Índice del número 80

Febrero de 1927. Año 8º. Director: Fr. Francisco Lloréns, ofm

Carta de los Prelados Terciarios Franciscanos

españoles a sus fieles y a los fieles de la Tercera Orden, en el VII Centenario del Tránsito del Seráfico Padre San Francisco a la Gloria.

(Conclusión)

Su estancia en Egipto y Palestina y su convivencia con los cruzados españoles, la manera de batirse y de morir aquellos bravos compatriotas nuestros le hicieron, al decir de uno de sus más autorizados biógrafos, el Beato Tomás de Celano, admirar el carácter español. Sintió entonces, sin duda, vivas ansias de conocer nuestra Patria, y aquí vino, y aquí aquel Santo tullo seráfico in a/dore, al decir del Dante, se dio en ternuras, en prodigios y en delicadezas al corazón español.

Su carácter se hermanaba maravillosamente con el de nuestra Patria, y así, en uno y otro el espíritu caballeresco, el hambre del ideal, el sentirse «Heraldo del Gran Rey», la santa jovialidad que sonríe enflores de sacrificio e inmolación, el afán insaciable del proselitismo del bien, por bondad propia, sin miras egoístas... se sellaron en amoroso abrazo y se anudaron con el cordón franciscano. España entera se dio a San Francisco, y del siglo XIII acá, las páginas más bellas de nuestra Historia van orladas, como en marco glorioso, de ese mismo cordón.

Granada, América, Lepanto, Argel, la Invencible, Palestina, el Mogreb, la Independencia, son epopeyas españolas y a la vez franciscanas. Raimundo Lulio, Isabel la Católica, Colón, Cisneros, Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo, Pedro de Alcántara, Pascual Bailón, Sor María de Jesús, Juan de los Ángeles, Antonio de Guevara, Murillo, Beatriz Galindo, Balmes, Donoso, Aparisi, Verdaguer... y cien mil más, son nombres de gloria en la Historia española y lo son también en la franciscana.

El franciscanismo consiguió infiltrarse de tal manera en la vida española, que los Terciarios madrileños llegaron al número de setenta mil (Sol Seráfico, Cádiz, 1728). El mismo Trono se inclinó ante el humilde sayal franciscano: «En nuestra España todos sus católicos monarcas han sido siempre devotos hijos de nuestro glorioso Padre y Patriarca San Francisco, como lo publican los dichos y hechos, entre otras católicas majestades, las de los invictos Reyes Felipe III, Felipe IV y Carlos II, cuya Soberanía se dignaba siempre que se hablaba o trataba de San Francisco, llamarle su Padre, preciándose muy mucho de darle el título de Padre suyo, por hijo de su Tercera Orden, a que añadieron los Señores Felipe III y Enrique III la heroica y devota acción de orlar sus Reales Armas con el cordón de su seráfica y penitente Orden, cuya devoción heredaron de sus gloriosos progenitores; pues en estos catolicísimos Reinos desde el año 1230, en que reinaba nuestro Santo Rey San Fernando, hasta el de 1700, no sólo todos sus Reyes y Reinas fueron hijos de San Francisco en su Tercera Orden, sino también todos los Príncipes, Infantes y Real Familia lo fueron» (Sol Seráfico, págs. 116-117). Este dato se escribía en 1728.

Más aún. Expresión elocuente de esta devoción de nuestros Reves hacia la Orden de San Francisco la encontramos en que fueron ellos quienes honraron al General de la Orden con la Grandeza de España; quienes pusieron bajo su Real Patronato la casa en que nació San Francisco en Asís; quienes consiguieron de la Santa Sede un régimen singular de gobierno, por el cual la Familia Franciscano-española está gobernada por un Vicario General, que hace las veces del General en el territorio de España y sus dominios. Nuestro mismo augusto Monarca Don Alfonso XIII (q. D. g.) ha dado señaladas pruebas de singular amor a las Ordenes Franciscanas, y no es la menor entre ellas la de haber aceptado, juntamente con su augusta esposa (q. D. g.), la Presidencia de honor de la Junta Nacional encargada de organizar las fiestas del VII Centenario del Tránsito al cielo de San Francisco.

Por todo ello, amados Hijos y queridos Hermanos en el Seráfico Patriarca, católicos españoles e hijos de la Venerable Orden Tercera de San Francisco, a vosotros nos dirigimos en ansias de que estas fiestas centenarias revistan singular solemnidad y singular piedad. La Junta Nacional, a que acabamos de aludir, ha organizado ya su programa, que lleva nuestra aprobación.

