San Pacífico de san Severino

Confesor de la primera Orden de San Francisco. Su fiesta se celebra el 24 de septiembre

El convento de la Marca Ancona, que en otro tiempo fue testigo de las virtudes de los Beatos Conrado de Offida y Pedro de Treja, fue también ilustrado en el siglo XVIII por las admirables virtudes de este siervo de Dios. Nació en San Severino, pequeña villa de la Marca de Ancona (Italia), en 1653. Sus padres, que eran piadosos, le dieron una educación esmeradamente cristiana, y él manifestó una precocidad tan extraordinaria para las cosas de piedad, que a la edad de tres años llegó su fama a oídos del Obispo, que quiso verle, y por gracia especial le dio el Sacramento de la confirmación. A los cuatro años todo su recreo consistía en asistir al Santo Sacrificio de la misa y entregarse a una fervorosa oración lejos de sus camaradas, que le amaban por su carácter dulce y atrayente. Sus facultades intelectuales estaban, por otra parte, muy despiertas, y les era en sus estudios muy superior.

Joven tuvo la desgracia de quedar huérfano de padre y madre, y encargado de su tutela un tío sin entrañas ni afecto, lo trató ásperamente, y permitía que sus criados le imitaran en sus indignidades, lo que hizo sufrir mucho al joven.

Inclinado a la vida religiosa, a los diecinueve años tomó el hábito franciscano en el convento de su patria, haciendo en el nuevo estado rápidos progresos. Humildísimo, buscaba todas las ocasiones de ser despreciado, lo que hizo a sus condiscípulos formar un bajo concepto de su capacidad y equilibrio nervioso; pero bien pronto tuvieron que persuadirse que era la virtud la causa de aquellas rarezas, pues en sus estudios aventajaba a todos, llegando prontamente a merecer la ordenación sacerdotal.

Entretanto había adquirido en grado admirable todas las virtudes seráficas. Deseoso de salvar almas, se dedicó a la predicación. Sus sermones eran claros y sencillos, pero llenos dé unción celestial y eficacísimos para convertir pecadores.

Quiso Dios probarle con muchas enfermedades cuando estaba en la fuerza de la edad, porque las piernas se le cubrieron dé llagas extensas y profundas, perdió la vista y el oído, a más de otros achaques, y obligado a dejar el ministerio apostólico, se retiró al monasterio de Fosano, donde había pasado su año de prueba.

Allí, continuando una vida de penitencia, hizo más bien a la Iglesia de Dios que con su predicación, pues constantemente elevaba al cielo sus plegarias por la conversión de los pecadores y por los sacerdotes evangélicos. Durante el Santo Sacrificio, que celebraba devotísimo, se arrobaba en éxtasis, con asombro de los circunstantes.

En sus achaques jamás se le oyó una queja, repitiendo sin cesar: «Dios lo quiere así, hágase su santa voluntad.» Su jaculatoria favorita era la de Nuestro Padre San Francisco: «Dios mío y todas mis cosas.»

El Superior, queriendo probar algunas veces su virtud, le llamaba hipócrita, que quería robar el cielo; pero el Santo se sonreía por toda respuesta.

Hablaba muy poco, y siempre con palabra dulce y caritativa; y era tal la modestia de sus ojos, que religiosos que vivieron con él muchos años no pudieron saber de qué color los tenía.

Tuvo revelación del triunfo de las armas católicas en Belgrado, y lo manifestó en el mismo momento con gran júbilo a sus hermanos para que le ayudaran a dar gracias a Dios.

San Pacífico pasó de las tinieblas de este mundo a la claridad de la gloria el día 24 de septiembre de 1721, teniendo sesenta y ocho años de edad, de los que cincuenta los había pasado en la Orden.

La fama de su santidad, que tan célebre le había hecho en vida, se aumentó después de su muerte por sus muchos milagros; por lo que Gregorio XVI le colocó solemnemente en el catálogo de los Santos.

Fr. Luis Mª Fernández Espinosa

San Pacífico

San Pacífico (De Santoral virtual)

A San Pacífico

Desde joven la paciencia
tienes en heroico grado,
practicando así la ciencia
de Jesús crucificado...

Proclama tu mismo nombre
que es tu ardiente y vivo anhelo
la paz, que le trajo al hombre
el buen Jesús desde el cielo...

La sencillez franciscana,
que es toda luz y candor,
en tu corazón se hermana
con el sublime fervor...

Son tu gala y tu ornamento
la pureza, la humildad,
el amor al sufrimiento
y la santa caridad...

Tu alma siempre se desvela
por unirse más a Dios,
y alegre seguir anhela
de la soledad en pos...

Con fervor te suplicamos
por tu gloria en el sufrir,
que en paz cristiana vivamos
y en paz logremos morir...

Jesús Galbis

La señal de la victoria

Con desbordante entusiasmo y loco frenesí recibían los pueblos al divino Llagado del monte Alvernia al pasar éste para Asís, después del estupendo y nunca visto milagro de la impresión de las llagas de Jesús en su cuerpo bendito. Caminaba el Santo en un jumentillo, acompañado de su discípulo predilecto Fray León y un devoto aldeano. Las gentes le aclamaban, tendían a su paso los vestidos por el suelo y se acercaban a tocar las ropas santificadas del nuevo redentor y a besar los pies y las manos que habían merecido ser clavadas con las de Cristo Dios.

