Índice del número 150

Julio de 1933. Año 14. Director: Fr. Manuel Balaguer, ofm

Cuando se persigue al Viático...

Hace 1900 años Jesús invitó a la mesa a los doce Apóstoles. Había atardecido en Jerusalén El Maestro entró en "una pieza grande, bien amueblada", a tomar con sus discípulos el Cordero Pascual. Estaba cercana ya la fecha de su muerte. Acabada la cena, cogió el pan, dio las gracias, lo partió y lo distribuyó entre los Apóstoles, diciendo: "Este es mi Cuerpo, el cual se da por vosotros; haced esto en memoria mía." Luego, tomó el cáliz, y dijo: "Bebed todos de él, porque esta es mi Sangre, que será el sello del Nuevo Testamento, la cual será derramada por muchos para remisión de los pecados."

Aquella noche, ahora diecinueve veces centenaria, quedó instituida la Eucaristía. Dos testamentos hizo el Salvador en beneficio de la Humanidad antes de dar por ella su vida. Nos dio perpetuamente ¡su Cuerpo bajo las especies de pan. Nos dio desde la Cruz a su Santísima Madre por Madre nuestra.

Aquel milagro de hacerse Dios manjar de los hombres se ha repetido y se repetirá a través de los siglos. Promesa cierta, relación estrecha entre el Criador y la criatura. La Eucaristía es la presencia de Cristo en la tierra, es la más firme realidad de la Iglesia, el sostén de su vida y la base de toda la piedad, cristiana. Es el más grande de los Sacramentos, porque representa la comunicación de Dios con el hombre. Le anuncia la Aurora en la Primera Comunión y le conforta en el momento terrible de la muerte.

La devoción eucarística es la más fuerte de todas, desde los primeros tiempos del Cristianismo. Es la esencia del santo sacrificio de la Misa, de la adoración a Dios en los templos, del culto cristiano en suma. En las catacumbas de Rama los primeros cristianos recibían con hondo fervor el Cuerpo de Jesús, horas antes de su martirio. Creyentes que tenían que ocultar su devoción del encono cruel de sus perseguidores.

La historia universal está llena de páginas eucarísticas sublimes, de prodigios, de hechos gloriosos. Pero acaso es España, entre todas las naciones, la primera en su amor a la Eucaristía. Confortados con este Sacramento fueron nuestros mayores a morir frente a la morisma. Después de comulgar en Palos, se lanzaba Colón al descubrimiento de América. Y era también el espectáculo de nuestros reyes y príncipes adorando a Jesús Sacramentado. Fue España unjo de los primeros países del mundo que proclamó la fiesta eucarística del Corpus como fiesta nacional. En el siglo xiv, el Rey Alfonso V el Magnánimo, llevaba una vara del palio en la naciente procesión, y, poco más de un siglo después, el Emperador Carlos V asistía al Corpus de Barcelona.

Fueron nuestros santos y maestros religiosos, fue nuestra literatura, nuestro arte y principalmente nuestro pueblo. Negar la devoción eucarística de España es despojarla de las más gloriosas figuras de sus ascetas, como San Pascual y Santa Teresa. Nuestra literatura está enriquecida con un género único en el mundo, de inestimable valor, que tiene su origen en el fervor del pueblo por la Eucaristía, el auto sacramental. Una de las más grandes floraciones del Arte español es la maravillosa orfebrería que crea las custodias, y los primeros oros traídos del Nuevo Mundo sirven de ofrenda a Jesús Sacramentado en manos de artistas inmortales, como los Arfe.

La variedad más rica del folklore español es, precisamente, la eucarística. Y no sólo en sus grandes manifestaciones procesionales, acompañadas siempre de explosiones populares de entusiasmo y de notas pintorescas, como los pregones anunciadores del Corpus, las tarascas, los gigantones y gigantillas... Esta devoción llena la vida apacible de la aldea y los momentos más jubilosos del hogar. Perdura todavía en muchos pueblos españoles la vieja costumbre campesina de ofrecer a Jesús Sacramentado el primer racimo que produce la viña, con tanto trabajo cultivada, y la primera espiga que se dora en la mies. El niño balbuce sus primeras palabras, al dormirse en la cuna, con el Alabado sea el Señor Sacramentado, primera oración que le enseña su madre. Y es grande acontecimiento en el hogar la primera vez que el hijo se acerca al comulgatorio.