Del 2 de Agosto de 1926, festividad de la Porciúncula, al 4 de Octubre de 1927, han de celebrarse en España solemnes fiestas franciscanas. Cooperad, por cuantos medios os indique vuestro celo, a su mayor éxito. Sobre todo, extended, difundid la Venerable Orden Tercera Franciscana por todas partes; abrazadla con amor, inscribios en esa gloriosa Milicia, secundando los deseos del Supremo Pontífice, y así «la paz y el bien» de este Mensaje franciscano serán un eco fiel del saludo de San Francisco.

¡Paz y bien que de corazón deseamos siempre a la Patria española, a nuestros augustos Reyes, a nuestro Gobierno y a nuestro Pueblo, pero singularmente en este Año Santo Franciscano!

Fiesta del Seráfico Padre San Francisco, 4 de Octubre, año de 1920.

Enrique., Card. Reig y Casañova, Arz. de Toledo.
Vicente, Card. Casanova Marzal, Arzobispo de Granada.
Federico, Arzobispo de Lepanto, Nuncio Apostólico.
Prudencio, Arzobispo de Valencia.
Remigio, Arzobispo de Valladolid.
Julián, Arzobispo de Santiago.
Vicente, Obispo de Cartagena.
Juan, Obispo de Menorca.
Juan, Obispo de Teruel y Administrador Apostólico de Albarracín.
Juan José, Obispo de Mondoñedo.
Fray Luis, Obispo de Segorbe.
José, Obispo de Barcelona.
Adolfo, Obispo de Córdoba.
Manuel, Obispo de Jaén.
Antonio, Obispo de Zamora.
José, Obispo de León.
Angel, Obispo de Guadix-Baza.
Antonio, Obispo de Astorga.
Juan, Obispo de Santander.
Leopoldo, Obispo de Madrid-Alcalá.
Juan, Obispo de Oviedo.
Manuel Mª, Obispo de Tuy.
Manuel, Obispo de Málaga .
Eustaquio, Obispo de Sigiienza.
Fr. Plácido Angel, Obispo de Lugo.
Emilio, Obispo tit. de Antedón, Admor. Ap.° de Barbastro.
Mateo, Obispo de Pamplona.
Gabriel, Obispo de Mallorca.
Marcial, Obispo de Cádiz, A. A. de Ceuta.
Ramona Obispo de Badajoz.
Florencio, Obispo de Orense.
Narciso, Obispo de Dora, Prior de las cuatro Ordenes militares.
Silverio, Obispo A. A. de Ciudad Rodrigo.
Agustín, Obispo de Palencia.
José, Obispo de Gerona.
Fr. José Mª, Obispo titular de Gallípoli, V. A. de Marruecos.

Cultura religiosa

Vida de San Francisco

Pasemos por alto la infancia y niñez de Francisco de Asís, y parémonos a contemplar su encantadora juventud: juventud alegre, expansiva, honesta, llena de fecundas enseñanzas para los jóvenes de todas las clases.

Educado Francisco por su santa madre en la fe y temor de Dios, en la honestidad y pureza de costumbres, crece y se desarrolla al abrigo del hogar doméstico, siendo el encanto y esperanza de sus afortunados padres. Juntamente con la instrucción religiosa, recibe los principios de una cultura general en una de las iglesias de Asís, como ocurría en la Edad Media, en que los templos eran casas de Dios a la vez que escuelas y centros de enseñanza. Por su capacidad intelectual y por sus propias aficiones, pudo seguir la carrera de los estudios; pero su padre, rico comerciante de Asís, prefiere dedicarlo al comercio, para que fuese el sucesor y heredero de sus pingües negocios mercantiles.

Francisco, sin embargo, piensa más en diversiones honestas que en negocios y ganancias terrenas. Ama los vestidos elegantes y preciosos, los banquetes abundantes, las fiestas romancescas, las diversiones alegres con sus compañeros, quienes en todos sus pasatiempos juveniles cuentan con él, llamándole el rey de sus fiestas y la flor de los jóvenes de su pueblo. Mas en medio de estas fiestas y pasatiempos callejeros, y a pesar de la depravación moral de aquella época, Francisco se conserva siempre puro, honesto, inmaculado, sin mancillar jamás su alma con el feo vicio de la impureza. Su espíritu noble y elevado le retrae de toda palabra deshonesta y de todo acto impuro, y hasta hace propósito firme, como nos dicen sus biógrafos, de no responder nunca a los que se atrevan a hablar en su presencia de cosas torpes o menos puras.

Lección hermosa que daba a los jóvenes de su época, como también a todos los jóvenes de nuestros tiempos, enseñándoles con su ejemplo, que pueden ser alegres, expansivos, amantes de fiestas y diversiones, sin que para ello tengan que ofender nunca la pureza y honestidad, ni en palabras ni en obras.

Lo que atraía con mayor fuerza a nuestro Santo joven, eran las aventuras caballerescas y las glorias militares; y en aquella época, de incesantes luchas, soñaba con marchas triunfales, con banderas desplegadas, con hechos heroicos.

