El Calvario franciscano

¡Monte santo, monte santo,
bello, amable y caro Alvema;
monte de dulces recuerdos
y de visiones dantescas!

En el corazón de Italia
se destaca tu silueta
cual centinela avanzado
puesto entre el cielo y la tierra.

En grandeza y santidad
pocos hay que a ti te venzan;
quizás tan sólo el Calvario,
al que tanto te asemejas.

Por tus cimas escarpadas
vagó aquel umbro poeta
que andaba loco de amores
cual Jesús de Galilea.

Si el uno dijo que fuego
vino a traer al planeta,
propagar tan vivas llamas
el otro también anhela.

Y llora porque el amor
no es amado cual debiera,
y a amar a todos invita:
a hombres, peces, aves, fieras.

De este amor las puras llamas
al cielo rápidas llegan,
donde Dios, que es puro amor,
arde con llamas eternas.

Y al choque de ambos amores
brotan rayos con gran fuerza,

y en pies, manos y costado
Francisco llagado queda.

¡Oh proezas del amor
que no explica humana lengua!
Ama a Francisco Jesús
y con clavos lo atraviesa.

Le hace gozar sin medida
mientras así le atormenta,
y sufre y goza Francisco
como si en cruz estuviera.

Y eres tú, Alvena, un volcán,
y arden todas tus laderas,
y tus vivos resplandores
espacios y tiempos llenan.

Y baja de ti otro Cristo
con ley de amor en sí impresa
y se propaga el amor
tan sólo con su presencia.

Aquellos rayos divinos,
monte santo, aun tú reflejas,
y lo mismo que el Calvario,
de brillar y arder no cesas.

Te amó por eso Francisco
con indecible terneza;
¿qué mucho, pues, que te amemos
los que seguimos sus huellas?

¡Monte santo, monte santo,
bello, amable y caro Alvema;
monte de dulces recuerdos,
por siempre bendito seas!

Fr. Luis Ángel Roig, ofm

Francisco de Asís predicando la fe Católica a los infieles

San Francisco. José Benlliure

José Benlliure. Francisco predicando a los sarracenos

San Francisco de Asís, ardiendo en el amor de Dios, deseaba vivamente atraer a todos los hombres a la Fe de Cristo. No satisfecho con haber evangelizado la Italia, la España y otras partes de Europa, se sentía subyugado por el deseo de predicar y convertir a los infieles de Oriente, conocidos entonces con el nombre de sarracenos.

Por dos veces intentó embarcarse con ese rumbo; en 1209 hacia el Asia, y en 1212 hacia Marruecos, malográndose las dos veces la empresa; primero por una furiosa tempestad, que le hizo retroceder a Italia, y en la otra vez por una enfermedad grave cuando estaba a punto de abordar en el suelo de Marruecos.

Finalmente, en 1219, logró desembarcar en Tolemaida para predicar la Fe de Cristo en la Siria, y no obstante estar en guerra el sultán Melek-el-Kamel con los cristianos, tuvo la valentía de presentarse ante él para anunciarle las doctrinas del Evangelio. Fue tanto el ardor de su palabra, juntamente con la simplicidad y santidad de vida, que llegó a causar la admiración y la estima del poderoso monarca, recibiendo de él autorización y salvoconducto para visitar los Santos Lugares de Palestina y para predicar la Fe de Cristo a los sarracenos, de los que convirtió muchos a la Fe, obrando muchos prodigios entre ellos. Entonces es cuando tomó posesión San Francisco de la Tierra Santa, y la legó, como misión perpetua, a sus hijos, que la han conservado por espacio de siete siglos a costa de mucha sangre y de innumerables vidas sacrificadas por ese ideal.

Es San Francisco el primer misionero de los sarracenos y el primer fundador que legisló en su regla sobre las Misiones de los infieles.

