Índice del número 176
Septiembre de 1935. Año 16. Director: Fr. Manuel Balaguer, ofm
La disminución de la natalidad
Hace pocos días hemos podido leer en la prensa diaria la noticia de la presentación de una proposición de ley en el Parlamento sueco para el nombramiento de una Comisión de médicos, economistas y representantes de asociaciones juveniles de ambos sexos, que estudie los medios de evitar la disminución de los nacimientos y matrimonios, que en aquel país de hielos y de brumas se da con caracteres alarmantes.
El número de nacimientos que en 1830 era de 30 por 1000 ha bajado en más de un 50 por 100, pues es actualmente de 13'7 por la misma unidad. Y el de matrimonios ha disminuido en un 70 por 100.
Según los autores de aquella proposición de ley, s¡continúa con el mismo ritmo ¡a disminución de estos factores de la población, en 1990, o sea cuando hayan pasado los mismos años que nos separan del primero antes citado, no habrá en Suecia más que tres habitantes consumidores por uno productor, lo que representa la ruina económica de la nación.
En Norteamérica, según dice Maeztu en Defensa de la hispanidad, una gran proporción de habitantes no se casa, más de un 13 por 100 de matrimonios son estériles y un 18 por 100 no tienen sino un hijo.
Y en Francia, por no citar más naciones, en 1901 había 33 departamentos en que las tumbas que se abrían eran más numerosas que las cunas de los recién nacidos, número que llegaba a 44 en 1905 y a 65 en el año 1911, de un total de 86 departamentos. Y cuando a pesar de los obstáculos puestos a la generación ésta se producía, manos criminales destruían la tercera parte de sus frutos por medio del aborto, según la «Société obstétricale de France», lo que confirma el economista Paul Bureau que dice que esa cifra debe estar comprendida entre 275 y 325.000 por año. Y no es raro encontrar en periódicos de esa nación, anuncios de clínicas y médicos que ofrecen sus servicios para esos delictuosos menesteres (1).
En conjunto baja la natalidad en la raza blanca desde hace 30 años de un modo acentuado: de 1895 a 1915 hay una merma de 3 a 4 por mil. En la mayor parte de ¡os países de población blanca desciende hasta un 20 por mil, que es el número indispensable para mantener el nivel de población (2). Y en algunos desciende más abajo, como ocurre en Francia, Inglaterra, Bélgica, Suecia y Suiza.
Y como nada parece detener ese descenso de vitalidad, se prevé para un porvenir no muy lejano el decaimiento total de la raza blanca. Entonces aparecerá en todo su horror una nueva invasión de bárbaros, análoga a la que destruyó el imperio romano, enfermo del mismo egoísmo y de la fiebre de placeres
que se encuentran en nuestra sociedad. A la raza amarilla, tan prolífica subyugada por las naciones civilizadas en un país en que no puede vivir, tocará cuando esté unida y libre de las disensiones que ahora la dividen, invadir los países occidentales. Y en vez de una vida fácil, de comodidades y placeres, nuestros descendientes asistirán impotentes a la total destrucción de su raza y civilización, por pueblos brutales, sí, pero dotados de mayor vigor moral. Al caos de sangre y lágrimas que entonces aparecerá quizás seguirá como en la Edad Media la aurora de una nueva civilización, pues los ciclos de la Historia parece que se repiten como quiere Vico.
Y Dios que vela con providencia amorosa por su mejor obra, el hombre, hará que sirviendo como de levadura su Religión santa, fermente la masa de nuevos bárbaros como ocurrió con los antiguos, se civilicen cristianamente y después de un período de fervor, la decadencia del sentimiento religioso y de la moral que la acompaña, lleven consigo la ruina de esa nueva civilización. Y así proseguirá el mundo, hasta que Dios que lo sacó de la nada lo vuelva a ella, cansado de sus prevaricaciones, y tal vez haga surgir nuevos astros más refulgentes que los que ahora pregonan su gloria. Y nuevos seres vivientes brutos y racionales, que puedan elevarse hasta El impulsados por su inteligencia.
* * *
La causa del decrecimiento de la natalidad en los países que marchan a la cabeza de la civilización material, pero no de la moral, parece ser la extensión de las ideas de Malthus y sus discípulos, que son pretextos económicos pero en realidad por egoísmo y por evitarse molestias, sin renunciar a los placeres de la carne, quieren defender aquél.
Sabido es que dicho clérigo protestante inglés, estudiando el problema de la población humana y sus medios de subsistencia, creyó encontrar la ley de crecimiento de aquélla en la progresión geométrica 1, 2, 4, 8..., mientras las subsistencias sólo aumentarían como lo hacen los de la progresión aritmética 1, 2, 3, 4, 5, 6... Y para evitar esa desproporción y la miseria que quería adivinar para el porvenir, recomendó el empleo de medios honestos como son el celibato y los casamientos en edad madura.