Por triste coincidencia, este glorioso Centenario, que tantas grandezas españolas evoca, se conmemora cuando una odiosa disposición prohíbe de hecho en nuestro país el paso del Viático por la calle, con ultraje para la Majestad del Señor. Pero no se borra por un acuerdo sectario la fe eucarística de un pueblo que la tiene incrustada en el corazón de su historia. Pasará el fugaz período de persecución y tiranía. Y quedará perenne este Sacramento del Amor de Jesús, que, a través de los diecinueve siglos de su existencia, recuerda sin cesar la divina promesa: "Estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos."

Cruz en el AlvernaCruz conmemorativa en el Monte Alverna

Para conmemorar el año 1933, decimonono centenario de la muerte de nuestro Redentor, el terciario franciscano Mons. Eugenio Vallerga, escultor y poeta, levantará una cruz de hierro en el pico más alto del monte Alvernia, donde el Serafín de Umbría recibió los sagrados estigmas.

Dicha cruz tendrá diez metros de altura y será colocada sobre un pedestal de cemento.

Por la noche podrá iluminarse con potentes reflectores, que la harán visible a muchos kilómetros de distancia. El Ayuntamiento de Florencia, propietario de los terrenos, ha autorizado ya la construcción.

El Sumo Pontífice podrá iluminarla directamente desde el Vaticano por medio de un aparato análogo al que Marconi empleó para iluminar la gran cruz erigida en Río Janeiro.

Los religiosos y la enseñanza

Lo que se quiere hacer desaparecer

Difícilmente se puede pensar en la cultura y en la ciencia de nuestro pueblo sin asociar a esta gloria de nuestra civilización el nombre de alguna benemérita Orden! Religiosa. Los religiosos son los padres de las modernas generaciones españolas; ellos en sus innumerables escuelas, academias, colegios y Universidades han depositado la semilla de la virtud y la luz de la verdad en el espíritu de nuestras juventudes; nada ha costado esta imponderable obra de cultura y civilización al Estado. Todo se ha hecho en fuerza del espíritu cristiano y de la austeridad religiosa.

Hoy se quiere prohibir, por el sectarismo dominante, la enseñanza a las Ordenes religiosas. Por si no resultara ya insoportable al país el peso de los exorbitantes presupuestos del Estado, se quieren gravar más todavía aumentándolos con 500.000.000 más de pesetas, necesarias para la sustitución de la enseñanza religiosa.

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El Colegio «La Concepción», de Onteniente, dirigido por los Padres Franciscanos.

Esta sustitución se llevará a cabo en plazo breve; lo que quizás no se consiga jamás es el éxito, el resultado brillante que, en su misión educadora y cultural, han alcanzado las Ordenes Religiosas. Para muestra basta un botón. Se acaban de celebrar los exámenes oficiales de fin de curso en el Instituto Nacional de Segunda Enseñanza de Alcoy, y el Colegio "La Concepción" de Onteniente, que con tanto acierto han venido dirigiendo los Padres Franciscanos, ha conseguido un resultado verdaderamente halagador, alto exponente de la obra cultural que en dicho centro de enseñanza vienen realizando los Hijos de San Francisco.

He aquí un breve resumen del resultado de dichos exámenes.