Nunca se había visto hecho semejante después de la entrada gloriosa de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos. ¡Sólo Francisco era extraño a este su paso triunfal! Su mente, elevada en una idea sublime, y su corazón, arrobado en Dios, no advertían lo que fuera y en torno de ellos ocurría. «¿Ya hemos llegado al Burgo de Santo Sepulcro?», preguntó en cierto punto a Fr. León; y este lugarejo precisamente había sido donde con mayor entusiasmo, vocerío y aclamaciones recibieran a Francisco llagado, hasta el punto de sufrir su persona muchas molestias a causa de la multitud. Bien dicen las Florecillas: «Cuando ya quedaba atrás la comarca del Burgo y se había vuelto la gente a sus casas..., volviendo en sí el celestial contemplador, como si viniese del otro mundo, preguntó al compañero: "¿Cuándo llegaremos al Burgo?"»

San Francisco desciende del Monte Alverna

San Francisco vuelve del monde Alverna guiado por un crucifijo luminoso. José Benlliure

Del otro mundo venía, ciertamente, el que así preguntaba, porque no puede en manera alguna decirse que vive aquí el que tan fuera de lo que pasa aquí tiene su alma y sus deseos. Arriba, arriba miraba Francisco; en el cielo tenía fijos su mente y su corazón; porque la verdadera señal de su victoria no estaba en las voces y en las aclamaciones de la muchedumbre popular, sino en el radiante emblema que el dedo vivo de Dios trazaba ante sus ojos en el firmamento.

Como al gran Constantino, se le dice también a Francisco desde lo alto: In hoc signo vinces (con esta señal de la Santa Cruz vencerás); mejor: ya has vencido y triunfado. Pusiste en ella tu gloria, y ella, en verdad, te ha glorificado y te glorifica. Fr. León, fidelísimo secretario del Santo, es quien nos revela este misterio.

Al día siguiente, refieren las Florecillas, prosiguieron el camino hasta Santa María de los Ángeles; y cuando ya se acercaban, levantando Fr. León la vista hacia el convento, vio una hermosísima cruz de oro con la imagen del Crucificado, la cual iba delante de la cara de San Francisco, y cuando éste paraba, se detenía también ella, y andando él, proseguía ella; era tan resplandeciente, que no sólo le iluminaba el rostro, sino todo el camino alrededor, y duró hasta que el Santo entró en Santa María.

¡Oh dichosa Porciúncula!, en ti concibió la gloria de la Cruz, y de ti salió para alcanzarla el nuevo cruzado de Cristo, Francisco; y he aquí que vuelve a tu seno, revestido de sus blasones, triunfante y glorioso con ella, para confirmarte en el título real y divino que tienes de ciudadela invencible de los caballeros de la Santa Cruz.

¡Lejos, muy lejos de ti y de los Frailes Menores, gloriarse en otra cosa que en la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, para el reinado de la cual han sido llamados al mundo por Dios! ¡Salve, Cruz sacrosanta, emblema glorioso de Cristo Redentor! ¡Salve, Cruz preciosa, bandera invicta de la religión de Francisco! ¡Tú eres nuestra gloria; tú nuestro honor excelso; tú nuestro decoro! Tú, esculpida por la mano de Dios en la carne viva de nuestro Padre, y puesta como celeste arco de triunfo sobre la Porciúncula, y enarbolada en la cumbre del monte Alvernia, para que el mundo entero la adore cual en segundo Calvario..; tú, Cruz bendita, manifiestas el alto y divino origen de nuestra estirpe y su fin incomparable en la Iglesia. Los que son, en efecto, de Cristo, no pueden menos de confesar que es Francisco, con su Orden, el primer abanderado del ejército cristiano.

Fr. Antonio Torró, ofm
Mártir de Dios y de España.

José Mojica

Un hecho de veras sensacional para este siglo pervertido ha ocurrido en nuestros días: que ha cantado ya su primera misa el célebre tenor José de Jesús Mojica y Montenegro.

Necesario me es decir que, en la imposibilidad de alargarme en referencias, apenas presentaré una breve y sucinta relación de su vida y de su conversión.

Nacido en San Gabriel, hermosa población situada en la falda de una montaña mejicana, pasó sus primeros años en devaneos y fantasías, ya cantando bellas óperas por los proscenios de los teatros en compañía de los más afamados cantores como Caruso y Titta Ruffo, artistas italianos que viajaban de Méjico a los Estados Unidos, ya siendo intérprete de varios films. Hijo de padres católicos, desde pequeñito recibió una educación religiosa; el quedar huérfano de padre, hallándose él en plena mocedad, fue lo que le acarreó una vida llena de vicisitudes.

Estudiaba en un colegio católico, que tuvo que abandonar para cursar en las escuelas públicas; aquí, al contacto de un medio frívolo y corruptor, perdieron calor los principios religiosos que había recibido de sus padres.

a
Fr. José Mojica (Wikipedia)

Así vivió en este marasmo de desaliento religioso, hasta que por casualidad cayó en sus manos y leyó un libro que trataba resumidamente de la vida de los primeros franciscanos; entonces una llama de amor divino tocó su corazón y fue rápida su conversión, ingresando luego en la Orden Tercera de San Francisco de California. Al morir su madre experimentó él grande amargura; se internó en una casa franciscana de Retiros Espirituales de Hindsdalse, en los suburbios de Chicago, y allí pasó diez días en profunda oración por el descanso eterno de su madre.

