De nuestras misiones

En aquel momento había dos misioneros de la Provincia de Valencia en China. El P. Gonzalo Valls daba clases en un seminario. El P. Severino González estaba en una misión en un pueblecito. Eran los tiempos en que se imponían los ejércitos rojos de Mao-Tse-Tung.

Macao, 15 de enero 1950

M¡muy amado Padre: Confirmo m¡felicitación de Navidades y Año Nuevo. Como le prometí, hice memoria de V. P. (vuestra paternidad) en mis oraciones ante el Niño del Sagrario. Le agradezco a m¡vez la que V. P. tuvo a bien mandarme. Todo ha pasado felizmente, gracias a Dios, y aunque en el destierro y fugitivos hemos procurado pasar alegremente estas fiestas de familia y sonreír a la desgracia.

No sé s¡en mis últimas cartas informé a V. P. de la visita que recientemente hizo a Roma el Director de versión china de la Biblia, el P. Allegra, y de la buena acogida que tuvo de parte del Papa, de «Propaganda» y de los Superiores de la Orden, del pingüe subsidio que le dieron para comprar una casa en Hongkong que sea sede permanente de nuestro «Studium Biblicum O. F. M. y que deberá constituirse como centro cultural bíblico-católico para todo el Extremo Oriente.

El P. Delegado ha marchado de nuevo a Japón y estará de vuelta para el 25 de febrero. Se ha llevado al Padre que organizó en Pekín la escuela de chino, que era la más famosa de aquella ciudad, superior a la ya antigua y célebre de los Protestantes y a la que fundaron después los Jesuítas; como le dije va a fundar una similar de japonés.

PP. Gonzálo Valls y Severino González

PP. Gonzalo Valls y Severino González en China

De T'ai-yuan-fu he recibido noticias, pero no viene ninguna carta del P. Severino; sin embargo debe estar bien y ocupado en sus correrías médico-sacerdotales, pues, de lo contrario, dirían alguna cosa. Allí las nuevas autoridades exigían tomar la Catedral y el Hospital Católico. Viéndose sin defensa humana
recurrieron a la oración, y no se sabe el porqué los nuevos amos se han callado y no insisten sobre sus pretensiones de ocupación. Dicen que allí se palpa la asistencia divina.

Según las noticias que recibo directamente de mis discípulos desde la zona roja, parece que la persecución actual confirma aquello de «salutem ex inimicis nostris». Ya no se trata sólo de que los cristianos se mejoran pasando a la categoría de fervorosos y prácticos los mismos que antes eran indiferentes y remisos; son también los paganos que piden el Bautismo al ver que la Iglesia es objeto de las iras rojas, y son los mismos cristianos que militan en las filas comunistas, como soldados forzosos, que practican la Religión con gran piedad y constancia, aprovechan las ocasiones de los lugares donde hay misionero para recibir los sacramentos y cuando se encuentran más seguros se reúnen los que se conocen para rezar juntos el Rosario y las oraciones del día. De Hankou nos dicen que el día de Navidad hubo un sin fin de confesiones y comuniones de rojos disfrazados con trajes civiles que les habían prestado... ¿Quién sabe las vías de Dios?

Parece que en Tsintao (Chantung) ha habido una aparición de la Santísima Virgen a unas niñas en que anuncia la paz, pero pide entre tanto oraciones y penitencias.

En m¡próxima le daré más particulares.

Bendiga a su affmo.

Fr. Gonzalo Valls, ofm

Incendio en la Basílica del Santo Sepulcro

En la noche del 23 del pasado noviembre se declaró un incendio en la cúpula de la Basílica del Santo Sepulcro. Ignoramos con precisión las causas del siniestro. El fuego, que ardió durante más de veinticuatro horas, destruyó totalmente la techumbre de la cúpula.