CURSO ASIGNATURA ALUM RESULTADO
Historia Natural
9
2 sobr; 2 matric H.; 3 not; 4 apr
Agricultura y técnica
8
3 sobr; 1 matr H; 2 not; 3 apr
Química general
7
3 sobr; 1 matr H; 2 not; 2 apr
Ética y derecho
8
1 sobr; 2 not; 4 apr
Psicología y lógica
21
4 sobr; 4 not; 10 apr
Latín
20
4 sobr; 1 matr H; 5 not; 10 apr
Historia literaria
21
4 sobr; 1 matr H; 4 not; 11 apr
Física
22
4 sobr; 1 matr H; 6 not; 10 apr
Dibujo figura
22
5 sobr; 3 matr H; 3 not; 14 apr
Preceptiva literaria
18
2 sobr; 3 not; 11 apr
Latín
13
2 sobr; 2 not; 6 apr
Historia universal
17
3 sobr; 1 mat H; 4 not; 9 apr
Álgebra y trigonometría
16
1 sobr; 1 mat H; 4 not; 8 apr
Dibujo lineal
16
4 sobr; 2 mat H; 5 not; 6 apr
Latín
32
5 sobr; 2 mat H; 11 not; 12 apr
Francés
24
6 sobr; 2 mat H; 6 not; 10 apr
Historia de España
30
2 sobr; 10 not; 11 apr
Geometría
25
3 sobr; 2 mat H; 4 not; 9 apr
Latín
27
8 sobr; 1 mat H; 8 not; 10 apr
Geografía de España
29
10 sobr; 3 mat H; 9 not; 9 apr
Aritmética
24
5 sobr; 2 mat H; 6 not; 11 apr
 
6 not; 14 apr
Ingreso  
47
44 admitidos

El hijo mártir

Fue la tarde de su Primera Comunión. Después de vísperas había ido a llevar un poco de alegría a la buhardilla donde habitaba su abuelita, que había pasado el día rezando el rosario y renegando de sus viejas piernas, que n¡o le habían permitido ir a la iglesia.

Ahora volvía a su casa el monaguillo contento, el alma inundada de gozo, deseando vivamente comunicar la alegría que rebosaba en su corazón.

Anochecía; la oscuridad empezaba a reinar, y el niño apretaba el paso. Por fin, llegó; era una casa estrecha y baja, poco distante de la iglesia; de pronto se detuvo, su semblante se entristeció, desapareció su alegría como un sueño.

Se sentó sobre la escalinata de la iglesia, bajó la cabeza y comenzó a llorar. Había oído gritos de un hombre embriagado; exclamaciones de cólera, ruido de muebles rotos, blasfemias...

—¡Virgen Santa —exclamó—; hoy también!...

Todo el día en medio de los perfumes del incienso, de los cánticos celestiales, de inefables emociones, y ahora tener que presenciar la degradación de su padre; esto era insoportable: el infierno después del cielo.

Su padre era uno de esos seres envilecidos en que ya no se distinguen sino los bajos instintos del bruto.
Obrero hábil, hubiera podido vivir con su mujer e hijo, en modesto desahogo, pero su única preocupación era anegar su razón en un sinnúmero de copas de adulterada bebida.

Después declamaba, con acompañamiento de feroces amenazas, contra los ricos, contra la religión...
Por la noche, llevaba esos discursos a su hogar, saludando, en el delirio de su embriaguez, la revolución de sus sueños, en donde los amos limpiarían las botas de los proletarios y se llevarían al patíbulo largas hileras de sotanas... Luego entonaba refranes soeces, que se terminaban con rompimiento de muebles...
Su mujer era del todo diferente: tan laboriosa y económica como él perezoso y pródigo, llevaba en su corazón un fondo inagotable de energía y de paciencia.

Jamás se quejó; ni una sola lágrima, ni una murmuración. Trabajaba; el pan que comían ella y su hijo era fruto de su sudor Por nada del mundo hubiera tocado el dinero que algunas veces le daba su marido. Se sonrojaba al verlo brillar en su mano, y se preguntaba de dónde procedía. Estas dudas le hacían sufrir.

Hacía continuos y disimulados esfuerzos para sustraer al niño de la perniciosa influencia de su padre. ¡Con qué admirable delicadeza le habían inspirado horror profundo a los vicios impuros, sin menoscabo del respeto debido a la infancia!

Su hijo era su retrato y su consuelo. Nunca había sentido educador alguno carga tan pesada, pero para el corazón de una madre inspirada y sostenida por la fe nada hay imposible.

Este día había tenido inefable gozo al verle recibir la sagrada Comunión y ayudar el santo sacrificio de la Misa.