Desde la Argentina

La fiesta de San Roque en Villa Mercedes

Con un concurso extraordinario, tal vez superior a años anteriores, se celebró la fiesta de San Roque, celestial protector y patrono de la feligresía de su nombre, en la ciudad puntana de Villa Mercedes, en la Argentina, que regentan como párrocos nuestros religiosos franciscanos de la Seráfica Provincia de Valencia. La notita que nos envía el Reverendo Padre Gerardo B. Ureña dice así: "No bajarían de 5.000 personas las que se congregaron para la gran procesión. Fue una cosa apoteósica e inolvidable: la más grande manifestación de fe que se realiza en Villa Mercedes."

No podía ser el Padre Gerardo ni más lacónico ni más expresivo. Los números son elocuentes y 5.000 personas formando en una procesión, en una ciudad americana que apenas cuenta con 35.000, es más que suficiente botón de muestra de la religiosidad de la misma y del éxito halagador, de la obra apostólica realizada por nuestros religiosos, que allí ejercen su ministerio.

En dos escasos años Villa Mercedes se ha convertido en un centro de gran expansión religiosa y cristiana. Al lado de la humilde capilla parroquial de San Roque, la iniciativa y labor de nuestros Hermanos ha hecho surgir de sus fundamentos una vasta y preciosa iglesia que mide más de 40 metros de larga por 20 de ancha, luz solamente, la que coronan 12 torres y una espléndida fachada. La totalidad de la obra en construcción está ya a la altura de techo y sólo espera el regreso del Padre Alventosa, a quien una misión particular trajo a España, y que se realizará en este mes de Octubre, para techarla, decorarla y comenzar en ella los sagrados oficios. La nueva Iglesia será una de las más bellas de la Argentina.

En esta iglesia en construcción terminó la procesión del día de San Roque, y la fotografía que publicamos nos muestra un aspecto de esta manifestación religiosa, precisamente en el momento en que el Reverendo Padre Gerardo B. Ureña da las gracias al pueblo por su constante generosidad que hizo posible la edificación de un templo en momentos de tan difícil economía.

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Fotografía tomada después de la grandiosa procesión de San Roque (16 de agosto de 1933) que terminó en las obras del nuevo templo. El P. Gerardo animando a la multitud a contribuir para reemprender las obras.

Así nos escribe el Padre Gerardo: "Esa fotografía que le mando es realmente histórica, pues, es el primer año que la procesión termina en las obras del nuevo templo. Ahí me verá dando las gracias a la inmensa multitud por su concurso y al mismo tiempo invitándola a contribuir con nuevas limosnas para reemprender las obras. La colecta nos dio 136 pesos.

Mucho habríamos de decir en alabanza de la acción apostólica que nuestros Hermanos realizan en la Argentina, pero no lo hacemos; tal vez se creyera adulación lo que es pura verdad. Nos baste saber que tal confianza en nuestra acción ha movido al Sr. Obispo de Cuyo y al Sr. Vicario Franco de San Luis para ofrecer a la Provincia una extensión de más de 20.000 kilómetros cuadrados, y Mercedes ( Argentina) que para ultimar estas fundaciones a mediados de Octubre visitarán nuestra ciudad de Valencia. Desde estas columnas les damos por anticipado la bienvenida y al mismo tiempo deseamos al Padre Alventosa y a sus nuevos acompañantes que con él se dirigen a laborar espiritualmente en aquella viña del Señor un feliz viaje y que el éxito les continúe favoreciendo, y que su paso por América, como en el de nuestros antiguos misioneros, deje impresas huellas indelebles e históricas.

Fr. Manuel Balaguer, ofm

Villa Mercedes

Fachada del colegio "San Buenaventura" y templo de San Roque.

El misionero

A mis queridos condiscípulos e intrépidos Misioneros de China
PP. Fabián Castellá y Severino González, ofm

En pos de sus amores
camina sonriente, generoso,
sereno y sin temores;
con pecho fatigoso
va arrostrando las penas sin reposo.

Robado han sus amores
las almas que a Cristo desconocen;
para él ya no hay flores
mientras ellas no gocen
de la luz de la fe que aun no conocen.

