Índice del número 344-345

Noviembre-diciembre de 1957. Año 31. Director: Fr. Pacífico Torres, ofm

Lección de divina caridad

Estamos frente al portal de Belén y lo primero que allí percibimos es una sensación de pobreza abrumadora, cruda y total que nos parte el alma.

Sin embargo, la fe nos dice que el protagonista de aquella espantosa desolación, el Niño que allí tirita y llora de frió, es el Hijo de Dios, Señor y Rey absoluto de todo lo creado, que despojándose de su poderío y abandonando, en un acto de abnegación infinita, el esplendor inmenso de sus inigualables riquezas, aparece ante nosotros cubierto con un velo de miseria y debilidad para ablandar la dureza de nuestro corazón y desasirlo un poco del brillo del vil metal que a tantas almas alucina, embriaga y pierde.
El anonadamiento de Jesús en Belén es un misterio insondable y profundo cuya primera y principal enseñanza para los cristianos debería ser un desprendimiento saludable de los bienes de la tierra, sobre todo en aquellos que los poseen con abundancia, para ayudar y socorrer a nuestros hermanos los pobres.

Si Cristo, infinitamente rico, lo deja todo y se hace pobre para enriquecernos con los dones de su amor y de su gracia, ¿será mucho pedir a los favorecidos por Dios con grandes bienes de fortuna que se desprendan de alguna pequeña parte de sus riquezas para aliviar las miserias de los pobres?... ¿Acaso no sufre Jesús desnudez y pobreza en las carnes de tantos hermanos nuestros lacerados por la miseria, la enfermedad y el dolor?...

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La fe nos enseña que formamos no solamente una misma familia, sino que somos miembros de un Cuerpo místico cuya, cabeza es Cristo, y estamos vivificados por su Sangre redentora y por el hálito de la Gracia santificante que nos sostiene y alienta en todos los vaivenes de la vida.

San Pablo condena con frases tremendas a quien no cuida de sus criados, afirmando de ese tal que renegó de la fe y es peor que el infiel: infifrli deterior...» ¿Qué diría el Santo Apóstol de esos ricos que tienen para satisfacer todas sus veleidades y caprichos y nunca o rara vez se acuerdan de socorrer la miseria y enjugar el llanto de los pobres, que son los hermanos predilectos del Niño Dios?...

Volvamos los ojos y el corazón a los pobres por el amor del gran Pobrecito de Belén, y si de verdad queremos que el Niño Jesús no llore de frío en su tan destartalado albergue, aprendamos la lección de divina caridad que allí nos da: llevemos con emocionada alegría un poco de pan, de abrigo y de calor a esos niños, melancólicos y tristes, que carecen de él; a esas pobres madres que, mordidas por el aguijón de la miseria, se desesperan y gimen junto al corazón de sus hijitos, que son como rosas fláccidas y marchitas por el hambre...

Cursillo de espiritualidad de la TOF

Durante los días del 9 al 19 de septiembre más de cuarenta Padres de todas las Provincias Franciscanas de España estuvieron reunidos en el convento de Santo Espíritu del Monte, tratando a fondo los problemas angustiosos que tiene planteados el mundo moderno y la solución que a los mismos puede dar la Tercera Orden Franciscana (TOF).

Fueron jornadas de intenso trabajo, de estudio y de oración. En ellas, una vez a la luz de los documentos pontificios y de la experiencia secular que la historia de la Iglesia nos ofrece, apareció la palpitante actualidad de la T. O. F.

No es ésta una institución anticuada, como muchos creen; más bien es una modalidad de vida cristiana que debe actualizarse y de la que el mundo de hoy necesita.

Los Padres cursillistas estudiaron con cariño y suma competencia los aspectos históricos, jurídicos y de acción de la Tercera Orden.

Estudiaron asimismo los elementos constitutivos de su espiritualidad, que tanta eficacia puede dar a su apostolado si se asimilan y llevan a la práctica por los terciarios.

Se hicieron eco del llamamiento que un año ha hizo S. S. el Papa Pío XII a los terciarios, diciéndoles que estudien, profundicen y vivan la genuina espiritualidad de San Francisco, pues el mundo tiene necesidad de la visión franciscana de la vida, y sólo viviendo íntegramente esta espiritualidad es como podrán dar a la Iglesia frutos abundantes.

