno y sobre
sus cabezas miríadas
de ángeles de oro, unánimes, que, acordes
sutilísimos, férvidos... llegaban
a la Virgen, la vieron
muerta-dormida un punto y, presurosos
tomándola en sus brazos, por entre orbes
destellos y relámpagos excelsos
en triunfo, en cuerpo y alma, entre transportes
de júbilo, hasta el Padre Poderoso,
el Hijo Dios y Hombre
y el Espíritu Santo, condujeron
la dulce carga celestial, insomnes.

II

¡La Virgen se ha dormido!
y nefelita sobre
las inmensas alturas
solemnes de los montes
y de las destellantes
de los soles,
en su vuelo la siguen nuestras almas
arrobadas entre místicos sones divinos...

III

¡La Señora ha despertado en,
en el Empíreo! ¡Flores
de cielo en torno! ¡Su glorioso cuerpo
y su alma allí! Materna por los hombres
—sus hijos— intercede junto al Padre
Poderoso y el Hijo Dios Hombre
y al Espíritu-Santo. ¡Oh gloria nuestra!
¡Se ha dormido la Virgen!
Los apóstoles...

José María Bayarri

La Virgen dormida

La Virgen dormida. Talla de M. Torregrosa

San Antonio y la Asunción

El olivo produce florecilias, llenas de perfume, y las florecillas oliva, la cual primeramente es verde, rubia después, y, por fin, logra madurez. Así fue la bienaventurada Virgen María: quasi oliva pullulans. Al concebir y dar a luz a su divino Hijo, fue oliva vigorosa, llena de verdor perennemente virginal; rubicunda, en la pasión de su Hijo; y plenamente madura, el día en que fue levantada en cuerpo y alma a los cielos, donde posee, ungida de aforo, la eterna bienaventuranza.

La muerte del Redentor

La muerte del Redentor, de Benito Prieto Coussent

Impresión

En la reciente Exposición de Bellas artes, celebrada en Madrid, llamaba la atención a todos los visitantes un «Cristo en la Cruz», en que aparece el Redentor, muerto, y en una forma desacostumbrada.

El pintor ha pretendido realizar, sin duda, una obra original y lo ha conseguido, al ofrecer una visión horrenda y dolorosa de la muerte del Salvador.

Como muestra el fotograbado adjunta, el cadáver aparece caído hacia adelante, como si fuera a desprenderse de la cruz. Los cabellos lacios y ensangrentados ocultan el divino rostro. El hombro derecho está dislocado. Y contra la creencia común, fundada en el Evangelio, de que murió clavado en la cruz, el autor le sujeta a ella con cuerdas, y solamente en la mano izquierda, se percibe un clavo que la atraviesa. Las piernas, además, están cruzadas y los pies, por tanto, a lado distinto del que les corresponde.

También muestra atención a los detalles, como el de pintar el pegma o travesaño perpendicular al plano de la cruz, sobre el que se apoya el cuerpo a horcajadas, aunque el Cardenal De Lai, en su documentada obra «La Pasión de Nuestro Señor», dice que sólo se empleaba para sostener los reos que habían de estar algún tiempo en la cruz: esto no ocurría con los judíos que habían de ser muertos y enterrados en el mismo día de su crucifixión. Y el de representar el título o inscripción como en el original, conservado en la basílica de Santa Cruz, de Jerusalén, en Roma: con el letrero latino al revés, y de derecha a izquierda.

En resumen: es una pintura que pretende ser realista y lo consigue. Pero ser exclusivamente realista, equivale a ser fotógrafo. Y si por el contrario el artista, quiere ser idealista sin atender a la naturaleza, será visionario o fantástico. La obra de arte, para aproximarse a un ideal de perfección, debe participar de realismo e idealismo a la vez. Y expresar dignamente el carácter propio de las personas, escenas o cosas que trata de reproducir por medios plásticos. Esto pensamos que no se ha tenido en cuenta en el cuadro que comentamos.

Muchos personajes históricos han sabido llegar a la muerte con valor y dignidad. Tales son, entre otros, los Jefes dé los Comuneros de Castilla y D. Rodrigo Calderón, en España, y el Rey Luis XVI, en Francia; todos ellos no dieron muestras de abatimiento, sino de cristiana resignación y noble altivez en su triste fin.

Y Jesucristo Nuestro Señor, que sí era Hombre también era Dios, no había de mostrarse inferior a sus criaturas. Murió porque quiso, cuando quiso y como quiso. Si consintió la ignominia de la cruz, no consintió que la dignidad de su naturaleza humana sufriera menoscabo.

