Oración del Año Santo, compuesta por S. S. Pío XII

Dios omnipotente y eterno, con toda el alma te damos gracias por el gran, don del Año Santo.

¡Oh Padre celestial!, que todo lo ves, que escrutas y gobiernas el corazón de los hombres, hazlos dóciles en este tiempo de gracia y de salud a la voz de tu Hijo. Que el Año Santo sea para todos un año de purificación y de santificación, de vida interior y de reparación; el año del gran arrepentimiento y del perdón. Da a los que sufren persecución por la fe tu espíritu de fortaleza para unirlos indisolublemente a Cristo y a su Iglesia.

Protege, Señor, al Vicario de tu Hijo en la tierra, a los Obispos, a los sacerdotes, a los religiosos, a los fieles. Haz que todos, sacerdotes y seglares, adolescentes, adultos y ancianos, formen en estrecha unión de pensamientos y de afectos, como una sólida roca, contra la cual se quebrante el furor de tus enemigos. Encienda tu gracia en todos los hombres el amor hacia tantos desventurados a quienes la pobreza y la miseria tienen reducidos a una condición de vida indigna de los seres humanos.
Despierta en el alma de cuantos te llaman Padre el hambre y la sed de la justicia social y de la caridad fraterna en las obras y en la verdad.

«Da, ¡oh Señor!, la paz a nuestros días», paz a las almas, paz a las familias, paz a la patria, paz entre las naciones. Que el arco iris de la pacificación y de la reconciliación cubra bajo la curva de su luz serena la tierra santificada por la vida y la pasión de tu divino Hijo. Dios de todo consuelo profunda es nuestra miseria, graves son nuestros pecados, innumerables nuestras necesidades; pero es más grande nuestra confianza en Ti. Convencidos de nuestra indignidad, ponemos filialmente nuestra suerte en tus manos, uniendo nuestras débiles plegarias a la intercesión y a los méritos de la gloriosa Virgen María y de todos los santos.

Da a los enfermos la resignación y la salud; a los jóvenes, la fortaleza de la fe; a las jóvenes, la pureza; a los padres, la prosperidad y santidad de la familia; a las madres, la eficacia de su misión educadora; a los huérfanos, la tutela afectuosa; a los prófugos y prisioneros, la patria; a todos, tu gracia como anticipo y prenda de la eterna felicidad del cielo. Amén.

San José guardián de la castidad

La juventud de nuestros días tropieza con un grave obstáculo para desarrollarse con aquella pureza de alma que exige la naturaleza humana, elevada por Dios al orden sobrenatural de la gracia, a saber: la inmoralidad que presenta la sociedad moderna en sus costumbres paganas, espectáculos provocativos, lujos, modas y lecturas frívolas e indecorosas.

Una de las formas más extendidas de esta inmoralidad reinante y que más estragos hace entre la juventud, es lo que podríamos llamar «pecado encuadernado», es decir, toda esa sarta de revistas en las que la concupiscencia encuentra pasto abundante en todas sus páginas cuajadas de relatos impuros y fotos tan obscenas que parecen salidas de las mismas prensas de Satanás.

Todos estos peligros y otros muchos más que el mundo de hoy presenta y que encierran en sí mucho más veneno que un áspid, hacen que el joven difícilmente pueda mantener pura su alma si un rayo de luz divina no muestra a su inteligencia la hermosura y excelencia de la castidad y un auxilio sobrenatural no vigoriza su voluntad para no doblegarse ante los embates furiosos de la concupiscencia.

Pues bien; ese rayo de luz divina se lo ofrece Dios al joven mediante la Iglesia, la cual, con su Magisterio Infalible, le enseña que la castidad, haciendo triunfar en él el amor divino sobre el terreno, la razón sobre los apetitos y el alma sobre el cuerpo, le restituye en cierto modo la rectitud original, perdida por el pecado de nuestros primeros padres, y le hace vivir en la tierra la misma vida de los ángeles. Y ese auxilio sobrenatural, entre otros modos, se lo da Dios al joven por medio del Patriarca San José; porque San José, que fue joven muy casto y custodio de la pureza de María, nuestra Madre del cielo, y de Jesús, nuestro Hermano Mayor, ha sido constituido también por Dios guardián de la castidad para todos los hombres, pero de un modo especial para los jóvenes que, por razón de la edad, están más combatidos y expuestos a no ser castos.