Son los pobres infieles
su continua y única obsesión,
y a Cristo hacerlos fieles
es toda la ambición
de su ardiente y celoso corazón.

Por eso, abandonando
cuanto en la tierra hay de más querido
y el corazón sangrando,
de esta suerte herido,
se aleja de valor el pecho henchido.

Miradle en sus fervores
cómo cruza los mares y fronteras;
para él no hay dolores;
no teme ni a las fieras,
como tigres, leones y panteras.

En su noble delirio
no repara en fatigas ni sudores,
ni en el mismo martirio;
gustoso a los dolores
se abraza por salvar los pecadores.

Fr. Camilo Jordá, ofm


Episodios del negrito Marabá (19)

Navegación por la laguna

Con religioso silencio, como embargados por emociones divinas, producidas por la oración del Ángelus y por aquel sublime anhelo que impulsaba a aquellas almas en busca de la fe, siguieron la navegación a través de la extensa laguna para llegar a la embocadura del río Ogún que Serpentea majestuoso por la selva frondosa del poblado de Mabán. La madrugada nada dejaba que desear. Era la hora más fresca del día, cuando cesa la brisa de tierra, hasta que algo más tarde se levanta la del mar. El ligero rumor de las olas al estrellarse en la costa, apenas era interrumpido por el golpear de los remos y por el murmullo del agua hendida por las proas de las dos piraguas cristianas. Sentían aquellas almas la necesidad de guardar silencio mientras contemplaban el último fulgor de las estrellas, próximas a desaparecer o distraídas en momentos por el cuadro mágico e indeciso que dibujaba sobre el césped y entre los juncos de la ribera una multitud de luciérnagas volátiles, que se deslizaban revoloteando como chispas eléctricas produciendo arabescos de liviana estabilidad.

Pronto los resplandores del firmamento y de la tierra con que se inicia el día se desvanecieron absorbidos por el fuego que comenzaba a purpurear el Oriente. Bajo el trópico es muy corto el espacio que media entre el alba y la salida del sol, y el disco solar apenas se anuncia cuando ya aparece con toda su majestad resplandeciente reflejándose sobre las olas. Aquellos buenos cristianos, y con ellos Djerua y Marabá que lo eran de corazón, hicieron la señal de la cruz y recitaron la oración matinal.

El remero Goudor y también Güezo comenzaron a entonar la cantinela, con la que acostumbran los negros llevar el compás de los remos y disipar el fastidio del cansancio.

El río Ogún

Habían llegado a los extremos de la laguna junto a Marbán donde las aguas se precipitan y siguen la corriente del caudaloso río. Nuestros viajeros soslayaron el pequeño puerto para lanzarse en el río y correr hacia el sur al impulso de las olas que son allí pujantes, y pudieron dar descanso a los remos y avanzar sin detenerse antes que comenzara el tráfico de pescadores y mercaderes.

El río Ogún corre en dirección al sur, hacia la capital de Lagos, para venir a de; embocar por un delta en el lago Kraolu y perderse en el océano. Esa es la dirección que tomaron las piraguas teniendo que recorrer la distancia de unos 300 kilómetros de un curso variado, no falto de pasos dificultosos y de multitud de lagunas.

Marabá, cansado ya de tanto ver y mirar correr el agua, dio señales de cansancio y de gamas de comer. Parece que estas ansias se contagiaron a todos, y al llegar a una frondosa isla, que mostraba una extensa playa arenosa, hicieron alto, y bajaron a tierra, amarrando las piraguas a unas fuertes estacas prendidas en la playa. Era ya la hora de mediodía, y, después de un ligero almuerzo, se dispusieron a preparar la comida y el abrigo para pasar la noche.

