La Consagración Episcopal del Patriarca de Jerusalén
En la Iglesia del Colegio de San Antonio, de Roma, el día 27 de Diciembre tuvo lugar la Consagración episcopal de Mons. Alberto Gori, ofm. Patriarca electo de Jerusalén.
Fue consagrante el Cardenal Eugenio Tisserant, Secretario de la Sagrada Congregación por la Iglesia Oriental, y conconsagrantes Mons. Luis Teaglia, Arzobispo Titular de Cesarea de Palestina, Vicegerente de Roma, y Mons. Nuti, ofm, Obispo titular de Puplana.
Asistieron al Sagrado rito el Cardenal Nicolás Canal¡en calidad de Gran Maestro de la Orden del Santo Sepulcro con una gran representación de Caballeros de la misma orden; Monseñores Valer¡, Vanni, Cattan y Kedidjan; los representantes diplomáticos de Italia, Francia, Chile, Polonia. Portugal, Ecuador, Cuba, Haití, Argentina, Líbano. Egipto, Uruguay y Finlandia; el Rdmo. P. Pacífico Perantoni, Ministro General de los Frailes Menores con su Definitorio; el Delegado de la Custodia de Tierra Santa P. Zanela y todos los Comisarios de Tierra Santa de Italia; Mons. Bruning y Mons. Terzariol de la Congregación Oriental con otros varios Prelados y Procuradores de las Ordenes y Congregaciones Religiosas que tienen casas en Palestina y, finalmente, una larga representación de misioneros.
Le deseamos al nuevo Prelado, Patriarca de Jerusalén, copiosas bendiciones y brillantes éxitos en la digna misión que la Iglesia le ha confiado.
Fr. Juan José Baydal, ofm
La venerable Juana Godoya, Terciaria franciscana
1556-1622
La fortaleza y el decororon son sus atavíos; y sonreirá en el último día (Prov 31,25)
Discurso pronunciado por el P. Juan Bautista Gomis ante los Sres. Obispos de Orihuela y Muñoyerro, Obispo de Sigüenza, en el Congreso Eucarístico de Callosa de Segura.
LUCHA ESPIRITUAL
El Demonio es espíritu, ángel caído, pero fortísimo, sabio, ingenioso y envejecido en las intrigas para derrumbar a los amigos de Dios y seguidores de Cristo. Las grandes batallas, superiores a las que arman los hombres con un lujo de medios destructores que horripilan, trábanse entre los demonios y los siervos de Dios.
Juana Godoy, predilecta de Dios y de Cristo, a quienes amaba mucho más que a sí misma, peleó bizarramente, con ánimo valeroso y corazón esforzado, con el Infierno todo y contra Satanás hecho visible y constituido en verdugo cruel de la inocente virgen. «En la forma que más la solía atormentar el Demonio era en la de un horrible y deforme negro». Envidioso, como del paciente Job en tiempos antiguos, quiso derrumbarla de tan alta cumbre, pero fue vencido, como Job le venció.
Para que no tuviera asidero ninguno Satanás, redujo su cuerpo y sus pasiones a sujeción, de suerte que en nada n¡en tiempo ninguno se apartasen de la divina ley. Redújoles a servidumbre, a instrumentos de salvación, triunfo que la costó mucho, pues resiste a la Gracia nuestra naturaleza viciosa y descompuesta.
Escrito está: «Andaba continuamente cubierta de cilicios, uno de los cuales de cuatro dedos de ancho, con púas hacia adentro, aguzadas, que certifican los que le vieron ser de los más inhumanos que se podían inventar». «De este modo llegó a domar sus pasiones de tal manera, que parecía estar libre de ellas, según la paz y tranquilidad de su ánimo».
El amor de Dios tan sólo, y el amor al prójimo hacíanle romper el silencio santo, hablando entonces de cosas divinas «con mucha eficacia y espíritu, para lo cual tenía especialísimo don».