Entre los muchos casos que prueban esta misión vigilante de San José sobre la castidad, voy a referiros uno que le ocurrió a un joven amigo mío y que él me contó en confidencia de amistad:

Presa de los constantes ataques de la carne, a los diecinueve años, en la edad en que las pasiones se desencadenan con mayor ímpetu, habiendo caído repetidas veces en este vergonzoso y horrendo pecado, se encontraba invadido de una gran tristeza y desaliento.

En demanda de ayuda acudió a los pies de San José; después de larga oración sintió como si el Santo Patriarca le dijese: «Mira, hijo mío; no te entristezcas; no te des por vencido; domínate y vence a la carne; más pecó Agustín de Tagaste y luego fue Santo.»

Quedaron grabadas estas palabras en su mente de tal suerte, que en los momentos de tentación, le resonaban en su interior como si las oyera pronunciar cada vez a San José, lo cual le animaba a dominarse y a resistir la tentación, y así, con el auxilio de este Santo Patriarca, triunfó de la carne y hoy nos dice con alegría: «No soy puro, pero soy casto, gracias a San José.»

Haz tú lo mismo, joven o anciano lector que lees esto; cuando asomen los malos pensamientos en tu mente y griten los malos deseos en tu corazón, acude presuroso a San José, ponte en su presencia, encomiéndate a él con fervor y verás como acude en tu auxilio, y con su protección sales triunfante y victorioso de la lucha de la carne contra el espíritu, de la impura tentación.

José Alba

San José

Estatua de San José por los hermanos Duthoit (siglo XIX). Capilla de San José (1832), Catedral de Notre Dame de Amiens [Wikipedia]

Artísticas

Estamos en marzo. Y un marzo en Valencia es ya un clarinazo a la primavera. Pero la tradicional devoción de Valencia al glorioso Patriarca San José se ilumina de flores de piedad que se cosechan semanalmente en cada uno de los «Siete domingos» precedentes a su fiesta, con dulces rumores de dolores y gozos modélicos para la humanidad.

La iconografía Josefina, artística española, ya es abundante y prestigiosa y desde el siglo VIII hay constancia de su culto en la Iglesia. Se extendió en el XVI, pero al declararlo «Patrono de la Iglesia» el Papa Pío IX, en 1870, acrecieron las imágenes del augusto Patriarca en pintura y escultura.

Por los años fin del XVIII, son magníficas las tallas de la escuela valenciana que encabezan las del notable Ignacio Vergara y las de su buen discípulo Esteve Bonet, con ese aire y sentido barroco, de gran elocuencia morfológica, como la que publicamos.

J. Mª Bayarri

José, Virgen padre de Jesús

El taller de carpintería de Nazaret era la mansión de la felicidad. Su dueño y único oficial, José, hijo de Jacob, se sentía el hombre más afortunado de la tierra. Con razón. Había conseguido la mano de la doncella más pura y hermosa de Israel, María. Nadie como él estaba capacitado para apreciar don tan envidiable. En efecto, podía a sus solas admirar su hermosura virginal. Tenía, además la dicha de sentir de cerca el influjo de su alma irresistiblemente cautivadora. Y en fin, estaba en disposición —él sólo entre los mortales— de apreciar algo de los quilates de su extraordinaria virtud.

Pero el feliz «Carpintero» no alcanzaba aún toda la grandeza de su Esposa. Si sabía mucho de su hermosura, de su virtud, de sus dones de naturaleza y de gracia, desconocía todavía su excelsa dignidad. No sabía que María era la «Bendita entre todas las mujeres». Desconocía el misterio que llevaba encerrado en su seno.

