Florecillas franciscanas del Santo retiro de Chelva

III. Albores seráficos

La aurora franciscana sonrió gozosa y alegre en el espléndido panorama de la gloriosa villa de Chelva.

Los que proyectaron esos esplendentes rayos de luz y de misterio fueron San Bernardino de Sena y el egregio prócer don Pedro Ladrón de Vilanova, vizconde de la indicada villa, que de una manera verdaderamente providencial se conocieron en tierras de Italia y decidieron de común acuerdo iluminar las tierras valencianas con los destellos de la ejemplar vida de los nuevos hijos de San Francisco, que con el nombre de Observantes principiaban a llenar de virtud y saber los anchos caminos y las ciudades y villas dé la gloriosa Italia.

Muy lejos estaba del pensamiento del gran propagador del Nombre de Jesús —San Bernardino de Sena— irradiar sus ardores observantes, dentro de la espiritualidad franciscana, por tierras de España. La Providencia, que todo lo dispone sabia y santamente, se encargó de preparar los acontecimientos para que todo su anhelo y noble afán de dar a conocer a las gentes el espíritu de San Francisco en su auténtica realidad, se tradujera en hechos palpables y visibles. Para ello le puso en su camino y en su continuo peregrinar por tierras italianas la figura extraordinaria del distinguido y valeroso soldado español que en la Corte de Nápoles del Rey prestaba sus nobles servicios en defensa de los derechos de España.

La aurora que desenvolvió sus fúlgidos cabellos de esperanzadoras jovialidades por tierras de Italia tenía que irradiar destellos en las mismas tierras de España, que en un bello paraje dé la florida Valencia cantaban el poema de la belleza y de las linfas cristalinas entre gorjeos de lindos cantares y entre madrigales de eminente virtud.

No tardaron los dos eminentes personajes en ponerse de acuerdo y trazar el plan para que cuanto antes lo que había principiado por ser benéfica aurora que anunciaba con sus fulgores al sol de la santidad franciscana por tierras de España, pronto derramara sus cálidos y ardorosos besos de fuego divino y de maravillosos destellos de santidad allí donde tenía que levantarse el primer convento de la Observancia por tierras españolas.

!La aurora riente y jubilosa enviaba sus primeros besos de luz sobre la bella ciudad de Aquila. Aquel día, como si nuevos atavares tuvieran el hechizo de abrir panoramas de ensueños y de idilios seráficos, principió bordando una viñeta de candor franciscana en los magníficos telares del cielo azul y de la esponjosa tierra, que había amasado con el sudor y el aliento de los nuevos sembradores la siembra seráfica de verdadero espíritu totalmente franciscano, que tantas flores de santidad habría de producir en España. San Bernardino de Sena, acompañado del noble vizconde de Chelva, despedía a cinco de sus más caros y ejemplares religiosos para que llevaran el buen olor de Cristo por tierras de España. Eran cinco... No podían ser ni más ni menos... Como cinco fuentes de santidad brotadas de las cinco llagas del cuerpo transverberado del P. San Francisco, a quien Bernardino pretendía copiar al vivo... Como cinco fanales de luz brotados de las cinco letras del famoso monograma del Nombre de Jesús, del que tan entusiasta propagador se convirtió el nuevo Padre fundador de la Observancia... Como cinco evangelizadores que tenían que difundir por toda España los vivos ejemplos de su Santo Padre en memoria de las cinco partes del mundo, que se sentirían abrasadas con las llamas de sus futuros hijos...

Los cinco religiosos, postrados en el suelo, recibieron la bendición, que generosa y franciscanamente les brindara el que en divina intuición veía ya en lontananza las doradas mieses en los pensiles de las tierras valencianas, que ellos y otros muchos más segarían entre cantares de júbilo en las dilatadas tierras de la vida hispánica. Con la fortaleza divina de la cruz por escudo salieron de aquellas tierras italianas los cinco religiosos, que acompañados por el noble soldado de los ejércitos del Rey de Nápoles el vizconde de Chelva, se dirigieron a Valencia para levantar en una de sus más pintorescas poblaciones el primer convento de la Observancia en tierras españolas.

El peregrinar por tierras de Italia y por las de España fue, en toda clase de cosas milagrosas, fecundo y pletórico. El Señor les acompañaba, y su providencia adorable sembró de hechos y de acontecimientos extraordinarios las dilatadas y largas sendas que tuvieron que recorrer. Más de una vez aquel noble vizconde, que tantas maravillas de santidad contemplara con ojos estupefactos y atónitos mientras estuvo en compañía de San Bernardino, se creyó que todavía permanecía al lado de aquel taumaturgo italiano, ya que sus cinco compañeros que con él se dirigían hacia Chelva eran la expresión genuina de su elevado espíritu franciscano y el prototipo de la más encumbrada y extraordinaria santidad que había contemplado en su vida.

Tenía motivos para pensar de esa manera. Todo el largo viaje, tanto por tierras de Italia como por las de España, fue un recorrido de hechos milagrosos y de extraordinarios y peregrinos acontecimientos que le confirmaron en la santa opinión que había formado del gran Santo de Sena y de sus numerosos discípulos, que iban sembrando el' buen olor de Cristo por donde pasaban.

Cerca ya de Chelva, en un agreste paraje, el vizconde, que iba montado en un brioso corcel, mientras los cinco religiosos iban peregrinando a corta distancia de tan distinguido caballero, el cielo principió a cubrirse de nubes. En un momento el manto azul de los cielos apareció totalmente cubierto de tétricos nubarrones. La lluvia torrencial se presagiaba. Unos rayos cruzaron el espacio, y el ruido seco y aterrador del trueno siguió inmediatamente. Fue aquel rayo el primero de una larga serie. La tempestad rugía violenta. El corcel en el que iba montado el vizconde se encabritó. Furioso iba a despeñarse, mientras los relámpagos y los truenos tejían una funesta y macabra sinfonía.