Bien pronto se le presentó ocasión propicia para manifestar públicamente su valor y el ansia que sentía de ser tenido por hombre de armas. Había entrado Asís en lucha encarnizada contra su rival Perusa; y Francisco, que, según frase de su primer biógrafo Tomás de Celano, era pródigo y enemigo de vilezas, animado de generoso patriotismo, luchó denodadamente en contra de los enemigos de la independencia de su patria chica. Perdieron los de Asís, después de porfiada lucha, y Francisco cayó prisionero de los poderosos perusinos, siendo conducido a las cárceles de Perusa con otros nobles.

Y si antes había sido Francisco modelo de jóvenes, en medio de sus diversiones y pasatiempos, si acababa de ser ejemplar de soldados valientes, es ahora modelo de prisioneros, sufriendo con resignación las penalidades de la cárcel.

Nos refieren los primeros biógrafos de nuestro Santo, que no sólo conservó su buen humor en la oscura prisión, sino que hasta se convirtió en apóstol, infundiendo alientos y esperanzas en el decaído ánimo de sus compañeros de infortunio. Y como uno de ellos se burlase de otro prisionero, hasta el punto de que los demás le negasen el saludo, Francisco fue el único que continuó tratándolo con afecto, exhortando a los otros a que lo perdonasen y tuviesen por amigo.

Rasgos eran éstos que revelaban a las claras el carácter siempre jovial y alegre de nuestro santo joven, al mismo tiempo que la nobleza y magnanimidad de su cristiano corazón.

Ahí tenéis retratado, a grandes rasgos, a Francisco en esos distintos episodios de los primeros 22 años de su vida. Estudios, negocios comerciales, diversiones, fiestas, alegrías, contratiempos, aficiones militares, luchas, guerras, pérdida de la libertad en una cárcel oscura ¿No es el marco dentro del cual se desenvuelve la vida de casi todos los jóvenes?

Y ¡cuántos de éstos no perecen y naufragan al chocar contra alguno de' esos escollos del mar de nuestra vida!

Francisco los sortea todos felizmente. Y va en los asuntos de su casa, va en la elección de carrera, va en las diversiones y pasatiempos, ya en las luchas con los "enemigos de su patria, va, en fin, en las penalidades de la prisión, se conserva siempre ecuánime, resignado, expansivo, alegre, caritativo, sin perder nunca la serenidad, sin extralimitarse nunca, sin perder jamás la gracia divina.

Mírense los jóvenes todos en este espejo de virtud y santidad, y aprendan a dominarse y salir siempre victoriosos contra los ataques de las pasiones desordenadas.

Fr. Juan Bta. Botet, ofm

Portada

De mi diario

Yo guardo mis recuerdos para un amigo anciano
que tal vez me los pida al borde del camino;
tendrá los labios fríos, le temblará la mano,
sobre mi ruta loca se alzará su destino.

Y al abrazarnos mudos en nuestra despedida
yo le brindaré el libro de mi incierto vagar,
y él quedará evocando los pasos de mi vida
cual se evoca al hermano que ya no ha de tornar.

Y buscará en mis ansias remedio a su carcoma;
¡que mis ansias le ofrezcan espejos de ilusión,
que en mis trazos aspire un encantado aroma,
que sean mis cadencias para su corazón

un gotear diáfano de notas cristalinas
sobre el cauce reseco de su lento vivir,
un resbalar suave de emociones prístinas
renovando su ritmo a! tiempo de morir.

José Corts.
Ex colegial de Onteniente.

¡Creo!

Creo en Ti, Jesús mío. ¡Qué dulzura
siente mi corazón al confesarte!
¡Es tan dulce creer! ¡Poder llamarte!
¡Esperar confiada en tu ternura!

Ya sé que no merece mi alma impura
la dicha sin igual de contemplarte;
mas Tú lo mereciste al entregarte
para sufrir por mí tanta amargura.

Creo en tu amor, Bien mío. Nadie intente
tu imagen fiel borrar de mi memoria.
¿No te entregas a mí constantemente?

¿No conquistaste para mí la gloria?
¿Cómo podré dudar de lo que veo?
Creo en tu amor, Bien mío. ¡Creo!¡Creo!

Pepita Hernández Alfonso.