Mientras tanto, en alguna infecta taberna, el padre bebía hasta embriagarse.

En este estado había vuelto a su casa al anochecer y promovía el escándalo que queda relatado:

— ¿Qué hacer?—pensaba el monaguillo: entrar en ese infierno para oír blasfemar, le parecía imposible; refugiarse en casa de su abuelita, pero estaba muy distante...

Tienta de pronto su bolsillo; ¡ah!, la llave de la iglesia: se le había olvidado; y, pensando en que mañana se lo contaría a su madre, se dirige al interior del templo.

Ha cerrado tras sí la puerta: el misterio, el silencio, la oscuridad que le rodean, le impresionan vivamente; pero no tiene miedo: allí está Dios, y le ama.

Andando de puntillas, para evitar el ruido de sus pasos, que, sin embargo, retumban en la bóveda, se acerca al altar, se arrodilla y reza con fervor.

Hace profunda genuflexión ante el Tabernáculo y se dirige al altar de la Virgen. Allí ha pronunciado por la mañana la fórmula de consagración; le dirige una oración y se acuesta sobre la alfombra al pie de la grada, quedando pronto dormido.

De pronto, se despierta. ¿Será alucinación? Le ha parecido oír ruido de pasos; frente, por una vidriera rota, entra una ráfaga de aire frío, ve moverse una sombra: un ladrón se abalanza hacia el Sagrario...
Y él, en lugar de esconderse, piensa que el malhechor trata de apoderarse del copón, donde el sacerdote había tomado la hostia de su Primera Comunión. Se dirige allí resuelto...

Los crujidos de la puerta ahogaban el ruido de sus pasos; pero cuando el ladrón se apoderaba del vaso sagrado, el monaguillo se abalanza de un salto y se apodera del copón robado.

El bandido levanta su escoplo que le sirviera para forzar la puerta y descarga terrible golpe sobre la frente del niño, causándole una profunda herida, mientras, dejando el copón sagrado en manos de quien le sorprendiera, huye en las tinieblas...

Al día siguiente, el primer sacerdote que entró en la iglesia encontró tendido al niño, con la cabeza ensangrentada y el copón entre las manos. El tabernáculo forzado y la vidriera rota indicaban bastante el drama que allí se había desarrollado.

La emoción fue grande en toda la ciudad: se hablaba con indignación de la escena escandalosa de que había sido teatro la casa del monaguillo la víspera por la noche, y los más astutos explicaban! así la presencia del niño en la iglesia, donde había ido a buscar refugio.

Durante todo el día, una muchedumbre inmensa desfiló por delante de la cama donde descansaba, con su vestido nuevo y lazo de Primera Comunión, el monaguillo. Su horrible herida estaba disimulada con flores De un lado, su padre yacía consternado como masa inerte, lívido. Del otro, la madre, pálida también, derramando algunas lágrimas; se levantaba de cuando en cuando y sus labios buscaban aquella herida, pues se consideraba con orgullo sobrenatural madre de un mártir.

Nunca hubo entierro más conmovedor; sus compañeros de primera Comunión se relevaban para llevar el ataúd de su amigo, ante el cual marchaban como un coro de ángeles las niñas de primera Comunión, vestidas de blanco y con flores en las manos; las damas principales de la ciudad acompañaban a la desolada madre: el padre seguía el ataúd con la frente baja, anonadado. Cuando la caja desapareció en la tumba, se oyó un grito sordo y cayó desplomado. "¿Quién hubiera creído, dijo un testigo ocular, al salir del cementerio, que éste pudiese amar tanto a su hijo?"

No se descubrió al ladrón asesino; pero lo que todo el mundo pudo observar fue la transformación que sufrió el padre del niño mártir.

Después de algunos días consagrados al dolor, se creyó que recaería en el vicio. Pero esta terrible sacudida había, sin duda, cambiado su naturaleza, porque desde, aquel día no se le vio más con sus compañeros de desorden. En vez de embriagarse, trabajaba con ardor; su cara permanecía sombría; ante su mujer bajaba los ojos, tímido y casi avergonzado, y él, el impío, el enemigo de la religión, iba a misa cada domingo.