En su dolorosa Pasión claramente se muestran detalles de sus dos naturalezas: antes de ser crucificado aparece la debilidad humana, en la oración del huerto, por ejemplo, con el sudor, angustia y horror que le produce la consideración de los dolores que ha de sufrir y de su inutilidad para los condenados que no se han de aprovechar de los méritos de su pasión y muerte. En la cruz, en cambio, aparece la omnipotencia de la divinidad: todo se desarrolla allí sin turbación. Habla con su madre y el discípulo amado; da esperanza al ladrón; pronuncia palabras que proféticamente se le atribuían en otros tiempos anteriores y da por terminada su vida cuando quiere. Muestra ser Señor de todo, y no inclinará la cabeza al espirar como haríamos nosotros, sino que la inclina y espira luego, dando una gran voz, impropia de un ajusticiado vulgar, sometido a grandes sufrimientos.

Con razón pudo decir Rousseau: «Si n muerte de Sócrates, es la de un sabio, la vida y muerte de Jesucristo son de un Dios».

No pudo morir, pues mostrando un anonadamiento impropio de su dignidad, como aparece en la obra del señor Prieto, que es el autor de referencia. Creemos por tanto y que se perdone el atrevimiento por nuestra incompetencia, que el artista no ha estado acertado en la representación de la muerte del Hombre-Dios.

Podrá tener mérito como pintura realista, reconocido al otorgarle una tercera medalla; pero no puede servir su cuadro como representación adecuada de la muerte de nuestro adorable Redentor.

Arturo Fosar Bayarri

Vale mucho Conchin

Te voy a contar un cuentecito con sal.

Verás que no me gusta hacerme pesado con cintas ni retazos de aquí y de allá, porque quiero hacerme leer. Quiero que me leas.

Va el cuento.

En cierto país... Ese mismo que tú señalas en tus dorados sueños.

En ese país había arraigado la vida moderna, que era un furor. Las jóvenes de tu edad —y las personas con título de respetables— eran un encanto. Casi, casi que no había mujeres feas. ¡Y la de trajes que vestían, santo Dios! Sedas y crespones y... todas esas cosas tan caras. Pues, aguarda, la de tocados, manicuras, aderezos y demás menesteres de belleza. Bonito país donde la mujer era bonita.

Cierto día, en una de esas horas de moda, conversaban en la esquina de la Avenida de tal ciudad tres apuestos galanes.

Acaban de pasar dos jovencitas, que... ¡para qué!

Uno dijo:

—¡Qué chicas más estupendas!

Otro:

—¿No las conoces?

—Varias veces me llamaron la atención.

—¡Pues mira la de la izquierda.

—¡¡Bestial!!

—La otra ya va de novia con... Esta es Conchin, que está estupenda. ¡Y que vale mucho!

El uno se entusiasmó con la Conchin, y la buscó y rebuscó, quedando enredado en su beldad. Guapa que estaba la chica. Porque aquel tipazo, aquellos ojos provocadores, aquella conversación sin recatos monjiles... Nada, que me pongo novio con ella... y se puso novio. Porque el uno era un chaval de recibir.
Y ahora a la «tapa», y después al «bar», y más tarde al cine, y luego al té..., pasaban los días. Pero el uno se cansó, y Conchin volvió al aposentador.

En otra esquina y en otro día se volvieron a juntar nuestros dos mozos —ahora no fueron los tres—.

Dijo el uno:

—¿Recuerdas que me dijiste que Conchin valía mucho? ¡Qué guasón!

—Nada de eso. Respondo de cuanto digo.

—¿En qué vale tanto?

—¿Te has hecho con ella y no lo viste? Te repito que Conchin vale mucho. Pregunta a su papá por las facturas de la modista, de las joyas y de cuanto lleva encima y verás si tengo razón. Y esto sin contar con su peinadora, ni manicura. Su cara vale ya más que el abrigo que no llevo. Sin exageraciones.

—Entonces permíteme una observación. Ya sabes que fui tras ella algún tiempo. Y me he convencido de que Conchin cuesta mucho.

—¿Tan dura es la chica? Pues que se descuide...

—¡Qué va! Por la tarde del primer día éramos novios. Pero cuesta horrores la chiquilla. Ahora que cigarrillos, que «vermhouts», que cines, que tés, que «cokteles», que regálame eso, que cómprame aquello, que no eres espléndido conmigo...

—Y ese es el cuento, Fifí.

La moda consume mucho. Tanto que ya los hombres miran lo que vale una muchacha para escogerla más baratita. y se fijan en lo que cuesta por si mañana no pueden soportar la carga.

