San Luis, alquimista divino

San Luis obispo (De foroxerbar.com)
Luis, Obispo de Tolosa, Mendigando por las calles |
trocando el vestido real De viaje en cierta ocasión ¡Oh, Luis santo, Luis ilustre, |

San Luis obispo (De foroxerbar.com)
Luis, Obispo de Tolosa, Mendigando por las calles |
trocando el vestido real De viaje en cierta ocasión ¡Oh, Luis santo, Luis ilustre, |
En Cocentaina
Admirable, sorprendente y conmovedor ha sido el entusiasmo con que la Juventud Antoniana de Cocentaina ha celebrado este año la fiesta de su Santo Patrono, en recuerdo del séptimo Centenario de su muerte y canonización.
Es admirable, porque debido a las circunstancias y a la actual persecución religiosa, quedó el convento deshabitado, sin que se haya podido lograr volverlo a abrir, para admitir a sus religiosos, a pesar del grande amor con que el pueblo de Cocentaina los ha estimado y venerado siempre; desacato inconcebible, que un reducido número de inconscientes, afianzados en un poder que les vino a la mano, aun con sorpresa suya, y que ya se tambalea, ha inferido, con odiosa terquedad, a un pueblo extremadamente piadoso, católico y franciscano.
No por eso ha llegado a acobardarse la Juventud Antoniana, sino que, sacando mayores bríos de su piedad oprimida, se lanzó con todo el fervor de su entusiasmo a preparar la fiesta de San Antonio, y no una fiesta cualquiera, sino una fiesta que superase en mucho a los años anteriores, que por algo estamos en el final del Centenario de San Antonio, y que, porque quieran cohibirnos nuestro fervor religioso, no nos hemos de acobardar y dejar de celebrar una fiesta, digno remate de tan glorioso Centenario. Esto por lo visto se dijeron los jóvenes antonianos; y sus muy dignas Juntas Directivas, comunicando sus proyectos al actual Director de la Juventud, el Reverendo Padre Samuel Leal, se lanzaron, con su anuencia, a realizar sus altos planes.
Se insinuó el programa, y con la base de un solemne Triduo preparatorio se fue agregando todo lo demás.
En la iglesia de la Virgen del Milagro se levantó un hermoso dosel, al lado del Evangelio, donde el arte, la luz y las flores se mostraban en profusión; pero tantas bellezas no podían competir con la esbelta y agraciada figura de San Antonio y el Niño, que bajo el dosel de púrpura y oro, y sobre el flamante pedestal de flores y luz se alzaba con la encantadora actitud de dar el pan a los pobres. Fue realmente el altar de San Antonio una nota sorprendente de arte y de buen gusto, donde las señoritas de la Junta volcaron todo su ingenio y todas las ternuras de su amor a San Antonio. Fue también el encanto de todos los fieles y devotos del Santo, pues no hubo nadie que no pasara por delante de ese trono, quedando embelesado, como s¡se contemplara a San Antonio en el trono de su gloria.
El día 24 de Junio se dio comienzo al Triduo por la mañana en la Misa de comunión, que celebró el Padre Leal y fue muy concurrida.
Por la tarde a las seis dio comienzo el ejercicio del Triduo, descubriéndose su divina Majestad, luego Trisagio, triduo y sermón. De esta forma se repitió los tres días, con la diferencia de que en el domingo, día de la fiesta, la Misa de comunión fue la cantada con panegírico del Santo.
Las monjitas de Santa Clara tomaron parte cantando los dos primeros días los motetes de la Misa y el Trisagio y reserva de la tarde.
El día tercero estuvo el canto a cargo de la orquesta de Cocentaina, cantando la Misa primera pontifical de Peross¡y los Trisagios y la reserva de la tarde, cuya ejecución, bien nutrida, fue del gusto de los oyentes.
El domingo, día 26, ofició en la Misa el Reverendo Padre Joaquín Ivars, Rector del Colegio de la Concepción de Onteniente, asistido por los Padres Manuel Balaguer y Juan de Dios Sala, profesores de dicho Colegio.
Por la tarde ofició también en la reserva el Padre Rector de Onteniente con la asistencia del muy Reverendo Clero. Todos los sermones del Triduo y panegírico estuvieron a cargo del Reverendo Padre Samuel Leal, Director de la Juventud Antoniana.
Conocidas ya sus relevantes cualidades oratorias por el público devoto de Cocentaina, era ello un aliciente para no dejar perder su sermón, y, tanto esto, como el crecido amor y entusiasmo por San Antonio que sienten sus numerosos devotos, fue motivo del concurso extraordinario que hubo todos los días, pues la iglesia de las Monjas era incapaz para tanta multitud, y el último día, sobre todo, lleno materialmente desde el presbiterio y sacristía hasta la portería y los atrios de la plaza; mucha gente tuvo que volverse a casa por no hallar lugar. Nota exorbitante de fe y de piedad, que dice muy alto que España no ha dejado de ser católica, y sobre todo que Cocentaina sigue siendo franciscana con tanto entusiasmo y amor como lo ha sido siempre, aun a pesar del diabólico afán de quererla dejar privada de su convento y de sus amados religiosos.