Iba a misa, pero se quedaba lejos, cerca de la puerta y nunca levantaba sus ojos al altar.

Por la noche salía algunas veces, pero solo, cuando la oscuridad era grande, y cualquiera que le hubiera sorprendido, hubiera también conocido el secreto del dolor que se había apoderado de él.

Evitando los caminos, se dirigía, atravesando campos, al cementerio y se prosternaba ante la tumba, siempre cubierta de flores, del hijo mártir; lloraba y sus labios murmuraban bajito:

—Julio, ¿me has perdonado? ¡Contéstame, hijo mío! Mis tormentos presentes, ¿son el preludio de otros eternos? ¿Soy para siempre maldito por haber puesto sobre el altar mi mano sacrílega, por haber derramado la sangre de un mártir?

Y le parecía a veces que de la tumba subía una voz dulce, como la voz de un ángel, que le decía:

—Padre, no hay más que un crimen al cual Dios no concede el perdón, y es la desesperación.

El socialismo

¿Hay diferencia entre el Comunismo y el Socialismo? Y si existe, ¿cuál es?

Si nos hemos de expresar con claridad y exactitud, diremos que no existe entre esos dos sistemas ninguna diferencia esencial, pero si de apreciación, de táctica, de oportunidad, de grado. Es la cantinela de Lerroux, que lo aprueba todo, salvo la inoportunidad. La lógica le llevaría al Comunismo. Este, con lógica inflexible, no se arredra, avanza con paso firme hasta el fin, abraza cariñosamente las últimas consecuencias. El Socialismo, en cambio, tímido, amedrentado ante los efectos desastrosos de su empresa destructiva, o incapaz y egoísta, retrocede unas veces, duda otras, y siempre se agita y mueve hacia un porvenir o Estado inciertos.

Las afirmaciones rotundas, promulgadas en favor de la plebe, le entusiasman y encandilan; la vacilación, por el contrario, la enfría y desconcierta; de aquí que el Socialismo, por sus puntos doctrinales y prácticas inestables, pierda poco a poco la confianza que los proletarios habían puesto en él, y se arrojen en brazos del Comunismo, cuyo lenguaje absoluto, firme, claro, e infinitamente prometedor, les seduce y fascina.

Huyendo, pues, el Socialismo del antro comunista, se hunde en la no menos profunda sima de su propia destrucción y desprestigio.

No obstante, en el orden filosófico y doctrinal, Comunismo y Socialismo son hermanos gemelos, que tienen una misma sangre, una misma fisonomía, un mismo origen, y entrambos comen un mismo pan, beben un mismo vino y viven y se revuelven por una misma idea. Si el símil no molestase a nadie, yo diría que son los mismos perros con diferentes collares.

De igual manera discurre Lenin, autoridad en la materia: "Lo que generalmente se llama Socialismo es lo que Marx denominó fase primera o inferior de la sociedad comunista". (El Estado y la Revolución Proletaria)

En nuestros días, M. Serra y Moret escribe: "El Socialismo no es en realidad ninguna doctrina opuesta al Anarquismo, al Comunismo o al Sindicalismo". (El Socialismo, por Cañadas, en el Prólogo, de M. Serra y Moret. 1932.)

El Pontífice Romano Pío XI, en su encíclica trascendental Quadrugésimo Anno, también consigna su parecer. "El Socialismo, escribe, sufrió un cambio, y dio en el Comunismo". Uno y otro tienen un mismo origen, unas mismas aspiraciones y un mismo término.

Siendo así, ¿no nos será lícito concluir que, cuanto hemos dicho sobre el Comunismo, lo afirmamos del Socialismo, salvas en todo caso las diferencias de matiz y de procedimiento?

Permítanos, pues, el lector amable, que le remitamos a lo que sobre el Comunismo hemos apuntado anteriormente.