Llegaba el tiempo en que ese misterio debía de exteriorizarse. Un día sobresalta una duda al «justo» José. Duda torturante, pues estaba en juego la fidelidad de su cónyuge. Y ¿cómo no dar fe a lo que veían sus ojos? Su ánimo abatido queda presa de una congoja mortal. Y cuando la angustia llega a su colmo y la felicidad parece para siempre esfumada, el Cielo viene en su ayuda. Un ángel del Señor le revela el misterio: «José, hijo de David, tranquilízate. Acoge a María como tu esposa fiel, pues lo que se ha engendrado en su seno es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados.» Al desaparecer el ángel, un baño de paz refrigera el espíritu de José. La turbación deja paso a un inefable gozo. Desde ese momento su taller vuelve a ser el hogar de la felicidad. Ahora centuplicada. Conoce, en efecto, que la virgencita que le ha cabido en suerte es la propia Madre de Dios. La acrisolada virtud de José y la gracia divina que le asiste, han capacitado su espíritu para captar la magnitud de esta dignidad, y en secreto sabe el hombre de Dios sorber y saborear el júbilo que tal misterio va derramando en su alma.

Pero si José levanta con respeto los ojos hacia María, mirando en ella a la Reina de cielos y tierra, olvida que él comparte la dignidad de que Ella goza. Es esposo de la Madre de Dios y, por consiguiente, padre legal del Hijo de Dios. «Virgen padre de Jesús», así le proclama la Iglesia en una oración indulgenciada, trazando un paralelismo con el título de «Virgen Madre de Dios», que resume la dignidad de María. A más no pudo llegar puro hombre. José entra de lleno en el plano divino en que se mueve María.

Y el paralelismo se extiende no sólo al título, sino también a los privilegios. Los dos privilegios que resumen la vida de María —su Concepción Inmaculada y su Asunción— tienen su paralelo en la vida de José. Si María fue concebida sin pecado, San José fue santificado en el seno materno (no faltan teólogos josefinos que recaben para el Santo Patriarca el privilegio de inmaculado!). Y si María resucitó y subió en cuerpo y alma a los cielos, análogo privilegio atribuye la piedad cristiana a José.

El taller de Nazaret

El Taller de Nazaret. Murillo

El fundamento de la Asunción de San José es fácilmente comprensible. Dicen los evangelistas que al expirar el Redentor «se abrieron los sepulcros y los cuerpos de muchos santos, que habían muerto, resucitaron» (Mt 27,52). Y añaden algunos comentaristas que estos santos no volvieron a sus sepulcros, sino que sirvieron de cortejo al Señor en su gloriosa resurrección y en su triunfante ascensión a los cielos. Siendo esto así. ¿no es lógico pensar que entre los «santos» resucitados figuraba el «Justo» José?

Sobre la vida del «Carpintero de Nazaret» se cierne el más impresionante "silencio. Asimismo sobre sus privilegios. Únicamente los vislumbramos. Tanto mayor será su gloria cuando, ante las muchedumbres de elegidos reunidos en el «valle de Josafat», sea José aureolado con la corona de «Virgen padre de Jesús».

Fr. Joaquín Sanchis Alventosa, ofm

La cruz del matrimonio

(Pequeño monólogo)

Pues sí, lector... María, la hija dulce de Joaquín y de Ana, vivía con sus padres en la ciudad de las flores: Nazaret. Ese es su significado armonioso, su nombre agradable. ¿Verdad qué imagináis a la Virgen niña caminito de la fuente, y huelga decir el cariño de sus vecinos en las reuniones, cuando la tarde caía...? Toda esa obra de Dios la completaba Santa Ana. Su hija, criatura sobrenatural y privilegiada, aprendía toda la santidad de ésta maestra y directora. ¡Ese cuadro de Murillo...! Y Ella solía pasar a una casa próxima, donde vivía una familia con la cual les unía lazos de parentesco cercano. Se componía de un anciano ciego; su hijo, un joven carpintero, que seguía el oficio de su padre y una muchacha. La amabilidad del viejo atraía todas las tardes a su taller gran número de niños del barrio; entre ellos, con frecuencia, figuraba María, y entonces era el acontecimiento de todos. Siempre que la niña acudía le hacía el viejo relatar algún pasaje de los libros sagrados.