De pronto uno de los cinco religiosos que se llamaba Fr. Bernardo y hacía las veces de Superior, en medio de aquella lluvia de agua, rayos, truenos y el brioso relinchar del corcel y el pánico cerval del vizconde aterrado, que casi perdió la razón ante aquel hecho aterrador, se postra en el suelo y con voz poderosa apostrofa a la tempestad y le dice: «Hermana tempestad: yo te lo mando. En nombre de nuestro P. Bernardino cesa inmediatamente y déjanos el paso libre para que, lleguemos sanos, sanos y secos, al lugar de nuestro destino.» Ante aquella voz poderosa la tempestad cede y en unos minutos se despeja el cielo, las nubes desaparecen, amanece de nuevo el sol sonriente y, ante los destellos y los alegres albores del hermano sol, llegaron a Chelva, en donde tenía que levantarse el primer convento de la Observancia en España.

El vizconde, el corcel y los religiosos habían sido testigos del hecho milagroso que acababan de contemplar.
Los albores seráficos en Chelva habían escrito el primer canto del poema franciscano de la Observancia Regular.

Fr. Bernardino Rubert, ofm

Noticias


Visita a los conventos de Argentina
El día 27 del pasado noviembre el P. José Antonio Arnau, Ministro Provincial de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón, partió del puerto de Barcelona, a bordo del vapor «Cabo de Hornos», con rumbo a la República Argentina, para visitar los conventos que tiene allí nuestra Seráfica Provincia.

La Acción Antoniana desea que su viaje sea feliz y portador de Paz y Bien a nuestros hermanos residentes en aquella tierra.

Ordenes sagradas en Teruel
El día 7 de octubre del año actual fueron ordenados diáconos por Fr. León Villuendas Polo, ofm, Obispo de Teruel, los teólogos franciscanos de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón Fr. Esteban Varó Garrido, Fr. Raimundo Domínguez Ferrer, Fr. Antonio Álvarez Tomás y Fr. Pablo Ares González. Les felicitamos de corazón.

Profesión solemne
Profesaron solemnemente en Teruel, en manos de nuestro P. Provincial Fr. José Antonio Arnau, el día 10 del pasado octubre, los estudiantes franciscanos de Teología Fr. José R. Palací Garrido, Fr. Pascual Montaner Gregori, Fr. Fermín Gregori Pardo, Fr. Andrés Lahera Remón, Fr. Salustiano Vicedo Vicedo y Fr. José Martínez Bonavida. Reciban nuestra enhorabuena.

A Roma
Marchó en el pasado septiembre a consagrarse a los estudios bíblicos, para en su día incorporarse al Instituto bíblico de China, Fr. Gaspar Han, diácono, quien, una vez llegado al término canónico, emitió el día 8 de noviembre en la Ciudad Eterna los votos solemnes y el día 11 fue ordenado de sacerdote. Dios que le colme de gracias.

A Salamanca
El P. Tomás Burgos, de la Seráfica Provincia de Valencia y Aragón, se ha incorporado a la Universidad Pontificia de dicha ciudad para estudiar Literatura y Lenguas clásicas.

Asimismo los coristas Fr. Buenaventura Oltra y Fr. Joaquín Beltrán continúan sus estudios de Teología en aquella Universidad con el fin de conseguir grados académicos.

En Zaragoza
El P. Juan Doménech ha empezado en la Universidad de Zaragoza los estudios superiores en Ciencias Físico-Químicas.

Cursillos
Terminaron sus pruebas, consiguiendo el correspondiente diploma de aptitud, los siguientes religiosos franciscanos:

Dios bendiga sus actividades.

Tuvieron feliz viaje
Los tres misioneros de ten Seráfica Provincia de Valencia y Aragón que el día 5 del pasado septiembre partieron del puerto de Barcelona a bordo del Cabo Buena Esperanza con rumbo a la República Argentina, tuvieron, feliz viaje.

Estos tres misioneros, como saben ya nuestros lectores, son Fr. Julián Gómez Torrija, Fr. Jerónimo Gómez Sarrió y Fr. Buenaventura Aracil Juan.

Un agricultor reparte una finca entre cien campesinos
Montiel (Ciudad Real), 24 de julio. — Van a ser repartidas próximamente mil fanegas de tierra de la finca «Camilo»), que cedió el agricultor y ganadero don Samuel Flores en inmejorables condiciones para los campesinos más modestos. La parcelación beneficiará a cien campesinos de Montiel, Albaladejo y Villanueva de la Fuente, en cuyos términos está enclavada la finca. ¡Que tenga muchos imitadores!

P. Bonaventura MeseguerIn memoriam

P. Bonaventura Meseguer Ortells

En Santo Espíritu del Monte el día 25 de octubre de 1&56 falleció el Rdo. P. Buenaventura Meseguer Ortells, natural de Villarreal, a los setenta años de edad, cuarenta y cinco de sacerdote y cincuenta y tres de vida religiosa. Religioso de buen espíritu y trato afable, fue destinado por los Superiores a ocupar varios cargos, tanto en la Provincia como en 1a Comisaría de San Antonio, en la República Argentina, donde, además del cargo de Delegado Provincial para dichas casas, fue nombrado también Comisario Visitador de la Provincia del Plata. Profesor en los Colegios de la Provincia, Guardián y Maestro de novicios y Definidor.

R. I. P. Amén.—

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