Los socialistas, que de día en día se van convirtiendo en burgueses sin entrañas, le han gritado al pueblo que derrumbe y destruya para que sufran y perezcan los ricos y los potentados. Los proletarios, crédulos e inconscientes, practican el horrible consejo: ciegan las fuentes de riqueza, arruinan fábricas y talleres, desperdician numerosos bienes atesorados, y, a la postre, son ellos los primeras víctimas de su loco proceder, sufriendo las consecuencias del frío y del hambre.

Como el estado actual de la Sociedad es tan lastimoso, se explica que los pueblos, hastiados y sin esperanza próxima de redención, vean el cielo abierto en el sistema socialista y colaboren con él prestándole adhesión y cruentos sacrificios.

¿De qué manera? Destruyendo y derrumbando, suponen, en su lúgubre fantasía, que de los escombros y ruinas se levantará una ingente polvareda de oro que los cubrirá de bienes infinitos. Deslumbrados de este modo, se explica el espíritu destructor que los impulsa y que ellos siguen con fidelidad, aunque se vean doblemente perjudicados. Tienen ojos y no ven. Es su peor mal. Esperan en el mañana, pero el mañana se prolonga indefinidamente.

Los socialistas han arrojado en el mar del género humano la red misteriosa de la igualdad, y, no podía ser de otro modo, han caído en el lazo los peces, sin malicia, ansiosos de mejorar de vida y de placeres sin cuento. Pero ¡qué desengaño más cruel y desconcertante! Arrojados brutalmente sobre las arenas, pronto se les ha visto revolcarse y retorcerse y morir. ¡Les habían sacado del agua, elemento indispensable de su vida!

El agua para que los peces humanos puedan vivir normalmente y progresar, es la propiedad privada. Negada ésta, el hombre, fuera de su atmósfera oxigenada, se asfixia primero y después fallece. Por esto mismo, si no forcejeamos y rompemos las jarcias socialistas, presos en su estrecha urdimbre, seremos arrojados a la playa de la desesperación y moriremos en seco.

La negación de la propiedad es el pecado original de los socialistas, principio de muerte, de esclavitud, y no queremos vivir enfermos ni esclavos, sino en salud y libertad. Al revés; el principio que afirma la propiedad privada, con sus límites razonables y justos, es el arca de salvación del género humano, el estímulo de todo trabajo y actividad y su mejor recompensa; es el depósito adonde acudimos confiadamente para satisfacer nuestras necesidades; el seguro firme en la enfermedad, en las desgracias y en la vejez; el porvenir de los hijos, el ahorro y el Banco de los pobres, de los infelices y de los sin trabajo; es el fundamento económico de toda civilización y de todo progreso material, y aun del espiritual, del científico y del artístico.

Lo primero es vivir, lo demás se sigue o es fruto de la vida bien ordenada, laboriosa, justa y orientada por fines elevados.

Fr. Juan Bta. Gomis, ofm

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La variedad más rica del folklore español es, precisamente, la Eucaristía. Y no sólo en sus grandes manifestaciones procesionales, acompañadas siempre de explosiones populares de entusiasmo y de notas pintorescas, como los pregones anunciadores de Corpus, las tarascas, los gigantones...

Llamamiento de Jesús en favor de los niños

Un enjambre de niños
al amable Jesús de Galilea,
anhelando cariños,
bullicioso rodea
y con Él dulcemente se recrea.

Míralos con ternura;
les habla Él con amor, los acaricia;
su candor y hermosura,
sus amores codicia,
que no tiene Jesús mayor delicia.

Con fanático celo
del honor y respeto a Dios debidos,
de tan grande consuelo
a Aquél y a sus queridos
privar quieren algunos atrevidos.

Con ardor y aspereza
reprenden a los cándidos infantes,
los echan con presteza,
y a los pocos instantes
se queda el buen Jesús sin sus amantes.

«Dejad — Jesús exclama—
que se acerquen a MI los pequeñuelos
mi corazón los ama,
me placen sus anhelos,
sabed que es suyo el reino de los Cielos.»

«Dejadlos, si, dejadlos —
Jesús vuelve a decir a los mortales—;
como míos miradlos,

no impidáis sean tales
con su gracia y candor angelicales.»