Y se cambiaban los papeles. En vez de ser el «abuelito» el que contara y contara, era la niña... José, que así se llamaba el joven carpintero, gustaba de aquellas escenas, suspendía de ordinario su trabajo y quedaba embelesado ante la graciosilla narradora. Un día se ofreció a hacerle el juguete de su más agrado. María le pidió una cruz de madera. José quedó suspendido, pero ante sus ruegos no tuvo valor de negársela. Volvió, Ella, al siguiente día. Le había tallado dos crucecitas de ébano, con singular aseo y primor. La niña escogió una y entregándole la otra, después de besarla, le dijo: —Conserva tú esta en memoria mía. Sí, sí, en memoria he dicho; había ya un presagio en la frase. María había sido ofrecida al Templo por sus padres.

Y estaba próximo el tiempo de marchar a Jerusalén.

Joaquín y Ana cuidaban, amorosamente, de su preparación. Una mañana la hallaron en éxtasis en su aposento. Respetaron el momento los dos esposos; pero al advertir la niña su presencia ocultó lo que tenía en las manos bajo el manto y corrió para abrazarles. —¿Qué te has guardado, hija mía?— le preguntó Joaquín. María no sabía mentir, ni negarles nada a sus padres. Y entregó, respetuosa, lo que llevaba en la mano.

—¡Cómo!— exclamó el Patriarca. ¿Qué significa esto? Ana no quedó menos confusa.

—¿Qué misterio es éste. María'' ¡En tus manos el signo de la ignominia y de la infamia! ¡El suplicio que Roma aplica a los malvados inspirando tus oraciones!

Lo mismo cruzó por la mente de José aquella tarde en su taller. La tierna niña les sacó de tan difícil situación, diciéndoles: ¡Ante Ella se postrarán los pueblos para adorarla como signo de libertad y redención...!

...Lo dijo en tal tono profético que bastó para que sus padres, acatándola, respetasen su voluntad.
Pasó el tiempo: María entró en el Templo. murieron sus padres, le llegó la edad núbil y el consejo de tutores acordó casarla. A los oídos de José llegó la noticia de la elección de esposo. ¿Todos lo conocemos, verdad? La vara de José fue la agraciada. Solemnes desposorios... Regresan a Nazaret... María al llegar a la casa de sus padres, donde se meció su cuna besó llorosa la cruz de madera que llevaba, siempre, sobre su corazón.

Y al alzar su mirada vio a José que imitaba su acción, mostrándole la que había devuelto cuando era niña una tarde limpia y serena como Ella...

Lector: Esto no es la historia de una expresión. Es una lección pura para los jóvenes, que yo por seglar no puedo apuntar. En cuanto a los padres, yo, por hoy, aún. «ni pincho ni corto».

Salvador Riera, T. F.

Correspondencia misional

Pekín, 17 agosto 1948.
P. Joaquín Sanchis, Provincial O. F. M.
Valencia.

Muy amado Padre Provincial: Como ve, escribo desde Pekín, donde me encuentro de paso, no para España, como V. P. desea y espera sino para Hankow, a donde emigra nuestro Seminario Regional. Los acontecimientos que presentíamos y de los cuales le di cuenta en mi anterior, se han precipitado sobre nuestras previsiones y así hemos tenido que anticipar nuestro doloroso éxito de T' ai-yuan-fu. Los días 16 al 19 de julio fueron muy críticos; los comunistas llegaron en algún punto a dos kilómetros de la capital y sólo una fuerte y heroica resistencia impidió cayéramos en sus manos.

Apenas mejoró un tanto la situación, cuidamos ante todo, y venciendo no pocas dificultades, poner a salvo nuestros seminaristas, los cuales salieron de allí el 26 en un avión especial. Nosotros los profesores les seguimos sólo el 1.° de agosto. Ellos marcharon ya por vía marítima a Shangai, desde donde continuarán por vía fluvial de cinco días hasta Hankow. Nosotros saldremos de aquí el 24 del corriente con igual ruta y destino. Ya le escribiré (D. m.), desde mi nueva residencia. Entre tanto V. P., escríbame a mi nueva dirección y mándeme las revistas, incluso las atrasadas de este año, pues allí el servicio de correos es regular y sin los entorpecimientos de T' ai-yuan-fu, donde sólo la vía aérea nos comunicaba con el exterior.

No puedo negarle que he sentido mucho mi salida de T' ai-yan-fu, lugar de santos recuerdos y lisonjeras ilusiones. No digo que dejo allí mi corazón, sino que traigo en mi corazón a T' ai-yuan-fu, y así se lo entrego a la Providencia.