La isla. La caza de las aves

La isla era de regular extensión y cuya longitud no podía ser alcanzada por la vista. Estaba poblada de bosque y al parecer abundaba la caza, pues se veían volar una infinidad de pájaros: tórtolas, perdices, palomas con las plumas de malaquita, cuclillos africanos, que todo lo contrario de sus hermanos europeos siempre aullando, cantan alegremente, llenando los bosques de estrepitosas carcajadas. Los más raros pájaros podían allí verse, recubiertos de carmín, de púrpura, brillante color de fuego, verde, azul, sombreados o manchados de caprichosos colores a cual más vivo. Esto dio deseos a Güezo y Goudor de entregarse a la caza mientras las dos mujeres preparaban el fuego para la comida. Marabá fue con los hombres a la caza, y había que ver su gozo cuando al poco rato volvía con un gran arrastre de aves, pues no pudiendo llevarlas todas en manos, las ató unas a otras formando una gran gavilla que llevaba tirando de un cordel que había formado con rizomas de la liana. Era una colección de pájaros capaz de dar importancia a cualquier Museo de Europa.

Había palomas celestes con corbata de púrpura y otras bicolores con el pecho rosa fuerte y el manto de zafiro; tordos y mirlos de alas con viso metálico, dorado, bronceado y plateado por una de cuya. plumas dan las elegantes de Europa muy gustosas un peso duro; cardenales de color de escarlata y topete de flama; gacelas de una blancura como nieve e ibis con mascarillas deliciosas; había pegarebordas de un hermoso tinte leonado en el cuello y en el pecho, con casquete verde oscuro y alas esmaltadas entre encarnado y turquí; en fin, era un montón de colores en cuyo parangón no saldría ventajoso el arco iris. Pero lo que llevaba en triunfo Marabá, y que ya de lejos lo levantaba en alto para mostrarlo a María y a su madre, era un faetonte celeste; el ave más rara y más difícil de cazar, porque su vuelo es siempre por las nubes, y cuando baja a reposarse nunca se para en tierra ni en los árboles, sino sobre las aguas, en las que se coloca sosteniéndose con sus plumas. Lo había cazado Güezo junto a la isla, dormido o descansando sobre las aguas, y Marabá le dio alcance entrándose en el río cuando se lo llevaba la corriente. Las plumas finísimas de su cola, parecidas a largas pajas, con un fleco lindísimo y tan fino, que parece termina en sutiles hebras de seda, son el mejor adorno de los sombreros de las más elegantes parisinas.

Con las aves hubo otra caza mayor, pues detrás de Marabá venían los hombres llevando un par de bien cebados antílopes.

El fuego estaba ya muy avivado con un gran acervo de brasas, y se pensó en dar cocido a uno de los dos cuadrúpedos al estilo salvaje.

Pelado y arreglado el antílope se sepultó en un hoyo, dentro del cual se había hecho antes una grande hoguera, quedando un gran lecho de brasas, tapándolo luego con una piedra llana y sobre ella un montón de ascuas encendidas. Pasado algún tiempo queda la carne asada tan tierna como manteca, y bien condimentada se come.

Antes que el sol se pusiera dieron nuestros viajeros comienzo a la opípara cena que la caza abundante de la isla les había provisto.

¡Magnífico se presentó el ocaso! Rojos vapores surcaban el horizonte, esparcidos a la vez en el espacio y en el sombrío bosque, pero separados por una faja oscura entre el cielo y la tierra. Nubes de oro flotaban en caprichosas masas por la parte del oeste y subían hacia el cenit tomando un esplendor que deslumbraba. Luego aquel flamante matiz fue cambiando hasta tomar un tinte carmesí oscuro. La parte superior del cielo, teñido de azul turquí, fue tomando por numerosas gradaciones, primero un color verdoso, después amarillo claro, cuyos tonos se pronunciaban a medida que las miradas descendían, hasta que al fin aparecía anaranjado con sombras rojizas al nivel del horizonte que cortaba la llanura de un color de púrpura sombría que se vino esfumando hasta verse todo invadido por las sombras de la noche.