LA SIEMPRE TRIUNFADORA
S¡Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros podrá? Ciertamente nada n¡nadie. Pero esa es la incógnita terrible, saber con quién está Dios, porque mu has veces, como sabemos, el demonio se trasforma en ángel de luz siéndolo de oscuridad y no es oro todo lo que reluce. Pero sabemos, nos consta, que Dios estaba con nuestra venerable, que había hecho de su corazón tálamo nupcial, y que, por tanto, nada n¡nadie, interior n¡exterior, podría contra ella, sino que fue siempre y en todas las batallas, invicta. Triunfó valerosamente contra el Mundo, el Demonio y la Carne.
Para mejor asegurar sus triunfos y resistir los más furiosos ataques, refugióse en el castillo inexpugnable de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, castillo que albergó siempre soldados aguerridos de la Cristiandad, pues son incontables sus santos y sus hermanos en todo género de virtud y en todo género de excelsitudes humanas. En nuestra Patria lo fueron Santa Isabel, Princesa de Aragón y luego Reina de Portugal, e Isabel la Católica, denominada la Madre de España; así como San Fernando, Cervantes y Murillo.
No quiso ser menos la Virgen Godoya: «Aunque desde su niñez fue inclinada al rigor y aspereza, habiendo después tomado el hábito de la Tercera Orden, y profesado en manos de Fray Juan Giménez, siendo Custodio de la Provincia, adelantó mucho en los ejercicios de mortificación, como obligatorios del nuevo estado». (P. Antonio Panes.)
Así triunfó del Mundo, huyendo de él y guareciéndose en el arca de salvación de la Orden Tercera, sin necesidad de enclaustrarse, permaneciendo así más libre, y pudiendo favorecer y servir a los pobres y necesitados, como lo hacía con amor de caridad.
Contra el Demonio salió victoriosa, demostrando su fortaleza y el valor de su brazo, del brazo de su espíritu. «Armábase la Sierva de Dios con la señal de la Cruz, y así las vencía y ahuyentaba», trátase de las visiones diabólicas. «Así lo hizo en otra ocasión, que estando una tarde ocupada en su labor entraron los demonios en figura de unos grandes mastines que parece iban a despedazarla, pero santiguándose e invocando el Nombre de Jesús los arrojó de su presencia, confusos». (P. Panes.)
Con la señal del cristiano da señal de la Cruz), triunfaba del peor de los enemigos, del más astuto y perseverante. Se amortigua el hervor de la sangre, pero no mengua nunca el furor de Satanás.
Señoreó y dominó su propio cuerpo sujetándolo al espíritu, como es razón, y como nos enseña la filosofía y la piedad cristiana. Convirtió el cuerpo en instrumento del alma, y orientó el alma a Dios, norte y centro de sus aspiraciones todas y de todas sus ansias. Entre otros medios valióse del santo ayuno para imponerse a los desórdenes de la sensibilidad y del corazón. «Fue tan abstinente y templada -se nos dice con verdad que cas¡toda su vida fue un perpetuo ayuno a pan y agua, estrechándole más en la Cuaresma, y cuando le daban algún regalo, excusaba comerlo y lo mismo cualquier otro majar delicado». (P. Antonio Panes.)
En conclusión; victoriosa contra el Mundo, por haberlo espiritualmente abandonado; triunfadora contra Satanás y sus secuaces. por las virtudes internas de la Fe de la Esperanza y de la Caridad, expresadas externamente por la señal redentora de la Santa Cruz; y señora de sí misma, de su cuerpo, de su alma, de su corazón y de todas sus energías, ascendía de grado en grado y de amor en amor, al Dios de su espíritu, a su centro.
Por lo que «era común voz, que la Santa Juana Godoya -háblanos el místico y cronista P. Antonio Panes- iba siempre absorta en profunda oración, y que este santo ejercicio la habilitó para recibir extraordinarias misericordias del Señor, pues no hay otro modo más eficaz para llamar a las puertas del Cielo, que con fervientes golpes y afectos vives del corazón».