Al Padre Severino lo vi pocos días antes de que se agravara la situación en T' ai-yuan-fu. Vino a avisarnos del peligro que corríamos, conociendo como conocía los planes de los rojos con quienes convive desde hace ocho años. No logramos disuadirlo de regresar a su puesto por las dificultades a que se exponía; quiso volverse para evitar en lo posible la profanación o destrucción del Santuario y para que la Virgen no quedara sin culto y su Casa sin custodio. «Nos defenderemos mutuamente —me dijo— con la gracia del Señor.»

A los pocos días vinieron precipitadamente todos los misioneros de los alrededores de la ciudad, incluso los de la región donde está enclavado el Santuario. Nadie podía dar razón del Padre Severino y de la suerte que había corrido, aunque todos juzgaban por los antecedentes y por su arte en capear bonitamente y con caridad aquellas hordas, que nada habría sufrido. Yo le dejé una carta de despedida por si algún día podía llegar a sus manos.

Hace pocos días he sabido que un discípulo mío, italiano (que durante dos años ha estado en las cárceles rojas, de las cuales ha podido evadirse), en su viaje de regreso y después de varias jornadas a pie, pasó por el Santuario, donde descansó tres días en compañía del Padre Severino. Aquel mismo misionero nos asegura que dicho Padre continúa en su puesto sin sufrir la menor molestia y gozando de gran prestigio ante cristianos, paganos y rojos, quienes lo respetan y aman cual bienhechor de todos.

De este modo nuestro hermano es el único misionero del Vicariato que ha quedado en su puesto como valiente centinela de avanzada dentro del campo enemigo. Creo que nuestra provincia puede gloriarse con razón de un tal hijo y tal misionero. El Señor lo conserve para gloria de su Madre y en bien de todas aquellas almas cristianas hoy «orbatas suis pastoribus».

Ayer, fiesta de San Joaquín, hice especial memoria de V. P. Reciba mi felicitación y bendígame. Su hijo y súbdito,

Fr. Gonzalo Valls, ofm

Consultorio religioso

¿Qué indulgencias se ganan haciendo el piadoso ejercicio del Vía-Crucis?

Se pueden ganar las siguientes:

1.° Una plenaria haciéndolo completo.—
2.° Otra plenaria si se comulga el día que se hace el Vía-Crucis.—
3.° Otra plenaria si se hace diez veces y se comulga una vez durante el mes.—
4.° Diez años y diez cuarentenas de indulgencia por cada estación hecha, si ha de interrumpirse por causa razonable.

Fray Agnello, ¿qué hay este año sobre ayuno y abstinencia?

Según decreto eclesiástico, los días de ayuno y abstinencia, el presente año, son los siguientes:

A) CON BULA.—Abstinencia sola: Seis viernes de Cuaresma.
Abstinencia y ayuno: El Viernes Santo y las Vigilias de la Asunción y Navidad.
Ayuno solo: El Miércoles de Ceniza.

B) SIN BULA.—Abstinencia sola: Todos los viernes del año.
Abstinencia y ayuno: El Miércoles de Ceniza, el Viernes Santo, y las Vigilias de la Asunción y Navidad.

Los pobres gozan de estos privilegios de la Bula aún sin tomarla, pero no de las demás gracias anejas a ella.

Fr. Agnello

Del propio vencimiento

El propio vencimiento es el elemento necesario en toda santificación. Y la más costosa renuncia es la de nuestra voluntad.

Cosa dura es despegarnos, callar, ocultar, matar nuestro propio querer y sujetarlo al querer de los otros; aunque nos desagrade, nos humille, nos contraríe...

Sustituyamos el amor a nosotros mismos por el amor a lo divino, que es lo único que enseña la verdadera ley del amor: dar, dar siempre, darse toda... hasta el «consumatum est» de nuestro vivir.

María de Santangel

P. Maximiliano Kolbe

(Continuación.)