En este retiro definió su vida futura; renunciando a sus bienes, pidió que le admitiesen en la Provincia franciscana de Los Doce Apóstoles, en el Perú, vistiendo el hábito del Serafín de Asís en el convento de San Francisco, de Arequipa.

Comenzó sus estudios preparatorios; hizo el noviciado; cursó filosofía y teología y, por fin, cantó su primera misa en Lima el día 27 de julio de 1947.

No podemos menos de congratularnos con este hecho verdaderamente admirable, viendo que el grande cantor profano es ahora sacerdote e hijo de San Francisco.

No deja de ser para mí, que en breve ingresaré en el noviciado, motivo de estímulo y aliento el caso que expongo; ¡ojalá que su apostolado sea muy fecundo y provechoso!

Carlos de Jesús Aranda

(Traducción del portugués del P. Pacífico Torres)

De nuestras misiones en China

Tai-yuan-fu, 7 de julio de 1947.

Muy R. P. Joaquín Sanchis, O. F. M
Provincial de los franciscanos de Valencia

Mi muy amado P. Provincial: Su carta del 4 de junio ha venido rápidamente, no sé si vía marítima o vía aérea. El matasellos de Onteniente lleva la data 16 de junio, y el de aquí, 6 de julio. ¡Apenas veinte días de viaje! ¡Honor al diligente cartero San Antonio!

Esperaba su escrito para tener ocasión de comunicarle algunas noticias interesantes de estos últimos tiempos referentes al P. Severino González. Aprovecho la relativa libertad de mis vacaciones para satisfacer aquel deseo.

A principios de mayo la situación de toda esta región se agravó sobremanera. Los comunistas avanzaban en todas direcciones hacia esta capital, resueltos a tomarla, y así rehacerse de los descalabros sufridos en otros puntos de su vasto campo. La ciudad se llenó de fugitivos y nuestra Residencia de misioneros de éste y de otros Vicariatos limítrofes, que buscaban refugio en nuestra casa. Entre estos refugiados se encontraban también todos los que rodean el santuario de la Virgen del que es custodio el P. Severino. Estos dijeron que, invitado a venirse, había rehusado la ocasión. La situación se agravaba por momentos; el Gobernador militar había proclamado la ley marcial y ordenado la resistencia armada y la requisición de alimentos para racionar su distribución en caso de asedio.

Así las cosas, me llegó la siguiente carta-testamento del P. Severino.

«Santuario de la Virgen Inventio Sanctae Crucis J. V. 1947.

»Al Rdo. P. Gonzalo Valls, paz y bien. Carísimo Padre: Recibí su última con la adjunta del P. Pablo Liou y las revistas. Hoy, leídas todas, se las remito con un millón de gracias. Caro Padre, podría ser que ésta fuese la última que le escribo, pues los comunistas avanzan con furia infernal, y los soldados provinciales y populares se retiran sin disparar un tiro. Yo podría marchar, pero me parece más prudente quedar aquí, en espera de lo que Dios Nuestro Señor disponga, pues si yo me marchara todos los trabajadores escaparían, dejando desierto el santuario, en cuyo caso los comunistas tendrían algún motivo de dudar de mí y de los trabajadores, es decir, de la Iglesia, como si hubiésemos hecho pacto con los provinciales, y lo destruirían todo.

Así, pues, pida mucho al Señor y a la Santísima Virgen por mí a fin de que les sea siempre fiel et dignus inveniar aliquae pro nomine Jesu contumelias pati (1). Le ruego que, de lo que haya, en caso que yo no pueda, comunique a los Superiores y a mi amada familia. ¡Ojalá Dios Nuestro Señor quiera en mí aumentar el número ya crecido de sus discípulos mártires! (lo tuve en mis clases de Roma). Con fraternos saludos al Venerable Fr. Bernardino, le abraza en el Corazón de Cristo su último discípulo.

Fr. Severino González OFM

La carta anterior se cruzó con otra mía en la que le incluía la que usted nos escribió a principios de abril.

A los pocos días comenzaron a correr rumores, que nadie podía confirmar, que los rojos habían invadido el santuario y habían matado al P. Severino o mandado a su retaguardia de ellos. De estas dudas nos sacó la siguiente carta, recibida a fines de mayo.

«Fiat voluntas Domini super nos! — Santuario de la Virgen, 17-V-1947.

»Al Rdo. P. Gonzalo Valls, ¡paz y bien! Carísimo Padre: Recibí su última, con la adjunta de nuestro P. Provincial. ¡Muchísimas gracias! Le he transcrito lo más claro que he podido el catálogo de los misioneros franciscanos españoles en China, y otro de los valencianos, o mejor de los franciscanos, de las dos Seráficas Provincias de San Juan Bautista y de la Observante de Valencia en Extremo Oriente, según la Historia del P. Fr. Huerta. Del Menologium, del P. Ricci, no se puede sacar en limpio a qué Provincia Seráfica pertenecen. En esta segunda lista, sacada del Menologium, no copié los nombres de los ya apuntados en la primera del P. Huerta para evitar repeticiones. No tengo más apuntes de los que le envío.»