TRIUNFO EUCARÍSTICO
Preocupábase vivamente nuestra Venerable Juana por el bien espiritual de sus paisanos: por ellos trabajaba, por este día, tan grandiosa, tan concurrida, ellos pedía a Dios con gemidos inenarrables, a todos consolaba, recurriendo a los milagros s¡la necesidad lo requería. A una mujer pobre, que mucho amaba a nuestra Venerable y era por ella muy amada y favorecida, con sólo llamarla interiormente. para que la socorriera en sus grandes tribulaciones, se le aparecía de improviso, de repente, y con palabras de cariño amable, saludábala diciéndole: «-Hermana, ya vengo, ¿qué es lo que quieres?».
Ofendíase a Dios en Callosa, como en todos los pueblos se le ofende: pero Dios en su misericordia, quería salvar, corrigiéndolos primero, a los paisanos de Callosa. Mirábalos el Señor con mirada predilecta, en atención a los ruegos que por ella dirigíale su Esposa fidelísima. En especial, ofendíasele en una casa que sostenía para su negocio una tabla de juego. No faltaba en ella el vómito de la blasfemia.
Jesucristo, para darle a entender a su Esposa querida lo que sentía las ofensas que se le hacían en aquel lugar de perdición, en aquel blasfemadero apareciósele a su Sierva muy amada, «llagado de pies a cabeza, cubierto con una- ropa colorada. con una soga al cuello, coronado de espinas y lleno el rostro de cardenales». y acercándosele hablóle palabras doloridas diciendo: «-¡Mira. hija, cómo me tratan los hombres, especialmente los jugadores de la casa de Fulano»... Y viole nuestra Venerable, recorrer, así lastimado, y, cargado con la cruz la distancia que media desde la iglesia arciprestal hasta la iglesia del Convento de San Francisco.
Su padre espiritual, fray Jaime Coria, estudiado el caso con otros varones doctos y experimentados, predicó el caso en el domingo de carnaval, después de haberlo consultado con el Obispo de Orihuela, don Andrés Balaguer, de conformidad, al propio tiempo, con el Cura Párroco y demás sacerdotes con residencia en la población.
«Y así mismo se ordenó que se hiciese procesión solemne con el Santísimo Sacramento, desde la Parroquia al Convento, que fue el trecho que, según la Sierva ele Dios había andado nuestro Señor, descalzo y llagado». Ejecutóse todo con impresionante gravedad, fruto y devoción. El domingo de Carnaval convirtióse en domingo de Pasión.
Esta singular procesión eucarística, de reparación, de súplica, de acción de gracias, de fe, de amor y de glorificación, ¿no fue una profecía, un lejano anuncio de la que se había de hacer en tan enfervorizada y tan rebosante de amor? No sólo cuantos habitantes cuenta Callosa, herederos del espíritu eucarístico de su Madre espiritual la Venerable Godoya, se reúnen como entonces lo hicieron para glorificar y acompañar por calles y plazas a Jesús Sacramentado, sino que vienen a unirse con ellos sus hermanos desde lugares próximos y desde tierras lejanas. Porque aquí, donde se le ofendió, se le exaltó; mostróse aquí; aquí sentó sus reales; aquí vive, aquí reina, aquí domina.
Aquí, no por designio humano n¡por cálculo de los hombres, sino por designio de Dios, como el Obispo de Orihuela, don Andrés Balaguer ordenó que se celebrase aquella procesión de arrepentimiento y de amor, el Obispo actual, don José García Goldaraz, por divina inspiración ha ordenado que se celebre otra de glorificación y de amor, presagiada por aquella promesa. Es la que celebramos en este magno Congreso Eucarístico Diocesano el primero que se celebra en esta riente, religiosa y eucarística Provincia de Alicante.
SONRIE EN EL DíA NOVISIMO: CORONA DE MARTIRES SOBRE SU CABEZA; APLAUSO DE SU PUEBLO.
He calificado de riente a la soleada, florida y marítima Provincia de Alicante. Lo es de verdad y, ¿podría no serlo? Con tanta luz, tanto cielo azul, tanto más espejado y brillante, tantas y tan fructíferas huertas donde brotan todas las flores, y todos los frutos se multiplican prodigiosamente, donde hay tantas estrellas en su cielo, tantas avecillas canoras en las ramas de sus naranjos y sobre los pimpollos de sus almendros, y tantos pájaros vuelan gozosos, ¿podrá entristecerse y permanecer triste donde la mano de Dios se ha mostrado pródiga en ofrendar motivos de alegría? Y los tesoros provinciales, tan prodigiosos, hállanse concentrados en Callosa de Segura, donde naturaleza y artificio humano, materia y espíritu, se adunan y constituyen un solo ser, grato a los ojos de Dios y grato a los ojos de los hombres.