Los aerolitos

Se albergaron en los cobertizos prevenidos y Güezo y Goudor velaban alternativamente para prevenir todo peligro. La noche era bella; las estrellas brillaban en un cielo sin nubes; un reposo absoluto reinaba en aquellas regiones; pero Güezo que velaba se vio sorprendido por un fenómeno celeste. De repente se iluminó toda la llanura con un esplendor cerúleo; era un meteoro enorme que atravesaba lentamente el espacio de Sur a Norte. Después de haber corrido unos treinta segundos se inflamó proyectando una luz vivísima y produciendo una detonación semejante a un cañonazo remoto. El estruendo despertó a los viajeros que pudieron seguir contemplando otros meteoros más pequeños de color de fuego que corrían con celeridad sorprendente dejando detrás una estela de chispas blancas. Otros nuevos se iban repitiendo todavía más bellos. Unos eran de color carmesí vivo, otros de púrpura encendida, corriendo en varias direcciones, pero más ordinariamente hacia el norte. Era una lluvia de estrellas, tan frecuente en aquellas regiones y en los días estivales que corrían.

(Continuará)

Fr. Manuel Balaguer, ofm

El matrimonio en Palestina (I)

Pasaba en cierta ocasión por Nazaret y me llamó la atención un grupo de unos 40 jóvenes que, al caer de la tarde, recorrían las empinadas calles de la ciudad dando chillidos. Otra vez, tomaba el fresco, ya muy entrada la noche, en la terraza de nuestro Convento, junto al mar de Tiberíades, y pude observar que, en otra terraza, se bailoteaba sin cesar a la luz de la luna. Apenas llegado a Jerusalén, una de las noches, salté medio asustado de la cama... gritos desaforados, palmoteos, cantos monótonos, faroles encendidos, burras; por la calle de nuestro Instituto Bíblico desfilaban abigarrados centenares de chicuelos y mozos.

Comprenderán mis lectores que tanto en Nazaret como en Tiberíades y en Jerusalén yo preguntase el motivo da aquellas raras y originales manifestaciones, de alegría. Se me respondió: "Se ha celebrado un matrimonio, y están de fiesta." Esto picó mi curiosidad y me incitó a leer algunos libros referentes a la vida oriental tan diferente de la nuestra. De ellos (1) he sacado las noticias que hacen referencia al matrimonio tal como se celebra en Palestina, y que yo presento a los lectores de Acción Antoniana.

Noticias generales

La palabra 'ors, con la que en árabe se indica el matrimonio, expresa la idea de alegría en su más vasta acepción y equivale a la fiesta por excelencia. Cuanto de bueno y afortunado se puede desear a las perdonas queridas en todas las circunstancias de la vida, se relaciona entre los orientales con la idea de matrimonio. Así cuando a una madre le nace un niño, la mejor felicitación es decirle: "Sea voluntad del Señor que tú lo puedas casar." Y a un niño o niña que han hecho una buena acción: "Si Dios quiere, nos alegraremos cuando te casarás."

El matrimonio es muy estimado en Oriente y son raras las personas que no toman, este estado. Para llegar a él con el mayor decoro posible no se ahorran sacrificios. Se trabaja meses y años, y a los sudores de los jóvenes directamente interesados se unen los de los padres y con frecuencia los de toda la familia.

Al describir los usos que se acostumbran en ocasión del matrimonio, tendremos de mira particularmente la clase rural que es la que conserva estos usos y costumbres con mayor pureza y simplicidad. Los moradores de Palestina pueden ser clasificados en tres categorías: ciudadanos, aldeanos y beduinos. Los primeros, puestos en contacto con los forasteros cuya civilización tratan de imitar, no han conservado puras e íntegras sus costumbres. Al contrario los beduinos y aldeanos (feltahín) viven todavía identificados con sus originales y característicos usos. Por consiguiente a ellos, y en primer lugar a los fellahín, nos referiremos en lo que se refiere a los usos matrimoniales en Palestina.