Tuvo que dejar el P. Kolbe sus actividades de racionero en el Japón y volver a Polonia. Así lo dispuso la obediencia ; y, dócil como siempre a la voz de Dios, preparó el viaje de regreso hacia su Patria. La noche del 10 de enero de 1935 se despide de sus religiosos y demás compañeros de apostolado en el refectorio de su convento. El lugar y sus tiernas palabras nos recuerdan a Nuestro Señor Jesucristo en la Ultima Cena. Nos las refiere un testigo ocular: «Queridos hijitos, —les dijo—, todavía estoy con vosotros.

Nosotros me amáis y yo os amo. Yo moriré y vosotros permaneceréis, pero antes de dejar este mundo, quiero dejaros un recuerdo... Vosotros me llamáis Padre Guardián y yo lo soy. Me llamáis Padre Director y decís bien, porque lo soy en el Convento y en la Imprenta. Pero ¿quién soy ahora? Soy vuestro «padre»; padre más verdadero, en cierto sentido que el vuestro carnal que os ha dado la vida temporal, pues por mí habéis recibido esa vida espiritual que es vida divina, y aquella vocación religiosa que trasciende la misma vida temporal». Como hemos visto, uno de los medios principales de que se valía para santificarse y santificar a los demás era la devoción a la Santísima Virgen, considerándola en el misterio de su concepción purísima. No podían, pues, faltar sus palabras en esta oportunidad, para exhortar a sus hijos espirituales a que continuaran y crecieran en esta devoción. «Queridos hijos, —les dice—amad a la Inmaculada; amadla y os hará felices; confiad en Ella; es la Madre de Dios. No aspiréis a cosas extraordinarias, cumplid solamente la voluntad de la Inmaculada. Que se haga su voluntad y no la nuestra.»

Después de esta despedida parte para Polonia. El día primero de septiembre de 1939 estalla la guerra en esta nación. Unos 800 franciscanos, por orden del Padre Kolbe, se refugian en varias partes, pero él con 60 religiosos más permanece en la Ciudad de la Inmaculada, Niepokolanow. Empezada la lucha, muy pronto las primeras tropas de la Wehrmacht entran en esta ciudad y se apoderan de ella el 15 de septiembre del mismo año. Todo lo que cae en sus manos queda destruido. Ni respetaron utensilios ni muebles, y sobre todo se complacieron en romper los crucifijos y estatuas de María Inmaculada, que los religiosos tenían en sus celdas, con lo que se echa de ver que la lucha era no sólo política sino también religiosa. Por lo menos esos soldados que gozaban en destruir crucifijos, y sus jefes que tales irreverencias permitían. debían sentir en sus corazones el «Odium Fidei», el odio contra la Fe.

¿Cuál es la actitud del Padre Kolbe al ver destruido en poco tiempo lo que tanto le había costado a él y a sus religiosos? Responde un testigo presencial, Fray Joaquín Sochocki: «La actitud de un alma completamente mariana.» No se irrita y con serenidad exclama: «La Inmaculada nos lo ha dado, y Ella nos lo quita.» Pocos días después sucedió lo que era de esperar: el Padre Kolbe y 46 religiosos quedan prisioneros. ¿Dónde los llevan? A los campos de concentración de Berlín en donde los tienen privados de libertad hasta los primeros días de diciembre. En muy buena fecha se la dan, y el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada, vuelven a Niepokolanow, cansados y hambrientos.

Para tener en uso la maquinaria de la imprenta y así poder salvarla, el Padre Kolbe hace imprimir por lo menos una edición del periódico «El Caballero de la Inmaculada». Los polacos publicaban entonces clandestinamente un periódico antigermánico con el cual los franciscanos, por decisión del Padre Kolbe, nada tenían que ver. No obstante, ésta fue la ocasión para que se le acusara de propagandista antigermánico, de haber transformado un aparato telegráfico en una estación de radio y de tener escondido material de tipografía.

(Continuará.)

Fr. Buenaventura Meseguer, ofm

A San Francisco de Asís

Súplica

Escúchame un momento,
hermano San Francisco:
Tú, que en el mundo fuiste
el más perfecto imitador de Cristo,
concédeme que yo algún día sea
oveja de tu aprisco.

Una humilde ovejuela, temerosa,
que labore sin ruido
y que guarde, prudente,
ese silencio místico
que no es mudez, aunque parezca serlo,
sino coloquio íntimo.