Pero la realidad se ha encargado de dar un mentís a esas ideas, pues el progreso de las ciencias de aplicación ha aumentado prodigiosamente la fertilidad de la tierra y la fecundidad de los animales: el empleo de abonos artificiales que se pueden obtener de la atmósfera por la electricidad, la selección de semillas, la aplicación de leyes biológicas
como las de Mendel para la herencia, etcétera, hacen que un economista como Leroy-Beaulieu calcule que la población del mundo podría triplicarse sin peligro. La actual crisis económica del mundo civilizado, en que más de 30 millones de hombres no encuentran ocupación para su actividad, está originada por exceso de producción. De todo hay de sobra. En los Estados Unidos se ha quemado trigo en las calderas en vez de carbón por no encontrar comprador a su abundancia. Brasil ha lanzado muchas toneladas de café al mar para aumentar su precio. Y en Cuba tal y tan grande ha sido la producción de azúcar, que se ha dejado sin cortar la caña en estos años últimos para que se la comiera el ganado; pero éste se ha desarrollado tanto, que no había sitio en los potreros para él, vendiéndose la carne a 0'20 pesetas la libra, pero bajando los jornales hasta 15 centavos y sobreviniendo la miseria en la población.
Los discípulos de Malthus fueron más allá que su maestro, pues rehusando toda continencia moral defendieron como derecho del hombre el disfrutar del amor con todos sus placeres, pero despojado de todas sus cargas.
Y después del célebre proceso Bradlaught-Besant, acusados en Inglaterra de haber publicado un libro obsceno, de propaganda de los medios anticonceptivos, y absueltos al apelar de su condena por falta de pruebas, los neomalthusianos se dirigieron abiertamente a la opinión. El mismo año del proceso (1877), Drysdale fundó la primera Liga Neomalthusiana en Londres, a la que siguieron en seguida otras más en diversos países, distinguiéndose en Francia como propagandista de las nuevas ideas Paul Robín, que con sus secuaces ayudados por la Masonería, las han hecho llegar a todas las clases sociales por medio de conferencias, folletos y aun carteles murales.
Los neomalthusianos sostienen en sus propagandas, que de las tres necesidades del hombre, la de alimentación, la del descanso y la del amor, las dos primeras no encuentran estorbos para su satisfacción por parte de la moral ordinaria que en cambio prohibe la satisfacción del apetito sexual fuera del matrimonio, y aun en éste exige la fidelidad y el no impedir la generación; pero esto es absurdo, según ellos, pues el hombre tiene el mismo derecho al amor y sus goces que a satisfacer sus demás necesidades, y para su comodidad puede evitar por medios apropiados la fecundación. Y aun s¡ésta se produce la mujer tiene perfecto derecho a procurar el aborto, como lo tiene a cortarse el pelo o a conservar la línea.
Arturo Fosar Bayarri
(Se concluirá).
(1) Buysse.—La Iglesia de Jesús, pág. 192. El doctor Lacassagne, de Lyon, estima en 500.000 esos abortos criminales.
(2) Doctor Ravul, de Guchteneere.— La limitación de la natalidad, pág. 46.
Virgen de Agres
El Santuario desolado
El colmenar de la Virgen quedó sin abejas, y la pajarera celestial sin avecillas. ¡Qué hombres sin entrañas asustaron a las avecillas que, enmudeciendo de miedo, dejaron de cantar sus loas a Santa María del Castillo, y, dispersando a las industriosas abejas, dejaron el colmenar sin la rica y dulcísima miel libada de las plantas y flores olorosas de aquellas serranías del Mariola, y del maternal corazón de la mejor flor de la montaña, la Virgen Morena del Castillo de Agres!
Hace ya cuatro años que no se oyen las melodiosas canciones de aquellas infantiles pero humanas avecillas, de pico de oro, de sonora garganta. Cuatro años que los humildes frailes del sayal y la cuerda no moran en aquel santuario, al mundo cas¡inaccesible pero, por eso, tan cerquita del cielo: ellos eran las abejas activas e industriosas de aquel dulcísimo colmenar, que brindaron por largos años la miel de María a todas las almas que subieron al Castillo en busca del regalado panal del amor divino.
...Era un día, que ya se lo llevó el tiempo volando en una hoja de calendario del primer decenio del actual siglo. Montada sobre un borriquillo, una mujer, entonces aún fuerte y valerosa, cubierta con los velos enlutados de upa viudez prematura y reciente con llanto en el corazón, subía la cuesta del Mariola, como otrora la Madre de Jesús las gradas del templo, para ofrecer a su hijo a Dios en el Santuario. Le amaba demasiado para dejar a la avecilla de sus entrañas corretear y volar por un mundo donde la astucia y la crueldad se complacen en victimar a la inocencia. Y allí quedó esta avecilla, en
la recién fundada pajarera, para que cantara en unión de los más expertos troveros las loas a Santa María. Aquella mujercita valerosa y triste era m¡madre, que al dejarme en el cobijo del santuario no pudo evitar que el llanto del corazón se le subiera a los ojos. La avecilla era yo. Fu¡uno de los doce primeros infantillos de la Escolanía, que animaron aquella santa casa, brincaron por aquellos breñales y escalaron las cimas del Montcabrer.