Ante todo conviene hacer resaltar dos cosas que distinguen al matrimonio de los orientales del de los europeos. La primera mira a la edad. En Oriente se conciertan matrimonios en una edad muy temprana: con frecuencia el esposo tiene 14, 15 ó 16 años; la esposa, apenas 12, 13, 14. Es de advertir, sin embargo, que este uso oriental se encuentra más extendido entre los musulmanes que entre los
cristianos, más entre los cismáticos que entre los católicos, más en las ciudades que en las aldeas. Tales matrimonios de adolescentes no son, en verdad, tan frecuentes entre los campesinos aún musulmanes, porque obligados los esposos a preparar con sus propios ahorros y trabajos, al menos en parte, los gastos que exigen la celebración del matrimonio y el establecimiento de su nueva casa, no se encuentran en disposición de casarse sino en más entrada edad.

La otra característica de todos los matrimonios orientales es que la elección de la esposa o respectivamente del esposo proviene no de los propios interesados, sino de sus padrea, y con frecuencia sin conocimiento de aquéllos. Además, el padre del esposo debe entregar una determinada suma de dinero a la familia de la esposa, con la que compra el derecho a la mano de la muchacha para su hijo, mientras que la familia de la esposa no está obligada a preparar la dote propiamente dicha a la hija, como se acostumbra en Europa.

Estas particularidades del matrimonio oriental, aquí sólo indicadas, serán ampliadas en artículos siguientes, en los que para mayor claridad, trataré primero del procedimiento que se sigue en la elección de la esposa, después, separadamente, de la celebración tanto de los esponsales, cuanto del matrimonio.

Anécdota

Cruzaba en cierta ocasión la plaza principal de San Juan de Acre y me siento llamar con mi propio nombre. Era un conocido mío musulmán de Jerusalén. Después de los saludos de rúbrica, me presenta a su hija que iba a su lado cubierto el rostro y con un nene en brazos, hijo de la misma. Le pregunté, curioso: "¿Cuántos años tiene? Me respondió el padre: "14, se casó el otoño pasado!"....

(Continuará.)

Fr. León Villuendas, ofm
Jerusalén y Septiembre 1933.

(1) Principalmente de:

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Misioneros en las islas San Andrés y Providencia.

Noticias sobre Misiones


¡Hacen falta misioneros!

El número de Misioneros que esparcen la semilla del Santo Evangelio en los países infieles es actualmente de 165.000 y el de infieles en todo el mundo a evangelizar de 1.650.386.000, de lo cual se deduce que corresponden & cada Misionero más de 10.000 infieles. Téngase en cuenta que no todos los Misioneros son sacerdotes, ni siquiera la mitad.

Roguemos al Señor de la mies que envíe muchos y celosos operarios a su vasta viña, sobre todo fervorosos y ejemplares sacerdotes.

Las misiones españolas

Las Misiones españolas ascienden en la actualidad a 42, distribuidas en la siguiente forma: 19 en Asia (8 en China, 6 en la India, 3 en la Indochina y 2 en el Japón), 18 en América, 3 en Oceanía y 2 en África. Nuestros Misioneros españoles influyen sobre 97.323.823 (noventa y siete millones novecientos veintitrés mil ochocientos veintitrés) hombres que no son españoles, que son de las razas más diversas y que, muchísimos de ellos, sólo conocen a España a través de la obra a un tiempo evangelizadora, cultural y patriótica de estos héroes ignorados.

En esta labor de expansión española trabajan 1.235 Misioneros españoles, perfectamente organizados y distribuidos así: 799 en Asia, 204 en África, 152 en América 80 en Oceanía. A éstos hay que añadir otros 200 Misioneros españoles, franciscanos y salesianos, principalmente, que trabajan junto con otros Misioneros extranjeros en diversas Misiones de Asia, África y América. La labor de nuestros Misioneros se realiza en estas zonas por medio de 2.350 escuelas primarias, 46 profesionales, una Universidad (la de Bombay, en la India, reconocida por el Estado) que actualmente tiene 1.045 alumnos, 79 escuelas superiores. La espléndida obra de beneficencia la ejercen nuestros Misioneros por medio de 47 hospitales con 3.288 enfermos, 98 orfanatorios con 9.706 niños, 9 asilos de ancianos con 498 asilados, 3 leproserías con 5.242 enfermos, 24 establecimientos varios de beneficencia y 80 farmacias con 235.306 servicios.