Cursillo espiritualidad ofs

La Acción Antoniana se complace en registrar este hecho y ofrecer a los lectores una fotografía, en la que aparece, con los cursillistas y comunidad, Sr. Obispo Auxiliar del Arzobispado de Valencia y Obispo electo de Mondoñedo D. Jacinto Argaya, terciario franciscano, que se dignó presidir la sesión de clausura del cursillo el día 18. Le acompañaba el D. Roque Ruiz, Secretario Canciller del Arzobispado.

16 pensamientos claves para los santos ejercicios

1. Dios me ha creado para Sí; esa es la ley final de mi vida. Ahí están mis vínculos irrompibles con Dios. Que los niegue el ateo, que los mire sin interés el indiferente, no por ello pierden su fuerza ni dejan de ser germen de deberes fundamentales graves Sólo quien toma en serio tales relaciones y sus consecuencias prácticas es quien abraza la verdad de la vida. Sólo quien ajusta su conducta a esta norma es quien asienta su vida en la firme roca de la verdad.

Fr. León Villuendas2. De mi dependencia radical de Dios nace mi actitud ante mi Creador: la adoración. De mi ordenamiento a Dios, como fin: la rectitud moral de mi vida. De mi entrañamiento vital en Dios, por Jesucristo: la elevación y unión de mi ser con Dios. Con esto estoy de lleno en el orden. Si algo de esto falta, salgo del orden y mi vida se desvía, culpablemente, de su dirección a Dios...

3. Dios no comunica sus dones al hombre, ni pone a su disposición las criaturas para que satisfaga sus caprichos y antojos, sino para que le ayuden al logro de su fin, que es Dios, como vida de gracia en el tiempo y como vida de gloria en la eternidad. Con mi libertad puedo acomodarme al plan de Dios en el uso de las criaturas o desviarme de él. Lo primero es justo y santo; lo segundo, desordenado y vitando...

4. El pecado mortal, a los ojos de la razón, es un acto libre contrario a la voluntad de Dios; a la luz de la fe, es un sacrílego desprecio de la sangre de Jesús; es el asesino de la gracia santificante, es el que hace estéril incluso la vida natural del hombre. El hombre que peca mortalmente es un cadáver espiritual, sin capacidad actual de gloria y con espantosa gravitación al infierno...

5. El infierno es a expoliación de todos los bienes sobrenaturales y, a la vez, el despojo de los naturales. Es el estar sin Dios para siempre, quien fue hecho para Dios. Es el pecado vivido en su horrenda grandeza. Es el cúmulo de todas las penas, como compensación aflictiva. ¡Triste suerte la del pecador obstinado en su culpa y en su odio a Dios!...

6. Como una racha de viento aventa el menudo polvo del camino, así deshace y deja vacío de todo lo del mundo la muerte a quien cae en sus garras; sólo una cosa respeta: las buenas obras. Viviremos en la eternidad de lo que hayamos atesorado espiritualmente en el tiempo. Peregrinos que gastan su caudal en fincar el camino, que corren veloces sin cuidarse de lo que les quedará para vivir en la tierra nativa, locos son que no hombres con seso. Y ¿no serán cuentas erradas afanarse en lo de acá, sin mirar el modo de utilizarlo para la eternidad? ¡Cuántos insensatos hay en el mundo!...

7. La sentencia del justo Juez en la hora de mi muerte, confirmada después en el Juicio final ante todo el mundo, será: «Ven, bendito de mi Padre, a poseer el cielo»; o la otra: «Marcha, maldito, al fuego eterno.» ¿Cuál de las dos oirás? La que te prepares ahora. Ea, pues, sé cuerdo una vez y rompe todo vínculo con el pecado. Ahora estás a tiempo; mañana quizá tarde...

8. El Amor misericordioso, empeñado en salvarme, dice: «Hijo, dame tu corazón; entrégate a Mí; te espero para abrazarte.» ¿Cuál debe ser mi respuesta? No la negación, ni la dilación, sino la total entrega, diciéndole con Saulo: «Señor, ¿qué queréis que haga?» Sírvame de modelo la conducta del hijo pródigo...