La Traca

¿Qué fa la gent que s' apinya
per el Mercat a la llarga?
¿Quín es l' asunt que congrega
en tant de goig i algasara
a la festera, nallosa
¡ alegre gent valenciana?
L' asunt es molt ¡nocent,
es que cremen una traca
en honor de San Vicént,
i per oir cóm esclata
una traca llarga o curta,
hi ha en esta térra qui s'alsa
del llit i s' en va déu llegües
sinse parar pata a pata.
¿I una traca, total, qué es?,
dirá algú;—¡vaja una gracia!
Cuatre tróns i un rebombori
de crits per aon ella pasa,
y pare usté de contar.
Dispénsem el que així parla,
que li diga yo en franquea
que den tindre sane de horjata,
0 no será de Valencia...
Senyores, pa mí la traca
es la historia sempre viva
de la regió valenciana,
qu' en un llenguaje especial
i lacónic mos relata
les glories que conquistaren
els filis d' esta térra hidalga,
ya per les Arts i les Lletres
com per la guerrera espasa
i per les virtuts que inspira
la fe que venera i guarda.
Per lo menys yo ho crec aixina;
sols puc dir lo que a mí em pasa:
apenes a oir comense
els primers tróns de la traca,
a la llum dels esclafits
i entre 'l fum, veig qu' es destaca
la epopeya saguntina,
aquell fet que sòls s'iguala
en el que después copiaren
els fills heròics de Numancia.
¡Trequetec pum! i al instant
asoma el Cid, que batalla
contra la fiera morisma,
de nostra tèrra alluntantla.
¡Pim,pom, tracapúm! D. Jaume
que conquista a esta sultana
adormida entre els perfums
qu' este paraís exhala.
¡Trequetec! L' Espanyoleto,
Juan de Joanes y Ribalta,
i ingénis de la pintura,
que conquisten gloria i fama.
Ara, en un tro algo més grós
que de cuant en cuant estalla,
apareix Calixt Tercer,
un valenciá que fon Papa.
i Aleixandre, el seu nebot,
que també cenyí tiara.
¡Trequepúm! Es Lluis Vives,
que fon sabio de vara alta,
pues a hómens de gran saber
el seu saber asombraba.
¡Pim! Beuter. ¡Pum! Teixidor,
i Escolano els acompanya:
tres historiadors famosos
de la terreta estimada.
¡Trequepúm!, de un tronaor
d' aon ixen llums de bengala,
apareix Mosén Febrer
que inspirades tróbes canta,
i Ausies March, que al mon admira
en sa llira ben templada.
Un tro grós: el Palleter,
que enarbolant una canya
en sa faixa per bandera,
guérra a Bonapart declara.
1 així seguint d' este módo
veig yo, cuant crema una traca
els fets heróics i gloriosos
que han donat renóm i fama
a esta Valencia volguda,
a esta térra idolatrada.
Pero es més, el romuage,
el triquitrac que no para
mentres que la traca dura:
es la Tradicíó que parla
de totes aquelles coses
que formen la gica Patria,
com son els Furs gloriosísims
que llibertat mos donaba;
el Tribunal de les Aigües,
la emblanquinada barraca
sombrejá per la figuera
i la espesa i vérda parra;
la llauradora gentil
que púa, que agrana i canta
fent enveja al mateix sól
els dos sóls que dú en la cara
la correguda de jóyes,
aon el galán lluita i guanya
la presea que li porta
en triunfo a la novia amada;
el llaurador que despenja
el trabuc cuant gent extranva
en esta térra ha intentat
asentar la seua planta;
i el piular del teulaí
que fa el niu en la teulada
de la ya antiga alquería;
i les albaes que canta
el amant enamorat;
i el tabalet i donsaina,
i les grupes, i els jagants,
i de San Jusép la falla,
i la Dególla, i les roques,
les prosesóns de huitava,
i els altars per ais Milacres,
i el carranc i la cigala,
i les campanes alegres,
i en fí, tot lo que mos parla
d' este ¡ardí perfumat
qu' el Turia incansable tianya.
A estil de cinematógrafo,
tot per davant de mí pasa,
entre 'ls tróns i els esclafits
cuant se dispara una traca.
I al final els tróns més grósos
me recórden qu' esta patria
deis valencians tan volguda,
té filis de alcurnia més alta,
que per les seues virtuts
han lograt etérna fama,
i entr' élls veig a San Lloréns,
a Bernat, María i Gracia,
Pere Pascual, Basilisa,
els cuals lograren la palma
del mártir, i Justiniá,
Isabel, Bórja, Anastasia,
Eutropi, Just, Lluis Beltrá,
i els de graduació més baixa
com Factor, Bono i Xofré.;
Tots al final de la traca
van desfilant tots gloriosos
ostentant corona i palma;
i seguix la canterella,
el tro més grós de la traca,
i en cuant no mes esclafix,
ple de majestat i gracia,
apáreix Vicént Ferrer,
el ángel de forma humana,
el apóstol, el portent,
el Sant, en una paraula,
que realisá més prodigis
i el que salvá tanta ánima
per mig d' aquella trompeta
qu' en valenciá a tots parlaba.
Después de lo dit, qu'em diguen
si no té gracia la traca.