La venerable Juana Godoya, Terciaria franciscana
1556-1622

Discurso pronunciado por el P. Juan Bautista Gomis ante los Sres. Obispos de Orihuela y Muñoyerro, Obispo de Sigüenza, en el Congreso Eucarístico de Callosa de Segura.

La fortaleza y el decoro son sus atavíos; y sonreirá en el día novísimo (Prov 31, 25)

Fortaleza y decoro.- Hubo un día, que lo fue de Gracia para Callosa de Segura: 15 de agosto de 1556. España, amazona la más egregia y heroica de cuantas en el mundo han sido, lucha con denuedo en el Concilio de Trento, no con armas de fuego, sino con las armas del saber, de la ciencia y de la virtud. Y en su seno, en el de España, germina un pimpollo que irá creciendo en grandeza, en esplendor y en santidad. La cuna, es decir, el árbol que tal renuevo produce, es Callosa de Segura, campo donde la mano pródiga de Dios derramó todos los más exquisitos dones de la Naturaleza: sol espléndido, tierra fecundísima, río paradisíaco, clima primaveral, flores y frutos, y todo con superabundancia.

Este pimpollo, que dilatará sus ramas y multiplicará prodigiosamente sus hojas desenvolviéndose magníficamente, es la Venerable Juana Ángela Godoy García, en quien la generosidad de Dios, que no tiene límites, hizo alarde grandioso de su munificencia, prodigándole con mano abierta sus tesoros divinos, las virtudes, los dones, los carismas y las inefables dulzuras de la gloria, juntamente con los sufrimientos y dolores de su sagrada Pasión y muerte. El don de milagros, es decir, el señorío de las fuerzas naturales, tampoco le faltó, haciéndolos de primera categoría.

Quiso Dios hacer en Juana Godoy, y lo hizo, un cielo y una tierra nuevos, de superiores quilates a los que tenía hechos en Callosa de Segur,. de mayor grandeza, de más calificada hermosura y de más codiciadas perfecciones. Quiso que Juana Godoy fuese a la Gracia, lo que Callosa es a la Naturaleza, un prodigio de soberano poder, venciendo y quedando Juana en altura superior, como queda a infinita distancia el Reino de la Gracia sobre el Reino de la Naturaleza.

La venerable Juana Godoy es un triunfo señaladísimo y ruidoso de la Gracia divina sobre la Naturaleza desencuadernada, enfermiza y recalcitrante, como lo fue en aquellos días el triunfo de España contra las fuerzas demoníacas mancomunadas con las fuerzas humanas ensoberbecidas y armadas con las armas de todos los errores y de todos los sofismas.

Nuestra Venerable fue como la España de su tiempo (tan gloriosa y envidiada), la fortaleza y el decoro deconcentrados y sublimados, siendo ellos, decoro y fortaleza, sus atavíos, sus joyas y sus riquezas. Y, en España, Callosa de Segura mereció, por altísimos juicios de Dios, ser su noble cuna: ella santificó sus campos con sus pies virginales, ella santificó sus calles con su presencia, ennobleció su cielo con sus miradas, perfumó la atmósfera con su aliento. embalsamó los templos con el aroma de sus virtudes y consiguió que los Cielos se abriesen sobre su pueblo, a fin de que, aun viviendo en la Tierra, pudiese ver, sentir, testificar y gozar los bienes eternos.

Camino de perfección.- En esta Callosa de sus amores, teatro de sus luchas y de sus triunfos, el recuerdo amado de su venerable, de su beata y de su santa, que con estos tres calificativos honorables se la conoce, jamás so ha extinguido; al contrario, ha sido siempre semillero de virtudes y espejo claro en donde los hijos de Callosa se han mirado siempre.

Por otra parte, la Providencia divina destino, para biógrafo de la Venerable, a un varón preclarísimo sabio y santo, «Pasmo de Místicos y Teólogos» al siervo de Dios que compuso el Bendita sea tu pureza, florecita de su pluma que viene floreciendo de boca en boca hasta nuestros días. Se trata del seráfico Doctor D. Antonio Panes, Cronista oficial de la Provincia franciscana de San Juan Bautista.