9. Jesús es el dechado de nuestra vida de hijos de Dios. Tenemos un nudo vital con El; es nuestra cabeza, nosotros sus miembros místicos. Y obligatorio es vivir unidos vitalmente con Jesucristo e imitarle. Sin la imitación de Jesucristo no se cumple la ley fundamental de la vida que nos ordena a Dios...

10. El Padre celestial nos propuso a Jesús como modelo cuando dijo: ¡Este es mi Hijo muy amado; escuchadle.» Durante su vida nos dio ejemplo de todas las virtudes, pero, en especial, nos enseñó: en la Encarnación, la humildad y la pobreza; en el Nacimiento, la pobreza y la mortificación; en la Presentación, la generosidad en el servicio de Dios; en la Huida a Egipto, la paciencia y la confianza en la Providencia; en la Vida oculta, el recogimiento, el amor al trabajo y la obediencia; en el Templo, el sacrificio y la heroica entrega a la voluntad de Dios; en la Vida pública, el espíritu de oración, el celo y la prudencia en el apostolado...

11. Dos espíritus, el malo y el bueno, trabajan para atraernos a su bando. El malo es el demonio, que intenta apartar a los hombres de Dios y frustrar el fruto de los Ejercicios, engañando al ejercitante con falsas razones aparentes de prudencia. El bueno, muy al revés, pretende ]a santificación de las almas: en concreto, el bien espiritual del ejercitante, cifrado en los propósitos que sugiere...

12. La disposición espiritual del ejercitante, ante lo que Dios le pide en los Ejercicios, puede ser: a) Aplazamiento de la conversión a vida más perfecta hasta la muerte, b) Entrega a Dios, pero condicionada, es decir, sin renunciar a sus gustos; y c) Entrega a la voluntad de Dios total y sin regateos. Esta es la única disposición aceptable. Esta es la que Dios te pide...

13. El sacrificio en la vida cristiana, santificado y dignificado por Cristo, es ley necesaria, fecunda y manantial de felicidad. La cruz, llevada con Jesús, por Jesús y como Jesús, es camino seguro de gloria. No temas, pues, tomar la cruz que lleva al cielo...

14. ¿Qué fuerza lanzó a Jesús a realizar el prodigio de la Eucaristía? El amor. Sí, el amor a los hombres le movió a quedarse, hecho manjar divino por nosotros, en el Sagrario, que tantos hombres, ni estiman, ni agradecen. Esta misma fuerza del amor le sumergió en el mar de su Pasión hasta morir en una cruz. Y ¡cuánto sufrió Jesús por mí en Getsemaní, en el Pretorio, en la calle de Amargura, en el Calvario!...

15. Pero, ¡oh Jesús!, el verte resucitado a la diestra del Padre, reinando por los siglos de los siglos, me afianza en mis propósito. ¡Cuánta fuerza me comunican tu triunfante Resurrección, tus amorosas Apariciones y tu gloriosa Ascensión!...

16. Ablandado el corazón con las mociones y afectos de los Santos Ejercicios, resuelto con firmeza al seguimiento de mi divino Modelo, levanto los ojos a lo alto y contemplo la fuente de todo bien, que es Dios. Y considerando que todos los bienes me vienen de Ti, Dios mío, comprendo que debo amarte con toda mi alma, con todas mis fuerzas, con todo mi corazón. Quiero amaros, Señor. Eso quiero, eso protesto, eso propongo. Esa es mi firme resolución al despedirme de este santo Retiro. Jesús, que tu bendición y la de tu Madre y mía me acompañen. Vuestro amor sea mi vida en la tierra, como lo será en el cielo.

EJERCITANTE:

Con todo cariño pongo en tus manos estos dieciséis pensamientos claves que, a mi humilde parecer, forman la trama de los Santos Ejercicios. Medítalos y desarróllalos. Te lo aseguro, saldrás de ellos, si no santo, sí con voluntad decidida de santidad, con el ánimo disparado al fin divino de la vida por la certera vía de la voluntad de Dios.