(Todo esto decía respondiendo a la petición mía de mandarme aquellos datos.) Y luego continuaba:

«Anteayer al amanecer los comunistas hicieron un atraco a los pagos de Llun-kou-tze y de Ibo-tzan-sui, según he oído; del primer pago mataron, fusilado al escapar, al hermano de nuestro Fr. Tadeo, y del segundo pago cogieron prisioneros seis o siete hombres. Se dice también que el P. Bautista Ibe, quien furtivamente había ido a Hun-kou-tze para celebrar la fiesta de la Asunción, pudo escapar a tiempo.

¡Esta era mi preocupación! No sé aún pormenores.»

(Todo resultó verdad.)

«Hasta ahora no se han visto por aquí los rojos en el santuario —¡Deo gratias!—; pero todos los días se oyen disparos de fusiles, ametralladoras y pequeños cañones por estos alrededores. Por hoy nada más.

Que la Santísima Virgen, cuyo mes celebramos, salve al pueblo chino y a todo el mundo de esta plaga infernal. Ruegue al Señor mucho por su afectísimo y último discípulo,

Fr. Severino González, O. F. M.

Saludos fraternales a Fray Vicente.»

Entretanto aquí se recibieron otras cartas para él de sus familiares de España, que yo le remití dos veces acompañados de sendos escritos míos, a los cuales hasta ahora no he recibido contestación.

Su persistente silencio no dejaba de preocuparme, tanto más cuanto que nadie sabía lo que pasaba en aquella comarca, cuando hace un par de días se me presentó un joven cristiano de confianza, quien echando la mano en el seno, después de buscar y rebuscar en una escondida faltriquera, sacó, entregándomelo, un pequeño sobrecito mugriento y sudado. Abierto, me encuentro con un escrito del mismo P. Severino, cuyo contenido le transcribo.

P. Severino González«¡Adveniat Regnum Tuum! — Santuario de la Virgen. Fiesta de la Visitación de 1947.

Al Rdo. P. Gonzalo Valls, ¡paz y bien! —Mi muy amado Padre: No sé si ésta podrá llegar a sus manos; San Antonio y las almas del Purgatorio se la lleven. Estese tranquilo; por ahora los comunistas no me molestan, a pesar de manifestar su tirria contra todo lo que huele a Religión, especialmente la católica.

El 20 de junio vinieron por primera vez unos ochenta soldados comunistas, todos jóvenes, de dieciocho a veinticinco años; se portaron bastante bien conmigo, pero algunos durmieron en la iglesia. El 29, domingo, antes de la misa vinieron seis de los del gobierno rojo. Después de hablar con ellos y tratarlos lo mejor que pude, celebré la Santa Misa. A media tarde marcharon, y por la noche volvieron con otros. Ayer, después del desayuno, acabaron de marchar todos.

Carísimo Padre, no sabemos lios designios de la divina Providencia. Yo cada día me siento más pequeño, y por eso mismo con mayor confianza me abandono en las bondadosas manos del Señor y de la Santísima Virgen, ¡Fiat voluntas Dei!

Hablando conmigo han manifestado grande odio contra el P. Bautista He. Apenas tenga ocasión avísele de parte mía de no venir por aquí mientras se encuentren estos diablillos. Dicen los cristianos que por ahora los comunistas hablan muy bien de mí. En cuanto al futuro, Dios Nuestro Señor dirá.

Con fraternos saludos al simpático y amado Fr. Vicente y demás Comunidad. — Sabe cuanto le aprecia en el Corazón de Jesús su menor discípulo y hermano.

Fr. Severino González, O. F. M.»

A todo esto que dice él, añado yo que por conductos fidedignos se sabe que los rojos, que dominan todos aquellos lugares, lo respetan mucho y hasta le dan libertad para que pueda visitar todas aquellas cristianidades y atender a las necesidades espirituales y aun corporales (como médico) de los cristianos en los pagos o pueblos que han quedado forzosamente privados de su misionero, libertad que él aprovecha de mil amores, con gran consolación de los por él asistidos. Su presencia, su virtud y su bondadosa sonrisa parecen desarmar a aquellos energúmenos.

Verdaderamente es admirable la Providencia en sus designios misteriosos que tendrían apariencias de mal. Sin la enfermedad del P. Severino nunca se habría pensado en tener un sacerdote custodio del santuario de la Virgen en aquellos montes. Y sin la presencia de un sacerdote europeo, ¿cómo se habría podido conservar incólume entre tantas incursiones de estos diez últimos años un santuario que, por su posición y su construcción, es una magnífica plaza estratégica y una fortaleza inexpugnable? Pero la Santísima Virgen tuvo cuidado de prepararse un defensor de su casa, escogiéndose de antemano un pobre enfermo ut fortia quaeque confundat [Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios (1 Co 1, 27). Nota webmaster]. Ante estos milagros del amor de Dios, ¿cómo dudar de su asistencia y cómo no abandonarse en sus brazos? Demos gracias al Señor.

La situación ha mejorado, en cuanto que el ejército rojo, que llegó hasta 60 kilómetros de esta capital, ha cesado en su presión armada por haber tenido que acudir a poner reparos a sus filas en otras partes, pero entretanto quedan sus satélites, que no dejan en paz al pueblo y que conservan celosamente las posiciones ya conquistadas, para que les sean puntos de partida para nuevos avances cuando regresen sus huestes.