La Venerable Juana Godoya, tan austera y grave como benévola y sonriente, como su contemporánea Santa Teresa de Jesús, había de ser como su tierra, como la Provincia de Alicante, como la ciudad de Callosa, opulenta de espíritu gozoso, sonriente.
En su alma y en su cuerpo, en su corazón y en su cara, brotábale y se dibujaba una «apacible y honesta alegría». Su virginal pureza, «resplandecía maravillosamente en su rostro», que todos veían, bendiciendo a Dios, en su Sierva. De ahí la gracia de consolar a los tristes y a los afligidos, que tan eficaz y grande era en ella. Por eso era amada de Dios y de los hombres, y protegíanla los Santos del Cielo.
Hay testimonio: «Era así mismo —leemos—, muy favorecida la Sierva de Dios, de nuestro Padre San Francisco, San Buenaventura y otros cortesanos del Cielo; los cuales solían visitarla con frecuencia cuando estaba enferma, siendo esto notorio a muchas personas que lo supieron del Licenciado Avora y García, sus confesores». (P. Antonio Panes.)
Viviendo en la tierra vida celeste; sintiéndose amada de Dios y de sus Santos; elevada al estado supremo de Esposa mística de Cristo; teniendo los pies en el suelo y la cabeza en el Cielo, ¿cómo no había de ser y de vivir alegre como los pajarillos en las horas matinales de la Primavera, como era y vivía sonriente su Padre Seráfico San Francisco?
He aquí tina visión que nos demuestra una nota típica de la espiritualidad de nuestra Venerable Juana Godoya: «Habiéndole su Divina Majestad franqueado el Cielo (día de San Juan Bautista) y visto los coros de los Santos como está por su orden, vio al Precursor glorioso en un puesto muy eminente, en medio de todos, delante del Trono de la Santísima Trinidad, y aunque pudo colegir que aquel tan excelente lugar le competía por ser el mayor de los nacidos, con todo preguntó a su Ángel la causa de aquella tan sublime gloria que tenía el Bautista, y le respondió que aquel ensalzamiento se hacía comúnmente a todos los Santos en los días que se celebran sus fiestas, para que puestos en aquel lugar tan excelso pidiesen mercedes a Dios para sus especiales devotos». (P. Antonio Panes.)
Esta visión nos confirma en la nota gozosa (gozo cristiano), que distingue la espiritualidad de nuestra Venerable: en su infancia, fue arrebatada a los cielos donde se le franquearon los eternos alcázares y los jardines inmortales, y lo propio sucede, como acabamos de ver, en la edad madura de su ascensión espiritual.
Ella cumplió con su deber: santificóse constantemente hasta subir al ápice de la perfección y a la cumbre de la santidad; trabajó, afanóse, lloró y se penitenció ásperamente, para salvar a su prójimo, en especial a los hijos de Callosa de Segura, sus hermanitos más cercanos. ¿Qué más tuvo que hacer y no lo hizo? ¿Qué más pudo hacer? Nada: corrió los caminos todos de la vida espiritual, como el ciervo sediento corre los
caminos hasta llegar a la fuente de las aguas frescas y puras; guardó la fe; consumó la caridad.
¿Y nosotros? ¿Y Callosa de Segura? ¿Y la provincia de Alicante? ¿Y la Diócesis de Orihuela? Ha cumplido cada cual con el deber de honrar, de glorificar y de exaltar condignamente a uno de los frutos más sazonados, más amables y más dulces de su espiriualidad? Sencillamente creemos que no.