Vino la República, con ella la revolución y con ésta la dispersión de todos los mocadores del santuario. ¡Dios sabe hasta cuando!
El próximo día 8 de Septiembre, una vez más se celebrará la fiesta anual de la Virgen del Castillo, pero sin frailes n¡infantillos.
¡Señor, Señor!... La Virgen Morena está triste, m¡madre viejita y enferma. ¡Cuándo me dará el cielo ver la alegría en los ojos de mis madres: la que está solita en su casa de Alcudia y la que está también muy sola en su santuario de Agres! Aquel día, aunque no sea con la primorosa voz que tuve de riño, cantaré: «Salve a la Virgen de Agres, salve...»
Fr. Juan Alventosa García, ofm.
Leyenda
¡San Antón! ¡San Antón!
¡San Antón!...
I
—¡Una copa más, Atanasio, o no eres hombre!
—Venga la copa, amigo Quironeo, que a mí n¡siquiera en broma me dicen los amigos que no soy hombre teniéndome yo como el primero de los más pintaos. Vaya por tu salud... ¿Lo ves, Quironeo, como sí soy hombre?
—Hecho y derecho, es verdad... Bueno, no te brindo más porque veo que ya bailotean hasta las palabras de tu boca. ¿Te acompaño a casa por s¡acaso...?
—No; que hasta a güen borracho no hay quien me iguale. No es menester n¡siquiera por s¡acaso.
—No vayas a reñir con tu mujer, que de seguro te estará esperando las horas muertas al ladico del fuego.
—Eso es cosa que a nadie importa.
—¡Ah! Escucha, Atanasio; las elecciones son pronto. ¿Vas por las derechas o por las izquierdas?
—No sé yo adónde van las derechas las izquierdas tampoco.
—Bebe una copa más.
—Venga. ¡Cristo!; Qué regüeno está el aguardiente!
—¿Votas conmigo? Yo soy izquierdista radical.
—¿Esos son los amigos de Dios? que diga, ¿los bobalicones que dicen que Dios está en el cielo?
—Los otros, los que no lo pueden tragar: los espabilaos, los sabios, porque no se dejan engañar n¡embaucar por toda esa patulea de curas, que el demonio se los lleve a todos...
—Voy por las izquierdas, amigo Quironeo Con que hasta más ver.
Era media noche. No brillaba la luna. Escasa era la claridad de unas cuantas perillas de a veinticinco bujías puestas, no por todas, por escasas esquinas de la población.
Tropezón aquí, caída allá, más allá tropezón y caída y siempre tambaleándose este señor nuestro, como un perfecto adorador sin rival de Baco. Hasta que poco después ¡legó a su casa, donde, como le dijo muy bien su
amigo Quironeo, la tía Bienvenida, su mujer, le esperaba alrededor del llar, ¡Dios sabe las horas!, rezando el rosario de San Antonio: «Antonio bendito, bendito eres, bendito es el Niño que en brazos tienes. Antonio bendito, bendito eres, etc.»
—Güenas noches, hija. Tú siempre reza que te reza, rosario en mano, más romancera que romancera. Pero eso será hasta que yo me canse y too vaya al fuego, como esto— dijo, arrebatándole el rosario y arrojándolo a las llamas, apresurándose a recogerlo la buena mujer.
Y por poco más va él también de narices al brasero enorme.
—¡Ah! ¿Ya estás aquí, rey mío?—contestó ella como s¡nada hubiera pasado—. ¡Qué gusto! ¡No sabes lo contenta que estoy cada vez que al alcance de m¡vista ya te tengo, los festivos sobre todo, porque de pensar que estás metido, cuando no, en los infiernos de las tabernas, capaces de chupar hasta los tuétanos, güeno, pues la carne se me pone de gallina, los pelos de punta, y m¡corazón está hecho un ovillo, y toda yo...!
—¡Hala, hala, hala! ¿Pararás, mujer? A too esto aún no has acabao de rezar tu rosario, por lo que pienso yo no habrás tenio larga velá. A más, que mientras tanto habrás tenido con quien hablar... ¿Habrá bobalicones... y bobas? Mira tú que pasarse cada día lo menos dos horas, o cuatro, a saber, habla que te habla con esos santos que no andan por ninguna parte...
—Sí, señor, que andan, que están en el cielo y muchísimas gracias a Dios que me hace digna de poder hablar con ellos; sino, aquí me estaría pudriendo las horas enteras y verdaderas esperando al muy señor mío, mientras él por esas tabernas trasnochando, emborrachándose que es un primor, y...
—Pero, creatura, ¿cómo van a «estar en el cielo s¡no hay tal, n¡el dios que lo haga ha nacido entoavía?
—¿Ya estamos otra vez igual? ¡No, lo que es a tú, Atanasio, te va a pasar alguna muy gorda, porque Dios castiga...!
—Eso canta el refrán: que castiga y no amenaza. El mundo está lleno de bobainas y hasta en m¡casa los hay a granel.