Una de las notas más simpáticas de la fiesta fue la comida de los pobres, que se hicieron acreedores al convite, participando por la mañana del convite de la comunión.
En los espaciosos salones del Patronato, que dirige don Eugenio Raduán, se instaló la mesa, y a mediodía una inmensa multitud de pobres se sentaron para participar del convite de San Antonio, Padre de los pobres.
El Padre Leal bendijo las suculentas paellas, que después fueron distribuidas con abundante ración a cada uno de los pobrecitos, y nada faltó, hasta incluso el postre y el helado.
Todo el pueblo acudió a presenciar el hermoso espectáculo de la caridad antoniana, y las lindas señoritas de la Juventud, especialmente las de la Junta, se desvivían para servir y que nada faltara a los pobres.
Bien por la Juventud Antoniana de Cocentaina. Admirablemente por las señoritas y jóvenes de las Juntas Directivas, en especial su presidenta, la señorita Pepita Camps, y su presidente, señorito Jaime Seguí, que tanta actividad desarrollaron en los preparativos de las fiestas, y la más cordial enhorabuena a su director. Reverencio Padre Samuel Leal.
Y un voto de gracias a las monjitas de Santa Clara, al Reverendo Clero, al Reverendo Padre Rector y demás Padres del Colegio de Onteniente y a todas aquellas buenas personas que con sus limosnas han contribuido al convite de los pobres y al esplendor de la fiesta.
San Antonio nos bendiga a todos.
En Carcagente
Con solemnidad extraordinaria se han celebrado en la ciudad de Carcagente las fiestas centenarias del glorioso Taumaturgo Paduano, bajo la base de un solemne novenario al Santo y un Triduo eucarístico.
El día 11 de Junio se dio principio por la mañana al Triduo eucarístico con la exposición de su Divina Majestad y Misa de Comunión, y por la tarde se dio comienzo a la Novena, consistiendo los actos en el Trisagio, ejercicio de la Novena y sermón.
Todos los días, con poca diferencia, se repitieron los mismos actos, con algunas particularidades que merecen especial mención, como en el día 13, que por ser la festividad del Santo hubo a las nueve de la mañana Misa cantada, y de las diez en adelante se repartieron en la portería del Colegio los bonos para las limosnas de los pobres.
San Antonio, como verdadero padre de los pobrecitos, tuvo la delicadeza de tratarlos en su fiesta con especial regalo, pues las señoras y señoritas de la Junta de las Asociaciones antonianas prepararon unas tortas de azúcar y chocolate, que parecían bajadas del cielo, y se repartieron con gran profusión, de tal modo que los pobrecitos de San Antonio quedaron bien regalados.
Una nota hubo de intenso amor antoniano en ese día, y la dio la señora Presidenta de las Asociaciones Antonianas, doña Regina Amador, que a cada pobre que se acercaba a ella, en nombre de San Antonio, le daba una peseta de limosna, siendo muchos los que noticiosos de ese rasgo de caridad acudían a participar del óbolo de San Antonio.
Otro acto en extremo conmovedor y de especial novedad se realizó el día 14 por la tarde. Consistió en la imposición del hábito de San Antonio a nueve niños, que representaban los nueve coros de los ángeles y sus nueve correspondientes virtudes que más brillaron en el glorioso San Antonio.
Era de ver aquellos angelitos, llenos de candor y de alegría, ostentando el hábito santo que tan perseguido y ultrajado se ve en estos días, lo que hizo derramar copiosas lágrimas a la multitud de fieles que llenaban la iglesia, enfervorizando sus almas y afianzándolas más en la virtud, de la que es un emblema el santo hábito religioso.
El día 19, domingo, y último de la Novena, fue designado para conmemorar el VII centenario de la muerte y canonización de San Antonio de Padua.
Por la mañana, a las 7'30, tuvo lugar la Misa de Comunión general para las Asociaciones antonianas y devotos del Santo. Fueron muchos los fieles que nutrieron su alma con el Pan de los ángeles, como mejor obsequio que podían ofrecer al Santo de sus amores, que es el Santo de todo el mundo.
A las diez fue la Misa cantada, interpretándose la partitura del maestro Singerberger por la capilla del Colegio. La oración sagrada estuvo a cargo del Reverendo Padre Samuel Leal, Licenciado en Ciencias Naturales y Profesor del Colegio de Onteniente. Conocidas ya sus dotes oratorias y la estimación y gusto con que se le oye en Carcagente, basta sólo decir que estuvo a su altura de siempre, dejando al auditorio complacido
La nota más simpática de todas estas fiestas se dio esa tarde con la procesión de los lirios.
Las señoritas antonianas habían confeccionado para este acto más de cuatrocientos ramilletes de lirios, y antes de la procesión se bendijeron y se repartieron entre otros tantos niños y niñas del rebañito antoniano, y al momento se organizó la procesión claustral, que, llevando los niños sus flores en alto, daba a la iglesia el aspecto de un jardín de lirios y un ejército de ángeles proclamando el reino de la pureza. También resaltaban entre tantos candores las virtudes de San Antonio, que representaban aquel coro de frailecillos vestidos con el hábito del Santo; notas de ternura, de fe y de amor que se gravaron aquella tarde en los corazones de los amantes de San Antonio, para perdurar en sus almas como grato recuerdo de las fiestas de su centenario.