Entretanto nosotros aquí continuamos tranquilos nuestros respectivos oficios ordinarios, en espera de lo que Dios disponga. También este año hemos podido terminar el curso y presentar al altar otros cuatro sacerdotes. Los misioneros, por su parte, han salido otra vez de esta Residencia, colocándose en los puntos más avanzados, pero seguros, de sus respectivos distritos, desde donde, disfrazados, van haciendo sus conversiones en las cristianidades suyas, consolando, asistiendo y confortando a sus fieles. No hay peligro de ociosidades.

P. Gonzalo VallsSobre nuestro santo Fr. Pascualet se han hecho muchas gestiones para saber si murió, dónde y cómo, pero nada se ha podido saber con certeza sobre el particular. Veré de hacer nuevas investigaciones, y lo que recoja cuidaré de comunicarlo a usted. Una cosa es cierta, que por todas partes por donde pasaba ha dejado con sus admiradas esculturas gratísimos recuerdos de su virtud, piedad, humildad, espíritu de mortificación y sacrificio y amor al trabajo. Lo mismo le digo de Fr. Ezequiel Gasulla, del Padre Fabián Castellá y hasta de nuestro Padre Máiquez. Malos son los tiempos que corremos, pero no dejaré de hacer lo que pueda para recoger los datos que desea Vuestra Paternidad.

Bendígame y hasta la suya, afmo. hijo,

Fr. Gonzalo Valls, ofm

¿No nos podría mandar, aunque por correo ordinario, La Acción Antoniana, para informarnos de las cosas de la Provincia? Saludos a todos.

NOTA.

(1) El P. Severino escribe: et dignus inveniar aliquae pro nomine Jesu contumelias pati. Hace referencia a Act 5, 41 (et illi quidem ibant gaudentes a conspectu concilii quoniam digni habiti sunt pro nomine Iesu contumeliam pati): Ellos [los apóstoles] marcharon de la presencia del Sanedrín contentos por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el Nombre [por Jesús].

A Nuestra Señora de Fátima, misionera de Dios

¡Señora del Buen Camino
no ceséis de caminar,
pues por doquier se os espera
con indecible ansiedad!

Caminos, calles y plazas
con ímpetu torrencial
vuestros hijitos invaden,
que os vienen a acompañar.

Cual imán muy poderoso
Vos atrayéndolos vais,
sin que haya quien se resista
a ese influjo singular.

No pocos de esos hijitos,
ya en poder de Satanás,
han roto al veros sus lazos
y han llorado su maldad.

Como esos pueblos de España
no los hallaréis quizá;
en busca, pues, de otros pueblos
incansable caminad.

Ahí tenéis los de Europa
presa de un hórrido mal:
el virus del comunismo
los corroe sin piedad.

Nada en ellos queda sano;
en ruinas todo allí está:
religión, patria y familia,
hacienda y autoridad.

Todos giman como esclavos
bajo el imperio brutal
de los secuaces de Rusia,
abortos de Satanás.

Consagrados esos pueblos
a vuestro amor maternal
con el mundo, incluso Rusia,
por el Papa fueron ya.

Vuestra mediación, Señora,
la gran obra ha de acabar,
según a tres pastorcitos
disteis promesa formal.

Amable pedís a España
que en ello os quiera ayudar,
y si nosotros queremos
pronto el triunfo llegará.

Lo queremos, ¡oh Señora!
Bien lo visteis al pasar.
Id, pues, ya hacia las estepas
y a Rusia dad libertad.

Con ella también el mundo
encontrará al fin la paz,
y de Belén los cantares
de nuevo resonarán.

¡Señora del Buen Camino,
no ceséis de caminar,
pues si Roma aun está lejos,
Rusia más lejos está!

Fr. Luis Ángel Roig, ofm

Consultorio religioso

¿Es pecado no rezar todos los días los actos de fe, esperanza y caridad?

Los actos de fe, esperanza y caridad sólo estamos obligados a rezarlos expresamente algunas veces en la vida, especialmente cuando sufrimos tentaciones y pruebas contra estas virtudes y cuando nos hallamos en peligro grave de muerte.

Por lo tanto, no es pecado dejarlos de rezar algún día.

Además, los cristianos que rezan todos los días sus oraciones por la mañana y por la noche, que asisten a la Santa Misa y que comulgan con frecuencia, ya hacen con ello actos de fe, esperanza y caridad, por estar contenidos estos actos en casi todas nuestras oraciones. Sin embargo, le recomiendo que los rece «expresamente» con alguna frecuencia, porque son muy meritorios y la Iglesia los ha enriquecido con especiales indulgencias.

Fray Agnello, si uno promete alguna cosa en la confesión, ¿es voto?

No es voto; es simplemente un propósito de enmienda declarado con palabras.

Fr. Agnello

Confidencias

El ser débil no sabe guardarse para sí sus impresiones, sus pensamientos, sus sentimientos.

Hay mujeres que al sufrir alguno de los muchos contratiempos que nos ofrece la vida buscan inmediatamente a quien contarle sus penas y se confían al primero que llega.

Este hecho repetido crea el mal hábito de hablar de lo propio sin discreción, y es una debilidad que debiéramos evitar.