Madre de apóstoles. Cuatro hermanos Misioneros

El día 16 de Abril de 1931 recibía el Sr. Cardenal director de "Propaganda" la noticia del asesinato del P. Mariano Adóns, Misionero Franciscano belga, del Vicariato Apostólico de Ichang (China). Había muerto a manos de los bandidos que, el día de Viernes Santo, le capturaron en su Misión de Patong.

Ya otro hermano suyo, el P. Julián, Misionero del mismo Vicariato, había sido asesinado por los bandidos en 1922.

Estos campeones de la fe, dejan otros dos hermanos, también Franciscanos, que evangelizan el mismo Vicariato de Ichang; los PP. Huberto y Elíseo Adóns.

Aun vive en Asselt (Bélgica) la anciana madre de estos cuatro Misioneros. Tiene más de 80 años.

Las Hermanas Blancas

Las Blancas, así las llama el pueblo. Datan del año 1877; pasan hoy de 6.000; son 2.841 las que desde el año de su fundación han ido a tierras de infieles y 125 las que el año pasado embarcaron en Europa con rumbo a alguna de las 73 casas que tienen esparcidas por toda la tierra; atienden en sus centros benéficos a 9.182 niños y en sus orfanatos a 10.409 niñas abandonadas; dan instrucción primaria a 82.670 niños de ambos sexos y profesional a 16.788 alumnos y trabajo en sus talleres a 6.350 obreras; atienden a 95.363 enfermos de todo género, habiendo ejecutado en ellos el pasado año más de tres millones de curas y administrado el bautismo a 51.068. ¡Gloria a las Franciscanas Misioneras de María!

Ejemplo que imitar

Los protestantes dan a los católicos, por lo que a la aplicación de la medicina en las Misiones se refiere, elocuentes ejemplos. Cuentan en sus Misiones más de 17 escuelas de medicina, 1.043 médicos europeos y americanos, 569 indígenas, 675 hospitales y 963 dispensarios.

Institutos misioneros

Según datos oficiales de "Propaganda Fides" llegan a 500 los Institutos Misioneros.

La madre de un mártir

En la Exposición Misionera del Vaticano (1925) ocurrió una escena que enterneció el corazón de todos los visitantes presentes: Una pobre viejecita entró con paso inseguro en la "Sala de Tierra Santa" donde están expuestos cuadros, representativos de los mártires Franciscanos. Se paró delante del primero: apenas le dirigió la primera mirada todos la vieron caer de hinojos, llorando y rezando en alta voz. Bajo el cuadro había leído la inscripción "Martirio del P. Alberto Amarisse y otros varios cristianos, muertos por los turcos en Jeni-Kalfó el año 1920". La mujer que así lloraba a los pies de aquella imagen, era la madre del Padre Alberto, allí representado.

"No para vivir, sino para morir"

Nada tan bello ni tan grande como el apostolado de los misioneros, héroes humildes, cuya vida entera no es más que una perpetua abnegación, un continuo sacrificio, para ganar almas a Jesucristo. Hagamos conocer su celo, publiquemos muy alto sus actos magníficos. Este será el medio más útil de mostrar que la religión cristiana está compuesta de actividad, de fuerza conquistadora inagotable.

Cuando Monseñor Auguard llegó al Congo Francés, en el que debía pasar treinta y seis años de una existencia apostólica, le dijo un oficial de marina:

—Aquí, Padre mío, no llegan a viejos los Misioneros; el clima acaba rápidamente con la salud más robusta.
—Amigo mío —contestó el intrépido soldado de Cristo—, no venimos aquí para vivir, sino para morir.

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De las Misiones de China. PP. Andrés Berengueres, y Antonio Grau, de la Provincia de Cataluña, y sus sucesores PP. Fabián Castellá y Severino González, de la Provincia de Valencia.