Hazme amar la pobreza,
la sed, el hambre, el frío,
las torturas del cuerpo,
el áspero cilicio
las pesadumbres más abrumadoras
y, sobre todo, el padecer por Cristo.

Que la santa Obediencia
sea mi norte fijo

y los rudos trabajos de la vida
soporte sin fastidio,
y que alcance la cumbre del desprecio
y la del sacrificio.

Que sufra de tal modo,
que purifique mi alma de sus vicios;
que nada me conturbe;
que todo, para mí, sea sencillo,
y, en mi afán de lograr la vida eterna,
no me asuste el martirio,
sino, al contrario, vea en él la meta
de la perfecta imitación de Cristo.

Ya sabes lo que quiero;
ya sabes lo que ansío
y espero de tu humilde mansedumbre
el amargo placer de conseguirlo.

Haz que no espere en vano
y concédeme todo lo que pido...
¡Por tus santos estigmas!
Hermano San Francisco.

Joaquín B. Jordán

Otros Cristos

¡Ay, cuánto Nuestro Señor!
exclamar oí yo a un niño,
al ver a nuestros seráficos
con el hábito vestidos.

Habló por boca de ese ángel
el Espíritu Divino;
pues, el Serafín de Asís
es, en verdad, otro Cristo.

Como Él nació en un establo,
y eligió doce discípulos,
y en el Calvario de Alverna
sufrió amoroso martirio.

En pies, manos y costado,
por un Serafín herido,
apareció ante los hombres
transformado en crucifijo.

Recorrió así las ciudades,
pueblos, aldeas, castillos,
penitencia predicando
tanto a pobres como a ricos.

En llamas de puro amor
su corazón encendido,
prendió ese fuego en la tierra,
como Jesús también lo hizo.

Las huellas de tan gran Padres
siguen hoy también sus hijos,
como nuevos redentores,
que a ese fin Dios se ha escogido.

Lo mismo que Él no se cansan
de hacer muchos sacrificios,
y el Evangelio predican,
descalzos y pobrecitos.

¿Y qué son nuestros seráficos
sino pequeños Franciscos
en embrión, y que algún día
han de ser lo que Él ha sido?

Roguemos a Dios por ellos,
y atendámoslos solícitos,
para que puedan cumplir
sus nobles y altos destinos.

Procurad el desarrollo
de esos pimpollos tan lindos,
y os será dado gustar
sus frutos más exquisitos.

Sólo así tal vez se cumpla
la exclamación de aquel niño,
y, entre tantos colegiales,
surjan también otros Cristos.

Fr. Luis Ángel Roig, ofm

Noticias

Dos misas el domingo de Pasión
El Santo Padre ha dirigido una exhortación apostólica al Episcopado de todo el mundo invitando al clero y a los fieles a hacer actos de reparación por les gravísimos pecados del ateísmo reinante y del odio a Dios. Para ello, Su Santidad ha autorizado a los sacerdotes de todo el mundo a celebrar dos misas el Domingo de Pasión, 3 de abril próximo. Este privilegio será solamente válido para este año.

Nueva publicación musical franciscana
Es autor de una colección de piezas para órgano o armonio, titulada «Pensamientos musicales», el P. Serafín Gilabert García, ofm. Se han publicado recientemente grababadas por Boileau. Todas o casi todas glosan temas litúrgicos en reducido discurso melódico. Su estilo tiene presente el requerido para la música de solicitudes eclesiástica. Están correctamente escritas a cuatro partes de una armonía contrapuntística —no faltan exposiciones y desarrollo de fuga— de normas tradicionales y de elemento clásico.

Goma

Lectura amena y provechosa
El diario «Las Provincias», en su número del cuatro del pasado febrero, y en la sección «Publicaciones», dice de «La Acción Antoniana» lo siguiente:

«Esta revista, que llega a su número 241, sigue la línea inquebrantable que le conduce a su fin específico: el de ilustrar en materia religiosa dentro de las normas de la mayor garantía y amenidad. De ahí lo provechoso de su lectura, pudiendo hallar en esta ocasión temas de evidente actualidad, junto a datos informativos y trabajos diversos, que acreditan la excelente preparación y experiencia de los colaboradores.