¿Y por qué esas confidencias inútiles de la mujer? Espera y persigue aliviarse «desahogándose». Gran error que voy a deshacer:

Imaginemos que sufrimos un contratiempo cualquiera: una herida en un miembro. Si referimos el accidente, por mucho que enumeremos sus detalles lamentándonos, la cicatriz no se acelerará por ello. Es una dificultad «objetiva» en la que no se producirá cambio alguno por mucho que hablemos.

Por el contrario, esas confidencias aumentan las dificultades «subjetivas». Haciendo a todos el relato de nuestro sufrimiento, detenemos en él mucho más el pensamiento; aumentamos nuestra amargura al examinarlo bajo todos los aspectos y creamos en nosotras una autosugestión de pesimismo que debilita nuestra voluntad.

Cambiemos ese ejemplo por otro moral. ¡Cuánto daño reportan esas confidencias!

¡Sepamos callar algunas veces! Nada de confidencias inútiles. Es una condición necesaria para adquirir el dominio de sí mismo.

¡La vida eterna!

Cristo Nuestro Señor nos enseña y nos exige una vida realmente católica, que consiste en pensar en Dios y cumplir sus mandamientos; pero, desgraciadamente, en Dios se piensa muy superficialmente y se cumple muy rutinariamente unos pocos actos de religión, sin poner en ello el calor de nuestro corazón, sin pensar lo necesarios que son para alcanzar la vida eterna. Muchos piensan que Dios es un ser grande y omnipotente que está allá en la lejanía, al cual rendimos culto los domingos y fiestas de guardar... Pero después, en la oficina o en el taller, en la calle y en el hogar, nadie piensa en Dios, nadie habla de Dios. Si la enfermedad o la desgracia nos hiere nos rebelamos contra todo, sin pensar en besar la mano que nos castiga como debe hacerlo el que se crea buen católico.

Los santos sabían mirar al cielo, y veían que los muchos, dolores aquí padecidos allí eran premiados abundantemente: aquí lágrimas, angustias, luchas...; allí perlas preciosas de la corona celestial. Y ciertamente, bien vale la pena esto de sufrir sin quejarse la cruz que Dios nos dé. Junto a mí todo cae, todo perece, pero sé decir: «¡Hay vida eterna!» Las penas y desgracias me abruman con su peso, pero sé consolarme pensando: «¡Hay vida eterna!»

Hay que aprender muy bien que cuando el cielo esté nublado sobre nuestras cabezas, la luz de la vida eterna ha de abrirse camino a través de los más negros nubarrones. ¡Qué diferente nos parecerá todo desde allá! Si fuiste rico y poderoso no te preocupará tu posición social ni tu lucimiento, sino las obras de caridad que hiciste: si diste limosna a un pobre que te la pidió en nombre de Cristo. Si fuiste obrero no te sentirás orgulloso por la perfección de tu trabajo y la fama que alcanzaste, sino tendrás alegría por haber sido fiel a Dios en medio de un mundo corrompido. Si fuiste madre de familia, lo que le consolará no será el don de gentes que te distinguía en los salones, sino el haber enseñado a rezar a tus hijos al
levantarse y al acostarse. Entonces es cuando, asombrados, comprenderemos que hicimos muchas cosas que no debíamos, y, en cambio, lo que debimos hacer no lo hicimos. Pero entonces ya no sirve el arrepentimiento; es ahora cuando debemos aprender la gran sabiduría.

Hemos de poner al servicio de la vida eterna todos nuestros actos, como hacían los verdaderos mártires, que sufrieron indeciblemente, que murieron, pero que no se dejaron vencer; fueron ellos los vencedores, los que pudieron llegar, por su fortaleza y por su fe en la vida eterna, a la casa del Padre..., a Cristo. ¡Nosotros corremos, y nos damos empellones, y sufrimos, y nos quebrantamos! Y el sol va poniéndose; y nosotros, antes de que el sol se oculte, hemos de llegar a la otra, vida, ¡a la vida eterna! Este momento lo ignoramos todos, por lo cual conviene estar siempre preparados y convencidos de que el alma es superior al cuerpo, que la moral es más preciosa que la ciencia, que el hombre que ora está más alto que el hombre que va a fiestas mundanas. Todo esto' significa ir a Cristo, encontrar el logro de la vida eterna.

Narra una leyenda que, cuando el Niño Jesús huía de la furia de Herodes por el camino de Egipto, se desplomaron todas las estatuas de los ídolos... Esta leyenda debiera hacerse hoy una realidad, en este mundo casi paganizado; hay muchos ídolos que deben desaparcer ante Cristo. Nuestro orgullo altanero ha de rendirse ante la sublime humildad de Cristo. Nuestra jactancia presuntuosa ha de desaparecer ante la pobreza de Cristo. Nuestro afán de placeres tiene que morir ante la encantadora sencillez de Cristo.

Y cuando hagamos esto con buen espíritu, con fe recia, entonces, sólo entonces, se curará la sociedad humana de sus innumerables males.

¡Ayúdanos, oh Cristo, porque sin ti nada podemos! Que el pensamiento de la vida eterna domine siempre a todos los otros pensamientos.

B. G. P.

Cullera eucarístico-mariana

Gratos recuerdos conservan los hijos de Cullera, fieles y amantes de sus glorias, del día 8 de junio. Fue una jornada intensamente eucarística-mariana. Día de amor y de reparación, día de...