—¿A granel?
—¡Sí, señora ¡M¡mujer, mis hijos, y tengo pa mí que hasta el perro y el gato. Las mujeres son el demonio y cuando se empeñan en enseñar a sus retoños que hay Dios, güeno, pues hasta que salen con la suya.
—¡A tú te quiero pescar yo, señor mío!
—¿A mí? Tu caña no tiene gran anzuelo pa engañarme.
—Te he de pescar, te digo, sino al tiempo.
Y aquí una carcajada sin ton n¡son que apestaba a alcohol corrompido que le hizo dar un escalofrío, que pronto le pasó sin embargo a tía Bienvenida, resonó por los reducidos ámbitos de la rústica casita.
—Me voy a dormir, porque esta mujer mía, vamos, capaz es de no tener sueño cuando de sus santos se trata, y me tendría aquí de plantón a saber los años.
Se dirigió hacia la habitación de dormir, contigua a la salita, tropezando con sillas, mesas y demás trastos que duplicados veía, cual el héroe de «la cena jocosa» del Alcázar.
Pero pronto volvió que algo más tenía que decirle a su cara mitad muy importante para él:
—¡Ah! Escucha; ¡a ver cómo te las arreglas pa pescarme!
«San Antonio bendito, bendito eres, etcétera», fue la contestación que recibió, pero que él ahogó entre sus insulsas risotadas de tonto de remate que el vino fermentando le hacía dar estúpidamente.
II
Eran nuestros protagonistas de origen rústico. Vivían en Equis, de donde eran, pueblo perteneciente a la Región de Valencia; diez años eran casados, y a falta de muchas riquezas, tanto en muebles como inmuebles, tenían dos niños que dos tesoros de gracia eran. Chiflados por los dos estaban los cónyuges a cual más. Eran de ver las contiendas que se armaban por las ricas criaturas cuando la madre decía arriba y el padre rectificaba abajo, y ellos, indecisos, quedaban un momento s¡n saber lo que hacer de buenas a primeras: Subir primero, bajar primero, o n¡subir n¡bajar para que no ganara n¡el padre n¡la madre y pudiera evitarse la pelotera, que era siempre de marca mayor.
Porque es el caso que la tía Bienvenida, buena por demás, que en sus mocedades no fue ninguna prosaica Maritornes, como abundaban en Equis, a pesar de estar sumisa como manso corderuelo a su señor marido, era, pero lo que se dice del todo, intransigente cuando se trataba de un punto tan
delicado y tan de su corazón venerado como el de la Santa Religión.
Ahí, no; lo que es en tocante a eso no cedía la palabra a su Atanasio aunque éste la aporreara —porque cosa era que traía muy a mal traer al tío Atanasio cuando se le contradecía— y aunque el mundo se viniera abajo.
¡No faltaba más que sus hijitos del alma por culpa de aquel hereje endemoniado no aprendieran a amar a Dios y a temerle!
¡Que no y que no transigía, aunque le diera con la correa como a los chiquillos cuando no iban por derecho camino!
Católico de lo más era Equis y su parroquia tenía en la tía Bienvenida la más asidua de las asistentes y la más ferviente de las madres.
Como que no había función que ella perdiera por nada del mundo, n¡plática que dejara de oír. Contentísimo estaba mosén Narciso de su requetebuena feligresa, en tanto cuanto disgustado andaba del marido de la misma.
San Antonio de Padua era el Patrón tutelar de allí, y la tía Bienvenida que no conocía la A y empeño tenía de sobra por conocer la vida de su Santo amado, apenas le quedaba algún minuto libre ya estaba de cabeza en casa de la tía Tomasina, que en cuanto a mística se llevaba la palma.
La vida, no del santo Patrón, de todos los santos de la corte celestial se sabía por la punta de los dedos, y hasta por las orejas hablaba sobre el particular cuando tía Bienvenida la suplicaba por el amor de Dios le contara algo de San Antón, como por allí familiarmente llamaban al Santo de todo el mundo.
¡Ya lo creo que le contaría!
Y la beatita, una locuacidad era contándole prodigios.
Con una cabeza como un tambor salía de allí nuestra protagonista, pero más contenta que unas castañuelas. Y hala, en cuanto podía, leccionaza de moral a base de la lección que a ella acaban de darle endilgaba a los trocitos de su corazón:
—Escuchad, pichones míos; cuando el vuestro padre empiece a decir malas palabras contra Dios y los santos, taparos, reyes míos, taparos las orejas con lo primero que pilléis a mano, porque esas cosas del infierno, Dios las castiga y de ninguna manera deben oírse.
Añadiendo para sus adentros: «En cuanto a m¡Atanasio, que no es malo del todo, ya veremos por donde le meto el guante pa traerlo a güen camino que alguna miaja habrá de su alma por donde pescarlo.»
¡Qué había de transigir n¡al sol de
mediodía que se le plantara delante! Sometida a su marido, cierto; pero en este punto manda Dios y allí estaba ella pa servirlo. ¡Y a mucha honra y a mayor gloria de Dios! ¡Ya triunfaría, ya, que pa algo San Antón era su abogado!