Las fuentes en que bebió la verdad histórica no pudieron ser más puras y más veraces. Dice así: «Son tan particulares las cosas que se contienen en la vida de esta sierva de Dios, que no me atreviera a escribirlas, menos que sabiéndolas de tan buenos originales, como lo fueron dos confesores suyos dignos de toda fe. El uno fue Jaime Coria, fraile predicador, el cual, por órdenes del señor Obispo de Orihuela, don Andrés Balaguer, grande aficionado de esta sierva de Dios, y que tuvo con ella comunicación y muy especial noticia de su heroica virtud, por ser oveja suya, coligió las noticias que pudo, y de ellas, de las que él inmediatamente había alcanzado por ser su padre espiritual, hizo deposición jurada. El otro fue Fray Antonio Giner, religioso asimismo de mucho crédito, el cual siendo Guardián del Convento de Callosa comunicó con él la sierva de Dios todo lo que por su alma pasaba, obligada de la obediencia y del mandato que tenía del Ministro Provincial para ello. Y así, afianzada de estos testimonios nuestra relación humana, podrá darle fe toda la cristiana piedad.»

Por consiguiente, los hechos maravillosos que se cuentan en la vida, virtudes y milagros de nuestra Venerable, no pueden tener mayor garantía; n¡pudo tener un biógrafo mejor nuestra Juana Godoy: para tal vida, tal historiador y tal comentarista.

Sus pasos en la senda de la perfección y santidad, no fueron pasos de hormiga, n¡pasos de infancia espiritual, sino pasos de gigante, pues no los daba ella sola, sino que fortalecía y dilataba sus pasos el Señor que todo lo puede.

«Siendo todavía muy niña», de edad de siete años, como otro San Pablo fue arrebatada a la más alta cumbre del' empíreo, en donde vio cosas misteriosas y oyó palabras llenas de arcanos: «Arrebatada en espíritu —escribe el cronista y escritor místico P. Antonio Panes—, fue llevada al Cielo su alma, donde le fueron mostradas hermosísimas salas, vergeles y amenidades muy deliciosas, los coros angélicos y ejércitos de los ciudadanos triunfantes, y tanta hermosura y gloria, que aunque ella lo decía después con excesivo gozo, júbilo y dulzura interior, siempre confesaba que no era posible explicar lo que había visto, no obstante que el ángel de su Guarda le iba declarando el ser y oficio de cada cosa, mas era su excelencia tanta, que se podía experimentar, pero no decir.»

S¡su vida racional y su vida sobrenatural infantilmente reflexiva comenzó ya con vuelos de águila, subiendo hasta el seno de Dios, saltando desde la pequeñez de su casa a los alcázares sempiternos, qué vuelos y qué saltos serían los suyos en llegando que llegase a la plena madurez espiritual, a la plenitud de Cristo?

Por eso, leyendo su concentrada biografía, vamos de sorpresa en sorpresa y de asombro en asombro. El Reino de Dios, el que Dios crea en el interior de las almas, reino más amplio y más rico que todos los imperios terrenos tuvo realidad magnífica en el pecho virginal de nuestra venerable. Las palabras de Cristo: Regnum De¡intra vos est: el Reino de Dios está dentro de vosotros, tuvieron en ella cumplimiento cabal y glorioso.

Vivía como endiosada; llevaba siempre ante sí, a quien dentro de sí, dentro de su corazón, tenía encadenado con cadenas de amor.

«No dudaba su confesor de estas cosas, por el gran conocimiento que tenía de su pura conciencia, rara candidez y profunda humildad, y asimismo por los efectos que dejaban en su alma semejantes visitaciones, y aumentando su alma en vigor de virtud, luz de conocimiento y ardor de caridad, no acertaba su memoria a apartarse de aquel sumo bien. Con estos hábitos que ya sus potencias tenían, le era fácil andar siempre en presencia de Dios con atención muy íntima y amorosa.» (P. Panes.)

Como española genuina, y franciscana por elección y por exigencia de su espíritu, pues quizás se comunicó con San Pascual Bailón, fue la Venerable Juana Godoy, una enamorada palpitante de Jesús Sacramentado y de la Pasión y Muerte de Cristo. En estas dos devociones tan sustanciales, ocupa lugar honroso y distinguido. Además, en ella, estos dos amores iban unidos, como que son juntamente recuerdo y realidad. La Sagrada Comunión la transfiguraba en uno como Cristo paciente, causándole tormentos incomportables, Hacía la Dios partícipe de los dolores de su Hijo, a fin de que, siendo más semejante a él, fuese más copioso el raudal de gracias en el seno de su espíritu.

A este respecto, su doctísimo biógrafo escribió: «Lo que de ordinario por muchos años le sucedía después de comulgar, era el sentir con tal vehemencia y compadecerse tanto de la Pasión de Cristo bien nuestro, que penetrada toda de intenso dolor, y conmovida interiormente, hacía tan notables extremos, que todos juzgaban era mal de corazón lo que padecía, pero el dicho doctor Timor (médico), conoció ser fuerza del espíritu y violencia de la fuerte emoción.»