«Dejadlos, ¡ay!—les dice
a los seres que vida les han dado—;
haced como Yo hice:
de virtud sed dechado,
no queráis apartarlos de mi lado.»

También a los maestros
aquel grito angustioso se dirige:
«Míos son y no vuestros;
mi amor, pues, os exige
enseñarles mi ley, que al mundo rige.»

Igual dice a los reyes,
gobernantes de pueblos y naciones:
«Protegedlos con leyes;
de la fe a los ladrones
alejad de sus tiernos corazones.»

«Dejadlos, ¡oh!, dejadlos—
repite El a su vez a los mayores—;
como Yo siempre amadlos,
sed sus buenos tutores,
no queráis abusar de los menores.»

¡Ay de aquel que al infante
con su mal proceder escandaliza!
Si en pos de él, vacilante,
éste al fin se desliza
un castigo le aguarda que horroriza.

Fr. Luis Ángel Roig, ofm

Noticias

Capítulo general de la Orden Franciscana

En el Colegio Internacional de San Antonio, de Roma, fueron convocados todos los Padres Provinciales de la Orden y los demás Padres que tienen voto en Capítulo, para proceder a la elección del General y demás cargos generales de la Orden, y durante los días 3, 6 y 7 del pasado mes de Junio, fueron elegidos los siguientes nuevos Superiores generales de la Orden Franciscana:

Ministro General: . P. Leonardo María Bello, italiano.
Procurador General: P. Benjamín Ryzinski, polaco
Definidores Generales:PP. Ludovico Coffey, inglés; Teodorico Paré, francés; Bertrando Kurtscheid, alemán; Apolinar Pérez, español; Jeremías Olivieri, italiano; Paulo Schrotty, húngaro.

A tan beneméritos Padres ha confiado la Divina Providencia el gobierno de toda la Orden Franciscana, y es de esperar que, bajo su dirección, alcanzará mayores timbres de gloria y de esplendor en todas las partes del mundo en las que está extendida tan gloriosa Orden religiosa, dando copiosos frutos a la Iglesia de Dios

Indulgencias. "La estación al SS. Sacramento"

Han sido nuevamente modificadas las indulgencias concedidas a ciertas prácticas religiosas de especial devoción de los fieles y entre ellas lo han sido también las que se refieren al rezo de seis Padrenuestros, Avemaria y Gloria, llamado vulgarmente la Estación.

Por Decreto de la Sagrada Penitenciaria del día 22 de Abril de 1933, se concede a los fieles cristianos que cuantas veces rezaren, con el corazón contrito y devotamente, seis Padrenuestros, Avemarias y Gloria Patri, ad mentem Summi Pontifii, esto es por la paz de los espíritus, debida libertad de la Santa Iglesia en todas partes por la concordia y verdadera prosperidad de todos los pueblos, puedan ganar diez años de perdón y si rezaren estos Padrenuestros durante todo un mes se les concede Indulgencia Plenaria, quedando abrogadas las anteriores concesiones. (Acta Apost. Sedis 1 Junio 1933.)

Indulgencias del "Ángelus Domini"

El Santísimo Padre Papa Pío XI, llevado de su predilección y amor a la Inmaculada Virgen María, se ha dignado aumentar las indulgencias del piadoso ejercicio del Ángelus Domini, en la siguiente forma:

Indulgencia parcial de diez años cuantas veces los fieles, con el corazón contrito, rezaren la predicha oración, y una indulgencia plenaria con las condiciones establecidas, si practicaren dicho ejercicio por un mes entero. (Acta Apost. Sedis, 28 febrero 1933.)

La Hora Santa

El piadoso ejercicio de la Hora Santa tiene concedidas las siguientes indulgencias:

1°. Una plenaria a los fieles que, debidamente confesados y habiendo recibido la Comunión practiquen este ejercicio por espacio de una hora entera en cualquier iglesia u oratorio semipúblico, rogando por las intenciones del Romano Pontífice.

2º. Indulgencia parcial de diez años a los que lo practiquen, al menos con el corazón contrito, en público o en privado,