Pero hay más. La moda es un cepo donde con el cebo de ser bonitas y brillar en la juventud las jóvenes pierde* su dignidad y venden sus conciencias a las bastardeces de la pasión.

Los trajes indecentes, los lugares impropios, los usos indebidos, las libertades desvergonzadas serán de la chica «moderna», pero quedan propias del hombre viejo, del hombre de pecado, que no quiere San Pablo.

La joven cristiana ha de ser joven «nueva», decente. Que sea bonita, que luzca en sociedad... pero sin vender a Cristo por el pecado.

Amón

Consultorio religioso

¿Haría el favor de decirme qué es del Año santo que se celebra este año en Compostela?

En Santiago de Compostela es Año santo aquel en que la festividad del Apóstol Santiago, 25 de julio, cae en domingo, como acaece en el presente año. Se ganan las mismas gracias, indulgencias y prerrogativas que visitando las basílicas de Roma, con las tres condiciones de confesión, comunión y visita a la iglesia compostelana y rezando a intención del Romano Pontífice. Tiene una indulgencia plenaria toties quoties que no difiere de la ordinaria más que por razón de la solemnidad y la facultad de absolver el confesor casi todas las censuras y pecados reservados y conmutar la mayor parte de los votos privados. Muy probablemente el compostelano jubileo mayor.

* * *

Fray Agnello, ¿cómo se prueba el hecho de la Asunción corporal de Nuestra Señora?

Por el consentimiento secular de la Iglesia Lo prueba la fiesta litúrgica que probablemente se remonta al siglo V; la predicación constante en el pueblo cristiano, el parecer unánime de los teólogos, la devoción sin fallas de los fieles, patente en el rezo del rosario, y ahora mismo las numerosas peticiones elevadas a la Santa Sede pidiendo la definición dogmática. Y si no se admite la doctrina de la Asunción corporal de Nuestra Señora como revelada por Dios y contenida en el depósito sagrado de la revelación, resulta que no tiene explicación teológica tan completo y persistente consentimiento de la Iglesia docente y discente.

Fr Agnello

Confidencias

El santo temor de Dios

No demos cabida en nuestra alma a temor alguno que perturbe, acobarde y debilite nuestras fuerzas.

Temor diabólico que. aprisiona, ahoga y mata los buenos deseos, engendrando turbación, miedos y recelos que debilitan el alma.

Y la debilidad nunca fue yunque donde forjar la perfección.

¡Ese no es el santo temor de Dios! El santo temor de Dios es: fuerte, decidido, constante, confiado...

Temor que es hijo del amor. Por eso dice el apóstol San Juan: «Aquel que teme, todavía no tiene el amor, perfecto».

María de Santángel

De nuestras misiones

(Continuación)

Llaman a la puerta y entran. La pobre mujer empieza a llorar y no puede proferir una palabra, porque el llanto ahoga su voz. La directora, que ha salido, trata de consolarla dirigiendo palabras de cariño, pero no hay consuelo que valga para aquel corazón lacerado. Manda a las muchachas que le den de comer a la madre y a da hija y mientras satisfacen las exigencias del estómago, se van calmando. Ella refiere con vivos colores los sufrimientos de que ha sido víctima bajo la tiranía roja, y la miseria extrema a que ha venido a parar, que las muchachas, oyendo conmovidas el relato, empiezan también a llorar. La directora, serenada algún tanto, le hace presente la imposibilidad de recibir a la chica, debido a la falta de recursos para mantenerla. Para convencerla, hace historia del Orfelinato en sus mejores años y de la situación actual en que se encuentra.

El Padre, añade la directora, ha dedicado muchos años a recoger las niñas abandonadas, a alimentarlas, y educarlas, pero después vinieron las guerras y otros trastornos mundiales y en la imposibilidad de llegar recursos para mantener a las niñas, se vio obligado a enviar a más de cien niñas pequeñas y grandes a otras misiones. Nosotras mismas, cada vez que salimos fuera, encontramos madres que nos ofrecen niñas como ésta y aún mayores, mas como él Padre carece de recursos para mantener a las que tiene, no las podemos recibir, que hace tiempo que no llegan subsidios para la S. Infancia.

Mira los vestidos le nuestras chicas; nunca habíamos llegado a padecer tanta indigencia. La mujer escucha estos y otros razonamientos de la directora, y guarda silencio con la mirada clavada en el suelo. Por fin la directora le ofrece un poco de mijo que la mujer recibe agradecida y se levanta para marcharse. Al llegar a la puerta, vuelve la cabeza para hacer la última pregunta. Si después mejora vuestra situación, recibirán a mi hija? Es nuestro deseo, contesta la directora y con sumo gusto la recibiremos. Y la pobre mujer se aleja llena de amargura.