Devotisima del santo e indulgenciado ejercicio del Vía-Crucis, desde que lo iniciaba, sentíase invadida por un mar de sufrimientos y amarguras que la martirizaban cruelmente. A veces, no pudiendo más, desplomábase sobre el suelo como muerta. La consideración de que Cristo, cordero sin mancilla, hubiese sido tan
inhumanamente tratado, era cuchillo de filo doble que le atravesaba el corazón. Cristo se le aparecía y, consolándola, recorría los pasos con ella, los pasos que recorren devotamente los hijos de Callosa, arrastrados por el ejemplo eficaz de su Venerable paisana.

Oigamos al Cronista: «Depone asimismo Fr. Antonio Giner, cómo habiendo empezado un día a andar estos divinos Pasos, al primero cayó al suelo, embestida de aquel íntimo dolor que le solía dar, y estando así llegó Cristo nuestro Redentor y la levantó, diciéndole: "Levántate, hija, que yo te acompañaré." Y pasando su Majestad delante con la cruz a cuestas, y ella detrás, siguiéndole, anduvieron todos los pasos.» (P. Antonio Panes.)

Enamorada de Cristo, con sobrenatural apasionamiento, enamoróse Cristo de ella, no ya sólo como a oveja inocente y pura, de su redil, como a oveja redimida con su sangre preciosa, como a hermana y amiga, sino como a Esposa entre mil almas escogida, llegando a celebrar con ella desposorios místicos rebosantes de soberanos y divinos misterios al modo que lo enseña San Juan de la Cruz y Fray Juan de los Ángeles, y tuvo realidad suprema e inefable en Santa Teresa, en Santa Catalina y en otras almas de singularísimo relieve espiritual. El matrimonio espiritual, como los Doctores Místicos enseñan, tiene por prerrogativa especial, entre otras, el hacer que sean comunes los bienes de los esposos, por lo que pasaron a ser de Juana Godoy los bienes de Cristo, y pasaron a ser de Cristo los bienes y los amores de Juana. Conjunción maravillosa de la criatura con el Creador, del alma redimida con Cristo Redentor.

Este grado supremo de la escala mística, no puede presumirse, sino que se ha de probar: es un don gratuito de Dios que sólo se otorga a los amicísimos. Pero hay testimonio de que la Venerable Juana escaló esta cumbre mística, a la que pocas almas suben. El P. Panes, autor de la Escala Mística, y prestigio de la ciencia mística española, ya en su decadencia escribió: «Fue en extremo recatada y honesta, y así es muy creíble lo que en una ocasión dijo a su Confesor, de los singulares favores que había recibido de Dios Nuestro Señor uno de los cuales fue celebrar con ella desposorios, tratándola de allí adelante cono a su esposa muy regalada, con gran caricia y notables muestras de amor.»

El fundamenta de un espíritu así, tan recio y tan velador de alas tan firmes y tan dilatadas, había de ser dinámico, o mejor, s¡se quiere, de una inocencia de vida y una pureza de corazón que envidiasen las palomas y emulasen los lirios del campo, viendo aventajadas sus excelencias en su hermanita Juana Godoy.
Esta reflexión nos la sugiere este pasaje del P. Antonio Panes, que dice así: «Esta verdad (el bien que se goza en la Patria celeste, por ella gozado en rapto sublime), hizo tanta fuerza en el tierno pecho de la inocente niña, que desde entonces empezó a hacer una vida de ángel en carne, y de que así lo fuese, es buen testimonio el de su confesor, el cual dice que de lo que de ella oyó y entendió, coligió dos cosas : la una, que guardó la virginal pureza toda su vida; y la otra, que jamás pecó gravemente sino que conservó entera y pura la ropa de la divina gracia, la cual resplandecía maravillosamente en su rostro, mostrándose en él una apacible y honesta alegría y unos reflejos de luz interior.»

Así vemos que el Camino de Perfección, trazado por la mano maestra de Santa Teresa de Jesús, contemporánea de nuestra Juana venerable, andúvolo ésta con veloz carrera, desde la más angélica infancia espiritual, hasta los dulcísimos abrazos del Esposo celeste, que compartió con ella sus tesoros infinitos, de amor, de sabiduría y de gloria.

(Continuará.)

[Nota biográfica del P. Juan Bta Gómis]

Pensamiento

Amado lector, la estrella sobrenatural de la fe que Dios encendió en el cielo de tu alma el día venturoso que te bautizaron, te guía incesantemente al Belén del Sagrario, donde está real y verdaderamente Jesús envuelto en los blancos pañales del pan de la Eucaristía. Ves allí tú a adorarle y a ofrecerle tus obras buenas, como fueron los Magos a la Gruta de Belén a adorar al Niño Dios y a ofrendarle sus dones.

Fr. Pacífico Torres