Porque dicho sea de paso, a San Antón le tenía ella en igual concepto que a Santa Rita, abogada de imposibles...
En lo tocante a creencias religiosas en casa de nuestros héroes, el polo opuesto era el jefe de familia. Por lo demás tenía un fondo hermosísimo. En difíciles circunstancias para los moradores de Equis, tan humano como Ciro con Astiages y Creso fue él para con sus paisanos; tan leal como Fabricio y más generoso que griegos y romanos rivalizando en generosidad. Pero no creía una palabra de las cosas divinas, y aunque era tolerante con los suyos, más de una vez que llegó chispao de la taberna y los chiquillos andaban todavía esperándolo, les increpaba, celoso de lo más.
—¿Sin acostar aún? De seguro que habíais de ayudar a la vuestra madre a rezar, ¿no?
Soltaba acto seguido feas palabras, alargaban los pequeños, según el consejo maternal, las manos, y lo primero que alcanzaban servía de tapón a sus oídos. Le veía él y en seguida se armaba la gorda: réspice a ésta, soplamocos a aquél, bofetón al otro, y al remate todos llorando, hasta él, sí. Porque es lo que decía al fin de la contienda: «Soy un animal a veces y sólo por no serlo no sé de lo que sería capaz... Hasta sé creer sin creer en Dios.»
¡Por dónde encontró la tía Bienvenida el talón de Aquiles en su media naranja! ¡Vaya s¡lo acarrearía al redil!...
Se tenía nuestro hombre por el más pincho, por el más pintao, por el más hombre, ¡vaya!, cuando en conversación con alguien
demostraba clarividente, de modo positivo, la no existencia de Dios.
¡Y que no se engreía él poco filosofando sobre el particular!
Era cosa de oírle decir que es una solemne mentira lo de Dios y sus santos; que para creerlo había de ver... como Santo Tomás, y con eso y todo veríamos luego; que era cosa y cosa comercial de curas y frailes que gozaban de gran maña pa engañar a tóos, a su mujer la primera, y qué por eso, por eso el mundo estaba lleno de bobalicones; Equis también, y su casa ¡no digamos!
Mal cariz tomaba siempre la conversación de tal índole porque todos los suyos se tapaban los oídos, y acto seguido el jaleo de siempre con soplamocos y todo.
Esta discrepancia de los cónyuges en el orden religioso no era sin embargo causa de que el amor no reinara en sus rústicos corazones, haciendo rayas al de Filemón y Baucis, por lo que la felicidad se respiraba siempre que no entraba en escena, blasfemia en labios, el tío Atanasio.
Ahora que, por mucho que presumiera valer y poder en su eterno tema, volaba por lo alto de su manía con alas de papel, y claro, a las primeras de cambio con su mujer—que mucho hombre era en tocante a ese punto—, se venía abajo cual Ícaro con suma facilidad. Y s¡acaso tenía él la habilidad de Catius, poniendo plomo a las alas de su fantasía, como Philetas a sus sandalias para no ser arrastrado por el viento, abajo iba de todos modos, que también su esposa tenía mucho de Consus y de Mens Bona a la par que con la valentía de Horacio Coclés defendía sus principios religiosos sin permitir que los enemigos de éstos traspasaran nunca las puertas de su corazón, cuanto menos las de su sesera... de una católica a carta cabal.
A. Jacinto-Margarita
(Se concluirá).
Trabajo presentado para el concurso literario del año 1931
Rápida
Manchas morales
Sufrir con paciencia las flaquezas de nuestros prójimos es obra de misericordia, pero en muchas ocasiones lo es de justicia, sobre todo cuando nuestra impaciencia acarrea el escándalo.
Nace de tal impaciencia muchas veces la queja y con ella, la murmuración, el juicio temerario y hasta el falso testimonio, con lo cual no solo dañamos la fama ajena, sino que nos hacemos reos de pecado propio y del de escándalo en quien nos escucha. A tal abismo nos lleva el no usar de misericordia, por falta de amor, tan recomendado por Cristo después de su resurrección.
Cuando el amor puro y desinteresado nos guía, jamás se nos ocurre publicar los defectos del amado. Lo más que nos permitimos es, llamarle la atención sobre ello del modo que nos parece eficaz. Así obra la madre con el hijo díscolo. Todo, menos depreciarle ante los demás, porque se deprecia a sí misma.
En la gran familia cristiana debe predominar esta táctica, no tan sólo para evitar que la mancha de nuestros hermanos nos llegue a nosotros por no usar de misericordia, sino para que no sea ennegrecida por el escándalo y objeto de befa por los enemigos de Cristo, siempre dispuestos a ello y a hacerla notar ante los demás, que fácilmente perciben el contraste, como la mancha se nota más en la ropa limpia que en la que no lo está.