S¡nos hubiéramos empeñado todos. en el Cielo, un día al año, como nuestra Venerable nos ha revelado en la visión que hemos relatado, ocuparía ella el lugar eminente que ocupa San Juan Bautista, en su día, ante el Trono de la Beatísima Trinidad, aprovechando esa oportunidad singularísima para pedir y conseguir favores, y, gracias en beneficio de sus devotos, de Callosa, de la Provincia de Alicante, de la Diócesis de Orihuela. de toda España y de todo el Mundo necesitado.
Es la historia de siempre: España face sus hombres y los desface decían nuestros antiguos; face sus mujeres y las desface, añado yo. Cierto que la Curia Diocesana de Orihuela acometió la empresa del Proceso de Beatificación, por iniciativa e interés de su Obispo. Pero, por desidia y por incuria, olvidóse luego. Quizás no fue n¡por desidia n¡por incuria, sino por designio de Dios que reservó esa magna empresa para nuestro Venerable Obispo, sucesor de aquel otro que, pastor diligente y amante de sus ovejuelas, tanto estudió el caso de nuestra Venerable, tanto la ilustró y la defendió y tanto la exaltó.
He aquí el relato del hecho que ha de servir a todos nosotros, diocesanos y extradiocesanos, alicantinos o no alicantinos, hijos de Callosa de Segura o simplemente hijos de España, simples ciudadanos o personas constituidas en dignidad. Lo trae el grave y docto cronista P. Antonio Panes: «Con ser tan santo y prudente Prelado el Señor Obispo de Orihuela, Don Andrés Balaguer, habiendo ido en una ocasión a visitar a la Venerable Godoya estando enferma, acompañándole el Doctor Timor, cuando salió de verla le dijo: Grande santa tienen en este pueblo, y no la conocen; grande mujer es esta.»
Gran santa, mujer grande fue nuestra Venerable; lo proclamó quien la trataba y conocía bien; el eximio Prelado de la Diócesis, don Andrés Balaguer. Gran santa, mujer grande, mas añadió con melancolía paternal: pero no la conocen.
Ya lo veis, esta margarita preciosa ha estado escondida, pasmaos, siglos; pero, loado sea Dios, le ha llegado su hora, la hora presente que lo es de su glorificación. Queremos, lo quiere el Congreso Eucarístico Diocesano, que el Proceso de Beatificación iniciado a raíz de su muerte y olvidado luego por incuria de ¡os tiempos, sea incoado de nuevo y se lleve hasta el fin, queriéndolo Dios y la benignidad del Romano Pontífice.
En vida y después de haber fallecido, obró milagros de primera categoría: en el templo arciprestal, «estando el cadáver puesto en el féretro, mientras decían la Misa de cuerpo presente, al alzar la Hostia consagrada, abrió la difunta los ojos poniéndolos en elevación, como s¡estuviera viva, y después los volvió a cerrar».
Lo vio el Clero, lo vieron muchas personas «que estaban cerca y uniformemente lo afirman, se levantó gran emoción en la iglesia y todos, aclamando semejante prodigio, lloraban de alegría y consuelo teniéndose por dichosos en haberse hallado presentes al entierro de persona tan santa».
También nosotros, reunidos aquí, en este teatro de las maravillas de Dios, en Callosa de Segura, cuna de la Venerable Juana Ángela Godoy García, nos consideramos dichosos, proclamando sus virtudes heroicas y su santidad maravillosa, e inaugurando el período de su glorificación (tan felizmente iniciado en este Congreso Eucarístico), y que no se cerrará hasta conseguir, queriéndolo Dios, que brille sobre sus sienes virginales la aureola de los santos.
Piadosamente creemos que resplandece en los altares del Cielo, coronada con la corona de los mártires numerosos que Callosa de Segura envió a su paisana como tesoro de estrellas; pero deseamos, suplicamos y pedimos fervientemente, que también resplandezca en los altares de la Tierra, de nuestros templos, para gloria de Dios, honra de Jesucristo, decoro de la Virgen Madre, de la Iglesia Católica y de la Iglesia de España, tan fructífera siempre en flores y frutos de virtud y de santidad.
He dicho.
Fr. Juan Bautista Gomis, ofm
[Nota biográfica del P. Juan Bta Gómis]
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