Felicitamos con grato placer a las Juntas Directivas, a las Asociaciones antonianas y a su padre Director por el éxito tan notorio que han sabido dar a las fiestas centenarias de San Antonio, en Carcagente.
Efecto de los vientos Monzones
De Colombo salimos la tarde del 20. Hasta el próximo puerto o sea Bellauwan, en la isla de Sumatra, gastamos cuatro días. En cas¡todo este trayecto el mar estaba sumamente agitado a causa de los vientos Monzones. No obstante haber montañas que se paseaban de una a otra parte y valles y barrancos que se formaban y desaparecían como por encanto, nuestra nave no balanceó mucho porque las ondas seguían su dirección y además estaba muy cargada; en cambio los barcos que pasaron por nuestro lado en dirección contraria daban verdadera compasión, pues parecían cáscaras de huevos en medio de una grande balsa. El mar siempre estuvo así hasta que comenzamos a entrar en el estrecho de Malaca, donde se hallaba calmado.
Un paseo en la isla de Sumatra
En el estrecho de Malaca el barco siempre fue junto a la costa de Sumatra, en donde se veían inmensas selvas vírgenes. Hicimos escala en el pequeño puerto de Bellauwan al anochecer del 24. En él habitan indígenas, chinos, europeos, principalmente holandeses por pertenecer a ellos la isla, y no pocos mestizos. El día 25 a las diez del día el barco tenía que levantar anclas. A las seis de la mañana salimos a girar un poco por la isla e hicimos un largo paseo a pie para admirar aquellos bosques en su grandiosidad salvaje y contemplar dos o tres pueblecitos Estos, aunque en gran parte eran de construcción moderna, sin embargo, las casas tenían forma especial y aun se conservaban no pocas antiguas formadas de leño y paja. En los bosques de cocoteros unas cuantas monas al vernos comenzaron a hacer piruetas. Vimos también carros primitivos, cuya bóveda era triangular y de paja siendo tirados por búfalos.
Recuerdos de Singapur
Singapur, situado en el estrecho de Malaca, en una hermosa bahía llena de islas e islotes con vegetación exuberante y no pocas casas, cuenta en la actualidad con unos 265.000 habitantes, de los cuales la mitad son chinos. La provincia de Singapur alcanza a medio millón y en ella se encuentra toda clase de mestizos y razas, desde el negro del África hasta el blanco europeo. En cuanto al modo de vestir eran tan diversos los trajes, no sólo en el puerto sino también en la ciudad, que más de cuatro veces me pareció estar presenciando algún carnaval. Vino con nosotros hasta Singapur un señor inglés, jefe de policía en este lugar, quien estuvo tres años en Argentina y hablaba muy bien el español. Nos contaba que Singapur es la parte del mundo en donde hay más mestizos.
Singapur, como país tropical que es. goza de una vegetación envidiable. Venía también con nosotros un tal Enrique Kolhwitz, protestante y profesor de Historia Natural en la Universidad de Berlín. Este señor, desde el principio, manifestó grande afecto hacia nosotros, los cinco misioneros franciscanos, y muchas simpatías por la Religión Católica, por haber tenido algunos discípulos católicos prácticos, quienes fueron su honra. Este profesor, pensionado por el gobierno alemán, se dirigía a la isla de Java a hacer estudios sobre botánica, y ensalzó tanto el jardín botánico de Singapur, que movió a todos los pasajeros la curiosidad de visitarlo. S¡mal no recuerdo nos decía que era el segundo del mundo, y a nosotros nos gustó de lo más. Este señor chapurreaba el latín y conocía algunos vocablos en español, y así es como se comunicaba con nosotros, los tres valencianos.
A las seis de la mañana del 27 comenzó el barco a moverse sobre las aguas, y atravesando islas e islotes muy hermosos, se paró en uno de ellos, donde se proveyó de aceites para alimentar las máquinas. Cinco horas gastó en llenar los depósitos. Entre tanto bajamos a la costa a buscar conchas, pues las había de muy raras. Cuando ya volvíamos a la nave vimos unos treinta indios esperando a dos jóvenes recién casados, quienes acababan de llegar en barco de vela. Los dos cónyuges fueron recibidos con tambores, hierros, guitarras y cantos, formando una melodía muy rara. Entonces, el marido, con la mitad de los indios, pasó delante, los restantes quedaron detrás y la mujer en medio, sola; vestía túnica de seda de color verdoso claro y sobre ésta traía un manto de idéntico color; llevaba además algunos collares y brazaletes de subido valor. Formada así aquella comitiva, se internó en la isla tocando la charanga. Es de suponer que estos cónyuges serían los principales de la isla o de alguna tribu.
Yen-an-fú, 1932.
(Continuará.)
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