Entre los doce primeros cristianos hubo uno díscolo, que no se corrigió ante la amorosa reconvención de todo un Dios, y s¡Este con el amor no pudo corregir a aquella mala acción nacida de su voluntad, ¿querremos nosotros conseguir de nuestros hermanos con otros medios opuestos a sus Mandamientos?
Los enemigos de Cristo no ven que s¡entre doce hubo uno díscolo, entre doce de ellos es difícil encontrar uno bueno ¡pero se empeñan en hacer resaltar esa mancha que no alcanza a los demás, y que lo único que prueba es hasta qué punto respeta Dios el don de la libertad concedido a cada uno de los hombres.
No sólo mira v remira sus trajes quien pretende aparecer limpio ante los demás, sino que evita todo aquello que puede mancharlos, y las mismas precauciones habremos de tener en e! orden moral, cepillando nuestras malas tendencias y teniendo siempre rectitud de intención como medio preventivo de evitar toda mancha moral.
Galo Recuero García
D. José Corts y Grau
Honramos nuestra Revista publicando la fotografía del ilustre y joven catedrático, colaborador de la misma y antiguo y aventajado alumno de nuestro colegio de La Concepción, de Onteniente, donde cursó el Bachillerato.
En recientes y reñidas oposiciones se le ha adjudicado la cátedra de Filosofía del Derecho en la Universidad de Granada, con los máximos pronunciamientos favorables de todo el tribunal.
Tan extraordinario éxito de nuestro ex alumno y colaborador nos llena de íntima y plena satisfacción.
¡Enhorabuena!
El primer hombre blanco en un sermón negro
Habían sido conquistadas las tierras de la América del Norte, poco a poco se habían hecho las demarcaciones de sus estados y se iba imponiendo a los indígenas la lengua y la religión de los conquistadores. Diversas misiones del protestantismo evangelista de la Gran Bretaña habían recorrido todas las regiones del Norte y también habían llegado hasta los extremos lejanos del Estado de Minnesota, dejando en todas partes a diestros catequistas que seguían fomentando la nueva religión protestante.
Había en la Minnesota una gran Colonia de negros, y para su instrucción y catecismo habían destinado a un negro excelente charlatán que se deshacía en hacer comprender a los de su raza las negras razones de la nueva religión.
He aquí cómo les explicaba el origen del primer hombre blanco: «Dios había creado a los hombres negros todos como ellos eran; pero ved aquí, les decía, cómo Dios ha permitido venir al mundo esa villana y maldita raza blanca. Al principio no había en el Paraíso terrenal más que dos seres humanos, Adán y Eva. Ellos eran los dos completamente negros y vivían en la mayor abundancia. Todos los días tenían para comer plátanos, dátiles, bananas, patatas a granel y vino dulce, más de lo que ellos podían desear. Sólo les prohibió Dios comer de las ricas manzanas que las guardaba para sí y para los ángeles, cuando venían a pasearse por el jardín todas las tardes que hacía buen tiempo.
Mas ellos pecaron comiendo del fruto prohibido, y fueron arrojados de aquel rico jardín del Edén.
Al poco tiempo ellos tuvieron dos hijos, negros como ellos, y les llamaron Caín y Abel. El primero mató a su hermano por envidia, porque Dios aceptaba sus sacrificios, mientras que rechazaba los que él le ofrecía. Entonces el Eterno llamó a Caín y le pidió cuenta de su hermano, preguntándole qué es lo que había hecho de su hermano Abel.
Caín sufrió tal espanto y temor, cuando Dios le preguntaba qué es lo que había hecho de su hermano Abel, que se puso todo blanco por el inmenso miedo que sentía por haber cometido tal maldad.
Dios en castigo de su crimen le dejó blanco, y blancos continuaron siendo todos sus hijos y descendientes. Por esto la raza blanca es una raza vil y maldita, cuyos hijos no se volverán negros sino después de haber sido purificados por el fuego.»
Fácil es comprender el odio y la animadversión que comenzarían a sentir aquellos pobres negros contra los hombres blancos; y ya se ve cómo el buen predicador echaba el agua a su molino, y como cada cual estima mejor lo que es suyo, y el que no se consuela es porque no quiere. Para nosotros, los ángeles y las almas son blancas como el armiño, o mejor aun, resplandecientes como la luz del sol, y los demonios y pecadores nos los forjamos negros como tizones. De creer es que los negros formarán juicios diametralmente opuestos a nuestro parecer. Pero será esto tal vez en los negros protestantes, que han tenido la desgracia de no conocer la luz de la fe, más que empañada con las negras sombras del error. Los negros que se convierten a la fe católica desean ser blancos, por lo menos aspiran a la blancura del alma, purificada por la gracia que es todo luz; por eso Cristo se transformó en el Tabor vestido de una ropa blanca como la luz del sol, y los ángeles, s¡alguna vez se muestran y dejan ver, visten túnicas blancas y resplandecientes; y las almas puras son blancas como los lirios; así como los lirios blancos son el emblema de la pureza inmaculada de María y del Esposo de las almas que se apacienta y gusta de pasearse entre los lirios.