Bodas de Plata del franciscanismo en Cullera. — Hace, por lo menos, veintiocho años manos sacrílegas profanaron el santuario del Castillo, robando la corona y alhajas de las Virgen, y entonces, tras de precisos estudios y previas autorizaciones de rigor, los hijos de Cullera ofrecen a la Orden Franciscana la custodia de su joya más preciada, la Virgen del Castillo. Y fue el 11 de abril de 1922 cuando los religiosos franciscanos tomaban posesión del santuario, y al encargarse, viendo que el santuario estaba falto de un nido de amor, un Sagrario para Jesús-Eucaristía, el 25 de octubre del mismo año se bendecía el nuevo Sagrario, conmemorando las Bodas de Plata de la inauguración del santuario.

Vino la época negra para España, de todos conocida, y del santuario desaparecieron religiosos, Sagrario, imágenes y cuanto del culto había, salvándose la venerada imagen, habiendo dos víctimas de su sigilo.

Al final de la guerra, cuando España vuelve a ser la España de sus mejores tiempos y buenas costumbres, vuelve el santuario del Castillo al esplendor y culto interrumpido; tornan los religiosos franciscanos a su custodia, y de nuevo hay que erigir un Sagrario, y se hace, pero, ¿cómo? En la parte artística insuperable, premiada en la Exposición de Arte de Madera en Valencia. Su valor un puñado de miles de pesetas, que se han ido recaudando de pequeñas limosnas y grandes sacrificios.

Sagrario del Santuario de la Encarnación de la Virgen de Cullera (de Nostra Valencia)

La fiesta. — Es el día 8 de junio el destinado para la inauguración del Sagrario, altar de mármol y capilla de Comunión, con su piso también de mármol. Fue un día eminentemente eucarístico-mariano. El programa se desarrolló, si cabe, con más exactitud de lo indicado. Por la mañana, el pueblo apareció engalanado conmemorando la fiesta, mientras una banda de música interpretaba alegres dianas por la ciudad.

A las ocho de la mañana se celebró la misa de Comunión, armonizada por la Escola-Cantorum de la V. O. T., acompañada de orquesta. La misa y plática a cargo del P. Luis Colomer, ex Provincial de esta Seráfica Provincia.

A las diez, solemne inauguración y bendición, del Sagrario, altar de mármol y capilla. Siendo Padrinos en tal solemne acto don Fernando J. Ribera Piris, Alcalde de esta ciudad, y su piadosa señora doña Dolores Llopis Jover. A continuación se celebró solemne misa cantada a gran orquesta. En ambos actos ofició el P. Joaquín Sanchis, actual Ministro Provincial.

Desde las seis de la mañana, que se expuso S. D. M., hasta las ocho de la tarde, que fue la reserva, hubo continuadas Horas Santas por todas las comunidades religiosas, cofradías, Acción Católica, sus cuatro ramas, colegios, niños y niñas del comedor de Auxilio Social y Cantina Escolar, y demás instituciones fundadas en la ciudad, terminando la última Hora Santa a cargo y asistencia del muy Ilmo. Ayuntamiento.

A medio día la V. O. T. obsequió a los niños y niñas acogidos en los comedores de Auxilio Social y San Vicente de Paúl, después de haber asistido a la Hora Santa dedicada para ellos, con una extraordinaria comida.

Por la tarde, a las siete, Trisagio y sermón; éste a cargo del Rdo. Sr. Cura párroco de la ciudad, don Vicente Peris Carbonell. Siguió la procesión por los alrededores del santuario, asistiendo el señor Alcalde y toda la corporación, precedidos de los maceros, terminando con la Bendición papal y reserva, trasladándose el Santísimo a su nuevo Sagrario.

Cerró con broche de oro esta jornada jubilar eucarístico - mariana - franciscana, con fervientes y afectuosas palabras de gratitud, el P. Provincial.

    Noticias

Fecundidad del «Poverello» de Asís

Según una reciente estadística, son 61 las Ordenes religiosas masculinas, con casi 110.000 miembros, y 1.063 las Ordenes, Congregaciones e Institutos femeninos, con cerca de 600.000 miembros. De aquí podemos deducir la gran fecundidad del «Poverello» de Asís, ya que de aquellas 61 Ordenes masculinas, cuatro son franciscanas (franciscanos, capuchinos, conventuales y terciarios religiosos), con una suma de 42.000 miembros, quedando los restantes 68.000 para las otras 57 Ordenes no franciscanas. Algo semejante ocurre con las Ordenes femeninas, 325 de las cuales son franciscanas, con 120.000 miembros, quedando los 488.000 restantes, para las otras 738 Ordenes, Congregaciones e Institutos femeninos. ¡ La Providencia vela por aquellos que lo renunciaron todo para seguir las huellas del Caudillo Enamorado, el «Poverello» San Francisco de Asís! ¡Magnífica fecundidad de la Dama Pobreza!

(De Espigas y Azucenas)

Hacia la República Argentina

Fue el 31 de julio y no el 27 cuando el P. Buenaventura Meseguer, Fr. Miguel Aguiló y Fr. Baltasar Pérez partieron del puerto de Barcelona con rumbo a la Argentina, según carta del Reverendo P. Meseguer a nuestro P. Provincial, cursada el mismo día de la partida desde Barcelona.