Fr. León Villuendas, ofm,
Obispo de Teruel

Juramento franciscano de la Inmaculada

María Inmaculada333 años antes de la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción los franciscanos juraron solemnemente enseñar y defender este misterio

Durante los siete siglos de su existencia la Orden de San Francisco de Asís ha propulsado constantemente en el mundo la doctrina de que la Virgen María, Madre de Dios, a diferencia de todos los humanos que son concebidos con el pecado de los primeros padres Adán y Eva, fue concebida sin ese pecado desde el primer instante de su ser natural.

En la Edad Media los doctores de las grandes universidades debatieron ardientemente acerca de este misterio y la disputa se extendió aún a los claustros de las Ordenes religiosas. Mas la Orden del Serafín de la Umbría enarboló la bandera de la afirmación del misterio. El primero en enarbolarla fue el mismo fundador de la Orden San Francisco, y luego los miembros de ella, entre los cuales se cuenta como el primero el Doctor Sutil y Mariano Fr. Juan Duns Escoto.

En el Capítulo General de Pisa, celebrado en 1263 bajo la presidencia del Doctor Seráfico San Buenaventura, se estableció como fiesta anual de precepto para toda la Orden el 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada Concepción. Y es muy famoso en la historia el solemne juramento a que toda la Orden misma se obligó en 1621 en la Congregación general de Segovia a defender y enseñar este misterio.» Las palabras del juramento son las siguientes:

«Renovando el antiguo afecto de la devoción a la Concepción de la Virgen María, que claramente consta, se ha continuado desde nuestros mayores hasta ahora queriendo además añadir una nueva obligación, juramos y prometemos a Dios nuestro Señor, a su Santísima Madre, a nuestro S. P. San Francisco y a todos los santos, defender y enseñar privada y públicamente que la Virgen nuestra Señora fue concebida sin pecado original y preservada por Dios, por los méritos de Cristo, Señor nuestro, y procuraremos, en cuanto nos sea posible, enseñar esta santa devoción al pueblo cristiano y así lo prometemos y juramos por Dios nuestro Señor Jesucristo y por esta señal de la cruz.»

Sabido es que las Ordenes religiosas hacen los juramentos sobre el libro de los Evangelios o ante un crucifijo.

En esto se encuentra precisamente la esencia de la doctrina legada por Escoto a sus Hermanos de Orden, en la aseveración de haber sido librada María del pecado, en previsión de los méritos de Cristo.
El 8 de diciembre de 1854 el Papa Pío IX habló ex catedra, diciendo: «... la doctrina que sostiene que la Beatísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en previsión de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios y, por lo mismo, debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles».

Riada de 1957

La tragedia de Valencia

El lunes 14 de octubre de 1957 pasará a la historia de Valencia como un día luctuoso que se compadezca con la calificación de catástrofe. Esa madrugada las tumultuosas aguas desbordadas del río Turia anegaron huertas, pueblos y casi toda la ciudad, que alumbró una cenicienta aurora de tormentas, sumiéndola en inmensa desolación. Calles y casas sumergidas en las espesas rojizas aguas que destrozaron ajuares, fábricas, comercios, cosechas... y entre las que perecieron numerosas vidas humanas en las primeras horas de ese día y sobre todo en una segunda avalancha que sucedió al filo de medio día. ¡Horrible!

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Fotos de Foro tiempo

La bella ciudad «de las flores», la alegre Valencia, quedó bajo un inmenso lodazal, que aun perdura, y con millones de pérdidas —unos 20.000 se ha dicho—, amén de los muertos registrados y desaparecidos. Desde los primeros momentos un gran sentido de solidaridad cristiana se ha puesto en relieve.

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Autoridades, pueblo, pueblos, España entera y aun del extranjero han llegado, están llegando, ayudas fraternas. Nadie puede ser ajeno a tanto dolor. El Jefe del Estado y ministros llegaron con consoladoras asistencias que perdurarán.

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Es innegable que Dios permite estas miserias y que los hombres, sus hijos, hemos de deletrear su entendimiento. Sacar consecuencias, entre el pueblo de Jehová, históricamente, hay lecciones parecidas. Sufragios por los muertos. Sentido penitencial de nuestra vida ante el dedo de Dios que señala. Mayor perfección futura y... pensar que El nos espera. ¡Dios tenga misericordia de nosotros!

J. Mª Bayarri