Estas escenas desgarradoras son tan frecuentes, que hoy mismo he tenido dos casos más, que sería largo si fuera a referirte, y, materialmente, no dispongo de tiempo para relatártelos. Y saber que en miles de hogares suceden escenas parecidas! Pidamos a Dios que se compadezca de tanta miseria y mueva los corazones de los fieles para que contribuyan a remediarlas.

Tuyo afmo. que se encomienda a tus oraciones,

Fr. F. Inchaurbe, ofm

Otra carta del veterano misionero, P. Inchaurbe, ofm

«Amado P. Berengueres: ...No obstante la rigurosa incomunicación que existe entre la zona blanca y roja, hemos, llegado a saber la muerte de tu catequista Marulín.

Según referencias de un fugitivo que llegó de Sui-the, Marulín murió a fines del año pasado a pedradas, como San Esteban, y la ejecución la llevaron a cabo los soviets del propio lugar de Li-kia-pien y paganos vecinos.

No tenemos detalles de cómo sucedió el caso, mas es de suponer que su muerte estaría revestida de las mismas circunstancias que las de los otros sentenciados de los demás lugares. Su pobre mujer, privada de todo amparo y de un techo que la cobije, anda mendigando, para hacer callar las exigencias del hambre. Ha querido subir a esta ciudad de Yulinfu, para juntarse con sus hijos, pero los comunistas no la dejan, quieren que a consecuencia de privaciones y sufrimientos, muera lentamente»...

Yulinfu, 25 de mayo de 1948.

«Sant Esperit». Poemes franciscans.

Nuestro buen amigo J. Mª Bayarri ha publicado este nuevo libro de poemas valencianos, inspirados en el apacible y sereno paisaje del convento franciscano de Santo Espíritu del Monte.

A más de íntima religiosidad perfuman las cuarenta y cuatro composiciones de este pequeño volumen, por cuyas páginas discurre, pura y cristalina, la emoción del poeta, vivida al calor de esa mística sabiduría y alentada bajo la influencia del auténtico franciscanismo, que se respira en el histórico monasterio de Santo Espíritu y sus contornos.

Les incluimos a continuación, escogidas al azar, dos de las poesías que integran este ameno librito, para que nuestros lectores puedan apreciar el agradable sabor del lirismo y valencianía que fluye de todas sus páginas.

Solicitut

Pare Guardiá: Voldríeu
admitirme a l'amor del Convent?
A la vostra disciplina adient?
Vinc de les terres baixes
de ciutat; no os sé dir
si la xarxa inconsútil
de les seues pasions
o eixe tràfec perenne
d'emocions i quefers
eutrapèlics m'aüparen
sobre orgllus i els amors
propis... o no se quines
aspres causes... Lo cert
és que el fàstig menvolta
i la vida em fa mal,
i ja em cou en mig l'ànima
este viure en la urb.
Bon Guardiá: La derrota
sentimental s'extén
als membres, fins ais ossos...
i tot yo m'esllauguixc.
Volguéreu admitirme
en el vostre convent!

II

Seguiría la Regla
del Pacific d'Asís:
al tocar a Maitines
m'algaría del llit
i ma carn domaría
ab cilicis; ardits
mos afanys en els aspres
treballs, els más humils,
serviría la Ordre
ací, en Sant Esperit.
I quan lhome nou fora,
suplantat este antic,
donaría a Deu gracies
pel sucés inaudit,
madurat ja, i lograda
esta pau que cerquí...
Bon Guardiá: Me voldríeu
al convent admitir?

Sonet

Amaneixía. En este redós místic
nacre i perla conciten fraters pugnes
en la pau ecumènica i flairosa
que dels monts i del ceí es desprenia.

La exquisita ventura del silenci
afonava ser gorges infinites
en les místiques ansies indelebles
que prolifiquen la sugerècia en l'ànima.

Si orava sens paraules sonoroses
en l'armonia pálida de l'hora
el paisaje en sa mística presencia.

La regalada serenor fecunda,
el convent de Sant Esperit al centre
a Deu la duia ab sa remor d'antífones.

El libro «Sant Esperit», que está obteniendo un buen éxito de crítica, se vende en todas las librerías y en nuestra redacción y sus beneficios son para el del cantado convento franciscano.

Le auguramos un gran éxito.

La Redacción