Con este motivo, y para evitar que el agua de las lluvias del invierno acaben de destruir la cúpula, el Gobierno de Ammán ha formado una comisión de ingenieros que estudie el modo de reparar cuanto antes
la cúpula. La comisión está integrada por los señores Mohammad Kabaf y Rashed Budeiry, ingenieros musulmanes del Departamento de Obras Públicas; el ingeniero árabe católico, Salim Abou-Souan y el señor Antonio Barluzzi, ingeniero italiano de la Custodia de Tierra Santa. Esta comisión, después de estudiar detenidamente los daños causados por el incendio, cree que la reconstrucción no es difícil, y que los gastos ascenderán a la suma de 3.000 libras de Palestina.

Consultorio religioso

Un terciario franciscano

También en otros pueblos ha ocurrido lo que en el suyo: hubo diversos pareceres acerca de la validez de la Absolución general durante el Año Santo, por lo que dejó de darse algún día. También hubo gentes sencillas que creyeron quedar perjudicadas con lo de no poder ganar en el Año Santo indulgencias para sí propias.

En cuanto a la Absolución general, que es una indulgencia plenaria, vale para ella lo que para las otras; queda en suspenso durante el Año Santo para vivos; pero puede ganarse para los difuntos. Así lo ha dispuesto el Papa, como ya habrá pedido ver en nuestro número anterior, artículo «Durante este Año Santo...» En cuanto a aplicar indulgencias por los difuntos, tengan entendido esas almas pusilánimes que el acto de caridad de aplicarlas vale más que la indulgencia que se aplica. Es un cambio beneficioso para nosotros. Algo así como s¡cambiáramos un billete mugriento por una moneda de oro reluciente.

Una Hija de María y Terciaria franciscana

Y «devota de S. Antonio», hubiera podido añadir, puesto que acudiendo al Santo ha hallado pronto la cosa perdida y ha oído 30 misas en acción de gracias. Muy bien por su espíritu de fe y por su confianza en S. Antonio. En cuanto a «ponerle una vela durante un mes» como usted prometió, habrá de cumplirlo según lo que usted quiso decir con esto y a lo que quiso obligarse. S¡fue poner una misa cada día del mes delante de la imagen, cúmplalo ahora que ya tiene posibilidades; s¡fue tan sólo encender la vela durante las horas en que por la mañana está abierta la iglesia; con menos gasto quedará cumplida la promesa.

Un consejo para cuando se le pierda otra cosa y acuda al Santo para el hallazgo; oiga misas cuantas quiera, que eso es muy bueno; pero en vez de encender velas, apague los arranques de su genio y los ímpetus de impaciencia. ¿No es verdad que tiene usted algunos al año? No nos olvide ante el Santo de los milagros.

El obsequio del ángel

Pálida, blanca se quedó la madre cuando nació el niño. Y exhausta, agotada, se quedó dormida.

El niño, amodorradito, tibio y limpio, dormía en su regazo. Y mientras dormían, el ángel encargado de guiar los pasos de los que a la vida nacen, dijo a la madre:

—El Señor me envía para que digas lo que para tu hijo deseas. Puedes decirlo sin temor alguno. Es merced que el Señor te hace, por de algún modo premiar la bondad de tu corazón...

La pobre se quedó dudando. ¿Qué iba ella a pedir, n¡qué desear para aquel pelotoncito de carne que era su hijo? Y se quedó perpleja.

—Dime: ¿qué quieres? —apremió el enviado del Señor.

—No sabría —exclamó la madre—: ¡le quiero tanto... !

—¿De veras, de veras... no sabrías?

—No sabría —exclamó— la madre; —pausa—: ¡¡Sería demasiado!!

—Dilo sin temor alguno. Y ella entonces:

— Verás —se avino a decir—: que sea bueno; y puro de corazón... Que nunca el odio pueda anidar en su alma n¡en sus labios la mentira.

— Concedido —dijo el ángel.

—Que sea sincero —prosiguió la madre— Que le quieran cuando pida amor y que el cariño de todos le acompañe siempre... ¡Y también quisiera...!

Sonreía el ángel.

— Que jamás la angustia le atormente; que el dolor no le roce con sus alas; que la fatalidad no teja malla alguna con que apresarle... Y que no halle nunca traición en la amistad, falsedad en el cariño n¡dudas en la fe que sienta. Que sus ojos ¡tan bellos!, nunca tengan que llorar... Y pediría también... ¡Tanto pediría... ! ¡Yo no sé lo que para él quisiera!