Queda, pues, desmentida la patraña del predicador negro, y el primer hombre blanco salió todo blanco de los senos insondables de la blanca y eterna luz de Dios.
Fr. Manuel Balaguer, ofm
Teruel
¡Vaya por Aragón!
La Acción Antoniana se sale en el presente número de los ordinarios cauces por donde discurre en la región valenciana y se traslada a Aragón, tierra recia y viril, rindiendo homenaje de pleitesía a una de sus históricas capitales, a Teruel, ciudad de abolengo, ligada a Valencia por las limpias aguas del Turia, emporio de riqueza, por la cinta de hierro del Central de Aragón, ruta exportadora de los productos que el esfuerzo de sus hijos arranca a sus campos y por los lazos inconfundibles del afecto y laboriosidad de miles de turolenses que viven en Valencia y en Valencia encuentran campo abierto a las actividades de sus esfuerzos generosos.
Justo homenaje de simpatía, de admiración, rendimos hoy a la pequeña capital del bajo Aragón, dilecta a los franciscanos. Ella guarda los despojos sagrados de los Santos Juan y Pedro que echaron en el surco secular la semilla de la Orden Seráfica, en el recinto de sus muros venerables se desenvuelven, como en casa solariega, los hijos de las tres Ordenes del Patriarca de Asís, practicando la paz y el bien... También Teruel coopera a nuestros esfuerzos con una lista copiosa de abonados que todos los meses acogen con simpatía en sus moradas esta humilde publicación, minarla con cariño, la leen con fruición y la guardan como tesoro espiritual.
Ritmo moderado
Teruel es el tipo clásico de la pequeña capital de provincia del centro de España. Encaramado a un cerro, de calles estrechas y plazuelas solitarias, fácil de recorrer a pie, de clima frío, de confortable y tranquilo vivir.
Es una ciudad de reposo, donde las horas se deslizan tranquilas, sin trepidaciones n¡tumultos; pero donde esa paz no se compra
al precio de sacrificar las comodidades de un conveniente confort.
Teruel no es una metrópol¡esencialmente moderna; pero no es tampoco un rincón vetusto que vive sólo del ayer, como Albarracín. Se halla en un discreto y agradable término medio entre ambas opuestas modalidades y este equilibrio le permite contentar las aficiones más opuestas de sus visitantes, satisfaciendo a todos... excluidos los que necesitan el vértigo de fiestas, deportes, aglomeraciones y espectáculos, para hacer como que se distraen.
Teruel urbano
Desde la estación del ferrocarril y carretera o puentes del Turia, el aspecto de la ciudad no puede ser más agradable y de más pintoresca vista por su situación en lo alto de una meseta, el aspecto de sus edificios escalonados en distintos planos y la silueta de sus torres mudéjares.
Cuenta con 16 plazas y 76 calles, varios paseos públicos, algunas construcciones modernas de gran vista, como la hermosa y artística escalinata que, desde el paseo del Óvalo, descendiendo suavemente, termina frente a la estación del ferrocarril Central de Aragón y que fue inaugurada en Junio de 1921; el atrevido y elegante viaducto de la carretera de Valencia, sobre el barrio de San Julián; el Instituto de Higiene; la plaza de toros; y en vías de pronta terminación la Sucursal del Banco de España, el Teatro Marín y las Escuelas Normales.
El artista, el arqueólogo, el amante de tradiciones y recuerdos, tienen en Teruel rincones evocadores, ungidos por la fragancia 'le los siglos, monumentos arquitectónicos, preciosos templos, reliquias de pintura y escultura, notables rejas, viejos palacios y señoriales mansiones, que en los labrados escudos berroqueños de sus frontales muestran aún los restos de su pasada grandeza. El arte mudéjar, genuino de Aragón, tiene en Teruel los más notables ejemplares, en la fachada y torre de la Catedral y en las torres bellísimas del Salvador y San Martín.
La ciudad cuenta 13.578 habitantes y tiene estación de ferrocarril, varias carreteras con numerosas líneas de autobuses a distintos puntos de dentro y fuera de la provincia; buenas aguas potables; teléfono y telégrafos, sucursales de Bancos; sociedades de diversa índole; confortables hoteles; teatro; cines; periódicos y cuantos elementos de vida debe tener hoy una capital de provincia. Las oficinas del Estado se hallan, de ordinario, lamentablemente instaladas en antiguos edificios religiosos.
Para la enseñanza posee un Instituto de segunda enseñanza, creado en 1845 e inaugurado en 1876, que no reúne buenas condiciones n¡de capacidad n¡de emplazamiento. Los Padres Franciscanos tienen un Internado donde se dan clases superiores; los Hermanos de las Escuelas Cristianas un colegio que abarca todos los grados; los Terciarios Capuchinos, en el Asilo de San Nicolás, buenas escuelas y talleres de artes y oficios, existiendo igualmente numerosas Academias y Escuelas públicas y privadas. Para la enseñanza de la mujer están, además de la Normal y grupos escolares, el Colegio de la Purísima, dirigido por las Terciarias Franciscanas; el del Sagrado Corazón, por las Hijas de San Vicente de Paúl, y el Internado Teresiano.