Ideograma

La Cruz

La Cruz es símbolo de paz, de amor y de santa rebeldía. El ominoso patíbulo de los perversos lo consagró para siempre, con el sacrificio inmortal de su muerte abnegada y edificante, un Hombre sumamente justo, prudente y bueno, iluminado por destellos sobrenaturales: El Hombre-Dios.

La Cruz es a la vez emblema de inmensidad, pues prolongando indefinidamente sus brazos, se internan en lo infinito. Ella nos describe los cuatro ángulos rectos de toda circunferencia, las cuatro estaciones del año, y es brújula que con precisión admirable nos orienta.

Mayo la ha ofrendado siempre las primicias de sus galas primaverales. Las mejores rosas, los más fragantes clávele las blancas y pomposas azucenas, para ella son. Es como un delicado presente con que la Naturaleza honra el místico leño donde el odio y la injusticia ancestrales inmolaron de manera cruel al Amor fecundo e inmortal y a la Justicia inmanente y regeneradora.

La Cruz será eterna y prevalecerá mal pese a las turbas obcecadas y feroces que la ultrajan irrespetuosa y soezmente, haciendo así, alarde cínico de algo tan incivil y brutal que no merece el nombre de libertad, fruta demasiado fina para esa legión insensata y fanática, sino el de barbarie. ¿Pero qué saben ellos lo que se hacen?

La Cruz y yo los perdonamos.

Ellos, aunque la iracundia sectaria los desplace de sus hornacinas, derrumben de sus antañones pedestales, seguirán floreciendo gayas e insinuantes, a cada sortilegio vernal, pues no hay corazón humano sin su Monte Calvario, y sobre él enhiesta con altivez redentora la Santa Cruz.

Esos mismos que hoy la vituperan, fascinados por el espejismo de la utopía, por la borrachera iconoclasta de la demagogia, se abrazarán a ella contritos y avergonzados, cuando la realidad del dolor humano despeje sus frentes calenturientas y reconcentrándose en sí, ha vean consoladora y fraterna endulzando con mieles de esperanzas sus decepciones y escepticismos.

Baldío, tanto como estéril y salvaje, empeño el de destruir la cruz. Frente a ella, todas las generaciones tendrán que inclinarse reverentes, porque su savia abundosa y prolífica es la única que de manera racional y perfecta puede regenerar la sociedad humana.

Si esto no ha sucedido ya, culpa no es de la cruz expresiva e insinuante, sino de la maldad impertérrita de corazón humano, egoísta, sensual, que todo lo adultera.

Y si tal ha hecho con la más sublime ideología, ¿qué no hará con la aberrante y perversa que quiere imponerse con petardos y metralla, haciendo del crimen apostolado?...

José Guerrero

¿Quién es misionero?

Hay muchas personas en el mundo que quisieran ser apóstoles de la Gloria Divina, quisieran trabajar en la salvación de las almas, pero no saben cómo, y se lamentan de no poder atravesar los mares y viajar por remotas tierras, predicando el reino de Dios; creen, de modo equivocado, que hay que dejar el patrio suelo para poder ser Misionero. No, lector amado; no es preciso que dejes tu patria, que dejes tu casa para ser apóstol. ¿No conoces de entre los mismos de tu pueblo, de entre tus compañeros de oficio, de entre los mismos de tu familia, alguna oveja errante que necesita tus avisos, tus consejos, tus buenos ejemplos, tus oraciones, para volver al buen camino? ¿No puedes emplear algún dinero, aunque sea poco, unos céntimos nada más, en pro de la causa católica, en alivio del necesitado, en obras de celo?

¡Amante de las Misiones! ¡He ahí tu campo, he ahí tu programa! Salvar con tus oraciones y con tus ejemplos la sociedad en que vives, ofrecer tus sufrimientos por la salvación de las almas pecadoras, cooperar con tus limosnas a la causa de Dios; eso es ser apóstol, eso es ser Misionero desde tu misma casa.