Había una leve tristeza en el rostro del ángel. Halló sin embargo un asomo de sonrisa que mostrar en sus labios, cuando dijo:

—Pero... ¡criatura!: ¿Sabes tú lo que pides?

Y ella, con ingenuidad deliciosa

— ¿Mucho?

—Tanto que, conseguirlo, sería como alcanzar que el Cielo descendiera al mundo en que vivís.

—Entonces...

—No va a poder ser... Mejor dicho: ¡temo que no pueda ser, madrecita! Yo comprendo... Sí; yo comprendo que, todo cuanto pidas ha de parecerte poco... ¿Cómo no si, para ti, no hay más mundo que el que tu hijo pueda soñar... o el que tú sueñas para tu hijo?

—Entonces...

—Aunque te duela: ¡no puede ser! De veras que no puede ser... El hondo amor de entrañas que por el hijo sientes es quien te lleva a pedirme te reforme el mundo, tuerza el curso de la vida... Sí; eso y no otra cosa es lo que me pides. Y me lo pides, sólo porque evite a tu hijo el sufrir... ¡No puede ser!

—¡Habrá de sufrir entonces!

—Sufrirá... N¡tú n¡yo podemos evitar que el dolor le acose, que la desgracia le busque, que sufra contrariedades y tropiezos... Será mejor que así suceda.

—Mejor... ¿Por qué dices que será mejor?

—No has de mirarme angustiada. Verás por qué. Siempre es noble el esfuerzo que uno pone para vencer cualquier tropiezo: se templa el alma, se va forjando la voluntad. Y los desengaños...

—¡También los desengaños... !

—Yo quiero que los sufra. Sólo así podrá acariciar esperanzas e ilusiones. Que cuando alguna vez se le llenen de lágrimas los ojos...

—¡No; llorar no... ! ¡¡Yo no quiero t¡que llore!!

—Llorará... No es que yo lo quiera... ¡pero llorará! Sólo entonces sabrá lo que vale una alegría. Nunca podrá saberlo quien nunca soportó melancolías y tristezas...

—¡Hijo de m¡vida!

—Y dudará; dudará también. Dudará de todos y de todo. Y así, la fe albergada en su espíritu se le irá robusteciendo, será más honda... Cuento además con la Gracia... Ya tú verás...

—Pero...

—No sé por qué te inquietas de ese modo. Nada podemos hacer... Sólo Dios puede cambiar el rumbo de los acontecimientos... Tú desearías un mundo sin dolor alguno. Y es que, tu inmenso cariño, quisiera convertir en Cielo la terrenal morada...

Lloraba la pobre madre...

—¡No puede ser, madrecita! ¿Por qué lloras...? Me duelen tus lágrimas. Me apena tu angustia... Pero no te inquietes: no irá sólo por la vida; irá con él la Gracia que el Señor ha de infundirle, tu cariño de madre... Yo mismo iré siempre a su lado. Yo iré con él, para apartar con mis manos los hilos con que la fatalidad pretenda apresarle... Y le daré también -no quería decírtelo-, un arma poderosa...

—¿Un arma?

—Un arma, sí; nada temas... Se trata, sencillamente, de una sonrisa puesta en sus labios. Ella le ayudará a soportar ingratitudes, desencantos, falsedades... Y será alegría en su vida, perdón en su alma, piedad en su corazón...

Se fue esfumando lentamente la silueta del ángel.

De su imagen, apenas s¡quedó en la estancia, la luz de su sonrisa...

Despertó la madre... Y al acercar el rostro al de su criatura, vio... o creyó ver en los encendidos labios infantiles, un esbozo de sonrisa indescriptible.

¡En lo más escondido de su corazón, se le licuaba dulcemente la ternura!

Y la ternura le llevó a depositar un beso —tristeza y esperanza— en la carita del hijo...

Cuento por Soleriestruch

[Ver una pequeña nota biográfica de D. Eduardo Soler]