En dos cartas posteriores el Reverendo P. Meseguer le da cuenta detallada de la buena marcha del viaje a nuestro P. Provincial, y le comunica las siguientes impresiones: «Según mis cálculos, estamos ahora por el mar de Valencia. Desde aquí, aunque no veo más que agua y cielo, le mando un saludo a la Virgen de los Desamparados e interrumpo la escritura de esta carta para rezarle una Salve, a fin de que nos proteja en este largo viaje...»

«Ya estamos a vista de las montañas costeras de Valencia y Alicante. ¡Adiós, Cullera! ¡Virgen del Castillo, cuida de estos tres navegantes, que son tres hijos tuyos! Estoy emocionado ante el pintoresco Peñón de Ifach; me recuerda a los colegiales seráficos de Benisa y a todos los que en el Colegio están o han estado. Por todos ruego a la Purísima Chiqueta para que salgan de él Misioneros que algún día nos sigan en este viaje de apostolado. Por encima del Peñón les envío mi cariñoso saludo, que quiero que llegue a todos los conventos de nuestra amada Provincia...»

«Fue gratísima la impresión que tuvimos al pasar por Gibraltar. Llegamos a la puesta del sol del día 1.° de agosto y vimos el Peñón por ambas partes; por una se presenta como punto verdaderamente estratégico, y por la otra como punto de veraneo, con sus villas o casitas de distintas formas y muy variados colores. A medida que adelantaba la noche se encendían luces y más luces en las casitas, hasta quedar todo el Peñón como un pueblecito bien iluminado. Y para dar más colorido al cuadro la luna, que salía por detrás del Peñón, como dibujando un camino de plata que llegaba hasta nosotros»...

«A la madrugada del día 2 llegamos a Cádiz. Esto aun es más hermoso que Gibraltar. Después de celebrar la Santa Misa en el vapor y desayunarnos, fuimos a visitar la Catedral y el convento de nuestros Padres, donde vimos mucha gente haciendo visitas para ganar el Jubileo de la Porciúncula...»

«Estamos en domingo día 3. Anoche ya. Acabamos de llegar a Lisboa. ¡Bonita, muy hermosa vista desde el mar! Razón tienen los portugueses para decir: Quien no ha visto Lisboa, non ha visto cosa boa. Y nada más por hoy. Siga rogando por nosotros y mandándonos de cuando en cuando su bendición.»

Nuestros difuntos

P. Buenaventura Arener CuberoDe Pego. — Con la tranquilidad propia del justo cambió esta vida temporal por la eterna, el 27 del pasado julio, el P. Buenaventura Arener Cubero, Guardián del convento de Padres Franciscanos de esta villa.

El buen P. Arener era el prototipo de la simpatía personal. Todo en él llevaba el sello inconfundible de la atracción: su figura airosa, su sonrisa jovial, su carácter franco, su temperamento activo, su laboriosidad incansable, su espíritu de. sacrificio, su conversación amena, su amistad inquebrantable, su gratitud indeleble, su piedad fervorosa, su corrección exquisita, su sencillez afable. Nunca tuvo enemigos, porque su corazón de oro y, por añadidura, de niño, era incapaz de hacer daño a nadie, ni siquiera con el pensamiento.

Fue sacerdote cuarenta y cinco años v todos los entregó al amor de sus semejantes. En conventos y colegios, en oficios y ministerios, siempre llevaba los cargos más pesados; siempre estaba contento; siempre en el púlpito, en el confesionario, en las aulas, en la cabecera del enfermo; siempre era el religioso activo que desempeñaba su misión con dignidad, con tranquilidad, con sosiego de su espíritu.
Fue Guardián de los conventos de Santo Espíritu del Monte, Cocentaina y Pego, y en todas partes donde moró deja una estela numerosa de personas agradecidas que le recuerdan y ruegan por el eterno descanso de su alma.

Dios quiso probar a su fiel siervo en los últimos meses de su existencia con una enfermedad que sirvió para purificarle y aquilatar su virtud. Aquel temperamento que nunca conoció el reposo, cayó mortalmente herido en noviembre del año pasado por efecto de un agudo ataque de disnea; para combatirlo se emplearon remedios heroicos, que le salvaron de momento la vida, pero que inutilizaron por completo aquella robusta naturaleza. Desde entonces el buen Padre Arener vivió casi artificialmente, sin salir de su habitación, sin ni siquiera poder celebrar la Santa Misa. Y él, resignadamente, ofrecía al Señor este pequeño sacrificio cuando por la mañana se le administraba la Sagrada Comunión.

Durante su enfermedad, y especialmente en sus funerales y entierro, se puso de manifiesto las simpatías con que, el bonísimo P. Arener contaba en la villa de Pego.

A su muerte contaba setenta y cuatro años de edad, cincuenta y dos de hábito y cuarenta y cinco de ordenación sacerdotal.

¡Que él Señor haya acogido en su amoroso seno el alma del incansable Padre Arener, y él, desde el cielo, que ruegue por nosotros!

* * *

En Villa Mercedes (Argentina). — Nos comunican del Nuevo Mundo que el día 8 del pasado agosto pasó a mejor vida nuestro querido hermano Fr. Ramón Roig Bayarri, que desde hace años formaba parte, de nuestra comunidad de Villa Mercedes.

Al comunicar aquí tan triste noticia, suplicamos a los lectores una oración por el eterno descanso del finado y damos nuestro sentido pésame a sus familiares.