La industria no es muy floreciente. Cuenta no obstante con fábricas de hilados, harinas, licores, baldosas y azulejos, carburo de calcio, hielo, electricidad; géneros de punto, curtidos, talleres de ebanistería, carpintería, imprentas, resinerías, etc.
El comercio tiene buenos establecimientos abiertos al público, surtidos de toda clase y
variedad de artículos. La agricultura es pobre, por lo improductivo del terreno y lo extremado del clima; sólo en la huerta, que se extiende a lo largo de las márgenes del Turia, se cultivan con esmero trigo, patatas, cebada, maíz, remolacha, hortalizas, frutas y plantas forrajeras. En esta zona abunda también el arbolado.
Teruel religioso
La abundancia de iglesias y conventos que se ven en las calles y plazas de la ciudad indican el carácter piadoso que antiguamente predominaba en los aragoneses. Aun hoy se ven concurridos los templos, porque la piedad es la nota característica de la mujer turolense.
Además de la iglesia catedral, célebre por sus retablos de madera tallada y reja del coro, existen dignas de visitarse las iglesias de San Pedro, Santiago, el Salvador, San Miguel, San Martín, San Andrés, San Juan y la Merced. El Seminario, edificio de colosales proporciones, era antiguo colegio de jesuitas. Digna de visitarse es la iglesia de San Francisco, de estilo gótico, recientemente restaurada, situada en la parte baja de la ciudad.
Cuenta Teruel con comunidades religiosas de Franciscanos, Paúles, Terciarios Capuchinos y Hermanos de las Escuelas Cristianas.
De mujeres tiene los conventos de Clarisas y Carmelitas, de clausura; y comunidades de Hijas de la Caridad (Beneficencia, Hospital y Asilo), Hermanitas de los Pobres, Terciarias Franciscanas, Siervas de Jesús y Teresianas.
La sede episcopal de Teruel fue creada por el Papa Gregorio XIII en 1577, a instancias de Felipe II. Actualmente tiene unida la administración apostólica de Albarracín, desde que esta sede quedó suprimida por el Concordato de 1851. La Diócesis ha tenido hasta la fecha 38 Obispos, siendo el Reverendísimo Doctor Fray Anselmo Polanco, agustino, recientemente consagrado, el que actualmente la rige.
Los Amantes de Teruel
Adosados a la iglesia de San Pedro se conservan las momias yacentes de estos románticos turolenses, que tanta fama han dado a su ciudad natal y cuya historia es la siguiente, despojada de los pormenores con que la adornan poetas y falsos historiadores:
Diego Juan Martínez de Marcilla e Isabel de Segura se querían con ardiente pasión; los padres de ella se opusieron a esos amores y quisieron casarla con otro; ella resiste cuanto puede, pero al fin vence la autoridad paterna. La misma noche del día de la boda logra el amante llegar hasta su amada, y en la propia casa de ésta, después de las naturales explicaciones y al separarse para siempre, le pide una última prueba de amor: un beso, según la tradición más generalizada; ella se lo niega por estar ya unida a otro hombre, aunque lo aborrece, y ante esta negativa, muere el amante como herido del rayo. Al siguiente día, en el acto del entierro, dentro de la misma iglesia y ante numeroso concurso, se arroja ella sobre el cadáver del que fue su amante, le da el negado beso y abrazada a él queda muerta.
En la poesía, en la novela, en el teatro y en la tradición han inmortalizado esta leyenda infinidad de autores.
Historia de Teruel
Todos los historiadores convienen en que Teruel existía ya en tiempo de los fenicios con el nombre celtíbero de Turba. Cuando los cartagineses, primero, y los romanos más tarde, irrumpieron en nuestra Península, Teruel, no sólo era población importante, sino la capital de la comarca que ocupaban los turdetanos. En la invasión árabe, Turba, formaba parte de los Estados del rey de Valencia, Abubecar. En 1076, el Cid Campeador entró por tierras de Calatayud y Teruel, que eran del reino de Valencia. Pero quien conquistó y arrebató a Teruel del poder de los moros fue Alfonso II en 1171, poblándola de cristianos. Después siguió el curso de los acontecimientos entre Aragón y Castilla.
Agradecimiento
No queremos terminar estas ligeras notas descriptivas sin consignar nuestro tributo de admiración hacia una dama ilustre, turolense de sangre y de corazón, doña Ricarda Gonzalo de Liria, que, con desprendimiento generoso, contribuyó a que en 1898 tomaran de nuevo posesión los Franciscanos de la artística y bella iglesia que levantara el obispo García Fernández de Heredia y en el solar del antiguo convento que derribara la revolución se levantase una sencilla mansión monacal, albergue hoy, a más de una ejemplar comunidad, de un enjambre de bulliciosos jóvenes estudiantes que cursan carreras especiales en los centros culturales de la hermosa capital.
F. de Paula
—