Se edita en Valencia, por los Padres Franciscanos, bajo la advocación de San Antonio de Padua.»

De mis vergeles
Poemas líricos del P. Bernardino Rubert Caudau, O. F. M. Introducción de fr. León Villuendas Polo, O. F. M., Obispo de Teruel.

Esta obra, debida a la pluma de uno de los más asiduos y constantes colaboradores de LA ACCION ANTONIANA, es, como ha dicho el P. Antonio Huget en la revista dominicana «Rosas y Espinas», un libro que canta en cristiano y español los temas siempre nuevos y exquisitos de fe y amor, de patria y hogar, de tradición histórica y devoción popular...»

Este libro, bien encuadernado, se vende en el Convento de Franciscanos de Carcagente.

Franciscano condecorado
El Sr. Arzobispo de Arequipa (Perú), Fr. Leonardo Rodríguez Bailón, O. F. M., de la Provincia descalza de San Francisco Solano, ha sido condecorado por el Gobierno Español con la gran cruz de Isabel la Católica.

Monumental custodia para el Santo Cáliz de la Cena
La capital de Valencia tendrá una custodia digna del fervor eucarístico de la ciudad, que llevará el sagrado Cáliz de la Cena, y que saldrá, por primera vez, en la festividad del Corpus del Año Santo de 1950. Está próxima a ser terminada, y se valora en tres millones de pesetas. Medirá tres metros de altura, y su peso se aproxima a una tonelada. El viril, ya terminado, está valorado en un millón y medio de pesetas, y sólo dos de las esmeraldas que lo adornan valen ciento veinticinco mil.

Otro misionero franciscano muerto por los rojos en China
Se tiene noticia de otra víctima de la persecución roja en China, el R. P. Dositeo Ruys, franciscano, oriundo de Holanda, quien misionaba en Kiangchow, en la provincia de Shansi; murió el 14 de junio pasado de resultas del trato brutal que le dieron los comunistas. El Padre Ruys había sido capturado el 7 de noviembre, en unión de Monseñor Quetín Persses, prefecto apostólico de Kiangchow, y otros misioneros.

Fr. Jesús Francés Arcona, in memoriam

De nuevo deplora la Seráfica Provincia de Valencia otra baja en sus filas, arrebatada al mundo de los vivos y al afecto de los suyos por la hermana muerte corporal.

Se trata esta vez del bonísimo Hermano lego FRAY JESUS FRANCES ARCONA, modelo de afabilidad, educación social y espíritu de trabajo, que poseía la habililad de captarse la simpatía de cuantos le conocían.

Era natural de Enguera, donde nació el 6 de octubre de 1882, y antes de ingresar en la Orden Franciscana, el año 1904, había sido dependiente de un acreditado taller de confecciones en Valencia. Tan pronto vistió el santo hábito se encargó de la oficina de sastrería en Santo Espíritu del Monte, oficio para el que tenía habilidad suma y gusto depurado. Ya profeso, sin dejar el desempeño de su propio oficio, fue sacristán y portero en los conventos de Valencia, Biar y Onteniente, hasta que en el año 1920 marchó a Roma a encargarse de la sastrería de la Curia Generalicia de toda la Orden. En Roma estuvo 23 años consecutivos, siendo la admiración de propios y extraños y consiguiendo numerosas amistades, especialmente entre el alto clero de la Ciudad Eterna.

El continuo trabajo de cortador y sastre debilitó de tal manera su vista que regresó a España, reintegrándose de nuevo a su amada Provincia Regular de Valencia. Morador de Santo Espíritu del Monte los años 1944-45, aún se recuerda el gusto con que Fray Jesús adornaba claustro y portería con plantas y flores, y el servicio de agua fresca con que atendía a los visitantes en botijos preciosos que le regalaban los fabricantes de cerámica de Manises.

Afectado el año 1946 por una apoplejía, fue trasladado a Madrid, y en el Hospital de la Venerable Orden Tercera, sito en la calle de San Bernabé, 13, ha vivido estos últimos años, hasta que el Señor le llamó para sí. Ocurrió su feliz tránsito a la eternidad el día 1 de febrero, a los 67 años de edad y 45 de vida religiosa.

¡Desde el cielo ruegue por nosotros, que le amamos en vida!